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miércoles, 20 de marzo de 2019

CINE - Se presentó la 21° edición de Bafici: El ritual del cine recargado

Bajo la consigna “El cine independiente se renueva y sale a la calle”, se presentó en la mañana de ayer la vigesimoprimera edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, extenso nombre protocolar con el que se conoce al que en familia se llama con el cariñoso nombre de Bafici. Una familia amplia –y no siempre bien llevada– que incluye generosamente a todos los que disfruten del cine como expresión de algo más que la mera marca comercial que impone la cartelera de los estrenos semanales.
La presentación estuvo a cargo del ministro de cultura porteño Enrique Avogadro, secundado por el director artístico del festival, Javier Porta Fouz, y la presencia imprevista de Viviana Cantoni, subsecretaria de gestión cultural de la ciudad. Ella fue la encargada de abrir la ceremonia rindiendo homenaje a Paula Niklison, productora histórica del festival, quien falleció el 31 de enero pasado a los 43 años. La tristeza por su ausencia ocupó la primera parte de la presentación y su memoria tuvo un justo reconocimiento ante el comienzo de la primera edición sin ella.
A continuación Avogadro dio comienzo al segmento oficial de la presentación, destacando tanto la continuidad del festival –cuyas actividades se desarrollarán entre el 3 y el 14 de abril próximos–, como su constante voluntad de reformularse. Así se anticipaba de algún modo al anunció del cambio de sede central, dato que ya se había filtrado hace algunas semanas y uno de los temas salientes de esta edición. Es que este Bafici versión 2019 abandona su centro neurálgico en las salas del shopping Village Recoleta, dónde se instaló hace seis años, para mudarse al Multiplex Belgrano, un complejo de capitales nacionales ubicado a dos cuadras del cruce de las avenidas Cabildo y Juramento, aunque la decisión del cambio no necesariamente está vinculada a ese detalle corporativo.
El Ministro de Cultura subrayó que los cambios operados este año en el festival obedecen sobre todo a un objetivo central: “la búsqueda constante de nuevos públicos”. En ese sentido no solo marcó el cambio de su base de operaciones, sino que llamó la atención sobre el número record de sedes, 37 en total, que este año se extenderán por toda Buenos Aires. Entre ellas destacó tanto la novedosa presencia en distintos bares de la ciudad, como el compromiso de ampliar el trabajo que se realiza en barrios vulnerables, profundizando lo hecho en ediciones previas.
A continuación llegó el turno de Porta Fouz, quien oficia como director del festival por cuarto año consecutivo. Él también eligió tocar el tema de la renovación, tratando de minimizar el impacto que necesariamente representa el cambio de la sede principal. Mencionó que no hay ninguna sede ni sala de cine que haya sido parte de las 21 ediciones y que si hay elementos que permanecen constantes en la historia del festival son su identidad, la presencia de la ciudad como fondo y la del público como protagonista. El Director también fue el encargado de anunciar algunos de los puntos altos de la programación 2019. Respecto de ella destacó algunos números: que las óperas primas representan el 29% del total y que el 85% de las películas programadas tendrán en el Bafici su estreno latinoamericano.
Este año el festival volverá a contar con un estreno argentino oficiando de película de apertura. Se trata de Claudia, nuevo trabajo del periodista, animador, actor, escritor y guionista Sebastián De Caro, protagonizado por Dolores Fonzi y la participación de Lali Espósito. En tanto que el honor de la clausura le corresponderá al documental Santiago, Italia, de Nanni Moretti, donde el director italiano vuelve a explotar su vena política, contando el rol que jugó la embajada de su país en Santiago de Chile durante el golpe que en 1973 dieron las fuerzas armadas encabezadas por el general Augusto Pinochet, contra el gobierno democrático de Salvador Allende.
Porta Fouz puso especial énfasis en destacar algunos de los focos y retrospectivas dedicados a quienes serán invitados de esta edición. Se trata del británico Julien Temple, director de proyectos vinculados a grandes números del rock inglés como David Bowie y Sex Pistols; la actriz portuguesa Isabel Ruth, habitual colaboradora del cineasta Paulo Rocha y parte del elenco de la versión de Edipo Rey realizada por Pier Paolo Pasolini en 1967; su colega sueca Christina Lindberg, referente del cine erótico y de ‘exploitation’, protagonista del film de culto Thriller (1973), en cuyo personaje e historia se inspiró muy libremente el Quentin Tarantino de Kill Bill. Y por último la realizadora y fotógrafa austríaca Friedl vom Gröller, cuya obra completa centrada en la figura de la mujer podrá verse en la Sala Lugones.
En la sección Rescates podrán volver a verse grandes clásicos del cine pop de culto como El gran Lebowski, de Joel y Ethan Coen, o Alien, el octavo pasajero, de Ridley Scott, que celebra su 40° aniversario. También se proyectarán en 35mm Duro de matar, de John McTiernan; Cuando Harry conoció a Sally, en su 30° aniversario; y Karate Kid, de John G. Avildsen. Entre los films nacionales de esta sección se encuentra Tiro de gracia, de Ricardo Becher, un documento fílmico sobre los inicios del rock en la Argentina recuperado por el Museo del Cine.
En la sección Noches especiales se presentarán cuatro títulos argentinos. El documental Juansebastián, donde Diego Levy aborda la figura del líder de los Ratones Paranoicos que devino en devoto religioso; Los adoptantes, de Daniel Gimelberg, comedia en la que un presentador gay de televisión tiene la necesidad de ser padre, pero cuya pareja duda acerca de su propia identidad; Baldío, lo nuevo de la directora Inés de Oliveira Cézar; y Pistolero, de Nicolás Galvagno, que marca el debut en el cine del ex boxeador Sergio “Maravilla” Martínez. En la Trayectorias se verá lo último directores reconocidos, como los chilenos Alberto Fuguet y Sebastián Lelio, el italiano Paolo Sorrentino, el alemán Werner Herzog, la francesa Mia Hansen–Løve, el mexicano Carlos Reygadas, el filipino Brillante Mendoza, el brasileño Gabriel Mascaro, además de los famosos Peter Bogdanovich, Lars von Trier, Abdellatif Kechiche, Peter Jackson, Kenneth Branagh y más.
Este año el festival presenta cinco competencias: Internacional, Nacional, Latinoamericana, Vanguardia y Género y Derechos Humanos. La primera de ellas, integrada por 15 películas, se verán las argentinas Monos, de Alejandro Landes, y Noemí Gold, de Dan Rubinstein, como así también L’homme fidèle, segunda película como director del actor francés Louis Garrel, hijo del cineasta Philippe Garrel. De la sección nacional, integrada por 14 títulos, participarán con sus últimos trabajos varias caras conocidas, como Santiago Loza, José Campusano, Raúl Perrone, Lilinana Paolinelli o Edgardo Castro. Y además secciones infaltables como la infantil Baficito; Nocturna, dedicada al cine de género; o Hacerse grande, que reúne distintas historias iniciáticas y de paso de la infancia a la madurez.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

domingo, 12 de junio de 2016

LIBROS - "El tango", de Jorge Luis Borges: El mito de un baile en las orillas

Como ocurría con Juan Dahlmann, protagonista del cuento “El sur”, Jorge Luis Borges también utiliza su obra como un espejo deformante en el cual proyectaba todas las vidas que no podía, no sabía o no se atrevía a vivir. Vale ese cuento extraordinario como prueba a favor del argumento.
Hay que aclarar que cuando se habla de la obra de Borges no sólo se incluye en ella a sus cuentos, poemas, ensayos y artículos periodísticos, sino también cada diálogo, conversación, entrevista, charla o conferencia que brindó con generosidad a lo largo de una vida dedicada a la literatura. Algo que Adolfo Bioy Casares supo comprender tempranamente, imponiéndose la incomparable tarea de registrar en sus cuadernos-diario las conversaciones que ambos mantenían cada vez que se juntaban. El libro Borges es el resultado de todos esos años de anotaciones y un monumento a la genialidad de su amigo.
Volviendo al tema, así como Dahlmann delira para sí mismo un final épico que lo salve de la deshonra de morir en una cama de hospital, así Borges se fascinaba con las historias heroicas. Por eso en sus charlas aparecen una y otra vez los personajes homéricos, las sagas vikingas y las andanzas de guapos, compadres y compadritos por las orillas de una Buenos Aires donde leyenda y realidad se funden en un relato nuevo que Borges siempre anheló ver convertido en mito de origen nacional. Todo eso vuelve a aparecer en las cuatro conferencias que Borges dio en el año 1965 en un departamento del barrio de Constitución, incluidas ahora en el libro El tango que acaba de publicar primera vez la editorial Sudamericana. La publicación es oportuna, porque coincide con el 30º aniversario de la muerte del escritor. Treinta veces oportuna.
La aparición de textos inéditos es siempre una gran novedad para los lectores de Borges y estos cuatro no son la excepción. Aunque, como se ha dicho, en ellos vuelven a darse cita sus obsesiones temáticas, la genealogía del tango que Borges traza en estos cuatro encuentros pone el acento en la figura del compadre como una continuidad urbana de la del gaucho y, por lo tanto, del tango como una extensión de la gauchesca). En ellas el escritor realiza el camino que lleva al tango de ser una expresión marginal a convertirse en un eufemismo para nombrar a la Argentina.
Así como alguna vez dijo que la gauchesca sólo fue posible a partir de "la mediación de un letrado que imita o recrea la oralidad del gaucho", Borges acierta al atribuir la canonización del tango a la acción de aquellos "niños bien" que lo llevaron a París para legitimarlo y traerlo de vuelta, convertido en danza de salón. Porque como Borges y como Dahlmann, la Argentina también suele necesitar el espejo deformante de la mirada de los otros para aceptarse a sí misma.

Un heredero del linaje tanguero de Borges

 Tal vez Edgardo Cozarinsky sea el último de los escritores que mantuvieron cierta proximidad íntima con el círculo borgeano y su obra es testimonio de esa conexión. En ella se repiten algunos temas que solían aparecer con frecuencia en la del propio Borges: la literatura (y el cine) como espacios vivos; la memoria personal como espejo de lo universal; la búsqueda de una identidad y los rastreos de ella a través de la propia genealogía. Y por supuesto, el tango. Igual que Borges, Cozarinsky tiene una especial obsesión con el tema, aunque para uno y otro signifiquen cosas distintas. Si para el gran escritor argentino el tango y sus personajes constituían una continuidad de la gauchesca, un espacio mítico a partir del cual creía posible construir una mitología y una épica nacional, para Cozarinsky en cambio se trata de una de las entradas secretas al universo que más los fascina: el de la noche. En su libro Milongas, Cozarinsky deja constancia de la pasión con que toda su vida se ha entregado a perseguir el espíritu lúbrico del tango, tentado por la promesa sensual de los cuerpos que se entrelazan entre cortes y quebradas con la complicidad de las sombras.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

viernes, 27 de mayo de 2016

CINE - Anunciaron los Premios Platino: El clan de promoción del cine iberoamericano

Por tercer año consecutivo, la entrega de los Premios Platino se propone como un intento por construir un evento de alcance regional que funcione como plataforma permanente para la promoción del cine iberoamericano. A esa conclusión fue posible llegar en la presentación oficial de la edición de este año, realizada simultáneamente en Buenos Aires y Miami, en la que la película El clan, de Pablo Trapero resultó una de las más distinguidas, acumulando nominaciones en seis rubros, incluyendo las de mejor película, mejor director y mejor actuación masculina para Guillermo Francella. Bajo esa consigna primaria de la promoción subyace la búsqueda del reconocimiento a un cine iberoamericano de calidad, pero rodeándolo de un aura de glamour que convierta a estos jóvenes premios en un proyecto que además sea autosustentable en términos económicos. Promoción de “nuestro cine, nuestra música y nuestra moda” –así dice el spot oficial de los premios– como productos culturales que intentan dar cuenta de “una identidad colectiva”, que fue la frase más repetida de la tarde. No deja de resultar paradójico que mientras ese proyecto político de construcción de una identidad latinoamericana parece comenzar a desmoronarse –o tal vez no y simplemente la nueva coyuntura sea una prueba de fuego que se debe atravesar–, los Premios Platino sigan aspirando a generar una base cultural para aportar a ese objetivo, tomando a la industria del cine como punta de lanza.
Pero más allá de los objetivos altruistas, siempre mencionados en primera instancia, durante la presentación también quedó claro el carácter dual del evento, que si bien aspira a promocionar al cine lo hace a partir de un modelo que aspira a generar una suerte de star system regional. Porque el cine puede ser arte (en el mejor de los casos) pero también es una industria en la que se juegan los intereses económicos de grandes corporaciones. Por eso no llamó la atención que la gala de nominaciones fuera utilizada para promocionar también a la cadena TNT, uno de los mascarones de proa del poderoso grupo estadounidense Turner, de reciente desembarco en el país, que es auspiciante de los premios y la encargada de transmitir las dos ceremonias de entrega anteriores, realizadas en Panamá y Marbella, y por supuesto de la que se realizará el 24 de julio próximo en Punta del Este, Uruguay.
 Durante la ceremonia, conducida por el productor y periodista Axel Kuschevatzky, se anunciaron las cinco nominadas que competirán en cada una de las 13 categorías. El abrazo de la serpiente, coproducción entre Colombia, Argentina y Venezuela dirigida por el colombiano Ciro Guerra, y la guatemalteca Ixcanul, de Jayro Bustamante, resultaron los films con más nominaciones, con ocho cada una. Estaba cantado que la película de Guerra, que este año compitió por el Oscar a Mejor film extranjero, ocuparía un lugar destacado, pero lo de la ópera prima de Bustamante, premiada en Berlín, resultó una sorpresa al recibir más nominaciones que otras grandes favoritas como El clan, la chilena El club de Pablo Larraín, la coproducción argentino-española Truman, del catalán Cesc Gay, todas ellas nominadas a Mejor Película. Entre los argentinos se destacan las nominaciones de Ricardo Darín y Dolores Fonzi como protagonistas de Truman y La patota, de Santiago Mitre, respectivamente. Y la de El patrón, de Sebastián Schindel, en la categoría de Mejor Ópera Prima. Entre los directores se nominó a todos los responsables de las aspirantes a Mejor película, menos a Bustamante, quien fue reemplazado por el mexicano Alonso Ruizpalacios por su película Güeros. La categoría a mejor actor la completaron Javier Cámara, también por Truman; Alfredo Castro por El club y el mexicano Daniel Alcázar por Magallanes, ópera prima del peruano Salvador del Solar que acumuló cinco en total. Y en la categoría mujeres también se incluyó a las españolas Inma Cuesta (por La novia, de Paula Ortiz) y Penélope Cruz (Ma Ma, de Julio Medem) y a las chilenas Antonia Zegers (El club) y Elena Anaya (La memoria del agua, de Matías Bize).
La presentación de los premios contó con la asistencia de Alejandro Cacetta, nuevo presidente del Instituto Nacional del Cine (INCAA), quien se encargó de señalar que el hecho de que “nuestra cinematografía viaje por todo el continente” para “potenciar la producción y la generación de un público que lo consuma” forman parte de los principales objetivos de este tipo de galardones y en especial de los Platino. Por su parte, Miguel Ángel Benzal, director general de Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales (EGEDA) y máximo responsable de los Platino, consideró oportuno desactivar la idea de estos premios como un mero remedo de los Oscar estadounidenses. “No pretendemos compararnos con ellos: estos no son los Oscar latinoamericanos, sino los premios Platino al cine iberoamericano”, afirmó. Su intervención incluyó además un llamamiento a la protección de los derechos de autor y en contra de la piratería, el gran enemigo de la industria del cine en la actualidad, apelando al lema de rigor: “El cine es cultura, pero también es una industria que debe ser protegida”.
Benzal también reconoció que, en un mercado en donde la industria de los Estados Unidos parte y reparte a su antojo, la promoción es el principal déficit del cine iberoamericano. “Mucha gente acude a ver las películas de Hollywood no porque sean mejores que las nuestras, sino porque tienen mejores condiciones de promoción. Hay muchos jóvenes que no han visto nunca en su vida una película iberoamericana y no saben que se están perdiendo algo importante”, concluyó. En la misma línea se expresó Ignacio Rey, vicepresidente de Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales (FIPCA), quién afirmó que en la región se producen entre 750 y 850 películas al año (826 en 2015), de las cuales la mayoría sólo se estrenan en sus países de origen, dando una prueba contundente de ese déficit promocional. Además, durante la ceremonia se entregó un premio Platino honorífico al INCAA, en su carácter de principal productor y coproductor de cine de la región. El reconocimiento lo recibió Cacetta aunque, a pesar de que nadie lo mencionara, el mérito de haber alcanzado un logro tan importante le corresponde a la gestión anterior. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 23 de julio de 2015

CINE - Jornadas La Imagen Argentina. Episodios cinematográficos de la Historia argentina: Hablar de cine, pensar la historia

A veces pasa que el cine deja de ser por un rato una lista de las películas más vistas de la semana, que en muchas oportunidades parecen ser siempre las mismas pero con distintos nombres, para convertirse en una particular forma de entender el mundo. De entenderlo y dar cuenta de él, que es en definitiva para eso que sirven los lenguajes. Porque, sí, el cine es un lenguaje distinto, con sus propios mecanismos verbales y estructuras sintácticas, diverso tanto de lo oral como de lo escrito, pero capaz de similar elocuencia. Un poco de eso tratarán las jornadas La Imagen Argentina. Episodios cinematográficos de la Historia argentina, que tendrán lugar entre hoy y mañana en el auditorio de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC), ubicado en la esquina de las calles Salta y Moreno, Buenos Aires. 
Organizadas por la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional que encabeza Ricardo Forster, la grilla de las actividades de La Imagen Argentina incluye una variedad de especialistas que abordan al cine desde todos los ángulos posibles. Cineastas como Gustavo Fontán, José Campusano, Andrés Di Tella o Carmen Guarini; críticos como Eduardo Russo, Roger Koza o Fernando Martín Peña; académicos y teóricos como María Pía López, o algunos que se destacan en más de un área, como el director y crítico Nicolás Prividera. La idea es poner en acción una manera de pensar desde el cine, específicamente en relación a la Historia argentina. María Iribarren, coordinadora de las jornadas por parte de la Secretaría que dirige Forster, explica que la realización de estas jornadas forma parte de la voluntad de dicha oficina por “abrir espacios para el debate bajo distintos formatos”. En particular menciona la realización de las jornadas La Letra Argentina, realizadas el año pasado en el Centro Cultural Paco Urondo de la Facultad de Sociales de la UBA, “en dónde se puso en discusión los modos de edición y circulación de la literatura a partir de la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad”. “Tomando ese formato como rector es que pensamos La Imagen Argentina”, afirma Iribarren. “No tanto para ver los modos de circulación del cine, que nos hubiera llevado a una discusión alrededor de la industria, sino a revisar si efectivamente el cine argentino produjo ideas cinematográficas en torno a la Historia, a la creación de la Nación, al ingreso a la modernidad, al surgimiento del peronismo, al terrorismo de estado”. Iribarren comenta que la idea es “revisar esos momentos álgidos en la historia de una cultura en los que algo se produce, se rompe o se crea, para articular cine y política desde una propuesta que es inusual para lo que suele generar un ministerio”.  

-La variedad de perspectivas que se constata en la lista de panelistas remite a una definición muy amplia de lo que es el cine. ¿Cuál es la idea de cine sobre la que se han parado para organizar estas dos jornadas?  
-Es difícil tomar una sola idea de cine que explique la decisión de hacer estas jornadas. Creo que el cine como lenguaje a lo largo de la historia ha demostrado tener la capacidad de referir un pasado e incluso un presente pero también, a partir de los procedimientos que le son propios, de dejar abierto un margen para pensar y conjeturar el futuro. Me parece que el cine es un lenguaje transhistórico que tiene esa capacidad de, con menos procedimientos gramaticales, llevarte en un viaje interesante a través del tiempo, de las épocas y de los acontecimientos al mismo tiempo que echa luz sobre ellos.  
-Decías que la idea de La Imagen Argentina surge a partir de la realización de La Letra Argentina, y en ese procedimiento de ir de una cosa a la otra se da por sentado que el cine es un lenguaje distinto, con procedimientos y mecánicas particulares.  
-Me resuena la idea de Jean-Louis Comolli respecto de que el cine es el arte de la puesta en escena y que entonces no hay ninguno mejor que el cine para dar cuenta de las puestas en escena de los poderes hegemónicos a lo largo de la historia. Ahí tenés un libro abierto que, en la medida que la historia es algo orgánico que se va reescribiendo, acompaña esa organicidad. Porque las imágenes también tienen esa capacidad de poder ser resignificadas a través del tiempo.  
-¿Pero se trata de pensar la historia con la lógica del cine o de pensar cómo el cine se encargó de registrar la historia?
-Creo que las dos cosas, pero que eso ira variando con cada expositor. Después si tendrá una gestión más historicista o más orientada hacia otro tipo de orden, desde Deleuze o desde Bazin, no importa. Lo importante es que este espacio quede abierto y que se lo abra desde el Ministerio de Cultura. Que la idea de reunir a estas personas o a otras en el futuro es algo que le hace bien al cine, pero también a la política, a la historia y a cualquiera que esté interesado en estos temas. Y no importa cuál sea la mirada, porque el Estado no puede ponerse en ese lugar rector. Lo importante es que el Estado abra la puerta, reciba a todos y ponga los instrumentos parta facilitar el encuentro de esa pluralidad. La idea es cruzar saberes y formas diversas de relacionarse con el cine. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

ENTREVISTA - Charla con María Esther Vázquez: Silvina Ocampo, la desdicha apasionada

No caben dudas de que Silvina Ocampo es una de las narradoras más importantes de la literatura argentina del siglo XX, autora de una de las obras en prosa más extrañas y complejas que se hayan escrito en el país. No sorprende que a poco de conmemorarse el vigésimo aniversario de su muerte (falleció el 14 de Diciembre de 1993), ya comiencen a sucederse los recuerdos y homenajes a su figura. Uno de ellos, organizado por la Fundación Victoria Ocampo, tendrá lugar hoy en la sede de la Asociación Biblioteca de Mujeres. Ahí la escritora María Esther Vázquez dará una charla centrada en la obra de esta gran autora. Vázquez, quien además se desempeña como directora de la mencionada fundación, es una de las pocas personas que en la actualidad pueden hablar en primera persona de los integrantes de aquella brillante generación de escritores, con quienes mantuvo una relación amistosa. Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, José Bianco y las hermanas Victoria y Silvina Ocampo, formaron parte de las amistades de esta mujer que en su juventud se encontró formando parte del círculo integrado por aquellos escritores que admiraba.
Bajo el título de Silvina Ocampo, veinte años después, Vázquez compartirá las memorias de su particular amistad con la menor de las Ocampo, intentado intercalar una mirada sobre su excepcional obra literaria. “Silvina Ocampo, ha sido una de las mujeres más inteligentes que he conocido en mi vida”, dice Vázquez a poco de comenzada la entrevista. Y aunque Ocampo Es recordada sobre todo por su trabajo literario, es imposible no empezar por la pintura, su puerta de entrada al mundo de las artes. “Tras la muerte de su padre Silvina pudo irse a París, donde estudió pintura con Giorgio de Chirico, y participó del famoso Grupo de París, en donde estaban pintores como Horacio Butler o Héctor Basaldúa. Se llamaba Grupo de París para diferenciarse de los pintores que fueron a estudiar a Italia, como Soldi. Silvina se integró mucho con ellos”, agrega la escritora.  

-¿Y por qué cambió la pintura por las letras?  
-Silvina pintaba muy bien. He visto retratos pintados por ella en los años 40 y son mejores que los que pintó después. Pero en 1934 lo conoce a Bioy: ella tenía 31 años y él 20. Enseguida se juntaron (fueron novios, como se dice ahora) y se fueron a vivir a la estancia del padre de él hasta los años 40, cuando el padre de Bioy les dijo “déjense de hacer papelones” y entonces se casaron. Así estuvieron casi 60 años. Con ciertas dificultades, porque él era un donjuán, y casarse con un donjuán realmente trae demasiados problemas para hacer la felicidad de una persona. Sin embargo empezó a escribir insitada por Bioy, que le dijo “vos que lo hacés tan bien: ¿por qué no te largás a escribir y dejás la pintura?” Y aunque ella siguió pintando, empezó a escribir.  
-¿Cómo conoció a las Ocampo?
-Me las presentó Borges. A él lo conocí en el primer año de la facultad. Yo tendría apenas 17 años cuando le hicimos una visita con un grupo de estudiantes y tres años después entré a trabajar como contratada en la Biblioteca Nacional, donde él era director. Y luego Borges me llevó a [la revista] Sur y ahí las conocí a ellas y a Bioy. Con Silvina me hice bastante amiga. Ella publica en 1937 su primer libro, Viaje olvidado, que es un libro de cuentos, con prólogo de Victoria. Después sigue escribiendo cuentos y poesía. En sus primeros libros de cuentos hay bastante crueldad (hablo de La furia o Las invitadas), pero en los últimos, sobre todo en Y así sucesivamente y Cornelia frente al espejo, el fondo de sus cuentos cambia. Son libros extraordinarios con cuentos entrañables. Es otro tipo de literatura, otra Silvina, mucho más cerca del sentimiento del ser humano ante la desdicha. Una aproximación a la desdicha, claro, porque indudablemente fue una mujer desdichada, sobre todo a medida que los años pasaban y Bioy tenía sus infinitas y diversas aventuras. Y eso que no hubo una sola noche en que Bioy no estuviera comiendo en su casa: siempre volvía a cenar y jamás faltó de noche en su casa. Pero no solamente la noche es propicia para las aventuras. Y aunque era tremendamente inteligente, también era una mujer que no aceptaba la realidad y en eso se parecía a Borges. 
-Sin embargo ella pareció entregarse a esa realidad, como si no hubiera salida.  
-Ella llevó la pasión por ese hombre a un límite extremo, pero no se notaba. Era una mujer muy querible, que tenía cosas inusitadas. Siempre se la consideró la más fea de las hermanas Ocampo, pero yo he visto fotos de ella de joven y era una mujer muy atractiva. No era flaquita consumo año 2013, pero era una mujer muy sensual con unos ojos inmensos color de agua. Pero la vida la maltrató bastante y haberse casado con Bioy fue una cosa horrorosa.  
-¿Cómo influyó esa relación en su obra?  
-Tanto Borges como Bioy decían que el hecho de ser la hermana menor de Victoria la oscurecía y no es verdad. El hecho de tener al lado a Bioy y a Borges fue lo que la oscureció, porque ellos eran muy amigos y aunque ella formó con ellos una especie de trío, poco a poco fue sintiéndose desplazada por ellos dos, que escribieron mucho juntos.  
-¿De ahí vendrá ese carácter oscuro de Silvina?  
-Ella tuvo otro problema. No sólo fue la menor de las Ocampo, sino que la hermana que venía antes que ella, Clara, murió en menos de una semana a causa de un ataque fulminante de diabetes infantil cuando tenía 11 años. Silvina tenía 5 y entonces vio que se tapaban los espejos, que nadie hacía ruido, que se cerraban las persianas y ya no tuvo con quien jugar. Cuando preguntó dónde se fue Clara y le responden que al cielo, entonces todas las noches rezaba para no ir al cielo, porque veía a todo el mundo llorar en la casa y le parecía que el cielo era un horror. En esa casa había una costurera negra y Silvina, con 6 años, le pregunta cómo se hace pare ser negra, y la costurera se ríe y le dice que uno nace negro o blanco. Silvina muy preocupada le dice que ella quiere ser negra, y cuando la costurera le pregunta por qué, ella responde “para que no me vean”. ¡Fijate la soledad de esa criatura!  
-Su humor también era bastante negro.  
-Me acuerdo que para un año nuevo, cuando yo escribía para La Nación, la llamé por teléfono y le pregunté qué es lo que esperaba del año que empezaba. Entonces me dijo: “que lo maligno y horroroso se convierta en maravilloso, y que lo maravilloso se contente con serlo”. Una cita extraordinaria.  
-Esa frase puede reflejar ese cambio en su obra, en su literatura.  
-Quizás. Porque si ella hubiera seguido con el dibujo y la pintura, quizás hubiera dejado realmente una huella en la plástica. No obstante eso, escribía muy bien: escribía unas cartas increíbles donde contaba sueños estrafalarios, y que no sé si a medida que los iba escribiendo no los iba inventando. En cuanto a su literatura (no tanto su poesía como su narrativa) me parece interesantísima, tanto en su primera época como en la segunda. En cambio los cuentos de la última parte de su obra (y muchos que están inéditos, pero no sé muy bien dónde están) tienen otro tipo de valor. Ahí ya no es la mera sorpresa, sino que hay algo mucho más profundo y más dolido también. Pero a la vez tenía salidas muy graciosas, absurdas. Una vez estábamos en la playa San Jorge, en Mar del Plata, y Martita [Bioy, hija de Bioy Casares, adoptada por Silvina Ocampo], que entonces tendría 8 o 9 años, estaba jugando en la arena. Entonces ella la mira y me dice: “Fijate que raro: el codo es lo más horrible del mundo, porque aun en los niños, en quienes todo es hermoso, el codo es la única cosa que estando derecha se arruga”. El comenrtario no sólo es gracioso sino real, porque realmente el codo es una cosa fea. ¿O no?  
-Tiene algo de reptil.  
 -Yo pensaba eso: como de tortuga. Y en la charla de hoy pienso hablar de esas cosas, porque aunque me voy a referir a su obra, también hablaré de su personalidad y su vida.  


María Esther Vázquez, directora de la Fundación Victoria Ocampo, conversará sobre Silvina Ocampo, hoy a las 19 hs. en la Asociación Biblioteca de Mujeres, Marcelo T. de Alvear 1155. La entrada será libre y gratuita.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Murió Carlos Fuentes: Ver Buenos Aires y después morir

Foto: Egdardo Gómez
Sí algo apareció muy tempranamente en la vida de Carlos Fuentes fue el mundo de las letras y de los escritores. El universo literario. Hijo de diplomáticos, quien es considerado como el más prominente de los escritores mexicanos modernos nació en Panamá, el 11 de noviembre de 1928, como consecuencia del oficio de sus padres, y durante sus primeros años deambuló por casi todas las ciudades más importantes de América Latina. Panamá, Quito y Montevideo fueron parte de sus destinos antes de cumplir los 5. En Río de Janeiro su padre ocupó varios puestos diplomáticos, entre ellos el de secretario del embajador de su país en Brasil, el escritor Alfonso Reyes, quizá el más importante de los autores mexicanos de la primera mitad del siglo XX. Como primer guiño de su destino, es con él con quien Fuentes, sin conocer su futuro, mantendrá una relación cada vez más próxima en su infancia y juventud. Sí: la vocación ya lo rondaba desde chico.
Ayer por la tarde, Carlos Fuentes falleció en un hospital en su ciudad de México. Tenía 83 años. Murió justo un día después de que al bromista de Tommasso Debenedetti, conocido por sus travesuras haciéndose pasar por autores famosos en internet, se le ocurriera anunciar la muerte de Gabriel García Márquez, desde su cuenta de falso Umberto Eco en Twitter. Por eso no fue raro quedarse esperando un buen rato que alguien confirmara que se trataba de otra broma del duplicador. Pero no: Carlos Fuentes se murió de verdad, y entonces es García Márquez el que debe estar llorando la partida de su amigo. Ambos se conocían desde antes del famoso asunto del Boom Latinoamericano en los 60, del que fueron parte vital, y entre otras cosas, juntos habían fundado en 1993 la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar, en la Universidad de Guadalajara, en homenaje a otro admirado amigo y compañero.
Carlos Fuentes estudió en Suiza y Estados Unidos, vivió por diferentes periodos en Quito, Montevideo, Río de Janeiro, Washington, Santiago y Buenos Aires y recién en su adolescencia regresó a México, donde se radicó hasta 1965. El tiempo que pasó en su país marcó su obra, inmersa en el debate intelectual sobre la filosofía de “lo mexicano”. Su primer libro, Los días enmascarados, se publicó en 1954, y desde entonces Fuentes no dejó de preocuparse por la identidad mexicana y los medios adecuados para expresarla. Un hito fundamental en este clima de preocupaciones intelectuales, fue la fundación, en 1955 junto con Emmanuel Carballo y Octavio Paz, de la ya mítica Revista Mexicana de Literatura.
Ganador de los prestigiosos premios Rómulo Gallegos (1977), Cervantes (1987) y Principe de Asturias (1994), la repercusión alcanzada con sus primeras novelas (La región más transparente, en 1959; y La muerte de Artemio Cruz, en 1962) lo proyectó como una de las figuras centrales del aquella explosión con que Europa celebró su hallazgo de la novela latinoamericana. Al igual que los demás intelectuales que participaron de este fenómeno, su compromiso político y social ha sido un rasgo fundamental de su carrera. Sin dudas, Fuentes era una figura central e indispensable de la novelística moderna en castellano.
Sí: ayer por la tarde murió Carlos Fuentes en un hospital de México. Tenía 83 años y acababa de visitar Buenos Aires para participar de la edición 2012 de la Feria del Libro, donde deleitó a quienes asistieron a escucharlo con su charla sobre la novela, su género favorito. Con la excusa de presentar sus últimos dos libros editados (la novela Carolina Grau y el ensayo La gran novela latinoamericana), Carlos Fuentes pasó por esta ciudad que amaba y en la que había vivido durante su adolescencia, acaso para no dejar cuentas pendientes, para poder al fin partir feliz y en paz.


Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

jueves, 8 de marzo de 2012

CULTURA - Ciclo de charlas ¿La patria es la lengua?: Palabras para la identidad

En las discusiones que en los últimos años se han generado en torno a la idea de una identidad nacional, uno de los temas recurrentes es el de la lengua. Bajo la consigna ¿La patria es la lengua?, un grupo que reúne a algunos de los más destacados escritores de la actualidad, le dedicará una serie de encuentros al asunto. Organizadas por el Centro Cultural Caras y Caretas, estás jornadas se realizarán una vez por semana y contarán con la presencia de autores como Ana María Shua, Fabián Casas, Leopoldo Brizuela o Lucía Puenzo, entre otros. También será de la partida la escritora Claudia Piñeiro, quién aceptó adelantar algunos de los posibles puntos de interés acerca de esta cuestión que, de manera oportuna, los organizadores han planteado en forma de pregunta.

-Ante la noción de la lengua como Patria y con un idioma que nos une a tantos países, ¿qué es lo que engloba la lengua y por qué no es lo mismo hablar de idioma?

-Podríamos empezar por el hecho de que nosotros decimos que nuestro idioma es el español, cuando en nuestra infancia era el castellano. En algún momento se dejó de decir que hablábamos castellano para decir que hablamos español. En realidad en España hay varias lenguas y de todas ellas el castellano es el idioma oficial. Ahí hay una cuestión de establecer un territorio: el español tiene más que ver con el país que con la lengua en sí misma. Hay otra cosa con el español, que es su gran expansión de la mano de la inmigración latinoamericana.
-Está ese informe que prevé que en menos de 20 años los Estados Unidos será el país con mayor número de hispanoparlantes del mundo.
-Precisamente esa expansión tiene mucho más que ver con las formas del español que se hablan en Latinoamérica, que con la que se habla en España. Sin dudas con el tiempo eso se irá ajustando y habrá diferentes respuestas para la pregunta: qué es el español.
-Dentro de nuestras fronteras ¿existe una lengua nacional?
-Hay una diferencia en la forma en que el idioma se utiliza. Pero la idea de que el idioma no tiene las mismas fronteras que pueden tener políticamente los países, me gusta mucho más que pensar a cada lugar como algo cerrado.
-Es lo que nos diferencia de regiones como Europa, donde cada país tiene su propia lengua.
-El español ha tenido un poder de penetración extraordinario. Porque aunque el chino es el idioma más hablado, lo es simplemente por la cantidad de personas nacidas en ese lugar y no por expansión. Pero lo que pasó con el español es un caso muy particular.
-Ni Inglaterra, siendo el imperio que fue, consiguió imponer su idioma de la manera en que lo hizo España.
-Sí, pero el inglés ha impuesto por la fuerza la obligación, la necesidad de saberlo para no sentirse una especie de discapacitado en algunas circunstancias.
-Pero, aunque de otro modo, el español también se impuso por la fuerza. Pienso en la colonización...
-Sí, por supuesto. Pero hablo de una etapa posterior, donde la penetración del español adquirió una vía más natural. El ejemplo de Estados Unidos: no es que allá hablan español porque si no, no pueden hacer negocios con nosotros. La expansión tiene una raíz más profunda.
-En la novela El templo etrusco, J. Rodolfo Wilcock escribe esta frase que me parece oportuna: “Las reglas se gobiernan en la lengua, que es común a todos, y por lo tanto también son comunes las reglas; solamente cuando cambia la lengua, cambian las reglas.”
-Me gusta eso de que cuando cambia la lengua cambian las reglas. Respecto del sexismo de la lengua hay una historia que leí en un libro de lingüística; cuenta acerca de una tribu en cuyo lenguaje no existía ninguna palabra para identificar al color violeta, entonces para ellos no existía. Que no existan palabras para definir algo también elimina la cosa. Creo que el uso de la lengua puede ir modificando eso, pero obviamente no será una orden la que lo imponga, sino los usos y costumbres. Y estos de a poco pueden ser modificados y con ellos cambiar la realidad.
-¿Esos cambios hablarían de nosotros como sociedad?
-La lengua es un mapa de la sociedad. Hay cosas que hemos dicho en algún momento, pero que ya no decimos más. Por ejemplo, Proceso de Reorganización Nacional: ahora decimos Dictadura. Elegir usar una palabra u otra para nombrar determinada cosa es una decisión política.

El ciclo ¿La patria es la lengua? Se llevará a cabo entre el 21 de marzo y el 30 de mayo, en el Centro Cultural Caras y Caretas, ubicado en Venezuela 330. Para más información e inscribirse de forma gratuita, escribir a centrocultural@carasycaretas.org.ar

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

domingo, 5 de junio de 2011

CINE - Video de la charla "El espectador cinematográfico", en el MICA

Video publicado por la Secretaría de Cultura de la Nación, que ilustra la charla que mantuvimos con Pablo Mazzola, programador de los Espacios INCAA en todo el país, en el marco del Primer Mercado de Industrias Culturales de la Argentina. También aparece mi hija Serena, muy atenta a los conceptos que torpemente y con dificultad va hilvanando su padre. Buen trabajo del equipo de prensa de la Secretaría de Cultura. Mi gratitud con todos ellos. Haciendo doble click sobre la imagen el video, podrán verlo en pantalla completa.

CINE - Charla en el MICA: "Hay que vender las buenas películas que se hacen en Argentina"

Que el cine nacional sea una opción para el público, ése fue el centro de la charla debate que moderó hoy el programador de espacios Incaa, Pablo Mazzola, como parte de la agenda de actividades del Mercado de Industrias Culturales Argentinas (MICA). Allí, el periodista y crítico de cine Juan Pablo Cinelli, planteó que para fortalecer a la industria del cine nacional, el Estado debe continuar no sólo coproduciendo historias sino también realizando una difusión mayor, para que el cine de autor pueda convivir con las taquilleras películas de Hollywood en las grandes salas del país.
Cinelli afirmó que “es fácil pensar qué es lo que busca el espectador cuando va al cine si se atienden los números de la taquilla: hoy lo que se está buscando es el espectáculo. Eso implica dejar de lado al cine como parte de las manifestaciones culturales”.
“Pero hablar del cine sólo como espectáculo es limitarlo. Porque a veces el público está acostumbrado a ver al cine de esa única manera y no acepta que puede ser una manifestación cultural. Eso pasa porque, a pesar de estar en un momento político que superó situaciones graves, durante muchos años el espacio de la cultura fue donde se practicó cierta devastación y reconstruirlo es complejo”, expresó el periodista.
En esa línea, puso como ejemplo: “Hay una frase que sintetiza cómo se vio a la cultura durante muchos años, que se le atribuye al general Menéndez, quien decía que cuando escuchaba la palabra cultura le daban ganas de agarrar un arma. Si desde un Estado se plantea a la cultura como algo a exterminar, difícilmente alguien quiera entrar ahí”.
Para que sobreviva una mirada cinematográfica tiene que desaparecer la otra, o al menos eso es lo que se ha intentado imponer. “Los que aman al cine de autor piensan que el resto debe ser exterminado, para salvar al cine. Y del otro lado piensan lo mismo, que lo otro es prescindible”, criticó Cinelli, quien apuntó que “no está mal el cine como espectáculo, lo que está mal es negarle el espacio a los demás cines. Y en eso, el norteamericano es caníbal, se come al resto de los cines”.
A modo de autoevaluación, se preguntó también cuál es el rol de quienes escriben en los medios de comunicación calificando y recomendando films. “La crítica no funciona. Es un espacio necesario, pero no incide en el público. Ese 90% que paga sus entradas para ver los grandes shows norteamericanos no necesita que el crítico le diga si está buena la película, porque va a ir igual”.
Así, y como conclusión, Cinelli se refirió a qué hace y qué debería consolidar el Estado para que el mercado del cine crezca y sea una opción en la programación de las salas masivas, de esas que hacen negocio con películas importadas.
“El Instituto de Cine sabe que hay un 90% de público que va a ver cine norteamericano, porque el otro tipo de cine extranjero también tiene un déficit, es limitado”.
Y comparó: “Fernando Trueba me decía que no ve mal la participación del Estado en la generación de la cultura. Él concibe al cine como una manifestación cultural. Tampoco le parecía saludable dejar todo en manos privadas. Y el Incaa tiene la posibilidad de intentar conseguir que el cine sea una manifestación cultural, pero también debe proponerse otras cosas. Por ejemplo, el cine de género en la Argentina está relegado”.
“Creo que este es el momento para que el Incaa se arriesgue a nuevos caminos. Otra cosa que se puede mejorar es promocionar al cine que hace hoy, porque además de productor puede ser su difusor y promotor. Si se es capaz de vender películas malas, ¿por qué no se puede vender películas buenas?”, concluyó, abriendo un debate, Cinelli.


Artículo publicado originalmente en la página de la Secretaría de Medios de la Nación, Jefatura de Gabinete de Ministros, Presidencia de la Nación.

martes, 19 de septiembre de 2006

LIBROS - Seis paseos por los bosques narrativos, de Umberto Eco: Un tour guiado por los laberintos del sentido.

Salir a dar un paseo: de eso se trata la literatura según la metáfora del prolífico y multifacético Umberto Eco. Seis paseos por los bosques narrativos (cuyo título original en inglés es Six walks in the fictional woods), incluye las seis conferencias que él mismo diera en el marco de las Norton Lectures, en la universidad de Harvard entre los años 1992 y 1993, en las cuales el semiólogo, lingüista y narrador italiano compara las estructuras narrativas con bosques. Y en una operación que tiene mucho de literario, convierte al lector en una especie rara de boy scout, un híbrido entre Caperucita Roja y Allan Quatermain, que unas veces por sendas ya abiertas, y otras, haciendo el propio camino, se interna y deambula esos bosques hasta extraviarse, para salir de allí transformado.
Ampliando el concepto, agrega que existen distintos tipos de bosques y diferentes maneras de recorrerlos. La diferencia entre los bosques vendría dada por la presencia de un autor, y por las diversas intenciones o motivaciones que varían de un autor a otro. Las maneras en que estos bosques pueden ser recorridos, en cambio, dependen de cada lector. Queda claro que Umberto Eco es de quienes adhieren a la teoría según la cual la relación entre autor y lector es la fuerza vital de cualquier texto, y de la literatura, por carácter transitivo.
En tanto que el autor se plantea, al sentarse a escribir, un lector modelo a quien dirigirse, es decir, un determinado e hipotético sujeto como receptor de su obra, cada lector construye, desde la lectura y la interpretación, lo que Eco llama autor modelo, que no es sino el fruto del paseo forestal: la forma en que ha conseguido vincularse con el texto narrado. Estos autores y lectores modelo no suelen coincidir con los lectores y autores empíricos.
Más adelante, en el capítulo titulado "Los bosques posibles", Eco se interna en las diferencias entre los textos de ficción y los textos históricos o reales. Allí aborda el concepto de verdad o realidad dentro de la literatura: en la narrativa de ficción, lo verdadero es todo lo que sucede dentro del relato. De ahí se desprende que la verdad es mucho más fácil de determinar en el ámbito de lo ficcional que dentro de lo que llamamos mundo real. Y arriesga que es mucho más sencillo conocer profundamente a Don Quijote, a Hamlet o, porque no, a Homero Simpson (como a cualquier otro personaje de ficción), que a nuestros propios padres o hijos. Porque en tanto que padres e hijos de todo el mundo insisten en seguir creyendo que es preferible mantener algunos secretos, el Quijote, Hamlet o Simpson –sobre todo Simpson– no pueden evitar revelar, voluntariamente o no, cada una de sus intimidades ante el total de su auditorio. De ellos podemos conocer todo cuanto se ha dicho, porque hasta el último detalle de lo que necesitamos saber de cada uno, ya ha sido escrito.
Un párrafo aparte merece un curioso ejemplo con el que abre el capítulo cinco, y que involucra un estudio acerca del comportamiento de la prensa argentina durante el conflicto bélico de las islas Malvinas. El 31 de Marzo de 1982, el diario Clarín publicó una noticia supuestamente llegada desde Londres, según la cual el Reino Unido había enviado un submarino atómico a aguas argentinas. En Gran Bretaña, mientras que el gobierno británico reaccionó de inmediato, diciendo que no tenían intención de revelar la posición de sus unidades, algunos medios daban la impresión de saber bastante respecto de ese asunto. El 4 de Abril el submarino ya había sido visto cerca de costas argentinas. A partir de allí, una serie de contradicciones entre noticias que anunciaban que ese submarino estaría partiendo de Europa a la cabeza de las fuerzas británicas y supuestos nuevos avistajes, fueron dando mayor magnitud a la presencia de este fantasma.
Casi un mes después, un diario escocés revelaba que, efectivamente, el submarino nunca había salido de Escocia. Una de las moralejas que don Umberto extrae de esta historia, es que con sólo amontonar datos concretos y nombres propios en un marco discursivo determinado, el lector tiende a dar por ciertas tales aseveraciones. El submarino, puesto en los mares del sur por los medios de comunicación, se había vuelto real. Es posible preguntarse quién podría estar interesado en crear ese fantasma, dos días antes del comienzo de aquella guerra, siniestra en más de un sentido. La respuesta, claro, no debe buscarse en este libro.
Umberto Eco, se ha dicho, es en la actualidad uno de los más notables semiólogos y teóricos de la literatura y el lenguaje; sin embargo es conocido popularmente por sus novelas El péndulo de Foucault, Baudolino, y principalmente por El nombre de la Rosa, que tan exitosamente fuera adaptada al cine.

Artículo publicado originalmente en la revista Informe Reservado.