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domingo, 22 de agosto de 2021

LIBROS - Juan Carlos Quattordio, el historietista que le puso tinta y sentimiento al heavy nacional y superhéroes al peronismo

Para los lectores de historieta, el nombre de Juan Carlos Quattordio es familiar y su trabajo no necesita presentación. Para las huestes del heavy metal, tampoco. Es que los argumentos de muchos de sus trabajos han tenido como escenario o telón de fondo al universo del metal vernáculo. Eso abarca tanto a la saga de Los años metálicos como Chico conoce chica y sobre todo a Judas Riff, clásico que nació a comienzos de los ‘80 en la mítica revista metalera Riff Raff y poco después tuvo un desprendimiento en ese Aleph de las viñetas nacionales que fue la primera etapa de la Revista Fierro. En todas ellas el heavy, su imaginario más ochentoso, sus leyendas, sonidos y estética ocupan un lugar preponderante y siempre es abordado de forma lúdica. A veces contando la historia desde el corazón de la escena metalera, como en Judas Riff. Otras de forma retrospectiva, a modo de memorias que tienen a la nostalgia y la añoranza como elemento distintivo: así ocurre en Los años metálicos. Ambas obras acaban de ser publicadas completas y en un volumen único por la editorial Deux Studio. La noticia amerita ser celebrada.

“Es muy loco el vínculo de la gente con Judas Riff, porque mi nombre quedó asociado a aquel trabajo: Quattordio es Judas Riff”, confiesa el historietista desde Mar del Plata. Lejos de la resignación, en el comentario habita el agradecimiento. “Yo no tengo la mala onda que tenía el Flaco Spinetta con ‘Muchacha’. Le debo mucho a Judas, porque me permitió entrar en Fierro. Y además llegó a mi vida antes que el heavy metal”, recuerda. Quattordio empezó su carrera como artista gráfico en la revista Tren de carga que dirigían Eduardo de la Puente y Sergio Marchi y así conoció a Frank Blumetti, fundador de la Riff Raff. Él le pidió que pensara una historieta que retratará a los especímenes del mundo del cuero y las tachas. Así nació la tira, cuyos personajes se inspiran en los de Lucien, obra del francés Mark Margerin que la revista Metal Hurlant, ícono del cómic europeo, empezó a publicar en 1979.

A poco del debut de la tira su autor se unió a Conan, banda pionera de la escena pesada en La Feliz, con la que trajinó sus enérgicos escenarios. “Yo cantaba en un grupo folk a lo Pastoral y una vez alguien me dijo que había una banda heavy que estaba buscando cantante. Y me mandé”, rememora Quattordio. “Ensayábamos en el sótano del Sacoa de la peatonal: un pasillo de unos 50 metros donde estaban las bauleras del edificio, que se alquilaban como salas de ensayo. Era una especie de ciudad del rock re-loca, donde había desde punkies a funkies, bandas de reggae y un par de bandas metálicas. Y todos se mezclaban con buena onda”, sigue el autor. Parte de esas memorias felices alimentan las viñetas de Los años metálicos, donde la autobiografía se mezcla con la ficción para contar la vida de un cuarentón en plena crisis, que se debate entre resolver las dificultades de sus vínculos amorosos y la nostalgia por los idealizados viejos tiempos.


La veta autobiográfica reaparece en el corto animado YOn My Space, que Quattordio estrenó a fines de marzo en su canal de YouTube, en el que contó con la colaboración de Facundo Arana en voces. “El corto representa el último arco de Chico conoce chica, trabajo que pronto también será editado completo por Deux Studio”, revela el autor. “Lo pensé en 2004 como un cierre, una especie de duelo que quería hacer por la relación con una chica con la que estaba en aquel momento”, confiesa. Ahí narra la historia de YOn, un hombre que para resolver sus problemas existenciales decide comprarse su propia estación espacial y así “experimentar un vació más grande” que el suyo. A la manera de 2001, la travesía también representa un viaje astral a los confines de los sueños, miedos y recuerdos del protagonista. La figura de Arana entra en escena pocos años más tarde, cuando Quattordio le acercó algunos ejemplares de sus libros y descubrió no solo a un fanático de las historietas, sino a un nuevo amigo que no tuvo drama en sumarse al proyecto bien desde abajo. “Es increíble la forma en que Facu entendió al personaje y cómo su voz se acopla a él”, recuerda con gratitud el autor.

En cambio Argentina potencia no tiene nada de autobiográfico. O tal vez sí: este cómic cuenta, a lo Watchmen, una historia de superhéroes vintage pero bien argentos, que estuvieron activos durante el primer gobierno peronista, el del General y Evita. Quattordio -que en colaboración con Juan Sasturain, hoy director de la Biblioteca Nacional, ya había abordado el género con Zenitram, otro superhéroe que lucha por la justicia social- utiliza las capas y los antifaces para apropiarse y ampliar la rica mitología peronista. Es que, así en la realidad como en la ciencia ficción: los mejores días fueron y serán... (complete la línea de puntos).

Pequeño Quattordio Animado 

Además de YOn My Space, el corto que se puede ver en su canal de YouTube y contó con Facundo Arana a cargo de la voz del personaje protagónico, Juan Carlos Quattordio se encuentra en medio de otro proyecto animado. En la actualidad trabaja en una serie de cortos animados a partir de un extenso reportaje que Lautaro Ortiz, director de la edición digital de Revista Fierro, le realizara en 2008 nada menos que a Francisco Solano López, el mítico ilustrador de El Eternauta. Los primeros episodios ya pueden verse en la web de la revista: https://revistafierro.com.ar/. Un verdadero lujo.

Por su parte, los libros de Quattordio pueden conseguirse en distintas comiquerías del país y en la tienda online del propio sello editor, Deux Studio: http://www.deuxstudio.net/.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

martes, 2 de marzo de 2021

CINE - 11º edición local del Festival Internacional de Cortometrajes sobre Diversidad Cineversatil

Con la llegada de marzo empieza de algún modo la temporada de festivales. A la espera del comienzo del próximo Bafici, el número 22 –que tras haber suspendido su edición de 2020 a causa de la pandemia este año adelanta su fecha, dejando su habitual espacio de mediados de abril para realizarse del 17 al 28 de este mes—, ya es posible disfrutar de otros encuentros de cine para ir calentando motores. Este martes comienza la 11º edición local del Festival Internacional de Cortometrajes sobre Diversidad Cineversatil que, como su nombre lo indica, propone una programación que busca fomentar la formación, producción académica y activismo cinematográfico sobre diversidad sexual y afectiva. Dicho programa está compuesto por dos secciones competitivas, una Internacional y la otra Nacional, cuatro retrospectivas y otras cinco secciones no competitivas, además de los cortos que tendrán el honor de oficiar como películas de apertura y cierre del festival. Todos los trabajos programados, un total de 42, podrán verse de forma gratuita hasta el próximo sábado 6 a través de la página del festival, Cineversatil.com.

La apertura de las actividades le corresponderá a Hands and Wings, corto filmado en blanco y negro en el que el surcoreano Sungbin Byun narra la historia de un adolescente gay con una severa discapacidad motora que trata de masturbarse. Esta obra, que pone en cuestión los límites del amor no solo en términos físicos, ha tenido un amplio recorrido por festivales de cine LGBT+ en Europa y Asia. El honor de cerrar esta edición le corresponderá a Cruising, del director venezolano Valentino R. Sandoli. A partir de una estética preciosista que llega a rozar el imaginario publicitario, el corto de Sandoli es una exploración erótica en el sentido más carnal y lúbrico de la palabra, cuya representación de algún modo se encuentra en las antípodas del universo propuesto por Sungbin Byun en Hands and Wings. Curiosamente, ambas películas comparten mucho más de lo que sus superficies permiten: en las dos el deseo aparece como una entidad idealizada que se anhela con ansia, incluso de forma desesperada, pero a la que es difícil alcanzar. 

Las dos secciones competitivas son cortas pero intensas: la Internacional está compuesta por seis títulos y la Nacional apenas por tres. La primera incluye los cortos Antinopia (España, 2020), los alemanes Revolvo (2019) e In den Binsen (2020), La amante (Puerto Rico, 2019), No es coma (España, 2019) y el argentino Catramina (2020). Por su parte, la selección argentina está compuesta por las películas Karaoke (Buenos Aires, 2020), Paralelos (Buenos Aires, 2019) y Río (Córdoba, 2020). El jurado estará conformado por la argentina Clarisa Navas, directora del premiado largometraje Las mil y una; el actor chileno Juan Carlos Maldonado, recordado por su protagónico en el film El príncipe, y el director del Festival Internacional de Cine de Guayaquil Jhonny Obando.

En cuanto a las retrospectivas, las mismas estarán dedicadas a cuatro realizadores iberoamericanos en cuyas filmografías se manifiesta un permanente interés por abordar temáticas vinculadas al género y la diversidad. Entre los homenajeados se destaca la figura de la chilena Marialy Rivas, conocida sobre todo por películas como Joven y alocada (2012), su primer largometraje de ficción, o Princesita (2017). Pero además Rivas tiene el mérito de ser considerada la primera cineasta de su país en realizar un cortometraje de temática LGBTIQ+, el documental Desde siempre (1996). También será reconocida la trayectoria del director venezolano Rodolfo Graziano, que cuenta con un logro similar en el país caribeño, gracias a su corto de 1982 Entendido´s un acercamiento al movimiento homosexual en Venezuela, en el que retrata a un grupo de activistas gay que venía trabajando desde la década de 1970. Las otras retrospectivas estarán dedicadas a dos directores jóvenes: el español Damiá Serra Cauchetiez, vencedor del festival Cineversatil 2020, y el mexicano Roberto Fiesco, ganador de la edición de 2016. Por último, las secciones paralelas no competitivas serán cinco: Cortos Cortitos, DIVERCILAC, Video Artes, (Des)Encuentros Familiares y Thriller Queer. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

CINE - 3° Festival Internacional de Cine Colombiano en Buenos Aires (FICCBA): Narrativas desde el territorio

Reuniendo un conjunto de películas que ponen en cuestión los imaginarios implantados a partir del choque cultural que en América produjo la conquista, la tercera edición del Festival Internacional de Cine Colombiano en Buenos Aires (FICCBA) funciona como una potente clausura para la temporada de festivales 2020. Realizado de forma gratuita a través de la plataforma Indyon.tv, su programación ofrece, hasta el próximo domingo 20 de diciembre, una serie de recorridos que se proponen contrarrestar las jerarquías racializantes, sexuales, de clase, lingüísticas, religiosas y económicas preestablecidas por una modernidad que lleva cinco siglos arraigada en territorio americano. Nucleadas bajo la consigna general “Narrativas desde el territorio”, estos recorridos organizan la selección oficial en cinco ejes temáticos.

“El FICCBA tiene como propósito contribuir con el desarrollo de la cultura y las industrias cinematográficas colombiana y argentina, así como promover su difusión en Latinoamérica a través del fomento de la coproducción cinematográfica entre los países, la formación de audiencias y el apoyo a cineastas emergentes”, resume Daniel Saldarriaga, director artístico y productor del festival. Todo eso queda expresado en un trabajo curatorial que reúne más de 40 títulos, repartidos en tres secciones: Competencia Colombiana, Competencia Argentina y una sección no competitiva. En ellas, los largometrajes compiten en pie de igualdad con los medios y cortometrajes. 

Saldarriaga explica que, al ser un festival de cine colombiano, “la programación está atravesada por el contexto social y político” de ese país, cuya historia reciente está signada por la violencia política. “En los últimos años ha sido evidente la crisis del proceso de paz”, expresa el director artístico, “en la medida en que el gobierno actual busca atacar los acuerdos, negando el conflicto desde el Centro Nacional de Memoria Histórica y el uso de un discurso de doble moral”. El programador revela que “la deslegitimación del acuerdo de paz, la negación del conflicto armado o de la responsabilidad del Estado en el mismo, sumada a la falta de la implementación de los acuerdos y la poca o nula presencia estatal en las regiones, lleva a que la disputa por el territorio, atravesada además por el narcotráfico”. Un escenario que genera, dice, “una nueva oleada de violencia donde se atacan y asesinan a ex combatientes y líderes sociales, se fortalezcan las bandas paramilitares y otras guerrillas, generando como resultado un éxodo, el aumento de masacres y el desplazamiento de las comunidades afro, campesinas e Indígenas”.

Para Saldarriaga la programación del FICCBA nace “de la necesidad de buscar voces que desde el territorio den cuenta de esas problemáticas desde una visión autoral”, a través de películas que “pongan en tensión y debate esas miradas oficiales, hegemónicas y conservadoras en Colombia”. Películas que, insiste, “ayudan a pensar en todo este fenómeno político y social, y a seguir indagando en nuestro laberinto de la violencia y sus distintos matices”. “Desde la representación el cine tiene el potencial de crear, de transformar imaginarios”, comenta el director artístico del FICCBA. “El poder de narrar la forma en que los individuos se vinculan a sus territorios, las problemáticas que viven dentro de ellos y el contexto que les envuelve. El cine es una herramienta de la memoria que aúna múltiples visiones sobre hechos específicos de la historia, que no deben ser olvidados, porque nos marcan como país y cultura”, sostiene. 

Por esos caminos avanzan los 25 títulos de la Competencia Colombiana, divididos en los cinco ejes temáticos citados con anterioridad. El primer conjunto, que puede verse desde ayer en la plataforma, se concentra en la ausencia y las intervenciones fallidas del Estado. El mismo está integrado por La última marcha (Ivo Aichenbaum y Jhon Martínez, ‘20); El renacer del Carare (Andrés Jurado, ‘21); Bicentenario (Pablo Álvarez Mesa, ‘43); Jílble (Laura Huertas Millán, ‘24); Vorágine 31 (varios directores, ‘8); Telepatina (Carlos Armando Castillo, ‘13); y Suspensión (Simón Uribe, ‘73). 

El segundo grupo, disponible a partir de hoy, aborda la violencia política que surge del intento de dominar los territorios. Ahí se exhiben las películas Las razones del lobo (Marta Hincapié Uribe, ‘71); Las fauces (Mauricio Maldonado, ‘13); La mirada desnuda (Santiago Giraldo Arboleda, ‘26); Todo es culpa de la sal (María C. Pérez González, ‘10); Umbral (Gloria Gómez Ceballos, ‘2); El remanso (Sebastián Valencia Muñoz, ‘19); y Mundomalo (Andrés Acevedo Zuleta, ‘12).

A partir de mañana podrá verse el tercer grupo, en donde se cuestionan las pertinencias establecidas de forma arbitraria por las fronteras. El mismo está conformado por las películas Cartucho (Andrés Cháves, 55); Vida de un rey (Rodrigo Dimaté, ‘26) y Los fantasmas del Caribe (Felipe Monroy, ‘87). Un día más tarde se sumarán a la grilla El susurro del jaguar (Thais Guisasola, ’79) y La libertad (Laura Huertas Millán, ‘30), que exponen las diferentes luchas de resistencia llevadas adelante desde los cuerpos.

Por fin, el viernes traerá las últimas seis películas, cuyas narrativas surgen de trabajos colectivo o comunitario que desafían las formas jerárquicas de hacer cine y de estar en el mundo. Se trata de Ushui, la luna y el trueno (Rafael Mojica Gil, ‘72); Sueños de utsu (Ana Jaramillo Beltrán, ‘14); Lumbalú (Jorge Pérez, ‘15); El libertario (Eugenio Gómez Borrero, ‘15); Quién los mató (Jhonny Hendrix Hinestroza, ‘6); y A mitad del camino (Germán Arango y Paula Medina, ‘9). 

Llama la atención la insistencia con que dentro de la programación reaparecen temas como la violencia política, la acción de los movimientos sociales y el campesinado, el lugar que ocupa la tradición ancestral, la ecología o las luchas que llevan adelante el feminismo y los colectivos LGBT+. “Esas temáticas son recurrentes porque, lastimosamente, son historias que en el país no dejan de repetirse”, se lamenta Saldarriaga. Pero considera que la gran diferencia se da en el abordaje que hay frente a ellos, ya que ninguna de las películas programadas expresa “un punto de vista exotizante”, sino que hablan de estas problemáticas desde sus lugares, “precisamente para no banalizar esto que nos atraviesa”. Para ver la programación completa y la grilla diaria del FICCBA 2020, consultar en ficcba.com/ficcba-2020.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

viernes, 9 de octubre de 2020

CINE - Presencia argentina en el 2020 BFI London Film Festival: Tendiendo puentes a través del cine

A pesar de la pandemia, las restricciones provocadas por ella y de una crisis que por un motivo u otro ya lleva cinco años, el cine argentino vuelve a decir presente dentro de un importante festival europeo. Se trata de las películas Un crimen común, primer trabajo en solitario del director Francisco Márquez, y de El prófugo, segundo largometraje de Natalia Meta, que forman parte de la acotada programación del tradicional BFI London Film Festival, que este año se realiza en el formato online entre el 7 y el 18 de octubre. Ambos títulos ya habían provocado un gran impacto durante el mes de febrero, cuando participaron de la última edición de la Berlinale, el único de los grandes festivales de cine que pudo realizarse con normalidad en este 2020 atípico. La expedición argentina en la capital británica se completa con la presencia de los cortometrajes Salsa, de Igor Dimitri; Loose Fish, dirigido por Francisco Cantón y Pato Martínez, que pasó con éxito por el último Festival de Toronto, y En el nombre del hijo, con el que Martina Matzkin también integró la selección que participó del Festival de Berlín, de donde se volvió a casa trayendo varios premios. 

En Londres, los dos largos se estrenan esta semana e integran la sección Dare (Atreverse), que reúne films que buscan “sacar al espectador de su zona de confort”. Y vaya si cumplen con la premisa. En la película de Márquez, una profesora universitaria decide no abrir la puerta de su casa cuando el hijo de su empleada doméstica, al que apenas conoce, golpea desesperado una madrugada de tormenta. Con la actriz Elisa Carricajo en el protagónico, Un crimen común no elude los alcances políticos de la historia que aborda, algo que su director ya había hecho en su ópera prima, La larga noche de Francisco Sanctis (2016), codirigida junto a Andrea Testa. En ambas, sus personajes se ven obligados a tomar una decisión ética compleja durante una noche infernal. 

En el caso de El prófugo la historia que se desarrolla en el terreno de lo fantástico. Basada en la novela El mal menor, del escritor argentino C. E. Feiling (quien ocupó un lugar destacado en la redacción de este diario hasta su temprana muerte, en 1997), la película retrata a una cantante y actriz de doblaje que comienza a percibir una serie de hechos inquietantes que se manifiestan sobre todo en el plano sonoro, pero que nadie más parece notar. Con algunos puntos de contacto con Berberian Sound Studio (Peter Strickland, 2012), cuyo protagonista también trabajaba con el sonido y las películas, El prófugo cuenta con otra buena actuación de Érica Rivas, acompañada por un gran elenco que incluye a Cecilia Roth, Daniel Hendler y Nahuel Pérez Bizcayart. 

El lugar que se ganaron estas cinco películas dentro de un festival tan tradicional como el de Londres, que se realiza desde el año 1957, no debe ser menospreciado. En primer lugar porque a pesar de la reducción abrumadora en la cantidad de títulos programados debido a la pandemia, que llevó la selección de los 300 largometrajes que habitualmente se proyectan durante el festival a menos de 60, el cine argentino vuelve a destacarse en cantidad y calidad. Entonces, no es un hecho para nada menor que las películas de Márquez y Meta integren esta lista corta que incluye los últimos trabajos de directores de prestigio mundial como Tsai Ming Liang (Days), Miranda July (Kajillionaire), Abel Ferrara (Siberia), Spike Lee (David Byrne’s American Utopia), Christian Petzold (Undine), Steve McQueen (Mangrove), Lav Diaz (Genus Pan), Hirokazu Kore-eda (A Day Off of Kasumi Arimura) o Thomas Vinterberg (Another Round).

Pero también por el impacto cultural que representa que cinco trabajos nacionales participen del evento cinematográfico más destacado del Reino Unido, un país con el que la Argentina mantiene significativos puentes culturales, pero también una tensa agenda política. La relevancia y el apoyo que la Embajada argentina en la capital británica le han dado a la intervención de estos filmes en el BFI confirman el enorme valor que tiene la cultura en la construcción de lazos formales e informales entre dos naciones. Al ser consultado, el embajador argentino ante el Reino Unido, Javier Figueroa, coincidió en que “el gran desafío de la promoción cultural argentina en el exterior es forjar vínculos entre las industrias culturales de los países en los que uno desarrolla tal actividad”. En el mismo sentido, el diplomático afirmó que “las expresiones artísticas y el cine en particular tienen siempre un impacto beneficioso en la relación entre los países”, porque “muestran lo que es realmente una sociedad, evitando caer muchas veces en estereotipos”. Sostuvo además que estas no solo hablan de un contexto sino también “de la capacidad y el talento de los artistas y de una industria”. “Un gran director de cine no aparece por generación espontánea”, dijo Figueroa, sino que son la manifestación de “una tradición y de una industria cinematográfica potente”.

El embajador sabe que todo esto resulta de gran importancia en lo que hace al vínculo con el Reino Unido, “con el cual tenemos una agenda política compleja”, pero que en materia cultural siempre ha sido un país con “una gran avidez por todas las ramas de la cultura argentina que te puedas imaginar”. Incluso con las restricciones que impone el COVID, la Embajada argentina se mantiene activa en el terreno cultural. “Estamos organizado seminarios en Oxford sobre literatura argentina y conciertos por el centenario del nacimiento de Astor Piazzolla”, contó Figueroa. Y en el terreno cinematográfico, el embajador confirmó la participación en el Festival de Cine Queer (Fringe) y en el Instituto de Arte Contemporáneo (ICA), donde se presentaran dos films de jóvenes realizadores argentinos.  

 Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

miércoles, 7 de octubre de 2020

CINE - Ciclo de cine cordobés, online y gratuito: El boom mediterráneo

A la hora de hablar de arte, las etiquetas suelen ser una herramienta cómoda. A través de ellas es posible reunir bajo un mismo rótulo a un corpus de artistas y obras que comparten algunas características específicas, generando una ilusión de homogeneidad. Pero las etiquetas también empobrecen, porque en pos de destacar esas coincidencias –que a veces ni siquiera tienen que ver con cuestiones estéticas— acaba relegando a un segundo plano la riqueza que aporta la diversidad. Eso es lo que pasa cuando se habla del Nuevo Cine Cordobés, que es como se conoce a una generación de cineastas que durante la segunda década del siglo XXI consiguió convertir a la provincia mediterránea en una auténtica usina creativa. En busca de exponer la complejidad que se oculta detrás de esa simplificación, el joven Colectivo de Cineastas de Córdoba (CCC) presenta Ningún lugar adonde ir, un ciclo de películas realizadas por algunos de los casi 80 miembros de la agrupación.

En el Manifiesto publicado en su web, el CCC se define como “un espacio de participación basado en debates y acciones para defender todos los modos posibles de hacer cine”. Esa parece ser también la directriz que sostiene la programación de Ningún lugar adonde ir. La misma incluye alrededor de 40 títulos, entre cortos y largos, que podrán verse de manera gratuita desde el 8 de octubre y hasta el 4 de noviembre, a través de la plataforma online www.colectivodecineastascordoba.com. 

Además de las películas, que se presentarán divididas en cuatro programas de frecuencia semanal, la muestra propone una serie de actividades que se trasmitirán por el canal de YouTube del CCC. Entre ellas la que tendrá lugar este jueves a las 20 y oficiará como apertura. Ahí, los músicos Negra Marta y Juan Pablo Toch interpretarán la banda sonora del film Julia y el zorro (Inés María Barrionuevo, 2018) y luego dialogarán con el sonidista Atilio Sánchez acerca de su composición. 

El primer programa incluye cuatro largometrajes, entre los que se destaca Salsipuedes, ópera prima con la que Mariano Luque participó en 2011 de los festivales de Berlín y Cannes y donde retrata a una pareja disfuncional cuyo vínculo se encuentra atravesado por la violencia de género. Uno de los méritos de Luque consiste en abordar la cuestión sin necesidad de que esa violencia se vuelva gráfica. Atlántida también es la ópera prima de la nombrada Barrionuevo y tuvo su estreno en la Berlinale de 2014. Ahí la directora realiza un retrato reconocible de la adolescencia, con la mirada puesta en las vivencias e inquietudes de un grupo de chicos que crecen en un pueblo de provincia que solo es tranquilo en apariencia. Segunda película de Rodrigo Guerrero, El tercero es un film de registro minimalista que retrata el vínculo y los juegos de seducción que establece una pareja gay con ese “tercero” en discordia. Por su parte, El color de un invierno (2016) de Lion Valenzuela Gioia, último largometraje del segmento, narra una historia de amor lésbico en la que dos jóvenes comienzan a descubrir su propia forma de estar en el mundo. 

De esta primera parada también forman parte tres cortometrajes: El olvidao (Nicolás Acosta Koenig, 10’, 2017), El sonido de la campana (Augusto Sinay, 15’, 2019) y Yo sé que me escuchas (Raúl Vidal, 7’, 2009).

Cuatro son también los largos del segundo programa, pero si en la primera semana mandaba la ficción, ahora es el turno del documental. El mundo del cuarteto es universo que eligió Exequiel Casanova para su debut cinematográfico, No te mueras nunca (2018), donde reconstruye la historia de ese ritmo popular que forma parte de la identidad cordobesa. En Primera luz (2019), Juan Darío Almagro realiza un autorretrato de pareja en el que expone sus dudas, experiencia y aprendizaje en torno a la maternidad/paternidad. Por su parte, Gurises al abordaje (2008), de Dimas Games, regresa al conflicto que sostuvieron la Argentina y el Uruguay por instalación de una planta de procesamiento de pasta de celulosa en la margen oriental del río Uruguay, pero visto a través de un grupo de chicos de ambos países. Por último, en La resistencia (2005) Daniela Goldes busca aproximarse a la obra poético-política de Fernando Birri. 

La programación de la segunda semana se completa con los cortos Campanya (Varios directores, 28’, 2015), La unidad de los pájaros (Cruz Lisandro Morena, 30’, 2017), N°2480 (Federico Gianotti, 11’, 2016) y Quereme así... piantao (Andrés Dunayevich, 10’, 2019). 

El ciclo tendrá continuidad en semana del 22 al 28 de octubre. Ahí se verá Primero enero (2016), sólido debut de Darío Mascambroni sobre un padre joven que pasa con su hijo las primeras vacaciones tras un divorcio reciente. Otra ópera prima es Pies en la tierra (2013), de Mario Pedernera, que registra el viaje de un pescador paralítico con su silla de ruedas a través de Entre Ríos. Los pasos (61’, 2020) también representa la primera experiencia de Renzo Blanc, quien filma la interacción entre una madre y su hija de manera simple, pero sin desatender la complejidad natural del vínculo. Por fin, El deportivo (79’, 2015) registra la experiencia colectiva realizada por el grupo de alumnos que asistieron a un taller de cine dictado por el cineasta Rosendo Ruiz y el crítico Alejandro Cozza, dos figuras vitales en el surgimiento del NCC. 

Los cortometrajes incluidos en este tercer bloque son La virgen del agua (29’, 2018) de Joaquín Possentini; Enajenación instantánea (Adrián Ochoa, 15’, 2017), Ciudad (Sol Muñoz y Ana Apontes, 11’, 2015), Clavel del aire (Gabriel Elettore y Dante de Noia, 7’, 2019) y Síntoma (Gisela Supichatti, 6’, 2015). 

La última semana será el turno de La laguna (2013), de Luciano Juncos y Gastón Bottaro. También se verán Paraíso (2018), de Pablo Falá y Azul el mar (2019) de Sabrina Moreno. Para cerrar el ciclo fueron seleccionados los cortos Suculentas (Lucas Rosa, 15’, 2017), Ejercicios del primer Campos (Martín Emilio Campos, 11’, 2015), Concéntrico (Diego G. Medina, 7’, 2017) y Paradoja (Ariel Ferreyra, 4’, 2014). Por su parte el largometraje Instrucciones para flotar un muerto (2018) se podrá ver el 4 de noviembre y será el encargado de clausurar el ciclo. Ese mismo día a las 20, la cantante Eva Gou interpretará la música de la banda sonora de la película y luego dialogará con su director, el cineasta Nadir Medina. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

viernes, 3 de julio de 2020

CINE - "Hecho en casa" (Homemade), de varios directores: Un ojo de mosca global

Las cuarentenas que los estados han implementado para reducir el impacto de la pandemia de covid-19 ha afectado a la industria audiovisual en todos sus niveles. Para intentar hacerle frente a la situación han surgido distintas iniciativas que, impulsadas por los propios creadores, se las ingeniaron para ponerle play a la forzosa pausa impuesta por la enfermedad y consiguieron convertirse en películas. Tres de ellas se estrenaron esta semana a través de distintas plataformas: la argentina Murcielagos (amnistia.org.ar/autocine), la rumana 9 historias de amor y odio en aislamiento (cineartelumiere.com.ar) y la coproducción Hecho en casa, que a partir de esta semana se incorporó al catálogo de Netflix.
Las tres al formato de antologías de cortos reunidos por afinidad temática. A diferencia del film rumano, dirigido por Dan Chisu, pero igual que la producción argentina, Hecho en casa no solo aglutina una cantidad de historias breves (17), sino que convocó a igual cantidad de directores del mundo, todos con un prestigio bien ganado dentro del universo del cine, para abordar el asunto de forma global. Aunque de manera predecible el resultado final es desparejo, todos los cortos presentan puntos de vista reveladores de distintas situaciones o emociones vividas durante el forzoso encierro colectivo. Ese detalle convierte a Hecho en casa en una suerte de ojo de mosca, capaz de mirar un único objeto (la vida en cuarentena), pero de obtener 17 impresiones diferentes del mismo.
La idea original es del chileno Pablo Larraín, uno de los cineastas sudamericanos con mayor ascendiente internacional. Él es también el director del único corto planteado abiertamente en términos de comedia, poniendo en escena la necesidad de contacto (humano, físico, emotivo y hasta sexual) que la pandemia puso en evidencia. En él, un anciano se comunica desde un geriátrico por video llamada con una antigua novia para decirle que nunca dejó de amarla. El chileno Jaime Vadell está excelente en el rol de seductor chanta y Mercedes Morán vuelve a demostrar sus kilates como actriz y una exuberante capacidad y calidad de puteadora.
Otros optan por retratar a sus familias, obligadas a permanecer juntas y encerradas. Entre ellos están Natalia Beristain y Nadine Labaki, quienes filman a sus hijas pequeñas mientras juegan (el de la mexicana resulta tierno; el de la libanesa, básico y pasado de rosca). En esa línea el chino Johnny Ma le escribe una carta a su madre desde el confinamiento con su familia mexicana y aprovecha para compartir con el espectador la receta materna para preparar dumplings. Y la keniata Gurinder Chadha celebra la posibilidad de poder pasar más tiempo en casa con sus hijos.
Otros abordan los efectos del encierro y la soledad, poniendo en escena los estados alterados: la actriz Kristen Stewart retrata la angustia y el cansancio que puede producir el no hacer nada, y el alemán Sebastián Schipper se desdobla con gracia en varios “yo”. Maggie Gyllenhaal imagina una historia de ciencia ficción en la que el virus afecta la distancia entre la Tierra y la Luna, interpretada por su marido, el actor Peter Sarsgaard. Y el italiano Paolo Sorrentino improvisa un diálogo íntimo entre el argentino y la británica más famosos del orbe: el papa Francisco y la reina Isabel.
También están los que se hacen preguntas, como el maliense Ladj Ly, que retoma un personaje de su reciente film Los miserables para mostrar con un drone la cuarentena en un barrio de inmigrantes de París y cierra con un interrogante: “Esta es una época dura. ¿Pero para quién?” También se hace una pregunta el escocés David Mackenzie que, tras seguir a su hija en algunas actividades habilitadas en Glasgow, la extiende al espectador: “¿Qué es lo esencial?” Elegantemente político, el chileno Sebastián Lelio crea un musical consciente de lo que significa estar aislado para quien tiene privilegios de clase y cierra con el canto colectivo de los indignados de su país: “¡Oh, Chile despertó. Despertó, despertó, Chile despertó!”  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

sábado, 28 de marzo de 2020

CINE - Edición especial del Festival online My French Film Festival: Cortos contra el Covid

Resulta paradójico que en lo que parecía el apogeo de la globalización, responsable entre otras cosas del surgimiento de un neologismo como el verbo viralizar, sea un virus el que haya puesto en cuestión el rumbo de la humanidad. Pero a la pandemia provocada por el Covid19, el infame coronavirus, se le opone una resistencia colectiva que parece haberse nucleado en torno a una consigna, que a través de los mismos mecanismos también se volvió viral. El hashtag #QuedateEnCasa –o su versión internacional #StayHome— se ha convertido en el común denominador de un sinfín de iniciativas. Desde todos los sectores de la cultura, las mismas se proponen colaborar con la necesidad ampliar el abanico de actividades que pueden realizarse puertas adentro, en cada hogar, y así ayudar a garantizar el necesario aislamiento social. Esta vez la propuesta llega desde Francia y para todo el mundo. Se trata de My French Film Festival, festival de cortometrajes online de que hasta el 27 de abril ofrece una programación de 50 títulos, todos ellos de origen galo, que pueden verse de manera gratuita.
Organizado por Unifrance, el organismo a través del cual el Estado francés promociona su cine en el mundo, My French Film Festival reúne una selección de cortos pensada como una alternativa para, según proclama el propio festival, “divertirse, reflexionar, aprender, maravillarse, reír, abrir una ventana -incluso virtual- al mundo, luchar contra el aburrimiento y recordar que el cine y la cultura pueden desempeñar un papel beneficioso en la grave crisis sanitaria que estamos atravesando”. Todos los títulos seleccionados incluyen el subtitulado en varios idiomas, entre ellos el castellano, y como en todos los festivales de cine han sido agrupados en diferentes secciones.
Estas funcionan a partir de ejes temáticos, que le permite al internauta-espectador recorrer el programa con mayor precisión. Las secciones son seis en total, cuyos títulos son ilustrativos en un grado casi literal: Family Affairs (Asuntos de familia), Kids Corner (El rincón de los chicos), Love and Feelings (Amor y sentimientos), Portraits of Woman (Retratos de mujer), Teen Spirit (Espíritu adolescente), que es la más nutrida en cantidad de títulos, y What´s going on? (¿Qué está pasando?), en la que se agrupan aquellos films con propuestas temáticas o estéticas infrecuentes. Entre todas estas, las únicas secciones competitivas son Family Affairs y Teen Spirit.
En la primera, integrada por siete títulos, las películas retratan los vínculos familiares desde distintos ángulos. A veces desde el drama, como en El mundo del revés, de Sylvain Desclous, o en Un hombre, mi hijo, de Florent Gouëlou. Otras veces con humor, como la animada Almuerzo dominical, de Céline Devaux. En cambio las 12 películas en Teen Spirit abordan distintas historias sobre el duro trance de hacerse grandes. En el universo amplio de la sección What’s going on? se destacan las propuestas de la también animada La noche de las bolsas de plástico, de Gabriel Harel, cuya historia transcurre en un universo femenino en el que las bolsas de plástico adquieren una ominosa existencia. O la descontrolada En búsqueda del Ultra-Sexo, que hurga en los archivos desclasificados del FBI sobre películas condicionadas. Sus directores son Nicolás Charlet y Bruno Lavaine, conocidos por su trabajo junto al dúo Daft Punk. Para acceder a la programación solo se debe ingresar al portal www.myfrenchfilmfestival.com.
My French Film Festival ya había tenido una edición online este año, entre los meses de enero y febrero, pero sus responsables creyeron que realizar una edición extraordinaria era una idea oportuna, dado lo particular de las circunstancias sanitarias que atraviesa el mundo. Cabe aclarar que la programación actual es completamente nueva respecto de la edición realizada a comienzos del año. La misma funciona además como un oportuno compendio de la historia del festival, reuniendo los mejores títulos de las diez últimas ediciones. La idea detrás de la consigna es darle visibilidad a los nuevos autores, muchos de los cuales serán sin dudas los encargados de crear el cine francés en los próximos años.
Pero la propuesta no concluye con las películas porque, como ya se sabe, uno de los momentos más gratos del ritual del cine son las charlas posteriores. Para eso, My French Film Festival le propone al público usar su página de Facebook (@MyFrenchFilmFestival) como Meeting Point donde encontrar compañeros de festival, comentar los cortos vistos e intercambiar opiniones. Además el festival pone sobre la mesa el formato del streaming como posibilidad para que estos eventos, que por lo general se realizan en salas, encuentren una alternativa en tiempos de coronavirus. Teniendo en cuenta la proximidad del 22° Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici), que originalmente estaba programado para realizarse entre los días 15 y 26 de abril, y el silencio que sus responsables mantienen hasta ahora, tal vez no sea descabellado pensar que el streaming puede ser una alternativa viable para evitar su posible postergación o cancelación.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

viernes, 29 de julio de 2016

CINE - "Cuando las luces se apagan" (Lights Out), de David F. Sandberg: Méritos oscurecidos

Sin dar pena, como ocurre de manera bastante frecuente, pero tampoco sin grandes novedades respecto de su temática o del enfoque estético con el cuál se aborda la narración, Cuando las luces se apagan, de David Sandberg, se suma a la lista siempre extensa de las películas de terror que se estrenan cada año. Nada nuevo, sí, pero combinado de tal forma que al menos ofrece algunos puntos dignos de mencionarse. Eso, más una cuota más o menos certera de efectismo es lo que salvan a esta propuesta convencional de desbarrancar por completo en el abismo de las películas estériles e inocuas.
Con un título que deschava por completo el rumbo que irá tomando la cosa, Cuando las luces se apagan está ordenada en torno de los miedos más extendidos vinculados a la infancia, al menos dentro de la cultura occidental. Pero no se limita a los miedos específicamente infantiles, es decir, aquellos que los chicos padecen en forma directa, sino también a otros que los padres pueden sentir frente a ciertas conductas de sus hijos que se apartan de lo convencional o lo esperable, o de algunas de las fantasías más comunes de la primera edad. De ese modo la película recorre (de manera obvia) el temor a la oscuridad, pero además el miedo al abandono parental, combinándolo con el tema del amigo invisible (que remite al clásico y muy citado tópico freudiano del doble), asunto que suele aterrorizar a más de un padre y por el que no pocos chicos acaban abonados a gabinetes psicopedagógicos y consultas psiquiátricas. O, como en el caso de las películas de terror, a alguna institución mental en donde se experimenta con los pacientes.
Basada en un corto del propio Sandberg, quién debuta en la dirección de largometrajes, la película gira en torno de una mujer que mantiene una relación de aparente (y retorcida) amistad con un ente que habita en la oscuridad de su casa y a la que la luz hace desaparecer. Y, por su puesto, del vínculo de esta mujer con sus dos hijos, los protagonistas, una joven y un niño que son acosados por esta presencia, porque los celos también forman parte de este cóctel. Pero si la suma de los elementos podría (hubiera podido) dar por resultado una película menos convencional, la omnipresencia de esa entelequia a la que se puede bautizar had hoc como “Lo mismo de siempre”, pronto aparece para achatar todo el potencial.
Víctimas encerradas en sótanos laberínticos; personajes arrastrados por las piernas hasta desaparecer en la oscuridad; luces que insisten en apagarse en el momento justo; el ya mencionado hospital psiquiátrico como deus ex machina y mito de origen. Un final inesperadamente crudo vuelve a levantar un poco el promedio, pero no alcanza para poner la balanza a favor.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

miércoles, 22 de junio de 2016

CINE - 20° Festival FAM Florianópolis Audioisual Mercosur: Defensores de una mirada

Que un festival de cine haya conseguido construir una historia que lleva veinte ediciones, no es poca cosa. Si además ese festival no cuenta con el respaldo de alguna de esas ciudades que son una marca registrada en sí misma, como pasa con Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, San Pablo o Lima, sólo para hablar de América del Sur, entonces el mérito es mucho mayor. No sólo por lo que cuesta pensar, armar y sostener en el tiempo un evento de este tipo, sino por lo que representa el desafío extra de hacerlo sobre los márgenes. Esos son algunos de los blasones que puede exhibir con orgullo, aún antes de empezar a hablar de cine, un festival como el Florianópolis Audiovisual Mercosur (FAM), que justamente este año llega a su vigésima edición, dejando en claro que la importancia de este tipo de encuentros puede medirse de diferentes maneras. Una de ellas, lejos de la lógica de las alfombras rojas y los brillos por el brillo mismo, es la del valor que un festival adquiere como forma de expresión y herramienta de difusión cultural dentro de su propia comunidad.
Ese parece ser el rol y a la vez el principal objetivo de este 20° FAM, que comenzó este viernes y se extenderá hasta el próximo 24 de junio en esa isla de encantadora placidez provinciana que durante años fue el destino turístico favorito de los argentinos: generar un espacio cuidado para promover aquellas expresiones del cine que son invisibilizadas por la prepotencia con que los productos industriales monopolizan los espacios de proyección. Y a partir de ahí, generar una plataforma que posibilite el ejercicio de ampliar la mirada cinematográfica de los vecinos de la isla. Por eso mismo tampoco resulta extraño que el FAM restrinja su área de interés a la producción del Mercosur y le de prioridad a un género en particular, el documental, de riquísima tradición pero cuyo consumo por parte del público en general suele reducirse al ámbito de la televisión.
La grilla del FAM registra cinco secciones, dos dedicadas a largometrajes, otras dos para cortos y la quita pensada para incluir al público infantil. De las dos primeras, la más importante es la competencia documental, que propone una selección breve de seis largometrajes de una variedad temática amplia, rica y prometedora. Sólo una de esas seis películas en competencia no es de origen brasilero: se trata de la argentina Zebras, del director Javier Zevallos y la elección parece oportuna. Documental que tiene como tema superficial al fútbol, Zebras registra la participación de la selección argentina de ese deporte en la Copa del Mundo de Chicos de la Calle que se realizó en Brasil durante 2014, dos meses antes del comienzo del último Mundial de Fútbol, ese que será recordado por la triste muletilla de “era por abajo, Palacios”. A priori, Zebras no sólo resulta una película prometedora para quienes son fanáticos de cualquier espectáculo en el que dos equipos se enfrentan utilizando los pies en la disputa de una pelota, sino que también genera interés por ver de qué manera el deporte más popular del mundo puede ser entendido ya no como un negocio que mueve millones para muy pocos, sino una herramienta para integrar a los que siempre tienen menos.
Las otras cinco películas en competencia juegan de local. A Noite Escura da Alma, del director Henrique Dantas, es un documental político que aborda lo ocurrido en el estado de Bahía durante la dictadura militar. Y lo hace con un gesto interesante: no echa mano de las imágenes de archivo, el recurso más habitual en este tipo de proyectos. En cambio, fue filmada casi enteramente durante la noche y utilizando el espacio del que fuera el principal centro de tortura de ese estado del norte brasileño. Por su parte, Central, de Tatiana Sager, propone un recorrido por el interior del Presidio Central de Porto Alegre, considerado el peor del Brasil, para conocer las condiciones en la que deben vivir los reclusos ahí destinados. La película promete “escenas impactantes”, “poder ejercido por los propios presos” y “enfrentamiento de facciones”. Habrá que ver si Sager consigue resolver semejante oferta de relato sin incurrir en golpes bajos ni caer en la porno-miseria.
El caso de 5 Vezes Chico - O Velho e sua Gente es distinto. Se trata de cinco textos cinematográficos realizados por cinco directores de estilos diversos, que realizan un recorrido afectivo por cada uno de los cinco estados del nordeste brasileño que atraviesa el rio São Francisco, que por su amplio recorrido es conocido en Brasil como “El río de la unidad nacional”. Cinco recorridos que de alguna manera proponen versiones distintas de una identidad común. También gira en torno a los derechos humanos Olhar de Nise, dirigido por Jorge Oliveira. En él se narra la historia de Nise da Silveira, un joven psiquiatra que al salir de su prisión política en 1946, regresa al hospital donde trabaja en los suburbios de Río de Janeiro y en lugar de resignarse a usar el shock eléctrico como tratamiento adopta la arte-terapia. Los resultados de sus experiencias fueron elogiados por el propio Carl Jung y dieron origen al Museo de las Imágenes del Inconsciente. Por último, completa la grilla de la competencia Ao Som do Chamamé, de Lucas de Barros, documental sobre el origen y la actualidad del chamamé, ese ritmo alegre y popular nacido en la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay a comienzos del siglo XX. Hablado en español y portugués, la película es uno de los dos estrenos que incluye la competencia.
 La segunda sección de largos no es competitiva y tiene sólo carácter de muestra. En ella se incluyen otras tres películas nacionales, dos de ellas ya estrenadas en el país, la calculadamente polémica La patota, de Santiago Mitre, de gran recorrido internacional, y El movimiento, compleja fábula político-histórica de Benjamín Naishtat, con notable actuación de Pablo Cedrón. El tercer film argentino que participa de esta muestra es Zanjas de Francisco Paparella, un western patagónico que ya pasó por el Festival Internacional de Guadalajara y por el Rain Dance Film Festival de Londres, pero que todavía no tiene fecha de estreno local.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 11 de febrero de 2016

CINE - "Deadpool", de Tim Miller: El arte de pasarse de la raya

Puede ser que Deadpool, la versión cinematográfica del popular personaje de historieta creado por Marvel Comics, esté algo sobrecargada, que a veces tenga poca sustancia más allá del oscuro encanto de su protagonista; e incluso es posible que los malintencionados detractores de Ryan Reynolds, protagonista de la película, tengan razón cuando lo postulan como sucesor de Ben Affleck en el trono virtual del peor actor de Hollywood. Quizá todos estos argumentos tengan algo de cierto y es posible que, vista con malos ojos, hasta se pueda jugar a escribir una crítica en contra de este film, el primero de Tim Miller como director. Claro que para eso es necesario realizar un ejercicio de mezquindad explícita, haciendo caso omiso de las virtudes que le permiten a Deadpool trascender sus desbalances. Y, siendo pragmáticos, ¿a quién le importa todo lo anterior si al terminar la proyección es evidente que se ha pasado un buen momento? Porque Deadpool es un buen entretenimiento y ante esa certeza lo mejor es, sin esconder sus debilidades, empezar por enumerar sus aciertos.
En primer lugar, la buena adaptación al lenguaje cinematográfico de un personaje para nada sencillo de llevar a la pantalla. Es cierto que algunos rasgos de Deadpool, como su sentido del humor integrado por partes iguales de absurdo, infantilismo y un sarcasmo muy agresivo, sumado al constante recurso de salirse de la lógica narrativa para dialogar con el público en forma directa (la llamada “ruptura de la cuarta pared”), hacen suponer que se trata de un personaje perfecto para el cine. Pero es en esa aparente simplicidad donde estriba el gran desafío de no pasarse de la raya (al menos no más de la cuenta). Y Miller logra caminar sobre ese filo con un equilibrio al que, por suerte, muchas veces se permite desestabilizar, pero sin dejar que la cosa acabe en caída. Inestabilidad que, por otra parte, resulta utilitaria para iluminar el desequilibrio del personaje, un ex mercenario devenido matón que acepta realizar un cruel experimento, en un intento desesperado por curar un cáncer fulminante que amenaza con destruir su apasionada historia de amor con Vanessa, una sensual y alocada chica nocturna.
Dentro de la mencionada fidelidad de la adaptación, resulta una sorpresa bienvenida la decisión de no aligerar el tono de una historieta que se caracteriza por el humor negro –que con frecuencia se vuelve rojo, debido a la sostenida violencia que despliega su protagonista–, cargado de alusiones sexuales y otras gracias de la incorrección política. Un riesgo que no es habitual en los grandes estudios, siempre atentos a la confección de productos multitarget que les permitan llenar las salas con espectadores de todas las edades. Deadpool ha recibido restricciones muy altas en los países en los que se proyecta (en la Argentina fue calificada como SAM 16 c/R). Tratándose de una de las películas más esperadas del año por los fanáticos de las historietas de superhéroes, que en su mayoría son chicos por debajo de la edad límite, esa decisión representa una mosca blanca dentro del género de los blockbusters. Como ejemplo alcanza con mencionar que ya en su primera secuencia Deadpool lleva el asunto de la destrucción, la violencia y el gore a niveles dignos de "Tomy y Daly", la sádica parodia de Tom y Jerry creada por Matt Groening dentro de Los Simpson.
La cita es oportuna, porque en Deadpool hay mucho del humor visual y físico y del slapstick violento que eran propios de la era dorada de los cortos animados, con maestros como Tex Avery o Chuck Jones como referencias indiscutibles. Del trabajo de ambos sin dudas se ha nutrido Miller quien, a pesar de debutar con esta película como director, tiene probada experiencia en el campo de la animación, habiendo ganado en 2004 un Oscar por el corto Rockfish y siendo nominado un año después por Gopher Broke (ambos pueden verse aquí abajo). En los dos –pero sobre todo en el último–, las influencias de Jones y Avery son evidentes y vuelven a aparecer con claridad en Deadpool. Lo mismo ocurre con la interpretación de Ryan Reynolds, en la que es posible detectar fácilmente puntos de contacto nítidos con algunos de los trabajos de Jim Carrey, el comediante que mejor supo reproducir en vivo el humor de aquellos psicóticos e increíblemente divertidos cartoons. En ese diálogo con los clásicos se encuentra lo mejor de Deadpool y eso alcanza para que el valor de una entrada valga la pena.

Cortos animados de Tim Miller

Gopher Broke (2004)


Rockfish (2003, Ganador de Oscar a Mejor Corto Animado 2004)

 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 19 de octubre de 2015

LIBROS - "Porno Argento! Historia del cine nacional triple x", de Hernán Panessi: Pampas calientes

Desde el mismo momento en que el cine se consolidó como herramienta y medio permitía retratar y representar la realidad, pero también ponder en acción la fantasía, era sólo cuestión de tiempo para que la curiosidad, el deseo, el morbo y unos cuantos etcéteras más, empujaran a que algún atrevido metiera el ojo de la cámara justo ahí, donde no estaba permitido meterlo. Apenas pasaron algo más de 10 años desde el nacimiento del cine como espectáculo público --un 28 de diciembre de 1895 en París, cuando los hermanos Lumiere por primera vez le cobraron entrada a la gente para verlos realizar la rutina de proyectar sus hoy famosos cortos de trenes entrando en la estación y de personas saliendo de una fábrica--, hasta que a mediados de la década siguiente alguien registró las primeras imágenes de hombres y mujeres teniendo sexo. Así nace la pornografía y, aunque es un dato repetido, no muchos saben que esa primera película porno (o al menos la más antigua que se conserva) se filmó en la Argentina. Se trata de El Satario (o El Sartorio), cortometraje mítico, probablemente rodado entre 1907 y 1912, cuyo título refiere a una mala transcripción de la palabra sátiro. “Entre árboles y yuyos, unas ninfas corren desnudas y juegan alegremente entre sí. La apacible calma se ve transformada por un personaje misterioso: un fauno con barba y cuernos. Luego de un forcejeo leve, el fauno captura a una de ellas. Se la lleva lejos. Después, se lamen los genitales el uno al otro y, finalmente, se produce la penetración con primeros planos del pene.” La eficaz reseña de la película fundacional del cine porno corresponde al libro Porno argento! Historia del cine nacional triple X, de Hernán Panessi, un volumen que es una pequeña enciclopedia en la que se compila la extraña cronología del cine de contenido sexual en la Argentina. 
Para ello Panessi se ve obligado a realizar una breve introducción a la historia del crimen en la Argentina del Centenario, en la que el tráfico de mujeres desde Europa para abastecer el negocio de la prostitución (al que por entonces se llamaba Trata de Blancas, justamente por el color de la piel de aquellas mujeres provenientes del este europeo) era uno de los delitos más extendidos y redituables. A partir de ahí el relato comienza a tender los puentes que ligaron al surgimiento del cine pornográfico con esos bajos fondos, que proveían a la incipiente industria de la mano de obra adecuada y barata. También da cuenta del lugar que Buenos Aires ocupaba como factoría ultramarina dentro de aquella ruta de la pornografía. Como buena cantidad de otras mercancías de manufactura local, pero cuyo producto consumian las sociedades europeas, la pornografía se rodaba en Buenos Aires y se distribuía sobre todo entre la decadente burguesía del viejo mundo. Producir acá tenía dos ventajas; la primera de tipo económico (era más barato) y la segunda de orden “estético”: la composición étnica de esta ciudad era similar a la de Europa. No debe olvidarse que, como señala Panessi más adelante para explicar el extraño fenómeno de la pornografía producida en la Argentina a partir de finales de la década de 1980, el porno funciona por identificación. 
Todo lo anterior no significa que en Buenos Aires no se consumiera porno. El autor recoge el poco conocido relato de Eugene O’Neill, quien pasó por esta ciudad en 1910 como tripulante de un bergantín noruego. El dramaturgo estadounidense cuenta que en aquel entonces lo llevaron a unos cines en los barrios de Barracas y La Boca, en donde se proyectaban películas pornográficas para un público de alcohólicos y hombres de ultramar. “Esas vistas no dejan nada librado a la imaginación”, escribió en sus memorias sobre lo que vio aquella vez.
Para Panessi tratar de dar cuenta de la historia del porno en la Argentina implica necesariamente recorrer los estadíos que fueron ocupando las diversas manifestaciones artísticas que tuvieron al sexo como elemento central. Recuerda así el paso de las troupes de famosos cabarets parisinos, como el Folies Bérgere o El Lido, por los escenarios de la capital en la década de 1950, que parecen haber inspirado el nacimiento del teatro de revistas local. Recoge historias en donde lo mítico se funde con lo improbable, como aquella sobre la película El Ladrón (1949), en la que “un malhechor entra en una casa, se saca los pantalones –pero no los soquetes-, y es descubierto por una mujer, la sirvienta”, y cuya dirección algunas versiones le atribuyen a Luis César Amadori (el mismo de Dios se lo pague) y el rol protagónico al mismísimo Luis Sandrini. De a poco el sexo en la pantalla va dejando de ser un elemento marginal y clandestino para cobrar cada vez mayor relevancia. Panessi da cuenta minuciosa del proceso. 
En Porno Argento! no faltan el capítulo dedicado a la filmografía del tándem artístico integrado por Armando Bó e Isabel Sarli, parada fundamental de este recorrido. Tampoco una lista de las películas cuya acción transcurre dentro de un albergue transitorio, un sub género clásico del cine argentino de los ’60 y los ’70. O el recuerdo a la oscura figura de Paulino Tato, el censor. Ni un sobrevuelo por la picaresca, con los trabajos de Jorge Porcel y Alberto Olmedo a la cabeza, para desembocar en el porno propiamente dicho, que comenzó a producirse de manera regular y sistemática ya bien avanzada la primavera democrática. A partir de directores emblemáticos como Víctor Maytland o César Jones y de películas con títulos inolvidables, como Las tortugas mutantes Pinjas (1989), Los Pinjapiedras (1991) o Los Porno SinSon (1991), el porno en la Argentina comenzó a tener por primera vez un rostro y una estética reconocible. Ahí lo absurdo y lo explícito, el ridículo y el hardcore, conviven como en el tango de Discépolo, en el mismo lodo y, más que nunca, todos manoseados. El libro de Hernán Panessi es una excelente hoja de ruta para no perderse nada de esta extraña y divertida travesía.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo.

jueves, 11 de septiembre de 2014

CINE - "Historias breves 9", varios directores: La esperanza del cine en marcha

La leyenda detrás de la saga Historias breves, antologías de cortos de directores noveles impulsadas por el Instituto Nacional del Cine, es tan gloriosa como ambigua. Es conocido de sobra aquello de que la primera de ellas, estrenada en 1995, reunió a un conjunto de jóvenes talentosos que acabaría convirtiéndose en los cimientos sobre los que comenzaría a construirse lo que se dio en llamar (e insiste en ser llamado) Nuevo Cine Argentino. Daniel Burman, Adrián Caetano, Lucrecia Martel, Ulises Rosell y Sandra Gugliotta (de quien esta semana se estrena Arrebato, su tercer largometraje), entre otros, fueron parte de esa aparición que tomó por sorpresa al cine nacional. Casi 20 años y nueve ediciones pasaron desde entonces y a pesar de que el milagro no volvió a repetirse, Historias breves continúa siendo considerada un semillero del cine argentino. 
No es que esté mal pensarlo así, a contramano de todo triunfalismo y evitando el conteo de directores exitosos surgidos de cada edición como si se tratara de cabezas de ganado y no de artistas en formación. Sobre todo porque la apuesta de permitir a sucesivas generaciones de jóvenes hacer sus primeras armas en público es valiosa en sí misma. Una herramienta no sólo de promoción de la actividad cinematográfica, sino una parte necesaria de los procesos de aprendizaje. Porque más allá de los éxitos estadísticos ocasionales, todas las Historias breves representaron la ilusión renovada de contemplar la puesta en marcha de nuevos y desconocidos talentos. La fantasía de estar viendo, sin saberlo, los primeros pasos de algún gran cineasta del futuro. Esta novena edición no es la excepción a esa regla.
Si un elogio se le debe hacer a Historias breves 9 –o, en realidad, a quienes hayan seleccionado los cortos que la integran- es la capacidad para atender de manera generosa a los múltiples caminos que recorre el cine argentino actual. Dentro de la selección tienen lugar cortos de las estéticas más diversas y que de algún modo replican el mapa de la producción cinematográfica contemporánea. Así como algunos de los trabajos parecen acomodarse dentro del cine independiente modelo FUC (Universidad del Cine), como la contemplativa de intensión poética “El pez ha muerto”, de Judith Battaglia, o esa suerte de experimento mumblecore preadolescente que es “Videojuegos”, de Cecilia Kang, otros como “El desafío”, de Andrés Arduin, aparecen más próximos a lo que se conoce como Cine Independiente Fantástico Argentino, con directores como Daniel de la Vega, Fabián Forte y Nicanor Loreti a la cabeza. Entre ambos extremos, el abanico de Historias breves 9 es muy amplio y si algo comparten los siete trabajos incluidos es la valentía de asumir algún tipo de riesgo cinematográfico, más allá de la evaluación particular que pueda hacerse de cada caso.
Que el primer corto, “El gran Vairitoski”, de Matias Carrizo, sea una pieza de animación trabajada en Stop Motion, resulta una sorpresa grata. Más allá de lo simple de su versión circense del enamorado y la muerte, su director parece conocer bien sus limitaciones, forzándolas para obtener de ellas el mayor rédito posible. Por su parte “El paso” de Victoria Mammaloti y “Estacionamiento” de Luis Bernárdez tal vez sean los que cargan con el lastre de metáforas más obvias: una maquilladora y su hija que ven gente muerta, una, y una pareja recién comprometida que queda atrapada en los infinitos subsuelos de un estacionamiento para autos donde se irán corporizando algunos miedos domésticos, la otra. Sin embargo en ambos casos el manejo de los climas narrativos, el trabajo actoral y dos puestas en escena oportunas consiguen que los relatos nunca se vuelvan burdos. 
Pero el más estimulante de los siete cortometrajes (no necesariamente el mejor) es “En crítica”. En él, de manera sorpresiva, la directora Luz Orlando Brennan toma como protagonista al Roberto Arlt periodista en la redacción del diario Crítica, donde se encarga de cubrir una ola de suicidios que oscurece la Buenos Aires de fines de los años 20. Con una destacada ambientación de época, una fotografía ambiciosa y el buen trabajo de Alberto Ajaka en la piel del escritor, este petit noir cierra este paseo por lo que quizás alguna vez será llamado el Nuevo Cine Argentino, versión 3.0.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura y Espectáculos de Página/12.

martes, 19 de noviembre de 2013

CINE - 28 Festival Internacional de Mar del Plata, Día 2: El General Perón en tercera dimensión

Una de las gratas curiosidades que integran este año la programación del 28 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, es la proyección de la película Buenos Aires en relieve, mediometraje documental de propaganda del director argentino Don Napy, estrenado durante la primera edición de este mismo festival, en 1954. Se trata de la primera película argentina rodada en 3D, en la que se muestran imágenes de la ciudad capital utilizando el recurso de las tres dimensiones, entre las que se intercalan secuencias que exaltan muchas de las obras sociales realizadas por el gobierno de Juan Domingo Perón, quien entonces participó de aquella primera proyección.
Se trata de un film perdido y recientemente reencontrado en el Archivo General de la Nación por la investigadora y directora del Museo del Cine, Paula Félix Didier, y restaurada a través del Programa de Recuperación Cultural del INCAA TV, a cargo de su director Eduardo Raspo. Hay muchos detalles que hacen al gran valor de una pieza semejante. Uno de ellos, se ha dicho, es la de ser la primera obra realizada en el país con la tecnología 3D, que por entonces la industria del cine norteamericana usaba para tratar de recuperar los espectadores perdidos a partir del comienzo de las transmisiones de televisión, pocos años antes. 
Desde lo social, Buenos Aires en relieve documenta cabalmente la vida porteña en la década del 50. Una imagen paradójica, porque mientras por un lado la película muestra una ciudad que no dista mucho en su arquitectura general de la Buenos Aires moderna, por el otro permite al espectador asistir al momento preciso en el que aquella ciudad se renovaba en una multitud de obras monumentales. Entre sus escenas se exhibe orgullosamente el mismo velódromo municipal que hoy quiere demolerse, o pueden verse los esqueletos de edificios emblemáticos todavía en construcción, como el de 9 de Julio y Sarmiento, que aún ocupa el Banco de la Ciudad, o el Edificio Atlas (hoy Edificio Alas), en Alem al 700, al que el texto de la película, interpretado con gracia inigualable por la emblemática voz de Jaime Font Saravia, una estrella de la locución de la época, como “el edificio de concreto más alto del mundo”. 
Desde lo político, se trata de un trabajo que no sólo muestra el estado de un país, sino que representa un buen ejemplo de la propaganda estatal peronista. Y desde lo cultural resulta un documento valiosísimo que recoge fragmentos de la vida y el humor de una ciudad que, siendo la misma, ha dejado de existir hace bastante. Casi 60 años después, Buenos Aires en relieve vuelve a proyectarse en Mar del Plata. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

jueves, 7 de noviembre de 2013

¿CINE? - "Metallica through the never", de Nimród Antal: Un gran show, una corto pobre y nada de cine

Tal vez lo más interesante que puede surgir de un artefacto como Metallica through the never es una discusión acerca de los límites del cine. Es decir, ¿corresponde incluir dentro de esa categoría a cualquier cosa que sea pasible de proyectarse sobre una pantalla gigante? ¿Qué tan crucial es el aspecto narrativo a la hora de decidir si un producto audiovisual es o no es una película? Para no llevar las cosas más lejos de lo que el espacio de esta nota permite, debe decirse que para quien suscribe no hay cine en esta película, sino un show de la banda más grande del heavy metal actual (entiéndase esto en términos industriales y nunca en términos artísticos) filmado con soberbia (en todas las acepciones de la palabra) y con un corto de ficción como “hilo conductor”, cuyos fragmentos se intercalan cada dos o tres canciones. Es decir, no hay mucha diferencia entre esto y las óperas filmadas que cada tanto integran el menú que ofrecen los cines porteños.
Lo que sí hay en Through the never es pretensión. La pretensión de que la inclusión de ese corto (bien filmado, como todo el show, pero bastante endeble en términos narrativos) alcanza para colocar a esta pieza musical dentro de la definición de cine. La pretensión de una banda que busca provocar impactos de marketing antes que legítimos hechos artísticos. Todo se entiende mejor si se piensa en su promocionado show antártico, organizado por la gaseosa que refresca mejor. En tanto show filmado, se trata de una buena oportunidad para quienes gusten de la banda. No sólo porque se ha capturado su esencia en vivo, sino porque el playlist está bien elegido. Aunque se lo puede acusar de ser tan conservador como para conformar a todos, el repertorio se permite evitar algunas canciones de esas que no deberían faltar (“Seek and Destroy”, por ejemplo) y ese atrevimiento es un punto a favor. Sin embargo ningun acierto por el estilo convierte a este show filmado en cine. Ni hablar de ponerse analizar lo que se propone desde la ficción, una suerte de revuelta popular anti sistema que está en las antípodas de las actitudes políticas de la banda (¿Alguien recuerda Napster?). Sin dudas Metallica through the never es un producto más de una banda que hace años se piensa a sí misma como un emprendimiento comercial antes que como un grupo de artistas alguna vez fabuloso.

miércoles, 31 de julio de 2013

CINE - Entrevista con Pablo Rodríguez Jáuregui: Animar nuevos espacios

Foto: Serena Cinelli García

Parece una cuestión de modas. Con el público enfervorizado con el estreno de Metegol, el nuevo trabajo del ganador del Oscar Juan José Campanella (el primero que realiza en dibujos animados) que en sus primeros 10 días de exhibición superó el millón de espectadores y se candidatea a ser la película del año, la animación parece ser el tema del que todo el mundo habla. Aunque da la impresión de que Metegol marcará un hito en la historia del género en el país, tal vez no sea este el trabajo más importante que se ha hecho al respecto. Hay una tradición de muchos años en cine animado en la Argentina, desde los viejos cortos de Patoruzú, exitoso personaje que Dante Quinterno animó a principios de los años 40, y la galería de creaciones del legendario García Ferré, al trabajo casi misionero que el gran Caloi realizó en la difusión de este arte desde su clásico programa de televisión, Caloi en su tinta. Justamente en ese programa colaboró durante años el animador y docente rosarino Pablo Rodríguez Jáuregui, quien hoy es uno de los referentes a la hora de hablar de la docencia, la difusión y la creación de dibujos animados en la Argentina.
Ganador de un premio Konex en el área del Video Arte, y de importantes premios en festivales de cine de todo el mundo, Rodríguez Jáuregui es una de las figuras más destacadas del panorama cultural y artístico de su ciudad, Rosario. Uno de sus grandes logros es la fundación de la Cooperativa Animadores de Rosario, entidad que nuclea a los artistas dedicados a trabajar contenidos audiovisuales desde la animación. Desde ahí creo en el año 2006 la Escuela para Animadores de Rosario, centro de estudios dedicado a la formación de artistas y comunicadores que buscan incorporar este oficio entre sus herramientas de trabajo. Pero también a iniciar a chicos y adolescentes en los primeros rudimentos de esta disciplina que Rodríguez Jáuregui considera fundamental en los tiempos que corren. Este emprendimiento depende del Centro Audiovisual de la Municipalidad de Rosario, ente que también se encarga de organizar y llevar adelante el prestigioso Festival Latinoamericano de Video de Rosario y el Festival Internacional de Cortometrajes para Niños Ojo al Piojo. 
“Nuestra escuela para animadores comenzó con un curso anual para adultos, pero enseguida surgió como una necesidad planteada por la gente del Centro Audiovisual, la idea de abrir un espacio para chicos”, dice Rodríguez Jáuregui. Y también destaca la importancia de sostener y ampliar un proyecto educativo y de formación: “A lo largo de estos 8 años fuimos recopilando una cantidad de material didáctico que luego es puesto en función de otros emprendimientos, como los encuentros de escuelas de animación de todo el país que hacemos cada dos años, un proyecto dirigido a los talleres de escuelas públicas que trabajan con cine y animación, en donde compartimos nuestra experiencia didáctica con colegas de otras escuelas, tratando de hacer una experiencia pedagógica diversa de las carreras que se dictan en Buenos Aires.” Una manera federal de pensar los espacios creativos. 

-El estreno de Metegol ha puesto en vidriera el oficio del animador. ¿Qué importancia tiene hoy la animación como herramienta comunicacional?
-La animación es una herramienta muy potente, a partir de la cual se pueden generar un montón de proyectos, pero a la que inmediatamente se asocia con su aplicación industrial, con su uso para crear productos para la televisión y la publicidad. Esa asociación con la industria presupone que para hacer animación es necesario montar una productora o un estudio, o tener una estructura de producción fabril. Nosotros en cambio fundamos una escuela de oficio para aprender a hacer dibujos animados en una ciudad en donde no hay estudios ni productoras de dibujos animados. Por eso definimos el perfil de la escuela como una experiencia que se puede enmarcar dentro de lo que es la educación por el arte. 
-¿Qué tipo de personas se busca captar con los cursos que se dictan en la escuela?
-La participación de la gente común en el mundo del arte, el dibujo o la animación, suele limitarse a consumir los trabajos que produce una elite muy especializada que supuestamente posee un talento especial. Tratamos de no naturalizar el hecho de que el 99,9 por ciento de la población solamente consume mensajes audiovisuales y sólo un 0,1 por ciento los produce. En nuestro caso lo que intentamos es que los chicos o los adultos que ingresan a los cursos se pasen a la vereda del realizador, de ser consumidores a convertirse en emisores de mensajes. Y que siempre se produce con un direccionamiento y una intención. 
-Por la importancia que tiene hoy la comunicación audiovisual en la vida cotidiana, ¿creés que la instrucción en este tipo de lenguajes debería ser parte de la alfabetización básica?
-Este panorama sería muy distinto si todo el mundo pudiera dar por sentado desde la escuela que hacerse entender por medios gráficos es tan indispensable como saber leer, escribir o sacar cuentas. No está bueno que venga un adulto y te diga que no sabe, no puede o no sirve para dibujar. Tratamos de correr ese límite. Por suerte, aunque no está formalizado, todo el mundo llega a los cursos con un conocimiento intuitivo del lenguaje audiovisual. Aunque no sepan cómo llamar a los planos ni de qué se trata el montaje académico, si agarran un celular o cualquier cosa que grabe imágenes, tienen un criterio para encuadrar, para cortar o mover la cámara. Lo que hacemos nosotros es sembrar la inquietud de que uno se puede hacer entender con los rudimentos del lenguaje, como quien manda un mensaje de texto sin artículos ni signos de puntuación, o puede tener las herramientas del lenguaje audiovisual bajo control, para poder expresarse con mayor precisión
-¿Cuál es el escenario con el que se encuentran los egresados de los cursos?
-Por un lado este es un momento súper jugoso en relación a todo lo que tiene que ver con la posibilidad de producir piezas audiovisuales. Pero por el lado de los medios masivos ocurre lo contrario: todo está más concentrado, cada vez más unificado el discurso, más terrible lo que se ve en la televisión. En los noticieros, las ficciones, los programas de opinión política todo está llevado a un grado de grotesco muy duro, lo contrario de lo que buscamos acá. Nuestro objetivo es la diversidad de voces, en donde el pibe que viene de una formación universitaria y el padre lo trae en auto tiene un discurso por distinto del que sólo tiene el secundario, que viene en bicicleta desde un barrio y se acercó porque le gustan los dibujos animados. Son distintos recortes de la realidad y a nosotros nos gusta que esa diversidad aparezca. Es lo opuesto a meterse en el mundo de la televisión, cuyo objetivo es que todo vaya para el mismo lado.
-En este marco cultural, ¿qué importancia tiene formar artistas o comunicadores que puedan producir trabajos con una mirada local? 
-Creo que el día que se llegue a implementar la Ley de Medios va a ser muy importante que haya gente capacitada para realizar productos audiovisuales. En este momento sólo están las intenciones y para que se cumpla debería abrirse el abanico de los medios de un modo brutal. Hoy estamos todavía en la previa de la previa de la previa, pero el día que se implemente debería haber trabajo para mucha gente. Nosotros desde la escuela hacemos un programa, Cabeza de ratón, un dibujo animado para chicos que emite por canal 5 los sábados a las 16. Para meternos en la televisión de aire tuvimos que trabajar sobre formatos similares a los que ya existen: pensá que nosotros hacemos Cabeza de ratón con dos pesos con 50 y pegado van Los Simpsons. Pero en el momento que aparezcan otros canales que no sean los privados y comerciales, va a nacer otra forma de comunicar, sin la obligación de parecerse a otra cosa. Ahora estamos llenos de contradicciones hasta el techo, pero lo tomamos como un entrenamiento para cuando estén dadas las condiciones para que lo que ahora realizamos a pequeña escala se pueda hacer público, y en lugar de que sólo 4 señales se impongan en todo el país, haya 150. Hace falta un cambio de cabeza que nos ponga a laburar desde una manera diferente de pensar la comunicación.  

La serie Cabeza de ratón, creada por la Escuela para Animadores de Rosario y que ya lleva cuatro temporadas al aire en la televisión abierta de esa ciudad, puede seguirse a través del blog de la serie, www.cabezaraton.com.ar.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

lunes, 15 de abril de 2013

CINE - BAFICI 2013, Los caminos laterales: El tiempo de las miradas perversas

Finalmente empezó el decimoquinto BAFICI, otra vez, y en sus primeros cuatro días ha dado muchísimo cine del que vale la pena hablar. Desde las películas raras y complejas, a otras de mirada más amplia e intención más popular, hay de todo en este Festival de Cine de Buenos Aires. No debe dejar de mencionarse que esta edición representa la primera bajo la dirección del crítico cinematográfico y editor Marcelo Panozzo. Aunque el BAFICI a esta altura es una máquina aceitada capaz de resistir un cambio de comandante sin sufrir zozobras de importancia, debe reconocerse que Panozzo ha realizado perceptibles gestos de renovación apenas moviendo algunas fichas. Obviamente el festival mantiene sus dos competencias principales (la nacional y la internacional), pero se le ha cambiado el nombre a la tercera, que hasta el año pasado llevaba el vago rótulo de Cine del Futuro, sin que nunca llegara a quedar claro qué tipo de cine agrupaba su selección. A partir de ahora se llama Vanguardia y Género, un nombre que desde lo formal viene a cubrir un espacio al que se suponía (no siempre con razón) el BAFICI no prestaba la debida atención: el cine de género. Otra de las sorpresas es la mayor atención que recibe lo más ultraindependiente del cine nacional. Como muestra de ello puede citarse la proyección de la saga completa de Plaga Zombie, creación fundacional del esperpéntico y descontrolado equipo de Farsa Producciones, y el estreno de En busca de la esfera del poder, tercer largo de un director inclasificable como Tetsuo Lumiere. Pero vayamos al grano: hablemos de películas.
Durante el primer día, con la ansiedad por comenzar a develar el contenido de los primeros títulos en competencia (entre los que se destaca el último trabajo de Raul Perrone, P3ND3J05, épica realización muda en blanco y negro que narra varias historias en torno a la adolescencia, el amor y el skate), se presentó el film El crítico. Ópera prima de Hernán Gerschuny, esta película protagonizada por Rafael Spregelburd y Dolores Fonzí forma parte de la Selección Oficial Fuera de Competencia. El crítico es una comedia romántica que propone el mecanismo de condenarse a sí misma a partir de la mirada de su protagonista, Téllez, un crítico de cine que odia las comedias románticas. Con la intensión de ser a la vez un juego cinéfilo de moderada complejidad, un guiño al mundillo de la crítica y hasta el de los festivales de cine (habitados por muchos seres de la misma especie de Téllez), pero también una película con pretensiones de masividad, Gerschuny ha sabido reírse de su proyecto, comprendiendo que había que ser serio para que su gesto autoparódico no acabara en mueca ridícula. El crítico no es una gran película pero es disfrutable, la elección apropiada para quien guste de las historias de amor no exentas de un humor agridulce y hasta un poco cruel. Se proyecta este viernes 19 a las 22:50 en la sede del Village Caballito.
De esta misma Selección Fuera de Competencia forma parte Lazos perversos, último trabajo del notable director coreano Park Chan wook. Luego de dos películas en las que se dedicó a trabajar sobre géneros fantásticos -Soy un Cyborg y Thirst (Sed), ciencia ficción y vampiros respectivamente-, con esta película regresa a los universos siniestros y retorcidos de sus films más populares, como los que integran la famosa trilogía de la venganza, pero sin rastros del humor negro que incluía Oldboy, la más famosa de ellas. Protagonizada por Mia Wasikowska (la Alicia de Tim Burton), Nicole Kidman y Matthew Goode, Lazos perversos es además su primer trabajo para un estudio norteamericano con un reparto de estrellas internacionales. Como en Oldboy, este retrato de una complicada familia aristocrática incluye entre sus pliegues un drama digno de la más atroz de las tragedias griegas. Filmada con notable pulso narrativo y una estética visual refinadísima, Lazos perversos es capaz de estimular los rincones más oscuros de la cinefilia. La película ya tiene asegurado su estreno en salas comerciales, previsto para fines de abril.
Abrevando en territorios sombríos muy cercanos al cine de Park, el mediometraje Las amigas del director argentino Paulo Pécora, representa la mejor definición acerca de qué debe entenderse por Vanguardia y Género, competencia de la cual participa. Rodada como una película virtualmente muda (a pesar de que contiene un breve relato en off al promediar), mitad en un envejecido blanco y negro, y mitad con una empastada paleta de colores saturados, Las amigas es la historia de cuatro mujeres que recorren la ciudad en busca de víctimas para sus macabros rituales de sexo y sangre. Pécora, quien además es periodista y crítico cinematográfico, abreva en los recursos de variadas vertientes cinematográficas, del expresionismo alemán al giallo italiano, para crear, aún con sus excesos, una estimulante atmósfera de lujuria y perversión en la que el montaje y el sonido son herramientas fundamentales. Las amigas se proyecta hoy a las 17:35 en las salas del Centro Cultural San Martín, y el domingo 21 a las 16:10, en el Village Recoleta.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.