lunes, 21 de noviembre de 2011

LA COLUMNA TORCIDA - La madre de Bambi era comunista

En casa se veía poco cine y no porque no nos gustara, más bien porque no se podía: un sueldo de maestra en los ’70 apenas cubría los gastos de tres hijos, que pronto seríamos cuatro. Será por eso que durante mucho tiempo tuve fresco como un tajo el paraíso perdido de los hijos únicos, cuando en el viejo cine Los Ángeles solamente cabíamos Mamá y yo.
Para la mayor parte de mi generación Walt Disney ha sido el gran desvirgador. Quien no debutó con Pinocho lo habrá hecho con Dumbo, o con cualquiera de sus otras criaturas, con perdón de los presentes. Eso sí, de ningún modo fuimos pioneros: para ese entonces, el himen cinematográfico de varias generaciones ya había sido consecuentemente desgarrado por el lápiz de ese hombre de bigote elegante y aliento macarthista. Quién hubiera pensado que detrás de esa sonrisa capaz de toda seducción, se escondía el horror de la mueca delatora. Es seguro que sus víctimas no se sorprendieron cuando el tipo se compró un freezer para embarcar su corazón helado en un sueño de eternidad. En mi caso debo decir que Yocasta siempre estaba ahí, conmigo en el cine, para cuidarme de esas otras brujas en Technicolor, infinitamente menos dañinas.
No hay mucho en mi vida antes de Disney. Tal vez en el cine (dentro del cine) estén las puntas de todos los ovillos y quizá por eso vuelvo ahí con insistencia ritual, sin saber bien qué encontrar. Sin embargo el bien y el mal dirimiendo en la pantalla sus cuestiones a las piñas siempre obligan a tomar partido. La cosa no es sencilla: ¿de qué lado quiere estar uno? ¿De parte del zonzo Dumbo, o con el cuervo cafiolo que lo alienta con la falsa magia de la pluma? ¿Del lado de la Madrastra y su manzana Red Delicious o con la candidez terminal de Blancanieves y su troupe de enanos pederastas? ¿Con los cazadores o con la madre de Bambi? Yo prefiero votar por los cazadores y ver como el ciervito se hace macho de una vez. ¿Será esa ilusión la que siempre me alimenta el cine?

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Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura de Tiempo Argentino.

viernes, 18 de noviembre de 2011

LIBROS - Libro Guinness de Records Mundiales: Los 15 minutos

Quién que haya sido chico no soñó alguna vez con un nuevo par de zapatillas que lo hicieran veloz como el viento. Quién no quiso ser la de mejor promedio o la que mejor dibujaba mariposas en el grado. O el más fuerte, o quien saltaba más lejos, más alto o más veces. Es ese espíritu juguetón y competitivo, siempre bien predispuesto para cualquier tipo de sorpresa y que es tan propio de la infancia, el que permite que un libro que cabecea entre el asombro y el ridículo, como es el Guinness de los Records Mundiales, se convierta en un recorrido por algunas de las maravillas del mundo que nunca estarán entre las siete más famosas. Justamente el gran atractivo del Libro Guinness, su fuerza más grande, es su carácter por completo democrático: no hay forma de no recorrer sus páginas sin decir por lo menos una docena de veces “este idiota podría ser yo”. Porque ya no se trata de ser el de los pies más ligeros, como Aquiles en La Iliada, o el más fuerte o el más alto, como Hércules y Goliat: el Guinness le permite a cualquiera ser lo más de lo más, en la empresa que a cada uno se le ocurra. Con el reciente lanzamiento de la versión 2012 del famoso Libro de los Records -que cumple así 55 años de ediciones ininterrumpidas-, esa amplitud duplica la curiosidad del lector. Porque uno llega a preguntarse: ¿qué es lo más increíble? ¿Qué el inglés Sam Batho se haya devorado dos paquetes de berro en el tiempo record de 49,69 segundos, o que su modesta hazaña merezca un lugar destacado en este libro, foto incluida? De eso se trata esta enciclopedia de un solo tomo, que sanamente sabe reírse de sí misma. Ahí reside el secreto de su popularidad.
Como toda leyenda, la de este libro también tiene un origen. En 1951, durante una amable competencia de tiro en el Condado Wexford en Irlanda, Sir Hugh Beaver -que por entonces era director administrativo de la famosa Cervecería Guinness-, hizo una pregunta intrascendente: ¿cuál es el pájaro de caza más rápido de Europa? Cómo es seguro que la cerveza corría fuerte en aquellos irlandeses días de campo, la discusión se habrá tornado acalorada y pronto los tiradores cambiaron rifles por libros. Sin embargo no hubo uno solo en la fecunda biblioteca de Sir Hugh que diera con la respuesta buscada. Como no sólo las cuestiones importantes merecen la satisfacción de una respuesta, cuatro años más tarde y con un sin fin de preguntas tan intrascendentes como aquella primera, el 27 de agosto llegaba a las librerías la primera edición argentina del Guinness World Records, que antes de la Navidad de ese año se convirtió en el libro más vendido del Reino Unido.
Con astucia, el Guinness es tan global como democrático y no se cierra sobre su origen británico: sus páginas registran marcas de todas partes del mundo, haciendo que sus posibles mercados sean igual de vastos. No faltan entonces los argentinos propietarios de algún record mundial, como Carlos Alberto Balbiani, quien construyó la pistola más pequeña del mundo, que mide apenas 5,5 cm. Y dispara balitas de calibre 0,68 mm. O Víctor Rubilar, que es la persona en realizar malabares con pelotas de fútbol durante más tiempo: unos humildes 10 segundos.
Que esta edición 2012 del Guinness llegue a las librerías un mes y medio antes que el año en cuestión, debería computarse como un record extra. Una suerte Bonus Track que tiene una explicación que, claro, es exclusivamente comercial: poner el libro en las bateas con el tiempo suficiente de llegar siempre bien preparados para la Navidad.
El Libro Guinness representa cabalmente las ambiciones humanas. Por un lado la del conocimiento, recabando interesantes datos del universo, la historia y la naturaleza. Pero también la del reconocimiento. Sin saberlo, la creación de Sir Hugh Beaver confirma aquella profecía de Andy Warhol: acá cualquiera puede tener sus 15 minutos de gloria.


Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

viernes, 11 de noviembre de 2011

CINE - Festival de cine de Mar del Plata: Se acerca el final

Se acerca el final del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Ya en el día de mañana se conocerán los ganadores de cada una de las secciones competitivas. Sabiendo escuchar las voces a la salida de las proyecciones, se puede ir teniendo una idea acerca del futuro, aunque difícilmente pueda arriesgarse algún pronóstico. Sí es posible asegurar que algunas películas, sobre todo en la competencia internacional, han sido recibidas de modo absolutamente bipolar, como la versión del Fausto de Goethe del director ruso Alexander Sokurov, o Tiranosaurio, del inglés Paddy Considine: ambas películas dividieron a los espectadores entre quienes las aman y quienes las odian. Películas que generan discusiones que se reproducen en los bares y las esquinas, un síntoma de que el Festival cumple con su misión de transitar y transmitir el cine de manera apasionada.
Por su parte en la competencia Latinoamericana se vieron ayer dos nuevos títulos. En primer término la película colombiana Todos tus muertos, que utiliza la historia de un campesino que una mañana de elecciones en su pueblo se encuentra con una enorme pila de cadáveres que alguien ha dejado en su campo, para retratar la violenta actualidad de un país dividido. Más tarde se proyectó el film Girimunho, de los brasileros Clarissa Campolina y Helvécio Marins Jr. Bellamente fotografiada y con algunas interesantes secuencias musicales, Girimunho narra un momento en la vida de la vieja Bastu. Ante la muerte de su marido, ella debe aprender a convivir con un mundo de fantasmas que incluye la memoria, las tradiciones y uno más literal, el de su esposo, que parece empeñarse en no abandonar su taller. Dentro de esta misma competencia también se proyectaron (y se repiten mañana) dos de sus mejores exponentes: la brasileña Trabalhar cansa, de la dupla integrada por Juliana Rojas y MarcoDutra, y la argentina El campo, de Hernán Belón, protagonizada por Dolores Fonzi y Leo Sbaraglia.
Para hoy son varias las propuestas que no deberían dejarse pasar. Dentro del ciclo de que incluye producciones francesas previas a la aparición de la Nouvelle Vague, se proyecta Las vacaciones del Sr. Houlot, del enorme Jacques Tati, película de 1953 que da comienzo a la serie de las protagonizadas por su clásico personaje. También se proyectan varios títulos de la retrospectiva dedicada a Rodolfo Kuhn, precursor del cine independiente en la Argentina. Entre ellas La hora de María y el pájaro de oro, Los jóvenes viejos, Ufa con el sexo y Luz, cámara, acción. Ya cerca de la medianoche habrá una invasión de terror, suspenso y comedia incorrecta. Podrán verse la cubana Juan of the dead; Penumbra, de los hermanos Bogliano; Super, de James Gunn (uno de los invitados del Festival); La plegaria del vidente, de Gonzalo calzada, que combina el policial con lo paranormal, para ficcionalizar un caso policial ocurrido aquí en Mar del Plata durante los años 90. Por último, la gran Malditos Sean!, de los directores argentinos Demián Rugna y Fabián Forte, que este año ya fue premiada en varios festivales de cine fantástico de todo el mundo, incluyendo el de Porto Alegre, el Buenos Aires Rojo Sangre y, hace apenas unos días, en el Festival de Horror de Sudáfrica. A la una de la mañana, ya entrado el día sábado, volverá a proyectarse el documental sobre Roger Corman, para cerrar una noche entre el culto y lo oculto.

jueves, 10 de noviembre de 2011

CINE - Continua el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Cuando el público responde

El cine continúa en Mar del Plata. Y por un camino de rosas, en todo caso, teniendo en cuenta la cantidad de espectadores que asiste a cada función. Aunque todavía no haya cifras oficiales, es notable el lleno virtual de cada una de las proyecciones. El éxito incluye desde las funciones matinales de las diferentes competencias, a las de películas con propuestas estéticas infrecuentes, como la versión del Fausto de Goethe, del gran director ruso Alexander Sokurov. Semejante respuesta debería servir para reafirmar el valor de este Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, que consigue hacer coincidir al cine menos difundido con esta avidez popular, que parece ser el punto destacado de esta 26ª edición.
Entre las propuestas que entusiasmaron a la platea, en el día de ayer pudieron verse dentro de la competencia Latinoamericana la comedia argentino chilena Tiempos menos modernos, del director neuquino Simón Franco, y la peruana Las malas intenciones, de Rosario García-Montero. La primera cuenta la historia de un gaucho tehuelche que en los ’90 vive tranquilo en su rancho en la estepa patagónica. Duro y persistente, Payaguala parece moldeado por el duro paisaje que lo rodea. Sin embargo, cuando recibe del gobierno (el de Carlos Menem en aquel entonces) un kit de televisión satelital, la vida de este hombre trabajador y hosco cambia. Si antes su contacto con el mundo era mínimo, fruto de su misantropía, ahora no saldrá de su casa, atrapado por la melosa telenovela "Alma mía" o las intrigas de un reality show. Un humor sencillo y algunos detalles le alcanzan a Simón Franco para plantear la idea de que todavía se pueden seguir comprando espejitos de colores. En cambio la película peruana elige la ironía y una situación más compleja, para retratar el intenso clima político de aquel país en la década del ’80. Cayetana es una niña de diez años bastante especial. Hija de una familia de clase alta, criada más por las sirvientas que por su madre, Cayetana transita su soledad como muchos otros chicos: entre el sarcasmo y el sadismo. Cuando su madre regresa embarazada de un largo viaje de trabajo, Cayetana comenzará a sacar secreta pero peligrosamente toda su agresividad contenida. A pesar de algunas metáforas sobrecargadas, un guión por momentos sentencioso y los escenarios oníricos que la propia niña genera a partir de su propia versión de los próceres peruanos, Las malas intenciones y su protagonista pueden resultar cautivantes para un público amplio.Entre las propuestas inusuales que se destacan para el día de hoy están Exploits of a Hollywood Rebel, y puede mencionarse el documental sobre el director Roger Corman, clásico del Cine clase B y padre de la última gran generación de cineastas norteamericanos, la de los años setenta. O el último episodio de la trilogía Plaga Zombie, mítica creación de la productora Farsa. Y también el homenaje a la directora Gabriela David, fallecida en 2010, con la proyección de su última película, La mosca en la ceniza, una ficción sobre la trata de personas.


Publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

martes, 8 de noviembre de 2011

CINE - Comenzó el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: 26 páginas de cine


El Festival Internacional de cine de Mar del Plata comenzó el sábado a la noche su edición número 26: la apertura estuvo a cargo de ¡Vivan las antípodas!, del director ruso Victor Kossakovsky, una de las películas incluidas en la Competencia Internacional. La pelícla propone el viejo juego de reflejar los opuestos, a partir de elegir 4 pares de lugares en el mundo que se encuentren entre sí en el exacto lado opuesto del planeta: Argentina y China; Chile y Rusia; España y Nueva Zelandia, y Botswana con Hawai. Con un notable manejo de cámara y virtuosismo fotográfico que muchas veces casi llega a pecar de excesivo, el film de Kossakovsky va encontrando lazos entre estos sitios en apariencia desconectados. Esos lazos aveces son legítimos y otras un poco forzados, tal vez por ello la película oscile entre los aciertos y la intrascendencia, al punto de darle mayor prescencia a alguna de sus secciones en detrimento de otras, que apenas tienen un desarrollo mínimo. El gran acierto: el duo de gauchos entrerrianos que con su ingenio inocente parecen comunicarse con breves frases que muchas veces parecen haikus surrealistas.
Dentro de la competencia Latinoamericana se ha podido ver el film colombiano Porfirio, de Alejandro Landés. El título refiere al nombre de su protagonista, un hombre de clase baja de la ciudad de Bogotá, que ha quedado paralítico al recibir accidentalmente un disparo militar en la columna. La película –una docuficción interpretada por sus protagonistas reales–, reconstruye la vida cotidiana de Porfirio Ramírez, sus dificultades diarias para cuestiones tan básicas como asearse, ir al baño o hacer el amor. El relato crece a partir del atractivo de su protagonista, este Porfirio que sobrelleva su dolor como va pudiendo, aunque también es cierto que en tren de buscar la naturalidad caiga algunas veces en ciertos desbordes innecesarios. Otro film de esta competencia es la salvadoreña El lugar más pequeño, de la directora Tatiana Huezo Sánchez, que sigue a un grupo de personas que relatan el regreso a su pueblo en la selva, luego de la tremenda guerra civil que azotó a El Salvador entre 1979 y 1992. El film consigue conmover con recursos tan válidos y tan sencillos como sus propios personajes, un grupo de campesinos tenaces y adoloridos.
Dentro de la competencia Argentina impactó Diablo, dirigida y escrita por el periodista Nicanor Loreti y protagonizada por Juan Palomino. Diablo se interna en el cine de género, combinando de modo lúdico humor absurdo y violencia, y tanto remite al cine de Robert Rodríguez y Tarantino, como al del inglés Guy Ritchie. Interesante emergente de un género que viene creciendo y que puede funcionar para capturar una porción del público joven que rehúye al cine nacional. Obvia candidata al premio de la gente.
Claro que la programación del festival no se reduce a sus competencias principales, sino que incluye una interesante lista de opciones. El rescate de los clásicos es una de las especialidades de la casa. Se ha proyectado en 16 mm Crimen en París, película de 1947 de Henri-Georges Clouzot, director conocido como “El Hitchcock francés”, o la irrepetible Los Traidores, de Raymundo Gleyzer, a quien vuelve a homenajearse. Dentro de los cines marginales, puede verse la sección Las venas abiertas… (de América Latina), que se sumerge en el pantano oscuro de la cinefilia: el cine de género latinoamericano. Uno de los grandes atractivos de esta sección no oficial es Juan de los muertos, promocionada como la primera película cubana en abordar la temática zombie. Material siempre dispuesto a ofrecerse a nuevas metáfora, el director Alejandro Brugués –nacido en la Argentina pero formado en la famosa escuela de cine de San Antonio de los Baños de Cuba–, se sirve de los muertos vivos para atravesar la compleja situación política de la isla, sin privarse ni de humor ni de efectos especiales. Puede decirse entonces: Habemus Festival.

viernes, 4 de noviembre de 2011

CINE - De caravana, de Rosendo Ruíz: Con color cordobés

Hay acontecimientos en el cine que merecen ser celebrados. Este jueves se estrenó en Buenos Aires De caravana, la película cordobesa dirigida por Rosendo Ruíz, que luego de pasar por Córdoba con gran respuesta de público, donde con sólo tres salas se mantuvo durante ocho semanas en cartel y convocó a más de 20 mil espectadores, llega con gran expectativa a las salas porteñas. Y si de celebrar se trata, nada mejor que una película como De caravana.
Con el mundo del cuarteto y los bajos fondos cordobeses como hábitat natural, De caravana combina con habilidad la comedia y la acción sin privarse de abordar complejos escenarios sociales. Pero ahí no termina el asunto: Rosendo Ruíz no sólo consigue que el experimento sea exitoso, sino que lo hace a partir de recursos y herramientas cinematográficas propias de la más acabada cinefilia. No hay otra forma de explicar la química que se genera entre el público y lo que se cuenta desde la pantalla. La historia incluye un chico “bien” que termina enredado con mafiosos, a partir de conocer a una chica en una noche de cuarteto, peleas, romance, persecuciones y un grupito de malandras de mala muerte que pretenden secuestrar a la Mona Giménez. De caravana matiza situaciones de un humor muy cordobés, con incisivas miradas sobre cuestiones como las diferencias de clase, los prejuicios y la discriminación. Todo con la más impecable naturalidad. “Creo que encaramos todas esas cuestiones desde un lugar que es muy cercano a lo que es el espíritu cordobés”, dice Ruíz, “contar historias dramáticas, fuertes y hasta por momentos violentas, pero matizadas desde el humor, que le quitan el peso de la solemnidad.” El resultado es impecable
-¿Este tipo de películas son las que necesita el cine argentino para recomponer su relación con el público en términos de taquilla sin resignar calidad cinematográfica?
-Creo que al público le está faltando un poco de variedad. Me encantaría que directores como Lisandro Alonso fueran populares, estaría bueno que sus películas llenaran los cines, porque significaría que el público aprendió a mirar de otra forma. No es así y ojalá pueda ser que la cosa vaya por este camino. Fue un gran desafío, aunque no hice la película pensando en qué tenía que hacer para que el público vaya a verla. Pero sí sabía que no quería quedarme sólo con los cinéfilos, sino que también quería que la historia le llegara a mi tía, mi cuñada y el hijo de mi vecino y pudieran acercarse.
-Los géneros ayudan al público a introducirse en la narración y facilitan la identificación con las historias y los personajes.
-Siento que hay una necesidad de ver películas con escenarios propios. Creo que en Córdoba la película pegó mucho porque es la primera que muestra de esa forma a la propia ciudad. La gente se ha sentido muy identificada, tanto los de clase alta como los de clase baja, los chicos que van a los bailes de la Mona. El INCAA vio lo que pasó con la película en Córdoba. Y están muy preocupados por saber cómo volver a la época de oro del cine argentino, cuando el público llenaba los cines para ver películas nacionales.
-La experiencia de ustedes demuestra en todo caso que se puede hacer cine fuera de Buenos Aires y, sobre todo, que se puede ser exitoso fuera de Buenos Aires.
-Mucha gente nos decía que era un riesgo grande estrenar primero en Córdoba, porque estábamos rompiendo la regla de que todas las películas tienen que estrenarse primero en Buenos Aires. Pero nos pareció coherente estrenarla primero en Córdoba y nos la jugamos, a riesgo de que las salas después no nos aceptaran en Buenos Aires.
-De distintas maneras la película fue un desafío: lo fue hacerla en Córdoba; lo fue hacerla sin ceder a la tentación del montaje vertiginoso; lo mismo que estrenarla primero en tu ciudad. ¿El cine para vos es eso, un desafío permanente?
-No lo sé. Yo soy muy conservador en mi forma de vivir, no tengo una vida al límite.
-Por ahí justamente el cine te permite romper con esa tranquilidad.
-Para los próximos proyectos me planteo expandir límites, de jugármela sin pensar si le va a gustar al espectador. En De caravana hay muchos momentos así y me guié por la intuición. Sobre todo en los momentos de humor más callejero o en las escenas más delirantes. Sabía que había personajes que los intelectuales o la gente del cine me los iba a criticar, por subrayados. Pero quería reflejar eso del humor cordobés. Esos “trazos gruesos” son los que más festeja la popular, con los que más se identifica el cordobés. Y yo festejo haberme tomado esa libertad, por más riesgo que representara.
-La película demostró que puede identificar al público cordobés y ahora se estrenó en Buenos Aires. ¿Qué pensás que la película le puede ofrecer al espectador porteño?
-Creo que la película tiene potencial, porque vi como reaccionó la gente de Buenos Aires que ya la vio. Creo que les gustó sorprenderse con un cine argentino que tiene otras tonadas, otros colores, otra música. Y se divirtieron mucho. También, por más que sea de Córdoba, la realidad social de la película tranquilamente puede trasladarse a Buenos Aires. Seguramente se van a enamorar de los personajes, la van a pasar bien y se van a ir con algunas ideas y preguntas. Que te pase todo eso viendo una película creo que es muy lindo. Por ahí queda mal que lo diga yo, pero es lo que recibo de la gente en todos lados.
UN BIENVENIDO FEDERALISMO PARA EL CINE

-¿Cómo es en general para los realizadores hacer cine fuera de Buenos Aires?
-Yo pertenezco a la camada de directores cordobeses de Santiago Loza (Rosa Patria, La invención de la carne y Los labios) y Liliana Paolinelli (Por sus propios ojos): ellos decidieron irse a Buenos Aires a los veintipico de años. Esa para mí no era una opción elegir entre mis amigos, mi novia, mi gente, mi ciudad, por mi profesión, y dije: me quedo, me quedo, quiero filmar desde acá. Es muy injusto que me tenga que ir para poder hacer una película. Me demoré un poco, es cierto, pero en el medio me metí en el teatro. Ahí calmé un poco mi ansia creativa, hasta que justo se dio la coyuntura en el momento en que se tenía que dar. Ya tenía el guión de De caravana, lo filmamos. Y hoy por hoy se está por aprobar una Ley de Cine en Córdoba, mi provincia, que en este momento tiene todos los recursos necesarios para hacer una película de manera profesional. Por lo único que nosotros tuvimos que ir a Buenos Aires fue para la mezcla digital de sonido y para el paso de la película a 35 milímetros. Todo lo demás, desde equipo técnico, actores, luces, camiones, en Córdoba hoy por hoy está. No hace falta ir ni traer gente de Buenos Aires. Así que estoy muy contento, porque se han hecho muchas películas, y muchas buenas además, como Yatasto, Criada… Mariano Luque que este año estuvo con su película Salsipuedes en Cannes. Es un momento muy particular en Córdoba, en el que puede ser –y yo tengo fe en que así sea- que se genere un polito de producción importante.
-Vos decís que elegiste no irte, pero que esa elección es la que de alguna manera la que te llega a pagar con esta demora para hacer tu primera película.
-Es así, creo que sí. Pero también mi elección fue meterme en el mundo del teatro; si hubiera insistido en ese momento en seguir filmando no sé qué hubiera pasado. Lo cierto es que las condiciones se dieron ahora, en estos últimos diez años, sobre todo por los avances tecnológicos -las cámaras son hoy más accesibles. Pero en Córdoba también hubo una maduración de las generaciones que iban surgiendo de las facultades y las escuelas. No lo tomo como un pagar tiempo que no estuve produciendo, sino como que este es mi momento de empezar a producir y ojala pueda seguir hasta los noventa años, como Manoel de Oliveira, que todavía sigue produciendo a los ciento y pico. Durante ese tiempo produje mucho teatro y eso me calmó un poco.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

LIBROS - ¿Cómo, esto también es matemática?, entrevista con Adrián Paenza: Matemática para todos


La matemática puede ser un enigma, muchas veces irresoluble. Pregúntenselo a ese amigo que hace años demora el trámite de terminar el secundario porque debe Matemática de 3º y, ahora adulto, no se anima a presentarse por miedo a otro bochazo. El enigma deviene frustración. De los problemas que la matemática plantea, tal vez el más difícil de resolver sea justamente ese: ¿cómo hacer para quitarle la máscara monstruosa que entre todos le calzamos a la matemática? Ese es el desafío que parece haber asumido el periodista y matemático Adrián Paenza, autor de la exitosa saga de libros ¿Matemáticas… estás ahí? y conductor de programas de divulgación, como Alterados por Pi, que se emite por canal Encuentro. Tanto desde los libros y la televisión, como desde las columnas que publica semanalmente en la contratapa de Página/12, Paenza ha hecho suya la misión de desacralizar la matemática. En todos los casos, la popularidad parece confirmar que está teniendo éxito.
La novedad es que acaba de publicar un nuevo volumen en el que compila una gran cantidad de situaciones, problemas o anécdotas en las cuales la matemática vuelve a ser la clave. Bajo el título de ¿Cómo, esto también es matemática?, el libro vuelve a presentar los mismos recursos: “No podría decir que los lectores vayan a encontrar nada que ya no hiciera en otros libros. No puedo prometer una cosa diferente: son historias nuevas que voy recolectando y que publico en la medida que puedo”, afirma Paenza.

–En el primer capítulo del libro afirmás que en la escuela la vergüenza va sepultando a la curiosidad y que entonces uno prefiere no preguntar para no pasar por burro.
–Claro. Y la matemática está asociada con eso porque nadie quiere exhibirse como un burro, nadie quiere decir “esto no lo entiendo”. Ese es un mito para romper: el ser humano en general tiene problemas para coexistir con la posibilidad de decir “no sé”, o “no entiendo”, o “contámelo de nuevo”.
–Sin embargo la matemática, más que ninguna otra materia, está asociada al estereotipo del burro: alguien puede no ser bueno en Lengua o en Historia, pero difícilmente le digan burro tantas veces como al que no entiende matemática.
–Pero como se ha expandido tanto ya no importa, porque en matemática pasás a formar parte de la mayoría. Al contrario: el que está mal visto es aquel al que le va bien y entonces es un traga o un nerd. Uno tiende a tranquilizarse en el orgullo de pertenecer al gran rebaño de personas a las que les va mal en matemática. No es que sea un problema sólo de los chicos: también lo tienen los padres y los abuelos de los chicos y eso ocurre porque se mantuvo alejada a la matemática de los problemas de la vida cotidiana. Una persona que aprende a manejar, lo hace con alguien al lado que le explica y que por lo general suelen tener muy poca paciencia. Llega un momento en el que la persona que aprende se siente humillada, pero se lo banca. ¿Y por qué? Porque al final sabe que va a ser mejor si sabe manejar que si no sabe: uno acepta la humillación de pasar por un calvario en el que lo tratan como a un tonto porque al final va a terminar manejando. En cambio en la matemática uno dice: “está bien: yo paso por estos tropiezos, ¿pero después qué me espera en la tierra prometida? ¿Para qué me va a servir?” Necesitamos romper con ese embrujo de que la matemática sólo tiene que ver con los números.
–¿Cómo se resuelve el problema?
–Imaginá un chico que nunca jugó al fútbol y yo te dijera que lo lleves a un campito y le enseñes. Vos vas y le decís: “Lo primero que te voy a enseñar es a formar parte de una barrera.” Entonces lo parás al chico como si estuviera en una barrera y vos le pegás un pelotazo. El pibe te va decir que el fútbol no le gusta. Y es razonable que no le guste. Con la matemática hacemos lo mismo: a los chicos le presentamos de entrada la barrera. Y no es que eso no sea matemática, pero esa no es la forma de seducir a nadie. Con la matemática se tiende a empezar por un aspecto que si bien es operativo, no es necesariamente la parte fascinante o lúdica, donde hay magia para utilizar, hay teoría de juegos. Hay otro lugar desde donde empezar a enseñar matemáticas.
–¿La matemática está siempre presente en tu vida? ¿Los números te asaltan en cualquier circunstancia, como le ocurre en la escena final al protagonista de la película Mátrix?
–No, no me salen los números de todas partes, en principio porque las matemáticas no son sólo números: la aritmética es sólo una parte, no menor, pero tampoco la más relevante dentro de la matemática. Sin embargo yo no puedo desproveerme de pensar. Te doy un ejemplo concreto: vos sabés leer y escribir, ¿no? Si yo te pongo una palabra o una cantidad de letras, vos no podés verlas separadas: intuitivamente, aunque no entiendas, las leés. Ya no podés mirar cada símbolo por separado porque ya estás acostumbrado a leer. Es inexorable leer. Tu pregunta es esa: “¿Vos leés?” Sí, claro que leo, pero muchas veces no me doy cuenta de que estoy leyendo: no tengo otra alternativa que leer, porque es lo que he hecho toda la vida. Me han munido de una cantidad de herramientas que uso naturalmente. Seguramente tengo herramientas diferentes para pensar, pero eso no me hace ni mejor ni peor.


UNA CUESTION ETICA

–En los agradecimientos de libro recordás a algunos amigos a los que considerás tus faros éticos: Marcelo Bielsa, Víctor Hugo Morales, Horacio Verbitsky y Alberto Kornblihtt. Y mencionas a Carlos Griguol y León Najnudel, que intuyo también están incluidos en esa categoría. Esa mención permite creer que la ética es un aspecto importante en tu vida. Ahora: ¿hay una ética en la matemática?
–Te diría que la ciencia en sí misma no tiene moral. Pero la utilidad que una persona le da a aquello que sabe, sí. De eso trata la obra Copenhague, de Michael Frayn: ¿Imaginate que Hitler hubiera contado con la bomba atómica? La obra muestra la discusión entre dos físicos (Niels Bohr, inventor de la teoría atómica, y Werner Heisenberg, uno de los impulsores de la física cuántica) acerca de la utilización de los conocimientos que tienen. En la Facultad de Ciencias Exactas, más allá de jurar por la patria, por Dios o lo que fuere, uno realiza el juramento de utilizar los conocimientos adquiridos para fines pacíficos, sin violar los Derechos Humanos… Desde ese lugar yo interpretaría que la utilización, no de la matemática sino de la ciencia en general, debería ser para mejorar la calidad de vida de las sociedades y no para perjudicarlas. Ahora, si hay una ética implícita en la matemática, no lo sé: no llego a darme cuenta si el simple hecho de hacer algo de matemáticas pudiera ser condenable desde un punto de vista ético. Porque hay determinadas cosas que uno también puede hacer con la matemática, como una bomba atómica. El Proyecto Manhattan fue realizado por mentes brillantes, pero olvidémonos por un instante de eso: el resultado fue que se tiraron dos bombas atómicas. Uno podría decir que fue la forma de terminar la guerra, pero al mismo tiempo no puedo dejar de ver que la fabricación de la bomba es un problema grave. Tengo muchas dificultades personales con la aceptación de eso. Es igual que ocurre con la tortura: si supieras que una persona puso una bomba que está a punto de explotar, qué hacés: ¿lo torturas para que te diga? Yo no: hay un límite que no quiero violar, que es el respeto a otro ser humano. No quiero transformarme en un equivalente del que pone una bomba.
–A partir de este asunto de la ética, es posible suponer que el cambio de la forma en que se mira a la matemática pueda puede implicar un cambio en la sociedad.
–Que estaríamos mejor, eso es seguro, porque estaríamos más educados. La matemática te provee de herramientas y redes lógicas para prepararte en caso de que algo no funcione. Te acostumbra y te entrena para buscar caminos que de otra forma uno no buscaría. De por sí eso ya te mejora como individuo. Entonces, sí: mejoraría fuertemente la calidad de las sociedades en las que vivimos.


Entrevista publicada originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.