jueves, 11 de octubre de 2007

CINE - Perseguidos por el pasado (Seraphim falls), de David von Aken: El western metafísico

Solía repetir Borges que ante el olvido de los poetas, Hollywood había recuperado con los westerns el heroísmo del género épico. En ese mismo sentido puede agregarse que así como las epopeyas greco romanas se han convertido con los siglos en folklore de todo occidente, del mismo modo la mitología del Lejano Oeste se ha vuelto universal a partir del cine. Perseguidos por el pasado puede considerarse dentro de lo mejor de esa tradición, porque consigue que a partir del enfrentamiento de sus protagonistas -dos hombres que superados por sus miserias dan pie a esta historia-, ese carácter heroico de dimensión sobrehumana se traduzca en un drama real. La película comienza de un modo convencional: Gideon es un hombre solitario que huye por montañas, ríos y desiertos, de la persecución del coronel Carver, quien al mando de cuatro hombres es presa de la obsesión insana de alcanzarlo y no descansará hasta tenerlo de rodillas frente a sí. Poco a poco el relato que por un lado irá reconstruyendo el origen de tanto odio, comenzará a abundar en personajes que van extrañando la historia, a tal punto que sobre el final de la película será difícil distinguir fantasía de realidad; o mejor, esa interesante dualidad permitirá andar los dos caminos de manera complementaria.
Perseguidos por el pasado se toma la molestia de no adelantar los motivo por los cuales Carver (sólido Liam Neeson, impenetrable) persigue con saña a Gideon (un Pierce Brosnan tan atormentado como brutal). Por desgracia, quienes titularon la película en castellano de alguna manera han frustrado esa dilación, abundando tal cual es su costumbre en indicios que el original escamotea, aunque no lleguen al extremo de arruinar la película. Esa mentada persecución, que tendrá como escenario vivo el agreste paisaje norteamericano y a la finalizada guerra de secesión como telón de fondo, se encargará de poner frente a frente, a la manera de Héctor y Aquiles, a dos hombres de valor cada uno con motivos de sobra para legitimar sus papeles de perseguidor y perseguido. La trama ira insinuando sin prisa que tal vez Carver y Gideon no sean más que antagonistas siameses, unidos por un mismo dolor común, dejando la certeza de que toda guerra es fraticida y que en un mundo así, lo dice Carver durante la película, nadie puede proteger a nadie.
Sobre el final, los espacios serán cada vez más agobiantes, y la película se volverá decididamente ambigua, permitiendo la aparición de personajes que bien pueden ser vistos de modo realista, pero que cobran mayor profundidad si se los acepta como metáforas. Así en medio del desierto (espacio mítico propenso a las epifanías), Gideon y Carver tal vez tengan una única oportunidad de vérselas cara a cara con dios y con el diablo en persona. Por todo esto, Perseguidos por el pasado puede ser la excusa ideal para volver al cine a ver una de vaqueros.
(Artículo publicado originalmente en Página 12)

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