jueves, 31 de enero de 2019

CINE - "Suspiria", de Luca Guadagnino: Ni el rojo del final te va a quedar

Atrevimiento: esa es la palabra que mejor define la decisión del director italiano Luca Guadagnino de filmar un remake de Suspiria, la obra maestra del giallo a la que Dario Argento le puso su firma en 1977. Atrevimiento en todas sus acepciones. Por un lado, porque hace falta valor para atreverse a dar ese paso tras haber tocado el cielo con las manos con su trabajo anterior, Llámame por tu nombre, un drama sobre un adolescente que despierta a su primer amor homosexual, que sorprendió con varias nominaciones a los Oscar en 2017. A priori no parece haber nada más alejado de esa película (delicada, sensible, naturalista) que Suspiria, la original, un film de terror que se hace fuerte en el artificio y la exageración. Pero también se puede pensar ese atrevimiento desde el extremismo del fanático, como insolencia, como lisa y llana caradurez: ¿qué tiene que hacer este tipo, que dirigió esa novelita rosa, con un clásico intocable y genial como la Suspiria de Argento?
Por supuesto que llama la atención el contraste entre el trabajo que encumbró a Guadagnino en la meca del cine y este segundo paso a nivel global, que para nada aparece como el más lógico. Y por supuesto que también tiene el derecho de meterse con Suspiria y con todo lo que se le antoje, si a priori hasta contó con el aval del propio Argento como productor y en este caso no hay voz más autorizada que la suya, por más que los fanáticos pataleen. Y no caben dudas de que van a patalear, porque lejos de respetar las escrituras sagradas del original, Guadagnino filmó otra cosa, lo que se le ocurrió, una película distinta. Otra película. Algo que dicho así parece una obviedad, pero que quizá no lo es tanto para aquellos que pagan la entrada esperando encontrarse con la misma película de hace 40 años.
Y no. No queda nada de aquella puesta en escena deliberadamente irreal, con decorados sobrecargados, actuaciones ídem y una paleta de colores puros y saturados, entre los que predominaban el verde, el azul y sobre todo el rojo. Nada de esa banda sonora exasperante y frenética, pero también sugestiva y amenazadora. Guadagnino se aparta de todo eso con un solo e inesperado movimiento: el de poner un pie sobre la realidad. Aunque el relato está ambientado en Alemania en 1977, como el original, el modelo 2018 se preocupa por establecer cuál es el mundo en que se desarrolla su historia. Una Alemania dividida entre el este y el oeste, golpeada por la violencia revolucionaria de la década de 1970, donde agrupaciones como la famosa Baader-Meinhof ponían bombas y tomaban rehenes por todas partes. Una ciudad de Berlín gris, arratonada, en la que la presencia del muro impone su aura opresiva a la vida cotidiana. Con valentía, Guadagnino avisa desde el minuto cero que se tomó muy en serio eso de destruir el original.
Tanto, que revela en las primeras escenas un detalle que en la película de Argento recién tomaba forma en el último tercio. La protagonista, Suzie Bannion, llega desde los Estados Unidos a una prestigiosa academia de baile que resulta ser el hogar de un aquelarre, cuyas brujas utilizan ese espacio para conseguir chicas jóvenes para usar en sus rituales secretos. Pero descubierto el truco final, ¿hacia dónde se dirige Guadagnino? Eso está por verse, pero no en estas líneas, sino en el cine. El director italiano reordena las piezas, agrega, aumenta, arboriza para convertir lo que era un simple cuento de terror en una película que quiere mostrarse compleja e inteligente.
Es ahí donde tal vez Suspiria muerde la banquina de sus propias pretensiones y patina. El desliz de Guadagnino no está en la sana búsqueda de apartarse de la obra que se propuso adaptar, sino en recargarla con subtramas que tienen la intención declarada de alcanzar el estatus de subtextos. Y, como si no confiara en la capacidad del espectador para tejer por sí mismo una red con esas referencias, el guión necesita hacer pie en lo explícito. “Todo es un desastre: lo de afuera, lo de adentro”, dice en un momento la protagonista, tratando de que a nadie se le escape el supuesto vínculo entre lo que ocurre en el interior de la academia de baile (la historia fantástica) y lo que ocurre en las calles de Berlín (las citas históricas). Igual que el “chiste” de poner a Tilda Swinton a interpretar tres papeles distintos, el pecado de la nueva Suspiria no radica en tratar de ser distinta de la de Argento, sino en su vanidad, en el esfuerzo por dejar su atrevimiento bien claro, para que todo el mundo lo note y se maraville. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

miércoles, 30 de enero de 2019

CINE - Entrevista con Nicanor Loreti y Paula Manzone, directores de "Anoche": No menospreciar la comedia

Pilar vive sola en su departamento de diseño moderno y ambiente cool, pero hay algo en su actitud que contrasta con esa ligereza. Una apariencia apesadumbrada que se acentúa con la llegada de Marcos, su novio. El se muestra efusivo en sus demostraciones de cariño, pero ella lo rechaza. Que no sería tan terrible si no fuera que esa noche celebran su segundo aniversario. El asunto se complica cuando sin aviso llega Ema, la hermana de Pilar divorciada, celosa y desbordada, hablando mal de su ex, de la novia de su ex y de cómo la vuelven loca. Pero no hay nada que esté tan mal que no pueda ponerse peor y el departamentito de Pilar acabará convertido en el inesperado escenario de un pasodoble bailado de a cuatro.
Dirigida por la dupla integrada por el director y guionista Nicanor Loreti y la dramaturga Paula Manzone, Anoche es una película que detrás de los usos y costumbres de la comedia romántica de enredos esconde algunos secretos que buscan correrse de la liviandad con la que se suele asociar al género. Filmada casi por completo en una única locación y con un elenco integrado por Gimena Accardi, Benjamín Rojas, Valeria Lois y Diego Velázquez, Anoche se estrena mañana.
Adaptación de la pieza teatral homónima escrita por Manzone, la película representa una experiencia inédita para ambos directores, pareja en la vida real, en tanto los puso frente al desafío de traducir al cine un texto que en su origen fue pensado desde la dramaturgia. “Creo que no fue tan complejo, en primer lugar porque ambos conocemos bien la obra”, explica Loreti, director de películas como Diablo (2011), 27: El club de los malditos (2018) y Kryptonita (2015), basada en la popular novela de Leonardo Oyola. “Pero también porque nos dividimos las áreas: ella se encargó de dirigir a los actores y yo del trabajo con la cámara. En algunos momentos nos cruzamos un poco, pero la mayor parte del rodaje nuestros roles estuvieron bien definidos. Ella además estuvo a cargo del montaje interno de las escenas...”  

–De lo coreográfico.
Nicanor Loreti: –Claro, del movimiento de los actores dentro de cada escena. Y yo trabajé la puesta de cámara en base a eso, que me simplificó mucho el laburo.  
–Aún así tener que contar toda una historia casi sin salir de un departamento no parece una tarea sencilla.
N. L.: –Sobre todo en una película narrada en tiempo real y con continuidad directa, que todo el tiempo generaba una locura de ejes. Porque cuando un actor cambia de lugar también cambia su eje de mirada y te obliga a poner la cámara en otro lado. Y eso, que al ver la película pasa desapercibido, es muy difícil a la hora de filmar y conseguir que quede verosímil.
Paula Manzone: –Además, aunque el departamento donde filmamos era grande al cuarto día ya nos parecía chico. Porque es cierto que eran sólo cuatro actores, pero estaban todo el tiempo ahí, además de los técnicos, el equipo de maquillaje, nosotros. Todos.
N. L.: –Ahí se te empieza a armar como un déjà vu, porque a la sexta vez que decís “Bueno, ahora hacemos un plano/contraplano” te sentís el director más mediocre, porque tenés la sensación de que estás usando la misma puesta que hace tres días. Y eso, que no es cierto y en realidad pasa en cualquier película, al estar limitado a una única locación se te vuelve más evidente.
–Cuando se adapta una pieza teatral al cine hay un esfuerzo para evitar la dramaturgia en pos de reconstruir el relato desde lo cinematográfico.
P. M.: –Sí, todo un trabajo para “desteatralizar”.  
–¿Cuáles fueron los recursos a los que apelaron para conseguirlo?
P. M.: –Creo que ya la locación nos abrió las posibilidades. Porque en el teatro el escenario se limitaba a un comedor y acá contábamos con otros espacios.
N. L.: –Un cocina, un baño, un dormitorio. Es decir que todo lo que en la obra transcurría en off, fuera de ese comedor, acá se ve.
P. M.: –Incluimos además una escena en exterior, que si bien en la obra ya existía, también ocurría fuera de escena.
N. L.: –Y todo el laburo del montaje interno, de los desplazamientos de los actores y de la cámara también ayudaron.
P. M.: –Algo muy importante son la música y la postproducción, dos cosas que no estaban en la obra y que son fundamentales para darle vida a la película.
N. L.: –Le dan mucha personalidad. Algo que habíamos hablado con Pablo Sala, que es el músico, es que no trabajara con una banda sonora típica de películas románticas. Y él construyó una que por momentos es medio experimentaloide y eso está bueno. Por mí parte en el montaje intenté que la película tuviera un ritmo pop, con mucha cantidad de planos para darle ritmo.  
–También hay una estética pop muy presente en la dirección de arte.
P. M.: –El trabajo con los colores, el predominio del fucsia, el uso de los neones.
N. L.: –Eso a veces nos puso al límite de lo verosímil, pero queríamos darle ese toquecito que creemos aporta un montón. Yo le hubiera puesto más neón...
P. M.: –Por eso en los títulos de la película también está presente el neón.
N. L.: –Pero tuve miedo de que fuera demasiado.
–Parece que desde lo dramático esa utilización del color y de la luz ayuda a darle una apariencia más leve a situaciones que no dejan de ser dramáticas, aún cuando están trabajadas desde la comedia.
P. M.: –Siempre hablamos del prejuicio que hay con las comedias y algo que está bueno de Anoche es que siendo una comedia también cuenta algo más.
N. L.: –Para mí la comedia es un género tan subestimado y al mismo tiempo tan difícil de hacer, que todo lo que le puedas sumar para diferenciarla ayuda a que el espectador tampoco subestime.
P. M.: –Algo que nos pasó cuando Anoche se proyectó en el Festival de Mar del Plata es que mucha gente la fue a ver esperando que fuera más light. Como si la comedia siempre estuviera obligada a ser liviana.
N. L.: –Y está bueno que la película te pueda sorprender con ese contraste entre el color pop y cierto enrarecimiento que le agregan esas vueltas de tuerca que la llevan hacia algo un poco más “dark”.
P. M.: –Está bueno poder reírse de cosas que no son necesariamente graciosas.
N. L.: –Por eso una de nuestras referencias era Almodóvar, que en algunas películas te mete esos mega melodramas pero contados con la luz y el color de una comedia. Quisimos tomar un poquito de ese absurdo que a veces tiene el drama. Porque en la vida misma algunas cosas que nos pesan un montón en realidad son boludeces si las comparás con otros problemas, como una enfermedad terminal, que te echen del trabajo o no llegar a fin de mes. Y a veces es divertido agarrar esas cosas y tomarles un poco el pelo.  
–Sin embargo, el amor es un tema menospreciado en el cine o la literatura, pero que afecta profundamente a todos. En ese sentido la película funciona como un reflejo extraño de la realidad.
P. M.: –Sí y aunque se trata de una comedia romántica, también es cierto que es perfectamente anti–romántica. Acá la fórmula del romanticismo no siempre funciona como debería, porque el amor también puede fallar.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 28 de enero de 2019

LIBROS - Osvaldo Soriano, 22 años no es nada: Un nuevo aniversario

Veinte años no es nada: ese podría ser un buen título para homenajear a Osvaldo Soriano en un nuevo aniversario de su muerte. A él, que tenía cierta inclinación por las citas populares, le habría gustado. No por nada los nombres de algunas de sus novelas más conocidas son frases tomadas de otros tangos gardelianos, como ocurre con No habrá más penas ni olvido (1979) o Una sombra ya pronto serás (1990). Todo sería perfecto si no fuera porque los 20 años del fallecimiento de Soriano se cumplieron el 29 de enero de 2017, hace dos años, y entonces nos quedamos sin título para la nota. No importa, algo se nos va a ocurrir. O tal vez no, quien sabe.
Soriano fue uno de los escritores más importantes de la literatura argentina durante los últimos 25 años del siglo XX. Algunos años antes había comenzado su ascenso dentro del oficio periodístico, que abrazó luego de haber probado suerte en otras actividades, de su desempeño como obrero de planta en la Metalúrgica Tandil, en la ciudad bonaerense donde vivió su juventud. Antes de eso el niño Soriano, que nació en Mar del Plata el 6 de enero de 1943, había vivido en varias ciudades y provincias, como Córdoba, San Luis o Río Negro. La causa de ese peregrinaje era el oficio de su padre, un inmigrante catalán que trabajaba para la empresa estatal Obras Sanitarias. Ni la literatura ni el periodismo se manifestaron mientras estuvo obligado a seguir ese éxodo familiar. Soriano contó en varias entrevistas que empezó a leer ya siendo grande, con más de 20 años de edad. Hasta entonces los libros solo habían sido parte de su vida como estudiante, que terminó prematuramente cuando fue expulsado de la escuela técnica por haber prendido fuego el overol de un compañero, nunca se supo si de forma accidental o como parte de una broma muy pesada.
Su carrera como periodista puede compararse con las de los futbolistas, actividad que también quiso desarrollar profesionalmente durante su juventud, pero que finalmente quedó trunca por una lesión. Durante la década de 1960 comenzó escribiendo en periódicos de Tandil como El Eco y Actividades, siempre en las secciones deportivas. Pero de a poco comenzó a colaborar con diarios y revistas de Buenos Aires, a donde se mudó definitivamente en abril de 1969. Su primer trabajo publicado en un medio de tirada nacional fue una crónica en la que criticaba el tradicional Vía Crucis de Tandil, encargado por la revista Primera Plana.
Ya en Buenos Aires todo se aceleró. En pocos años pasó por algunos de los medios más prestigiosos de la época. Formó parte de las redacciones de diarios como La Opinión o Noticias y de revistas como Panorama o Semana gráfica. Y en 1973, ya con 30 años, publicó Triste, solitario y final, su primera novela que se convirtió en uno de los libros más vendidos del año. Al año siguiente fallece su padre José Vicente y de ese dolor surge su segunda novela, No habrá más penas ni olvido, publicada recién cinco años después.
Tal vez la mejor forma de definir a la literatura de Soriano sea mencionando sus influencias. Él solía recordar que el primer libro que había leído en su vida, en 1961, había sido Soy leyenda, la extraordinaria novela distópica del estadounidense Richard Matheson. Una vez descubierta la pasión, Soriano leía todo libro que le pasaba cerca: desde clásicos como Dostoievski, Flaubert, Stendhal, Quiroga, hasta enamorarse de las obras de Roberto Arlt y Julio Cortázar. Con este último Soriano trabaría una gran amistad pocos años después, cuando el comienzo de la dictadura militar de 1976 lo obligara a exiliarse, primero en Bruselas y enseguida en París. Con Cortázar no sólo compartieron el amor por la escritura, sino también una mirada política. Mientras permaneció fuera del país Soriano colaboró con importantes medios de Europa como los diarios El País (España), Le Monde (Francia) o Il Manifesto (Italia).
Con el regreso de la democracia, Soriano se subió a la ola de quienes volvían del exilio para instalarse una vez más en Buenos Aires. Con sus libros Cuarteles de invierno (1980) y A sus plantas rendido un león (1986) se convirtió en bestseller. Pero ese aumento de lectores y popularidad que su obra iba ganando era inversamente proporcional al respeto que la misma despertaba en críticos y académicos. Aún así siguió creciendo y vendiéndose sin pausas, mientras algunas de sus novelas eran adaptadas con enorme éxito al cine, como ocurrió con No habrá más penas ni olvido (1983, Héctor Olivera), Cuarteles de invierno (1984, Lautaro Murúa) o Una sombra ya pronto serás (1994, H. Olivera). Justamente el cine había sido otra de sus grandes pasiones y una influencia vital dentro de su obra literaria.
En 1987 formó parte del núcleo inicial que fundó el diario Página 12, que dirigido por Jorge Lanata representó una revolución dentro del periodismo local durante la llamada Primavera Alfonsinista. Diez años después, ya consolidado como uno de los autores más leídos por los argentinos, Osvaldo Soriano falleció a causa de un cáncer de pulmón. 22 años después su obra sigue siendo la de un marginal dentro del canon literario argentino. 

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar

CINE - "Un cine en concreto", de Luz Ruciello: El hombre que hizo un cine en su casa

A veces el cine se mira en el espejo para contarse a sí mismo y así aparecen historias tan secretas como maravillosas. Todo eso ocurre con el documental Un cine en concreto, en el que la directora Luz Ruciello retrata a Omar Borcard, un albañil entrerriano de 64 años, cinéfilo de alma, que cuando cerró el último cine de su pueblo, Villa Elisa, se decidió a construir uno él mismo. En su propia casa. La empresa demandó 168 domingos en los que, después de trabajar toda la semana, Omar puso el cuerpo y el oficio para no quedarse sin cine. Para que los chicos del barrio tuvieran la posibilidad de vivir esa magia que él conocía desde niño y que lo acompaña hasta hoy. La sala Paradiso estuvo lista en el 2000 y desde entonces su casa es también el lugar en el que los vecinos se juntan a ver películas. Un cine en concreto se estrena el próximo jueves en el cine Gaumont, Av. Rivadavia 1635.
“Cuando empecé a construir la sala en noviembre de 1996, lo hice para que el cine vuelva a la ciudad, pero también para sacar un poco a los chicos de la calle, darles un lugar de esparcimiento y contención. Además de mi amor y pasión por el cine, claro”, cuenta Omar. “Pero jamás hubiese imaginado que iba a pasar todo esto de llegar a una pantalla grande con mi propia historia. Eso también hay que agradecérselo a Luz Ruciello… y a Dios, que la puso en mi camino para que conociera mi historia y que la quiera contar”, agrega. “Con Luz siempre discutimos, en buenos términos, porque ella dice “Sí no existiera Omar no existiría la película”. Y yo le digo que puede haber una historia pero si no hay quien la cuente, la historia tampoco se conoce”.  

-¿Cómo se siente con eso de haber pasado de ser un espectador para convertirte en protagonista?
-Haber vivido tantos festivales como los que pude ir fue la frutilla de la torta. Estar en un estreno en un teatro tan enorme como el Gran Teatro Nacional de Lima fue increíble. Después estuve en otros festivales, pero siempre, por más que haya pasado por todos esos lugares, sigue siendo difícil manejar la ansiedad, no lo puedo dominar. Y ahora estoy con esa ansiedad por el estreno, contando los días, porque falta poco.  
-¿Qué tuvo de especial la primera vez en Lima, diferente de las que vinieron después?
-La verdad es que allá no me pasaron grandes cosas durante la proyección y si vos me preguntabas al día siguiente por la película casi que ni la recordaba. Fue como si estuviera en una burbuja, porque era la primera vez que había viajado en un avión, la primera vez fuera del país y en un festival de cine. Entre por primera vez por la famosa alfombra roja, donde los fotógrafos me gritaban “¡Omar, Omar!” y yo miraba y era una foto y otra foto. Y cuando terminó la película, una ovación tremenda, como si fuese famoso y no lo era. Una cosa tan fuerte, tan increíble que no llegué a tomar la dimensión de la película, porque estaba en el aire.  
-En la película usted recuerda la fascinación que sentía cuando eras un nene por las estrellas de cine y en especial por Palito Ortega. Y por un momento, en esa alfombra roja, usted también estuvo ahí.
-Sí, porque yo no conocía a grandes estrellas y ahí en Lima me hice una foto con Martina Gusmán, a quien admiro muchísimo. También pude hacer una foto acá en Entre Ríos con Leonor Benedetto y con Palito, mi ídolo de toda la vida. Acá en Villa Elisa muchos conocidos me dicen “Omar, el famoso”. Y yo les digo que no soy famoso… tal vez popular, eso puede ser (risas). La fama es otra cosa.  
-Dice que su trabajo es un intento por integrar a la comunidad y transmitir cultura. No debe hacer sido facil en los '90 o comienzos de los 2000, cuando tantos chicos empezaron a andar por la calle.
-En ese momento todavía el dólar estaba uno a uno, que después nos termina llevando a un desastre, pero en ese momento te servía, porque las cosas no aumentaban y podías ir acopiando material y construir de a poquito. Fue un trabajo de hormiga. Algo que con la economía de hoy sería imposible. Lo que me daba fuerza en aquel momento era pensar en cómo iban a disfrutar de ese cine los chicos del pueblo. Yo cobro una entradita muy módica para que los chicos humildes no dejen de venir. Este no es un proyecto comercial, lo hago por placer. Si no hubiera hecho el cine seguro tendría un auto mejor, pero no me sentiría realizado.  
-¿La situación económica actual complica mucho poder sostener la sala?
-La verdad sí, porque nunca tuve apoyo político. Este año estuvo complicado empezar la temporada, porque todos los años viajo a Buenos Aires a comprar películas originales, pero no tenía fondos. Entonces los vecinos me empezaron a dar trabajitos livianos que yo puediera hacer (pintar una puerta, barnizar unas maderas) y todo eso lo fui poniendo en un ahorrito, que yo le digo la caja del cine. Y ahora cuando vaya al estreno en el Gaumont voy a aprovechar para comprar esas películas. Ojalá que esa noche del estreno también aparezca alguien que pueda darme una mano, algún padrinazgo, algún apoyo, porque ya con la edad y la salud que tengo se hace muy difícil.

Una charla de cine 

-En la película usted cuenta con emoción su vínculo con el cine cuando era chico. ¿Cuáles son las películas de aquella época que le han quedado grabadas en la memoria?
-Hay muchas que no volví a ver, pero que son imborrables. Por ejemplo El puente sobre el Río Kwai (David Lean, 1957); Dr. Zhivago (David Lean, 1965), o Últimas nieves de primavera (Raimondo Del Balzo, 1973). A las de Luisito Sandrini las adoraba, realmente. Muchas películas que me encantaban. Las del lejano oeste, las de Giuliano Gemma, Franco Nero, John Wayne, me encantaban. A veces consigo un clásico de esos en castellano, porque la gente de acá es muy mañera para leer (risas). Tengo algunas de John Wayne. Una película que me impactó muchísimo fue Django (Sergio Corbucci, 1966), donde Franco Nero arrastraba un ataúd, pero esa no la consigo en castellano. La que había hecho Monzón con Susana Giménez, en Italia…  
-El macho se llamaba, ¿no?
-Sí, esa. Actores como Anthony Quinn, Raquel Welch, Brigitte Bardot. De acá en Argentina Graciela Borges, a quien admiro mucho… actores de gran nivel.  
-¿Y de las de Palito?
-Hay dos, tal vez tres… aunque me gustan todas. Pero las que más te marcan son Los muchachos de mi barrio (1970)… eh… Mi primera novia (1965). Y después alguna de las que hizo con Sandrini...  
-Película muy emotivas.
-Sí, pero este país tiene un problema. Yo veía cuando falleció Sandro, que no era mi ídolo pero lo admiraba porque era un artista enorme. Pero en su velorio había gente que decía “¡Este era un artista, no como Palito…!” ¿Por qué? Andá, despedí a tu ídolo y no nombres a los demás, ni a Palito, ni a Leo Dan… Cada cual con su ídolo. Es como que para todo hay una grieta eterna y no aprendemos a respetar.  
-¿Y vio alguna de las películas de Luis, el hijo de Palito?
-De Luis vi solamente una que filmó con la mamá y Graciela Borges… Monobloc (2005). Y estoy esperando que salga el DVD original de El ángel, que dicen que es un peliculón. El problema mío es que a mí las películas me llegan cuando sale el DVD original. Habría que agilizar eso, porque la gente si no compra piratería.

LIBROS - "Bowie, una biografía", de María Hesse y Fran Ruiz: Queríamos tanto a David

Una despedida siempre tiene consecuencias, tanto para los que parten como para quienes se quedan. Para el que se va se trata de la posibilidad de un salto hacia afuera de lo cotidiano, la perspectiva de una realidad distinta, de otros mundos. En cambio el que se queda no tiene más alternativa que acostumbrarse a la ausencia, esa sensación de permanente vacío que siempre llega acompañada de silencio. Cuando hace dos años el que partió fue el cantante y compositor británico David Bowie, estrella inextinguible del firmamento rockero y alienígena por adopción, la ausencia se sintió como nunca y pocas veces antes el silencio había sido tan triste. Algunos recordaron otras partidas, como las de Freddy, Michael o John, y eso ya era decir mucho. A ese silencio lo siguió una certeza: nunca más habría canciones nuevas que trajeran su voz inconfundible de regreso a los oídos de sus fieles y devotos seguidores, a quienes desde entonces apenas les queda el consuelo de sus discos cada vez más viejos. El 10 de enero de 2017 David Bowie se convirtió en una ausencia y, todavía peor, en un silencio que ya no tendrá fin.
¿Exagerado? No tanto. Es cierto que el dolor por la muerte de un artista nunca iguala al que se siente ante la pérdida de un ser querido y es mejor no comparar. Son otras cosas las que se pierden y a cada cual le corresponden sus propios ritos funerarios. Para ambos casos el único consuelo es la memoria, esa máquina de recuperar lo irrecuperable, capaz de desafiar a la muerte, a la ausencia y al silencio, y que siempre se abre como una puerta que nos permite seguir adelante. Pero la memoria necesita ser alimentada y para eso, en este caso, están los discos de Bowie, uno de los dos o tres músicos en la historia que parecen haberse probado todos los trajes del rock. Pero a partir de su muerte comenzaron a aparecer por todas partes otra clase de ayudamemorias: los libros. Biografías, autorizadas o desautorizadas; recopilaciones de entrevistas; análisis de su figura y de su obra, tanto la musical como la que marca su vínculo con el cine; recopilaciones de retratos y fotografías. Pero de entre todos ellos hay uno que se destaca por su originalidad y particular belleza, aunque en un principio su título no prometa demasiado.
Se trata de Bowie, una biografía, libro ilustrado que recorre la vida del brillante artista londinense desde su nacimiento, el 8 de enero de 1947, y termina un poco más allá de su muerte, ocurrida exactamente 69 años y dos días después. Con ilustraciones de una belleza naive realizadas por la artista española María Hesse y textos de su compatriota Fran Ruiz, que a partir de herramientas como la inocencia o la ternura convierte a la vida de Bowie en una historia para chicos. A través del libro van recorriendo la historia personal y artística del músico británico utilizando como guía una doble columna vertebral que por un lado atiende a los hitos de su vida privada y por el otro a los de su carrera artística. A ninguna de esas mitades les faltan atractivos.
Excéntrico y siempre dispuesto a llamar la atención, la vida de David Bowie parece haber sido pensada por un artista plástico. Hesse se aprovecha de esa condición, de ese carácter visual, y recorre cada unas de las etapas de la carrera del artista. Sus dibujos retratan a Bowie en cada una de sus encarnaciones y recrean una buena parte de las tapas de sus 28 discos. En paralelo Ruiz va desovillando el hilo vital de Bowie, disimulando detrás de oportunas fantasías algunos de los detalles de una existencia que tiende al infinito. De esa manera el golpe de puño que le produjo el desprendimiento que convirtió a su ojo izquierdo en una obra de arte, se convierte en manos del biógrafo en el impacto de un meteorito. Un modesto gesto poético que luce bien en la historia de Bowie.
El libro llega antecedido por el éxito que Hesse tuvo con un trabajo anterior, una biografía ilustrada de Frida Khalo que vendió decenas de miles de ejemplares en todo el mundo. Es posible que esta nueva biografía sea capaz de replicar aquel suceso, pero eso no es lo importante. El verdadero valor de esta pieza de colección reside en su poder para rescatar de la ausencia y del silencio a aquel músico que en algún momento se rebautizó a sí mismo como Ziggy Stardust y en otro como Aladdin Sane, pero que cuando tuvo ganas volvió a llamarse David Bowie, que es el nombre con el que se quedará en la memoria de quienes no lo pueden olvidar.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

jueves, 24 de enero de 2019

CINE - "No mires" (Look Away), de Assaf Bernstein: Muchas referencias y un hallazgo

María es una adolescente lánguida y abúlica, más entristecida que triste, para quien todo en su vida parece un tormento. El diálogo con sus padres (un estricto y distante cirujano plástico y una madre depresiva) es casi tan escaso como lo que come: casi nada. En la escuela, lejos de pasar desapercibida es acosada por el patotero de turno y su corte de reidores. Apenas cuenta con una amiga, una chica superficial que tampoco es una gran compañera, y el compasivo novio de esta, que cada tanto la defiende de las agresiones. Una noche María descubre, oculta detrás del espejo de su habitación, la foto de una ecografía en la que se ven dos fetos. Esa misma noche su propio reflejo en el espejo del baño se revelará independiente. Luego del susto inicial, María comenzará un diálogo con esa otra, llamada Airam, que parece ser su opuesto perfecto. Lejos de ser un alma torturada, Airam es segura, sarcástica y su mirada transmite cierta malicia de la que María es incapaz.
Aunque no se trata de una película de terror, sino más bien de un thriller fantástico, No mires comparte la genealogía estética de ese tipo de cine. Dirigida por el israelí Assaf Bernstein, quien alcanzó cierta popularidad como director de la serie de Netflix Fauda, No mires es como un Frankenstein montado con partes de ideas clásicas. Un poco de Carrie y otro poco de La mitad siniestra (novelas de Stephen King adaptadas al cine por Brian De Palma y George Romero respectivamente), una pizca de Jeckyll y Hyde y dos cucharadas de El otro, film de culto de 1972 dirigido por Robert Mulligan. Todo eso saltado en el fondo de cocción de la teoría psicoanalítica. Ambas circunstancias –el no ser estrictamente una película de terror y su carácter de collage de ideas “prestadas”–, logran posicionar a No mires por encima de la media de las películas de género que se estrenan en la cartelera local.
Pero sus referencias son inevitables, fatales de tan evidentes. Tanto que la vuelven obvia, predecible y anulan toda posibilidad de provocar la más mínima sorpresa en un espectador informado. Si además se suma cierta ingenuidad para resolver algunas cuestiones (la inversión del nombre de la protagonista es un ejemplo cabal), la defensa de No mires se vuelve más complicada. Se pueden mencionar la oportuna elección del reparto y su buen desempeño (aunque el desafío de interpretar a dos opuestos le quede un poco grande a la joven India Eisley); la densidad de algunos personajes, como los padres de María, interpretados por Jason Isaacs y la reaparecida Mia Sorvino; o cierta eficacia a la hora de crear climas. Nada de eso convierte a No mires en una gran película, aunque la alejan del repudio. Pero lo mejor de la película llega con su escena final, resuelta con un espejo. Con mucho ingenio, Bersntein diseña un dispositivo que remite al arte de lo cinematográfico que es un muy modesto pero poderoso hallazgo. Nada que salve a la película ni que lo vaya a volver famoso, pero que merece ser reconocido. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - "La Jersusalem argentina", de Iván Cherjovsky y Melina Serber: Vida y fantasmas de Moises Ville

Hay un objetivo claro que se propone el documental La Jerusalem argentina, dirigido por Iván Cherjovsky y Melina Serber: articular un retrato de la ciudad santafecina de Moises Ville, primer asentamiento de los inmigrantes judíos llegados al país durante los últimos años del siglo XIX. Pero un retrato que si bien remite a los orígenes y la cronología de la ciudad, no pretende convertirse en un relato histórico sino pintar un fresco contemporáneo. Quien quiera saber cómo se fundó la ciudad, quiénes fueron los primeros habitantes, la historia de la inmigración judía en la Argentina o una biopic del Barón Hirsch deberán buscar otra película. En esta los directores se dedican a recorrer no la Moises Ville mítica, aquella donde nació la leyenda de los gauchos judíos, sino un pueblo en el que todo eso se reduce a un conjunto de edificios descascarados, a las salas de un museo abarrotadas de objetos y, sobre todo, a la memoria de unos pocos descendientes de aquellos fundadores.
Pueblo rural convertido en pieza fundamental de la historia de la colectividad judía local, Moises Ville es hoy casi una ciudad fantasma. O al menos a esa conclusión se llega al ver las primeras imágenes del documental. De forma un poco caótica, la película va presentando su escenario como quien hace una enumeración: el campo, la sinagoga, la escuela, el club social, las casas. Las calles semivacías en las que sobrevive la arquitectura decimonónica, igual que en casi todos los pueblos de provincia, se extienden como pruebas irrefutables de que el tiempo dejó de pasar por ahí en 1910. Una teoría que la escasa presencia humana, que se reduce a unos cuantos ancianos, parece confirmar. Ellos y los perros, que están por todas partes, parecen los únicos habitantes de Moises Ville. Es cierto que a veces la puesta en escena se vuelve obvia: los ancianos del pueblo no son actores y puestos a interpretarse a sí mismos acaban por poner en evidencia el artificio. No importa: en los esfuerzos poco convincentes de esos viejitos de actuar “como si la cámara no estuviera” comienza a colarse otra realidad.
Porque aquel carácter fantasmal tampoco es del todo real y una mirada más profunda revelará otras capas. Cherjovsky y Serber escarban a Moises Ville con su cámara como quien revuelve un hormiguero. Mientras más se meten, más se agita la vida en las imágenes que van captando. Así se sabrá que en la actualidad los judíos son minoría en su propio pueblo, que en la casa donde antes vivía un paisano ahora se mudó un testigo de Jehová y que los cristianos en todas sus variantes conforman el grueso de la población actual. Pero lejos del concepto de invasión, La Jerusalem argentina cuenta una historia de integración, de aceptación de las raíces del pueblo. Es cierto que algo de nostalgia y de tristeza también recorren la película, pero por sobre eso se impone la vital convivencia entre la Torá y la Fiesta del Choripán de la ciudad de Providencia que, junto a otras cosas, van haciendo de Moises Ville un cambalache bien argentino, que los directores presentan con ternura. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 17 de enero de 2019

CINE - "Descubriendo a mi hijo" (Ga'agua), de Savi Gabizon: Cómo amar a un muerto

Una mujer y un hombre se encuentran al mediodía en un restaurant de Tel Aviv, pero podría ser cualquier ciudad más o menos grande. No se ven desde hace 20 años y aunque él parece interesado por el encuentro, ella, que es quien lo arregló, no puede evitar algunos comentarios irónicos. Enseguida se pone a llorar y le cuenta que después de separarse supo que estaba embarazada y que decidió tener a aquel bebé que, a la sazón, es su hijo. Luego, conmovida, se levanta y se dirige al baño para recuperarse. Por un momento la película abandona los primeros planos para contemplarlo a él desde más lejos, como respetando la intimidad de ese personaje que parece haber acusado el impacto. Sin embargo, lejos de perder el control el hombre saca su teléfono y llama a su abogado, previendo la posibilidad de algún reclamo legal. Ese es Ariel, el protagonista, y esa personalidad pragmática y con cierta dificultad para la empatía es el punto de partida de Descubriendo a mi hijo, cuarta película en 27 años del israelí Savi Gabizon.
Aunque el disparador es uno de los lugares comunes más visitados por el cine, apenas variado aquí por una ingeniosa vuelta de tuerca, Descubriendo a mi hijo no es lo que amenaza ser. Porque aunque el primer acto se mantiene dentro de un estricto registro dramático, se trata de una comedia oscura que hace equilibrio sobre la tragedia sin temor a dar algunos pasos en el vacío del absurdo. Adam, el hijo de Ariel, está muerto. El padre, que viaja para asistir a la ceremonia religiosa del entierro, comienza a conocer a quienes integran el entorno de Adam. Pero al principio el cambio de tono es tan inesperado que resulta confuso, porque es difícil decidir si se trata de un resbalón grosero o si realmente la película está tomando ese riesgo. La duda alimenta la curiosidad y Gabizon la aprovecha para llevar al espectador siempre un paso más allá, al menos por un rato.
Descubriendo a mi hijo resuelve con ingenio el problema de poner en escena algunas preguntas difíciles. ¿Se puede amar a alguien a quien será imposible conocer en el sentido más material del verbo? ¿Se puede sufrir por la pérdida de lo que nunca se tuvo? Para responderlas la película se propone evitar el melodrama todo lo posible, desafío que consigue superar de forma parcial. Su eficacia es alta cuando la mentalidad pragmática de Ariel lo lleva a tratar de cerrar algunas cuentas pendientes de su hijo de formas poco ortodoxas o cuando actúa movido por la idealización del ausente, pero sin conocer del todo la naturaleza de su carácter. En esos momentos la película crece, moviéndose en el territorio de lo inesperado e incluso se permite alguna escena con agradables visos fellinescos. Es cierto que otras veces la película cede a la tentación de buscarle las cuerdas emotivas al espectador y en esos lances pierde parte de su sorpresa, pero incluso en esos momentos lo hace, por suerte, tratando de eludir los clichés. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - "Sueño Florianópolis", de Ana Katz: Fantasías de la clase media argentina

Una vez más Ana Katz vuelve a leer con certera sensibilidad el inconsciente del gen argentino. Y así, pintando su aldea, ofrece al mismo tiempo un fresco que puede ser un espejo de lo humano en un sentido más amplio. Porque siendo muy “criolla” en el trazo de las situaciones, en la composición de sus personajes, en el retrato de sus códigos y sus formas de vincularse con lo extraño de un mundo familiar, pero ajeno, Sueño Florianópolis es también poderosamente universal. Su quinta película, además, vuelve a evidenciar virtudes que se extienden por su filmografía completa. La solvencia en el manejo depurado de recursos como el humor, leve en apariencia pero profundo y filoso; una gran capacidad para desarrollar el drama sin ponerse solemne ni trágica; y la voluntad innegociable de sumergirse en sus criaturas para extraer de ahí lo que el relato demanda, sin exponerlas ni aprovecharse de ellas, pero sin caer tampoco en la tentación del maternalismo o la condescendencia.
Todo esto para contar la historia de una familia tipo –madre, padre, hijo, hija–, que a comienzos de los ‘90 parten hacia las playas de la isla más argentina del Brasil, en un viaje en el que se juega mucho más que la promesa de descanso de unas simples vacaciones. Katz introduce el registro de época, un detalle importante del relato, de forma elegante: la ausencia de tecnología Smart, una remera de Nirvana, el modelo de los autos. La película arroja su ancla en esa posibilidad de salir al mundo que los primeros años del menemismo representaron para la clase media más pura y dura. Porque Sueño Florianópolis también funciona, de forma tangencial, como retrato de ese sueño de prosperidad, de aquel carpe diem que finalmente no resultó inocuo, del mismo modo en que estas vacaciones no lo serán para la familia protagónica.
Pedro y Lucrecia componen un matrimonio de psicoanalistas que si bien ya no están juntos, tampoco están separados. En ese complicado estatus deciden emprender la excursión a Floripa. Junto con ellos van Flor y Julián, sus dos hijos, adolescentes pero no tanto como para no encarar el viaje con planes propios. Desde el comienzo la travesía dista mucho de ser soñada. Se quedan sin nafta en la ruta dentro de una auto viejo y sobrecargado; una parada imprevista en un hotel de mala muerte; la llegada a la casa alquilada a “dueño directo”, que resulta ser una pocilga. Claro que en cada una de estas instancias también existe el componente argento: chamuyarse a la conserje del hotel para que les permita meterse a los cuatro en una habitación para dos (y pagar por dos); salir rajando cuando el destino elegido dista de lo imaginado; el impagable portuñol italianizado de Mercedes Morán y Gustavo Garzón, extraordinarios en sus roles.
Como si se tratara de la famosa Isla de la Fantasía de Ricardo Montalbán y Tatú, los cuatro personajes depositan en Florianópolis diferentes esperanzas. Si Pedro aspira a recomponer el vínculo con Lucrecia, esta en cambio parece más dispuesta a dejarse llevar por la situación. Mientras tanto los chicos, cada uno a su modo, comienzan a jugar con la idea de empezar a ser grandes. Como en un sueño, la idiosincrasia brasilera habilita con generosidad la posibilidad de cumplirle a cada uno esos y otros deseos. En ese punto la profesión de la pareja protagónica no resulta una elección aleatoria. Hay algo de proyección en esas vacaciones, algo de represión liberada operando en los personajes.
En ese sentido la pareja de pacientes peleadores que Pedro y Lucrecia se cruzan por todas partes (y de los cuales se ocultan), funciona casi como un acto fallido. En los escandalosos enfrentamientos públicos de esos otros, que al mismo tiempo los avergüenza y los divierte, tiene lugar de forma explícita lo que en ellos se da sotto voce. Y así como el viaje a Floripa es veladamente aspiracional, aquella pareja de pacientes, los Benítez, son capaces de convertir en acción y de poner en palabras todo lo que los protagonistas no saben cómo. Será que en casa de herrero… Por todo eso y más Sueño Florianópolis resulta, entre otras cosas, un espejo sublime de la clase media, de un momento histórico y de la argentinidad. Es decir: del ser humano. 

Artículo publiado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

martes, 15 de enero de 2019

TELEVISION - La Guerra del Streaming: 10 plataformas para cambiar Netflix

"La Tercera Guerra Mundial será por el streaming". La frase no la dijo el físico Albert Einstein, pero solamente porque no llegó a tiempo para conocer al pulpo Netflix. Mientras los grandes estudios de Hollywood, compañías de telefonía movil y cableoperadoras montan sus propias plataformas para quedarse con una parte del botín que el gigante del Video on Demand se resiste a repartir, acá se sugieren 10 alternativas para ver por internet las películas y series que es imposible encontrar en la colección Netflix.
 El negocio del Video On Demand (VOD) se ha convertido en uno de los más grandes del mundo actual, y uno de los que ha crecido a mayor velocidad, imponiendo una forma de consumo que puso en crisis a la televisión y desafía también al cine. Como ocurre con todo cambio abrupto, en su origen hay una revolución y en este caso responde al nombre de Netflix. La famosa cadena virtual de contenidos audiovisuales consiguió imponerse como una marca global, líder en su rubro, en apenas 10 años. Claro que la empresa existía desde antes, y aunque su servicio original distaba mucho del actual, en esencia eran la misma cosa. Se trataba de un video club que alquilaba sus películas por internet y se las enviaba a sus clientes a través de un delivery o por correo y las retiraba de igual forma. Fundada en 1997, Netflix comenzó a operar de forma oficial dos años después, hace exactamente 20 años. Pero fue recién en 2007 cuando inauguró el negocio del VOD, al que por entonces bautizaron como “Watch Now” (Mirar ahora).
Para comienzos de los 2010 Netflix se había vuelto famosa, comenzaba a producir su propio contenido y se convertía en un gigante global al que no detenía ninguna frontera. Su modelo fue imitado, replicado, copiado y hoy las compañías de VOD se cuentan de a centenas. Según un informe publicado por el portal mexicano Netmedia más de 250 plataformas on line de contenidos audiovisuales estuvieron activas en América Latina durante el año pasado. Aunque no se puede hablar de una oferta infinita, al menos se la puede definir como humanamente inabarcable. Pero no se trata solamente de grandes competidoras que buscan quedarse con un pedazo de la torta que Netflix se come sola, como Prime Video de Amazon, HBO Go, Foxplay, de los estudios Fox, o Disney+, que amenaza con disputar la hegemonía del sector a partir de series basadas en los universos de La Guerra de las Galaxias o los superhéroes de Marvel.
Pero también hay una larga lista de plataformas cuyo fuerte se encuentra en ofrecer un servicio mucho menos amplio pero bastante más específico. Plataformas temáticas segmentadas por interés que apuntan directamente a los deseos de nichos o grupos muy determinados. Un buen ejemplo para entender el concepto lo daba la plataforma Purga.TV, dedicada especialmente a ofrecer títulos que abordaban géneros como el terror o el fantástico, con especial atención a la producción latinoamericana, pero que por razones desconocidas dejó de funcionar hace apenas algunos meses.
La idea de este informe es destacar algunas de estas alternativas para el consumo online de contenidos audiovisuales que representan una alternativa auténtica dentro del consumo VOD. A continuación, entonces, 10 opciones para los que quieran explorar qué hay más allá del gigante Netflix.  

1-Cinear.Play
Empecemos por casa. Cinear.Play es la versión online de Cinear TV, el canal de cine argentino desarrollado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) en conjunto con la empresa nacional de telecomunicaciones Arsat. El contenido del mismo se concentra en la producción cinematográfica y audiovisual argentina que incluye novedades y grandes clásicos del cine nacional. Aunque la suscripción es gratuita para todos los usuarios dentro del territorio argentino, Cinear.Play también permite acceder a películas en simultáneo con su estreno en las salas por valores que nunca exceden los $30, algo que no existe en casi nunguna otra plataforma en el mundo.  
2-Qubit.tv
Se trata también de una compañía argentina dedicada al negocio del VOD, cuyo lema es algo así como “te ofrecemos todo lo que no tiene Netflix”. Su red cuenta con casi 150 mil usuarios de los cuales aproximadamente la mitad se encuentran dentro del territorio nacional y la otra mitad repartida en distintos países latinoamericanos. Con un catálogo marcado por el equilibrio entre la calidad y la popularidad, QubitTV se diferencia de Netflix por su amplia oferta de títulos dedicados a los llamados cine arte y cine independiente, sin que por ello se prive de incluir películas muy exitosas. Para los amantes de los grandes directores, el cine europeo y asiático y los cinéfilos más exigentes, QuibitTV ofrece algo así como un festival de cine en casa.  
3-Mubi.com
Competidora directa de QubitTV respecto del público al que apunta su programación, la plataforma Mubi acaba de desembarcar en la Argentina ofreciendo un año un año de prueba gratuito a quienes se suscriban. Pero a diferencia del sistema de Qubit, similar al de Netflix, Mubi ofrece una lista de apenas 30 películas en constante renovación, ya que todos los días se añade un nuevo título que reemplaza al más antiguo de los disponibles. De este modo cada película permanece en la lista un máximo de 30 días. Entre las películas que pueden verse hoy se cuentan joyas como Paranoid Park, una de las mejores películas del Gus Van Sant, el clásico de Roman Polansky Repulsión, Balnearios del paladín del cine independiente argentino Mariano Llinás y un ciclo de homenaje a la leyenda de la comedia francesa Jacques Tati.  
4-rtve.es/Playz
Se trata de la plataforma de streaming de la Radio y Televisión Española (RTVE) dirigido al público joven, que tiene como enorme argumento a su favor su carácter gratuito. En Playz es posible ver una larga lista de series en español que apuntan a todos los intereses posibles, desde el documental y el drama al terror, el suspenso y la comedia. En su catálogo le da una gran importancia al formato de las series web (series cuyos capítulos no exceden los 10 minutos de duración) entre las que se destaca la divertida Neverfilms (trailers de películas falsas que parodian a títulos exitosos como Hechizo de tiempo o IT) o Limbo, serie de terror que transcurre íntegramente en las interfaces de diferentes redes sociales y dispositivos de comunicación, dirigida por el cineasta argentino Fabián Forte.  
5-Classiccinemaonline.com
Siguiendo con los contenidos gratuitos se destaca Classic Cinema Online, cuyo catálogo ofrece listas y listas de grandes películas de los períodos dorados de Hollywood. Aunque su interfaz es algo básica y anticuada (“como su contenido”, dirán algunos), en su interior es posible encontrar verdaderas joyas del cine de todos los tiempos, como el Drácula de Tod Browning (1931), con el húngaro Bela Lugosi como el temible conde; Charada (1963), de Stanley Donen, con Cary Grant y Audrey Hepburn; o Tuyo es mi corazón (1946), del maestro Alfred Hitchcock, con Ingrid Bergman y, una vez más, el enrome Cary Grant. El catálogo de Classic Cinema Online también ofrece series, entre las que es posible encontrar gemas perdidas, como el Capitán América de 1944, Dick Tracy de 1937 o el Flash Gordon de 1940. La contra: no ofrece calidad HD y ni subtítulos en castellano. Todo no se puede.
6-Crunchyroll.com
Como ya se dijo, el objetivo de algunas plataformas de VOD es ofrecer un contenido lo suficientemente específico como para, llegad el caso, convertirse en la única opción posible. Ese es el caso de Crunchyroll cuyo catálogo se concentra en una amplia oferta dentro del universo del animé, los dibujos animados de origen oriental, chinos, coreanos y sobre todo japoneses. Esta plataforma tiene una versión orientada al público latinoamericano desde 2012 y actualmente ofrece un período de prueba gratuito de dos semanas, en tanto que su versión paga es de $99 mensuales. Entre los títulos más destacados se encuentra la serie Attack on Titan (cuya versión cinematográfica será dirigida por el argentino Andy Muschietti, director de la súper popular película de terror IT) o The Promised Neverland, adaptación del manga de Kaiu Shirai y Posuka Demisu.  
7-Retinalatina.org
Financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la plataforma Retina Latina busca convertirse en reservorio de la producción cinematográfica de Latinoamérica. Cuenta con la participación de las entidades cinematográficas de países como Ecuador, Perú, Bolivia, México, Uruguay y Colombia, con la intención continuar sumando socios para alcanzar la integración latinoamericana en el ámbito digital. Su suscripción también es gratuita y aunque su oferta por el momento es limitada, de todas formas permite encontrarse con títulos valiosos, como la comedia mexicana Cilantro y perejil (1996), protagonizada por un joven Demián Bichir; la extraordinaria La vida útil (2011), del uruguayo Federico Veiroj, o una selección del casi desconocido cine boliviano.  
8-Spamflix.com
Spamflix es una plataforma que encaja perfectamente en la definición de producto de nicho. Su catálogo se encuentra organizado bajo un lema muy específico: reunir un conjunto de “películas que son escandalosamente extrañas, divertidas, visionarias, geek, transgresoras, de vanguardia, sin sentido”. Películas de todo el mundo que son difíciles de clasificar, pero que tienen en común la falta de límites para desarrollar su historia. Su sistema es más parecido al de los viejos video clubes: aunque el registro es gratuito, para poder ver cada película se deberá abonar un “alquiler” de 3,50 euros. Entre los títulos que pueden verse en Spamflix se encuentra la inclasificable filmografía completa del japonés Hitoshi Matsumoto (Big Man Japan; Scabbard Samurai; Symbol, entre otras); la película animada argentina Ánima Buenos Aires; Hasta que Sboria nos separe, del animador brasilero Otto Guerra; o Summer of Blood de turco Onur Turkel.  
9-OndaMedia.cl
Con un objetivo y hasta una interfaz muy similar a la de la argentina Cinear.Play, Onda Media ofrece un amplio catálogo dedicado al cine que se produce al otro lado de la Cordillera de los Andes. El sistema de esta plataforma de VOD chilena ofrece una suscripción gratuita que habilita la posibilidad de ver hasta 8 películas mensuales, luego de las cuales se comienza a pagar por cada nuevo visionado. En su lista es posible encontrar a la última ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera, Una mujer fantástica de Sebastián Lelio; la candidata al mismo premio en el año 2013 No, de Pablo Larraín; La nana (2009), película de Sebastián Silva convertida en un clásico moderno del cine chileno; o El botón de nácar, extraordinario documental de Patricio Guzmán.
10-Dondeloveo.com
Esta no es una plataforma VOD, pero sin embargo es una herramienta muy útil. Se trata de una base de datos que permite consultar en cuál de todas las plataformas VOD es posible encontrar la película o la serie que tenemos ganas de ver. Con solo ingresar el título en su buscador, Donde Lo Veo nos devuelve una lista con todas las plataformas en las que dicha serie o película se encuentra programada, incluyendo aquellas que dependen de otros servicios de VOD o de alquiler como los que ofrecen las empresas de cable o telefónicas, como Flow de Cablevisión, OnVideo de Teléfónica, Claro Video o Movistar+, además de otras plataformas de alquiler como iTunes, YouTube o Google Play Movies. Dado el tamaño de la oferta, se trata de una iniciativa oportuna.  

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar