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lunes, 22 de marzo de 2021

CINE - 22° Bafici, Competencia Argentina, primeros días: Entre la política, la denuncia y la sátira

Tras un año de ausencia, obligada por el inicio de la pandemia hace justo 12 meses atrás, el 2021 marca el retorno del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, el popular Bafici. Esta vez en versión híbrida, combinando protocolarizadas proyecciones en sala con la presencia íntegra de su programación en la versión online. Pero no es la única novedad de esta 22° edición, que también unificó competencias de cortos y largometrajes sumando casi 40 títulos en cada una, volviéndolas irreductibles a la cobertura periodística. El dato sirve para aclarar que lo que el lector recibirá a través de estas notas, que abordan la Competencia Argentina, es una mirada limitada a las elecciones del cronista, que no puede ni pretende ser completa. Quedan, pues, debidamente notificados.

Entre las películas que integran la citada competencia hay dos que, a pesar de sus notorias diferencias, comparten la intención de satirizar esa compleja entelequia llamada cine argentino. Pero mientras que una lo hace en tiempo rabiosamente presente, la otra se vale de la versatilidad del vehículo cinematográfico para pegarse una vuelta por un pasado más o menos próximo en lo cronológico, pero bien distante en términos estéticos y formales de los estándares de calidad alcanzado por el cine local en las últimas dos décadas. 

La primera es el nuevo episodio de la saga UPA! (Una Película Argentina), creada hace casi 15 años sin intención de continuidad por Camila Toker, Tamae Garateguy y Santiago Giralt. Solo que para esta entrega, que junto a UPA! (2007) y UPA! 2 (2015) completan una trilogía espontánea, la misma muta en Una Pandemia Argentina, adaptando de forma oportuna el acrónimo de su título a la nueva normalidad. A pesar del tiempo transcurrido, el universo creado por este trío de cineastas, guionistas e intérpretes consigue sostener su capacidad para reírse del micromundo del cine argentino más independiente. La fórmula: retorcer algunos de sus arquetipos reconocibles, aunque sin ir nunca mucho más allá de la caricatura de trazo grueso. Como un espejo, Una Pandemia Argentina se permite reírse de la pose cool, de la omnipresencia de la corrección política, del cine militante, de la cuota de hipocresía necesaria para poder filmar una película en un ambiente en el cual los recursos son cada vez más escasos. Y hasta del propio Bafici. En cuanto a las casi tres horas que abarcan el Lado A y el Lado B en que se divide esta UPA! 3, es cómodo pensar que se trata de un exceso. Pero tal vez sea oportuno hallar ahí un nuevo dardo satírico, uno que le apunta a la megalomanía de algunos directores (¿o será solo uno?), empecinados en hacer de sus películas experiencias más interminables que inagotables. El chiste de la placa del intervalo al promediar la proyección parece confirmarlo.

Los visionadores
es lo nuevo de Néstor Frenkel, en donde el director de El gran simulador (2013) vuelve a mostrar una capacidad inagotable para encontrar temas de los cuales reírse. A caballo de un sarcasmo cargado de acidez, acá Frenkel realiza un recorrido por la forma en que el cine nacional se acercó a cuestiones vinculadas con la marginalidad entre las décadas de 1960 y 1990, antes del salto que representó el Nuevo Cine Argentino. Se trata de una pieza de montaje, un collage que reúne de modo intencionado fragmentos de unas cuantas decenas de películas que abordan, siempre de manera inverosímil, tópicos como las drogas, la violencia social, la prostitución y otras formas de corrupción usualmente reducidas al lugar común de “flagelos”. Con ellos arma un itinerario en el que juega a poner en paralelo las adicciones y la forma obsesiva con que cierta cinefilia pop se construyó en los años ’80 al amparo del formato VHS y el auge de los videoclubes. El cine de explotación; Graciela Borges desesperada por un porro; un Ricardo Darín joven que se parece a Luis Suárez; Ova Sabatini convertido en linyera; Silvia Peyrou cortando un pene en primer plano; Baby Etchecopar en pose de héroe de acción. Y Rodolfo Ranni, mucho Rodolfo Ranni, le dan forma al descontrolado paseo que Frenkel propone en Los visionadores (juego de palabras con Los viciosos, película de Enrique Carreras de 1962), que sin dudas se encuentra entre los puntos más altos de esta competencia.

En Una casa sin cortinas, Julián Troksberg va detrás de la fantasmal figura de la expresidente María Estela Martínez de Perón, Isabelita, última jefa de Estado antes del golpe militar de 1976. Retrato en ausencia de un personaje evitado, este documental ofrece no pocos méritos y hallazgos. Entre ellos es posible enumerar la amplitud de los testimonios reunidos, que van desde figuras políticas relevantes, como Nilda Garré, Carlos Corach, Oraldo Britos, Carlos Ruckauf o la artista plástica Marcia Schvartz. Pero también personajes desconocidos, a los que el destino convirtió en testigos cercanos del recorrido de Isabelita, como la mujer que la alojó en su casa durante la gira que realizó en 1965 en representación de Perón, o el vecino de la casa que la pareja habitó a su regreso. No falta entre los testimonios quien critica la decisión del director al elegir al personaje, como si el papel trágico que le tocó interpretar a la viuda del hombre más importante de la historia argentina del siglo XX no fuera relevante. Como si se tratara de una figura insignificante y vergonzosa a la que sería mejor olvidar, cuando justamente ahí radica el valor de su elección. Una casa sin cortinas es la puesta en escena de una de las llagas que permanecen abiertas, precisamente por haberlas tapado en lugar de apretarlas para hacerlas supurar. Resolver el enigma de Isabelita es una de las grandes cuentas pendientes del peronismo, que 45 años después del golpe de estado más trágico sigue sin saber qué hacer con ella. Y Troksberg exhibe esa incapacidad de manera abrumadora.

También documental pero de estructura más clásica y menos compleja, Taranto, de Víctor Cruz, visibiliza el drama ecológico que desde hace 60 años padece la ciudad del título, ubicada sobre el Mediterráneo, en el ángulo superior que forma el taco de la bota itálica. Ahí se instaló en la década de 1960 uno de los complejos industriales más grandes de Europa, cuyos desperdicios tóxicos causaron desde entonces la muerte de miles de vecinos, afectados por cánceres provocados por los niveles cada vez más altos de polución. El trabajo de Cruz, que puede resultar valioso como documento de denuncia, se presenta limitado desde lo cinematográfico, intercalando el uso del archivo con testimonios en primera persona, pero sin asumir demasiados riesgos estéticos. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 4 de marzo de 2021

CINE - "Un sueño extraordinario" (Astronaut), de Shelagh McLeod: La obsesión como pulsión vital

Angus tiene más de 80 años, pero sigue siendo un hombre lúcido. Sin embargo se ha quedado viudo hace un tiempo y su salud empieza a mostrar problemas que antes no tenía, por eso su familia cree que lo mejor es ponerlo en un asilo. Pero desde que era un nene, el viejito tiene el sueño de ser astronauta y de golpe se encuentra con la posibilidad de cumplirlo. Cuando un millonario a lo Elon Musk financia una empresa de viajes comerciales al espacio y para promocionarlo organiza un concurso para sortear entre la gente común un asiento en el vuelo inaugural, Angus decide anotarse a pesar de superar la edad máxima indicada en las reglas.

Si algo vuelve a exponer una película como Un sueño extraordinario (Astronaut, Shelagh McLeod) es la desigualdad que existen entre hombres y mujeres en la industria del cine. ¿Cuántas películas hay en los que una mujer de más de 75 todavía es la protagonista exclusiva? No muchas, pero con hombres unas cuantas. La cosa no varía demasiado si se baja la vara hasta los 65 y la diferencia sigue siendo grande (aunque cada vez menos) si se piensa en protagonistas de más de 50. Como un reflejo de los códigos que imperan en el resto de la sociedad, el fin de la juventud (y con ella, el de un ideal de belleza) es una pérdida que las mujeres pagan muy caro en el mundo del cine. En cambio para los hombres representa casi una cualidad que les asegura cierta continuidad laboral, una suerte de segunda vida.

En esa etapa se encuentra Richard Dreyfuss, que encarna al inquieto Angus con la simpatía que es habitual en este actor, que ganó un Oscar por su protagónico en La chica del adiós (1977) y fue el fetiche de Steven Spielberg en varias de sus primeras películas, como Tiburón (1975) y Encuentros cercanos del tercer tipo, también estrenada en el ‘77. Pero además hay algo en Angus que lo emparienta con Roy Neary, el personaje obsesionado con los extraterrestres que Dreyfuss interpretaba en esa última. No solo porque la relación con lo cósmico vincula a las dos películas, sino porque esos anhelos transformados en obsesión son los que acaba convirtiéndose en la pulsión vital que motoriza a ambas criaturas.

Un sueño extraordinario es como Angus, una película simpática, amable e incluso capaz de expresar algunas reflexiones válidas en torno a la vejez y el rol pasivo que en el mundo moderno se les trata de imponer a quienes llegan hasta ella. Pero a diferencia del trabajo de Spielberg, que además de un gran entretenedor es un maestro en el manejo de las emociones a través del cine, la película de McLeod recurre a ciertos excesos para subrayar sus intenciones. El más notorio es el de una banda sonora tan omnipresente como torpe, pero también la sobreabundancia de personajes estereotípicos, de escenas costumbristas y de mensajes anunciados con flechas y neones.  

Artículo publicadooriginalmente en la sección Espectáculos de Pägina/12.

viernes, 26 de febrero de 2021

CINE - El fin de la cuarentena: Las salas reabren después de un año de cierre obligado

A través del Boletín Oficial y tras más de once meses de telones cerrados, la Jefatura de Gabinete nacional habilitó este jueves la reapertura de las salas de cine en la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Con la noticia aún fresca, las empresas exhibidoras pusieron en movimiento sus estructuras con el fin de tener abiertos sus complejos multisala ya a partir de este fin de semana. La decisión implica en primer lugar la puesta a punto del equipo encargado de hacer cumplir los protocolos de seguridad aprobados. Pero también el armado de una programación en tiempo record, ya que ayer mismo se especulaba con que la fecha de reapertura sería recién el próximo jueves 4 de marzo y no durante el fin de semana.

Atentas a la expectativa de los fanáticos del cine, algunas de las compañías exhibidoras más importantes del país hicieron pública las listas con los títulos que podrán verse en las funciones programadas para estos días. La cadena Showcase Cinemas anunció que tiene todo preparado para abrir sus salas este mismo sábado y ya dio a conocer las películas que ocuparán las pantallas de sus complejos. Entre ellas se cuentan The Empty Man, película que combina el policial con el terror; Las brujas, lo nuevo de Robert Zemeckis con Anne Hathaway y Octavia Spencer; la superproducción rusa de ciencia ficción Invasión: El fin de los tiempos; la película china de cine catástrofe Avalancha: Desastre en la montaña y el film de terror español Malasaña 32. El programa se completa con tres películas infantiles: la nueva de Scooby-Doo, Como perros y gatos 3 y Zapato Rojos y los 7 enanos.

Por su parte, las cadenas Hoyts y Cinemark anunciaron que reabrirán sus complejos el miércoles 3 de marzo y también publicaron la programación que estará disponible a partir de entonces. La lista incluye las mencionadas Scooby, Como perros y gatos 3, Las Brujas, Malasaña 32 y Avalancha, a las que se suma 10 cosas que hacer antes de dejarte, protagonizada por la actriz Christina Ricci. Además los fanáticos del animé podrán disfrutar de títulos como Love Sunshine, Akira y Eureka. Ambas compañías avisaron también que en el transcurso de la semana que viene anunciarán los estrenos que podrán verse a partir del jueves 4.

A diferencia de estas últimas, Showcase ya anunció que ese día se estrenarán tres películas en sus salas. Serán la animada Trolls 2 World Tour; la película de aventuras y ciencia ficción Monster Hunter: La cacería comienza, dirigida por Paul W.S. Anderson y protagonizada por Milla Jovovich y Ron Pearlman; y Tenet, la última y esperada película del británico Christopher Nolan con John David Whashington, Robert Pattinson, Kenneth Branagh, Elizabeth Debicki y Michael Caine.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 25 de febrero de 2021

CINE - Reapertura de las salas: Volver al cine en pandemia

El cierre de las salas de cine en la ciudad y la provincia de Buenos Aires parece enfrentar sus últimos días. Dos semanas después de que las empresas exhibidoras y las cámaras que nuclean la actividad en dichos territorios mantuvieran sendas reuniones con ambos gobiernos, finalmente parece que la reapertura podría darse en los primeros días de marzo. Así lo manifestaron de forma pública varias empresas, que terminaron instalando la idea de que el próximo jueves, el 4 de marzo, sería el Día D para el regreso de las películas a la pantalla grande.

Oscar García, director de Cines Showcase y representante de la empresa National Amusement International (NAI), confirmó en diálogo con Página/12 que la semana pasada los ministros de salud y de cultura de la ciudad, Fernán Quirós y Enrique Avogadro, recorrieron el complejo que la cadena tiene en el barrio de Belgrano. La visita tuvo por objeto comprobar la preparación del protocolo y su eventual aplicación en las propias instalaciones: el resultado fue positivo. “A partir de eso Quirós aprobó el protocolo y entendemos que el mismísimo lunes fue enviado junto con el pedido de excepción al Jefe de Gabinete del gobierno nacional”, aseguró García. El procedimiento se encuentra en la misma etapa en lo que se refiere a las autoridades de la Provincia, aunque en ese caso no fue necesaria una visita a cines, ya que la gobernación adhirió al protocolo redactado por la Superintendencia de Riesgos de Trabajo en colaboración con el Ministerio de Cultura Nación. 

“Ahora solo queda que la excepción se publique en el Boletín Oficial para que podamos reabrir los cines en la ciudad y la provincia de Buenos Aires”, dijo el director de Showcase. Según los protocolos aprobados, en la ciudad el aforo máximo será, inicialmente, del 30% de la capacidad de cada sala, con un distanciamiento entre espectadores o grupos de espectadores de un metro y medio hacia los lados y una fila hacia adelante y hacia atrás. En cuanto a la provincia, los parámetros de distanciamiento serán los mismos, pero la ocupación de sala permitida alcanzará el 50%. 

A pesar de los avances, sin embargo García considera que es difícil arriesgar una fecha de reapertura, porque no es algo que dependa de las empresas. “Estamos esperando que se publique la excepción. En cuanto eso ocurra vamos a convocar al personal y abriremos de inmediato”, aseguró. “He escuchado que otros exhibidores empezaron a hablar de abrir el jueves que viene, 4 de marzo”, continuó García, “pero ahí lo que va a ocurrir es que, en la medida en que esté la aprobación, cada empresa va a poner su propia fecha dependiendo de qué tan organizados estén”. Pero para él sigue siendo fundamental esperar el anuncio oficial: “las empresas no nos podemos arriesgar a empezar a pedir mercaderías perecederas que después, si la reapertura se demora, las volveríamos a perder”. García recordó que con el comienzo del aislamiento, el 18 de marzo del año pasado, las empresas enfrentaron pérdidas importantes por tener que decomisar productos perecederos. “Por eso ahora estamos siendo prudentes. Tenemos avisados a nuestros proveedores, pero no vamos a hacer ningún pedido antes de contar con la seguridad de una autorización.”

De confirmarse las previsiones de las empresas exhibidoras, la esperada reapertura de los cines en la ciudad y la provincia estaría llegando sobre el final del verano y el comienzo de la temporada fría se abre como una incógnita que puede volver a complicar a la actividad ¿El sector ya tiene preparada una estrategia para enfrentar una eventual vuelta a foja cero del aislamiento? “Estamos muy seguros y tranquilos de que con este protocolo la actividad es segura para prevenir la propagación”, insiste García. “Sabemos que no somos un foco de contagio. De hecho nuestros complejos han estado cerrados durante un año y si la pandemia se propagó de ninguna manera tuvieron nada que ver los cines”, recordó el directivo. 

“Desde las empresas asumimos el compromiso de ser estrictos con el cumplimiento del protocolo, pero es cierto que con el frío también se pueden incrementar los casos”, concedió García. “Ahí tendremos que estar firmes en que ese aumento no va a tener que ver con los cines sino, como ocurrió el año pasado, con el propio flujo de la enfermedad”, argumentó. “Salvo que, obviamente, el incremento de casos sea mayúsculo y obligue al cierre de muchas actividades para reducirlo.” “Pero en la medida en que la curva se mueva de forma razonable, esperamos que los cines se mantengan abiertos. Porque nuestros protocolos son muy restrictivos en cuanto a capacidad y distanciamiento, lo cual garantiza un alto nivel de seguridad”, aseguró. 

La realidad es que un nuevo cierre sería muy dañino para el negocio de la exhibición cinematográfica y García lo sabe. “No sé cuántas compañías no van a poder abrir sus salas cuando se apruebe el reinicio de la actividad”, se lamentó el director de Showcase. “Hay que tener en cuenta que dentro de la provincia de Buenos Aires hay muchas ciudades medianas que tienen cines que no pertenecen a grandes cadenas, sino que son manejados por empresas familiares, muchas de las cuales quizá no estén en condiciones de reabrir ahora. Y si lo hacen –y ojalá así sea, porque sería una tragedia que no pudieran—, un nuevo cierre los terminaría de aniquilar.” Por eso, García cree que “desde el Estado deberán ser muy prudentes antes de volver a cerrar la actividad. Y si fuera necesario, tendrán que juntarse para ver cómo hacer para que los protocolos sean todavía más seguros. Porque un nuevo cierre sería un golpe fatal”.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 8 de febrero de 2021

CINE - Cine vs. Pandemia: Las salas del AMBA podrían reabrir antes de que termine febrero

Como si se tratara de una novela de misterio, este lunes se escribió un nuevo capítulo en la historia de la reapertura de las salas de cine en la ciudad y la provincia de Buenos Aires, cuya actividad está suspendida por completo desde que el Gobierno nacional decretó el inicio del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, hace ya once meses. Tras incontables encuentros y negociaciones, parece que ahora sí se llegó a una instancia de acuerdo entre las autoridades de ambos distritos y las empresas exhibidoras, para que el público pueda volver a las salas de forma segura, respetando las condiciones impuestas por la pandemia. Es que el jueves pasado, los representes de las cadenas de cines que operan en el territorio del AMBA se reunieron con las máximas autoridades sanitarias en vista de consensuar la aprobación definitiva de un protocolo que permita avanzar con la mira puesta en la reanudación de la actividad.

De ambos encuentros participaron Gabriel Feldman, en representación de la cadena Multiplex; Javier Suez, de los complejos Atlas; Manuel López, de la empresa Cinema Devoto; Claudio Méndez, de Cinépolis; Oscar García, de National Amusement International (NAI), responsable en el país de la cadena Showcase; y María Devoto, en representación de FADEC, la Federación de Cines Nacionales e Independientes. Uno de ellos tuvo lugar el jueves por la mañana y se realizó de forma presencial, con Fernán Quirós y Enrique Avogadro, ministros de Salud y Cultura de la ciudad respectivamente. También fueron de la partida la directora de Desarrollo Cultural y Creativo Mora Scillama y el subsecretario de Planificación Sanitaria Daniel Ferrante. El otro ocurrió un poco más tarde y en modalidad virtual, con la participación de Augusto Costa, ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la provincia. Las dos reuniones representaron un paso importante en este camino. 

“Las dos reuniones resultaron muy positivas, ya que en ambas recibimos la promesa de trabajar fuertemente para que la reapertura de los cines se produzca antes de que termine el mes de febrero”, afirmó Oscar García, director de Cines Showcase y representante de la empresa NAI. “La charla giró acerca de los detalles de los protocolos necesarios para poder avanzar en este tema, algo sobre lo que venimos conversando desde hace meses”, agregó García. La articulación de este paquete de procedimientos de seguridad tiene como base y antecedente al Protocolo para la Reapertura de Salas y Complejos Cinematográficos de la República Argentina, publicado a mediados de enero por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). Dicho documento, en el que trabajaron en conjunto los exhibidores y las autoridades del Ministerio de Cultura de la Nación, establece con claridad los elementos a tener en cuenta para hacer posible el regreso del cine en el país de forma segura. El mismo fue fundamental en la implementación del reinicio de la actividad provincias como Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, Mendoza, Chubut, La Pampa, Tierra del Fuego y Santiago del Estero.

Según comentó García, existen tres puntos específicos del protocolo sobre los que las autoridades mantienen todavía ciertas dudas. Uno de ellos tiene que ver con el aforo, es decir el límite máximo de ocupación permitida para las salas. En este caso, los cines cuentan con el aval de sus parientes, las salas de teatro, que reabrieron sus puertas ya hace más de un mes con un porcentaje de ocupación del 30% y que hace menos de una semana se amplió al 50%. Otro asunto es el del distanciamiento entre espectadores, establecido en un metro y medio o dos butacas de distancia hacia los lados y una fila de separación hacia adelante y atrás.

Pero la principal preocupación de las autoridades tiene que ver con la circulación de los espectadores antes y después de cada proyección. “Ese es el tema que las autoridades tienen menos claro y quieren ver de qué manera vamos a organizar el ingreso y el egreso de la gente entre funciones”, comentó García. “En ese sentido el cine es una actividad un poco distinta al teatro, porque ahí tenés una única función y en cambio en los complejos de cines no solo tenemos varias salas, sino que en cada una se programan varias funciones diarias”, continuó el empresario. Para él, la clave en ese punto es la reducción de la cantidad de funciones, pasando de cinco por día (o seis, cuando se suman las trasnoche los fines de semana), a solo tres: una matinée y dos nocturnas. Ese lapso mayor entre funciones le permitiría a las empresas no solo evitar que los espectadores de una se crucen con los de la siguiente, sino también aplicar los nuevos estándares de limpieza y desinfección de los espacios.

Es por eso que antes de aprobar la reapertura, los ministros porteños resolvieron coordinar una serie de visitas a distintos complejos, para comprobar en el lugar de qué forma las cadenas de cines van a manejar esas variables, evitando que se produzcan amontonamientos a la entrada o a la salida de cada función. “Pero eso es algo que los exhibidores venimos planeando y trabajando desde el mismo día que cerramos, hace once meses, y ya lo tenemos absolutamente resuelto”, afirmó García. Y para ello, puso como ejemplo el complejo que la empresa Showcase tiene en la ciudad de Córdoba, que reabrió sus puertas hace tres semanas y que “hasta ahora ha funcionado sin ningún inconveniente”.

García reconoció que buena parte de ese éxito tiene que ver con la conciencia de los espectadores. “Por suerte el público ha sido muy respetuoso y consciente con todos los procedimientos que establecimos y eso es importante”, dijo. “Pero además tenemos a todo nuestro personal controlando que estas medidas y protocolos se respeten. Por eso es fundamental destacar la importancia de la apertura de una actividad controlada, versus el descontrol de las actividades clandestinas”, enfatizó. “Nuestra actividad ha sufrido mucho estos once meses de cierre y no queremos tener problemas que nos obliguen a dar marcha atrás y volver a cerrar. Así que somos los primeros interesados en que todos estos protocolos se cumplan de manera rigurosa”, concluyó García. Solo resta que las autoridades de ambas jurisdicciones terminen de trabajar sobre el protocolo y soliciten la exención correspondiente a la jefatura de gabinete, para hacer que las lámparas de los proyectores vuelvan a encenderse.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

martes, 25 de agosto de 2020

CINE - Entrevista a Beda Docampo Feijóo, director de "La maldición del guapo": Poner a la comedia en valor

Humberto vivió mucho tiempo en Buenos Aires, donde estuvo preso por estafa. Después de eso se volvió a España para abrir un bar, intentando construirse una nueva vida y dejar atrás esa época oscura. Hasta que reaparece Jorge, su hijo, que lo detesta pero que necesita pedirle nueve mil euros para cubrir el costo de unas perlas que le robaron en su trabajo, una joyería del más alto nivel. El pedido es para Humberto la oportunidad de recuperar el cariño de su hijo, pero también una tentación para volver a las andadas. La maldición del guapo es la nueva película del guionista y cineasta hispano argentino Beda Docampo Feijóo, en la que vuelve a abordar los vínculos familiares, una temática recurrente de su filmografía. Es además su 11° largometraje como director, que está protagonizado por Gonzalo de Castro y Juan Grandinetti en los roles de Humberto y Jorge, y se estrena este jueves en la plataforma Cinear Play.

“La maldición del guapo es una comedia en la que hay una estafa y en la que también se tratan otros temas, como la amistad o el matrimonio como sociedad anónima. Pero su columna vertebral es esa relación entre un padre y un hijo”, reconoce el director. “Buscaba hacer una comedia no se quedara solo en hacer chistes como una sitcom. El tema es la fascinación que un padre ejerce sobre su hijo”, agrega. “Un tipo que con los demás es simpático, un encantador de serpientes, pero también un mal padre. Partí de la idea de que todo hijo quiere un padre, aunque se trate de uno malo, de un egoísta, pero que finalmente también quiere tener un hijo. Aunque en este caso, como en el de muchos padres, lo haga desde el egoísmo, tratando de moldearlo a su imagen y semejanza”, insiste Docampo Feijóo.

-Entre padres e hijos siempre hay máscaras que esconden secretos. En la película eso está potenciado porque el protagonista es un estafador, alguien que trabaja componiendo máscaras.  

-Eso lo articulé deliberadamente a partir de un sistema de intrigas, para que la película no girara solo en torno a la estafa, sino que también fuera una posibilidad para que el espectador vaya conociendo a los personajes. En algún sentido el público se va sorprendiendo junto con el hijo con la aparición de las múltiples caras del padre. Traté que todos los personajes fueran así, que tuvieran una apariencia pero ocultaran algo más denso en el fondo. Por supuesto, eso se da mucho más en el vínculo entre los protagonistas, porque es ahí donde se encuentra el nudo del relato. 

-Además todos los personajes son emocionalmente vulnerables, incluso aquellos que pueden ser más fáciles de cuestionar.  

-La maldición del guapo es una película sobre tipos cuyas caras parecen decir que se las saben todas, pero en realidad son eso: personas vulnerables. Un grupo de auténticos perdedores emocionales.  

-La historia también pone al espectador en ese lugar de creer que “se las sabe todas”. Sin embargo, sobre el final tiene lugar un episodio que revela algo que había quedado oculto. 

-La película te hace creer que sabes todo sobre ese personaje que parece hacerle honor a “la maldición del guapo”, según la cual todos los hombres atractivos en el fondo son un poco tontos. Creo que si esa sorpresa final funciona es porque va en contra de ese lugar común.  

-¿Tuvo algún modelo o influencia a la hora de abordar esta estructura narrativa que navega entre la comedia y el policial? 

-Una de las películas que repase cuando escribía el guión fue Una Eva y dos Adanes (Billy Wilder, 1959), donde hay una subtrama mafiosa que se aborda como comedia. El asunto de emocional está muy bien logrado en El apartamento (Wilder, 1960), que desarrolla una relación muy particular con lo emotivo. Y también comedias de Woody Allen como Hannah y sus hermanas (1986) o Blue Jasmine (2013), que giran en torno a los lazos familiares. Pero sobre todo lo que quise es revalorizar el género. Creo que hay una degradación de la comedia y se tiende a creer que se la puede filmar de cualquier modo, que el vestuario no importa o que se trata solo de hacer chistes. Quise que La maldición del guapo tuviera otra profundidad cinematográfica. Que la cámara estuviera en movimiento siempre, que la luz tuviera cierta característica, que las masas de color del vestuario definieran la estética. Es decir, darle a la comedia la jerarquía que le corresponde como cualquier otro género y, sobre todo, que la risa surgiera de la creación de situaciones y no solo de la instancia del chiste.  

-Visualmente La maldición del guapo luce como un film de buen presupuesto, con gran despliegue de locaciones, una fotografía cuidada... ¿Resulta difícil hacer una película así en este momento? 

-Me alegra que se perciba así, pero es una película que está por debajo del coste medio. Lo que pasa es que con el tiempo vas aprendiendo a producir y yo ya tengo casi 60 guiones escritos… Siempre recuerdo una anécdota de David Mamet, que antes de rodar su primera película va a ver a un gran productor y el tipo le dice que los errores del rodaje son los que se cometen en la preproducción. Creo que el secreto de La maldición del guapo es que la produje muy bien y por eso tiene un costo por debajo de lo normal, pero luce como si se hubiera gastado más dinero. Hubo un trabajo previo muy intenso con el director de fotografía, con los actores.  

-Otra característica repetida en su filmografía es eso de filmar a dos orillas. ¿Cómo es la experiencia de cruzar estos universos culturales unidos por un vínculo de parentesco, pero a la vez tan distintos? 

-Es la consecuencia más o menos coherente de mi propia vivencia existencial. Mis viejos eran españoles y cuando yo era chico mi casa parecía la Embajada de España. Imaginate. Creo que nuestro verdadero pasaporte es el acento y yo soy porteño, alumno del Pellegrini y la Enerc. 

-Es decir que las dos orillas de sus films son sus propias dos orillas. 

-Exacto. Y me gusta mezclarlas, jugar con el lenguaje. Me surge de forma natural y no tiene nada que ver con el truco de meter un actor argentino para conseguir guita. Menos ahora, que por un tema de cambio entre el peso y el euro el aporte argentino es minoritario (aunque el productor argentino cumplió con sus obligaciones de forma impecable). Permitir que esos dos universos confluyan es algo que hago porque me encanta.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 13 de agosto de 2020

CINE - "La construcción de las ruinas", Eduardo Gómez: Una cosmogonía terrenal

Con una elegancia que abarca desde asuntos formales, como la fotografía, la puesta de cámara, el encuadre, la composición de los planos y una precisa estructura narrativa, hasta la delicadeza con la que logra unir con naturalidad los extremos de un arco temático que va de una mirada antropológica del trabajo a un abordaje espiritual de disciplinas científicas como la paleontología, el documental La conquista de las ruinas consigue construir una mirada del mundo y de la cuestión humana tan amplia como potente. Dirigido por el cineasta boliviano Eduardo Gómez, el film se mueve entre lo concreto y lo efímero (o entre la ciencia y la creencia) con una fluidez que contradice el enorme peso de los interrogantes que aborda sin liviandad alguna, sin vanidad pero también sin grandilocuencia. Aunque parece un contrasentido, Gómez lo consigue, haciendo que su trabajo reúna momentos de gran belleza estética y pasajes de profunda reflexión, sin que nada de eso aparezca nunca como la puesta en escena pretenciosa de una pose “artie”.

La conquista de las ruinas es una película coral filmada en blanco y negro en escenarios como Villa Chocón, entre las provincias de Río Negro y Neuquén; Orcoma, en el territorio boliviano de Cochabamba; o el delta del río Paraná. Sus protagonistas son un minero que trabaja en una cantera, un obrero de origen boliviano que desde hace años se desempeña en la industria de la construcción en Buenos Aires, un paleontólogo y dos miembros de una comunidad aborigen que luchan contra el avance de los barrios privados en Tigre, en busca de preservar los yacimientos culturales los pueblos originales de la zona. Entre ellos la película va extendiendo una trama que los reúne a todos dentro de una misma cosmovisión, que consigue ir más allá de los diferentes marcos sociales en los que se ha formado y en los que se mueve cada uno de ellos.

Cada protagonista comienza hablando de su trabajo, de las condiciones en las que vive, de sus anhelos y desesperanzas. Pero a pesar de los puntos de contacto, sus experiencias cotidianas no pueden parecer más alejadas. Sin embargo, cuando se apartan del presente inmediato para indagar en cuestiones como el destino, la memoria, la trascendencia material, e incluso la idea de un más allá al que algunos llaman Dios y otros futuro, sus experiencias confluyen en la construcción de una mirada común y lúcida del mundo. El mérito es de Gómez. Es él quien consigue articular las piezas dispersas, del mismo modo que un arqueólogo reúne fragmentos de una vasija rota para recuperar su forma original. En el camino el cineasta va dejando modestas gemas, como cuando enhebra un asunto espiritual como la reencarnación con la forma en que una parte de las personas sobrevive en sus obras, a través del proceso transformador del trabajo.

 Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

sábado, 8 de agosto de 2020

CINE - Covid-19 y la crisis del sector audiovisual: La pandemia del cine

La crisis desatada por la pandemia de Covid-19 resultó un mazazo para una industria como la audiovisual, que ya venía golpeada por cuatro años en los que la política económica estuvo más preocupada por favorecer al mundo de las finanzas que por prestar atención a los sectores productivos. La combinación de ambas realidades, alineadas en orden cronológico, sumió a la actividad en una parálisis casi total en todas sus áreas, de lo artístico a lo comercial, pasando por las distintas instancias que involucran la producción de cine y televisión. Hoy en la Argentina no se están rodando ni series ni películas en ninguno de sus formatos o géneros.

Este panorama replica lo que ocurre a escala global. Hasta los grandes estudios de Hollywood, dueños de la porción más grande del mercado audiovisual, suspendieron sus actividades de forma total. El avance de la pandemia obligó a poner en pausa los rodajes de tanques como Avatar, The Batman o Misión Imposible 7 y las nuevas entregas de las sagas Jurassic World y Matrix. Idéntica situación se vivió en el terreno de la exhibición, ya que casi no existen países en los que las salas de cine hayan permanecido abiertas y los títulos que debían disputarse la taquilla 2020 permanecen sin fecha de estreno confirmada. En esa situación están la última de James Bond, Rápido y Furioso 9 o las nuevas películas de Mujer Maravilla, Cazafantasmas y Top Gun.

Recién a mediados de junio el Departamento de Salud de California estableció un protocolo para rodajes mientras dure la crisis sanitaria. Incluye, entre otras cosas, el uso obligatorio de tapabocas, la reducción al mínimo de los equipos de trabajo y controles permanentes de temperatura a los empleados. No será sencillo volver a filmar en estas condiciones y para poder ver películas en una sala de cine parece faltar una eternidad (aunque en algunos países ya se comenzaron a probar variantes).

EN LA ARGENTINA

En el terreno local, el triunfo de Alberto Fernández en octubre de 2019 le había devuelto algo de esperanza al sector audiovisual, uno de los que más resistencia opuso al gobierno de Mauricio Macri. Es que la gestión anterior mantuvo una relación tirante con las industrias culturales y puso un especial interés en manejar la caja del Instituto del Cine (Incaa), que llegó a 2020 con un gran déficit de presupuesto. Su nuevo presidente, el cineasta Luis Puenzo, no tuvo tiempo ni para terminar de estudiar cuál era la situación en el organismo que ya la pandemia lo obligó a manejarse en una realidad inédita, que derivó en la cancelación de todas las actividades a partir de la tercera semana de marzo o la suspensión de actividades masivas, como la edición 2020 del Festival Internacional de Cine independiente de Buenos Aires (BAFICI).

Con los rodajes suspendidos, los estrenos cancelados y las salas cerradas, las distintas organizaciones que nuclean a la comunidad audiovisual (directores, técnicos, actores y productores) le reclamaron al Incaa medidas paliativas, tendientes a amortiguar el impacto del duro panorama que ya se avizoraba al comienzo de la cuarentena. La primera reacción de su presidente fue la de desairar un pedido realizado por las diferentes cámaras de exhibidores, que nuclean a las empresas extranjeras dueñas de los grandes complejos multisala instalados en los centros comerciales. Estas le reclamaban al Instituto una serie de exenciones y subsidios que les permitieran paliar las pérdidas causadas por la suspensión de actividades masivas. Puenzo rechazó esas pretensiones, y les recordó que se trata de “empresas que rinden sus utilidades a corporaciones extranjeras, que suelen considerar a las regulaciones culturales como una interferencia en sus negocios”, pero que ahora “reclaman que el Estado les subsidie el alquiler en los shoppings”.

En cambio, el Incaa fue más receptivo con los eslabones locales de la cadena de producción, estableciendo una serie de políticas (exenciones, subsidios, postergación de cobros o adelanto de pagos) con las que se buscó colaborar con la economía de los perjudicados. Incluso se avanzó en el mal llamado “Impuesto Netflix”, para que las plataformas de streaming comiencen a aportar al Fondo de Fomento un porcentaje de lo que producen en el país. Lejos de ser una medida oportunista, esa alícuota sería similar a la que ya pagan las salas de cine o los canales de televisión por exhibir contenido audiovisual. Lo que se busca no es otra cosa que adecuar al mercado actual lo establecido por la Ley del Cine en 1994.

LA ERA STREAMING


Estas plataformas han sido las grandes ganadoras en tiempos de Covid-19: con la gente obligada a permanecer en casa, el consumo de sus contenidos se volvió la actividad excluyente para llenar los huecos del ocio. El caso de Netflix es paradigmático: la compañía anunció en abril que había duplicado la cantidad de nuevos suscriptores prevista para el primer trimestre de 2020, sumando 16 millones de clientes. La situación es similar en otras empresas del rubro. Para esa misma época Cinear Play, la plataforma de contenidos del Incaa, también informó que había duplicado su cantidad de suscriptores (50 mil incorporaciones). Otras plataformas, como Qubit, Mubi, Prime Video, Apple+, Google Play, YouTube o Movistar+, también se vieron beneficiadas por el cierre de las salas de cine y el confinamiento general.

En el terreno de la producción hubo apenas un puñado de iniciativas realizadas sobre todo gracias al impulso personal de los artistas involucrados. Se trata de creaciones corales, integradas por cortos dirigidos por distintos cineastas y realizados bajo las condiciones que impuso la pandemia. En el marco internacional se puede mencionar la antología Hecho en casa, producida para Netflix por el chileno Pablo Larraín, de la que participaron 17 directores de todo el mundo, entre los que se destacan Naomi Kawase, Sebastián Lelio, Nadine Labaki, Ladj Ly y Paolo Sorrentino.

En la Argentina se estrenaron al menos dos películas con este formato. La primera de ellas fue Las fronteras del cuerpo, integrada por quince microrrelatos filmados desde el encierro en diferentes partes del país, por directores como Nicolás Alonso, Andrés Habbeger, Silvia Di Florio, Nicolás Herzog, Paulo Pécora, Mariana Russo y Melina Terribili, entre otros. La última, titulada Murciélagos, contó con el apoyo de Amnistía Internacional y la participación de ocho cineastas (Paula Hernández, Hernán Gerschuny, Baltazar Tokman, Tamae Garateguy, Daniel Rosenfeld, Connie Martín, Azul Lombardía, más la dupla Diego Fried/Martin Neuburger) y un elenco que incluyó a Oscar Martínez, Luis Ziembrowski, Carlos Belloso y Moro Anghileri, entre otros.

sábado, 18 de julio de 2020

CINE - Representación de la comunidad LGBTQ en las películas de Hollywood: Desaprobado otra vez

Todos los años, la Alianza de Gays y Lesbianas Contra la Difamación (GLAAD, según su sigla en inglés) presenta un informe en el que evalúa de qué modo es retratada la comunidad LGBTQ en el mundo del cine. Para ello, esta organización estadounidense fundada en 1985 realiza una encuesta en la que analiza el conjunto de películas estrenadas por los grandes estudios de Hollywood durante la última temporada, con el fin de determinar qué tan amplia y correcta ha sido la representación de las diferentes identidades de género. A partir de los resultados obtenidos, expresados en términos porcentuales, la entidad califica a las empresas productoras con el fin aprobar o desaprobar el trabajo realizado.
En el último informe, presentado el jueves y cuya muestra incluye 118 títulos estrenados, la presidente de GLAAD, Sarah Kate Ellis, afirma que en 2019 "a pesar de haber un porcentaje récord de películas que incluyen a los LGBTQ, la industria aún tiene un largo camino por recorrer en términos de representar de manera justa y precisa a la comunidad”. El estudio presentado concluye por un lado que la representación de las diferentes identidades en las películas de los principales estudios alcanzó un nuevo máximo de 22 películas, lo cual representa un 18,6% del total. La cifra resulta superior a la del informe 2018, donde solo 20 de un total de 110 películas (18,2%) tenían personajes LGBTQ.
Al mismo tiempo, la organización se manifiesta preocupada por la disminución en la representación de lesbianas y bisexuales. Según sus datos, los hombres gay aparecieron en 15 de las 22 películas inclusivas (68%), un aumento en comparación con el 55% del año pasado. En tanto que la representación de las lesbianas se redujo a sólo ocho títulos, que equivalen al 36% de la lista de películas inclusivas, contra el 55% de 2018. Asimismo, la representación de los bisexuales cayó ligeramente al 14% de las películas inclusivas de 2019, contra el 15% del año anterior. En la misma dirección, Ellis señaló que por tercer período consecutivo "no hubo ninguna película de los principales estudios con personajes transexuales”, situación que calificó como “decepcionante”.
Como en años anteriores, drama y comedia fueron los géneros más inclusivos en 2019, seguidos por otros como la acción, el fantástico o el terror. Dentro del drama, GLAAD destaca títulos como El buen mentiroso (Warner) o El escándalo (Lionsgate); entre las comedias, Chicos buenos (Universal), Booksmart (United Artist) y el musical basado libremente en la vida de Elton John, Rocketman (Paramount). Mientras que en el terreno de los films de terror o acción, el informe menciona a It Capítulo 2 (Warner), dirigida por el argentino Andy Muschietti, donde entre otras cosas un personaje interpretado por el cineasta Xavier Dolan (conocido por el abordaje de temáticas LGBTQ en sus películas) es asesinado a causa de su identidad sexual, o la nueva versión de Los ángeles de Charlie (Sony).
Entre sus datos, la encuesta menciona que sólo nueve de las películas comprendidas en el seguimiento del año pasado incluían un personaje LGBTQ que tuviera más de diez minutos de tiempo de pantalla. En tanto que más de la mitad de los personajes LGBTQ recibieron menos de tres minutos de tiempo total de pantalla, con 21 de ellos apareciendo por menos de 60 segundos. A este último grupo pertenecen, por ejemplo, los grandes tanques de los estudios Disney como Toy Story 4, Avengers: Endgame o La Guerra de las Galaxias: El ascenso de Skywalker. Entre los estudios, Paramount Pictures es el que tuvo el mayor porcentaje de películas con contenido LGBTQ (tres títulos, que equivalen al 33% de sus estrenos de 2019), mientras que Lionsgate es la que aportó el mayor volumen con cinco títulos, que representan el 25% de su lista.
En vista del panorama arriba descripto, GLAAD dio a todos los estudios bajas calificaciones. A partir de las representaciones incluidas en sus películas, las productoras Lionsgate, Paramount, United Artists y Universal fueron calificadas como "insuficientes", mientras que las Sony Pictures y Walt Disney Studios recibieron la calificación de "pobres". En tanto que STX Films fue el único sello que obtuvo un "reprobado", ya que ninguna de sus películas de 2019, entre las que es posible mencionar a Las estafadoras de Wall Street, incluía personajes LGBTQ. Entre las compañías independientes, el informe destaca a The Cinema Guild por haber distribuido en Estados Unidos la película argentina Fin de siglo. Ganadora del premio a Mejor Película de la Competencia Argentina del Bafici 2019, el film dirigido por Lucio Castro cuenta una historia de amor gay incluyendo cuya trama incluye elementos fantásticos.
La principal herramienta utilizada por GLAAD para analizar a las películas en cuestión es la Prueba Vito Russo, un mecanismo inspirado en el famoso Test de Bechdel creado para evaluar la forma en que los personajes femeninos son representados dentro de una narrativa. Para pasar la Prueba Vito Russo una película debe cumplir con las siguientes condiciones: 1) Tener al menos un personaje que sea identificable como lesbiana, gay, bisexual o transgénero. 2) Ese personaje no debe ser definido solo por su orientación sexual o identidad de género, sino que debe poseer otras características que le sumen más de una dimensión. 3) El personaje LGBTQ debe ser parte crítica de la trama, de modo que la misma no tendría sentido si fuera extraído. Es decir, debe tratarse de caracteres cuyo aporte vaya más allá de los comentarios coloridos, la autenticidad urbana o de la mera función de rematar los chistes. El informe completo puede consultarse en www.glaad.org/sri/2020. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

martes, 7 de julio de 2020

CINE - Murió Ennio Morricone: El largo silbido del adios

Realícese el siguiente experimento. Paso 1: ir al buscador de imágenes de Google y escribir “Clint Eastwood con poncho”. Paso 2: abrir la primera foto que aparezca. Paso 3: dejar que la memoria encuentre el sonido adecuado para esa imagen. Si lo primero que le viene a la mente no es una pegadiza melodía silbada –la misma que en los años ’80 acompañaba las aventuras de un explorador rubio en las propagandas televisivas de una conocida marca de cigarrillos que tiene a un dromedario como emblema—, entonces usted se ha perdido de algo importante. Por lo pronto, es probable que no conozca la obra de quien ha sido el compositor de bandas sonoras para cine más importante de los últimos 60 años. Y tal vez el más influyente en la historia del séptimo arte. Una afirmación arriesgada, pero el nombre de Ennio Morricone, fallecido ayer en la ciudad de Roma a los 91 años, justifica con creces el atrevimiento. Y que los barrabravas de John Williams vengan de a uno...
La melodía a la que se hace referencia en el párrafo anterior (cuya frase más reconocida imitaba al famoso grito con el que el austríaco Johnny Weissmuller inmortalizó al personaje de Tarzán) es la que este músico italiano compuso para la secuencia inicial de El bueno, el malo y el feo (1966), título que cierra la célebre Trilogía del Dólar, de Sergio Leone. Junto a este cineasta romano formaron una dupla creativa tan simbiótica como fenomenal, que había nacido algunos años antes, con la película Por un puñado de dólares (1964). Se trata de la primera del tríptico mencionado, en la que ambos aparecían con los seudónimos de Bob Robertson y Dan Savio, como parte de una estrategia de marketing usual en las producciones italianas de bajo presupuesto, tendiente a disimular el origen de la película y aumentar las posibilidades de hacerla circular en el mercado internacional. Algo que finalmente consiguieron con bastante éxito, aunque el asunto de los nombres falsos no tuvo nada que ver con eso.
Es que no solo la película era muy buena, sino que además tenía al mejor protagonista posible. Sí, Clint Eastwood con poncho, quien a partir de ahí empezaría su recorrido de estrella. La colaboración entre Leone y Morricone abarcó un total de seis películas, todas ellas extraordinarias y todas con una banda sonora sumamente distintiva, que interpretaba con gran precisión el espíritu emotivo de cada una. Además de las ya mencionadas, la lista se completa con Por unos dólares más (1965), Érase una vez en el oeste (1968), Los héroes de Mesa Verde (1971) y Érase una vez en América (1984). No es muy útil en estos casos utilizar argumentos contra fácticos, pero la tentación es muy grande: quién sabe si Leone y Morricone hubieran llegado a convertirse en las leyendas que son sin aquellas seis colaboraciones.
En el caso de Morricone la colaboración con Leone significó la puerta de entrada a las grandes industrias del cine en el resto de Europa y, sobre todo, de los Estados Unidos. Antes de eso había colaborado en una veintena de producciones de su país, en las que se destaca su trabajo en la ópera prima de la directora Lina Wertmüller (Los zánganos, 1963), la comedia Los maniáticos (1964) de Lucio Fulci, y Antes de la revolución (1964), opus dos de Bernardo Bertolucci. Con todos ellos volvería a trabajar, destacándose sus colaboraciones con Bertolucci: El doble (1968), Novecento (1976), La luna (1979) y La tragedia de un hombre ridículo (1981). Aunque también colaboraría con algunos de sus compatriotas más destacados, como Gillo Pontecorvo (La batalla de Argelia, 1966; o Queimada!, 1969), Marco Bellocchio (La China se avecina, 1967), Marco Ferreri (El harem, 1967), Mario Bava (Diabolik, 1968), Pier Paolo Pasolini (Teorema, 1968; Orgía, 1968; El Decamerón, 1971; Los cuentos de Canterbury, 1972), Darío Argento (El pájaro de las plumas de cristal, 1971; El gato de las nueve colas, 1971, Cuatro Moscas sobre el terciopelo gris, 1971) e innumerables trabajos con los otros dos grandes Sergio del spaghetti western: Corbucci (El gran Silencio, 1968; El mercenario, 1968, entre otros) y Sollima (Ajuste de cuentas, 1966, y Cara a cara, 1967, entre otros). Y eso solamente en la primera década de su carrera.
Por esos mismos años realizó su primer trabajo para Hollywood y fue a lo grande. Se trata de La Biblia… en el principio (1966), una de esas épicas religiosas tan populares en la década de 1960, dirigida nada menos que por John Houston. Por desgracia, su trabajo fue rechazado por el director cuando Morricone tenía ya compuestos unos 15 minutos de música y se decidió reemplazarlo por el compositor japonés Toshiro Mayuzumi. El golpe implicó que su llegada a las grandes producciones estadounidenses se demorara. Recién lo haría en películas de segunda línea, como la fallida secuela de El exorcista dirigida por John Boorman en 1977, u Orca, la ballena asesina (1977), clásico de la televisión de los años ’80. Su primer gran trabajo en Estados Unidos fue sin dudas Días de gloria (1978), segunda película de Terrence Malick, por la que recibió su primera candidatura a un Oscar como compositor, premio que finalmente se llevó Giorgio Moroder por Expreso de medianoche (Alan Parker). Con el tiempo le llegarían otras cinco oportunidades.
A partir de ahí el panorama cambió para Morricone, que ya tenía 50 años. Si bien seguía trabajando sobre todo en Italia, alternado entre grandes directores (Pontecorvo, los hermanos Taviani), películas independientes y producciones de exploitaiton, de a poco comenzó a ser convocado para grandes proyectos internacionales. La jaula de las locas (Francia, 1978), El Profesional (con Jean Paul Belmodo, 1981), Perro Blanco (Samuel Fuller, 1982) o El marginal (Jaques Deray, 1983, con Belmondo otra vez como héroe de acción). El caso de El enigma de otro mundo (John Carpenter, 1982), es especial por dos razones. La primera es que le llegó luego de que el encargo fuera rechazado por otro de los grandes compositores de su generación, Jerry Goldsmith. Además Carpenter era un gran admirador de la obra de Morricone, a tal punto que utilizó "El tema de Jill", una de las piezas que el italiano compuso para El bueno, el malo y el feo, para entrar a la iglesia en celebración de su matrimonio con su primera esposa, Adrienne Barbeau.
Durante la segunda mitad de los ’80 la cantidad de trabajo menguó, pero aumentó muchísimo la calidad de las producciones que demandaban sus servicios. Películas inolvidables como La misión (Rolan Joffe, 1986), Los intocables (Brian De Plama, 1987), Rampage (William Friedkin, 1987), Búsqueda frenética (Roman Polanski, 1988), Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), Pecados de guerra (otra vez De Palma, 1989) y Átame (Pedro Almodóvar, 1989) constituyen una seguidilla tremenda que sirve para ejemplificar el enorme respeto que comenzaron a tener por su trabajo los más importantes directores de la época. Con casi todos ellos volvería a trabajar en los siguientes años. Además en este período volvió a ser nominado dos veces a un Oscar: por La Misión (lo ganó Herbie Hancock por Cerca de la medianoche, de Bernard Tavernier) y Los intocables (el premio se lo llevó el japonés Ryuchi Sakamoto por El último emperador de Bertolucci).
En los primeros ’90 su carrera se mantuvo firma, agregando otros directores destacados a su lista, además de una nueva nominación a los Oscar como compositor. En la línea de fuego (Wolfgang Petersem 1993, con Eastwood otra vez como protagonista), la olvidable Lobo (Mike Nichols), en la que Jack Nicholson hace de licántropo o el Hamlet (1990) de Franco Zefirelli, con Mel Gibson como el príncipe de Dinamarca. Y dos trabajos con Barry Levinson: Acoso sexual (1994) y el musical Bugsy (1991), que le significó otra nominación y una nueva decepción en los Oscar. Esta vez frente a la banda sonora de una película animada de Disney, La bella y la bestia.
La permanente negativa de la Academia de Hollywood a concederle uno de sus premios comenzó a volverse ridícula, más allá de lo democrático del sistema que se utiliza para elegir a los ganadores o de la justicia de quienes lo recibieron en lugar de él. Esa sensación se profundizó después de que en 2001 esa sequía se extendería a su quinta nominación, recibida por Malena, otra película de Tornatore (esta vez la gloria se la llevó la partitura de la épica de Ang Lee, El tigre y el dragón). Porque la extraordinaria carrera de Morricone acumulaba otros premios importantes, entre ellos tres Grammy, cuatro Globos de Oro y un León de Oro honorífico otorgado por la Mostra de Venecia en 1995, además de 27 discos de oro y siete de platino. Por eso no resultó extraño para nadie que en 2007, cuando el músico tenía casi 80 años, la entidad decidiera concederle uno de esos famosos Oscar honoríficos con los que tratan de resolver sus innumerables deudas históricas. Sin ir más lejos su compatriota Federico Fellini, gloria del cine de su país, había recibido uno igual en 1993, pocos meses antes de su muerte, tras 12 nominaciones sin llevarse ninguna estatuilla a casa.
Pero, un día, casi una década más tarde, pasó lo que tenía que pasar: Morricone volvió a ser nominado, esta vez por Los ocho más odiados (2015), un western de Quentin Tarantino –otro admirador—, por el que finalmente resultó elegido. Su nombre forma parte de una generación asombrosa de compositores que supieron darle al cine una nueva identidad. Realizar la enumeración permite tomar dimensión de todo lo que el séptimo arte le debe a los músicos y, sobre todo, a la música. Morricone fue contemporáneo de Henry Mancini (Estados Unidos, 1924-1994, 18 nominaciones y 4 Oscar), Maurice Jarre (Francia, 1924-2009, 9 nominaciones y 3 Oscar), Burt Bacharach (Estados Unidos, 1928, 6 nominaciones y 3 Oscar), Jerry Goldsmith (Estados Unidos, 1929-2004, 18 nominaciones y 1 Oscar), Michel Legrand (Francia, 1932-2019, 13 nominaciones y 3 Oscar), John Williams (Estados Unidos, 1932, 52 nominaciones y 5 Oscar), John Barry (Reino Unido, 1933-2011, 7 nominaciones y 5 Oscar) y de los argentinos Lalo Schiffrin (1932, 6 nominaciones y 1 Oscar honorario) y Luis Bacalov (Argentina, 1933-2017, 2 nominaciones y 1 Oscar). Su nombre en esta lista impresionante no hace más que seguir destacando la importancia y la trascendencia de su obra,  que incluye más de 500 películas y que, por supuesto, el cine ya se encargó de convertir en inmortal. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

martes, 17 de marzo de 2020

CINE - Para pasar la cuarentena, productores de cine ofrecen sus películas online

La crisis sanitaria producida por la veloz expansión del virus gripal Covid-19, conocido popularmente como Coronavirus, ha producido severas consecuencias que van mucho más allá del estricto ámbito de la salud. En la economía hace rato se empezaron a sentir los efectos provocados por la caída de las actividades comerciales y laborales, y lo mismo ocurre en el territorio cultural. La suspensión de actividades colectivas que incluye el cierre de los museos, las salas de exposición y de conciertos, de los teatros y de los cines ha dejado a sus públicos sin sus espacios de ocio y consumo artístico. Pero como la Edad Media es cosa del pasado y ahora existe internet, algunos de ellos pueden encontrar ahí un placebo para minimizar los efectos colaterales y el síndrome de abstinencia provocado por una cuarentena que sin declararse oficialmente ya se hace sentir en los hechos. Dadas las circunstancias, las plataformas de streaming se han convertido en un salvavidas virtual, al menos para los cinéfilos y melómanos, cuyos objetos de deseo que no dependen exclusivamente del contacto en vivo y en directo con los artistas.
La Argentina, a través de su Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), ha sido pionera en eso de buscarle una alternativa al cierre de las salas y la suspensión temporal del calendario de estrenos. En un comunicado emitido el lunes, luego de la conferencia del presidente Alberto Fernández, el Incaa ofreció el espacio de Cine.ar, la plataforma de streaming de contenido exclusivamente nacional, a todas las películas que se encuentran actualmente en cartel y a aquellas cuyos estrenos estaban programados dentro de las próximas dos semanas. El compromiso incluye destinar la totalidad de lo recaudado por esa vía a los productores de cada una. Vale recordar que el costo para ver un estreno a través de Cine.ar es de apenas $30. Entre las películas que ya están disponibles se encuentra La sombra del gallo, policial dirigido por Nicolás Herzog, estrenado el jueves pasado, que aborda el tema de los femicidios y pone en cuestión la cuestión de la masculinidad y la culpa.
Quien también sorprendió con una idea similar fue el prestigioso cineasta Mariano Llinás, quien desde la cuenta de Twitter de su productora EL Pampero Cine, anunció que en breve subirá su última película, la maratónica La Flor, cuya duración supera las 14 horas, para que quien quiera pueda verla de forma gratuita durante el tiempo que dure “la cuarentena”. El texto publicado dice: “OK. El Pampero Cine y Piel de Lava (el grupo de actrices conformado por Pilar Gamboa, Laura Paredes, Elisa Carricajo y Valeria Correa) anuncian que, frente a los reiterados pedidos, han decidido poner a disposición pública y gratuita a la otrora inaccesible La Flor durante el tiempo que duren las medidas de confinamiento. Ello habrá de suceder PRÓXIMAMENTE”.
La Flor es la tercera ficción dirigida por Llinás, un relato monumental desde lo cinematográfico que reúne un total de seis episodios. Y si bien cada uno de ellos podría ser una película con un valor independiente, conforman una unidad que se dispara en todas las direcciones narrativas posibles. Un producto solo posible gracias a la megalómana y aventurera generosidad de un director acostumbrado a desafiarse a sí mismo con proyectos irrealizables que, sin embargo, siempre consigue completar. Habrá que estar atentos a las novedades que puedan llegar a través de las redes de El Pampero Cine.
En los Estados Unidos parecen haber llegado por otros medios a la misma conclusión. Al menos eso demuestra la decisión tomada también hoy por NBCUniversal, uno de los gigantes de las comunicaciones estadounidenses, quienes decidieron que sus próximos estrenos se realicen tanto en salas de cine como en diversos sistemas de streaming y alquiler on line bajo demanda. Eso incluye algunos de sus últimos estrenos como la nueva versión del clásico El hombre invisible, que llegó a las pantallas locales hace dos semanas, o La cacería, cuyo desembarco en la Argentina estaba previsto para finales de abril, o algunos de los blockbusters que tienen en su agenda inmediata, como la película animada Trolls World Tour, programada para principios del mes que viene en todo el mundo.
El comunicado emitido por NBCUniversal, firmado por su CEO Jeff Shell, dice que "Dada la rápida evolución y los cambios sin precedentes en la vida diaria de los consumidores durante este difícil momento, la compañía consideró oportuno ofrecer esta opción tanto en el hogar como en los cines”. El cierre del anuncio conjuga la esperanza con una razonable mirada del presente: "Esperamos y creemos que la gente seguirá yendo al cine en los lugares en donde eso sea posible, pero también entendemos que para los espectadores en diferentes áreas del mundo eso es cada vez más difícil". Claro que casi nada en la vida es gratis y menos en Estados Unidos. Lejos de los precios más que accesibles de la plataforma Cine.ar o del filantrópico gesto de Llinás de ofrecer su trabajo sin costo alguno para el espectador, el alquiler online de estos estrenos de Universal tendrá un costo de 19,99 dólares dentro de su país y valores equivalentes en el resto del mundo en donde la oferta esté disponible. Más o menos lo que cuestan cuatro entradas de cine en la Argentina sin incluir ninguna promoción tipo 2x1 o similares, como las que habitualmente están disponibles en todos los complejos multisalas.  

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar

lunes, 16 de marzo de 2020

CINE - Por el coronavirus los estudios Universal estrenarán sus películas de forma simultanea en cines y streaming

La compañía NBCUniversal anunció hoy que, a causa de la crisis provocada por la rápida expansión del virus Covid-19, conocido como coronavirus, los próximos estrenos de las películas producidas por los estudios Universal, pata cinematográfica del grupo, se realizarán de manera simultánea en las salas de cine del circuito comercial y a través de las plataformas de streaming o alquiler bajo demanda. El anuncio especifica que se trata de una movida limitada al lanzamiento inminente de algunos títulos, afectados por el particular escenario inmediato, y no de una política general para todo el calendario de estrenos programados para 2020. La duración de la iniciativa aún no está resuelta, como tampoco a cuántos títulos se aplicará.
Con esta decisión, anunciada por el CEO Jeff Shell, NBCUniversal busca paliar, al menos de manera parcial, la caída del consumo cinematográfico a partir del masivo cierre preventivo de los complejos de exhibición en todo el mundo. Entre los títulos incluidos se encuentra el blockbuster infantil Trolls World Tour, una de las grandes apuestas de la empresa para la temporada de primavera en el hemisferio norte, cuyo estreno está previsto en todo el mundo a comienzos de abril. La medida alcanza también a películas que se sumaron recientemente a las carteleras, como El Hombre Invisible, estrenada hace dos semanas en la Argentina, o La cacería, cuyo estreno local estaba originalmente previsto para el 23 de abril.
Las películas estarán disponibles en una amplia variedad de servicios de alquiler online a un precio sugerido de 19,99 dólares dentro de los Estados Unidos, o a un valor equivalente en los mercados internacionales. De esta forma la empresa espera ofrecer opciones a todos aquellos consumidores que no puedan o no deban ir a los cines debido a las medidas adoptadas para minimizar el impacto de la crisis sanitaria.
"Dada la rápida evolución y los cambios sin precedentes en la vida diaria de los consumidores durante este difícil momento, la compañía consideró oportuno ofrecer esta opción tanto en el hogar como en los cines. NBCUniversal continuará evaluando el entorno a medida que las condiciones evolucionen y determinará la mejor estrategia de distribución para cada mercado, de acuerdo a como la situación actual se vaya modificando", se lee en el comunicado de la compañía. "Esperamos y creemos que la gente seguirá yendo al cine en los lugares en donde eso sea posible, pero también entendemos que para los espectadores en diferentes áreas del mundo eso es cada vez más difícil", concluye.
La medida presentada por la empresa estadounidense es similar a la que en la Argentina adoptaron las autoridades del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa). A través de un comunicado difundido el día de ayer, en el que se determinó el cierre de todas las salas de cine, el Incaa pone a la plataforma Cine.ar a disposición de todas aquellas películas nacionales actualmente en cartel, o cuyos estrenos estuvieran programados dentro de los próximos 14 días, comprometiéndose a poner el total de lo recaudado por esa vía a disposición de las empresas productoras de cada una.
Las nuevas políticas de emergencia que los estados nacionales están poniendo en práctica para enfrentar la pandemia hacen que la industria del cine, una de las más poderosas de los Estados Unidos, se enfrente a una situación crítica que no tiene precedentes en su historia. Ya son 32 o más países los países que, como la Argentina, han decretado la suspensión total de las actividades públicas colectivas, que entre otras cosas incluye el cierre de las salas de cine. Una medida que también ha sido adoptada de manera parcial por otros 15 territorios y que se espera se traslade a muchos más.
Dentro de los Estados Unidos ya se ha ordenado el cierre de salas comerciales en ciudades como Nueva York y Los Ángeles, y es muy probable que la mayoría de los cines del país, si no todos, sigan esa misma línea en el transcurso de esta semana. Mientras se evalúa esta decisión, las salas que todavía permanecen abiertas han limitado su capacidad a un máximo de 50 personas por proyección. Todo eso equivale a pérdidas multimillonarias para los grandes estudios de Hollywood, que son los que dominan de forma casi hegemónica el mercado global de la exhibición.
Durante el último fin de semana, los ingresos de la taquilla norteamericana cayeron a su nivel más bajo de los últimos 20 años, panorama que se replica de manera casi idéntica en las boleterías del resto del mundo. La decisión de la NBCUniversal representa una alternativa a la política de retraso del calendario de estrenos que hasta ahora vienen llevando adelante los grandes estudios de Hollywood. La propia Universal ya retrasó el lanzamiento del nuevo episodio de la saga Rápido y Furioso de finales de mayo de 2020 para abril de 2021, mientras que Disney retrasó el de Mulan y Paramount el de Un lugar en el silencio Parte 2. La MGM había sido el primer estudio en realizar un cambio de esa naturaleza, moviendo el estreno de Sin tiempo para morir, la nueva película de James Bond, de finales de abril al mes de noviembre.
La iniciativa de NBCUniversal podría cambiar esa política de retrasos, pero al mismo tiempo generar rispideces en el vínculo con los exhibidores, una parte fundamental en la industria del cine, quienes hasta ahora se negaron a estrenar películas que tuvieran un lanzamiento paralelo en las plataformas de streaming o de alquiler bajo demanda.
NBCUniversal es uno de los grandes gigantes de la comunicación es los Estados Unidos. El conglomerado incluye a la cadena de televisión NBC, al operador de cable Comcast y las empresas de Universal vinculadas al cine y a la música. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 24 de febrero de 2020

MEDIOS - Robots, el fantasma laboral del siglo XXI: Entrevista a Ingrid Sarchman

La investigadora y docente de la UBA Ingrid Sarchman analiza el impacto del uso de la tecnología en el ámbito del periodismo y la comunicación, atendiendo al modo en que podría afectar la relación laboral entre los grandes conglomerados mediáticos y sus trabajadores, pero tratando de evitar los excesos de la tecnofobia.


La tecnofobia es un mal de época que ya lleva más de dos siglos produciendo paranoias. Desde la explosión de la Revolución Industrial en Europa, a finales del siglo XVIII, pasando por el auge del fordismo y las líneas de montaje, hasta llegar a la automatización de la industria en la actualidad, las máquinas se han convertido en una presencia cada vez más familiar y cotidiana. En el mismo proceso, el miedo a que la tecnología acabe desplazando al hombre de los procesos de producción se ha instalado en la humanidad como una amenaza cada vez más concreta. Es cierto que la realidad alcanza por si sola para justificar la desconfianza, pero no ha sido ese el único elemento que contribuyó a cimentar semejante recelo.
El tema ha sido además alimento de innumerables fantasías distópicas, que se han manifestado a través de la ciencia ficción sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, a partir de novelas y películas que lo han convertido en uno de los temores colectivos más recurrentes. Y redituables: títulos como Westworld (Michael Crichton, 1973), Blade Runner (Ridley Scott, 1982, basada en la novela de 1968, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick), Terminator (James Cameron, 1984) o Mátrix (Lana y Lilly Wachowski, 1999), entre otros, han llegado a convertirse en verdaderos hitos de la cultura pop y en muchos casos en grandes éxitos comerciales. Sus historias se enfocan invariablemente en la suposición de que un enfrentamiento entre hombres y máquinas aparece en el horizonte de la historia como un cataclismo que no hay forma de evitar.
Si algo le faltaba al mundo del periodismo, cuya actualidad y futuro son por lo menos sombríos, era sumar a la ecuación de la precarización laboral, los despidos y el achicamiento o cierre de las redacciones ese miedo a ser reemplazado por máquinas. Pero el momento tan temido está ahora a la vuelta de la esquina. En los últimos años varias empresas periodísticas, como la agencia estatal de noticias china Xinhua y la británica Reuters, han creado robots virtuales generados por plataformas de Inteligencia Artificial (IA) que trabajan con la tecnología Deep Learning, que a partir de procesos algorítmicos son capaces de producir sus propios informes periodísticos y presentarlos en video a través de una interfaz de aspecto humano. Una herramienta que permitiría automatizar la cadena del flujo informativo, al mismo tiempo que reduciría los costos de los grandes conglomerados de medios, cuyos representantes andan siempre calculadora en mano, viendo de qué manera pueden ahorrarse algunos de los pesos destinados a sostener sus recursos humanos y a maximizar las ganancias.
“El surgimiento de estas tecnologías es el resultado de procesos largos que se sostienen en la feliz convivencia entre hombre y máquina”, afirma Ingrid Sarchman, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires en la carrera de Comunicación, en una charla vía Whatsapp con Tiempo Argentino.” Si por un lado la visión humanista creía que había una supuesta naturaleza humana que las máquinas alteraban (y alteran), muchos autores y posturas asumen en cambio que puede existir una colaboración y cooperación entre ambos”, agrega. “Esta idea optimista de cooperación deja de lado toda esa imaginación técnica propia de la ciencia ficción, relacionada con el miedo a la máquina, a la idea de que los robots invadirán el planeta. Fantasías que en nuestras sociedades capitalistas tardías se traducen en la idea de que los hombres perderán su trabajo”, continúa Sarchman.  

-¿Pero en ese caso no habría también que tener en cuenta que quienes impulsan proyectos como este son las mismas empresas que manejan el poder en ese capitalismo tardío?
-Claro, pero en esas visiones optimistas las personas van a reconfigurase y a adaptarse a estos nuevos medioambientes. El malestar real surge en el paso que va de la teoría a la práctica. Porque en la práctica a las megaempresas no les interesa capacitar a sus recursos humanos para que cumplan otras funciones, sino que tienden a expulsarlos, especialmente cuando cumplen determinada edad.  
-Entonces no se trata de simple paranoia sindical, sino del miedo a una posibilidad real de perder la batalla por los recursos económicos en la competencia contra las máquinas.
-El tema es que cuando pensamos en estas novedades técnicas es importante no pararse en esa mirada apocalíptica de "nos invaden las máquinas". A mí no me gusta esa postura de una falsa nostalgia por un pasado atecnológico. Eso no significa que crea que en el futuro podamos vivir en armonía, porque seguramente en esa disputa muchos van a quedar en el camino, en especial los viejos y los pobres, que son los que menos acceso tendrán a esas tecnologías.  
-Por ese camino es inevitable no pensar en un futuro deshumanizado.
-Insisto que cuando se piensan los procesos largos de innovación tecnológica no se lo puede hacer solo desde la concepción "humanista simple". Los ludditas son un ejemplo de esa resistencia.

El Luddismo fue un movimiento que se dio en Inglaterra a comienzos del siglo XIX, en el auge de la Revolución Industrial, inspirado en Ned Ludd, un obrero que alcanzó estatura mítica por realizar acciones tendientes a boicotear el uso de maquinaria en los procesos industriales. A pesar de que su existencia histórica no ha sido probada, la figura de Ludd se convirtió en una suerte de Robin Hood de la clase obrera y su influencia sirvió para que en torno a ella se nucleara la resistencia de obreros y artesanos en la defensa de sus puestos de trabajos. Que los ludditas sean hoy un movimiento prácticamente olvidado puede ser interpretado como una prueba de su derrota y del triunfo de un capitalismo tecnocrático.
“El asunto es pensar a qué se alude cuando se habla de 'lo humano' y si realmente existe una supuesta naturaleza humana que la máquina viene a corromper y alterar”, completa Sarchman, quien junto a su colega Margarita Martínez escribió el libro La imprevisibilidad de la técnica, que en breve será publicado por UNREditora, la editorial de la Universidad Nacional de Rosario.

-Quizá no estaría mal empezar a pensar el asunto desde la perspectiva de los viejos y los pobres, que según usted afirma serían los primeros desplazados.
-La cuestión entonces es pensar en que estas innovaciones debería venir en combo con un cambio de la idea de trabajo. Es decir, la innovación por la innovación misma olvida que es necesario reformular la idea de trabajo. Y por eso si no lo pensás a largo plazo está claro que vas a dejar a muchos afuera. Hay un ejemplo mucho más cercano. ¿Viste que en los supermercados hay varias cajas automáticas donde vos mismo te facturás la compra? Hoy se necesitan menos cajeras.  
-Según esa lógica deberíamos pensar que en el periodismo tal como está configurado hoy se necesitan menos periodistas, a tal punto que da lo mismo que las noticias las dé una máquina o una persona.
-No lo diría en esos términos, sino que lo que se necesita es una reformulación de lo que hace o debería hacer el periodista y cuál es el plus humano.  
-¿Qué análisis puede hacerse estrictamente en términos de la comunicación?
-Queda claro que si a partir de hoy el robot pasa a hacer el trabajo humano no solo cambia el trabajo, sino que también cambia el hombre y en este caso hasta podríamos pensar que también cambia la idea de receptor. Porque si cambia el relator, con él cambian las audiencias, el oído, lo que se espera de quien relata. Si vos como audiencia estás acostumbrado a ver películas dobladas y de pronto todas las películas son subtituladas, vas a tener que cambiar tu manera de consumir cine.  
-En el caso del robot presentado por la agencia Reuters se trata de un dispositivo programado para generar resúmenes de partidos de fútbol, pero con un enfoque que atiende a la acumulación de datos estadísticos y que al mismo tiempo se desentiende del relato, de la narración que producen los cuerpos de los jugadores cuando entran en acción.
-Para pensar en eso quizá primero es mejor determinar qué es lo que distingue a un buen relator de uno mediocre. ¿Creés que ninguna máquina hubiera podido decir lo de "barrilete cósmico"? ¿Podríamos pensar que en el futuro la IA va a ser tan sofisticada que logre decodificar la genialidad de Víctor Hugo?  
-Calculo que vamos en camino a que eso también sea posible.
-Creo que desde la filosofía de la técnica es imposible valorar los procesos en términos de buenos y malos, así como no se puede pensar en que existe una naturaleza humana que la técnica modifica y en el peor de los casos, corrompe.
-Pero el algoritmo solo puede trabajar a partir de lo que ya ocurrió, no puede improvisar o imaginar opciones que no sean las que ya tuvieron lugar y están documentadas.
-Entonces podría pensarse que lo que hace a la naturaleza humana es esa imprevisibilidad y tal vez ese sea su valor agregado. El hecho que de manera inentendible a Víctor Hugo se le haya ocurrido la frase "barrilete cósmico". Para mí estas son las cosas que obligan a repensar qué lugar y de qué manera podemos abordar a la naturaleza humana, y cómo se va modificando en esa relación con la máquina. Porque ya no pensamos igual y hasta usamos una tecnología que los periodistas de hace 20 años no tenían. Hoy podes armar una nota con video, voz y letra sin moverte de tu casa. Y de hecho estamos teniendo esta conversación a través de Whatsapp.  
-En el robot de Reuters también es notorio el hecho de que funciona a partir de una prevalencia del cálculo sobre el relato e incluso de la lógica sobre la emoción.
-Esa es una de las cosas más interesantes para pensar, porque obliga a definir el campo de la comunicación. ¿Qué elementos se ponen en juego en la escena comunicacional? ¿Las emociones podrían ser transmitidas por máquinas? Como dije antes, en principio podríamos pensar que existe una dimensión a la que la máquina no puede acceder. La imprevisibilidad, eso que hace que algo pase por única vez. Entonces te hago una pregunta que tal vez pueda ayudar a pensar el tema: ¿por qué la gente elige a un relator o a otro? ¿Qué buscan en Víctor Hugo o qué buscaban en Muñoz?  
-Creo que lo que se busca es a alguien capaz de contar el cuento del fútbol de forma maravillosa.
-Es bueno eso: todos queremos que nos cuenten cuentos. Para mí, y es una teoría personal, si hay algo que las personas podemos hacer mucho mejor que las máquinas es inventar historias, adornarlas, usar palabras que en principio no tienen relación. Insisto con el ejemplo del barrilete cósmico porque me parece una gran frase. Entonces creo que estas tecnologías nos enfrentan mucho más con preguntas acerca de las capacidades y las posibilidades humanas que con el miedo o el rechazo a la máquina. 

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar.