lunes, 26 de junio de 2017

LIBROS y CINE - Harry Potter cumplió 20 años: La magia que multiplicó libros, películas y dólares

Desde hace casi un siglo Carlos Gardel es la fuente ineludible a la hora de confirmar aquello de que 20 años no son nada, idea expresada en la letra inolvidable de “Volver”, uno de los tangos más populares compuestos por la mítica dupla creativa que integró junto al compositor Alfredo Le Pera. Pero a partir de ahora también se podrá consultar a Harry Potter. Es que hoy se cumplen dos décadas exactas desde que la editorial británica Bloomsbury lanzara la primera edición de Harry Potter y la piedra filosofal, el volumen inicial de la saga que revolucionó el mercado y la industria editorial a fines del siglo XX.
Cuenta la historia que el manuscrito de dicha novela había sido rechazado una docena de veces por distintas casas editoras, hasta que Bloomsbury se animó a jugársela y publicar el libro de una autora ignota, llamada Joanne Kathleen Rowling. 20 años después, J. K. Rowling es la escritora más rica del mundo, según lo confirma el tradicional ranking anual elaborado por la revista Forbes, justificando con creces aquella confianza inicial. El elemento casi mágico que sirve para explicar esta suerte de cuento de hadas moderno, este cambio de Cenicienta a princesa (o de mendiga a millonaria), es justamente el personaje del mago adolescente, que a pesar de tener sólo 20 años de existencia hace rato alcanzó la mayoría de edad literaria.
Pero Harry Potter no sólo le cambió la vida a su autora, consiguiendo vender alrededor de 450 millones de sus libros en todo el mundo, sino que representó la piedra fundamental de una usina de dinero para la industria editorial. Es que a partir de que la saga de novelas protagonizadas por el personaje se transformara en un boom, el asunto se convirtió en una nueva fiebre del oro y editoriales de todo el mundo (incluidas todas aquellas que habían rechazado publicar el primer libro de Rowling) corrieron a intentar colgarse de la exitosa varita de Harry. Y las sagas de novelas fantásticas pensadas para el público infantil o adolescente, generalmente escritas por mujeres, se volvieron el parripollo del negocio editorial: todo el mundo quiso instalar el suyo propio.
Así surgieron sagas como Crepúsculo, menage a trois de vampiros, humanos y hombres lobo creado por Stephanie Meyer; la saga Hush, protagonizada por ángeles caídos, de Becca Fitzpatrick; las distópicas Los juegos del hambre (Suzanne Collins) y Divergente (Verónica Roth); o la saga gótica de las Dieciseis Lunas (Kami García y Margaret Stohl). Y otras escritas por varones, como la también distópica Maze Runner, de James Dashner, o Percy Jackson, de Rick Riordan, protagonizada por los hijos de dioses griegos que transcurre en Nueva York, en la actualidad. Todas ellas copian, en mayor o menor medida, los patrones que llevaron a la creación de Rowling a convertirse en un éxito.
Claro que el negocio no se quedó en la literatura infantil. Harry Potter también se convirtió en un suceso entre los lectores adultos, quienes se sumaron al furor causado por el personaje. Y las editoriales, que no son nada lentas y mucho menos perezosas, extendieron el asunto de las sagas al mercado de la literatura para adultos. La súper exitosa épica fantástica Juego de tronos, escrita por el también inglés George R. R. Martin, y la softerótica 50 sombras de Grey, de la no menos británica E. L. James, son notables ejemplos de esto. Harry Potter lo hizo.
Pero los responsables de la saga del niño mago no se conformaron con el rotundo éxito editorial y no tardaron en tratar de ampliar las fronteras de su dominio. Como un tiburón es capaz de oler una gota de sangre que cae al mar a kilómetros de distancia, Hollywood no tardó mucho en anoticiarse de que Harry Potter podía convertirse en una lucrativa franquicia para el cine. Apenas cuatro años después del nacimiento oficial del personaje, Warner Bros estrenó la versión cinematográfica de la primera novela, convirtiéndose en un éxito instantaneo.
Las películas confirmaron que el personaje era dueño del toque de Midas, aquel rey mitológico que convertía en oro a todo aquello que tocaba con sus manos, transformando en estrellas a muchos de los chicos desconocidos que integraron el reparto de la saga, en especial a Daniel Radcliffe, encargado de ponerle el cuerpo a Potter, pero también a Emma Watson o Rupert Grint, quienes interpretaban a Harmione y Ron, los amiguitos que Harry conoce en Hogwarts, la hoy famosa escuela de magia encargada de formar a los niños magos. Las 8 películas basadas en las novelas de Rowling, estrenadas entre 2001 y 2011, recaudaron en total casi 8.000 millones de dólares.
La celebración de estos primeros 20 años del personaje ha puesto en marcha una buena cantidad de actividades pensadas para celebrarlo. Desde una convención de fanáticos que buscarán romper el récord mundial de cantidad de personas disfrazadas con personajes de la saga, que se llevará a cabo en la localidad inglesa de Bolton. Necesitarán reunir a más de 600 para que el famoso libro Guinness convalide la hazaña. Facebook por su parte incorporó en su plataforma un truco que consiste en que al poner el nombre del niño mago en estado, aparece una varita mágica que lo hace cambiar de color en medio de un aquelarre de rayos y estrellitas multicolores, aunque no está activo en todo el mundo. Con Harry Potter todo es posible.
Sin necesidad de intentar establecer ni discutir acerca del valor estrictamente literario de la obra de Rowling, no caben dudas de que su creación se ha ganado un lugar entre los personajes más famosos de la historia de la literatura. Es posible, aunque nadie es mago como para poder afirmarlo de manera definitiva, que el nombre de Harry Potter siga siendo mencionado en el futuro como hoy se nombra a los personajes de cuentos de hadas, a Tom Sawyer y Huckleberry Finn o las obras de escritores como Julio Verne, todos ellos igualmente vinculados a un universo literario iniciático. Que así fuera no sería más que un merecido acto de justicia. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura del portal de noticias www.tiempoar.com.ar

LIBROS - 10 años sin Fontanarrosa: ¡Adiós, Roberto!

Hablar de Roberto Fontanarrosa como escritor es hablar de su ausencia, de la negación de su obra y su estatura literaria, repetidamente ocultadas tras su bien ganada reputación de historietista y humorista. Y es que Fontanarrosa nunca dejó de ser un extranjero en la patria literaria y el propio autor se encarga de testimoniar ese carácter de viajero en tierra extraña en una definición en la que fútbol y humor dicen presente: “No crecí queriendo ser como Cortázar. Crecí queriendo ser como Ermindo Onega. Por eso llegué a la literatura por la puerta de atrás, con los botines embarrados y repitiendo siempre el viejo chiste: mi fracaso en el fútbol obedece a dos motivos. Primero, mi pierna derecha. Segundo, mi pierna izquierda”.
La humorada tiene el doble valor de señalar el camino que Fontanarrosa eligió recorrer como artista, pero también destaca un segundo elemento no menor: la voluntad de abordar lo popular que signa su obra completa. Un impulso que abarca todo su trabajo y va más allá del evidente vínculo que muchos de sus cuentos y novelas tienen con las diferentes capas del mundo del fútbol, su gran pasión. Dicho movimiento tiene su centro en la apropiación y uso extenso del recurso del humor, núcleo duro de toda su producción (incluyendo la literaria), cuyo origen se encuentra en los géneros de la historieta y el humorismo gráfico. Es por ese doble motivo (su determinación popular y el hábil manejo de lo cómico) que desde la academia se lo suele degradar como simple humorista, mezquinándole formalmente la categoría de escritor que la publicación de al menos 15 libros, entre novelas y cuentos, justificancon holgura.
Basta recorrer cualquier resumen biográfico para confirmar que Fontanarrosa surgió del mundo del humor y la historieta. Sin embargo no es tanta como se cree la distancia en el tiempo que separa sus primeras publicaciones gráficas, realizadas a partir de 1968, de la aparición de su primer libro de cuentos, Fontanarrosa se la cuenta, editado en 1973 a través del sello rosarino Encuadre y reeditado casi 25 años después bajo el nuevo título de Los trenes matan a los autos. Dicha publicación coincide con su llegada a la contratapa del diario Clarín, responsable en gran medida de la rápida masividad que ganó su nombre comohumorista. Sin embargo, mientras ese aspecto de su carrera se disparó a la velocidad de la luz hasta convertirlo enpoco tiempo en uno de los autores más notorios del género en el país, su obra literaria se detuvo por casi una década hasta los primeros años de la siguiente. Otra editorial rosarina, Pomaire, publica en 1981 Best Seller, su primera novela, a la que enseguida se le sumaron un segundo volumen de cuentos (El mundo ha vivido equivocado) y una nueva novela (El área 18). A partir de entonces y cada vez con una frecuencia mayor, su labor en el campo de la literatura se mantuvo en constante actividad.
De esa misma época, el inicio de los ’80, data su única incursión en el terreno teatral, cuando tras conocer al grupo humorístico Les Luthiers, que por entonces ya era uno de los números teatrales más populares de Latinoamérica, comienza a trabajar con ellos bajo la figura de asesor creativo. "Los conocí cuando presentaron [el espectáculo] Mastropiero que nunca en Rosario y se quedaron en la ciudad una semana. En esa época querían formar un grupo de apoyo que les tirara ideas.El grupo no se formó pero yo empecé a trabajar con ellos", contó el escritor sobre el encuentro con los humoristas, con quienes mantuvo un vínculo amistosoque se extendió durante toda su vida. Su trabajo con ellos consistía en aportar ideas y chistes, colaboración que se vio reflejada en algunos números del grupo, como "Canción para moverse", "Cartas de color", "Epopeya de los 15", "El sendero de Warren Sánchez" o el clásico "La gallina dijo Eureka". Fontanarrosa resumió los términos de aquella amistad en una carta pública en la que, por supuesto, no podía faltar el humor: “Yo me he colgado siempre, desvergonzadamente, del prestigio de Les Luthiers. A cualquier lado donde voy, en cualquier entrevista que concedo, menciono, como al pasar, que soy Colaborador Creativo del grupo. Y me miran como si estuviera sentado a la diestra de Dios”.
Su vínculo con el teatro fue siempre así, indirecto. Durante los últimos años algunos de sus cuentos fueron adaptados libremente a ese espacio, como ocurrió con “La mesa de los galanes” y el hilarante “Medieval Times”; o las obras Fontanarrisa y Flor nueva de antiguas risas (ambas estrenadas en Uruguay), en la que varios de sus cuentos son ensamblados en una pieza única. Pero también surgieron una serie de puestas que realizan un pastiche humorístico a partir de su obra, como Humor a la Fontanarrosa, protagonizada por Nazarena Vélez y dirección de Atilio Veronelli, o Demoledores, con Coco Sily y Daniel Aráoz, que se sirven de sus textos para montar mecanismos que tienen más de charla de café (espacio recurrente en la obra del rosarino) que de teatro en el sentido tradicional. Si algo vuelve a dejar claro ese aspecto involuntario de su labor como escritores la persistente necesidad de hacer contacto con sus lectores (en este caso, su público) que signa desde el origen a su obra literaria. “Uno prefiere que guste el trabajo, pero a eso de escribir para los escritores yo no le encuentro la gracia. La cosa son los lectores”, afirmó alguna vez el escritor.
Pero la elección de desarrollar una obra a partir del humor no es lo único que pone de manifiesto ese perfil del trabajo de Fontanarrosa. Muchos de sus cuentos y novelas han sido concebidos a partir de un constante juego hipertextual que los conecta con otros géneros asociados alo popular, como el omnipresente fútbol pero también el cine, la televisión o, sin salir del espectro literario, el pulp y la novela negra. Sacando al deporte nacional, el resto de esos elementos proceden de la cultura pop estadounidense, con la que Fontanarrosa mantuvo un diálogo intenso que atravesó de forma transversal los diversos formatos sobre los que trabajó. Un intercambio que se movió sobre todo por los andariveles de la parodia, la farsa y la apropiación y recodificación de estos lenguajes. Características que se hacen visibles en el resto de su bibliografía, integrada por los libros de cuentos No sé si he sido claro (1986), Nada del otro mundo (1987), El mayor de mis defectos (1990), Uno nunca sabe (1993), La mesa de los galanes (1995), Una lección de vida (1998), Puro fútbol (2000), Te digo más... (2001), Usted no me lo va a creer (2003), El rey de la milonga (2005), el póstumo Negar todo (2013), y su tercera novela, La gansada, editada en 1985.
A pesar de lo prolífico, su talla literaria sigue siendo reducida a un papel de reparto. Basta mencionar como prueba el hecho de que en la sinopsis biográfica que publica en su sitio web la propia editorial Planeta, actual dueña de los derechos de edición de la obra de Fontanarrosa, apenas se mencionan al pasar su primera novela y se consigna de forma errónea a El mundo ha vivido equivocado como su primer libro de cuentos. Del resto, ni noticias. En cambio se destaca su currículum como humorista gráfico, realizando una enumeración exhaustiva que no ahorra los nombres de sus personajes más conocidos ni los de las revistas en los que estos aparecieron publicados. Más allá de la injusticia, este acto de olvido sin embargo se encuentra en línea con lo que el autor manifestó muchas veces a lo largo de su vida. En el sitio de Ediciones de La Flor–casa histórica de Fontanarrosa, pero que tras su muerte perdió los derechos de seguir publicando sus libros a manos de Planeta,luego de que un triste proceso judicial enfrentara a sus herederos—, se consigna una frase que ilustra la manera en que el rosarino transitó este constante acto de negación. “De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura y me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro”. 

Artículo publicado originalmente en la revista Caras y Caretas.

domingo, 25 de junio de 2017

CRONICA - Un viaje a Florianópolis: Espejo para reconocerse

El cine es un acto político. No solo el acto creativo de hacerlo, escribirlo o actuarlo: ir al cine, elegir una película y pagar una entrada para verla es un acto político deliberado, como lo son casi todas las decisiones en la vida de una persona. En una entrevista con este diario, en una de las primeras ediciones de su nueva etapa cooperativa, la escritora y dramaturga Griselda Gambaro afirmaba que “somos animales políticos, lo querramos o no, y eso está en todas nuestras acciones, aún en las más íntimas. Un hombre que golpea a una mujer ejecuta una acción política. Es lo mismo. Y aún sirviendo el café con leche uno ejecuta una acción política, porque lo que se ejecuta en cada una es una forma de estar en la sociedad”. Aceptado esto, que implica la fe ciega en que todo acto humano es político, queda claro que la cinefilia conlleva una determinación de ese mismo orden. En esa línea pero de un modo mucho más obvio, organizar un festival de cine no solo es un simple acto político sino que se adentra, de manera abierta, en el territorio del activismo.
Programar un festival implica un recorte siempre reducido y parcial de un conjunto de películas que representan una forma de interpretar (e interpelar) a la realidad, que tiene su complemento perfecto en el universo que se ha decidido dejar fuera de campo. El Florianópolis Audiovisual Mercosur (FAM), que se lleva a cabo desde hace 21 años en la tradicional isla balnearia del sur del Brasil y que concluye hoy, no oculta esa voluntad de provocar a su comunidad, de meter el dedo en la llaga política. Una herida que en estos momentos es muy grande en un país tan convulsionado como Brasil y que no para de supurar. Lo interesante del caso es que la comunidad no solo recoge el guante de ese desafío, sino que utiliza el espacio del festival para pasar a la acción. El público de FAM asume un rol activo que va más allá del simple sentarse a ver, para convertirse en actores que aprovechan cada oportunidad para ser protagonistas. Basta que en la pantalla, antes de cada proyección, aparezca la placa que recuerda que el festival cuenta con apoyo del gobierno federal, para que alguien grite “¡Fora Temer!” desde alguno de los rincones oscuros de la sala y que el milagro del efecto dominó traiga consigo el eco de la adhesión de otras voces que se suman a la consigna, apoyados por un aplauso del que terminan siendo parte casi todos. El FAM es la válvula de escape que una parte de la sociedad florianopolitana aprovecha para descomprimir una presión política que se percibe en todas partes.
Fora Temer, fora Temer, fora Temer. Toda Florianópolis parece vociferar en contra del hombre que es la cara visible de aquella conspiración que eyectó de su cargo a la presidente Dilma Rousseff hace poco más de un año y que desde entonces ocupa su lugar al frente del poder ejecutivo de la República. Un año en el que las sospechas de corrupción lo fueron cercando pero que, sin embargo, Michel Temer ha conseguido eludir con una mezcla de caradurismo y cintura política envidiable. Fora Temer. Ese pedido, que es una exigencia lanzada al espacio, no es sólo verbal. Contar las veces que la frase se repite, escrita en paredes, bancos de plaza, teléfonos públicos, paradas de colectivo, postes del alumbrado y otras improvisadas tribunas, puede ser una de las formas de amenizar un recorrido por Florianópolis. La gente ha convertido al espacio público en una red social espontánea y en ella se expresa el mandato popular de restablecer un orden institucional al que consideran perdido, cuando no usurpado. Lo cual, si se piensa que Florianópolis es la capital del sureño estado de Santa Catarina, no deja de resultar por lo menos una sorpresa.
Una docente de la carrera de cine, que forma parte de la plataforma académica de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), que tiene su sede en la isla, recordaba durante una charla que tuvo lugar entre proyecciones que este es uno de los más conservadores de los 26 estados que conforman la unión brasileña, junto con los vecinos de Rio Grande do Sul y Paraná. Los tres limitan con la Argentina. Y mencionaba como prueba fáctica que este fue el territorio en el cuál Aécio Neves, candidato de la derecha, obtuvo mayor porcentaje de votos en las elecciones presidenciales de 2014, en las que ballotage mediante finalmente fue derrotado por Dilma, aunque por escaso margen. En ese contexto, afirmaba la profesora universitaria, el lugar que Florianópolis ocupa como centro político y administrativo de Santa Catarina convierte a la ciudad en un polo progresista dentro de ese panorama general de perfil conservador. Y consideraba que el hecho de ser una ciudad universitaria no representa un detalle menor dentro de esa identidad. No es casual encontrarse acá con una comunidad tan activa y preocupada por las problemáticas sociales y políticas de la realidad brasileña, como tampoco lo es que la UFSC sea el espacio elegido para ser la sede del FAM.
Progresista y todo (Florianópolis es además una de las ciudades capitales más seguras del Brasil), alcanza una mirada atenta para detectar de inmediato la brecha social. Es sabido que los estados sureños se caracterizan por una composición poblacional en la que es muy notoria la presencia de los flujos migratorios europeos ocurridos durante la primera mitad del siglo XX. Las colectividades italiana y sobre todo alemana tienen una presencia muy visible en el perfil étnico de la región. Alguien comentaba, en otra de esas charlas entre películas, que Santa Catarina es la región con más presencia de arquitectura típicamente alemana en el mundo, fuera del propio territorio alemán. Dato tal vez incomprobable, aunque ahí está la ciudad de Blumenau, fundada en 1850 por el filósofo y químico alemán Hermann Bruno Otto Blumenau, para oficiar de caso testigo. Tan importante es esta presencia que si un invitado al festival se limitara a permanecer dentro de la burbuja de la UFSC, le resultaría muy difícil cruzarse con personas de raza negra, quienes constituyen una minoría clara en ese ámbito, en el que sin embargo el abanico étnico no deja de ser notablemente amplio. Incluso puede llegar a pensarse que la población afroamericana más pura no constituye un porcentaje representativo dentro de la composición demográfica de la isla.
Pero alcanza con subirse a un colectivo, ir a los supermercados o recorrer las calles cercanas a las terminales de transporte para darse cuenta cuál es lugar de los negros también acá, en la progresista Florianópolis. Camareras, personal de limpieza en los hoteles o en los espacios públicos, cajeras de supermercado, vendedores callejeros, obreros que van y vienen de casa al trabajo y del trabajo a casa en colectivo. Sin embargo no se trata de buscar la paja en el ojo ajeno, sino de encontrar cuál es el reflejo que esta imagen nos devuelve. Porque el paradigma social que se reconoce en esta ciudad tan cercana a los argentinos, no se aparta de los patrones del recorte social que es posible reconocer en Buenos Aires, aunque la diferencia mucho más notoria entre el color de las pieles de unos y de otros hace que se vuelva evidente a simple vista. Pero eso no debería ser una excusa: igual que en Floripa, en Buenos Aires la ceguera social siempre es voluntaria y esa misma brecha enorme solo puede seguir siendo invisible para quienes sistemáticamente se niegan a verla.  

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar

jueves, 22 de junio de 2017

CINE - "La muerte de Marga Maier", de Camila Toker: Diamantes para la muerte

La cosa empieza como una intriga internacional. De cabotaje, pero internacional. Interior. Día. En una de las cabinas del bondinho, el famoso teleférico de Río de Janeiro, una especie de padrino carioca le hace a su acompañante una oferta que no puede rechazar, pero el otro la rechaza. Con una sonrisa el padrino le cuenta que se trata de recuperar el Cruz del Sur, un valioso y mítico diamante que se encuentra en Argentina y ahí la actitud del otro cambia. Pregunta quién más sabe del asunto y con una sonrisa el Don Corleone brasilero señala para atrás, en dirección a la garotinha que los acompaña. Exterior. Día. La cabina del teleférico desciende desde lo alto del morro colgando del cable. Cuando el vehículo pasa justo delante de la cámara, el acompañante termina de sacar su arma, se da vuelta y mata a la chica de un tiro en la cabeza. El bondinho continúa su descenso.
En esa primera secuencia de La muerte de Marga Maier, la directora Camila Toker revela su intención de manejarse dentro de una estética de cine industrial y un gusto evidente por los géneros tradicionales. Que en este caso es el thriller, pero al que enseguida, cuando la acción se traslade a un pueblo de provincia en la Argentina, le irá incorporando notas de una variante local y moderna del western tanto como del policial de corte más clásico. Esta pasión por el cine de género es la misma que de distintas maneras han mostrado los directores Tamae Garateguy y Santiago Giralt, sus socios en la codirección de aquellas dos sátiras del Nuevo Cine Argentino que fueron UPA (acróstico de Una Película Argentina) y su secuela.

La continuidad del relato tiene lugar en el pueblito citado, en el que la mujer del título es encontrada muerta en la rivera del río. En coincidencia con el macabro hallazgo, una joven y aquel hombre que recibió el encargo en el teleférico llegan al pueblo. Ambos vienen buscando a Marga Maier. Ella resulta ser la dueña de la estancia que Maier se encargaba de administrar y en donde esta vivía con su sobrino, un hombre que ocupa el lugar del opa, el tonto que por tradición tienen todos los pueblos rurales. Él… bueno, es fácil saber para qué viene él. Pero la cosa quedará más clara cuando la autopsia revele que a la muerta le abrieron la garganta con el filo de un diamante.
Toker articula la intriga a caballo de un recurso interesante: trabajar el relato a partir de tomas largas y planos secuencia muy útiles para generar un clima pesado, siniestro, que es a la vez familiar y sórdido. La decisión potencia además la labor del elenco, permitiéndole a sus integrantes utilizar el espacio y el tiempo para extender su trabajo creativo. Sobre esos dos pilares Toker sostiene el misterio, que tiene mucho de giallo y clase B autoconsciente. Contra eso, la inclusión de algunos personajes parece motivada por la búsqueda de un efectismo demasiado guionado, mientras que la resolución del misterio deja pendientes no pocas preguntas, incluso, tal vez, la de quién mató realmente a Marga Maier. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

miércoles, 21 de junio de 2017

CINE - 21° Florianópolis Audiovisual Mercosur: Entretenimiento, Arte, Política

Por Juan Pablo Cinelli Brasil, país tropical, sinónimo de alegría, de carnaval y fútbol. Tierra de garotos y garotinhas, patria de artistas enormes, de Amado a Clarice en la literatura o Niemeyer en la arquitectura, pero sobre todo en la música: de Caetano a Gilberto, de Elis a Gal, de Ney, Rita y Hermeto a Chico, Bethania o Vinicius y la lista sigue al infinito. Y también de Glauber, Peixoto o Cavalcanti, grandes hombres del cine que hoy tiene sus herederos en los nombres de Kleber Mendonça Filho, Walter Salles, Gabriel Mascaró, Fernando Meirelles o Adirley Queirós, quienes representan una vasta paleta estética dentro del arte que se construye recortando las luces y las sombras. Una tierra tan rica que, sin embargo, hoy no puede ocultar el daño causado por tanto impeachment y Lava Jato. En medio de ese cataclismo político el festival Florianópolis Audiovisual Mercosur, el FAM, representa un oasis no sólo en el área específica del cine, sino también en tanto espacio de expresión para una sociedad políticamente muy activa, como la de esa ciudad tan cercana a los argentinos, capital del sureño estado de Santa Catarina.
Celebrando sus 21 años de actividad ininterrumpida desde 1997, el FAM es un espacio que ha decidido entender al cine como arte y entretenimiento, pero también como una herramienta política y social, capaz de funcionar como un canal eficiente que pone en evidencia las necesidades expresivas de la comunidad que la contiene. Un punto de encuentro entre público y artistas del que necesariamente surge un nuevo discurso común que dialoga constantemente con la realidad. En la edición del año pasado ese carácter quedó en evidencia de forma muy clara: el FAM se convirtió en un espacio efervescente en donde espectadores y cineastas coincidieron en el repudio unánime tanto de la destitución de la ex presidente Dilma Rousseff, como de la asunción irregular de Michel Temer, quien hasta ese momento se había desempeñado como su vicepresidente pero que también fue un engranaje fundamental en aquella conjura de los necios. De ese modo, el acto de apertura del festival ofició de escenario en donde el descontento fue puesto en escena, con representantes de distintas organizaciones sociales apropiándose del espacio mientras el auditorio los respaldaba con la consigna “¡Fora Temer!” pronunciada a voz en cuello, lema que los cobijaba a todos como un paraguas en medio del temporal.
Con el Lava Jato como nuevo frente de la misma tormenta, este año las perspectivas se presentan casi idénticas y permiten pronosticar que las turbulencias políticas volverán a ocupar una parte importante dentro de las actividades del FAM 21. Y el festival –que cuenta con el apoyo del Consulado Argentino en Florianópolis, el INCAA y que es dirigido desde su fundación por Antonio Celso dos Santos, gestor cultural de ineludible presencia en su ciudad—, parece confirmar desde su programación la determinación de aceptar ese destino manifiesto de ser un espacio simultaneo en el que se entretejen el arte, el entretenimiento y lo político. Que de todo eso está hecho el cine. Con su sede instalada en el amplio auditorio de la Universidad Nacional de Santa Catarina, la programación del FAM se desarrolla del 20 al 25 de junio y cuenta con cinco secciones, siendo las tres más importantes las muestras de largometrajes y cortos Mercosur y la muestra documental, todas ellas de carácter competitivo.
La muestra de largos se encuentra integrada por seis títulos, incluyendo a la argentina Corralón, de Eduardo Pinto; la uruguaya Las toninas van al este, de Verónica Perrotta y Gonzalo Delgado; la brasileña Anauê, de Zeca Pirés y tres coproducciones múltiples: Magallanes, del peruano Salvador del Solar; Oscuro Animal, del colombiano Felipe Guerrero, y Mulher do Pai, de la local Cristiane Oliveira. Tanto Magallanes como Oscuro animal ya han tenido su estreno en la Argentina y en ambos casos se trata de ficciones que poseen un fuerte componente histórico y político vinculado con el pasado reciente de sus países. En la primera ese telón de fondo le corresponde a los años de Sendero Luminoso y su protagonista es un hombre ligado a un hombre fuerte de la represión militar, que es acosado por la culpa. En la segunda también se trata de constatar los efectos que produjeron los largos años de enfrentamiento armado entre las guerrillas y el estado en la sociedad colombiana, pero visto a través de los padecimientos de tres mujeres que de diferentes modos se encuentran en contacto directo con esa realidad. Anauê, por su parte, es una investigación centrada en las comunidades alemanas radicadas en la ciudad de Blumenau, que como Florianópolis también pertenece al estado de Santa Catarina, y los acontecimientos ocurridos ahí durante la Segunda Guerra. El film intenta desentrañar los posibles vínculos que aquellas colonias pudieron tener (o no) con el nazismo.
Las tres películas restantes se encuentran netamente en el terreno de la ficción. La argentina Corralón es un thriller protagonizado por Luciano Cáceres, Pablo Pinto, Joaquin Berthold, Brenda Gandini, Carlos Portaluppi y Nai Awada, que formó parte de la sección Noches Especiales durante la última y reciente edición del Bafici. En ella el retrato social se funde con el relato de género, para contar una historia de violencia cuyos personajes principales son dos amigos que trabajan en el corralón del título. Un drama que deviene tragedia por la vía del suspenso y una aguda mirada que permite que lo social se cuele entre los resquicios de la narración. En el otro extremo del arco emotivo se encuentra Las toninas van al este, una comedia en la que la conciencia de clase (alta) no exenta de ironía es el instrumento elegido para contar la historia de un viejo actor rioplatense, gay y algo decadente, que se niega a recibir la visita de su hija en su casa de Punta. Hasta que se entera que será abuelo y la noticia, como una explosión en la cara, lo ponen violentamente frente a sus propias miserias. Mulher do pai en cambio es un drama cargado de notas sórdidas que registra el entramado de vínculos un campesino que vive con su hija en la frontera que comparten Brasil y Uruguay, y una mujer seductora que irrumpe en la vida de ambos.
En la sección documental se destaca Manos Unidas, del boliviano Roly Santos, que aborda los misterios en torno de las mutilaciones sufridas por los cuerpos de Juan Domingo Perón, el Che Guevara y Víctor Jara, todos ellos despojados de sus manos una vez muertos o, como en el caso del poeta y músico chileno, mientras aún estaba vivo. Por su parte Abriendo el armario, dirigido por Darío Menezes y Luis Abramo, y de título más que gráfico, trata sobre la lucha por los derechos de los movimientos LGBTI en Brasil. De título no menos obvio, Necesitamos hablar de acoso, de Paula Sacchetta, aborda el tema de las mujeres víctimas de violencia de género en las ciudades de Río y San Pablo. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.