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jueves, 30 de junio de 2022

CINE - "Alicia y el alcalde" (Alice et le maier), de Nicolás Parisier: A la política, por el cine

La tarea de convertir al mundo de la política en un ambiente humano parece más cerca del orden de los milagros que una obra posible en la realidad del siglo XXI. Así de desprestigiada se encuentran la gestión pública y sus aspirantes, a quienes el resto de los ciudadanos ven cada vez con mayor recelo y desconfianza. Algo que parece ocurrir no solo en la Argentina, donde hace más de 20 años, con la crisis del 2001, algo se rompió entre el pueblo y sus representantes sin que el vínculo haya terminado de sanar aún. Y así parece ser también en Francia, que en ese mismo período viene enfrentando la mayor crisis política y social del último medio siglo. 

El retrato que el cineasta francés Nicolas Parisier realiza en Alicia y el alcalde, su segunda película, parece confirmarlo. En ella utiliza la relación que se establece entre el alcalde de la ciudad de Lyon, una de las tres más importantes de aquel país, y una profesora de filosofía que de forma kafkiana termina convertida en su principal asesora, para exponer un escenario en el que la política no podría encontrarse más lejos de la realidad.

Ya desde el comienzo la historia desborda absurdo. Alicia dejó un cargo en Oxford para aceptar otro en la administración pública de la ciudad francesa. Sin embargo, al llegar al palacio municipal le informan que dicho puesto ya no existe, pero que, burocracia mediante, han creado otro ad hoc para que ella lo ocupe. La labor que le encargan también resulta inverosímil: pensar ideas para compartirlas con el alcalde. No proyectos ni acciones políticas: solo ideas, en el sentido más filosófico del término. Parisier utiliza el personaje de Alicia como guía para introducir al espectador en ese universo extraño y ajeno, que es presentado como una maquinaria fría y deshumanizada pero aceitada, donde rige el más estricto verticalismo y las acciones no necesariamente tienen sentido. La confusión de Alicia será la del espectador, de la misma manera en que también lo será su gradual comprensión de la particular lógica que motoriza ese territorio, hasta ahora extranjero para ella.

Por su parte, el alcalde se presenta ante su nueva asesora como una persona que ha perdido la libido que lo unía a su vocación. Una crisis que se manifiesta justamente en la dificultad para pensar, para generar ideas que motoricen su acción como líder político. Si dentro del universo de la película Alicia asume un rol activo, una suerte de exploradora en territorio salvaje, la figura del alcalde aparece sensible y vulnerable, aunque oculta detrás de una fachada de eficiencia e iniciativa. Una fragilidad que el funcionario solo se permitirá exponer ante Alicia, quien sin proponérselo irá ganando cada vez más espacio en el círculo de mayor confianza, generando recelos.

Pujas de poder; proyectos que benefician más a sus impulsores económicos que a los ciudadanos; laberintos burocráticos; acciones que parecen carecer de sentido más allá de alimentar una gestión más cercana a lo fantástico que a lo concreto. Parisier realiza un retrato impiadoso, como dándole la razón a los indignados de allá o de acá que solo pueden ver a la política, y no sin razón, como una pantomima cada vez más alejada de las necesidades de la gente. Cualquier parecido con las fiestas de María Antonieta justo antes de la famosa Revolución que tuvo lugar en ese mismo país no es mera coincidencia. 

La idea de un poder desconectado de su base popular sobrevuela toda la película y es puesta en cuestión en las conversaciones que mantienen sus protagonistas. Discusiones sobre la función pública o la crisis ideológica de las tradicionales izquierda y derecha en el mapa político actual, alimentan una trama que por momentos se vuelve demasiado dialéctica. Aún así, de a poco y con paciencia, Parisier consigue encontrar ese lado humano que todavía tiene la política. ¿O será que se trata de otro milagro de la magia del cine puesta en acción?

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 10 de febrero de 2022

CINE - "There Will Be No More Night", de Éléonore Weber: Poética (a pesar) de la guerra

La omnipresencia de la cámara es una característica saliente de la vida en el siglo XXI. Están, literalmente, en todas partes y no hay forma de evitarlas, porque, en términos estadísticos, hay una en la mano de cada persona del mundo, incluidas en sus celulares. Eso sin contar las que integran las redes de seguridad públicas o privadas, las usadas en las distintas ramas de la comunicación, las de las computadoras personales y un largo etc. Pero si tomar conciencia de la posibilidad de estar siendo observado furtivamente por otros durante el 100% de la vida pública puede resultar intimidante, con su documental There Will Be No More Night la cineasta Éléonore Weber convierte esa sensación en aterradora. La directora construye un retrato de la guerra moderna usando solo imágenes tomadas por las cámaras de los helicópteros no tripulados (drones) de los ejércitos de los Estados Unidos y Francia. Si bien trazar un paralelo con el mundo imaginado por George Orwell en su novela 1984 puede sonar a lugar común, el vínculo resulta inevitable: en su película la francesa le confiere a la fantasía orwelliana un realismo vívido y atroz.

“Todo lo que los pilotos ven cuando vuelan es grabado y archivado” y “borrar” esos registros constituye un crimen. El trabajo de Weber empieza revelando ese dato, que la narración en off brinda sobre imágenes de una persecución de autos filmada por una cámara de visión nocturna. Lo que primero sorprende en ellas, teniendo en cuenta que son tomadas desde el aire, es la notable estabilidad de las mismas y la enorme capacidad de aproximación de esos lentes, que permiten distinguir detalles en la ropa de una persona a kilómetros de distancia. Lo siguiente es la textura que define a buena parte de esas imágenes, que muchas veces se ven en negativo. Estas características, que por momentos hace recordar a los registros de las naves espaciales al sobrevolar la superficie lunar, deshumaniza lo que se ve en pantalla, aunque lo que ahí aparece, lo que se destaca y lo que se busca en ellas, son personas.

Una vez superado el impacto que causa lo técnico, es inevitable no caer en la cuenta del carácter de “rodaje sinfín” de ese material, que todos los días es aumentado por el registro de nuevos vuelos que siempre tienen el mismo objetivo: reconocer y eliminar al enemigo. Un enemigo anónimo, encerrado en una película atrapada en un work in progress infinito. Lo que el espectador ve es, entonces, la mirada de “un ojo cuyo párpado nunca se cierra” y que es imposible saber cuándo está encima de uno.

Las imágenes a veces son tediosas, repetitivas, planas: “los pilotos con frecuencia deben sacudirse para asegurarse de no estar soñando”, dice la voz. Otras, la mayoría, colocan compulsivamente al espectador en el lugar de un depredador al acecho que despedaza a su presa a tiros. Que el retrato esté realizado a la distancia, en blanco y negro, en negativo o con cámaras térmicas, no le quita a la muerte ni un gramo de su peso. La idea de que esos cuerpos que recién corrían por la pantalla como hormigas, de golpe se han convertido en fragmentos que ahora se confunden entre las piedras del desierto, puede volverse una obsesión. La misma obsesión, potenciada por mil, puede asaltar en cualquier momento a los pilotos de esas naves, que muchas veces no están seguros de haberle disparado a un terrorista con un fusil en la mano o a un granjero con un rastrillo. 

El texto que acompaña a las imágenes podría ser tranquilamente un cuento. Un relato acerca de la vida de esos hombres que, a pesar de convivir con la muerte, no han logrado volverse inmunes al horror que ellos mismos producen. Pero también llega a ser oscuramente poético. “Ya no habrá más noche, no necesitaremos ni lámparas ni sol. No habrá más distancia y nada será ni lejano ni cercano. No habrá refugio ni recoveco, ni lugar donde esconderse. Solo siluetas sin rostro.” 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 27 de enero de 2022

CINE - "Titane", de Julia Ducournau: Un fresco de su propia época

Ganador de la Palma de Oro del Festival de Cannes en 2021, de un premio del público en el último Festival de Toronto y preseleccionado para representar este año a Francia en la carrera por el Oscar a la Mejor Película Internacional, a Titane, segundo trabajo de la cineasta Julia Ducournau, lo precede su fama. Es que desde su estreno mundial en el prestigioso encuentro cinematográfico en la Costa Azul francesa, Titane no ha dejado de polarizar al público, haciendo que una facción lo adore y lo celebre como la nueva joya del cine mundial, mientras que otra lo aborrece por abyecto y efectista. Pero ¿cuál de estas miradas representa el acercamiento más justo a una película provocadora y cruda, pero que también intenta, a su manera, ser tierna y emotiva? ¿Será cierto que, como suele decirse, la verdad habita en el medio? Bueno, no. O sí. Quién sabe. 

Lo concreto es que Ducournau no ahorra en visceralidad y morbo a la hora de contar la historia de Alexia, una joven (pero no tan joven) bailarina erótica que se gana la vida haciendo sus shows en ferias automovilísticas, donde realiza provocativas performances montada sobre los capós de los coches, para delicia de los y porque no también de las fierreras y fierreros. Pero tampoco le evita al público la dificultad que representa ser testigo de algunas escenas que piden a gritos ser rechazadas y que, sin lugar a duda, han sido pensadas para causar la indignación de cierto tipo muy específico de espectador. En esa característica, que es imposible no calificar de infantil, está lo menos atractivo de Titane, a pesar de que es justamente lo que más les gusta de ella a muchos de sus fanáticos. 

Es cierto que Titane intenta de forma deliberada ser una película política, valiéndose para ello de las reglas del cine de género, como la ciencia ficción y el horror. Que utiliza esos recursos para diseñar un personaje que por sus características híbridas, no solo en cuestiones de género, sino también en su vínculo con la tecnología, funciona como emergente de su tiempo, de la cultura pos y transhumanista, identitaria, feminista y de la lucha de las nuevas generaciones por el derecho a “construirse” a sí mismas, a imagen y semejanza de sus deseos. ¿Que hay nobleza en ese espejo en el que muchos espectadores jóvenes se reconocen e identifican? Puede ser. Pero también hay torpeza y trazo grueso. 

Titane es una película hecha a los gritos (en términos cinematográficos), declamativa aunque a priori no lo parezca y, sobre todo, obvia. Tal vez no tanto en el sentido narrativo, donde Ducournau consigue sorprender con algunos giros, con decisiones de la puesta en escena o con el vínculo emocional que Alexia construirá con su “padre” (no el biológico). Pero sí en sus intenciones, y las reacciones de esas dos mitades que la alaban o descalifican también a los gritos es la confirmación de ello. Titane será aceptada o rechazada exactamente por quien corresponda y en ese sentido también es hija de su tiempo: no hay una búsqueda ni una intención de proponer un diálogo, sino la decisión (política) de cebar a los propios y despreciar a los extraños.

Claro que Titane no es solo eso. Ninguna película de la que se habla tanto lo es. Ducournau también consigue un producto muy atractivo e impactante desde lo visual (aunque su carácter calculado también se percibe a kilómetros de la pantalla) y por eso muchos le han atribuido cierto espíritu cronenbergiano, aunque el trabajo de la francesa está lejísimo de la sutileza con la que el director canadiense ha construido su obra, incluso cuando se decidió a provocar. Lo mejor de Titane se encuentra en la construcción del mencionado lazo paterno filial, en la fidelidad amorosa sobre la que se erige ese “acá estoy” que un increíble Vincent Lindon susurra en la escena final. Es decir –a contramano de lo que la película vocifera—, en aquello que sigue siendo inalienablemente humano. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 16 de diciembre de 2021

CINE - "Petite Maman", de Céline Sciamma: Fantasía para atravesar el duelo

Después de meditarlo un rato, una señora mayor pronuncia una sola palabra, con seguridad. Alejandría, dice. El ángulo apenas se modifica para tomar una mano pequeñita anotando la palabra en la grilla de un crucigrama. La que escribe es una nena y cuando termina mira a la señora a los ojos y se despide antes de salir del cuarto hacia un pasillo. La nena entra en una, dos habitaciones más donde hay otras dos viejitas, de ambas se despide. Adiós… adiós… dice y vuelve a salir al pasillo justo cuando un hombre saca una mesa de la siguiente habitación. No es una coincidencia: basta con esa sincronía para entender que no hay una próxima viejita de la cual despedirse. En su lugar, una mujer joven vacía los estantes y acomoda su contenido dentro de cajas. “Mamá, ¿puedo quedarme con su bastón?”, pregunta la nena y la mujer le dice que sí. Recién ahí la cámara interrumpe su deriva, hasta ahora imperceptible, para permitir que la mujer joven entre al plano de espaldas y se siente sobre un taburete frente a la ventana, mientras un travelling se aleja de ella y aparece el título de la película.

Petite Maman (Pequeña mamá) es el cuarto trabajo de Céline Sciamma y ese virtuosismo exhibido casi con pudor, que aquí consigue expresar el vació que provoca una ausencia en solo dos planos (uno de ellos un plano secuencia de un minuto cuarenta segundos), es su rasgo más distintivo. Con esa misma y expresiva sencillez, sin necesidad del monumental despliegue neorromántico de su película anterior, Retrato de una mujer en llamas (2019), la cineasta francesa atraviesa un vasto territorio emocional sin temor a recurrir a inesperados elementos fantásticos, ideales para contar la historia de un duelo desde la perspectiva de una nena de ocho años. Ella es Nelly y la que acaba de morir es su abuela materna. Aunque es evidente que se trataba de una mujer mayor, su muerte ocurrió de forma inesperada, dejando a su hija Marion y sobre todo a Nelly sin la posibilidad de despedirse como hubieran deseado. El regreso por última vez a la casa materna para desocuparla las pondrá a ambas frente al pasado. Para Marion representará un salto doloroso sobre el abismo de la memoria. Para Nelly, en cambio, abrirá un mundo por descubrir: el de la infancia de su propia mamá

Pero Nelly es más que la protagonista de Petite Maman: es también el vehículo que Sciamma utiliza para establecer el tono de la película. Será su mirada infantil la que marcará la lógica de un relato en el que la realidad se llenará de dobleces que la ayudarán a aceptar la idea de una pérdida irreparable. A través de detalles, la directora convertirá la casa de la abuela muerta en un nodo en el que las capas de tiempo irán convergiendo. Un rectángulo del empapelado original, que aparece intacto al correr una alacena, se convertirá en el primer portal que se abrirá hacia el pasado. Una puerta que, como todas las de la casa, será para Nelly objeto de curiosidad, pero que al mismo tiempo hará que para Marion el proceso se vuelva insoportable. Tanto que se verá obligada a abandonar la tarea, dejando a Nelly sola con su padre. Situación que, dadas las circunstancias, la pequeña no podrá evitar vivir también como una pérdida propia.

Algunos de los objetos que la niña irá encontrando en la casa se convertirán en modestos talismanes. A través de ellos entrará en contacto con un plano que le permitirá vincularse con su mamá en pie de igualdad. Es aquí donde la fantasía se vuelve una instancia sanadora, que Nelly aprovecha con lúcida inocencia y que la cineasta francesa alimenta con una precisión tan simple como poética. Con materiales como la ternura, la gracia y el asombro, la directora teje una estructura sólida y engañosamente simple, cuya mayor virtud es su capacidad para establecer una conexión emotiva muy fuerte con el espectador. Por esa vía, Sciamma le da forma a un relato sin fisuras, en el que el cine también funciona como un talismán efímero pero capaz de transmitir una felicidad tan duradera, que es muy difícil salir de la sala sin sentir la necesidad imperiosa de contagiársela a todo el mundo. En este caso, sin barbijos que lo impidan. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Pägina/12.

domingo, 5 de diciembre de 2021

LIBROS - Lucky Luke y el cine, la historia de un amor que cumple 75 años

Si algo hay que reconocerle a Lucky Luke, personaje de historieta creado por el dibujante y guionista belga Morris, es su carácter gardeliano. Es que al igual que el gran ícono del tango, que cada día canta mejor, parece que el vaquero del jopo perfecto, famoso por ser más veloz que su sombra, también dispara cada día más rápido. Y eso que este martes cumplirá nada menos que 75 años, un verdadero prodigio de longevidad para un personaje creado fuera de los Estados Unidos. Porque aunque es cierto que integra la santa trinidad de la historieta franco-belga, junto a Tintín y Asterix, no es común que personajes ajenos a la tradición norteamericana mantengan su popularidad durante tanto tiempo. Otra de las características que comparten Gardel y Lucky Luke es que al primero le decían "el zorzal criollo", mientras que al segundo lo edita en la Argentina el sello Libros del Zorzal, que volvió a poner en las librerías locales una colección que en 2022 se completará con todos los álbumes del personaje guionados por René Goscinny, además de La tierra prometida y Un cowboy entre algodones, con libretos de Jul y dibujos de Achdé, su actual pareja creativa.

Una de las formas más interesantes de abordar un personaje del que ya se ha dicho todo es indagar en su relación con el cine, innegable fuente de inspiración para su creador. Es que Morris siempre admitió su fanatismo por el western, al que Borges le atribuía el mérito de haber revivido en el siglo XX el espíritu heroico del olvidado género épico. Es fácil trazar la genealogía de esa relación si se recuerda que Morris nació en 1923 y que para cuando cumplió 10 años, Gary Cooper ya se había convertido en una estrella gracias a las películas de cowboys. De hecho, el dibujante y divulgador de historietas argentino César Da Col recuerda que no son pocas las fuentes que mencionan a la figura de Cooper como modelo para el diseño de Lucky Luke. El cigarrillo colgando en la boca, el rulo escapando bajo del sombrero blanco, los ojos entrecerrados y astutos, el perfil de nariz fuerte y mentón pronunciado. Todo remite a Cooper.

Pero esa no es la única cita cinéfila que la tira realizó en sus 75 años de vida. “Las referencias a películas son habituales en Lucky Luke”, confirma Da Col, co-fundador de Banda Dibujada, movimiento cultural que busca incentivar a los chicos en la lectura de historietas. “En Al hambre, uno de los libros anteriores a la época de Goscinny como guionista, Lucky se enfrenta a un forajido que tiene la cara de Jack Palance y que está inspirado en el personaje que el actor interpretó en El desconocido (Shane, 1953)”, señala. Da Col menciona además a Mae West, diva de los ’30, en cuyos rostro y figura Morris y Goscinny se inspiraron para crear a Lulú Carabina, uno de los personajes femeninos de Dalton City, volumen ya editado por Libros del Zorzal. “También aparece James Coburn en Remontando el Mississippi; Sean Connery sirvió de inspiración para el malo de El pie tierno; David Niven aparece en Calamity Jane, y en La diligencia hay un breve ‘cameo’ de Alfred Hitchcock. Todos esos títulos también forman parte de la colección de Del Zorzal”, recuerda Da Col. Y las citas siguen. Sin embargo, el especialista no cree que en la serie haya “parodias a películas puntuales, sino que los autores tomaban los tópicos del western para mezclarlos en sus historias”. 

Ya en los ’60 el western americano entra en declive y aparece la versión europea, en especial italiana, que alteró la narrativa del género. ¿Habrá impactado de alguna manera ese cambio de paradigma en la estética del personaje? ¿O, por el contrario, la historieta habrá mantenido un abordaje conservador, alineándose a los clásicos? “En la historia de Lucky Luke hay dos etapas. En la primera la historieta aparecía en la revista belga Spirou. Pero a finales de los ’60 Goscinny consiguió que la tira pasara a la revista francesa Pilote, la misma que publicaba Asterix y donde él iba a tener más control sobre el personaje”, reconstruye Da Col. “El primer álbum publicado en Pilote es Dalton City, en 1969, que tiene un comienzo nocturno que siempre me llamó la atención. Más oscuro y estilizado que lo anterior, con mucho uso de la sombra, que hace que el relato sea visualmente más dramático. Y esas son características del western italiano”, continúa el especialista. “Siempre asocié ese cambio de estética al pase de una revista a la otra, pensando que porque se trataba de un debut Morris le había puesto más pila al dibujo. Pero, aunque Morris era un fanático de Hollywood, es posible que ese cambio haya sido una influencia del cine italiano”, concluye Da Col.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

viernes, 19 de noviembre de 2021

CINE - "Retiros (in)voluntarios", de Sandra Gugliotta: Un laboratorio para el management abyecto

“Explicar con precisión todo lo que ese sistema burocrático implicaba y tratar de traducirlo, para que alguien que no trabajaba ahí entienda la gravedad de lo que pasaba en ese lugar, es muy complicado”. Quien habla es Raphaël Louvradoux, tiene 29 años y su padre, Remy Louvradoux, se suicidó en 2011, a la edad de 56 años, prendiéndose fuego en el estacionamiento de la empresa France Telecom, para la cual trabajaba desde hacía muchos años y a la cual hizo responsable de ese acto. Como él, otros 30 empleados de la compañía se quitaron (o intentaron quitarse) la vida entre 2007 y 2011. Todos ellos dejaron cartas de suicidio en las que se especificaba con claridad que la decisión tomada tenía que ver, en todos los casos, con el maltrato recibido dentro del espacio laboral. 

El testimonio de Raphaël forma parte de Retiros (in)voluntarios, documental con el que la cineasta argentina Sandra Gugliotta aborda el sonado caso France Telecom. Se trata de la primera empresa que cotiza en bolsa en ser juzgada y condenada debido al hostigamiento moral infligido a sus empleados. La historia comienza con la privatización de la compañía de telecomunicaciones más grande de Francia, que en 2004 fue comprada por la británica Orange. La operación incluyó entre sus objetivos la restructuración de la empresa, en busca de mejorar la productividad. Para lograrlo, los nuevos propietarios consideraron que era necesario despedir a 22.000 empleados de una planta que superaba los 100.000. Y para ello no dudaron en utilizar los recursos más sádicos, en busca de expulsarlos de la estructura de la empresa al menor costo económico posible.

Sin embargo, como sabe cualquier argentino atento, en un plan de ajuste los sacrificios son imposibles de evitar y lo máximo a lo que se puede aspirar es a reorientarlos para reducir el impacto. Precisamente, el éxito de los empresarios que gestionaron la crisis de France Telecom consistió en trasladar el peso de la pérdida del área financiera a la de recursos humanos. Es decir, se decidió darle prioridad a salvaguardar el dinero antes que la vida de los empleados, convertidos en variable de cambio. Y en busca de cumplir con el objetivo de eliminar aquellos 22.000 puestos de trabajo, no dudó en ejecutar un plan que incluía persecución del personal, racionalización extrema de las tareas, cambios continuos de puestos laborales, vigilancia, amenazas y presiones para conseguir que, a falta de poder despedirlos, los empleados se acabaran yendo por decisión propia. 

Uno de los consultados dice que en la actualidad el managment usa las tácticas y la jerga militar, porque competir en el mercado equivale a ir a la guerra. En ese caso la pérdida de vidas es apenas un daño colateral. La misma persona cree, sin embargo, que France Telecom actuó de forma amateur, porque en distintos documentos internos dejaron asentada por escrito mucha información que confirma las acusaciones en su contra. Por el contrario, el abogado que llevó el caso de una de las víctimas sostiene que el solo uso de la palabra amateur para definir lo hecho por France Telecom, equivale a minimizar la premeditación de un plan sistematizado.

La riqueza del documental de Gugliotta se encuentra en la capacidad empática con que aborda a los protagonistas de esta tragedia, todos ellos verdaderos sobrevivientes. Pero también en la postulación de una hipótesis superadora, que lleva el caso a una escala global e histórica, revelando antecedentes que pavimentaron el camino para que lo ocurrido en Francia en el siglo XXI fuera posible. Para ello, la directora retrocede hasta la década del ’90 en Argentina y a la experiencia de su propio padre, despedido de EnTel cuando la empresa fue descuartizada y vendida a Telefónica y Telecom, dando lugar a un proceso igual de cruel. Como si América latina hubiera sido un gran laboratorio a cielo abierto, donde se probaron las técnicas brutales que luego las empresas aplicaron en sus propias casas matrices. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

domingo, 10 de octubre de 2021

LIBROS - "Generación ofendida", de Caroline Fourest: La paradoja de buscar la igualdad segregando

“En mayo de 1968, la juventud soñaba con un mundo en el que estuviera ‘prohibido prohibir’. Hoy, la nueva generación solo piensa en censurar aquello que la agravia u ‘ofende’”. Así decide comenzar su libro Generación ofendida. De la policía de la cultura a la policía del pensamiento (Libros del Zorzal) la ensayista y cineasta francesa Caroline Fourest. Un manifiesto que ataca la dictadura de la corrección política que, con su epicentro en la sociedad estadounidense, se ha propagado durante el siglo XXI.

Profesora de ciencias políticas y colaboradora de la revista satírica Charlie Hebdo, en su libro Fourest analiza una serie de hechos en los que, a partir de la acción de lo que denomina la izquierda identitaria, ciertos grupos minoritarios impusieron una mirada restrictiva y punitiva sobre el flujo cultural. Esa aberración conceptual nace, asegura, en una interpretación obtusa de la idea de apropiación cultural. La autora cita la definición de Oxford, que la designa como “el acaparamiento de formas, temas o prácticas creativas o artísticas por parte de un grupo cultural en detrimento de otros”. Un ejemplo: la apropiación que realizan los museos occidentales de artículos pertenecientes a otras culturas. En lugar de eso, el concepto ha devenido en un ataque contra el mestizaje o el intercambio que tiene lugar entre los miembros de sociedades multiculturales. 

Los ejemplos más claros para ilustrar esta forma retrógrada de entender la relación entre culturas surgen del mundo del espectáculo. La cantante blanca Kate Perry fue obligada a pedir disculpas por lucir en un video un peinado de trenzas, similar al de la tradición africana. El cantante negro Pharrell Williams fue criticado por posar en la tapa de una revista con un peinado indígena. Tal como lo entienden sus defensores, el concepto de apropiación cultural busca que cada grupo secularizado tenga potestad sobre los elementos propios de su cultura de origen, a la vez que se arrogan el poder inquisidor de ejecutar de forma sumaria a quien se atreva a transgredir la norma. Algunos ejemplos citados suenan aún más absurdos. 

El cineasta (negro) Spike Lee fue atacado por el rapero Chance (también negro) por la película Chi-Raq (2015), en la que aborda la violencia racista en Chicago. El cantante, nacido en esa ciudad, le niega a Lee, oriundo de Brooklyn, el derecho de tratar asuntos que no ocurrieron en la suya. Algo igual de insólito le ocurrió al actor inglés Peter Dinklage cuando quiso realizar una película biográfica sobre el actor Hervé Villechaize, famoso por interpretar al popular Tatú en la serie La isla de la fantasía. Aunque ambos actores son enanos, hubo quien le endilgó a Dinklage el pecado de ser blanco y no tener el aspecto “oriental” de su colega. Fourest arremete contra esta generación –a la que califica como “una jauría de inquisidores”— cuyas acciones tienen como campo de batalla las redes sociales, donde “el descontrol es anónimo y se lincha ante la mínima sospecha”. Ahí “basta con decirse ‘ofendido’ o ‘víctima’ para llamar la atención”, cuando para la francesa el objetivo de las luchas antirracistas no es el de existir como víctimas, sino erradicar los prejuicios del victimario.

Nada de lo anterior y ninguno de sus sólidos argumentos libran a Fourest de cierta jactancia, que parece afirmarse en la convicción de que sus principios y su forma de defenderlos son los únicos intelectualmente válidos. Característica que no cae muy lejos del árbol del dogmatismo que critica. Bajo su estricto juicio, cualquier otro plan de acción que no coincida punto por punto con su mirada del mundo es despreciado por pusilánime, moderado, sectario, secular o lisa y llanamente errado. Al menos así se interpretan algunas de sus objeciones, como la que le realiza a un grupo de lesbianas que en los ‘70 decidieron vivir aisladas en su propia comunidad, a las que tilda de radicales. Con razón, la autora afirma que, autoexcluyéndose de la sociedad, “esas mujeres no cambiaron el curso del mundo ni mitigaron la homofobia”. Tan cierto como que cada uno (dentro del marco legal, claro) tiene el derecho de elegir cuáles son sus luchas y de qué modo pelearlas. 

Generación ofendida representa además un nuevo capítulo en la rivalidad ancestral que mantienen la cultura francesa y la anglosajona, como históricas rectoras del pensamiento occidental. La primera en representación de un liberalismo más flexible y universalista, que expresa sus principios en la tríada Libertad, Igualdad y Fraternidad, lema de la República. En la vereda de enfrente, más conservadora y endogámica –con el Brexit como última prueba—, la identidad británica alcanza su estado más radical y puritano en su versión estadounidense. Fourest no esquiva el asunto: para ella esta avanzada de purismo identitario tiene su origen en los Estados Unidos y en las formas de defensa que ahí desarrollaron las minorías violentadas. Así, lejos de representar una práctica anticolonialista, el extremismo identitario no sería otra cosa que un colonialismo 2.0, que exporta al mundo una forma de vincularse con el otro que es propia de la sociedad estadounidense, cuyo historial de violencia permite no justificar, pero si entender por qué es ahí donde surgen este tipo de reacciones no menos violentas. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

jueves, 23 de septiembre de 2021

CINE - "Los años más bellos de una vida", de Claude Lelouch: Lo mejor es el recuerdo

El estreno de Los años más bellos de una vida , la 49° película de la filmografía de Claude Lelouch (que no es la última), demanda volver hasta los años ’60, sobre la que tal vez sea su obra magna. Se trata de Un hombre y una mujer (1966), una de esos títulos míticos que abundan en el cine francés de esa época. Los motivos sobran. La inolvidable historia de amor entre dos jóvenes viudos, él corredor de carreras y ella guionista, que Lelouch registró con la potencia realista y emotiva que caracterizaba a la nouvelle vague. La química de su extraordinaria pareja protagónica, integrada por Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimeé. Las cuatro nominaciones a los Oscar: ganó en las categorías de Película Extranjera y Guión Original, mientras que Lelouch y Aimeé se quedaron con las ganas en las de Director y Actriz Protagónica. Y, claro, la melodía compuesta por Francis Lai, una de las más reconocibles de la historia del cine.

Tan potente resultó la fórmula, que 20 años después Lelouch volvió sobre ella en Un hombre y una mujer: Segunda parte (1986), donde la guionista convertida en productora vuelve a buscar al piloto para filmar una película basada en aquel romance trunco. En 2019, el francés reincidió por tercera vez, para contar el ocaso de los protagonistas, a quienes el paso del tiempo les ha sumado dramas, pero que no ha conseguido borrar la marca que en ellos dejó ese vínculo. De eso se trata Los años más bellos de una vida , en la que el hombre ahora está internado en un geriátrico, padece un incipiente Alzheimer y solo recuerda con claridad a aquella mujer. Sin embargo, la película peca de nostálgica, exhibiendo una candidez que no le hace honor al original. La necesidad de recurrir de manera excesiva a intercalar material de la película de 1966 revela el escaso peso dramático de la nueva historia, que se limita a reproducir lo que otros dramas sobre la tercera edad ya han puesto en escena con insistencia. Como le ocurre a sus personajes, es justamente ese material intercalado el que confirma que los años más bellos de esta saga también son los que ya pasaron.

La inesperada trilogía de Lelouch busca articular en el tiempo el devenir de una historia de amor de la misma forma en que Richard Linklater lo hizo en la saga que comienza en 1995 con Antes del amanecer. Pero lo hace de forma menos orgánica, como si se tratara de capas que se acumulan una sobre otras antes que como eslabones lógicos de una cadena. A diferencia de la de Linklater, cuyos capítulos están separados por períodos de nueve años (que volverán a cumplirse en 2022, ya que la última, Antes de la medianoche, es de 2013, aunque no hay anuncios de una cuarta parte), la prolongación de los tres títulos de Lelouch se presenta más bien azarosa, a pesar de que las referencias internas entre ellas son claras. Como si el regreso sobre ese universo fuera más una necesidad (o un capricho) de su creador, que la consecuencia lógica de una continuidad narrativa. Incluso, tensando un poco la cosa, hasta se podría calificar a Los años más bellos de una vida como una película de explotación. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

domingo, 5 de septiembre de 2021

CULTURA - 40° aniversario de la muerte de Jacques Lacan: La vigencia de un gigante polémico

La figura del psicoanalista francés Jacques Lacan casi no necesita presentación en la Argentina, especialmente en la psicoanalizada Buenos Aires. Al punto que podría decirse que tanto su apellido como el adjetivo derivado del mismo, “lacaniano”, ya forman parte del lunfardo. Considerado uno de los principales desarrolladores de la teoría psicoanalítica luego del propio Sigmund Freud, esta semana se conmemora el 40° aniversario de la muerte de Lacan, ocurrida el 9 de septiembre de 1981. Fecha que tal vez debería pasar a integrar el calendario de efemérides porteñas, debido a la enorme influencia que su sombra ha proyectado (y sigue proyectando) sobre el campo intelectual de la ciudad, generando acólitos y detractores. Tanto, que no es exagerado afirmar que su nombre ha abierto una de las tantas grietas que atraviesan a este país, dividiendo de forma irreconciliable a los lacanianos de todos los que vengan.

El gran aporte que Lacan realizó al psicoanálisis tiene que ver con haber recurrido a otras corrientes de pensamiento y disciplinas para ampliar los límites de la suya. Desde el estructuralismo y la lingüística, a antropología o las matemáticas, el abanico teórico del que se nutrió este pensador fue vasto, haciendo que su trabajo se vuelva tan complejo como fascinante. Para explicar el lugar que Lacan ocupa en el desarrollo de la disciplina, el psicoanalista argentino Luis Chiozza, una de las voces más reconocidas del ancho mundo del psicoanálisis en nuestro país, considera que “luego de Freud y de otros desarrolladores que ha realizado aportes muy importantes, como Melanie Klein, el psicoanálisis tiene dos grandes gigantes que desde lugares diferentes han contribuido al enriquecimiento de la teoría. Uno es el británico Wilfred Bion y el otro es Jacques Lacan”.

Según Chiozza, la diferencia de estos aportes radica en que “el primero lo hizo desde un enfoque metapsicológico, más bien mecanicista en la estructura de pensamiento. En tanto que Lacan enriqueció al psicoanálisis desde una perspectiva basada en la estructura lingüistica”. A pesar de considerar que ambos realizaron aportes significativos que pueden verse como complementarios, Chiozza señala que “Bion y Lacan representaban personalidades opuestas”. En ese aspecto, continúa, “Bion resultaba especialmente simpático, mientras que Lacan ha sido prolífico en actitudes antipáticas”.

Pero, ¿a qué se refiere Chiozza al mencionar ese aspecto antipático? “Lacan era una persona de actitud arrogante y muy despreciativa de la figura, el trabajo y el aporte de otras personalidades dentro del universo del psicoanálisis”, afirma el autor del libro La peste en la colmena (Libros del Zorzal). “Por ejemplo: en sus libros Lacan escribía una página en alemán, otra en ruso, otra en inglés, sin adjuntar ninguna traducción que le facilite la comprensión de tales conceptos a aquellos lectores sin conocimientos de esos idiomas”, indica Chiozza. También recuerda que Lacan era “propenso a conductas extravagantes, como ir a dar clase vestido con una capa violeta”, aunque reconoce que ese sería “un asunto menor al lado de la contribución que ha realizado al psicoanálisis”.

Sin embargo, esos rasgos de personalidad no explican por qué la corriente lacaniana ha calado más hondo que otras en el psicoanálisis vernáculo. “Creo que la diferencia está en que, así como tiene sus cosas antipáticas y es un teórico difícil, al mismo tiempo Lacan ha sido un pensador más seductor”, sostiene Chiozza. Pero al mismo tiempo considera que ese carácter fascinante también puede ser fuente de algunos equívocos en torno a la interpretación de su trabajo. “Me parece que el pensamiento de Bion uno puede llegar a entenderlo con dificultad, pero no puede fingir entenderlo cuando no lo ha hecho. En cambio el de Lacan se presta a que mucha gente utilice su lenguaje y se manifieste de un modo que da la impresión de haberlo entendido, cuando en realidad no lo ha hecho”, afirma Chiozza, tajante. 

Es por ahí que aparecen algunas de las críticas más sólidas que se le han hecho a Lacan y a su teoría. Ya en los años ’70, cuando de la mano de Oscar Massota su figura y su obra comenzaban a crecer en Argentina, en Europa sin embargo empiezan a ser objeto de fuertes revisiones. Una serie de críticos le atribuyen a su trabajo características conservadoras y la debilidad de estar construido a partir de una trama de equívocos, que se vuelve sólida a partir de su complejidad. Algunos llegan a calificar a Lacan como superficial, charlatán o enrevesado. Entre sus detractores más destacados se cuentan sus compatriotas Jacques Derrida, Gilles Deleuze y Félix Guattari, tres críticos enormes para un intelectual gigante. Chiozza coincide en que Lacan “es un pensador oscuro y difícil de seguir”, aunque eso no sería lo peor. “Muchas veces su conducta metodológica dentro del psicoanálisis tampoco ha sido del todo correcta. Piense que Lacan psicoanalizaba a su propio yerno, una práctica muy cuestionable desde el punto de vista moral”, objeta.

Por esa misma época, muchas de las impugnaciones al corpus lacaniano comienzan a extenderse a un grupo de seguidores cada vez más devoto. A ellos se los acusa de haberse convertido en una religión y de tomar al trabajo de su mentor como textos sagrados. “Suele decirse que los lacanianos hablan en lacanés, debido al uso de una jerga muy específica, y esto no se dice ni de los bionianos ni de los kleinianos”, reconoce Chiozza. Y conjetura que el hecho de que “ese carácter sectario sea mucho más notorio entre los seguidores de Lacan” que en otras facciones del psicoanálisis, tal vez “se deba justamente a esa costumbre que tienen de hablar en difícil”, concluye, no sin humor.

 Artículo publicado oiginalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

viernes, 6 de agosto de 2021

CINE - "La isla del tesoro" (L'ile au trésor), de Guillaume Brac: Verano, imperio de los sentidos

Desde el origen del tiempo –al menos desde que este comenzó a ser percibido humanamente y clasificado en minutos, horas, días, meses, años (al infinito y más allá)—, el verano está asociado culturalmente a la abundancia, la fertilidad y, por qué no, al goce. La estación del calor es aquella en la que el florecer de la primavera da sus frutos, donde los cuerpos se liberan de la capas protectoras necesarias para combatir al invierno y la luz, más brillante, multiplica los colores como un caleidoscopio. Los sentidos se excitan y con él las pasiones. Además, desde que las costumbres de las vacaciones y el turismo lograron imponerse, merced su ampliación a todas las clases sociales, esa época del año representa el momento del descanso, aquel donde todos olvidan las obligaciones por un rato para abrazar un espíritu lúdico y hedonista. El verano es una ilusión de libertad. Ese es el paisaje que el cineasta francés Guillaume Brac retrata en su documental La isla del tesoro, en el cual recorre las distintas locaciones de un balneario ubicado en las afueras de París, para dar cuenta de la intensidad con que todo lo anterior se manifiesta de manera colectiva en un conjunto amplio de veraneantes y empleados de dicho centro recreativo.

Lo primero que sorprende del registro realizado por Brac son las características y la configuración geográfica del lugar. Se trata de un pequeño paraíso natural, como lo define alguno de sus visitantes, que es muy difícil de imaginar tan cerca de la capital francesa, ubicada al interior del territorio galo, bien lejos de las costas. Y es que en realidad el balneario Isla de Loisirs no tiene nada de marítimo. Se trata de un paraje ubicado en Cergy-Pontoise, una pequeña comarca en las orillas del río Oise, cuyas bifurcaciones rodeadas de bosques acaban creando un escenario tan variado como idílico. Una verdadera isla del tesoro a pocos minutos en auto desde París. El lugar representa el destino ideal que eligen quienes no han podido irse lejos de la ciudad, pero que quieren o necesitan escaparle un poco a la rutina y apaciguar el bochorno. Una verdadera horda compuesta por familias numerosas, por hombres y mujeres solitarios y, sobre todo, por las manadas de chicos, adolescentes y jóvenes ávidos de diversión, que buscan (se buscan) establecer lazos vitales con sus semejantes.

En ese imperio de los sentidos avanzan Brac y su cámara, registrando viñetas sueltas de lo que ahí ocurre. Así va articulando un mosaico cuyo dibujo al principio resulta difícil de distinguir, pero al que la acumulación le va dando una forma y un orden. Un grupo de niños que se cuelan porque no tienen para pagar la entrada, pero que son descubiertos por los cuidadores, que los aleccionan sin ninguna intención punitiva. Tirado en la playita, un señor ya grande recuerda el verano en el que conoció a una chica de 20, a la que invitó a mudarse a su hotel cinco estrellas y con quien pasó las vacaciones platónicas perfectas. Chicos cargoseando chicas para conseguir un teléfono; chicas que a veces lo entregan y a veces no. Chicos y no tan chicos saltando al río desde un puente del que no está permitido hacerlo; guardias que deberían evitarlo pero que charlan amistosamente con los infractores. Un nene le enseña los colores en inglés a su hermanito, mientras deambulan por el predio como si el lugar fuera al mismo tiempo una isla y un tesoro que están descubriendo juntos, ahí y ahora.

En las escenas captadas por Brac sorprende la espontaneidad con que los diversos protagonistas actúan, como si la cámara no estuviera o el director fuera invisible para ellos. Montadas con un orden falsamente aleatorio, estas escenas van siendo hilvanadas con una intención concreta: pintar un fresco que dé cuenta de ese caldo de pulsiones y deseos que se cuece al calor del verano. Una instantánea colectiva en la cual, como en los cuadros de los Brueghel (el viejo y el joven), esas pequeñas escenas individuales conviven y se conectan entre sí, hasta articular un relato que cobra sentido recién cuando se toma distancia, para admirarlo completo. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectácuos de Página/12.

domingo, 30 de mayo de 2021

LIBROS - Asterix vuelve a la Argentina en versión completa y con un nuevo libro

Apenas 50 años antes de Cristo, Roma ya dominaba el mundo. El imperio estaba en su momento de mayor expansión gracias a Julio César, quien gozaba de gran popularidad gracias a la campaña que le permitió anexar las Galias al mapa romano. Pero cuentan los que saben que no todo fue conquista para sus ejércitos en tierra trasalpina. No. Hubo una aldea poblada por irreductibles galos que resistió férreamente al invasor gracias a un arma secreta (o no tanto) que los hacía invencibles. ¿A alguien le suena todo esto? Claro, y es que esta nota tiene menos que ver con la historia que con la historieta. Estamos hablando de Asterix, el pequeño gran personaje creado por el francés René Goscinny con la colaboración del dibujante Albert Uderzo. Es que junto Obelix, su obeso amigo, Asterix se encargaba una y otra vez de arruinarle al César sus planes de conquista, manteniendo a salvo a la única aldea gala libre del yugo romano.

Ahora los fanáticos de Asterix pueden volver a disfrutar de las andanzas del héroe, capaz de acabar con legiones enteras gracias a su ingenio y a la ayuda de una poción mágica que le daba una fuerza inagotable. El sello Libros del Zorzal acaba de relanzar la colección completa, de la que ya pueden conseguirse los primeros nueve tomos y el resto se irá completando a lo largo del año. Pero si eso solo ya representa un verdadero lujo, además la editorial presentó por primera vez en Argentina una nueva aventura del pequeño galo, La hija de Vercingetorix, escrita e ilustrada por la dupla que integran Jean-Yves Ferri y Didier Conrad. Editado en Francia en 2019, el libro lleva vendidos más de 5 millones de ejemplares en todo el mundo. Respetando el espíritu del original, el nuevo episodio cuenta la historia de Adrenalina, hija del general Vercingetorix, rival de Julio César en la vida real, quien es llevada en secreto a la aldea y a quien Asterix y Obelix deben proteger. El libro combina el humor inocente pero pícaro que caracteriza al trabajo de Goscinny, con oportunas referencias que le aportan al lector un panorama de la historia de la cual se alimenta la ficción.

“Lo más difícil de lograr para darle continuidad a la obra de Goscinny y Uderzo es, en mi opinión, el diálogo permanente y no invasivo entre el dibujo y el guion, de tal manera que fluyan juntos, sin competir. Esto en La hija de Vercingetorix está muy logrado: Ferri y Conrad son un tándem de lujo.” La afirmación pertenece a Leopoldo Kulesz, editor de Libros del Zorzal y alma mater del regreso triunfal de Asterix y su banda a la Argentina. Para él, la principal innovación del libro tiene que ver con el tema. “Adrenalina es una adolescente feminista y ecologista que fue criada por dos padres adoptivos varones. Me parece improbable que en los '60 y '70 pudiera haber habido un protagonista con estas características”, señala Kulesz. El editor considera que Ferri y Conrad logran introducir esos elementos “sin caer en lugares comunes ni en estereotipos prefabricados”.

Kulesz fue además el encargado de traducir no solo La hija de Vercingetorix, sino los 37 volúmenes originales. En relación al arduo trabajo de adaptar los textos de un idioma a otro, Kulesz reconoce que se permitió “algunos guiños del cono sur, territorio en el que se distribuye la colección”, pero que no se trata de una traducción que abuse del color local, porque cree que sería ridículo que “Asterix, un europeo del 50 AC, hablara como un rioplatense”. Apenas admite unas pocas intervenciones en los nombres de algunos personajes, aunque en una proporción minoritaria: solo 25 personajes en un universo con casi 450. Entre esos aportes señala los nombres de los romanos Pipicucus, Capitanpilus y Madeinlanus; los galos Elquetejedix, Siamofuorix y Panambix, o el bretón Vamoarribax. Distinto es el caso del grupo de adolescentes encabezado por Adrenalina. “En el original ellos hablan con los modismos de los adolescentes de hoy en Francia y entonces tuvimos que usar también modismos, como por ejemplo ‘¡Alto bardo!’, con su correspondiente doble sentido”, comenta el editor (y traductor). “Esta traducción busca una sola cosa: ser fiel al original globito por globito”, afirma.

En la tarea de traducir, Kulesz reconoce que lo más complicado fue el humor, en especial aquel que surge de los juegos de palabras, muy comunes en el universo de Asterix, tarea que presenta varias dificultades. “La primera es que en el 99% de los casos la traducción literal no sirve. La segunda, preservar el doble sentido. Y la tercera, la más despiadada, es que sea compatible con el dibujo, ya que en no pocas ocasiones el juego de palabras hace referencia a la situación dibujada”, enfatiza. “Pero todas estas dificultades pueden hacer aparecer el trabajo de traducción de Asterix como un padecimiento. Todo lo contrario: fue un disfrute que compartimos 14 personas durante más de un año intenso”, dice Kulesz. Y enseguida recuerda que la traducción fue auditada por Hachette, el sello francés dueño de los derechos del personaje. “El veredicto del auditor fue que este trabajo no parece una traducción, sino un original. Difícil imaginar mayor orgullo”, concluye.

Al ser consultado sobre la posibilidad de que los personajes de Adrenalina y sus amigos adolescentes pudieran ser una herramienta para generar empatía en los lectores del siglo XXI, Kulesz acepta que “puede ser”, pero enseguida toma distancia de ese tipo de análisis. “Lo que ocurre es que siempre busqué preservarme del lugar de crítico literario. Me gusta mantenerme lo más cerca posible de mi situación de lector que descubre los textos, sin especular acerca de las intenciones de los autores ni de sus editores originales”, explica. “En el caso del guion, diría que la prioridad de Goscinny y ahora de Ferri es divertir”, reflexiona el editor y recurre a su memoria emotiva para explicar la experiencia de lectura que propone la historieta. “Recuerdo que de chico, leyendo Asterix me encontraba con palabras que no conocía (nauseabundo, frugal) y con situaciones que, intuía, hacían remitían a alguna referencia que yo no conocía. Pero también recuerdo a esos momentos no como molestia sino todo lo contrario, como la promesa de entender algo interesante o divertido más adelante”, rememora. “Entonces, el único lazo de empatía con nuevos o viejos lectores es el respeto y la confianza natural que nos debemos unos a otros. Asterix es ante todo esto: el respeto del que espera entretenerse y divertirse leyendo, no importa la edad ni la época. Y paro porque ya me volví crítico literario”, redondea Kulesz recurriendo también al humor.

Además de Asterix, Libros del Zorzal también edita en Argentina las aventuras de otros personajes populares de la historieta franco-belga, todos ellos vinculados al trabajo de Goscinny, como Lucky Luke o Iznogud. Lo cual coloca a al sello y a su editor como los encargados de mantener vivo su legado no solo en Argentina, sino también en Uruguay y Chile. “Los que leímos Asterix de chicos sabemos lo que representa ese disfrute. Muchos aprendimos a leer libros con él y esto implica mucha responsabilidad”, admite Kulesz. “Esperamos que lo mismo les ocurra a los chicos de hoy y de las generaciones que vienen: nuestro trabajo es para ellos. Es lo que deja Libros del Zorzal”, se enorgullece el editor. Aunque enseguida confiesa, como si fuera necesario justificar su aporte, que también se trata de un trabajo hecho por puro placer. “Lo hice principalmente porque tenía ganas, porque me gusta”, reconoce. Los lectores de Asterix, agradecidos.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

jueves, 28 de enero de 2021

CINE - "Josep", de Aurel: Animación para contar la historia

El cine animado no siempre es sinónimo de entretenimiento producido con un ojo puesto en los espectadores más chicos y el otro en aquellos que circunstancial- mente los acompañan y pagan sus entradas –o al menos así era el ritual del cine cuando las películas todavía se podían ver en una sala y había que comprar una entrada para poder hacerlo—. También hay artistas que recurren a la animación para contar historias que no pueden estar más alejadas del género infantil, aprovechando sus posibilidades plásticas y expresivas para abordar temáticas y cuestiones más cercanas a los intereses y preocupaciones de la vida adulta. A esa categoría pertenece Josep, ópera prima del dibujante francés Aurel, que narra la historia de la amistad surgida entre un gendarme francés y el artista plástico catalán Josep Bartolí.

La película está ambientada entre el final de la Guerra Civil Española y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y tiene como principal escenario al límite geográfico y político que en aquel momento separaba a España de Francia. Es ahí donde tuvo lugar el drama que vivieron los millones de españoles que trataban de escapar del horror de la dictadura franquista, quienes fueron encerrados por el gobierno francés en campos de concentración. Con ese punto de partida, Josep avanza y retrocede sobre una línea de tiempo que no solo da cuenta de la vida de Bartolí de ahí en adelante, sino que también recorre la cronología de acontecimientos históricos que le sirvieron de marco. 

Aurel construye ese relato de manera indirecta, recurriendo a la figura de un narrador que, a instancias de sus propios recuerdos, se encarga de promover y organizar el curso de las acciones dentro de la película. El encargado de cumplir con ese papel es el personaje de Serge, quien por aquel entonces era apenas un novato gendarme francés que integraba uno de los batallones que se ocupaban de custodiar el precario campamento donde se amontonaban los migrantes y exilados. Y es el propio Serge quien, ya viejo, le cuenta a su nieto los detalles de esa amistad que lo unió al dibujante catalán, cuyas ilustraciones son utilizadas en la película con criterio, en busca de aprovechar la potencia expresiva que habita en ellas.

La animación de Josep está muy lejos de parecerse al cine animado que producen los grandes estudios de Hollywood. Por el contrario, Aurel apuesta por una estética técnicamente rústica que destaca los trazos grueso del lápiz y el crayón, poniendo en evidencia el vínculo estrecho que la película mantiene con la rama más artística de historieta. La decisión resulta un acierto. No solo por la audacia de aventurarse en un territorio poco transitado por los animadores en el cine, resignando realismo pero ganando en elocuencia, sino porque además parece la apropiada para contar la historia de un dibujante. 

Ese artificio también funciona muy bien para recrear las sensaciones de horror y fragilidad que surgen de los hechos narrados. En ese punto, Josep mantiene un fuerte diálogo con el contexto actual, en el que las migraciones masivas derivadas de distintos procesos geopolíticos vuelven a ser uno de los grandes problemas, no solo en Europa sino en todo el mundo. Atroz y emotiva, la película hace equilibrio entre aquel pasado y este presente que, como si se tratara de espejos enfrentados, acaban por exponer la paradoja de una realidad que se repite una y otra vez. Pero siempre como tragedia y nunca como farsa. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

sábado, 31 de octubre de 2020

CINE - XVII Encuentro de Cine Europeo: Lo mejor del viejo mundo en 13 películas, gratis y online

La pandemia sigue instalada y parece estar cómoda, porque por ahora no da muestras de querer irse a ningún lado. El panorama no es alentador pero, parafraseando a Humphrey Bogart, podría decirse que “siempre tendremos las películas”. Porque si hay algo que durante este largo encierro se convirtió en un sostén anímico y vital, ese algo fue el cine. Decenas de festivales, ciclos y muestras que perdieron su lugar en las salas no dudaron en hacer el sacrificio de saltar al vacío del streaming –formato que hasta ayer nomás era el enemigo—, con tal de no abandonar a su público en el momento de mayor necesidad. Muchos de ellos de manera desinteresada, enrolándose en el ejército de salvación de las actividades libres y gratuitas. A ese batallón se suma hoy el XVII Encuentro de Cine Europeo, que hasta el 30 de noviembre ofrece un programa que podrán verse, sí, de forma online y gratuita.

Organizado por la Delegación de la Unión Europea en Argentina, con apoyo de las Embajadas e Institutos Culturales de los países miembros, esta edición del Encuentro ofrece un menú de trece títulos provenientes de distintos países del viejo continente. En simpatía con los tiempos, la programación se organiza a partir de una mirada con perspectiva de género, poniendo a dialogar obras que reflejan y acompañan muchos de los procesos sociales que signan al mundo actual. Una invitación a reflexionar sobre temas como la desigualdad, el empoderamiento, la discriminación y la exclusión, entre otros. 

Además de las películas, las actividades de la programación se completan con una serie de eventos especiales, como charlas abiertas al público general y talleres de formación para estudiantes y jóvenes cineastas, a cargo de distintos referentes de la industria. A partir de ellas se busca seguir fomentando el intercambio cultural y el aprendizaje. Las películas y más información sobre el XVII Encuentro de Cine Europeo están disponibles en el sitio https://www.cineueargentina.com.

A pesar de girar sobre un eje temático específico, la programación ofrece una saludable variedad. Decisión que comienza por liberase del prepotente corset de lo nuevo, para incluir algunos títulos que llevan años cosechando elogios de público y crítica. Es el caso de Morir como un hombre, notable trabajo del portugués João Pedro Rodrigues sobre la noche de Lisboa a través de la figura de Tonia, una travesti que ya en su madurez decide dar el paso de cambiar su identidad sexual. Elegíaca pero también celebratoria de la vida, Morir como un hombre tuvo su estreno en la edición 2009 del Festival de Cannes y entre otras distinciones obtuvo el premio Cine del Futuro en Bafici 2010 y fue elegida por la filial local de Fipresci como Mejor Película Extranjera estrenada comercialmente en el país durante 2011. Una película que vale la pena volver a ver (o descubrir, para quienes aún no lo hayan hecho). 

Aunque algo más recientes, a esa misma categoría pertenecen Self-Portrait of a Dutiful Daughter (Autorretrato de una hija obediente, 2015), de la rumana Ana Lungu, y Mellow Mud (Barro Blando, 2016), del letón Renārs Vimba. Estrenadas en los prestigiosos festivales de Rotterdam y Berlín, ambas películas tienen como protagonistas a mujeres jóvenes agobiadas por el peso de cargas diversas. La primera de ellas es una chica que se acerca a sus 30, con una buena familia, carrera universitaria y buenos amigos. Pero cuando sus padres deciden mudarse y ella queda sola en la vieja casa familiar, que debe lidiar por primera vez con su propia vida. La segunda joven atraviesa los difíciles años finales de la adolescencia, viviendo junto a su abuela y su hermano menor en un pueblito rural. Pero cuando la adulta muere, los dos niños deben recurrir a distintos trucos para ocultar la situación y mantenerse unidos. 

Los ejes temáticos de estas tres películas (identidad sexual, crisis de juventud y adolescencia) son retomados por otros títulos programados, todos de 2018. El primero en el film austríaco Erik y Erika, en el que Reinhold Bilgeri recupera la increíble historia real de Erik Schinegger, quien nació y creció como mujer, y como tal fue campeona mundial de esquí alpino en 1966. Pero dos años más tarde, cuando se preparaba para los Juegos Olímpicos de invierno, una prueba genética determinó que Erika era biológicamente hombre y fue descalificada. Extraño y paradigmático, su caso sigue siendo un ejemplo en las luchas de género. 

Por su parte, en la eslovena My Last Year as a Loser (Mi último año como perdedora), de Urša Menart, es otra joven universitaria de casi 30 la que lucha por encontrar su lugar en el mundo. A diferencia de la mayoría de sus amigas, que decidieron emigrar en busca de un destino mejor, ella elige quedarse en su país. El film aborda las dificultades que enfrenta tras tomar esa decisión. En cambio, la alemana Nadar, de Luzie Loose, vuelve a las complicaciones de la pubertad junto a Elisa, una quinceañera que por su timidez padece el bullying de sus compañeros. Pero su vida da un giro cuando comienza una amistad con una chica decidida y segura de sí misma, su opuesto complementario. Junto a ella su actitud cambia, dejándola ante el dilema de convertirse en aquello que la sometía. 

El programa también incluye películas animadas, aunque no siempre se las pueda considerar infantiles. A esa categoría pertenece la española Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó, ganadora en 2020 del Goya a la Mejor Película Animada. En ella se recrean las experiencias del gran maestro del cine español durante el rodaje de su documental de 1933 Las Hurdes, de cuyo metraje se incluyen poderosas imágenes. En cambio la polaca Jacob, Mimi y los perros del barrio (2018), de Edmunds Jansons, es decididamente una película para chicos que cuenta las aventuras de un nene y una nena, quienes junto a una jauría parlante deciden sabotear un destructivo proyecto inmobiliario.

La programación se completa con la sueca Solo nos queda bailar (Levan Akin, 2019), la finesa Lady Time (Elina Talvensaari. 2020), la francesa Cassandro, el Exótico (Marie Losier, 2018), la coproducción greco española Una ventana al mar (Miguel Ángel Giménez, 2019) y la italiana El vicio de la esperanza (Edoardo De Angelis, 2018). 

Artículo publicao originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

martes, 15 de septiembre de 2020

CULTURA - 6 polémicas intervenciones del espacio público: Pelotas de cemento, árboles anales, silloncitos traidores y otras delicias

Hace apenas tres días las calles más emblemáticas de Madrid amanecieron llenas de enormes pelotas de fútbol. Bastaba con acercarse hasta las inmediaciones de la Puerta del Sol, las entradas de la Plaza Mayor o a la icónica Plaza del Callao, para encontrase con hileras de pelotas alineadas prolijamente como una formación de granaderos, custodiando el paso de los peatones. Se trataba de una iniciativa publicitaria que la Liga de Fútbol de ese país llevó adelante con la marca Puma, que este año proveerá los balones que se usarán en todos los partidos. La intención era promocionar el inicio del nuevo torneo, que comenzó este fin de semana. Las famosas pelotas eran, en realidad, los típicos bolardos esféricos de granito que se utilizan para separar la vereda de la acera, que habían sido vestidos con telas que los volvían prácticamente idénticos a los “Accelerate” y “Adrenalina”, los nuevos y coloridos modelos que Puma acaba de estrenar en los primeros partidos del campeonato español. El parecido con las vistosas pelotas era extraordinario. Tanto, que finalmente la cosa duró muy poco. 

El Ayuntamiento de la capital ibérica anunció ayer que los recubrimientos que forraban los bolardos fueron retirados. ¿Los motivos? Al parecer no fueron pocos los transeúntes que los confundieron con pelotas auténticas y no pudieron resistir el impulso irrefrenable de patearlos a la carrera. Y ya se sabe lo que pasa cuando alguien le mete una patada a una bola de concreto que persiste en su actitud de aferrarse al suelo. 

Todo eso ocurrió a pesar de que junto a cada bolardo disfrazado de pelota se habían colocado pequeños letreros, en los que alertaban sobre el peligro de golpear a aquellos objetos con el propio cuerpo, intentando desalentar a los potenciales émulos de Messi. Por desgracia los cartelitos no eran visibles desde todos los ángulos, detalle que les impidió cumplir su función con eficacia.

Es así que durante todo el fin de semana las redes sociales se llenaron de quejas de ciudadanos criticando a las autoridades madrileñas por lo que calificaban como “una pésima idea”. La respuesta oficial no tardó en llegar. Por la mañana de ayer fue la propia vicealcaldesa de la ciudad, Begoña Vallacís, quien se encargó en persona de responder a varios de esos mensajes, pidiendo disculpas y confirmando el retiro de la fallida intervención del espacio público convertida en un repentino e inesperado peligro.

Ayer temprano los bolardos volvieron a mostrar su habitual color cemento. Ya no se ven tan lindos, pero al menos dejaron de ocultar su rigidez inamovible bajo una tentadora máscara futbolística. Por fortuna nadie resultó herido de gravedad, aunque fueron varios los que aprendieron por las malas cuán cierto es aquello de que nada es lo que parece y que no todo lo que brilla es oro. 

Otras 5 historias de intervenciones polémicas del espacio público

Los silloncitos traicioneros de Buenos Aires 

A mediados de 2013 la elegante avenida Roque Sáenz Peña, también conocida como la Diagonal Norte de Buenos Aires, amaneció amoblada con estilo. En sus veredas, que van desde un vértice de la Plaza de Mayo hasta el Obelisco, la municipalidad de la ciudad había colocado una serie de sillones tapizados en lo que parecía ser una sobria seda oscura, cuya apariencia mullida invitaba a descansar un rato. Lejos de resultar placentera, la experiencia podía ser traumática para el culo humano. Y es que los engañosos silloncitos, diseñados por Ivan López Prystajko y Eugenio Gómez Llambi, integrantes del Grupo Bondi, estaban lejos de tener la consistencia cálida y suave que parecía revelar una primera mirada. Igual que los bolardos madrileños convertidos en pelota, su apariencia ocultaba una naturaleza granítica. Quienes se hayan sentado en ellos nunca olvidarán la ingrata experiencia de la primera vez y llevarán para siempre en sus glúteos la memoria fría y dura del inesperado impacto contra el cemento traidor. A pesar de todo, nadie se quejó y los silloncitos infames siguen ahí, burlándose de los desprevenidos, sin discriminar entre porteños y visitantes. 

El dudoso árbol de París 

En el año 2014 las autoridades de París decidieron emplazar una curiosa escultura transitoria en la Plaza Vendome, como parte de la Feria de Arte Contemporáneo. Obra del artista plástico estadounidense Paul McCarthy, la misma llevaba como título simplemente Tree (árbol en inglés) y consistía en un objeto inflable de color verde y 24 metros de altura, cuya forma intentaba representar de un modo muy esquemático la silueta de una conífera. Sin embargo, las miradas más pícaras no tardaron en verla más parecida a un juguete sexual que a un pino o a un ciprés. La ambigua escultura se convirtió así en objeto de bromas para los más desprejuiciados, pero también en un motivo oprobio para los conservadores. El resultado fue que el arbolito con forma de tapón anal comenzó a ser objeto de distintos actos de vandalismo y muestras de intolerancia, que finalmente obligaron a retirarlo.  

El David de Miguel Ángel, hincha de la Celeste 

Durante el último Mundial de Fútbol, que tuvo lugar en Rusia en el año 2018, las autoridades de Montevideo tuvieron una idea simpática: intervenir una réplica del David, una de las obras escultóricas más famosas del artista italiano Miguel Ángel, vistiéndola con la indumentaria oficial de la Selección uruguaya. La estatua, que se encuentra en la explanada de la intendencia de la ciudad, se convirtió por unos días en un hincha más de la Celeste, apodo con el que se conoce al equipo nacional de fútbol del país vecino. La obra fue ejecutada por dos vestuaristas que cortaron y cosieron la camiseta celeste y el pantaloncito negro directamente sobre la estatua, cuya altura supera los cinco metros. Por supuesto, las muestras de adhesión y de rechazo no tardaron en llegar, poniendo de un lado a los que se lo tomaron con humor y del otro a los pedían respeto para el patrimonio cultural de la ciudad.  

Los superhéroes soviéticos de Sofía 

Bulgaria fue uno de los países que tras el final de la Segunda Guerra Mundial quedó bajo el dominio ideológico de la Unión Soviética. Por eso es muy común encontrar en su capital, la ciudad de Sofía, muchas obras artísticas emplazadas en espacios públicos que recuerdan aquella conexión. Uno de los más deslumbrantes es el Monumento al Ejército Soviético, ubicado en un parque conocido como Jardín del Rey, en la zona céntrica del casco urbano. En su parte más visible, el conjunto escultórico muestra la representación de un batallón de soldados avanzando con energía hacia el frente de batalla. Tras la caída del bloque oriental, ese monumento fue objeto de numerosas intervenciones no oficiales, en las que artistas anónimos renuevan su sentido a fuerza pintura en aerosol y graffitis. Algunas son tan poderosas que abren la discusión acerca de dónde ubicar el límite entre arte y vandalismo. En 2011 alguien transformó a los miembros del escuadrón soviético en famosos personajes de la cultura pop, como Súperman, el Capitán América, el Guasón, Papá Noel o Ronald McDonald, cuya identidad ideológica se encuentra en las antípodas de los imponentes soldados del monumento. Debajo de ellos, el artista desconocido pintó una frase que realza el sentido de la intervención: “Al ritmo de los tiempos”.  

El Lobo Marino del Festival de Mar del Plata 

En su edición de 2017, el tradicional Festival Internacional de Cine de Mar del Plata le encargó al artista Marcos López intervenir uno de los famosos Lobos Marinos que custodian la entrada de la Playa Bristol, en la rambla de la ciudad. Intentando montar una escena que representara la identidad marplatense, reuniendo su naturaleza balnearia con motivos cinematográficos que la emparentaran con el festival, López le calzó a la escultura de granito un salvavidas amarillo con forma de pato y la rodeo con unas ramas de olivo. Las quejas no tardaron en llegar: los locales consideraron aquello una ofensa a uno de los grandes símbolos de su ciudad y a los espectadores les pareció que su estética no representaba en nada la curaduría cinéfila del festival.  

 Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar.

martes, 5 de mayo de 2020

SERIES - "Víctor Hugo, Enemigo del Estado", por Film&Arts: Un genio lejos del bronce

El estreno de la serie Víctor Hugo, que comienza a emitirse hoy a las 22 por el canal Film & Arts, a razón de un episodio por semana, puede servir para pensar en qué es un escritor y darle a la pregunta una respuesta humana. Es que la fantasía popular suele hacerse de ellos una idea artificial, generalmente pomposa, más cercana al mito que al mundo terrenal. Tendencia que crece cuando se trata de autores clásicos, a quienes la educación y la academia se encargan de encerrar en cajitas recubiertas con una coraza más resistente que el acero: la solemnidad. Según esa construcción los escritores casi no son humanos, sino entidades superiores siempre sentadas frente al papel con un gesto invariablemente serio. Porque los escritores no se ríen ni se enojan y solo hablan para la posteridad. Por suerte existe un libro como el Borges, de Adolfo Bioy Casares, en donde queda claro que un escritor también se mata de risa haciendo versitos groseros, que su existencia no está exenta de maldad, que son capaces de decir barbaridades y, por lo tanto, también se equivocan como cualquier verdulero, peón de taxi o periodista. Por ahí comienza esta miniserie en cuatro capítulos, cuyo título original –Víctor Hugo, enemigo del Estado— le aporta al espectador una información valiosa.
El episodio inicial arranca con el protagonista ya cerca de sus 50, viviendo en una pocilga infectada de ratas. Escribiendo en su diario confiesa (y le hace saber al público) que Luis Felipe de Orleans, el Rey burgués a quién él apoyaba, ha sido depuesto, dando paso a la Segunda República Francesa, un proceso popular que trató de mejorar la calidad de vida de las clases campesina y obrera. Sin embargo el escritor declara con pesar haber sido incapaz de entenderlo en el momento oportuno, sino recién ahora, tres años más tarde, cuando la República una vez más está de rodillas, como él, a punto de que su primer presidente, Luis Napoleón, sobrino del famoso Emperador, la disuelva para instalar sobre sus ruinas el Segundo Imperio. Refundación a la que Víctor Hugo se opuso, convirtiéndose así en el “enemigo del Estado” del cual habla el título.
Esta primera secuencia, que muestra al escritor a punto de escapar hacia un exilio que duraría dos décadas, cierra con una frase potente que le sirve al relato para tomar impulso y dar un salto de tres años hacia el pasado, justo al inicio de la Segunda República. La voz en off del escritor afirma que “una revolución nunca es un accidente, sino una necesidad”. El concepto, que opera como mea culpa, también es útil para entender lo que la serie narrará a partir de ahí.
La misma toma como eje la vida política de Víctor Hugo, quien fue diputado por el partido conservador al comienzo de la Segunda República, ocupación que relegó su trabajo como escritor a un segundo plano. Lejos de desconectarse de ese aspecto, el guión aprovecha el juego de dejar un poco al margen la parte más conocida del personaje para mostrar cómo ese contacto con la realidad al que lo obligó la función pública, acabó influyendo de manera determinante es la que es sin duda su obra cumbre: Los miserables. Siguiendo el patrón clásico del camino del héroe, el Víctor Hugo de la serie comienza negando una realidad que con el devenir de la acción terminará abrazando. Pero para ello, como corresponde, primero deberá perder para poder ganar y tendrá que sufrir para aprender.
Mucho más humano se vuelve el personaje cuando la historia aborda su vida personal. Casado infelizmente con la madre de sus cinco hijos, todos ellos ya grandes para 1848, año en que se funda la Segunda República y da comienzo al relato, Víctor Hugo llevaba una vida paralela con su amante, la actriz Juliette Drouet, quien era la encargada de mantenerlo conectado con la labor literaria. Una doble vida que no le impedía para nada tener una triple y hasta una cuádruple vida, sosteniendo relaciones más o menos estables con otras amantes. Al mismo tiempo se lo muestra torpe y culposo en su paternidad, sobre todo en el vínculo con su hijo Charles, que desde el comienzo apoya la creación de la Segunda República, trabajando como secretario de Alfonso de Lamartine, otro escritor político de mirada más liberal (en el sentido clásico del término). Lejos de retratar a un Víctor Hugo de bronce, la serie lo muestra inseguro y necesitado de muchos afectos, casi incapaz de realizar movimientos sin el empuje adicional de su entorno. Una estructura emotiva que por otra parte es funcional al cambio brusco que está a punto de dar su matriz de pensamiento, virando 180 grados desde un monarquismo férreo a un liberalismo democrático asumido a consciencia.
La serie cuenta con la enorme ventaja de los escenarios reales que le proveen París y otras locaciones en Francia. Sin embargo se nota, sobre todo en las escenas multitudinarias, que el presupuesto no siempre es el de una súper producción. Algo que no llega a afectar el núcleo dramático de la serie y que sus responsables resuelven encontrando el ángulo de cámara apropiado para hacer rendir los euros invertidos en extras y vestuario. En cuanto al trabajo actoral, aunque no cuenta con figuras de renombre el elenco funciona muy bien, convirtiéndose en el principal sostén del relato. Un clásico francés. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

sábado, 28 de marzo de 2020

CINE - Edición especial del Festival online My French Film Festival: Cortos contra el Covid

Resulta paradójico que en lo que parecía el apogeo de la globalización, responsable entre otras cosas del surgimiento de un neologismo como el verbo viralizar, sea un virus el que haya puesto en cuestión el rumbo de la humanidad. Pero a la pandemia provocada por el Covid19, el infame coronavirus, se le opone una resistencia colectiva que parece haberse nucleado en torno a una consigna, que a través de los mismos mecanismos también se volvió viral. El hashtag #QuedateEnCasa –o su versión internacional #StayHome— se ha convertido en el común denominador de un sinfín de iniciativas. Desde todos los sectores de la cultura, las mismas se proponen colaborar con la necesidad ampliar el abanico de actividades que pueden realizarse puertas adentro, en cada hogar, y así ayudar a garantizar el necesario aislamiento social. Esta vez la propuesta llega desde Francia y para todo el mundo. Se trata de My French Film Festival, festival de cortometrajes online de que hasta el 27 de abril ofrece una programación de 50 títulos, todos ellos de origen galo, que pueden verse de manera gratuita.
Organizado por Unifrance, el organismo a través del cual el Estado francés promociona su cine en el mundo, My French Film Festival reúne una selección de cortos pensada como una alternativa para, según proclama el propio festival, “divertirse, reflexionar, aprender, maravillarse, reír, abrir una ventana -incluso virtual- al mundo, luchar contra el aburrimiento y recordar que el cine y la cultura pueden desempeñar un papel beneficioso en la grave crisis sanitaria que estamos atravesando”. Todos los títulos seleccionados incluyen el subtitulado en varios idiomas, entre ellos el castellano, y como en todos los festivales de cine han sido agrupados en diferentes secciones.
Estas funcionan a partir de ejes temáticos, que le permite al internauta-espectador recorrer el programa con mayor precisión. Las secciones son seis en total, cuyos títulos son ilustrativos en un grado casi literal: Family Affairs (Asuntos de familia), Kids Corner (El rincón de los chicos), Love and Feelings (Amor y sentimientos), Portraits of Woman (Retratos de mujer), Teen Spirit (Espíritu adolescente), que es la más nutrida en cantidad de títulos, y What´s going on? (¿Qué está pasando?), en la que se agrupan aquellos films con propuestas temáticas o estéticas infrecuentes. Entre todas estas, las únicas secciones competitivas son Family Affairs y Teen Spirit.
En la primera, integrada por siete títulos, las películas retratan los vínculos familiares desde distintos ángulos. A veces desde el drama, como en El mundo del revés, de Sylvain Desclous, o en Un hombre, mi hijo, de Florent Gouëlou. Otras veces con humor, como la animada Almuerzo dominical, de Céline Devaux. En cambio las 12 películas en Teen Spirit abordan distintas historias sobre el duro trance de hacerse grandes. En el universo amplio de la sección What’s going on? se destacan las propuestas de la también animada La noche de las bolsas de plástico, de Gabriel Harel, cuya historia transcurre en un universo femenino en el que las bolsas de plástico adquieren una ominosa existencia. O la descontrolada En búsqueda del Ultra-Sexo, que hurga en los archivos desclasificados del FBI sobre películas condicionadas. Sus directores son Nicolás Charlet y Bruno Lavaine, conocidos por su trabajo junto al dúo Daft Punk. Para acceder a la programación solo se debe ingresar al portal www.myfrenchfilmfestival.com.
My French Film Festival ya había tenido una edición online este año, entre los meses de enero y febrero, pero sus responsables creyeron que realizar una edición extraordinaria era una idea oportuna, dado lo particular de las circunstancias sanitarias que atraviesa el mundo. Cabe aclarar que la programación actual es completamente nueva respecto de la edición realizada a comienzos del año. La misma funciona además como un oportuno compendio de la historia del festival, reuniendo los mejores títulos de las diez últimas ediciones. La idea detrás de la consigna es darle visibilidad a los nuevos autores, muchos de los cuales serán sin dudas los encargados de crear el cine francés en los próximos años.
Pero la propuesta no concluye con las películas porque, como ya se sabe, uno de los momentos más gratos del ritual del cine son las charlas posteriores. Para eso, My French Film Festival le propone al público usar su página de Facebook (@MyFrenchFilmFestival) como Meeting Point donde encontrar compañeros de festival, comentar los cortos vistos e intercambiar opiniones. Además el festival pone sobre la mesa el formato del streaming como posibilidad para que estos eventos, que por lo general se realizan en salas, encuentren una alternativa en tiempos de coronavirus. Teniendo en cuenta la proximidad del 22° Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici), que originalmente estaba programado para realizarse entre los días 15 y 26 de abril, y el silencio que sus responsables mantienen hasta ahora, tal vez no sea descabellado pensar que el streaming puede ser una alternativa viable para evitar su posible postergación o cancelación.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 23 de marzo de 2020

SOCIEDAD - Sitios porno liberan su contendio en Italia, España y Francia durante la cuarentena

Hace tres meses nadie hubiera imaginado que una de las industrias más polémicas vinculadas al entretenimiento como la pornografía, también denominada con el eufemismo de “cine para adultos”, pudiera terminar vinculada a una causa de bien público. Por decirle de algún modo. Es cierto que a comienzos de 2020 nadie hubiera pensado tampoco que en marzo el mundo entero se encontraría en estado de sitio. Mucho menos que sería por culpa de una mutación del virus de la gripe, así que de ahí para adelante cualquier cosa puede ser posible, incluso las más insólitas. Algo de esa perplejidad suspendida apareció hace algunos días al conocerse la noticia de que PornHub, el portal online de cine porno más grande del mundo, liberó su contenido Premium en los tres países europeos más afectados por la crisis provocada por la pandemia de coronavirus.
La decisión de ofrecer a los encuarentenados del Viejo Continente el acceso a los archivos completos del gigante del porno es análoga a la que tomaron otros productores de contenidos, con la idea de ayudar a paliar la situación de confinamiento a la que cientos de millones de personas se ven forzadas en este momento. Así como las productoras de cine suben los suyos a internet para que se los pueda consumir de forma gratuita (o a muy bajo costo), o los grandes teatros y óperas del mundo ofrecen sus obras y puestas más emblemáticas a través de streaming, del mismo modo PornHub liberó sus contenidos.
La primera beneficiada por esta determinación fue Italia, el país más claramente afectado por la pandemia, en donde la plataforma abrió la suscripción gratuita el 12 de marzo, disparando las búsquedas en un 4.700 %. Una semana después el portal publicó un nuevo comunicado, donde se expresaba que “en vista de la expansión de las cuarentenas, estamos extendiendo el acceso gratuito a Free Pornhub Premium para este mes para nuestros amigos en España, y así ayudar a pasar el tiempo y mantenerlos entretenidos». Una movida que también incluyó al territorio de Francia. En todos los casos, la misma tiene fecha de caducidad: el 8 de abril. Está de más aclarar que es imposible acceder a este beneficio desde ningún otro país que no sea uno de los tres mencionados.
Además de esto, PornHub también anunció la decisión de donar su porcentaje de ingresos de la web Modelhub, sección dedicada al contenido producido por modelos. Según informa la propia plataforma en una nota de prensa, dicha donación no afectará a las ganancias de las personas encargadas de producir el material. El gesto del portal de permitir que los ciudadanos y ciudadanas de estos territorios tuvieran acceso sin costo a sus servicios impactó también en la competencia y otros sitios de streaming dedicados al género, como Xhamster, no tardaron en imitarlo.
Se ha dicho que PornHub es la plataforma más grande dedicada al porno, con un archivo de más de cinco millones de videos disponibles, más de 10 millones de suscriptores, además de 120 millones de visitantes diarios y 42 mil millones anuales en 2019. Sus contenidos van desde las películas de las productoras más importantes de la industria hasta videos caseros, protagonizados por amateurs. Aunque en esencia resulta similar a la que han tomado otros productores de contenido, la iniciativa también ha tenido sus críticos.
Distintas agrupaciones feministas de España condenaron la propuesta por considerar que, entre otras cosas, la pornografía “vulnera a la mujer como ser humano”, permitiendo además la exhibición de algunas prácticas que pueden ser consideradas como delito. Así se lo hicieron saber desde la agrupación Mujeres por la Abolición, quienes consideran “aberrante” patrocinar la gratuidad de estos sitios. “Esta industria deshumaniza porque se basa en el dolor, la humillación, la sangre y el sufrimiento. Las personas que consumen vídeos de este tipo se convierten en analfabetos de la sexualidad, porque no saben cómo nos sentimos las mujeres, ni qué nos gusta”, concluyeron.
En la misma línea, el colectivo de mujeres Feminicidio-Net también mostró su disgusto ante el impulso. “Estamos en cuarentena por #COVID2019 y hay quienes aprovechan para blanquear sus negocios ofreciendo ‘porno gratis’. Lo que pocas personas saben es que se recogen firmas para cerrar Pornhub por beneficiarse de la trata de menores”, denuncia la entidad desde su cuenta de Twitter. Ahí mismo incluyen el enlace de acceso a una campaña que se propone reunir el apoyo de un millón de personas para solicitar el cierre de la popular plataforma del porno. La petición está patrocinada por la asociación sin fines de lucro Traffickinghub, cuyos responsables informan que “en los últimos meses ha habido varios casos de tráfico sexual y de violación de menores que fueron presentados en Pornhub”. La campaña se realiza a través de la plataforma Change.org (bit.ly/3afnES6).
Finalmente, la teórica e investigadora feminista Rosa Cobo Bedia publicó una columna en el diario El País de Madrid, desde la cual también ataca la decisión del famoso sitio de liberar su contenido en España como si se tratara de “un gesto de solidaridad”. “A pesar de que sectores de la opinión pública creen que el porno es un fenómeno de representación textual, vinculado a la libertad de expresión y a la libertad artística, hay que señalar que en el porno no hay simulación”, expresa Cobo Bedia. “Las mujeres son penetradas una y otra vez por todos los orificios. El dolor, el daño y la humillación de las adolescentes y mujeres que vemos en las representaciones pornográficas es real, no es simulado. La creación de nuevos imaginarios pornográficos, que incluye la normalización del incesto o la violación en manada, son una exaltación de la violencia contra las mujeres”, continua el texto, en el que destaca que dentro de la construcción de la pornografía “lo femenino es definido como irrelevante”.
PornHub también es conocido por presentar todos los años un completo informe estadístico en el que se muestra, entre otras cosas, dónde y de qué manera se consume el porno a escala global. Un mapa virtual del género. Según surge del análisis de los datos de 2019, Francia se encuentra dentro del Top Five de países en los que más porno se consume, detrás de Estados Unidos, Japón, Reino Unido y Canadá. Por su parte Italia ocupa el séptimo lugar y España la posición número 12. Argentina figura en la decimonovena ubicación, luego de llegar a estar quinta en 2017. Por su parte, París ocupa el tercer lugar en el ranking de ciudades con mayor consumo de pornografía, Roma el undécimo y Milán el decimocuarto.
Pero Francia, Italia y España no solo se encuentran entre los principales consumidores de porno del mundo, sino que también son tres potencias en materia de producción. Tampoco sería descabellado encontrar en el conjunto de esos indicadores algunas de las razones que permitan entender mejor los por qué detrás de esta decisión, que la empresa ha querido presentar como un gesto filantrópico.  

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar