Mostrando las entradas con la etiqueta Congreso. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Congreso. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de agosto de 2014

LIBROS - Un fantasma polaco en Buenos Aires: I Congreso Internacional Witold Gombrowicz

El mundo literario argentino del siglo XX encaja casi a la perfección dentro de aquella definición que Borges diera informalmente alguna vez acerca de la tradición literaria argentina, a la que consideraba una raza mestiza heredera de la literatura universal. La literatura nacional de ese período excede largamente lo producido por autores argentinos, categoría en la que se incluye a quienes, como Julio Cortázar, les tocó nacer fortuitamente en otra parte, pero cuya sangre es de naturaleza indudablemente nativa. Queda claro que una cosa es la literatura argentina del siglo XX, entendiendo esto como el conjunto de obras producidas por esos autores, y otra muy distinta el mundo literario que sirvió de caldo de cultivo ineludible para que estas obras al fin surgieran. Un ecosistema vastísimo que tanto incluye a extranjeros que escribieron lo mejor de su obra en el país; a argentinos que escribieron gran parte de su obra en el extranjero (Cortázar mismo) o directamente en otro idioma. Y también a extranjeros que sin haber escrito una sola palabra en español, de todas formas llegaron a constituirse en figuras fundamentales de uno de los universos literarios más ricos del siglo pasado.
Si no fuera así, ¿en donde metemos a Horacio Quiroga, uruguayo, sí, pero cuyo trabajo es muy difícil de obviar cuando se habla de la literatura producida a este lado del Río de la Plata? ¿A dónde ponemos a J. Rodolfo Wilcock, poeta y narrador que escribió seis libros de poesía en español antes de mudarse a Italia, donde escribió el grueso de su obra en prosa en la lengua del Dante? Y, por fin, ¿qué tenemos que hacer con Witold Gombrowicz, ese polaco mítico que habiendo vivido 24 años en Buenos Aires sin escribir ni una sola página de su obra originalmente en castellano, de todas formas acabó por convertirse en uno de los personajes más influyentes dentro de constitución del panorama literario argentino de la época? Uno de los movimientos sutiles que se intuyen detrás del Primer Congreso Internacional Witold Gombrowicz, que se realizará a partir de mañana y hasta el próximo domingo en las instalaciones de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, es justamente un acto de sinceramiento, el intento definitivo de la literatura argentina para apoderarse de don Witold. Tal vez no de su obra, que como se ha dicho fue escrita por completo en su lengua nativa, pero sí de su figura; de los pasos con los que deambuló por las veredas porteñas durante casi un cuarto de siglo, seguido por un cortejo de fervientes discípulos que lo adoraban; de lo que su aura de influencia le ha dejado de vital a buena parte de las letras nacionales. Una tarea tan demorada y resistida como necesaria.
Buena muestra de ello representan la participación en el congreso de importantes nombres como los de los escritores Martín Kohan, Fernanda García Lao, Guillermo Martínez y María Rosa Lojo, junto al crítico teatral Jorge Dubatti y medio centenar de intelectuales de dieciséis países dispuestos a dar fe de la importancia e influencia de Gombrowicz y su obra en Polonia y en la Argentina. Es decir: en sus países. No por nada los organizadores eligieron que este primer Congreso Internacional Witold Gombrowicz en honor del escritor coincidiera con el 75 aniversario de su llegada al país.
El mismo estará centrado en la vida y obra del excéntrico y genial escritor, que vivió exiliado en Argentina desde 1939 hasta 1964, año en que regresó a Europa para consagrarse definitivamente. Allá recibió en 1967 el premio Formentor, el mismo que había catapultado a escala global a la figura y la obra de Jorge Luis Borges. Además de los expositores, quienes participarán de diversas charlas y conferencias, el Congreso Internacional Witold Gombrowicz incluirá un ciclo de teatro, una película propia (Forastero en todas partes, un documental que se presentará en carácter de película en construcción), visitas guiadas y una muestra con trabajos de cuarenta ilustradores que se inspiraron en sus textos y que va a estar montada en la Biblioteca Nacional durante los cuatro días de actividades. Una vez concluido el Congreso, la idea es reunir esas cuarenta imágenes en un libro de arte de calidad, ideal para fetichistas, coleccionistas y amantes del estilo juguetón, rebelde y provocador de Gombrowicz.
Entre los fundamentos que motivan este Congreso Gombrowicz, sus organizadores mencionan la necesidad de darle a la obra del escritor la "difusión, resonancia y reconocimiento que merece" y proponen este espacio "como una excusa para volver a pensar a Gombrowicz desde diferentes perspectivas". Pero no se quedan en eso: este congreso pretende además "convertirse en un espacio de discusión" sobre la obra de Gombrowicz, "pero también de disfrute". Porque si algo intentó aquel polaco travieso durante sus duros pero productivos años en la Argentina, fue transmitir la idea de que la literatura es arte, pero también juego.

Para recordar

El I Congreso Internacional Witold Gombrowicz se realizará del 7 al 10 de agosto en la Biblioteca Nacional, Agüero 2502. Para consultar la grilla completa de actividades, consultar en:  www.congresogombrowicz.com.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

viernes, 24 de septiembre de 2010

MÚSICA - Entrevista con el pianista Miguel Ángel Estrella: La música le cambia la vida a la gente

Foto: Gentileza Mariana Russo
Mansa como el suelo de tierra adentro, la voz del pianista Miguel Ángel Estrella vibra con una profundidad que sólo puede venir del alma, de las raíces que se engarzan en lo más profundo del espíritu humano. De paso por la ciudad de San Juan, el extraordinario músico tucumano participó como panelista de una de las mesas de debate del Tercer Congreso Nacional de Cultura, donde aportó su calidez y extraordinaria pasión por los temas que le importan desde siempre: la música y el compromiso de la cultura con los sectores ignorados de la sociedad. Entre otras cosas, volvió a dejar en claro su enorme carisma y sus innatas dotes de narrador de historias. Siempre es un placer escucharlo.

–Usted se refirió en su exposición al desencanto con la Iglesia. ¿Por qué se produce un quiebre entre quienes tendrían que estar atentos a la gente y la gente misma?
–Porque las instituciones, como los empresarios de espectáculos musicales, tienen intereses, y para mí la música no es un espectáculo sino un momento de intimidad muy fuerte con el público. En un castillo en Alemania, en el Teatro Colón, o en un pueblito tierra adentro: para mí es un acto religioso tocar el piano. Cuando era un joven pianista en alza y mi mujer, Marta, cantaba maravillosamente, me molestaba que nos quisieran vender como la parejita ideal. Había que ir a lo de Mirtha Legrand, vestirnos, hacer los pasitos que ella quisiera y yo les decía: “¡están locos!” Nosotros nos amamos y teníamos a la música como factor común. No hay voz que me emocione más que la de mi mujer, pero nunca nos van a vender como la pareja ideal, no es algo que se pueda vender.
–¿Está mal utilizar los medios para difundir algo que es positivo o que enriquece a la sociedad?
–Si hay pasión en quien organiza y quiere usar los medios con un sentido humanista, lo acepto. Pero no por el dinero. Porque además te exigían determinados repertorios, y vos en ese momento estabas enamorado de otras cosas. Por eso nunca tuve un empresario, ni lo voy a tener jamás. Cuando salí de la cana mis acciones habían subido muchísimo y los empresarios franceses e ingleses me querían hacer firmar contratos de por vida, o por 20 años. “Por lo que ofrecen de cachet, usted es el pianista más grande del mundo”, me decían. Y eso a mí me importa tres pedos: la plata no me mueve. Soy un tipo de la clase media y moriré un tipo de clase media.
–¿Es posible modificar esa estructura empresaria en la televisión?
–Creo que sí. Canal 7 o Encuentro hacen cosas de un altísimo nivel profesional que interesan a la gente. Conozco gente de villas, gente campesina que sigue esos canales. En ese sentido la nueva Ley de Medios Audiovisuales, que en un tercio está dedicada a las ONG y a la vida asociativa, me parece que está muy bien.
–¿Cree que podría ser artista si no hubiera gente del otro lado?
–Cuando todavía no éramos conocidos, mi mujer y yo tocábamos para nuestros padres y abuelas, tíos, primos: necesitábamos afirmar un programa que estábamos estudiando y era importante tocar y cantar para los otros. Como para dominar una obra se necesita haberla tocado por lo menos cincuenta veces frente a la gente, cuando se nos terminaban la familia y los vecinos, nos vestíamos como para dar un concierto y metidos en uno de los cuartos de nuestra casa tocábamos para la biblioteca. Imaginábamos que en vez de libros eran personas, tocábamos para esa gente en la biblioteca y nos poníamos en trance de concierto. La inspiración te la da esa gente que va a recibirte. Es un momento especial, porque la música no es solamente un placer estético personal, sino que les transmite belleza a los demás y les cambia la vida.
–¿Cómo hizo para sostener esa pasión en los momentos en que estaba privado de su libertad?
–Tenía tres recursos. Hablaba con mis muertos, y a veces hasta me contestaban. En una sesión de tortura, mientras los torturadores me gritaban, sentí físicamente dos voces de mujer. Una, la de mi maestra Nadia Bourlache, que me decía en francés: “Sos miles.” La otra voz, la de mi mujer, que había muerto, me decía: “Tené coraje, hombre mío.” Vos no sabés la fuerza que me daba eso y yo rezaba como un animal. Gritaba: “¡Padre Nuestro que estás en los cielos!”, pero treinta y cinco veces, hasta que en las tinieblas –porque estaba colgado desnudo y encapuchado– lo veía a Dios. Era la cara de mi viejo, sólo que con una enorme barba, como uno se imagina culturalmente al Todopoderoso. Después tomaba personajes de mi vida, como mi hermano Jorge, y buscaba el primer recuerdo que yo tenía de él, cuando éramos chiquitos y nos bañábamos juntos, y desde allí iba reconstruyendo todo hasta la última vez que lo vi. De esas cosas me valía. Y también de reconstruir una obra. Por ejemplo, tratar de oír la voz de mi mujer cantando e imaginar qué instrumentos la acompañaban. Era un trabajo intelectual en el que me concentraba y sentía menos el dolor de la picana o de los golpes que me daban durante la tortura. Esas tres cosas forman parte de mi cultura: el amor por mis muertos, por mi gente y por la música. Incluso hoy tengo rituales. Dos o tres veces por semana, toco para mis muertos: los voy nombrando mientras toco y les cuento cosas que tienen que ver con ellos. Rituales de un cristiano que siempre tuvo una relación difícil con la Iglesia.


Artículo publicado originalmente en la sección Cultura del diario Tiempo Argentino.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Balance final del Tercer Congreso Nacional de Cultura: Hubo acuerdo en San Juan y van por una Ley Federal de Cultura

A cinco días de aquella apertura, en un auditorio colmado por más de mil personas, cerró el Tercer Congreso Nacional de Cultura realizado en la capital de la provincia de San Juan. Atrás queda una prolija organización, que alcanzó con creces el objetivo de pensar, debatir, buscar y proponer espacios para construir una nueva forma de entender ese concepto tan complejo que involucra la palabra cultura. Una gran cantidad de nombres vinculados a diferentes áreas del arte, la gestión y la política cultural aceptaron darse cita en una enorme variedad de mesas de discusión, en las cuales se trató una compleja red de temáticas que, desde puntos de vista y posiciones política y estéticas diversas, consiguieron convertir a este Tercer Congreso en un éxito. Sin embargo, llegado el final: ¿Qué debe entenderse por éxito cuando se habla de un acto de estas características, cuyo saldo no puede cuantificarse materialmente? ¿Cuál es ese rédito, al que no puede dársele un valor económico ni hacérselo cotizar en bolsa? Puede decirse que tal vez ese sea uno de sus logros: crear la conciencia de que los actos valiosos no siempre dejan ganancias, mensurables en cantidades de billetes apilados sobre una mesa. Si se trata de cultura, los objetivos primarios son otros.
Los ejes sobre los que se movieron las casi treinta mesas redondas, un gran número de foros diarios y mesas especiales son un ejemplo claro de que el tipo de discusión que buscó generarse aquí estuvo siempre más allá del simple mercantilismo. El papel del arte como agente integrador de las culturas o como medio de expresión de las clases sociales menos escuchadas, la administración de los patrimonios culturales, o el rol del Estado en los diferentes procesos de transmisión cultural son sólo algunos de los tópicos que dejan claro el perfil que asumió este Congreso Nacional de Cultura, y cuál fue su campo de acción. La revisión del concepto federal, que durante ciento cincuenta de los doscientos años de historia argentina parece haber sido sólo una palabra repetida en las páginas escolares, fue quizá la más grande preocupación que se manifestó a partir de diversas ponencias. María Isabel de Larrañaga, directora hace más de diez años del Museo Sívori, llegó a mencionar la posibilidad de pensar criterios para que el patrimonio artístico y cultural de la Nación, que en un alto porcentaje acumulan instituciones de la Ciudad de Buenos Aires, pudiera realizar exposiciones itinerantes (tomando todos los recaudos necesarios para preservar las obras), y así darle un nuevo significado a lo federal. En ese mismo sentido, Oscar Smoljan, secretario de Cultura de la provincia de Neuquén, opinó que “es la primera vez en dos siglos que se trata con seriedad el asunto de la descentralización del patrimonio cultural”.
La aplicación de la Ley de Medios fue otro de los temas relevantes atendidos en este Congreso. El secretario general de la Asociación de Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas, Alberto García Ferrer, opinó que dicha norma es “una innovación fabulosa”, que demuestra que “se puede cambiar” la forma en que las audiencias se relacionan con los medios de comunicación. Por su parte, el mexicano Guillermo Orozco Gómez, doctor en Educación egresado de la Universidad de Harvard, afirmó que “este es el único país donde se ve un esfuerzo realmente serio, apoyado por todos los sectores sociales, de hacer una reforma” como la que propone la Ley de Medios. El cineasta Tristán Bauer, presidente de Radio y Televisión Argentina SE, se refirió a la importancia de la implementación de la TV digital como medio práctico para cumplir exitosamente con los alcances de la ley, y consideró que la digitalización de las transmisiones implica una herramienta social fundamental para difundir la cultura y atender a los intereses regionales. Bauer también consideró que estos congresos “son ámbitos de discusión muy importantes”, que deben servir para “permitirnos avanzar en la construcción de una sociedad más igualitaria”.
El Tercer Congreso Nacional de Cultura llegó a su fin. El camino no fue simple, pero sí intenso: se habló, se pensó, se discutió la cultura, a veces con humor y cordialidad, otras con los dientes apretados, exponiendo y defendiendo las ideas con vehemencia, al fin y al cabo una de las pocas cosas que vale la pena defender con el propio cuerpo. Hay un año por delante para buscar nuevos pretextos, para renovar los proyectos y para evaluar la aplicación de lo aprendido aquí en San Juan. Porque los congresos de cultura no vuelven ricos a los países que asumen el riesgo y el costo de invertir en ellos, pero, sin duda, son útiles a la hora de decidir qué tipo de sociedad se quiere construir, qué nación se quiere habitar y cuál es el modelo de mundo que se elige para seguir confiando en el futuro. Tristán Bauer lo dijo mejor: “La realidad se puede cambiar y se debe cambiar cuando es injusta.” Y siempre es justo apostar por una cultura más inclusiva, genuina y popular en sus alcances.


Artículo publicado originalmente en la sección Cultura del diario Tiempo Argentino.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Apertura del Tercer Congreso Nacional de Cultura San Juan 2010: La cultura como instrumento del desarrollo de los pueblos

Buenos Aires es húmedo, agobiante en el empeño de hacer llorar a la piel espesas chorreaduras de sudor y todavía ni empezó la primavera. Respirar es pesado porque el aire es plomo aunque haga frío. Todo eso se percibe con sólo caminar hasta la esquina para cruzar cualquiera de las calles que se encuentran en la guía Filcar. Sin embargo nadie es demasiado consciente de eso en Buenos Aires, porque la ciudad también es uno que la habita y la construye. Pero subirse a un avión para bajar una hora y media después en la ciudad de San Juan, desnuda a la metrópolis capital en todo su horror atmosférico, poniendo al mismo tiempo en evidencia su autocumplida neurosis híper urbana. En cambio acá en San Juan todo es más ligero y manso, y hasta el clima tiene ese andar de provincia capaz de intercalar con inocencia el frío de la primera mañana, con la calidez del sol al llegar a la mitad de su paseo diario. Desde ayer, esta ciudad de carácter amable recibe a la tercera edición del Congreso Argentino de Cultura, un espacio en donde se propone formular, debatir y analizar los espacios dedicados a la cultura y los modelos para su gestión, tanto como sus diferentes alcances y promoción desde el ámbito de la política.
Organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación, en colaboración con el Gobierno de la provincia de San Juan y los Consejos Federales de Inversiones y Cultura, esta tercera edición del Congreso de Cultura abarcará cinco jornadas de intensa actividad, que incluirán charlas, debates, exposiciones, mesas redondas, conferencias magistrales y un sin numero de actividades paralelas, que tal vez consigan atravesar un poco la paz de esta ciudad. Y, como todo atravesamiento, producir nuevos sentidos, que de eso se trata. Es cierto que el evento puede considerarse un éxito ya desde antes de su inicio, con más de cinco mil inscriptos y una extensa e intensa nómina de panelistas y disertantes. Entre tantos, pueden destacarse los nombres de los músicos Miguel Ángel Estrella, José Luis Castiñeira de Dios, Juan Falú y Tukuta Gordillo; los periodistas Gustavo López, Patricia Kolesnicov y Néstor Busso; los artistas plásticos Daniel Santoro y Pedro Molina; los escritores Osvaldo Bayer y Juan Sasturain; el empresario Carlos Rotemberg y los cineastas Octavio Gettino, Tristán Bauer y Liliana Mazure, los dos últimos a cargo respectivamente de la gestión de Radio y Televisión Argentina S.E. (ente responsable del Canal y la Radio Pública), y del Instituto del Cine (INCAA). También participarán todos los responsables de las áreas de cultura de los diferentes gobiernos provinciales, además de prestigiosos docentes e investigadores de todo el país.
Durante el acto de apertura, presidido por el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, secundado por el Secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, más los secretarios de los Consejos Federales, Juan José Ciácera por el de Inversiones y Alfredo Jara por el de Cultura, algunos conceptos dejaron en claro los objetivos de este encuentro nacional. Con el acento puesto en el desarrollo y fortalecimiento de una identidad federal de la cultura, Jara llamó a robustecer los valores propios, sin atender “al canto de sirena del neoliberalismo.” Por su parte, Coscia dejó algunas frases con su sello. Insistió en que “no se puede hablar de federalismo sin dejar de hablar de integración regional”, llamando Patria Grande al conjunto de naciones latinoamericanas y recordó que su gestión trabaja no para “elogiar lo bueno, sino para seguir mejorando.”
El cierre del acto estuvo a cargo de los guitarristas Rolando García Gómez y el gran Juan Falú. Fue este último quien consiguió definir más acertadamente a la cultura como “fuente de florecimiento de los pueblos”. Y enseguida, con los acordes armoniosos y osados de sus guitarras, dieron por comenzado el Tercer Congreso Argentino de Cultura.


Artículo publicado originalmente en la sección Cultura del diario Tiempo Argentino.