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domingo, 10 de julio de 2022

LIBROS - "Cortázar", de Jesús Marchamalo y Marc Torices: Todas las vidas de Julio, ilustradas y en un solo libro

El género biográfico tiene sus reglas y particularidades: debe apegarse a la vida que pretende narrar, ilustrarla con hechos comprobables y, relato al fin, entretener a sus lectores. Aun así, el biógrafo puede hacer suya la libertad de embellecer los hechos sin lesionar la aspiración de ser fiel al original, aventurándose por el camino largo de la imaginación o por el atajo de la metáfora, para llegar al mismo destino, pero haciendo que el recorrido resulte más grato que el de la mera transcripción de anécdotas más o menos notorias. Es lo que parecen haberse propuesto los españoles Marc Torices y Jesús Marchamalo en un libro al que, con elocuente simpleza, decidieron titular con una sola palabra que, a pesar de su soledad, es capaz de abarcar un universo entero: Cortázar.

La sola mención de quien es uno de los mayores escritores de la literatura argentina, autor de al menos media docena de libros fundamentales, es suficiente para justificar los recursos poéticos, muchas veces al filo de lo fantástico, que Torices, dibujante, y Marchamalo, escritor y periodista, escogieron para darle forma a esta particular biografía de Julio Cortázar, que llega a la Argentina a través de editorial Nórdica. El primer detalle que la distingue de otras, que con anterioridad se propusieron dar cuenta de la vida del creador de Rayuela, es el carácter ilustrado que la convierte en una novela gráfica. Y para comenzar eligen narrar una anécdota que es casi una fantasía, toda una declaración de principios.

A partir de la sugerencia de un amigo, Cortázar viaja a una ciudad indeterminada cuya única referencia de ubicación es un punto cardinal: el sur infinito. El amigo le contó de una pensión acogedora a la que se llega avanzando por una calle empedrada, subiendo una escalera, para llegar al fondo de un callejón. Encantado por la descripción, el escritor va en busca de aquel paraíso modesto y una noche cree encontrarlo. Pero al levantarse a la mañana las dudas lo atrapan y piensa que tal vez la calle, la escalera, el callejón no eran los mismos que había descripto su amigo y ha pasado la noche en otro lugar. ¿O será que en realidad todas las pensiones son la misma, aquella a la que su amigo lo envió? Torices y Marchamalo aciertan al colocar a modo de prólogo esta historia de color cortazariano, en la que es imposible no ver destellos de algunos de sus cuentos. La bienvenida no puede ser más acogedora.

Este particular relato de la vida de Cortázar sigue, a partir de ahí, un orden cronológico que respetará (casi) a rajatabla hasta el final. Así recorre la infancia y juventud del escritor enumerando ciudades en una lista que reúne a Bruselas y Zúrich, Buenos Aires y Banfield, y que más tarde se extenderá hasta París, Roma, La Habana. Es que la historia de una persona es también el mapa de los lugares que habitó, aquellos que transitó y amó. Pero además, una biografía que se precie nunca debe olvidarse de mencionar las pasiones que aceleraron el corazón de aquel cuya vida se cuenta. De ese modo, acá también aparecen la afición del escritor por el boxeo, su gusto por el jazz, el amor por los gatos, los viajes y el inagotable placer de la lectura. 

Si bien cumple todos los requisitos que indica el manual del biógrafo estupendo, el libro de Torices y Marchamalo no se conforma con repetir los nombres de las mujeres con las que compartió su vida, los títulos que integran su bibliografía completa, la lista de colegas con los que se vinculó o la suma de sus ideas políticas. Esta versión ilustrada de Cortázar revive no solo al escritor sino también al hombre, a través de un anecdotario en el que lo inesperado y el azar encuentran un lugar de privilegio. Todo a través de dibujos, viñetas, collages, fotografías intervenidas, mapas y otras ilustraciones, sin temor a apropiarse de cualquier recurso estético que resulte oportuno a la hora narrar en imágenes, de la forma más bella y efectiva posible, la vida del autor de Bestiario. Y si algo consigue este pequeño Cortázar ilustrado es el objetivo de contarla como si fuera una novela, un cuento, una historieta o todo eso junto, recordándonos que a veces ficción y realidad no están tan lejos como parece.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

domingo, 10 de abril de 2022

LIBROS - "Arboretum", de David Byrne: Diágramas juguetones del pensamiento

En cada página hay un árbol que reúne dos conjuntos diferentes de palabras o conceptos, uno agrupado en torno a la copa y el otro a lo largo de las bifurcaciones de la raíz. En la parte superior de uno de ellos se encuentran las palabras poesía, armonía, simetría, equilibrio y belleza. Debajo se lee: morderse las uñas, echarse pedos, hurgarse la nariz, rascarse los huevos o picor anal. Si todo eso conformara un texto se diría que se trata de uno bastante absurdo, incluso desconcertante, aunque si se lee con paciencia, tampoco es difícil hallar un camino a través de él. Porque ahí están, arriba las distintas abstracciones que definen aquello que es estéticamente bello, y en la mitad inferior una serie de imágenes muy claras (y divertidas) de lo abyecto. En su libro Arboretum (editorial Sexto Piso), el músico y artista estadounidense David Byrne reunió un total de 92 de estos arbolitos, entre los cuáles el antes descripto es uno de los más simples. Y si bien a primera vista parecen no ser más que experimentos con el lenguaje, también existe la posibilidad de pensar en ellos como juegos de ingenio, cuyo desafío consiste en dotar de sentido a aquello que da la impresión de no tenerlo.

Hallar una lógica en el sinsentido es una de las premisas que llevaron al autor, conocido por ser el cantante de Talking Heads, banda germinal del rock neoyorkino a fines de los ’70, a darle forma a su pequeño bosque ilustrado. O como él dice: se trata de “proceder cuidadosa y deliberadamente, desde el sinsentido, sin inmutarse, para a menudo llegar a un nuevo tipo de sentido. Pero ¿cómo puede del sinsentido emerger sentido?” Así, en forma de pregunta, expresa Byrne en el prólogo el impulso que lo llevó a dibujar esas estructuras arbóreas que él relaciona con las del pensamiento. A partir de esas formas recurrentes que a veces se apartan del diseño troncal para convertirse en Diagramas de Venn o en cuadros sinópticos, Arboretum agrupa conjuntos de ideas. En esa tarea, su autor manifiesta especial predilección por cuestiones vinculadas al placer, yendo de lo sexual a lo artístico o de lo gastronómico a lo filosófico. Pero siempre con un humor que surge del contraste entre esos pares enfrentados, cuya convivencia en un mismo espacio resulta difícil de imaginar más allá de la frontera de estas páginas. 

Esa insistencia formal hace que sea fácil relacionar estos experimentos del músico, con los gráficos también arbóreos que la gramática generativa aplica al análisis de estructuras sintácticas. La gran diferencia es que, mientras la teoría creada por el lingüista estadounidense Noam Chomsky se propone predecir las combinaciones correctas de palabras que aparecen en las formas del lenguaje, los árboles de Byrne parecen ser la expresión de un estado mental en el que las reglas se han desvanecido. De ese modo, cada uno de sus dibujos se encuentra más cerca de la asociación libre, de la escritura automática o de los limericks de Edward Lear que de un razonamiento organizado. Aun así, el sentido termina apareciendo a pesar de todo, no porque se encuentre expresado explícitamente, sino porque, como suele ocurrir con la poesía, cada lector se encarga de aportarlo.

“La tarea de la ciencia es cartografiar nuestra ignorancia”, dice Byrne para referirse a la forma en que los dibujos de Arboretum replican las estructuras lógicas del pensamiento científico, pero del modo menos científico posible. En este caso, como él mismo propone, su lápiz se convierte en “una linterna que ilumina una pequeña parte” de la oscuridad que aún existe en nuestro conocimiento acerca de la forma en que funciona la inteligencia humana. Sus dibujos se convierten, entonces, en mapas conjeturales de esos territorios inexplorados de la razón. Planos que en lugar de guiarnos hasta el destino previsto nos alejan, llevándonos a lugares que nunca nadie visitó antes.

Es cierto que un análisis como este puede formar la falsa idea de que Arboretum es una obra demasiado seria, un plomazo teórico, y sin embargo es todo lo contrario. Se trata de un libro que explora lúdica y poéticamente la forma en que los pensamientos van tomando forma en nuestra cabeza. Alcanza el ejemplo citado al comienzo para confirmar que si algo no le falta al trabajo de Byrne es un sentido del humor tan libre como sus inesperados árboles de palabras. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

domingo, 22 de agosto de 2021

LIBROS - Juan Carlos Quattordio, el historietista que le puso tinta y sentimiento al heavy nacional y superhéroes al peronismo

Para los lectores de historieta, el nombre de Juan Carlos Quattordio es familiar y su trabajo no necesita presentación. Para las huestes del heavy metal, tampoco. Es que los argumentos de muchos de sus trabajos han tenido como escenario o telón de fondo al universo del metal vernáculo. Eso abarca tanto a la saga de Los años metálicos como Chico conoce chica y sobre todo a Judas Riff, clásico que nació a comienzos de los ‘80 en la mítica revista metalera Riff Raff y poco después tuvo un desprendimiento en ese Aleph de las viñetas nacionales que fue la primera etapa de la Revista Fierro. En todas ellas el heavy, su imaginario más ochentoso, sus leyendas, sonidos y estética ocupan un lugar preponderante y siempre es abordado de forma lúdica. A veces contando la historia desde el corazón de la escena metalera, como en Judas Riff. Otras de forma retrospectiva, a modo de memorias que tienen a la nostalgia y la añoranza como elemento distintivo: así ocurre en Los años metálicos. Ambas obras acaban de ser publicadas completas y en un volumen único por la editorial Deux Studio. La noticia amerita ser celebrada.

“Es muy loco el vínculo de la gente con Judas Riff, porque mi nombre quedó asociado a aquel trabajo: Quattordio es Judas Riff”, confiesa el historietista desde Mar del Plata. Lejos de la resignación, en el comentario habita el agradecimiento. “Yo no tengo la mala onda que tenía el Flaco Spinetta con ‘Muchacha’. Le debo mucho a Judas, porque me permitió entrar en Fierro. Y además llegó a mi vida antes que el heavy metal”, recuerda. Quattordio empezó su carrera como artista gráfico en la revista Tren de carga que dirigían Eduardo de la Puente y Sergio Marchi y así conoció a Frank Blumetti, fundador de la Riff Raff. Él le pidió que pensara una historieta que retratará a los especímenes del mundo del cuero y las tachas. Así nació la tira, cuyos personajes se inspiran en los de Lucien, obra del francés Mark Margerin que la revista Metal Hurlant, ícono del cómic europeo, empezó a publicar en 1979.

A poco del debut de la tira su autor se unió a Conan, banda pionera de la escena pesada en La Feliz, con la que trajinó sus enérgicos escenarios. “Yo cantaba en un grupo folk a lo Pastoral y una vez alguien me dijo que había una banda heavy que estaba buscando cantante. Y me mandé”, rememora Quattordio. “Ensayábamos en el sótano del Sacoa de la peatonal: un pasillo de unos 50 metros donde estaban las bauleras del edificio, que se alquilaban como salas de ensayo. Era una especie de ciudad del rock re-loca, donde había desde punkies a funkies, bandas de reggae y un par de bandas metálicas. Y todos se mezclaban con buena onda”, sigue el autor. Parte de esas memorias felices alimentan las viñetas de Los años metálicos, donde la autobiografía se mezcla con la ficción para contar la vida de un cuarentón en plena crisis, que se debate entre resolver las dificultades de sus vínculos amorosos y la nostalgia por los idealizados viejos tiempos.


La veta autobiográfica reaparece en el corto animado YOn My Space, que Quattordio estrenó a fines de marzo en su canal de YouTube, en el que contó con la colaboración de Facundo Arana en voces. “El corto representa el último arco de Chico conoce chica, trabajo que pronto también será editado completo por Deux Studio”, revela el autor. “Lo pensé en 2004 como un cierre, una especie de duelo que quería hacer por la relación con una chica con la que estaba en aquel momento”, confiesa. Ahí narra la historia de YOn, un hombre que para resolver sus problemas existenciales decide comprarse su propia estación espacial y así “experimentar un vació más grande” que el suyo. A la manera de 2001, la travesía también representa un viaje astral a los confines de los sueños, miedos y recuerdos del protagonista. La figura de Arana entra en escena pocos años más tarde, cuando Quattordio le acercó algunos ejemplares de sus libros y descubrió no solo a un fanático de las historietas, sino a un nuevo amigo que no tuvo drama en sumarse al proyecto bien desde abajo. “Es increíble la forma en que Facu entendió al personaje y cómo su voz se acopla a él”, recuerda con gratitud el autor.

En cambio Argentina potencia no tiene nada de autobiográfico. O tal vez sí: este cómic cuenta, a lo Watchmen, una historia de superhéroes vintage pero bien argentos, que estuvieron activos durante el primer gobierno peronista, el del General y Evita. Quattordio -que en colaboración con Juan Sasturain, hoy director de la Biblioteca Nacional, ya había abordado el género con Zenitram, otro superhéroe que lucha por la justicia social- utiliza las capas y los antifaces para apropiarse y ampliar la rica mitología peronista. Es que, así en la realidad como en la ciencia ficción: los mejores días fueron y serán... (complete la línea de puntos).

Pequeño Quattordio Animado 

Además de YOn My Space, el corto que se puede ver en su canal de YouTube y contó con Facundo Arana a cargo de la voz del personaje protagónico, Juan Carlos Quattordio se encuentra en medio de otro proyecto animado. En la actualidad trabaja en una serie de cortos animados a partir de un extenso reportaje que Lautaro Ortiz, director de la edición digital de Revista Fierro, le realizara en 2008 nada menos que a Francisco Solano López, el mítico ilustrador de El Eternauta. Los primeros episodios ya pueden verse en la web de la revista: https://revistafierro.com.ar/. Un verdadero lujo.

Por su parte, los libros de Quattordio pueden conseguirse en distintas comiquerías del país y en la tienda online del propio sello editor, Deux Studio: http://www.deuxstudio.net/.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

domingo, 4 de octubre de 2020

HISTORIETA - El creador de "Mafalda" en palabras de Juan Sasturain: "Quino es un artista que supo estar a la altura de su época”

La de Quino, dueño de una obra exquisita dentro de la historieta y el humor gráfico, no es una muerte cualquiera, sino una pérdida invaluable para un país al que casi no le queda más patrimonio que el de sus hombres y su cultura. Con el tiempo su ausencia se irá volviendo más profunda y nos recordará que ya no contamos con la mirada perspicaz de quien fue capaz de crear a Mafalda, un símbolo que tiene el mérito de habernos unido a casi todos. Algo muy raro entre argentinos, una especie de gente que siempre parece más dispuesta a rascar sobre la herida que a buscar una curita. Por suerte, como ocurre con otros grandes artistas, su obra se queda acá, haciendo que nuestro paso por el mundo sea un poco menos ingrato. Como las canciones de Gardel, los cuentos de Borges o las historietas de Oesterheld, Caloi y Fontanarrosa, la obra de Quino ahora es parte de un patrimonio cultural que debe enorgullecer a este país de paradojas.     

Antes de convertirse en el nuevo director de la Biblioteca Nacional, Juan Sasturain ya era uno de los especialistas que más tiempo le dedicó a la tarea de divulgar el enorme tesoro que la Argentina tiene en la literatura, la historieta y el humor grafico. Es periodista y escritor, pero también guionista, creador junto al gran Alberto Breccia de una de las historietas argentinas más importantes de los últimos 40 años, Perramus. También dirigió revistas clásicas como Humor o la mítica Fierro y por todo eso quizá no haya una persona con más autoridad que él para analizar la figura de Quino y su obra, y el enorme peso específico que ambos tuvieron y seguirán teniendo en la cultura nacional de los últimos 70 años.

“La verdad no llegué a ser su amigo, pero la imagen que siempre he tenido de él es la de un tipo muy tímido y reservado, poco dado a las manifestaciones públicas, poco expansivo y muy reticente”, dice Sasturain, tratando de reconstruir su vínculo con Quino. “Tampoco fue un hombre de hacer muestras públicas de adhesión a grandes causas y siempre se expresó a través de su trabajo. Pero no solo no tenía un carácter dicharachero ni era particularmente simpático, sino que además su mirada fue haciéndose cada vez más oscura. Sus últimas publicaciones son tremendamente sombrías, aunque esa particularidad siempre estuvo presente en él, que no se caracterizaba por su alegría de vivir sino que tenía un profundo escepticismo”, recuerda el director de la Biblioteca Nacional. 

-Todo el mundo conoce de sobra lo que Quino hizo con Mafalda o su trabajo con el humor gráfico, pero casi nadie sabe cómo empezó su carrera en la historieta y el humor. 

-El primer dibujo que Quino publicó apareció en la revista Dibujantes, que salía en los años ‘50 dedicada al dibujo, y entre los nuevos valores de 1954 aparece un joven Joaquín Lavado con unos dibujos simplísimos. El primero de todos fue una tirita de cuatro cuadritos donde se ve un preso que está a las puteadas, picando piedras. En el segundo cuadrito se lo ve salir de la cárcel contento, con un papelito en la mano que dice “indulto”. En el tercero entra en una oficina de empleos y en el último cuadrito se lo ve con un mameluco de trabajo, picando piedras y otra vez a las puteadas. En esos primeros cuatro cuadritos mudos publicados por él también están sintetizados todos los elementos que después desarrollaría en el resto de su obra. Y no sólo el humor o la mirada social, sino la idea de la no realización, de las esperanzas frustradas, pero siempre contadas desde un lugar nada dramático ni existencial.  

-Es decir que ya desde la primera publicación su trabajo de algún modo lo reflejaba. 

-Fijate que a aquella tira se la puede confrontar con uno de sus autorretratos, que siempre son tremendos, prácticamente partidas de defunción. Hay uno muy lindo, muy revelador, en el que se lo ve a él sentado en la silla de dibujo pero vestido con un traje de presidiario que en lugar de tener rayas negras tiene tiras de historieta. ¡Y con una melancolía en la cara! Ahí se ve que, de algún modo y aunque lo disfrutaba, siempre padeció al trabajo. Siempre sufrió el laburo, la inspiración. El trabajo para Quino siempre tuvo ese resto de melancolía.  

-¿Puede decirse que Mafalda no solo representó un hito en la carrera de Quino, sino que la decisión de dejarla también significó casi un cambio de género en su obra? 

-Claro, porque a partir de ahí empezó con las páginas integrales qué hacía una vez por semana para la revista de Clarín. Ahí dibuja cada vez más, en el sentido de que sus dibujos se vuelven mucho más detallistas.  

-Más barrocos, de algún modo. 

-Pero siempre con el don de la simplicidad. Porque lo extraordinario de Quino es su maravillosa claridad.  

-Sus dibujos siempre muestran una línea muy limpia, pura. 

-Sí, pero ojo, porque con línea pura también se pueden dibujar boludeces. Y dibujar situaciones complejas con una línea tan pura como la de él no es algo fácil. Creo que la obra maestra de Quino es aquella secuencia de la mucama gallega a la que una señora paqueta le pide, con gesto displicente, que ordene el living de la casa después de una fiesta. Y la tipa termina ordenando hasta el Guernica de Picasso que está colgado en la pared de la sala. Y para hacer una cosa así tenés que saber dibujar muy bien, porque no cualquiera es capaz de ordenar un cuadro de Picasso. Andá a fijarte como ordenó Quino el Guernica… En esa secuencia simple, hecha en un par de cuadritos, está todo Quino. Tenés información cultural; aparece ese costado de observación políticamente incorrecto del contexto social; en el gesto de la señora oligarca tenés su mirada sobre las clases altas, pero también hay cierta impiedad en su mirada sobre la mucama.  

-Aunque no demasiadas, Quino también recibió críticas. 

-La discusión política con Quino es que nunca fue Nac & Pop, nunca fue peronista ni estuvo alineado con él. Tampoco fue un militante del bando opuesto, pero no fue alguien que tuviera simpatía por las alternativas políticas vinculadas al peronismo.  

-Sus padres eran españoles y tal vez haya heredado de ellos el espíritu republicano. 

-De eso no cabe ninguna duda: era un antifascista que estaba en contra de todas las formas de la derecha. Pero también de la izquierda totalitaria. Es evidente que participaba de un pensamiento saludablemente antitotalitario y le hinchaban las pelotas tanto una cosa como la otra. Eso aparece siempre en él. Su crítica es siempre más social y humanista que partidaria. Alguna vez alguien criticó a Mafalda como portadora de ese pensamiento de clase media un poco gorila, pero esa es una mirada estrecha. Es como descubrir que Walt Disney era norteamericano, como pasa con el libro Para leer al Pato Donald. Las virtudes de Quino, las de Disney o las de Fontanarrosa no aparecen al desmenuzar la ideología que está en ellos, sino en su condición de artistas extraordinarios. A mí qué me importa si John Ford es un hombre de derecha: a mí me gustan sus películas. Después, si vota a los republicanos o no, a mí qué carajo me importa. O si Ezra Pound simpatizó con Mussolini en sus momentos de locura: andá vos a escribir sus Cantos. No es el caso de Quino, claro: solamente estoy dando un ejemplo extremo. Pero está lleno de grandes artistas a los que admiramos y con los cuales podemos tener afinidades o no en algunos momentos, o que hicieron algunas concesiones, pero que no definen absolutamente nada en cuanto a la excelencia de su obra. Quino es susceptible de ser observado de esa manera, pero cualquier otra crítica que se le haga es mezquina, menor y no merece consideración.  

-¿Cuál es el lugar que ocupará a partir de ahora dentro de una tradición con la riqueza de la historieta y el humor gráfico argentinos?  

-Quino se ubica entre los mejores historietistas que tuvimos y no cabe duda de que es quien creó al personaje más poderoso. Pero en el campo del humor gráfico, el de los chistes unitarios como los de Divito, Calé, Medrano o Lino Palacio, también ocupa un lugar central. Es decir que Quino es importante tanto en el humor gráfico como en el campo de la historieta. Y si tenés que nombrar a cinco, uno de ellos siempre va a ser Quino. Y es justo que sea así, porque consiguió lo que consiguen los grandes: una obra muy arraigada en el lugar donde le tocó vivir y trabajar, pero que, sin buscarlo, también se volvió universal.  

Quino en el planeta Mafalda 

-¿No te parece que el trabajo con Mafalda, que es sobre todo dialéctico, dejó un poco oculta gran parte de la obra de Quino que trabaja con el silencio y con la potencia expresiva de la imagen más que con la palabra? 

-En términos formales y estéticos se puede decir que Mafalda es una excepción. Entre el año ‘54, cuando Quino comenzó a ser profesional, hasta diez años después, cuando empezó con Mafalda, se desarrolla su período mudo inicial. Después, durante 10 años hace lo que nunca había hecho, que es una tira autoconclusiva basada en el diálogo. Y a partir de 1973 hasta que deja de dibujar, volvió a trabajar otros 30 años de humor sin personaje, con poco diálogo y sin desarrollo argumental. Lo que se ve en ese último período es un crecimiento paulatino del escepticismo. Mafalda era todavía la posibilidad: Quino era un hombre de unos 30 años que participa de la posibilidad de realizar modificaciones sociopolíticas en el mundo. Por entonces la posibilidad del cambio del sistema, del mundo y de todo era una realidad que hoy no se vislumbra. 

-Para nada. 

-Pero el clima de entonces era un clima de cambio social. De algún modo, Quino encarna en el humor gráfico argentino esa posición de clase media que veía una posibilidad de cambio. La revolución sexual, el psicoanálisis, los cambios políticos, una sociedad que avanzase hacia el socialismo y la justicia social…Todos esos eran ideales de las mayorías. Si mirás, por ejemplo, el programa político con que ganó Cámpora en el ‘73 te caés de culo. Y Allende subió al poder con un programa socialista. Y todo eso lo votó la clase media, no solo los trabajadores. Y Quino, con todo su escepticismo, con su mirada humanista pero, al mismo tiempo, muy crítica, muy poco creyente en las consignas políticas, estuvo a la altura de su época. 

-Los fanáticos siempre lamentan la decisión de terminar con Mafalda, porque fantasean con la idea de hasta dónde podía haber llegado el personaje. 

-Cuando Quino dejo a Mafalda, allá por 1973, fue justamente porque le pareció que en el fondo ya no tenía razón de ser, que ya no podía seguir diciendo siempre lo mismo. Y eso a mí me parece muy inteligente y muy revelador. Quino en general no se copió así mismo, aunque es cierto que podría haber seguido 50 años con Mafalda. Fue consciente de los riesgos de la repetición y uno de los rasgos de los talentosos es que se resisten a repetir las fórmulas.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

domingo, 20 de septiembre de 2020

CÓMIC - El regreso de la revista "Fierro", en formato digital: Mística fierrera

Siguiendo el camino mítico del eterno retorno, esta semana volvió a editarse la revista Fierro, espacio histórico y semillero de la historieta en la Argentina. Aunque esta vez, acorde con los tiempos que corren, su contenido se publicará de forma online. “La revista compartirá un lugar en la web de El Destape, que es un medio ya consolidado en lo digital, algo fundamental para que Fierro pueda llevar su universo ligado netamente a la gráfica al mundo digital”, explica Lautaro Ortíz, último director que tuvo la revista antes de su cierre en 2017 y que también encabeza este regreso en busca de recuperar la mística fierrera.

Esta versión de Fierro ofrecerá su contenido de forma gratuita. “No hay restricciones para la lectura de ningún tipo”, confirma Ortíz, aunque aclara que los lectores que decidan asociarse accederán a una serie de beneficios. La suscripción permitirá mantener un vínculo directo con los autores, participar de votaciones para definir parte del contenido de las ediciones especiales de Fierro en papel y contar con descuentos en las colecciones de libros que editará la revista y en diversas editoriales independientes asociadas.

La historieta es un género con historia en nuestro país. Lo prueban no solo la gran cantidad de artistas que han trascendido sus límites para convertirse en maestros admirados en todo el mundo, como Oesterheld, Muñoz, Sampayo, Salinas, Nine o el gran Alberto Breccia, el viejo, y su hijo Enrique, Breccia el joven. Ese éxito también se registra en sus ramas más populares, en las que el género alumbró firmas notables como Caloi, Quino, Fontanarrosa o Altuna, sin olvidarse de próceres como Divito, Dante Quinterno o Lino Palacio. Además de los nombres, la historia argentina también está hecha de publicaciones, espacio vital para que el cómic se reproduzca y crezca, que en muchos casos alcanzaron estatura legendaria. Hora Cero, Rico Tipo, Tía Vicenta, Hortensia, El Tony y todas las revistas que publicaba la editorial Columba son títulos que marcaron distintas épocas. Pero desde la vuelta de la democracia la historieta argentina tuvo una gran casa: Fierro.

Inspirada en modelos europeos, como las revistas Cimoc o Metal Hurlant, la Fierro siempre albergó lo mejor de la producción local a lo largo de sus distintas etapas. La primera abarca desde su primer número, lanzado por Ediciones de La Urraca en 1984, hasta 1992. Su cierre coincide con una de las grandes crisis del género en el panorama local. En el siglo XXI Fierro reencarnó de la mano del diario Página/12, editándose de forma regular desde 2006 hasta 2017. Este regreso también tiene ese objetivo: “Fierro no es de una persona, sino de los autores. Siempre lo dijimos y lo mantenemos en esta nueva etapa”, sostiene su director

Fierro digital sigue siendo pensada como revista y tendrá actualizaciones diarias. “Habrá notas, series de continuará, capítulos de series clásicas y muchas historias cortas para leer, además de notas de fondo, videos y entrevistas. Tenemos muchas secciones, incluso una de humor viejo y malo”, enumera Ortíz. “Nuestra idea es siempre la misma: contar, imaginar y joder con los formatos. En tanto medio de comunicación, Fierro sigue siendo una anomalía, porque somos un medio de imaginación en un mundo de noticias. ¿Raro, no? Bueno, la historieta es un arte raro”, concluye.

La revista cumple, además, con uno de los principios que la sostienen desde su fundación: ser un espacio de trabajo para los artistas. “Ese es un aspecto importante por el que decidimos volver”, reconoce Ortíz. “No hay que olvidar que durante su etapa en papel Fierro produjo un 80% de los libros de historieta argentina que se editaron a través de sellos independientes”, recuerda. Además de recuperar a grandes personajes de la historieta argentina como Vito Nervio o Bull Rockett, la nueva Fierro será un terreno fértil para los mejores artistas de la época. Así lo demuestra el contenido disponible desde el miércoles pasado, donde las firmas de Minaverry, China Ocho, Mariano Buscaglia, Pablo De Santis, Matías San Juan, Gustavo Sala o Fuchi Bayugar se abrazan con las de Breccia, Oesterheld, Wadel, Zoppi u Oscar Chichoni. El regreso de Fierro es un lujo por donde se lo mire.  

Online y gratuita 

Todo el contenido de la nueva versión de la revista Fierro se encuentra disponible de forma gratuita para todos sus lectores a través de su espacio en la web: www.eldestapeweb.com/revistafierro. Quienes se suscriban accederán además a una serie de beneficios y descuentos.

 Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

viernes, 16 de agosto de 2019

CINE - "Angry Birds 2: La película" (Anfry Birds 2 Movie), de Thurop Van Orman: El cine chorizo

Afirmar que Angry Birds 2: La película es el segundo largometraje basado en los personajes del videojuego homónimo implica al menos una inexactitud. Es que en realidad el desarrollo de personajes casi no existía en aquel juego que se hizo popular en su versión para smartphones. Se trata apenas de una serie de pájaros cuyo diseño tiende a la esfera, que el jugador debe arrojar como proyectiles utilizando para ello distintos tipos de catapultas y gomeras gigantes con el objetivo de derribar una serie de construcciones y apilamientos, y de paso recuperar unos huevos que han sido robados por una comunidad de jocosos cerditos verdes. La personalidad de estas aves temperamentales es entonces un producto de su migración al hemisferio del cine, un pasaje que parece tener exclusivos fines reproductivos, no tanto de ellas mismas sino más bien de los dólares que de su explotación se obtienen.
Por supuesto que ese origen mercantil no invalida la posibilidad de un desarrollo cinematográfico noble, aunque en su mayoría los casos similares acaban mostrando la hilacha. Existen ejemplos de franquicias que llegadas a la pantalla desde el territorio del marketing consiguieron revalidar su éxito a partir de una virtuosa utilización de los recursos narrativos del cine. Entre ellos se destacan las películas basadas en el juego de piezas de encastre LEGO e incluso se puede incluir en este rubro a las adaptaciones inspiradas en la historieta, que si bien hoy constituyen el principal motor de la industria, hasta hace menos de 20 años eran un terreno (casi) extranjero para el cine.
Incluso el primer film de estos pájaros cabreros puede servir de prueba. En ocasión de su estreno hace tres años, el colega Ezequiel Boetti escribió en este mismo espacio que lejos de contentarse con la mera explotación de la marca, la película manejaba con tino las herramientas de la comedia física y aprovechaba los buenos oficios de un elenco integrado por grandes figuras de la Nueva Comedia Americana, como Jason Sudeikis, Maya Rudolph, Bill Hader o Danny McBride. El primero de esos méritos vuelve a ser el principal recurso de esta secuela, en tanto que el segundo constituye un misterio irresoluble, ya que la versión subtitulada no llegó al país ni siquiera para las proyecciones de prensa. Una costumbre espantosa, cada vez más extendida.
Más allá de eso, Angry Birds 2 es apenas un producto más que la línea de montaje de Hollywood escupe al circuito comercial, no tanto para hacerle honor al relato cinematográfico sino para ocupar espacios y recaudar. Un artículo que tiene todos los tornillos en su lugar y que ha sido ensamblado siguiendo rigurosamente el manual de instrucciones, pero que carece del valor agregado de la creatividad o la sorpresa. Porque más allá de algunos gags divertidos o situaciones resueltas con gracia, en el resto de la película todo está colocado mecánicamente en su lugar. Demasiado en su lugar.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 28 de enero de 2019

LIBROS - "Bowie, una biografía", de María Hesse y Fran Ruiz: Queríamos tanto a David

Una despedida siempre tiene consecuencias, tanto para los que parten como para quienes se quedan. Para el que se va se trata de la posibilidad de un salto hacia afuera de lo cotidiano, la perspectiva de una realidad distinta, de otros mundos. En cambio el que se queda no tiene más alternativa que acostumbrarse a la ausencia, esa sensación de permanente vacío que siempre llega acompañada de silencio. Cuando hace dos años el que partió fue el cantante y compositor británico David Bowie, estrella inextinguible del firmamento rockero y alienígena por adopción, la ausencia se sintió como nunca y pocas veces antes el silencio había sido tan triste. Algunos recordaron otras partidas, como las de Freddy, Michael o John, y eso ya era decir mucho. A ese silencio lo siguió una certeza: nunca más habría canciones nuevas que trajeran su voz inconfundible de regreso a los oídos de sus fieles y devotos seguidores, a quienes desde entonces apenas les queda el consuelo de sus discos cada vez más viejos. El 10 de enero de 2017 David Bowie se convirtió en una ausencia y, todavía peor, en un silencio que ya no tendrá fin.
¿Exagerado? No tanto. Es cierto que el dolor por la muerte de un artista nunca iguala al que se siente ante la pérdida de un ser querido y es mejor no comparar. Son otras cosas las que se pierden y a cada cual le corresponden sus propios ritos funerarios. Para ambos casos el único consuelo es la memoria, esa máquina de recuperar lo irrecuperable, capaz de desafiar a la muerte, a la ausencia y al silencio, y que siempre se abre como una puerta que nos permite seguir adelante. Pero la memoria necesita ser alimentada y para eso, en este caso, están los discos de Bowie, uno de los dos o tres músicos en la historia que parecen haberse probado todos los trajes del rock. Pero a partir de su muerte comenzaron a aparecer por todas partes otra clase de ayudamemorias: los libros. Biografías, autorizadas o desautorizadas; recopilaciones de entrevistas; análisis de su figura y de su obra, tanto la musical como la que marca su vínculo con el cine; recopilaciones de retratos y fotografías. Pero de entre todos ellos hay uno que se destaca por su originalidad y particular belleza, aunque en un principio su título no prometa demasiado.
Se trata de Bowie, una biografía, libro ilustrado que recorre la vida del brillante artista londinense desde su nacimiento, el 8 de enero de 1947, y termina un poco más allá de su muerte, ocurrida exactamente 69 años y dos días después. Con ilustraciones de una belleza naive realizadas por la artista española María Hesse y textos de su compatriota Fran Ruiz, que a partir de herramientas como la inocencia o la ternura convierte a la vida de Bowie en una historia para chicos. A través del libro van recorriendo la historia personal y artística del músico británico utilizando como guía una doble columna vertebral que por un lado atiende a los hitos de su vida privada y por el otro a los de su carrera artística. A ninguna de esas mitades les faltan atractivos.
Excéntrico y siempre dispuesto a llamar la atención, la vida de David Bowie parece haber sido pensada por un artista plástico. Hesse se aprovecha de esa condición, de ese carácter visual, y recorre cada unas de las etapas de la carrera del artista. Sus dibujos retratan a Bowie en cada una de sus encarnaciones y recrean una buena parte de las tapas de sus 28 discos. En paralelo Ruiz va desovillando el hilo vital de Bowie, disimulando detrás de oportunas fantasías algunos de los detalles de una existencia que tiende al infinito. De esa manera el golpe de puño que le produjo el desprendimiento que convirtió a su ojo izquierdo en una obra de arte, se convierte en manos del biógrafo en el impacto de un meteorito. Un modesto gesto poético que luce bien en la historia de Bowie.
El libro llega antecedido por el éxito que Hesse tuvo con un trabajo anterior, una biografía ilustrada de Frida Khalo que vendió decenas de miles de ejemplares en todo el mundo. Es posible que esta nueva biografía sea capaz de replicar aquel suceso, pero eso no es lo importante. El verdadero valor de esta pieza de colección reside en su poder para rescatar de la ausencia y del silencio a aquel músico que en algún momento se rebautizó a sí mismo como Ziggy Stardust y en otro como Aladdin Sane, pero que cuando tuvo ganas volvió a llamarse David Bowie, que es el nombre con el que se quedará en la memoria de quienes no lo pueden olvidar.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

domingo, 23 de diciembre de 2018

LIBROS - ¿Dónde está Perón?: Buscando al General entre la gran masa del pueblo

¿Dónde está Perón? ¿Estará en Puerta de Hierro, sentado en un sillón de mimbre, charlando con Tomás Eloy Martínez? ¿O viajando en la cañonera paraguaya hacia la eternidad del exilio? ¿Se habrá quedado a vivir en el balcón de la Rosada o estará en el Luna Park, apretando la mano del Mono Gatica? ¿Seguirá abajo del paraguas de José Ignacio Rucci para no mojarse el quincho o estará todavía encerrado en el charter de Alitalia, sin poder volver a pisar el suelo de la Patria? ¿Seguirá sosteniendo a Evita de la cintura en la 9 de Julio, para que ella pueda cumplir con el sacrificio de su renunciamiento? ¿Estará en Ezeiza, en medio de la multitud salvaje, o en la Base de Morón, apenas rodeado por su comitiva y unos cuantos curiosos bien informados? ¿Está a la derecha o está a la izquierda?
¿Dónde mierda está Perón?
La figura del tres veces presidente Juan Domingo Perón siempre ha sido por lo menos escurridiza. Preguntarse dónde está representa un dilema que no es ajeno a ninguno de sus compatriotas, que deben pasar por esa prueba en algún momento de sus vidas, aunque posiblemente sin encontrarle una respuesta definitiva. Más fácil resulta encontrar a Perón en el libro titulado, justamente, ¿Dónde está Perón?, en cuyas páginas el desafío de hallar al líder se convierte en una tarea más concreta que la de atravesar sanos y salvos el laberinto ideológico construido en torno a él.
Inspirado en los libros de entretenimiento ¿Dónde está Wally?, en los que se debe encontrar al popular personaje de anteojos y polera rayada perdido entre la multitud, en ¿Dónde está Perón? al que hay que hallar entre la gran masa del pueblo es al General, que siempre llama la atención del lector con su clásico saludo a dos manos. Quienes acepten el desafío podrán buscarlo en una escena que recrea la Plaza de Mayo del 17 de octubre de 1945, en la que no faltan los afiches que recuerdan la dicotomía fundacional del peronismo Braden o Perón, o un dirigible que promociona al IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado), la famosa fábrica de autos y aviones peronistas. Pero en medio del amontonamiento también es posible dar con algunos objetos disruptivos, como el hipopótamo de Pumper Nic, uno de los extraterrestres tentaculados de Los Simpson o los honguitos del video juego Super Mario Bros.
Editado por Galería Editorial, sello que se dedica a la publicación de libros gráficos, ¿Dónde está Perón? da en el clavo al cruzar la mitología peronista con numerosos elementos provenientes de la cultura pop, haciendo que la búsqueda se multiplique en simpáticos guiños que apelan a un imaginario común. Pennywise (el payaso de IT), Patoruzú, Alf, Robocop, la vaca de la película Top Secret! o el nenito rubio de una conocida marca de suavizante para ropa son algunos de los personajes que es posible cruzarse mientras se busca a Perón.
Pero el libro ofrece más, escondiendo entre la muchedumbre famosas obras de arte y reconocidas figuras de la cultura popular que pueden estar vinculadas o no al peronismo, pero que forman parte de un universo común. Julio Cortázar, Mirtha Legrand, Diego Maradona, Los Beatles y Vincent Van Gogh se cuentan entre las figuras, mientras que entre las obras de arte es posible hallar a La civilización occidental y cristiana, de León Ferrari; La vuelta del malón, de Ángel Della Valle; o La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, de Rembrandt.
El libro incluye diez láminas que trasladan el juego a diferentes ámbitos como la fábrica, la Ciudad de los Niños, Mar del Plata o el Luna Park, cada una acompañada por una frase de Perón que ayuda a poner a la imagen en contexto. Y a modo de cierre suma un álbum de figuritas que añade información sobre personajes o hechos –míticos o reales— vinculados al universo peronista, como José López Rega, Walt Disney, Arturo Illia o el Aluvión Zoológico.
Por todo eso ¿Dónde está Perón?, que va por su segunda edición, es una pieza destinada a convertirse en un objeto de culto dentro de la nutrida memorabilia peronista. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino

domingo, 21 de octubre de 2018

LIBROS - El Niño Rodríguez y Gustavo Sala pelean en el barro de la risa

En esta época de crisis para el periodismo, donde los medios digitales degradan el oficio y las publicaciones en papel renguean, apoyadas en el bastón de las mismas redes sociales que ayudan a asfixiarlas, la clave de la supervivencia se encuentra en la picardía. El ingenio para crear trucos que ayuden a capturar la curiosidad de lectores cada vez más dispersos, que prefieren ver gatitos en bikini en YouTube antes que leer una nota de cultura. Pero ocurre que los periodistas también somos seres humanos (algunos más que otros), y entonces el hambre se convierte en la excusa para hacer cualquier cosa con tal de vender un diario o robarle un click al navegante digital. Si hay que cortarle la otra oreja a Van Gogh, se le corta; si hay que inventar un romance entre Oscar Wilde y el Che Guevara, se lo inventa.
Y si hay que hacer que dos de los más creativos humoristas gráficos de la Argentina se suban a la jaula de las artes marciales mixtas a revolearse sardinazos, qué remedio: se hace. Qué tanto. Por eso este domingo Tiempo Argentino se enorgullece en traer hasta ustedes la que fuera definida como la pelea del mes, un mano a manos entre dos de los mejores libra por libra del arte de los dibujitos. De un lado, luciendo musculosa blanca y crocs: Gustavo Sala, quien presenta su nuevo libro, Desgracias totales, un paseo entre las deformidades menos esperadas del mundo del rock. Del otro, con jopo y anteojos de marco grueso: El Niño Rodríguez, que trae bajo el brazo su creación más reciente, Lucha Peluche 5, con nuevas aventuras de sus personajes más populares. Una pelea que promete sangre, sudor y risas.
Si hubiera que definir a los contendores, podría decirse que Sala maneja con soltura el golpe corto y directo, ese que provoca la carcajada explosiva al primer impacto, en tanto que El Niño hace reír mediante trabajadas combinaciones de dos, tres o más golpes. Como en los casos de Foreman vs. Alí, Ray “Boom Boom” Mancini vs. Alexis Argüello, o Neustad vs. Grondona, estamos ante otra batalla clásica entre un noqueador de raza y un estilista puro. La fuerza bruta contra la elegancia, la bestia contra el dandy y otros lugares comunes que buscan con desesperación y sin disimulo estimular el morbo de nuestros queridos clientes… lectores.
En el caso de ambos libros, se trata de recopilaciones que vienen a amontonar en un mismo espacio aquello que originalmente estuvo disperso. En el caso de Sala una serie de trabajos publicados sobre todo en la revista Los Inrrockuptibles, en los cuales se dedica a blasfemar contra las vacas más sagradas del rock, sin escatimar vulgaridad. Cuando debe elegir entre la mesura o el desborde, Sala no duda: siempre se va al carajo. En cambio el libro de El Niño maneja un registro que es a la vez más sutil y narrativo, recorriendo los ejes de la política, la economía o lo social con personajes construidos a partir de un molde más clásico que recuerda al estilo de ciertos dibujos infantiles. Quizá por eso su trabajo pueda ser asociado a la línea plena y sintética de la estética “Cartoon Network”, donde brillan maestros como Genndy Tartakovsky o Craig McCraken, mientras que Sala encuentra su genealogía en el pulso imperfecto y el espíritu pringoso de Robert Crumb, pero deshecho a garrotazos de absurdo.
Y si El Niño reúne para la pelea a una troupe de personajes integrada por una conejita que odia que le recuerden que parece un peluche, una familia bolchevique, un periodista transa, un futbolista emo y un ejército de gorilas de alta suciedad, Sala no duda en invocar a un ejército de clones desfigurados de Charly García, Andrés Calamaro, Ricardo Iorio y el Indio Solari, invariablemente acompañados por sus penes, sus culos y sus excrementos. Lo dicho: un combate imperdible. ¿Quién ganará? Aceptamos apuestas…  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino

domingo, 19 de agosto de 2018

DIBUJO - #LasFiguritasDelSenado: Colección para no olvidar.

El paso por el Congreso del proyecto para la legalización del aborto seguro y gratuito impactó en la opinión pública como pocos temas, generando una de las discusiones abiertas más ricas de la vida democrática argentina. Aprobado en diputados pero rechazado por los senadores, el fallido proyecto obligó a cada ciudadano a informarse para fundamentar una opinión propia. El debate terminó generando tribunas opuestas que defendieron con fervor sus puntos de vista, llegando en casos extremos hasta agredir a quienes pensaban distinto. Un clásico nacional. La diversidad de las iniciativas que surgieron en torno del tema prueba la profundidad que alcanzó.
Una de las más originales es la que llevó adelante un grupo de ilustradores, humoristas y artistas gráficos, que a través de Twitter se propusieron crear una colección de figuritas que reuniera a los 38 senadores que votaron en contra de la ley en la sesión del 8 de agosto. El padre de la criatura, bautizada con el hashtag #LasFiguritasDelSenado, fue artista rosarino El Niño Rodríguez, quien la mañana después reflexionaba en la red sobre el gran aporte que el debate en la cámara alta había hecho al oficio de los caricaturistas. “Para los dibujantes y humoristas, tenemos un montón de personajes nuevos para hacer”, escribía en su cuenta, celebrando que la sesión revelara los rostros hasta entonces anónimos de algunos senadores. Tres tuits más tarde anunciaba: “Bueno señoras y señores, después de anoche los dibujantes hicimos #LasFiguritasDelSenado, la colección de los 38 que votaron en contra como para no olvidarlos.” Y ahí mismo publicó la suya, un retrato de Federico Pinedo.
Rodríguez cuenta que una vez que la idea se asentó en su cabeza convocó a algunos colegas cercanos para que eligieran a uno de los 38 senadores y realizara su propia versión libre. Así comenzaron a sumarse artistas reconocidos como Langer, Liniers, Consthanzo, Erlich, Flor Balestra, Caro Chinaski, Alfredo Sabat. Sus trabajos sirvieron para que la propuesta se viralizara, empujando a otros dibujantes a hacer sus aportes. Los trabajos se destacan no solo por su calidad artística sino por la capacidad expresar una opinió propia, captando desde la ironía la esencia del pensamiento de algunos de los legisladores. Así CJ Camba dibujó un Rodolfo Urtubey caracterizado como zombi, Sebastián Domenech un Mario Fiad cavernícola, o Eliana Iñíguez una Inés Brizuela con un soretito emoji sobre su cabeza truncada. La iniciativa consiguió una gran difusión, demostrando no solo que una buena idea puede ser a veces el mejor combustible, sino que el humor es una de las herramientas más eficaces para resguardar la memoria. 

Artículo publicado en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

domingo, 3 de septiembre de 2017

PLASTICA - León Ferrari: Legado de un artista popular

Hace cuatro años, un 25 de julio, partía León Ferrari, uno de los artistas plásticos más relevantes de la historia cultural de la Argentina. Lo hacía luego de marcar una época y de sacudir la conciencia de sus contemporáneos no sólo desde lo artístico, sino también desde lo político, a partir de una mirada de la realidad construida sobre postulados estéticos siempre disruptivos, capaces de interpelar con impactante lucidez a la sociedad de su tiempo y, por qué no, también a las del futuro. Eso es lo que siguen representando la figura y la obra de Ferrari: una usina de preguntas y respuestas que nunca se conforman con aceptar mansamente el estado de las cosas, sino que se hacen fuertes señalando las contradicciones evidentes pero no necesariamente visibles (al menos no para todos) de un mundo cada vez más amenazante, cruel, desigual.
Cabal representante de su propia generación, que comparte con artistas de la talla de Luis Felipe "Yuyo" Noé, Alberto Cedrón, Ricardo Carpani o Juan Carlos Romero, la potencia de la obra de Ferrari se mantiene inalterable y continúa impactando con la fuerza de lo manifiesto, tanto en quienes acceden a ella por primera vez como en aquellos que ya la conocen extensamente y en profundidad. A cuatro años de su muerte, el trabajo de Ferrari sigue siendo como una trompada sin aviso en la cara del espectador y no hay muchos artistas capaces de sorprender de un modo tan salvaje y revelador.
Por todo ello (y por mucho más), es un orgullo para Tiempo Argentino honrar la memoria de Ferrari, quien justo hoy habría cumplido 97 años, compartiendo a partir de este domingo y cada 15 días, cuatro reproducciones de algunas de sus obras más reconocidas y poderosas. Se trata de la polémicamente célebre La civilización occidental y cristiana (1965); El Papa insistió (1965); y dos obras sin título, una perteneciente a una serie de ilustraciones publicadas por la Conadep y otra de la serie Imagens, de 1979, que es la que acompaña la presente edición.
 La iniciativa es posible gracias a la intermediación de la Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo (FALFAA). Dedicada a funcionar por un lado como archivo que respalda el recorrido artístico de León Ferrari y también el de su padre Augusto, arquitecto, pintor y fotógrafo, la fundación también se propone el objetivo nada sencillo de idear y promover actividades que amplifiquen la experiencia del arte en todas sus expresiones y ámbitos creativos. La publicación y entrega de estas cuatro láminas es, justamente, una iniciativa que busca acercar el trabajo de Ferrari a nuevos públicos a través de un canal y de un formato popular, manteniendo más viva que nunca la memoria y la obra del genial artista. «

Para socios 

Regalos. A fin de mes se sortearán dos serigrafías de Ferrari, una entre los socios históricos del diario y otra entre quienes se asocien durante septiembre. Bajo este mismo esquema los socios accederán al sorteo de varios ejemplares del libro El caso Ferrari y otras tres publicaciones que incluyen reproducciones de sus trabajos.

lunes, 13 de julio de 2015

LIBROS - "Ana Frank. Biografía gráfica", de Sid Jacobson y Ernie Colón: Tristeza en cuadritos

Hace muy pocas semanas atrás se cumplieron sesenta y ocho años de la publicación original del famoso Diario escrito durante la Segunda Guerra Mundial por la niña Ana Frank durante los más de dos años que permaneció escondida, junto a su familia y otras cuatro personas, en un cuarto secreto ubicado en la parte trasera del edificio donde funcionaba la fábrica de Otto Frank, su padre. Ahí se mantuvieron encerrados en condiciones miserables desde el 6 de julio de 1942 hasta su detención y posterior deportación al campo de concentración de Bergen-Belsen, ocurrida el 4 de agosto de 1944, donde su hermana Margot y ella finalmente murieron. Sesenta y ocho años de un documento que describe como pocos los horrores de uno de los períodos más tristes y espantosos de la historia humana. El libro, basado en las notas que la pequeña Ana tomó durante todo ese tiempo con la idea de utilizarlas como base para una novela que tenía la esperanza de publicar una vez acabada la guerra, representa el registro vívido de una tragedia abominable, pero sin embargo escrito de una manera tan fresca que consigue hacer aún más pronunciado el contraste con la realidad que narra, convirtiéndose en la mejor luz para alumbrar aquellos hechos oscuros. 
El Diario fue publicado por primera vez el 25 de junio de 1947 bajo el título de La casa de atrás –el nombre que Ana había elegido para su proyectada novela— a instancias de Otto Frank, el único sobreviviente no sólo de su familia sino de los ocho que habitaron aquel escondite. Otto había recibido el diario de su hija de mano de dos de las personas que los habían ayudado durante esos años clandestinos, quienes lo hallaron oculto en aquella “casa de atrás” poco después de la detención de la familia Frank y las otras cuatro personas. Desde entonces se ha convertido en un testimonio ineludible no sólo de su época, sino de la memoria colectiva universal, publicándose ininterrumpidamente a lo largo y ancho de todo el mundo y en casi todas las lenguas conocidas.
Sin embargo la reciente edición de una versión adaptada al género de la historieta, a cargo de los artistas estadounidenses Sid Jacobson y Ernie Colón, representa una nueva oportunidad para acercarse a un texto que a esta altura tiene carácter de ineludible. Publicada por editorial Sudamericana bajo el título de Ana Frank. Biografía gráfica, el trabajo de Jacobson y Colón ofrece la oportunidad de acceder al relato de la pequeña Ana desde el formato de la novela gráfica, permitiendo que tal vez nuevos lectores puedan conocer la conmovedora historia de la familia Frank. El libro no sólo recorre completa la narración del diario, sino que ayuda a entender el marco histórico en el que aquellos hechos tuvieron lugar, aportando importantes detalles de contexto que hacen de esta una versión ampliada del registro autobiográfico de la autora. 
Por supuesto que la efectividad de Ana Frank. Biografía gráfica no sería posible sin la pericia de sus autores, nombres sino fundamentales por lo menos muy importantes dentro de la historia reciente del cómic norteamericano. Por un lado, Jacobson es un histórico del mundo de la historieta. Fue editor de la mítica editorial Harvey Comics, donde creó títulos sumamente populares en todo el mundo, como Gasparín, el fantasma amigable. También trabajó en la casa Marvel, una de las dos más importantes del mundo dentro del género, y también en Hanna-Barbera Comics, donde escribió gran cantidad de historias originales para sus personajes clásicos. Por el otro, el dibujante Colón, estadounidense pero de origen portorriqueño, empezó trabajando como rotulista para después convertirse durante más de veinte años en dibujante interino hasta afianzarse como freelance en el medio, llegando a colaborar tanto con la compañía Marvel como con DC Comics, su eterna competidora. Fue así como conoció a Jacobson y empezó a colaborar con él. Juntos crearon la versión gráfica del Informe 11-S, en el que reconstruye los atentados perpetrados en 11 de septiembre de 2001 contra las torres del World Trade Center en Nueva York, y una segunda parte con muchas más conclusiones, titulado El mundo después del 11-S. En 2009 volvieron a aliarse profesionalmente para hacer una biografía gráfica de Ernesto Che Guevara. 
Puede concluirse, entonces, que se trata de dos intérpretes valiosos para permitirles ocupar el papel de guías a través de la historia tan triste como valiente de Ana Frank, aquella niña con alma de mujer que soñaba con ser escritora y periodista. Tal vez ella haya tenido que pagar con un destino de horror los pecados de una especie capaz de devorarse a sí misma como ninguna otra en este mundo; sin embargo sus sueños, sus esperanzas y su historia se han convertido en inmortales y colectivos. Una de las lecciones que la humanidad nunca deberá olvidar.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo.

lunes, 16 de junio de 2014

LIBROS - Traducir el miedo en imágenes:Entrevista con los ilustradores Eugenia Nobati, Rodrigo Folgueira y Poly Bernatene

A qué chico no le gusta asustarse? Aunque se tapen los ojos con las dos manos, siempre separan los deditos para ver un poco más. Aunque después le escapen a la oscuridad y pidan dormir con el velador encendido, los chicos aman a los monstruos. Aunque se escapen chillando de miedo, siempre vuelven. No se trata de nuevas tendencias surgidas entre las sombras del cine y los reflejos de la televisión: ya en el siglo XIX había autores de historias para chicos, como el danés Hans Christian Andersen o los hermanos Grimm, que sabían esconder verdaderas atrocidades entre sus cuentitos. Por no hablar de trabajos más aterradores, como el escabroso y aleccionador Struwwelpeter, libro en donde el médico alemán Heinrich Hoffmann, a partir de unos versitos muy en línea con los limeriks de Edward Lear, contaba historias de chicos a los que les cortaban los dedos por tener las uñas largas o que simplemente acababan carbonizados por andar jugando con fuego. Struwwelpeter se publicó por primera vez en 1845 y sus explícitas ilustraciones, realizadas por el propio Hoffmann, son parte fundamental de la obra.
Más allá de los antecedentes, es cierto que los chicos del siglo XXI tienen una especial inclinación a disfrutar de lo monstruoso, del sobresalto y las historias sombrías o melancólicas que durante buena parte del siglo anterior fueron estigmatizadas con la etiqueta de las malas influencias. El tono gótico que hizo famoso al director de cine Tim Burton, el auge de historietas japonesas como Death Note o dibujos animados como Hora de aventuras, de engañosa superficie naif, son el emergente estético más obvio de una tendencia que indica que a los chicos nunca dejó de gustarles eso de asustarse un poco. Por supuesto que el terreno literario no es ajeno a su propia época y los libros de miedo para chicos son parte importante de la producción editorial actual. Dentro de ella, sin embargo, no deja de llamar la atención el auge de los libros ilustrados centrados en la obra de autores que hasta hace muy poco difícilmente fueran incluidos dentro del canon de la literatura para chicos. Edgar Allan Poe, Saki o los cuentos de locura y muerte de Horacio Quiroga han sido en años recientes protagonistas de estupendas colecciones infantiles, donde el complemento gráfico es un importante valor agregado. El trabajo de los artistas dedicados a ilustrar sobre una base tan ominosa no parece sencillo, en tanto deben hacer equilibrio entre respetar las escabrosas ficciones creadas por esos autores, pero sin desatender los límites del público infantil, que no por su afición al miedo ha perdido su inocencia. 
Para conocer más acerca de esta delicada labor, qué mejor que la voz de tres expertos. Se trata de los ilustradores Eugenia Nobati, Rodrigo Folgueira y Poly Bernatene, quienes han trabajado sobre estos tres autores en particular para colecciones de diferentes editoriales y conocen a fondo los problemas que este implica. "Yo no hablaría de problemas, sino de desafíos", dice Folgueira, quien ha adaptado varios cuentos de Quiroga para editorial Losada y también trabajó con Saki. "Más que nada se trata de estar a la altura del trabajo, del autor y de las propias expectativas, que siempre son muchas", completa. Para Bernatene, que dibujó a Poe para una colección de editorial Guadal, la dificultad radica en que se trata de "clásicos que fueron varias veces adaptados al cine, el teatro o la historieta, por lo que nuestros trabajos son meras interpretaciones artísticas de universos muy explotados desde lo visual". Algo similar piensa Nobati, quien también trabajó sobre textos de Poe: "Al ilustrar obras muy transitadas, como cualquier historia clásica, el primer problema es cómo despegarse de esa enorme cantidad de imágenes previas que trae la memoria. Olvidar todo eso y encontrar la imagen propia a partir del texto en sí, ya es un tema", afirma ella.
 –¿Y qué sensaciones o sentimientos les provoca haber abordado de manera exitosa trabajos tan difíciles, que llegan con el peso extra de esos nombres? 
Poly Bernatene: –Una enorme satisfacción de haber podido contar esas historias con mi propia voz. Desde el momento que leemos por primera vez esos textos, miles de imágenes invaden nuestras cabezas, y poder sacarlas y mostrarlas al mundo es como concretar un sueño. 
 Rodrigo Folgueira: –Yo fantaseo con el lector anónimo que va a tener ese trabajo en sus manos y va a ponerme a mí en el mismo universo de Saki o Quiroga; aunque más no sea por unos instantes. 
Eugenia Nobati: –A mí me pasa que viendo el trabajo terminado, siempre me aparece la duda de si hubiese podido hacerlo mejor, entrar más profundo en la historia o encontrarle soluciones distintas a cada situación. 
RF: –En mi caso, también siento el deseo casi inmediato de cambiar todo. De empezar de nuevo. Pienso: ¿"Por qué no lo hice de este modo?, ¿por qué no cambié esta imagen o aquella idea?"
–¿Por qué creen que se da esta tendencia de incorporar autores como estos dentro de colecciones literarias destinadas al público infantil?
EN: –Son los chicos los que piden historias de miedo, suspenso o de intriga alrededor de los ocho o nueve años. 
 PB: –La brecha entre el público infanto-juvenil y el adulto se ha ido reduciendo con el paso de los años debido a que estos últimos, lejos de prejuicios tontos, se acercaron y aprendieron a disfrutar de los libros ilustrados, ampliando las formas de percibir estas temáticas oscuras. 
–¿Creen que el crecimiento y la familiaridad con los medios audiovisuales puede haber tenido influencia en esa percepción? 
EN: –Puede ser que esta baja de la edad sea provocada por el cine y la televisión, que les deja asomarse al género cada vez más temprano. Pero en el fondo creo que nunca dejaron de necesitarlas, sólo que en determinado momento el miedo a traumatizarlos hizo que los adultos los sustrajeran a esta clase de historias. Pero antes de los '60 cualquier chico tenía a disposición los clásicos de Andersen o las historias de Salgari, entre otros, que si bien no son terror, son bastante truculentas. 
RF: –Diría más: Poe, Saki o Quiroga son autores que están directamente ligados al público joven. Yo los leí a todos por primera vez antes de los 15 años. Cuando uno es chico entra mucho más confiado e inocente a los mundos que estos autores proponen. 
PB: –Es lógico que dentro de las primeras lecturas adolescentes sean protagonistas las lecturas oscuras, góticas o fantásticas, y en este sentido las editoriales supieron adaptarse y captar a este público acostumbrado a recibir todo a través de lo visual. 
RF: –Además, les ofrecés buena literatura a chicos y jóvenes, y eso los hará más exigentes y curiosos cuando crezcan. De adulto, uno vuelve a leerlos y descubre nuevas aristas, nuevos tesoros en ellos. Pero la fascinación que despiertan en un lector joven, despiertan en un lector joven, con un espíritu mucho más romántico, mucho más dispuesto a la fantasía, es única. 
EN: –Estas historias funcionan igual que la montaña rusa: permiten experimentar el miedo, pero desde la seguridad de que se está bien sujeto a la realidad. Intuyo que a los chicos les sirven para desafiarse a sí mismos, y también para comprobar que pueden entrar en la fantasía y volver de ahí más ricos y sin daño. Creo que asomarse al miedo en el papel es un aprendizaje para poder enfrentarlo en la vida. 
–¿El trabajo de qué artistas les resulta inspirador o reconocen como influencia? 
EN: –Puedo decir quienes me atraparon y me marcaron, pero no sabría decir acerca de influencias. Me cuesta detectarlas, quizás por esto de que cada uno va buscando su camino personal y, como no he tenido formación académica fueron, apareciendo en forma desordenada. El primero de todos fue Brueguel con sus delirios abigarrados. Después Carlos Alonso, Egon Schiele, los Brescia, Klimt, Carlos Nine, Arthur Rackham. La lista es larguísima. 
RF: –Mi formación como dibujante está ligada al mundo de la pintura y mis ilustradores más admirados pertenecen al mudo de la historieta. Eso genera un universo en el que se juntan Schiele, Alberto Breccia, Alonso, Nine, Spilimbergo, Mandrafina, y te podría seguir nombrando a muchos. 
PB: –Mi entrada a la literatura de este tipo fue a través de la historieta. Y por la puerta grande, porque lo hice a través de Alberto Breccia, quien hizo muchas adaptaciones de Poe, Lovecraft, Quiroga o Stevenson, entre otros. Su inacabable forma de buscar nuevas maneras de contar siempre ha sido una gran inspiración en mi carrera.
–¿De qué forma sienten que esa influencia se manifiesta? ¿Qué movimientos provoca en sus trabajos?
RF: –Reconozco que soy muy curioso e influenciable. Veo un nuevo libro o una muestra y siento la urgencia de dibujar. Admiro el trabajo de muchos artistas, me gusta buscar y conocer nuevos dibujantes y sus maneras de interpretar la realidad y transformarla en un hecho plástico. 
EN: –Para mí, la idea es generar en uno mismo cuando dibuja y en otros cuando ven ese dibujo, la intensidad de sensaciones que me produjeron estos artistas con sus obras. Lograrlo es otra historia, por supuesto. 
PB: –Saber aprovechar estas influencias a la hora de hacer nuestras propias interpretaciones puede convertirse también en un gran obstáculo. Pero una vez que lo logramos, son muy estimulantes y proporcionan herramientas valiosas a la hora de producir una obra propia.
–¿A qué otro escritor les gustaría tener la posibilidad de ilustrar?
EN: –La lista es larga. Tengo una versión inconclusa de Alicia en el país de las maravillas. Las Crónicas marcianas o El árbol de las brujas de Ray Bradbury serían un placer; La historia sin fin, de Michael Ende; algunos cuentos de Calvino, o Cortázar. O El enano, de Pär Lagerkvist y también Bomarzo, de Mujica Láinez son algunas de las cosas tentadoras que se me ocurren ahora. 
PB: –Ray Bradbury también es uno con el que me gustaría hacer algo. Pero en estos momentos estoy más abierto a conocer otro tipo de autores, clásicos que no hayan sido tan abordados o conocidos por la mayoría de la gente. 
RF: –Para mí, siempre es un gusto encontrarme con la propuesta del editor. Pero reconozco que me gustaría mucho trabajar autores argentinos: creo que hay una cantidad enorme de material de excelente calidad. «

Dibujando las maldades de Saki y Poe 

En los últimos años se ha extendido la tendencia editorial de pensar colecciones ilustradas de autores clásicos orientadas al público infantil y adolescente, pero que se corren de la lista de los sospechosos de siempre como Julio Verne, Robert L. Stevenson o Jack London. Es el caso de la que lanzó editorial UnaLuna, que en el transcurso del último año acaba de publicar dos volúmenes dedicados a grandes cuentistas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, que comparten un fondo estético tenebroso y oscuro. Se trata, por un lado, de Relatos horriblemente buenos y escalofriantes, del inglés Saki (seudónimo con el que se hizo famoso el malévolo y sarcástico Hugh Munro), y Cuentos grotescos y espeluznantes, que reúne una selección de los más reconocidos trabajos de Edgar Allan Poe, ambos ilustrados con acierto por Rodrigo Folgueira y Eugenia Nobati, respectivamente. Aunque Saki y Poe comparten algunas características literarias como cierto placer por el horror y lo morboso, es mucho más lo que los separa que lo que los une. Así como puede decirse que el estadounidense parece tomarse todas sus fantasías góticas con la mayor seriedad, tal vez porque su propia vida torturada se cuela a cada rato en su literatura, en el caso del inglés es imposible no reconocer una liviandad incluso frívola hasta en sus relatos más atroces. Tal vez porque Poe estaba realmente solo entre sus monstruos y Saki, en cambio, formó parte de una generación de escritores dandies dedicados a la buena vida –también monstruos a su manera– que tuvieron en Oscar Wilde a su mayor exponente. Folgueira y Nobati dan perfecta cuenta de esas coincidencias y disidencias en las ilustraciones de ambos libros. Entonces, mientras la traducción gráfica que hace Nobati de Poe es oportunamente opresiva, densa y abundante de grises y rojos, el trabajo de Folgueira utiliza una paleta más amplia y un trazo mucho menos profundo y ominoso, más acorde a la malevolencia juguetona del inglés. El resultado, sin embargo, es el mismo: se trata de dos libros exquisitos.

Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura de Tiempo Argentino.

sábado, 8 de marzo de 2014

LIBROS - "Alicia en el país de las maravillas" (Alice in wonderland), de Lewis Carroll: Mapa fotográfico de una fantasía posible

Mucho se ha escrito acerca de Alicia en el país de las maravillas y de su autor, el inglés Lewis Carroll, seudónimo literario de Charles Lutwidge Dodgson, quien además (y antes) de ser escritor era diácono anglicano y un apasionado de la fotografía, actividad en la que se lo podría considerar un verdadero pionero. Inevitablemente, todas estas máscaras de la personalidad de Carroll se cruzaron en más de una oportunidad, con resultados siempre potentes, pero nunca tanto como en su fascinación por las niñas, en las que muchas veces se ha querido rastrear la sombra de cierta pasión insana. El asunto requiere cierta cautela.
En enero pasado se cumplieron los aniversarios tanto del nacimiento como de la muerte de Carroll, fallecido en 1898 dos semanas antes de cumplir 66 años, y el primer libro de Alicia, obvio catalizador de los grandes placeres del escritor, cumplirá 149 en mayo próximo. Aunque es bien conocida la historia de ese libro, uno de los más populares cuentos para chicos escritos durante el último siglo y medio, vale la pena contarla de nuevo, atendiendo a detalles que parecen distantes del hecho puntual, pero fundamentales en la gestación de la obra.
Hijo de una tradicional familia de intelectuales ingleses y raíces irlandesas, Carroll heredó el gusto por la fotografía de uno de sus tíos, un tipo fanático de lo que hoy se conoce como “gadgets”, todo un antepasado de los contemporáneos geeks: de manos de este tío recibió su primer equipo fotográfico. En el estudio introductorio del libro Niñas, editado hace casi veinte años por Editorial Lumen y en el que se aborda la particular relación de Carroll con las nenas, el célebre fotógrafo húngaro Brassaï destaca que en ese momento (1856) el futuro escritor tenía solamente 24 años, apenas siete más que la propia fotografía, parida oficialmente en 1839 por el francés Louis Daguerre. 
Aunque Carroll se dedicó inicialmente a la fotografía social, retratando a distintas personalidades de su época, su trabajo utilizando nenas impúberes como modelos sobresale dentro de su obra como fotógrafo, al punto de ser considerado el retratista de niños más destacado del siglo XIX. Decenas de niñas a lo largo de más de tres décadas posaron para él, dejando una colección impresionante compuesta por una docena de álbumes perdidos durante más de cincuenta años, recuperados de forma tardía y algo azarosa a mediados del siglo XX. Las fotografías que en ellos se conservan representan menos un documento de la infancia femenina durante la era victoriana, que un espléndido catálogo de las fantasías de Carroll. En ellas se pueden apreciar aquello que el escritor gustaba encontrar en sus modelos, generalmente hijas de amigos, colegas o vecinos: la posibilidad de crear personajes. A veces vestidas como princesitas rusas, mendigas, cortesanas de la china o caperucitas rojas, muchas otras simplemente disfrazadas de mujer, las fotografías de Carroll son siempre una puesta en escena. Un delicado juego de impostura que a veces bordea lo erótico, con sus pequeñas fingiendo dormir sobre mullidos chaise longues, u otras en donde amplios camisones de franela (los favoritos de Carroll) dejan al aire sus hombros desnudos, pero con una inocencia que desconoce la posibilidad de las segundas interpretaciones de ese gesto. Brassaï revela que Carroll no tardó mucho en incursionar en los desnudos totales de sus modelos aunque, para conseguirlas, en estos casos solía recurrir “a familias más humildes y menos estrictas”. De esas fotos sólo se conservan algunas referencias en sus diarios y cuadernos de notas: se presume que todas fueron destruidas.
Hay mucho para decir (y es mucho lo que ya se ha dicho) al respecto. Pero mejor volver a la idea menos truculenta y más cristalina de puesta en escena, a la posibilidad de contar una historia a través de una imagen, porque ahí está, en parte, el germen del fabuloso narrador que es Carroll. Una de las primeras nenas en ser fotografiadas por él fue Alice Liddell, quien acabaría siendo a la vez la inspiradora y la homenajeada por aquella Alicia que, siguiendo a un conejo blanco, cayó a través de un pozo hasta el país de las maravillas. Sólo doce fotos tomó Carroll de Alice, sola o en compañía de sus hermanas, pero en ellas es imposible no percibir la fascinación que provocaba en el fotógrafo. Sin embargo, la construcción de la evidente intimidad que transmiten las imágenes de la Alicia original, llevó mucho más tiempo que el que por entonces demandaba sacar una docena de fotos. Las tres hermanas Liddell, hijas de un colega religioso del escritor, compartieron con él largas tardes de paseos y excursiones por el río que ellas siempre aprovechaban para pedirle a su amigo grande que les contara un cuento. En esos paseos nació la obra más famosa de Carroll. La propia Alice cuenta cómo fue:
“Creo que el principio de Alicia nos lo contó una tarde de verano en la que el sol quemaba tanto que tuvimos que poner pie en tierra, abandonando la barca para refugiarnos en el único trozo de sombra que pudimos descubrir. Allí llegó, de las tres, la habitual petición: ‘Cuéntenos una historia’.” Hábil narrador, Carroll sabía cómo abonar la curiosidad sólo con palabras: “De vez en cuando, para hacernos rabiar –y quizá porque realmente estaba cansado-, el señor Dodgson se paraba de pronto, diciendo: ‘Esto es todo, hasta la próxima vez’. ‘Oh, ahora es la próxima vez’, exclamábamos las tres a un tiempo; y, tras algunos esfuerzos de persuasión, la historia se reanudaba aún más bonita”. Otro de sus trucos para generar un vínculo con sus amigas- niñas provenía de su habilidad para improvisar a partir de las preguntas con que ellas interrumpían sus relatos. Gertrude Chataway, otra de sus pequeñas modelos, lo explica mejor:
“Algo que hacía que sus cuentos fueran particularmente encantadores para una niña era que a menudo su ingenio surgía de un comentario de la niña: una pregunta, por ejemplo, lo llevaba hacia un nuevo caudal de ideas, por lo que una creía que había ayudado a hacer la historia”. Todo un consejo para padres que cuentan cuentos a sus hijos a la hora de dormir.
En Carroll, entonces, la narración puede pensarse como una consecuencia de su pasión por la fotografía y de la avidez por cautivar a sus amigas-niñas, una suerte de efecto colateral tan inesperado como maravilloso que le permite a la humanidad disfrutar de su mejor legado: el literario. Una suposición que es cierta a medias, porque sus primeros textos y poesías se publicaron poco antes de su contacto con la fotografía. Tanto como que sus mejores obras sólo llegaron después de esa epifanía. Al punto de que es posible leer muchos fragmentos de los dos libros de Alicia como metáforas de la fotografía e, incluso, como anticipación poética del cine, que no es otra cosa que el arte de la fotografía en movimiento. 
¿O acaso la famosa imagen de Alicia asomada a la puerta diminuta por la que ve por primera vez el jardín maravilloso no podría representar al propio Lewis Carroll, viendo surgir a través del visor de su cámara un país de las maravillas personal en cada una de sus niñas-modelo, como si siempre fuera la primera? ¿O no es la fotografía el reverso extraordinario de un espejo capaz de reflejar los propios deseos? Como sea, la obra de Lewis Carroll resulta tan visualmente poderosa que ha inspirado gran cantidad de películas (del aséptico clásico Disney a Jabberwocky, debut en solitario del por entonces Monty Python Terry Gilliam) y centenares de libros en los que talentosos ilustradores ceden a la tentación de dar su propia versión de Alicia.

Dos versiones de Alicia para chicos

Entre las versiones ilustradas de Alicia en el país de las maravillas recientemente editadas en la Argentina, hay dos que se destacan en particular. La primera de ellas, publicada por editorial Unaluna, es una impecable adaptación realizada por Soon-bong Heo e ilustraciones de la artista italiana Glenda Sburelin. Pensada para los lectores más pequeños (es decir, aquellos que sólo leen interpósito padre o madre), esta colorida versión pone el acento, por obvias cuestiones de target, sobre el costado más infantil del relato. Sus ilustraciones eligen contar desde la ingenuidad, buscando abonar el vínculo de empatía entre el lector y la protagonista, Alicia, que en este caso es retratada con un aire que tiene algo de simpáticamente oriental.
El otro libro sobre el clásico relato es el editado por Fondo de Cultura Económica, editorial que tiene un destacado catálogo de literatura infantil. En este caso el texto es el original, en tanto que las ilustraciones son responsabilidad de la francesa Rébecca Dautremer, artista que entre otras obras también adaptó textos como Seda, de Alessandro Baricco, o tradicionales como Cyrano y Nasrudín. La pluma oscura de la artista francesa es perfecta para crear una Alicia de tono más oscuro, entre gótico y victoriano con algo de cyberpunk. Sin dudas esta increíble y lujosa versión ha sido pensada para chicos mayores de 10 años y adolescentes, que encontrarán en las ilustraciones una potente traducción visual de la fantasía carrolliana.
 Los dos libros muestran un diseño amplio, perfecto para que sus exuberantes ilustraciones puedan ser plenamente disfrutadas sin perder ninguno de sus infinitos detalles. Ambos representan una oportunidad de lujo para entrar por primera vez en la obra de Carroll, que es también una de las más importantes de la historia de la literatura escrita pensando en los chicos. Que ambos también hayan sido ilustrados por dos chicas es algo que, es posible, pondría muy contento al tío Carroll.

 Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

martes, 14 de enero de 2014

CINE - "Historias de cronopios y de famas", de Julio Ludueña: El lujo de filmar historias infilmables

Y otra vez Julio Cortázar: en el año en que se celebra el centenario de su nacimiento no puede ser de otra manera y las noticias invocando su nombre serán el pan nuestro de cada día. Por eso ya fue noticia que el director Julio Ludueña estrenara en noviembre pasado, dentro del 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, su versión animada de Historias de cronopios y de famas, un clásico indiscutido de la obra cortazariana. Y su nombre volvió a aparecer cuando el largometraje de este director argentino ganó hace muy pocos días el Segundo Premio Coral de Animación en la edición número 35 del prestigioso Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba. Pero los méritos de este largometraje de dibujos animados para adultos no se limitan a su relación con los famosos relatos de Julio Cortázar que le dieron origen.
Historias de cronopios y de famas, cuya producción insumió seis años de trabajo, tiene el mérito de tender puentes no sólo entre la literatura y el cine, sino también con la pintura argentina. Es que entre los artistas que aceptaron el desafío de adaptar al cine el universo literario de Cortázar se cuentan algunos de los más notables representantes de las artes plásticas en el país. Carlos Alonso, Luis Felipe Noé, Antonio Seguí, Daniel Santoro, Crist, Ana Tarsia, Patricio Bonta, Magdalena Pagano, Luciana Sáez y Ricardo Espósito integran una suerte de equipo de los sueños, que aceptó el desafío de corporizar el extraño universo creado por el autor de Rayuela. También es un hecho destacable que los trabajos de animación fueron realizados sobre plataformas de software libre por un calificado grupo de animadores y compositores digitales. Entre los actores que dieron sus voces a los personajes se destacan Stella Maris Closas, Cristina Tejedor, Aldo Pastur, Juan Carlos Galván y Rodolfo Graziano. De más está decir que el estreno de Historias de cronopios y de famas, proyectado entre los meses de abril y mayo, formará parte del Año Cortázar con que se celebrará el centenario del nacimiento del escritor durante todo 2014. Aunque primero recorrerá una serie de festivales internacionales, incluyendo La Sudestada en París y la muestra Cortázar 100 en el Centro de Arte Moderno de Madrid.
Si se le pregunta a Julio Ludueña, director de la película, cómo apareció el proyecto de filmar una película basada en ese libro de Cortázar que a priori parece infilmable, él cuenta la historia de un sueño. "El proyecto surgió hace tiempo, cuando en los setenta mi primer largometraje, Alianza para el progreso, se proyectó en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes y uno de los premios que obtuve fue poder conocer personalmente a Cortázar, de quien era y soy uno de sus infinitos lectores y admiradores, y charlar con él fue como tocar el cielo de Rayuela con las manos." El cine fue el responsable de cruzar a los dos Julios, y es nuevamente el cine quien los vuelve a reunir. "A él le había interesado mi película (una ficción alegórica sobre la guerrilla en Latinoamérica), y quedó abierta la autorización para filmar alguna de sus obras. El propio Libro de Manuel, Los premios y muy particularmente Historias de cronopios y de famas." De este libro, uno de los más extraños de la obra de Cortázar, Ludueña se sintió atraído "por la grandes posibilidades que brindan sus distintas narraciones a través del eje común de sus inequívocos personajes", pero por varios motivos –políticos, personales, sociales y culturales– "el proyecto sobre el libro de Cortázar me fue quedando en la mochila".
Si bien no son muchas, hay una buena cantidad de películas basadas en la obra de Cortázar, algunas de ellas realizadas por directores muy importantes como Michellangelo Antonioni, Manuel Antín, Luigi Comencini o Claude Chabrol, cuyas miradas personales han realizado aportes fundamentales en términos de adaptación. "Creo que nuestro aporte en términos de adaptación es enfocar las historias desde la implicancia ideológica asignada por Cortázar a sus cronopios y famas", dice Ludueña, "no solo como representantes de esa dialéctica que es la eterna confrontación entre opuestos, sino como protagonistas de la propia historia argentina y latinoamericana".

–¿Cuál es la lectura ideológica que hacés de los cuentos de Cortázar? 
–Más allá de haber incomprendido o no el peronismo de ese momento y de tomarse el barco en 1951, él fue claramente un escritor revolucionario interesado en lo nacional y popular. Sus narraciones, desde el cuento del Torito de Mataderos pasando por el del Che desembarcando en Cuba hasta el Libro de Manuel, con la donación de sus derechos a los militantes presos por la dictadura de Lanusse, o sus posteriores intervenciones personales en la Comisión Bertrand Rusell contra el Plan Cóndor, apoyando a las Madres de Playa de Mayo o a la Revolución Nicaragüense, lo demuestran claramente. La adaptación cinematográfica que hemos realizado toma esa perspectiva, donde los famas son los patrones y los cronopios los obreros.
–¿Por qué decidiste trabajar el relato desde la animación? 
–Mi amigo Patricio Bonta, que es publicitario, dibujante y pintor, descubrió al artista sudafricano William Kentridge, que construyó buena parte de sus magníficas obras sobre el apartheid, filmando sus dibujos, borrando, cambiándolos y volviéndolos a filmar. Ahí tomé conciencia de que dada su forma de mezclar lo cotidiano con lo fantástico, las Historias de cronopios y de famas no eran una película de ficción con actores, sino una animación sobre dibujos de pintores, para que cada uno recreara y reflejara con su propia visión y maestría artística la diversidad de esa insólita crónica surrealista originalmente propuesta por Cortázar. 
–¿Y fue difícil conseguir que un grupo de artistas plásticos de ese nivel se interesaran en el proyecto?
–Creo que lo facilitó el propio Cortázar. El trabajo con cada pintor requirió distintas técnicas, que van del 2D al 3D, algunas veces basadas en las mismas texturas propuestas por los artistas o para lograr expresiones faciales de actuación en los personajes. La música compuesta y dirigida por mi hijo Ezequiel terminó de estructurar los 10 episodios que integran la película para convertirlos en un solo relato que intenta reflejar a través de Cortázar, el cine y las artes plásticas, parte de nuestra historia de los últimos 50 años.
–¿Qué valor tiene el premio recibido en La Habana, teniendo en cuenta que la animación es un género desde el cual en principio es más difícil conseguir visibilidad? 
–Como bien decís, la animación es un género con poca visibilidad (artística agregaría) y mucha utilización industrial, ya que los mayores "tanques" y recaudaciones de Hollywood se basan en sus técnicas. Para mí, un premio como el de La Habana es ideal. El mejor que podría haber recibido Historias de cronopios y de famas en el comienzo de su lanzamiento, porque significa una valoración que la ubica en el segmento cultural para el que está pensada, destacándola del cine 'pochoclo' del que se diferencia. Parece que no, pero como lo atestiguan la Feria del Libro o ArteBA, existen muchos espectadores para disfrutarla. 
–La película formará parte de las actividades del Año Cortazariano ¿Cuándo se la podrá ver en Buenos Aires?
–La idea es poder estrenarla en las salas cinematográficas de Buenos Aires en abril o mayo, para después exhibirla acompañada por obras de todos los pintores en una instalación y muestra itinerante, nacional e internacionalmente hablando.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.