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jueves, 5 de mayo de 2022

CINE - "Great Freedom" (Grosse Freiheit), de Sebastian Meise: La deuda incobrable

“Entre el 7 y el 8% de los hombres alemanes son homosexuales. Si la cosa sigue así, nuestra nación se desmoronará por culpa de esa plaga. Quienes practican la homosexualidad privan a Alemania de los hijos que le deben”. La declaración pertenece a Heinrich Himmler, líder de las SS, luego de que otro de los hombres fuertes del régimen, Hans Roehm, fuera ejecutado por orden de Adolf Hitler, acusado de traición y homosexualidad. Eso fue en 1934, un año después de que Hitler asumiera como Canciller, y marcó el comienzo de la persecución abierta de los homosexuales. Aunque sus acciones no se desarrollan durante el nazismo, Great Freedom, película dirigida por el austríaco Sebastian Meise, tiene como eje central de su relato la forma en que aquella persecución se extendió en Alemania durante 25 años después del final de la Segunda Guerra Mundial.

Su primera escena transcurre en Berlín durante 1968, el año de las revoluciones. Hans, el protagonista, es condenado a dos años de prisión tras ser encontrado culpable del delito de sodomía. Encarcelado por homosexual, una práctica legal por entonces habitual en Alemania gracias a la aplicación de la ley conocida como Párrafo 175. La misma indicaba: “un acto sexual innatural cometido entre personas del sexo masculino o de humanos con animales es castigable con reclusión; también puede ser impuesta la pérdida de los derechos civiles”. Aunque el Párrafo 175 fue incorporado en el código penal alemán en 1871, el mismo fue modificado durante el nazismo para que bastara un rumor o la simple sospecha del “delito” para que la justicia pudiera actuar en contra de sus “perpetradores”.

A pesar de la atroz perspectiva de ir a prisión, Hans (interpretado de forma visceral por Franz Rogowski) no parece preocupado. De hecho una vez ahí se reencuentra con Viktor, otro preso, heterosexual, a quien conoce de antes. En el encierro también reconoce a un joven encarcelado por el mismo delito, a quien defiende del acoso de otros reclusos, acción que le depara unos días en la unidad de aislamiento. Será ese espacio de total silencio y oscuridad el dispositivo que la película usará para dar saltos en el tiempo y crear tres ejes temporales, cuyo relato se irá alternando.

Así, la película regresa primero hasta 1945, justo al final de la guerra, cuando Hans entra por primera vez a prisión, donde conoce a Viktor. A pesar del rechazo inicial que este siente por Hans, de a poco se irá apiadando de él, debido al desprecio general al que este es sometido en la penitenciaría. Esa empatía terminará de consolidarse cuando se entere de que Hans estuvo preso en un campo de concentración, donde purgaba una condena de 18 meses por el Párrafo 175. Solo que en lugar de ser liberado, como el resto de los prisioneros de guerra, simplemente fue trasladado a una prisión regular para cumplir con los cuatro meses que le quedan de pena. Otro hecho habitual tras la guerra y una de las grandes deudas del estado alemán. Alcanza con ver Párrafo 175 (2000), gran documental de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, para conocer no solo las atrocidades que sufrieron los varones homosexuales durante el nazismo, sino el estigma que se mantuvo sobre ellos hasta la derogación de la ley en 1969 (y más).

Narrada a través de un montaje paralelo que va de 1945 a 1957 y de ahí hasta 1968, Great Freedom le va dando forma primero al relato de una amistad, surgida al calor de una empatía mutua. Un sentimiento que de a poco irá dando lugar a otros, más profundos, que los protagonistas tardarán no solo en reconocer, sino en aceptar. Filmada con esa luz gris que suele caracterizar a los inviernos alemanes, Great Freedom no duda a la hora de darle forma a una historia llena de aristas duras y conmovedoras, sin que eso se convierta nunca en un calvario para el espectador. Pero tampoco lo sobreprotege con eufemismos o falsos pudores. El resultado es una película tan contundente como conmovedora, que a pesar de su oscuridad consigue iluminar la historia de esas víctimas largamente olvidadas. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

domingo, 24 de octubre de 2021

MÚSICA - Variaciones sobre Beethoven, un homenaje argentino al inmortal músico alemán

Como parte de las actividades del año Beethoven, en el que se conmemora el 250° aniversario del nacimiento de quien es uno de los grandes genios de la música universal, el Goethe –Institut de Buenos Aires organiza dos conciertos que abordan su obra de manera infrecuente. Se trata de Beethoven (in)conexo y de El secreto del cabello de Beethoven, en el que diferentes artistas tomarán algunos trabajos del músico alemán, pero siempre de manera personal, bien lejos de los abordajes clásicos. Quienes busquen encontrar una reproducción fiel de las creaciones del extraordinario pianista nacido en la ciudad de Bonn, interpretadas por una tradicional formación orquestal, deben ser advertidos: no la encontrarán en estos dos conciertos. Por el contrario, la premisa que define a ambas propuestas no es tanto la reproducción fiel de algunas de sus piezas más conocidas, sino una manifiesta voluntad de experimentar con ellas. Ejercicios que se permitirán el juego de alterar las formas en busca de mantener vivo el siempre apasionado y vehemente espíritu beethoveniano. 

Una aclaración. Aunque el aniversario del nacimiento de Beethoven se cumplió hace casi un año, el 16 de diciembre de 2020, en aquel momento la pandemia obturó la posibilidad de realizar celebraciones y homenajes. Por esa razón el Goethe-Institut debió esperar hasta ahora, cuando las condiciones sanitarias permiten retomar las actividades culturales casi con normalidad (pero cumpliendo con los protocolos establecidos), para ofrecer estos dos conciertos que se realizarán los próximos miércoles, jueves y viernes en el Centro Cultural Kirchner (CCK).

El objetivo tanto de Beethoven (in)conexo como de El secreto del cabello de Beethoven es ofrecer distintas perspectivas de la obra del genio alemán, poniendo el acento en las miradas surgidas por fuera del entorno cultural europeo. Ese es el particular punto de partida del primero de ellos, en donde un grupo de artistas y compositores argentinos procedentes de los universos estéticos más diversos –del rock y la electrónica a la música contemporánea—, trabajaron sus propias versiones de la Sonata n°8 Patética. Con ese concepto y bajo curaduría del pianista y compositor Gustavo De Leonardis, músicos como Daniel Melero, Patricia Martínez, Lucía Drocchi, Santiago Santero y Axel Krygier recibieron el encargo de abordar el icónico primer fragmento del segundo movimiento, el menos impetuoso de la mencionada composición. Cada uno de los trabajos resultantes propone un diálogo abierto entre la obra original y las miradas de estos artistas que se atrevieron a filtrar a Beethoven a través de su propia experiencia como compositores. Estas breves intervenciones serán interpretadas por el Ensamble de Música Contemporánea (EMC) de la Universidad Nacional de las Artes (IUNA).

Por su parte, El secreto del cabello de Beethoven también se presenta como una experiencia de cruce, en la que no solo son las épocas las que se funden sobre la mirada de una misma obra. Aquí el trabajo del creador de la famosa Oda a la Alegría es atravesada también por el cine, a partir del registro realizado por el director y compositor argentino Mauricio Kagel en su película documental de 1969 Ludwig van. Pero además, las diversas piezas del alemán comparten el espacio escénico con otras, provenientes del repertorio contemporáneo. Así, los trabajos de Beethoven conviven en armonía con los de Louis Adriessen, Erik Satie, Johnn Cage y hasta The Beatles, entre otros, siempre interpretados por el Ensamble Tropi, una agrupación estable dedicada a la divulgación de la música de cámara de los siglos XX y XXI. Definido como un concierto escénico con dramaturgia, realización y dirección musical de Haydée Schvartz, sobre una idea imaginada junto a Sebastián Tellado, El secreto del cabello de Beethoven propone una experiencia multidisciplinaria que a partir del corpus beethoveniano genera un nuevo objeto de arte.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

jueves, 17 de junio de 2021

CINE - "Naturaleza salvaje" (Wilkolak), de Adrian Panek: Lobo hombre en Polonia

El cine de los Estados Unidos ha convertido en una costumbre revisitar de manera permanente la temática vinculada a la Segunda Guerra Mundial, su intervención en ella, el rol central que desempeñaron en la caída del nazismo y el horror sistematizado por el régimen de Adolf Hitler. Ese inmenso corpus cinematográfico ha conseguido canonizar una mirada de aquellos hechos que siempre tiene al país norteamericano como heroico protagonista. Una de las cosas más interesantes que a priori parece ofrecer Naturaleza salvaje, segunda película del polaco Adrian Panek, consiste en la posibilidad de tener un punto de vista distinto de ese. 

En su relato, un grupo de chicos sobrevivientes del campo de concentración de Gross-Rosen son rescatados por el ejército soviético y ubicados en una casona abandonada en medio del bosque, hasta decidir su destino definitivo. Aunque ahí gozan de una libertad completa, al comienzo parece que, lejos de desaparecer, el monstruo solo ha cambiado de máscara. La falta de provisiones los sigue manteniendo en un régimen de hambre y la presencia de los soldados rusos no parece mucho más humana que la de los nazis, aunque finalmente los chicos quedarán librados a su suerte. 

Jugando con el imaginario del cine de terror, la presencia fantasmal de una jauría de perros entrenados por las SS en los bosques circundantes convierten al caserón en un nuevo espacio de encierro. Olvidados por el mundo, ahí dentro los chicos no cuentan más que consigo mismos para sobrevivir, mientras la muerte los va cercando. Parece apropiado percibir en ese cuadro de situación una alegoría de la situación de Polonia en la posguerra. Un país que tras ser la víctima principal del nazismo (los campos de exterminio más notorios se encontraban en su territorio y más de la mitad de los seis millones de judíos asesinados era de origen polaco), debió soportar el tironeo político al que lo sometieron los triunfadores.

Naturaleza salvaje también da cuenta de la forma en que el horror impacta al interior del propio grupo, que se ve obligado a convivir con la presencia ominosa de la locura y la aparición de víctimas convertidas en victimarios. El relato muestra esas tensiones sin emitir juicios de valor, pero aceptando la posibilidad de lo monstruoso como parte de la naturaleza humana. El título original de la película, Wilkolak (Hombre Lobo) ofrece una pista en ese sentido. Si bien al principio Panek juega con las posibilidades fantásticas de la licantropía, de a poco va quedando claro que la referencia es más cercana al concepto hobbesiano del “hombre lobo del hombre”, que al imaginario de los monstruos clásicos del cine. De ese modo, con una correcta factura técnica y un desarrollo preciso, Naturaleza salvaje consigue ofrecer unos cuantos momentos potentes, aunque sin apartarse demasiado de la estética del cine (y la mirada) de los Estados Unidos. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

viernes, 6 de noviembre de 2020

CINE - "Music and Apocalypse", de Max Linz: Locademia de científicos cool

Presentada en la sección Forum de la edición 2019 de la Berlinale, Music and Apocalypse retrata a un conjunto de académicos que enseñan e investigan en una institución dedicada al desarrollo tecnológico en la capital alemana y los problemas que deben enfrentar ante la posibilidad de un cierre inminente. Dificultades que por un lado tienen que ver con lo específico de la propia labor, pero también con la matriz financiera que les permite sostenerla. Construida desde la farsa, esta comedia de humor elusivo parodia el universo de las instituciones educativas europeas de alta gama, ofreciendo un reflejo distorsionado.

El gran acierto de su director, el alemán Max Linz, reside en la elección de ese tono deliberadamente grotesco que recorre a la película. Una mirada a la vez cómica y descarnada de los modernos claustros académicos y de la fauna natural que en ellos habita. En ese paisaje interactúan un conjunto de personajes cuya calculada pose intelectual se expresa a través de la sobreactuación y de un discurso de lenguaje pretencioso que no siempre cumple con su función básica: comunicar. Síntoma de un universo en el que “parecer” es más importante que “ser”, la mirada de Linz pone en escena esa contradicción, revelando un vacío siempre incómodo. 

No es desacertado pensar en Music and Apocalypse como una crítica burlona a cierto progresismo intelectual de perfil claramente europeo, pero realizada desde el exceso. En esa forma poco tradicional de abordar al objeto criticado –el universo académico/tecnológico, la cultura Hipster, cierta clase ilustrada que vive adentro de su propio Tupper—, la voluntad humorística de Linz prescinde de toda intención realista, naturalista o mínimamente verosímil. En esa búsqueda a veces consigue hacerle un lugar a la gracia. Otras veces no. 

Articulando recursos del musical, el cine de intrigas y las comedias de enredos, ecuación en la que cada uno de estos géneros es reducido al absurdo, Music and Apocalypse ofrece un objeto refinado pero de difícil aprehensión. Cercano al cine de Wes Anderson a partir de su propuesta escénica, de la deliberada artificialidad de su relato o del tono de las actuaciones, desarrolladas a puro Deadpan, el film de Linz puede resultar atractivo para quienes acepten el desafío implícito en esta sátira audaz y excéntrica, pero que a veces termina empalagándose con su propio tono canchero. Ese pecado de vanidad puede resultar, en cambio, el botón de eyección para aquellos espectadores que encuentren en el trabajo del alemán una réplica del objeto criticado. Una mera pose antes que un gesto de subversión cinematográfica.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

sábado, 31 de octubre de 2020

CINE - XVII Encuentro de Cine Europeo: Lo mejor del viejo mundo en 13 películas, gratis y online

La pandemia sigue instalada y parece estar cómoda, porque por ahora no da muestras de querer irse a ningún lado. El panorama no es alentador pero, parafraseando a Humphrey Bogart, podría decirse que “siempre tendremos las películas”. Porque si hay algo que durante este largo encierro se convirtió en un sostén anímico y vital, ese algo fue el cine. Decenas de festivales, ciclos y muestras que perdieron su lugar en las salas no dudaron en hacer el sacrificio de saltar al vacío del streaming –formato que hasta ayer nomás era el enemigo—, con tal de no abandonar a su público en el momento de mayor necesidad. Muchos de ellos de manera desinteresada, enrolándose en el ejército de salvación de las actividades libres y gratuitas. A ese batallón se suma hoy el XVII Encuentro de Cine Europeo, que hasta el 30 de noviembre ofrece un programa que podrán verse, sí, de forma online y gratuita.

Organizado por la Delegación de la Unión Europea en Argentina, con apoyo de las Embajadas e Institutos Culturales de los países miembros, esta edición del Encuentro ofrece un menú de trece títulos provenientes de distintos países del viejo continente. En simpatía con los tiempos, la programación se organiza a partir de una mirada con perspectiva de género, poniendo a dialogar obras que reflejan y acompañan muchos de los procesos sociales que signan al mundo actual. Una invitación a reflexionar sobre temas como la desigualdad, el empoderamiento, la discriminación y la exclusión, entre otros. 

Además de las películas, las actividades de la programación se completan con una serie de eventos especiales, como charlas abiertas al público general y talleres de formación para estudiantes y jóvenes cineastas, a cargo de distintos referentes de la industria. A partir de ellas se busca seguir fomentando el intercambio cultural y el aprendizaje. Las películas y más información sobre el XVII Encuentro de Cine Europeo están disponibles en el sitio https://www.cineueargentina.com.

A pesar de girar sobre un eje temático específico, la programación ofrece una saludable variedad. Decisión que comienza por liberase del prepotente corset de lo nuevo, para incluir algunos títulos que llevan años cosechando elogios de público y crítica. Es el caso de Morir como un hombre, notable trabajo del portugués João Pedro Rodrigues sobre la noche de Lisboa a través de la figura de Tonia, una travesti que ya en su madurez decide dar el paso de cambiar su identidad sexual. Elegíaca pero también celebratoria de la vida, Morir como un hombre tuvo su estreno en la edición 2009 del Festival de Cannes y entre otras distinciones obtuvo el premio Cine del Futuro en Bafici 2010 y fue elegida por la filial local de Fipresci como Mejor Película Extranjera estrenada comercialmente en el país durante 2011. Una película que vale la pena volver a ver (o descubrir, para quienes aún no lo hayan hecho). 

Aunque algo más recientes, a esa misma categoría pertenecen Self-Portrait of a Dutiful Daughter (Autorretrato de una hija obediente, 2015), de la rumana Ana Lungu, y Mellow Mud (Barro Blando, 2016), del letón Renārs Vimba. Estrenadas en los prestigiosos festivales de Rotterdam y Berlín, ambas películas tienen como protagonistas a mujeres jóvenes agobiadas por el peso de cargas diversas. La primera de ellas es una chica que se acerca a sus 30, con una buena familia, carrera universitaria y buenos amigos. Pero cuando sus padres deciden mudarse y ella queda sola en la vieja casa familiar, que debe lidiar por primera vez con su propia vida. La segunda joven atraviesa los difíciles años finales de la adolescencia, viviendo junto a su abuela y su hermano menor en un pueblito rural. Pero cuando la adulta muere, los dos niños deben recurrir a distintos trucos para ocultar la situación y mantenerse unidos. 

Los ejes temáticos de estas tres películas (identidad sexual, crisis de juventud y adolescencia) son retomados por otros títulos programados, todos de 2018. El primero en el film austríaco Erik y Erika, en el que Reinhold Bilgeri recupera la increíble historia real de Erik Schinegger, quien nació y creció como mujer, y como tal fue campeona mundial de esquí alpino en 1966. Pero dos años más tarde, cuando se preparaba para los Juegos Olímpicos de invierno, una prueba genética determinó que Erika era biológicamente hombre y fue descalificada. Extraño y paradigmático, su caso sigue siendo un ejemplo en las luchas de género. 

Por su parte, en la eslovena My Last Year as a Loser (Mi último año como perdedora), de Urša Menart, es otra joven universitaria de casi 30 la que lucha por encontrar su lugar en el mundo. A diferencia de la mayoría de sus amigas, que decidieron emigrar en busca de un destino mejor, ella elige quedarse en su país. El film aborda las dificultades que enfrenta tras tomar esa decisión. En cambio, la alemana Nadar, de Luzie Loose, vuelve a las complicaciones de la pubertad junto a Elisa, una quinceañera que por su timidez padece el bullying de sus compañeros. Pero su vida da un giro cuando comienza una amistad con una chica decidida y segura de sí misma, su opuesto complementario. Junto a ella su actitud cambia, dejándola ante el dilema de convertirse en aquello que la sometía. 

El programa también incluye películas animadas, aunque no siempre se las pueda considerar infantiles. A esa categoría pertenece la española Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó, ganadora en 2020 del Goya a la Mejor Película Animada. En ella se recrean las experiencias del gran maestro del cine español durante el rodaje de su documental de 1933 Las Hurdes, de cuyo metraje se incluyen poderosas imágenes. En cambio la polaca Jacob, Mimi y los perros del barrio (2018), de Edmunds Jansons, es decididamente una película para chicos que cuenta las aventuras de un nene y una nena, quienes junto a una jauría parlante deciden sabotear un destructivo proyecto inmobiliario.

La programación se completa con la sueca Solo nos queda bailar (Levan Akin, 2019), la finesa Lady Time (Elina Talvensaari. 2020), la francesa Cassandro, el Exótico (Marie Losier, 2018), la coproducción greco española Una ventana al mar (Miguel Ángel Giménez, 2019) y la italiana El vicio de la esperanza (Edoardo De Angelis, 2018). 

Artículo publicao originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 5 de octubre de 2020

CINE - 1° Science Film Festival, organizado por el Goethe Institut: Ciencia, tecnológía y ecología en un festival online y gratuito

En los últimos dos siglos, la ciencia ha sido uno de los motores que empujó a la humanidad más allá de fronteras que parecían imposibles de alcanzar hasta ayer nomás -porque en términos históricos 200 años son apenas un saltito-. El saber acumulado en ese lapso supera varias veces el conocimiento que el ser humano fue acopiando en los milenios que lleva dominando la Tierra. Pero también es mayor el daño que su presencia ha causado en el ambiente y los ecosistemas del planeta, generando una paradoja difícil de resolver: ¿puede la especie que llevó a su propia civilización hasta el esplendor ser responsable de su propia decadencia o extinción? En busca de abordar varios de los dilemas que surgen del asunto, este martes comienza el Science Film Festival 2020 (SFF2020), un festival de cine online cuyo objetivo es brindarle al espectador una plataforma de conocimientos que le permita volver a pensar el recorrido del desarrollo humano y su vínculo con el mundo.

Aunque lleva realizadas 16 ediciones en distintas partes del mundo, esta es la primera vez que el SFF2020 se desarrolla no solo en la Argentina, sino también dentro de América latina. Organizado por el Goethe Institut de Buenos Aires, su programa incluye un total de 20 títulos, entre cortos, medio y largometrajes, que buscan ampliar los conocimientos que las personas tienen sobre temas tan delicados como actuales. Bajo el lema “Abrazar la ecología”, las películas seleccionadas abarcan un arco temático que va desde el calentamiento global o la desmedida explotación y el derroche de recursos naturales no renovables, hasta el impacto de la industria en la atmósfera o el desarrollo de nuevas tecnologías sustentables. Las mismas podrán verse de forma gratuita entre el 7 de octubre y el 15 de noviembre a través de la plataforma audiovisual del Goethe Institut, www.goethe.de/SFF/abrazarlaecologia.

Dentro del valioso conjunto de estas 20 películas se destacan dos largometrajes: Punto de inflexión: Una contra-historia del progreso (Jean-Robert Viallet, 2018) y Señores del agua (Jérôme Fritel, 2019), ambos de origen francés. El primero de ellos traza un recorrido intenso a través de la cronología que se anuncia en su título. La película logra dar cuenta del modo en que la explosión tecnológica afectó el desarrollo del mundo tanto en términos económicos como sociales, desde antes de la Revolución Industrial hasta la imposición del actual modelo de híper consumo global. El segundo documental aborda el drama de la escasez del agua, al que los expertos califican como una tragedia inminente, convirtiéndose casi en una libreta de apuntes para una película de ciencia ficción distópica que cada vez está más cerca de la realidad y más lejos de la fantasía.

Pero el recorrido que propone el SFF2020 no solo está diseñado para incluir a aquel espectador que ya posee un conocimiento desarrollado en los diversos temas que las películas proponen. También se abre a la posibilidad de funcionar como una herramienta pedagógica que pueda ser útil en los distintos niveles de la educación formal o informal. Lo dejan claro el ecléctico programa de cortos y mediometrajes cuyos públicos van desde una platea infantil, las capas adolescentes o distintos targets adultos. La selección de cortos incluye 9 títulos: Knietzsche y el medio ambiente (Alemania, 2019, 3’); Economía circular (Alemania, 2017, 2’); ¡Revivamos al mundo! (Indonesia, 2019, 7’); Fridays for future (Alemania, 2019, 9’); Adiós al plástico – ¿Es posible vivir sin embalaje plástico? (Alemania, 2019, 9’); Planeta Darwin - Cambio climático (Chile, 2020, 5’): Lo que somos - Abejas electrónicas (Italia, 2017, 8’); Demasiado bueno para el cubo de basura. ¡Paren el despilfarro de alimentos! (Alemania, 2019, 9’) y ¿Cómo viviremos en el futuro? (Alemania, 2018, 11’).

En el terreno de los mediometrajes (que en muchos casos se trata de producciones para la televisión realizadas por distintos canales estatales europeos), la lista suma a los nueve títulos restantes: Planeta hambriento (Filipinas, 2018, 20’); Vacaciones en la selva (Alemania, 2019, 24’); Clima en cambio - Nadie muere en soledad (Alemania, 2020, 29’); Plan B - Hasta la última miga (Alemania, Francia, Austria, 2019, 30’); Los ingenieros trabajan en el clima (Alemania, 2020, 44’); Siberia - La vuelta a la Edad de Hielo (Alemania, Rusia, 2020, 43’); Las semillas de la ganancia (Francia, 2019, 50’); Inodoros - Una nueva era (Francia, 2019, 52’) y Ever Slow Green - Reforestación en Auroville, Sur de la India (Francia, 2019, 56’)

Además de las películas, la grilla del SFF2020 incluye una serie de actividades complementarias que también se desarrollarán en el formato virtual, con acceso libre y gratuito. De esta forma, cada miércoles los espectadores podrán asistir vía Zoom a distintas mesas, charlas y talleres que buscan ampliar la experiencia y profundizar en el temario propuesto por el festival. El único requisito para participar es inscribirse para cada actividad a través de la página del Goethe Institut. La mesa titulada Sostenibiliad: ¿Un nuevo paradigma cultural? se realizará el 14 de octubre a las 20:30 y será la encargada de abrir las actividades en vivo con un debate acerca de la situación actual del desarrollo sostenible en la Argentina y la región. De la misma participará Rodrigo Rodríguez Tornquist, secretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación.

Las actividades tendrán continuidad una semana más tarde, el 21 de octubre de 19 a 21, con el Taller Reciclar – Reutilizar – Reducir, dictado por tres expertas en la materia, entre quienes se encontrará la secretaria de Ambiente y Movilidad de la Municipalidad de Rafaela, María Paz Caruso. El miércoles 28 de octubre, también de 19 a 21, será el turno del taller Producir – Distribuir - Consumir, en el que se analizará analizarán el rol del individuo en estas áreas. El último taller tendrá lugar el 4 de noviembre en el mismo horario, bajo la consigna Investigar – Experimentar – Movilizar, donde se podrá escuchar a otros tres especialistas que debatirán sobre la agenda más urgente en materia de ecología y cambio climático.

 Organizado por el Goethe-Institut en conjunto con la iniciativa Escuelas para el futuro (PASCH), el SFF2020 cuenta con el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el apoyo del Centro Cultural de la Ciencia (C3) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Argentina.

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar.

viernes, 7 de agosto de 2020

SERIES - "Hindenburg: El último vuelo", por Europa Europa: El horror de una tragedia recreado con la potencia de lo digital

A pesar de que ya han pasado 83 años de la que es considerada la primera catástrofe de la aviación comercial, las imágenes de la explosión y caída del gran dirigible Hindenburg siguen generando horror con solo verlas. Son apenas 20 los segundos que la enorme nave tarda en caer envuelta en llamas desde la primera explosión, ocurrida en su parte posterior cuando se encontraba a casi 100 metros de altura, hasta que la estructura termina de colapsar ya en el suelo, mientras una columna de espeso humo negro se eleva cubriendo el cielo y decenas de personas corren desesperadas a su alrededor. 35 de los 97 que iban a bordo entre tripulación y pasaje murieron en esa funesta tarde del 6 de mayo de 1937. El accidente representó además el final del uso de estos lujosos aparatos en el transporte de pasajeros y la caída de uno de los símbolos más potentes con que el régimen nazi se promocionaba en todo el mundo antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que ocurriría apenas dos años después. En torno a aquellos hechos está organizada la trama de la miniserie de origen alemán Hindenburg: el último vuelo, cuyo primer episodio se puede ver esta noche a las 22 por la pantalla del canal Europa Europa.

La acción comienza algunos días antes de aquel último vuelo con el que el Hindenburg uniría Frankfurt con Nueva York, un lapso que la serie aprovecha desde lo narrativo para exponer el complejo mapa político de la época. Ahí se le brinda al espectador información vital, ya que buena parte de la tragedia estuvo motivada por las tensas relaciones diplomáticas y comerciales entre el gobierno de los Estados Unidos y el Tercer Reich alemán. La serie utiliza como guía y héroe al personaje de Merten Kröger, un ingeniero creado para la ocasión que en la ficción forma parte del equipo de diseñadores del más grande de los dirigibles fabricados por la empresa Zeppelin. A través de él, el público accederá a reuniones y fiestas en las que se irá enterando de que en la década del ’30 los Estados Unidos tenían el virtual monopolio del helio, el gas noble e inerte al que su nula inflamabilidad lo convierte en el ideal para elevar dirigibles. Pero a causa de esas fricciones políticas, la potencia americana se negaba a comerciar con el Reich, obligando a utilizar el altamente inflamable hidrógeno en lugar helio, convirtiendo al aparato en un potencial explosivo que tenía casi las mismas dimensiones que el Titanic.


La referencia al malogrado transatlántico es oportuna, en tanto que El último vuelo tiene innumerables puntos de contacto con la estructura narrativa de la famosa película de James Cameron. No por nada la crítica alemana la definió como “la Titanic del aire”. Por empezar el propio Kröger protagoniza una subtrama romántica que lo vincula con Jennifer van Zandt, la hija del magnate del helio estadounidense, que se encontraba en Alemania junto a su madre para tratar de ayudar a levantar el embargo contra el Reich. Igual que en la película que recrea el desastre marítimo, acá también hay un tercero en discordia: un empresario alemán vinculado a una importante compañía química con muchos intereses jugándose en ese vuelo del Hindenburg que terminaría siendo fatal. Ese final anunciado y conocido por todos que también caracterizaba al film de Cameron, es utilizado en la serie para generar momentos de tensión.

Asímismo, El último vuelo le hace lugar a la sospecha nunca probada de una bomba a bordo del Hindenburg. Un hecho que la versión oficial descarta, determinando que la explosión tuvo origen en la energía estática acumulada en el ambiente, producto de la misma tormenta eléctrica que ya había demorado el descenso del dirigible. A pesar de eso, la versión de la bomba siguió formando parte del imaginario colectivo en torno al desastre. A diferencia de la película La tragedia del Hindenburg (Robert Wise, 1975), donde se le atribuye la posible bomba a un grupo subversivo que buscaba desprestigiar al régimen de Adolf Hitler, la serie le da a esa teoría un sentido opuesto. Así, la bomba a bordo tendría como fin dejar mal parados a los estadounidenses, obligándolos a levantar el embargo.

Aún con sus subrayados, su obvia utilización de la trama romántica o la presencia de personajes arquetípicos que buscan representar el arco dramático clásico de las películas o series sobre el nazismo (que acá incluyen a una familia judía que escapa del régimen y cuyo destino final es la Argentina), El último vuelo se las arregla para mantener el interés por sus acciones. Buena parte de dicho éxito se encuentra en la detallada recreación de época, que no ahorra en locaciones imponentes y en el despliegue de gran cantidad de extras. La reconstrucción de los interiores del Hindenburg es rica en detalles que dan cuenta de la monumentalidad de aquel aparato, incluyendo los lujosos camarotes, las zonas de esparcimiento para pasajeros y la laberíntica estructura interna que la tripulación debía controlar. Pero el gran impacto de la serie se asienta en la reproducción del horror final, en cuyo desarrollo seguramente fueron invertidos buena parte de los casi once millones de euros que costó su producción. Sus escenas renuevan y amplifican la dimensión de aquella tragedia, una de cuyas imágenes incluso llegó a ilustrar la tapa del primer disco de Led Zeppelin, uno de los más icónicos de la historia del rock.

Hindenburg: el último vuelo se compone de dos episodios largos (una hora y media cada uno) y los mismos se podrán ver hoy y el viernes 14 de agosto a las 22, con repeticiones los días jueves 13 y 20 de agosto a las 22:35. La señal Europa Europa está disponible a través de los servicios de Telecentro (427), Cablevisión (315/365) y DirecTV (1515).

jueves, 6 de agosto de 2020

CINE - "Giraffe", de Anna Sofie Hartmann: Cine, el arte de convertir lo imposible en eterno

“Quizá es que no puedes volver el tiempo atrás. Que no puedes volver a las escenas de amor, de tristeza, de felicidad y debes tomar decisiones. Los lugares a los que fuiste y que no puedes poseer y al final, tú serás el poseído.” La cita pertenece al libro Una guía sobre el arte de perderse de la escritora estadounidense Rebecca Solnit, publicado en Argentina por la editorial Fiordo, y aparece justo a mitad de Giraffe, de la directora danesa Anna Sofie Hartmann. Es la protagonista la que se la lee en la playa, directo del libro, a su amante, a quien conoció trabajando en las obras previas a la construcción de un túnel que unirá a la isla de Lolandia, en Dinamarca, con la Alemania continental.

Dara es antropóloga y su tarea es documentar la vida en el lugar, relevando las viejas casa y granjas de la zona, algunas de ellas con varios siglos de antigüedad, que serán demolidas para permitir que por ahí se extienda el trazado de la nueva ruta. Lucek en cambio es obrero y forma parte de una cuadrilla encargada del tendido eléctrico de la obra. A ambos los separa el origen y la lengua (ella es danesa y él, polaco), pero también 14 años de edad. A pesar de eso y de que Dara tiene una pareja esperándola en Berlín, el flechazo es instantáneo. ¿Pero puede construirse algo capaz de superar las distancias enormes que se interponen entre ellos? ¿Alcanza la pasión para imponerse a los obstáculos concretos? ¿Dara y Lucek serán capaces de levantar su propio puente?

La frase de Solnit parece ser la clave que permite terminar de abrir algunas puertas que el relato mantiene convenientemente entornadas. Esa idea de la vida como recorrido lineal atado al tiempo, en el que se está condenado a avanzar sin remedio y a dejar a cada paso cosas por el camino, es la que irán descubriendo los protagonistas. Por su trabajo, Dara está acostumbrada a lidiar con esos restos, que se acumulan en los espacios ahora vacíos de las casas abandonadas que recorre en soledad. Para ella es habitual convivir con lo que abandonaron los que se fueron y esos fantasmas, aunque ajenos, no le son indiferentes.

El juego de ligar la memoria a lo fantasmal es central en la cita de la autora estadounidense. Como en una película de terror, Solnit habla de ser poseídos por los fantasmas de todo aquello a lo que ya no se puede volver. Una idea de pérdida que también es inherente a la pasión, al enamoramiento, ese momento único e irrepetible sentenciado a quedar en el camino. Es la condena de lo efímero, la vida misma puesta en marcha.

Pero la frase no solo permite ser leída hacia el interior de la película de Hartmann, sino que se la puede extender a un territorio mayor: el de la experiencia cinematográfica. El cine es el arte de la fantasmagoría, el único capaz de encapsular las experiencias del pasado en una ilusión de presente siempre continuo, en la que los muertos vuelven a la vida en cada proyección. Incluso los espacios físicos resucitan en el cine: ¿o acaso no se está ante un fantasma cada vez que en una película vieja aparecen las Torres Gemelas en el skyline de una Nueva York que ya no existe? Como ocurre con el cielo, el cine es la proyección de la luz de estrellas siempre muertas y captura en pantalla aquello que ya no es posible poseer.

Al mismo tiempo le permite al espectador la experiencia de ser poseído por ello, posibilidad que en Giraffe está muy presente. Aparece en la forma en que algunos personajes observan a otros como queriendo aprehenderlos, o cada vez que la voz de Dara imagina una historia para los distintos personajes que se suceden en escena. Pero también cuando Lucek le envía por teléfono un video en el que le muestra imágenes del pueblo de su abuelo en Polonia, o algunas panorámicas de Varsovia. Fantasmas ahora digitales que atraviesan el tiempo y el espacio. Hartman pone todo eso al servicio de una historia de amor a la que justamente el cine le permite existir para siempre. Un amor imposible convertido en eterno.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

domingo, 26 de enero de 2020

LIBROS - 75° aniversrio de la liberación de Auschwitz: Tres libros para no olvidar el horror

Se cumple mañana el 75° aniversario de la liberación de Auschwitz, el campo de exterminio nazi en la Polonia ocupada, y su conmemoración tendrá lugar en uno de los escenarios políticos más complejos desde que el avance del ejército ruso obligó a su par alemán a abandonar el lugar, dejando el horror al descubierto. Hoy hace rato que las noticias hablan del renacimiento de movimientos de extrema derecha en Europa, incluida Alemania. Los mismos tienen como principal blanco de su furia a los flujos migratorios provenientes de África y Medio Oriente, pero también revelan que el antisemitismo nunca desapareció.
El 9 de octubre pasado un joven militante de ultraderecha intentó ingresar armado a una sinagoga en la ciudad de Halle, Alemania, durante la celebración del Yom Kippur. Al no conseguirlo mató a tiros a una mujer que pasaba por ahí, a un joven obrero que se encontraba en un local de comida turca e hirió a otras dos personas mientras huía. Lo transmitió todo en vivo. Durante los primeros días de 2020 un hombre apareció disfrazado de Adolf Hitler en una convención de motoqueros al este de ese país. En el video que tomó uno de los presentes se ve a la gente sacándole fotos y celebrando su aparición como si se tratara de una gracia, entre ellos un policía que se encontraba custodiando el evento. Sus superiores evalúan sancionarlo por no intervenir, ya que en Alemania está prohibido el uso o exhibición de simbología vinculada al nazismo. Sin ir más lejos, esta semana el ministro del interior germano Horst Seehofer anunció la prohibición de Combat 18, grupo extremista acusado de promover el antisemitismo. Los números en el nombre de la agrupación corresponden al orden que tienen dentro del alfabeto las letras A y H, iniciales del líder nazi. Un presente desalentador.
El campo de exterminio de Auschwitz fue el más grande los que instaló el régimen nazi y el gran símbolo de su plan sistemático de exterminio, el centro de la llamada Solución Final. Solo ahí murieron asesinadas más de un millón de personas. Ese fue el lugar elegido por Joseph Mengele para instalar su laboratorio, en el que utilizó sobre todo a mujeres y niños de origen judío o gitano para realizar experimentos genéticos atroces con el objetivo de “mejorar la raza”. El nefasto médico tenía especial interés en trabajar con mellizos, enanos y personas con otros defectos físicos, sobre cuyos cuerpos realizaba pruebas sin utilizar ningún tipo de anestesia. Debido a esa crueldad sus víctimas lo bautizaron El Ángel de la Muerte. Mengele escapó de Auschwitz diez días antes de su liberación y se perdió en América del Sur hasta su muerte, ocurrida en Brasil en 1979. En su camino pasó por Uruguay, Paraguay y también por la Argentina. El escritor francés Oliver Guez reconstruyó ese itinerario en su novela La desaparición de Joseph Mengele (Tusquets). El autor trabaja el relato a partir de un narrador en tercera persona pero cercano al protagonista, recurriendo de manera constante a fragmentos en primera persona que remiten a los diarios personales criminal.
Serge y Beate Klarsfeld se conocieron en París en 1963. Ella era alemana e hija de un ex soldado de la Wehrmacht, nombre del ejército alemán durante el nazismo. Él, de origen rumano y judío, fue criado en Francia desde que su familia se mudó ahí a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. En 1943 su padre fue deportado a Auschwitz, donde murió. El matrimonio Klarsfeld fue pionero en la tarea de investigar los crímenes del régimen liderado por Hitler y rastrear a sus responsables ocultos. Así llegaron a convertirse en los “cazadores de nazis” más famosos. Gracias a su trabajo fue denunciado y enjuiciado, entre otros, un personaje infame como Klaus Barbie, conocido como El Carnicero de Lyon, a quien encontraron escondido en Bolivia, donde fue protegido por varios gobiernos de facto, hasta su detención en 1983. El año pasado Beate Klarsfeld pasó por Buenos Aires para presentar el volumen de sus Memorias (Libros del Zorzal / Edhasa), en el que junto a su marido recorren su intenso y valioso legado.
En su libro Querido país de mi infancia (Libros del Zorzal), la francesa Hélène Gutkowski reconstruye los desgarradores relatos de niños judíos que sobrevivieron al nazismo viviendo clandestinamente, ocultos en el seno de familias católicas. Gutkowski reside en nuestro país desde 1961. Acá se recibió de socióloga y ayudó a fundar la Asociación Generaciones de la Shoá en Argentina. Su obra expone una llaga abierta que ayuda a no olvidar que hay horrores que no deben volver a ocurrir.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

domingo, 18 de agosto de 2019

CINE - Alemania fuera de control: El cine sin límites de Christoph Schlingensief

A meses de cumplirse el 30° aniversario de la caída del Muro de Berlín, acontecimiento de enorme valor simbólico que al mismo tiempo puso en marcha el proceso de la reunificación alemana y el final de la Guerra Fría, la Sala Leopoldo Lugones del Teatro General San Martín ha organizado un ciclo que de algún modo pone en escena la efervescencia de la época. Se trata de Alemania fuera de control, una retrospectiva dedicada a la obra de Christoph Schlingensief, un cineasta, dramaturgo, performer y activista dueño de un don que le permitió captar el zeitgeist de su tiempo, el espíritu de las distintas épocas que le tocó atravesar, para filtrarlo a través del arte y ponerlo en escena de forma siempre desafiante. El ciclo, que tendrá lugar entre el 23 y el 30 de agosto, ofrece un panorama completo de su talento.
Nacido en 1960 y fallecido prematuramente en 2010, Schlingensief supo utilizar su filmografía para dialogar con la realidad, de modo que cada uno de sus títulos opera como una interpelación directa al espectador. Al mismo tiempo sus películas desafían las convenciones estéticas, jugando con los límites no sólo de las formas y formatos cinematográficos, sino con los de la actuación y la puesta en escena.
El ciclo Alemania fuera de control, organizado por el Complejo Teatral de Buenos Aires con el apoyo del Goethe-Institut y la Fundación Cinemateca Argentina, reúne 12 películas entre largos y cortos. A través de ellos da cuenta de la potencia narrativa de este particular cineasta, que llevó el concepto de lo experimental a su expresión más radical. Aunque se trata de un autor casi desconocido en América Latina, alcanzan algunas referencias específicas para entender el lugar destacado que su nombre ocupa dentro de la genealogía del cine alemán.
Por un lado es considerado heredero legítimo nada menos que de Reiner W. Fassbinder, con cuyo histórico elenco realizó varios de sus trabajos más representativos. Entre ellos la controvertida Trilogía Alemana, tríptico que forma parte de esta retrospectiva, en la que fusiona la estética trash con la provocación política. Por el otro, su obra ha despertado el interés de otro gran realizador y teórico del cine germano, Alexander Kluge, quien lo entrevistó innumerables veces a lo largo de su vida. Tres de esas entrevistas también ocupan un lugar destacado dentro del ciclo
Aunque Alemania es el objeto de su pasión, sobre todo su historia reciente, sus películas tienen la particular capacidad de impactar en un presente continuo. De modo que incluso las piezas más antiguas incluidas en el programa del ciclo, estrenadas a mediados de la década de 1980, parecen dialogar directamente con la actualidad. Es lo que ocurre con Terror 2000 (1992), película que cierra la Trilogía Alemana y en la que, como si no hubieran transcurrido casi tres décadas, aborda el tema de la xenofobia y los problemas que generaban por entonces los refugiados del Tercer Mundo en la Alemania reunificada.
Aquella trilogía había nacido tres años antes con la descontrolada 100 años de Hitler-La última hora en el búnker del Führer (1989), en la que Schlingensief pone en escena en términos delirantes los mismos acontecimientos que décadas más tarde retomaría Oliver Hirschbiegel en esa usina de memes en que se convirtió La caída (2004): el final del líder del nazismo. Interpretado por Udo Kier, otro ícono del cine alemán, el Hitler de Schlingensief recorre buena parte de la película ya en estado cadavérico, mientras el resto de su "círculo rojo" se disputa los despojos de su poder. Visto desde la actualidad, el caos creativo que marca el tono de la película parece una puesta en abismo del clima de su propia época, anticipando por varios meses otra caída estrepitosa: la del Muro que partía en dos el corazón de Alemania.

Alemania fuera de control incluye además películas como La máscara de mamá (1988), un remake en tono de comedia negra de Sublime sacrificio , el melodrama que Veit Harlan, el cineasta más importante vinculado al nazismo, estrenó en pleno desmoronamiento del régimen en 1944. O La masacre alemana de la motosierra (1990), pieza intermedia de la Trilogía Alemana. O Los 120 días de Bottrop (1997), relectura de Saló, o los 120 días de Sodoma (1975) de Pier Paolo Pasolini que funciona a la vez como homenaje a Fassbinder. Entre otras. Un panorama completo para conocer el alma de este prolífico agitador cultural.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

sábado, 3 de agosto de 2019

CINE - "La casa de la calle Wannsee", de Poli Martínez Kaplun: Ejercicio de otras memorias

Cine por la memoria y la identidad, esa es una de las formas en las que se podría definir al documental La casa de Wannsee, de Poli Martínez Kaplun. No se trata sin embargo de una película sobre dictadura y derechos humanos, porque memoria e identidad son búsquedas universales dentro las que caben otras luchas, otras historias, pero que siempre coinciden en una cosa: el intento por recuperar algo que otros quisieron ocultar o hacer desaparecer. Lo que Martínez Kaplun busca son sus propias raíces judías, perdidas entre las bifurcaciones de su genealogía alemana y que parecen haber sido arrancadas de cuajo durante los años de apogeo y caída del nazismo.
El relato en off de la directora indica que su búsqueda empezó cuando su hijo al llegar a la adolescencia quiso festejar su bar mitzvah. Lo inesperado es que ni ella ni su marido profesan la fe judía. Ni ellos, ni sus padres, ni sus abuelos. Aún así se trata de una familia judía. ¿Pero cuando se cortó la línea que los unía a esa cultura? La directora retrocede hasta su bisabuelo Otto Lipmann, filósofo y psicoanalista, dos oficios que nunca se llevaron bien con lo místico y lo religioso, quien no se veía a sí mismo como judío. Una mirada que heredaron su hija y sus nietas, la madre y las tías de Martínez Kaplun.
La directora recorre su historia como lo haría una detective: reviendo las fotos y películas del copioso archivo audiovisual de la familia, buscando pistas entre los vestigios, interrogando tías (y otros testigos), regresando a la casa familiar de la calle Wannsee, en las afueras de Berlín. Y visitando otra casa ubicada a pocas cuadras de ahí, donde en 1942 tuvo lugar la Conferencia de Wannsee en la que la cúpula del nazismo activó la Solución Final, desatando el Holocausto. Con la habilidad del narrador de historias de misterio, la directora maneja bien los tiempos del relato, eligiendo los momentos precisos para hacer aparecer un dato o una imagen reveladores.
Aún sin apartarse del formato más clásico del documental, Martínez Kaplun consigue que el recorrido por varias generaciones de su familia pueda ser seguido con interés. Buena parte de ese éxito se debe a la forma en que va tejiendo una trama sólida entre relato familiar y relato histórico, permitiendo que cada personaje pueda ser abordado junto a su circunstancia. Y hasta la anti-climática decisión de incluir una escena final de casi 15 minutos de charla entre ella, su madre y sus tíos, también puede ser defendida. Porque si bien es cierto que en términos rítmicos le mete el freno a la narración en el momento en el que debería acelerar en busca de una resolución, buena parte de lo que ahí se dice es vital para entender las dificultades que la directora debió enfrentar en este desafío de reescribir su propia identidad y recuperar a través del cine una memoria que parecía perdida para siempre. Una forma de ir en busca de la verdad a través de la palabra, un recurso que debe haber resultado familiar y hasta lógico para una hija y bisnieta de psicoanalistas.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 13 de mayo de 2019

CINE - "Eva Stories", una serie en Instagram: Diario online de una niña víctima del Holocausto

Un polémico proyecto digital intenta recrear los últimos días de una víctima del plan de persecución y exterminio sufrido por los judíos durante el período en el que Adolf Hitler y el nazismo gobernaron Alemania entre 1933 y 1945. Bajo el nombre de Eva Stories, esta iniciativa reconstruye en una cuenta de Instagram las experiencias que la niña húngara Eva Heyman narra en el diario intimo que comenzó a escribir al cumplir 13 años, el 13 de febrero de 1944, y que concluyen bruscamente tres meses más tarde, con su deportación al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, donde fue asesinada el 17 de octubre del mismo año. Partiendo de un procedimiento anacrónico que se sintetiza en la pregunta “¿Qué habría pasado si una chica hubiera tenido Instagram durante el Holocausto?", Eva Stories convierte los relatos de Heyman en una serie de entradas y posteos diarios utilizando las herramientas y los códigos del lenguaje propio de esa red social, la favorita entre jóvenes y adolescentes, como fotos, videos, hashtags, emoticones, etc. La intención del proyecto, financiado por el empresario israelí Matti Kochavi y realizado por su hija Maya Kochavi, es la de utilizar las nuevas tecnologías para mantener viva la memoria de uno de los hechos más aberrantes de la historia.
"Cada vez quedan menos supervivientes” de aquel horror y por eso se vuelve “imperativo encontrar nuevos modelos para salvaguardar su testimonio", afirmó Kochavi al ser consultado por el portal informativo Times of Israel. La cuenta Eva Stories (Las historias de Eva) realiza en primera persona y con una narrativa juvenil un relato que comienza con la Eva contando cómo pasó con sus abuelos el día de su cumpleaños. Luego los registros avanzan dando cuenta de sus actividades cotidianas como adolescente, pero al poco tiempo su vida se ve conmovida por la entrada del ejército nazi en su ciudad, Oradea (por entonces Hungría, hoy Rumania). A partir de ahí el tono del relato se irá oscureciendo de manera paulatina, para terminar de la peor forma el día de su deportación al tristemente célebre campo de exterminio ubicado en Polonia.
La persecución sufrida por las personas de religión judía durante el gobierno de Adolf Hitler, en especial a partir de 1939, cuando el ejército nazi comenzó a extender su poder sobre Europa tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, es una de las tragedias más grandes de la historia humana. Esta matanza es conocida con el nombre de Holocausto (Shoá, en hebreo) y le costó la vida a unos seis millones de judíos. El número equivale a más de la mitad de las víctimas de un plan de exterminio masivo que también tuvo como blanco a gitanos, homosexuales, serbios, opositores, miembros de las resistencias de los diferentes países ocupados y otros grupos raciales y políticos. Pero aunque todos estos números tienen un carácter monstruoso, no dejan de ser una acumulación estadística que justamente por sus dimensiones corren el riesgo de volverse humanamente inabarcables. Efecto que de algún modo acaba moderando el alcance real de aquellos hechos.
El horror de aquellas atrocidades recupera su escala humana cuando es posible volver a mirar cara a cara a las víctimas. Ese mecanismo es el que activan los diarios adolescentes de Eva Heyman o Anna Frank, que le permiten al lector apropiarse del miedo, del dolor y la desesperanza ajena. Ponerse en los zapatos o, todavía más, en la piel de los otros para entender la enormidad de sus sufrimientos y la crueldad inigualable que habitaba en la ideología nazi. Es eso lo que vuelve estremecedores a proyectos como el de Eva Stories u otros similares, como las fotos de las fichas de identidad de algunas de las personas asesinadas en los campos de Auschwitz-Birkenau, coloreadas digitalmente por la artista digital Marina Amaral (facesofauschwitz.com).
A pesar de ello, y de los casi dos millones de seguidores que la cuenta de Instagram Eva Stories ha sumado desde que fue activada el 2 de mayo, Día del Recuerdo del Holocausto en Israel, no pocas voces se han sumado en su contra. Entre ellas la del músico y profesor Yuval Mendelson, quien en una columna publicada por el diario israelí Haaretz calificó a la iniciativa como "una muestra de mal gusto". En su texto afirma además que no considera "legítimo" que exista "una cuenta ficticia de Instagram de una niña asesinada en el Holocausto". Finalmente añade: "El camino que va de Eva Stories a hacerse selfies en las puertas de Auschwitz es corto". Por su parte, en un texto publicado por el diario El País de España la escritora Elvira Lindo considera al proyecto como una forma de “banalización audaz de la historia”.
Quienes lo defienden, en cambio, advierten que en la actualidad los recuerdos del Holocausto son cada vez más lejanos para los jóvenes. Según surge de una encuesta realizada en los Estados Unidos en 2018, casi el 70% de los millenials (grupo que abarca a las personas nacidas entre 1983 y 1995) no sabe qué es Auschwitz, el campo de concentración más grande de todos los creados por el nazismo. Maya Kochavi, responsable directa en la producción de Eva Stories, se expresó en ese sentido y sostuvo al ser consultada por el diario británico The Guardian que "si queremos mantener vivo el recuerdo del Holocausto entre los jóvenes, tenemos que ir hacia donde están ellos. Y ellos están en Instagram".
Para poner en escena el diario de Eva Heyman en dicha red social, Kochavi contó con un presupuesto cinematográfico. Del rodaje participaron más de 400 personas y se diseñó una cámara especial para que la actriz que da vida a Eva (la británica Mia Quiney) pudiese manejar como si se tratara de un celular. El relato está formado por 70 episodios cortos, repletos de emoticones y hashtags, que se lanzaron como historias de Instagram. Los videos, de carácter cinematográfico y rodados en Hungría, empiezan mostrando la vida cotidiana de Eva viviendo con sus abuelos y concluyen con ella grabándose en el tren que la conducirá hasta Auschwitz, donde la espera la muerte.
Lo mismo que le ocurrió a las otras 1.100.000 personas que fueron asesinadas en aquel campo del horror.

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com