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jueves, 2 de diciembre de 2021

CINE - "Las leyes de la frontera", de Daniel Monzón: España, los dueños de Netflix

Películas como Las leyes de la frontera pueden funcionar como un espejo y los espejos siempre generan preguntas. ¿Por qué será que el cine de España encontró en Netflix una ventana de exportación que le permite imponer sus productos en toda Latinoamérica y más allá? Películas y series que pueden ser mejores o peores, pero que siempre están bien construidas desde lo técnico y funcionan como un motor para la industria audiovisual. Una industria que en Argentina también alcanzó picos de calidad no solo en lo técnico, sino también en lo artístico, pero que desde la gestión hace años no hace otra cosa que ametrallarse los pies. Contingencia que ya no es posible simplificar con una explicación política, sino que se ha extendido en el tiempo abarcando los cambios de color. ¿Pero será esa la única razón? Lo cierto es que mientras las obras locales no logran abrir definitivamente esa ventana, fundamental para la industria cinematográfica de esta tercera década del siglo XXI, la producción española se ha parapetado en Netflix y tira con munición gruesa. Las leyes de la frontera es su disparo más reciente.

Dirigida por Daniel Monzón, quien ya tiene un vínculo con el cine de género que acumula siete largometrajes, Las leyes de la frontera combina con eficacia las reglas del policial con el color local, cierto costumbrismo y una reconstrucción de época no exenta del comentario social. En su relato las fronteras son menos geográficas que simbólicas, a pesar de que la acción transcurre en Girona, ciudad catalana ubicada cerca del límite de España y Francia. Acá las fronteras más bien tiene que ver con lo etario, con la cultura, la historia y, sobre todo, con cuestiones de clase. Con esas herramientas, Monzón cuenta la historia de un adolescente de clase media acosado por sus compañeros, que de forma imprevista empieza a frecuentar a un grupo de jóvenes con una carrera delictiva aún incipiente.

Ambientada a fines de los ’70, tras la muerte de Franco, Las leyes de la frontera es una historia de iniciación en la que su protagonista no solo despierta a la conciencia del deseo, sino a la de su lugar en la sociedad y a una búsqueda de libertad que funciona como metáfora de los cambios políticos en la España del Destape. Aunque la película es la adaptación de una novela de Javier Cercas y fluye bien narrativamente, esos apuntes apenas consiguen ir más allá de lo superficial. Incluso llegan a ponerse más bien gruesos sobre el final, cuando la trama se resuelve de un modo tan aleccionador como éticamente cuestionable. 

Se intuye que buena parte de esos méritos y debilidades surgen del libreto escrito entre el director y Jorge Guerricaechevarría, habitual guionista de Alex de la Iglesia, cuyos últimos trabajos también registran esta tendencia al subrayado y las alegorías recargadas, incluso cuando sus relatos avanzan con naturalidad. Aún así, no deja de ser interesante la forma en que el cine español intenta contar historias que, desde los géneros, le permiten al espectador (español) reconocerse como parte de una cultura y de una Historia. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 4 de noviembre de 2021

CINE - "Caperucita roja", de Tatiana Mazú González: El bosque de una familia

“El tiempo es la historia”, dice Doña Juliana en algún momento de Caperucita roja, el documental dirigido por su nieta, Tatiana Mazú González, que la tiene como protagonista. Es justamente a partir de un retrato familiar que la directora intenta dar cuenta de su tiempo y de la historia, a través de un relato en el que lo personal y lo histórico se van montando y superponiendo hasta tejer una narración coral. Para ello Mazú González utiliza distintos registros, que van de grabaciones domésticas en VHS, provenientes del archivo personal; registros de distintas reuniones en las que las mujeres de la familia se juntan a charlar, generalmente en torno al oficio de costurera de la matriarca; hasta imágenes de la comarca en la campiña española, de la que Juliana emigró a mediados del siglo pasado.

Juliana es una de esas típicas señoras españolas muy menudas, pero que parece contener en su interior una fuerza inagotable. Una mujer cuya mirada del mundo está marcada inevitablemente por lo que le tocó vivir siendo niña. Un espanto que algunas veces fue íntimo, de maltrato personal en el seno de una familia campesina que no era la propia. Otras veces encarna en una época en la que la guerra fue madre de horrores demasiado vívidos como para querer recordarlos, pero que aún así perviven en la memoria. En esa cosmovisión no hay diferencia entre republicanos y nacionales: al fin y al cabo, fue por el enfrentamiento entre ambos que ella debió abandonar su patria para buscarse otra, atravesando el vasto océano. 

La película también ofrece una cosmovisión particular, en la que el punto de vista femenino es el que organiza el relato. Son las mujeres de tres generaciones de esta familia –la abuela, sus hijas y sus nietas— las que le van dando forma a una mirada colectiva que consigue hacer que alrededor de lo femenino gire un universo que, sin embargo, sigue teniendo a lo masculino como centro. Es ese corrimiento del eje lo que provoca que el retrato que hace del mundo esta versión ad hoc de Caperucita roja acabe siendo, a su manera y modestamente, disruptivo. Lejos de estar ausente, lo masculino se mantiene en un fuera de campo discretamente ominoso.

Caperucita roja juega con el molde del cuento tradicional, pero yendo más allá de los límites de la historia de la niña acosada por el lobo. También hay referencias a otros relatos propios del universo de los cuentos de hadas y algo del espíritu de la novela Mujercitas renace en esas tertulias en las que las mujeres comparten sus puntos de vista respecto del tiempo y la historia. Mazú González logra que la candidez conviva de forma armónica con lo siniestro, con solo recorrer el linaje de una familia. Tal vez la película en algún momento ceda ante el pecado de la obviedad, sobre todo en la expresión demasiado literal de algunas ideas, pero eso no impugna sus no pocos aciertos. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

miércoles, 10 de marzo de 2021

CINE - "Akelarre" ganó 5 premios Goya: Entrevista con su director, el argentino Pablo Agüero

Reciente ganadora de cinco premios Goya, los más importantes del cine español, Akelarre del argentino Pablo Agüero narra el proceso que un sacerdote y un grupo de funcionarios de la corona española llevan adelante contra seis adolescentes vascas, a las que se acusa de práctica de la brujería en el marco histórico de la Inquisición, en algún momento entre los siglos XVI y XVII. Con lucidas actuaciones del español Alex Brendemühl y el argentino Daniel Fanego como los inquisidores, y de Amaia Aberasturi al frente del grupo de jóvenes actrices que interpretan a las acusadas (todas ellas virtuales debutantes), Akelarre ofrece un fresco verosímil que transporta al espectador hasta el final de la Edad Media. Pero el film también tiene la virtud de proyectarse sobre el presente, poniendo en escena condiciones de vida en las que aún viven las clases bajas en gran parte del mundo, incluidas España y Argentina. Y, por supuesto, los abusos de los que siguen siendo víctimas las mujeres.

“Cuando presenté mi primera película en el festival de Cannes (Salamandra, 2008), me alojé en un departamento donde, por alguna razón misteriosa, había una biblioteca consagrada a libros ‘malditos’ que abordaban el concepto del Mal, su ambivalencia y representación”, dice Agüero al referirse al origen de Akelarre como proyecto. “Ahí encontré La bruja, escrito a fines del siglo XIX por el historiador Jules Michelet y prohibido durante 50 años. Ese libro, de gran rigor histórico e inmensa potencia poética y subversiva, demuestra cómo la caza de brujas fue una persecución política global que, contrariamente al cliché, no se dedicaba a atacar viejas curanderas, sino a jóvenes rebeldes. El espíritu utópico y comprometido de Michelet me dio el coraje para investigar, reescribir y luchar durante diez años para concretar esta película”, resume el director.  

-¿Por qué ubicó el relato en el País Vasco, cuya cultura fue atacada por las muchas inquisiciones que atraviesan la historia española? 

-Los vascos lograron mantener un idioma que fue prohibido hasta la mitad del siglo XX, un idioma sin raíces comunes con ningún otro y que apenas hablan dos millones de personas. Otros pueblos, como los Onas en la Patagonia o los Cátaros en Francia, fueron diezmados y su cultura prácticamente borrada de la historia. En cambio, la cultura vasca es la hipérbole de la resistencia. Esa fuerza era la adecuada para esta película.  

-El retrato múltiple hizo de Eva Perón en la película Eva no duerme (2015), la historia de Akelarre y su documental Madre de los dioses (2015), parecen coincidir en el interés por lo popular. ¿Qué encuentra en esas expresiones que lo empujan a llevarlas al cine? 

-La aplanadora de la globalización comenzó con la cristianización forzada, que destruyó la diversidad cultural de Europa y América. El cinismo llega a tal punto, que lo que cuentan las biografías fantásticas de los “mártires cristianos” torturados por los romanos es en realidad lo que la Inquisición le hizo a los mártires paganos, ateos e incluso cristianos no católicos. Me interesa resucitar esa cultura que han querido borrar al imponer un pensamiento único. Y en estas historias hay una riqueza infinita que ha querido ser ocultada y a la que el arte, el cine, puede devolver a la vida.  

-Akelarre tiene además un fuerte punto de contacto con Eva no duerme, porque Eva Perón también fue una mujer demonizada. ¿Las mujeres ‘señaladas’ le resultan más interesantes? 

-Creo que la represión ejercida por el sistema patriarcal nos oprime a todos, convierte a los hombres en lobos de las mujeres, pero también de sí mismos. Pero mi motor es siempre la indignación ante la injusticia. Y en ese sentido creo que los métodos de las dictaduras son herederos de la Inquisición: arrestos arbitrarios, denuncias, torturas para obtener más denuncias, desaparición de los cuerpos y tentativa de borrar toda memoria de esas personas que se ha hecho “desaparecer”.  

-Las escenas en las que las chicas representan el aquelarre para el inquisidor remiten a la obra de Goya, sobre todo aquella en la que retrata los horrores de la historia española. 

-Cuando supe que Akelarre era la segunda película más nominada a los premios Goya, me conmovió sobre todo por esa referencia. Aunque ya nadie evoca a Francisco de Goya al hablar de este premio, él es una gran referencia para mí, no solo estética sino ética y humana. Un artista como Michelet o como Émile Zola, cuyo compromiso político no puede separarse de su potencia expresiva, porque está encarnado en ella. Nunca intenté copiar sus cuadros, pero sí siento que su luz de claroscuro –pictórico y moral— me ha guiado en este retrato del oscurantismo.  

-Sin embargo toda la película está atravesada por una estética a la que se podría llamar “pictórica”, que resulta importante para dejarse convencer de que se está mirando por una ventana hacia el pasado.  

-Las primeras películas históricas se basaban en libros y cuadros, interpretándolos de manera literal, lo cual es tan absurdo como si en el futuro hicieran una película sobre nuestro siglo copiando publicidades de shampoo. Mi primer objetivo fue romper con eso. Y lo que hice fue inspirarme en mi propia vida. Como una buena parte de la población mundial actual, yo pasé mi infancia en el siglo XVII: en una cabaña muy precaria sin electricidad ni agua corriente. Lo que reproduje en la foto de Akelarre es esa realidad de la vida a la luz del fuego. No imitamos ni cuadros ni películas, sino que creamos en el set situaciones lumínicas que en sí mismas generan una gran complejidad de claroscuro.  

-¿Cree que los horrores de la Inquisición son una culpa que la Iglesia y los estados europeos que la llevaron adelante, sobre todo España, todavía no asumieron de forma firme y abierta? 

-Creo que no hay un mea culpa porque ganaron la guerra y porque en el fondo su orientación política actual es una continuidad de su pasado. Hay un problema casi epistemológico en la tentativa de modernizar el pensamiento mágico de la religión. Porque un Dios, por definición, no puede ser democrático. Y por más malabares teológicos que intentemos, la Biblia comienza por condenar a la mujer, costilla del hombre que trae el pecado al mundo. Entonces el problema es otro: no creo que haga falta un mea culpa, sino un cambio de paradigma. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 28 de enero de 2021

CINE - "Josep", de Aurel: Animación para contar la historia

El cine animado no siempre es sinónimo de entretenimiento producido con un ojo puesto en los espectadores más chicos y el otro en aquellos que circunstancial- mente los acompañan y pagan sus entradas –o al menos así era el ritual del cine cuando las películas todavía se podían ver en una sala y había que comprar una entrada para poder hacerlo—. También hay artistas que recurren a la animación para contar historias que no pueden estar más alejadas del género infantil, aprovechando sus posibilidades plásticas y expresivas para abordar temáticas y cuestiones más cercanas a los intereses y preocupaciones de la vida adulta. A esa categoría pertenece Josep, ópera prima del dibujante francés Aurel, que narra la historia de la amistad surgida entre un gendarme francés y el artista plástico catalán Josep Bartolí.

La película está ambientada entre el final de la Guerra Civil Española y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y tiene como principal escenario al límite geográfico y político que en aquel momento separaba a España de Francia. Es ahí donde tuvo lugar el drama que vivieron los millones de españoles que trataban de escapar del horror de la dictadura franquista, quienes fueron encerrados por el gobierno francés en campos de concentración. Con ese punto de partida, Josep avanza y retrocede sobre una línea de tiempo que no solo da cuenta de la vida de Bartolí de ahí en adelante, sino que también recorre la cronología de acontecimientos históricos que le sirvieron de marco. 

Aurel construye ese relato de manera indirecta, recurriendo a la figura de un narrador que, a instancias de sus propios recuerdos, se encarga de promover y organizar el curso de las acciones dentro de la película. El encargado de cumplir con ese papel es el personaje de Serge, quien por aquel entonces era apenas un novato gendarme francés que integraba uno de los batallones que se ocupaban de custodiar el precario campamento donde se amontonaban los migrantes y exilados. Y es el propio Serge quien, ya viejo, le cuenta a su nieto los detalles de esa amistad que lo unió al dibujante catalán, cuyas ilustraciones son utilizadas en la película con criterio, en busca de aprovechar la potencia expresiva que habita en ellas.

La animación de Josep está muy lejos de parecerse al cine animado que producen los grandes estudios de Hollywood. Por el contrario, Aurel apuesta por una estética técnicamente rústica que destaca los trazos grueso del lápiz y el crayón, poniendo en evidencia el vínculo estrecho que la película mantiene con la rama más artística de historieta. La decisión resulta un acierto. No solo por la audacia de aventurarse en un territorio poco transitado por los animadores en el cine, resignando realismo pero ganando en elocuencia, sino porque además parece la apropiada para contar la historia de un dibujante. 

Ese artificio también funciona muy bien para recrear las sensaciones de horror y fragilidad que surgen de los hechos narrados. En ese punto, Josep mantiene un fuerte diálogo con el contexto actual, en el que las migraciones masivas derivadas de distintos procesos geopolíticos vuelven a ser uno de los grandes problemas, no solo en Europa sino en todo el mundo. Atroz y emotiva, la película hace equilibrio entre aquel pasado y este presente que, como si se tratara de espejos enfrentados, acaban por exponer la paradoja de una realidad que se repite una y otra vez. Pero siempre como tragedia y nunca como farsa. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

domingo, 6 de diciembre de 2020

LIBROS y MÚSICA - "Rock en español. La guía definitiva", de Hernán Panessi: El rock que canta en tu idioma

Igual que un terremoto en el fondo del mar avanza hacia la costa convertido en tsunami, así llegó el rock and roll hasta América latina y España: como una ola gigante que se llevó puestas a varias generaciones de jóvenes, siempre dispuestos a dejarse arrastrar por la potencia de una revolución cultural. Retratar las distintas formas que esa influencia hizo florecer en los territorios hispano parlantes es la labor que desarrolló el periodista Hernán Panessi en su último libro, Rock en español – La guía definitiva: un mapa frenético y las bandas fundamentales, edición conjunta que el sello Ma Non Troppo y Ediciones Continente lanzaron de manera simultánea a uno y otro lado del Atlántico. 

Abrazando el formato del diccionario enciclopédico, el volumen consta de varias partes cuyo conjunto le permite al lector tener una imagen integral de lo que el género produjo en estos países y de qué forma impactó en la cultura popular. Así, la primera parte ofrece un breve recorrido cronológico bajo un título que, como si se tratara de una materia universitaria, vuelve a jugar con las formas de lo académico: “Introducción a la historia del rock en español”. 

En esas páginas iniciales, Panessi da cuenta de los primeros antecedentes de la castellanización del rock y de la forma en que el género fue adquiriendo una forma propia, que la distingue de los originales anglosajones. Pero también del modo en que atravesó diferentes contextos históricos, como las dictaduras setentistas; las diferentes movidas surgidas con las primaveras democráticas de los ’80; o la explosión del rock latino en los neoliberales años’90. Y ya en el siglo XXI, de qué forma la fusión con ritmos autóctonos sirvió de plataforma para el surgimiento de géneros que, como el reggaetón, finalmente terminaron ocuparon su lugar en las preferencias de jóvenes y adolescentes.

La segunda parte del libro, “Guía de artistas”, es la que ocupa mayor espacio. En ella, el autor seleccionó más de 140 bandas que cubren todo el ámbito de hispanoamérica y casi todos los subgéneros más populares del rock, a cuyas biografías les dedica un espacio de entre media y dos páginas. Y ahí no falta casi nadie. Porque Panessi no solo incluye a las bandas y solistas más populares de cada país, sino que también rescata los nombres de artistas menos reconocidos, pero cuya influencia ha sido fundamental en la creación de ese universo polimorfo (y por qué no también perverso, para decirlo freudianamente) que es el rock en español. Aún con ausencias notorias (no aparecen Almendra o Riff, por ejemplo, aunque se las menciona en las entradas correspondientes a Spinetta y Pappo’s Blues; pero tampoco bandas importantes como Vox Dei o los pioneros del punk Todos Tus Muertos), el recorrido del libro es amplio y cumple con la función de ofrecer un panorama posible.

Y hasta se permite incluir artistas provenientes de países por fuera del universo hispano parlante, pero cuyas obras se desarrollaron en gran medida en lengua castellana. Entre ellos se destacan los franceses Mano Negra; los brasileños Os Paralamas; la banda estadounidense Chicano Batman, formada en la ciudad de Los Ángeles por hijos de inmigrantes latinos; o la cantante Francisca Valenzuela, nacida en San Francisco pero de padres chilenos. Una muestra de que la influencia del rock en español es más grande de lo que su simple enunciación permite suponer.

En las últimas dos partes del libro Panessi se da el gusto de encarar una de las tareas más agradables, pero también de las que más discusiones generan: armar listas. En la primera de ellas elige 50 discos fundamentales de la historia del rock en español, mientras que deja la segunda para sugerir 20 películas que pueden resultar útiles como material complementario del libro. Y al final deja un código QR para escanear con el celular y acceder a la banda sonora de 50 canciones clásicas y representativas del rock cantado en español. Lectura, películas y mucho, mucho rock: ¿qué más se le puede pedir a un libro? 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

lunes, 23 de noviembre de 2020

SOCIEDAD - Racismo en España: ¿Quiénes son los MENA?

Durante los últimos 15 días tuvo mucha difusión en España el caso de Iván Vaquero, un hombre joven que según algunos diarios de su país fue asesinado a golpes por haber llenado las paredes del pueblo en donde vivía, Velilla, en las afueras de Madrid, con graffittis dedicados a una ex novia. Según se supo luego, el asesino habría sido un vecino de la víctima, en el frente de cuya casa Vaquero había escrito con pintura en aerosol uno de los supuestos mensajes de amor para quien fuera su pareja. TQMT, decían los crípticos mensajes que Vaquero replicó en cada pared vacía de Velilla, un código que utilizaban los amantes cuando todavía estaban juntos para manifestarse su amor, cuyo significado era “Te Quiero, Mi Todo”. A raíz de eso los medios españoles, incluidos los diarios más importantes, no dudaron en calificar a la historia como una tragedia de amor. Pero la historia esconde mucho más.

En primer lugar, algo que lejos de resultar romántico pertenece al terreno del acoso y el hostigamiento. Porque los graffittis de Vaquero incluían más que solo esas cuatro letras mayúsculas que representaban el amor que la pareja alguna vez se tuvo, pero ya no. Porque lo que decían exactamente las pintadas del joven asesinado era “Ya no TQMT” y esa pequeña variante convierte a supuesto mensaje amoroso en uno de despecho, al que la multiplicación en cada pared del pueblo volvía casi un acto de intimidación. Fueron muchos los que tras la muerte de Vaquero especularon sobre el significado oculto de aquellas letras y creyeron descubrir en ellas una amenaza velada: “Ya no Te Queda Mucho Tiempo”. Pero fue Diana, esa ex novia aludida en los mensajes, quien reveló el auténtico significado durante el sepelio de la víctima.

¿Pero cómo se produjo el crimen? Esa noche Vaquero se dirigió comprar comida en un restaurant que estaba cerca de uno de los lugares en donde había dejado grabado su mensaje para Diana. Pero al pasar por ahí encontró a un grupo de adolescentes inmigrantes haciendo lo mismo que él: pintando la pared con pintura en aerosol. El problema fue que los chicos se divertían pintando encima de sus queridas cuatro letras y entonces él los increpó para que dejaran de hacerlo, iniciando una discusión que no tardó en escalar. El griterío llamó la atención Alberto J., un hombre que vivía en un departamento justo encima del lugar y al ver lo que ocurría bajó enseguida para sumarse a la pelea y llevarla al siguiente nivel. Alberto atacó a Iván a golpes no se sabe bien por qué y lo dejó tirado en la calle muy lastimado. Cuando la ambulancia llegó para darle atención, Vaquero todavía estaba consciente, pero dos días después falleció a causa de la paliza brutal que recibió.

A pesar de que el agresor había sido señalado por algunos testigos, lejos de corroborar esa información no fueron pocos los vecinos que le apuntaron a los jóvenes inmigrantes como responsables del crimen. Es que los chicos ya habían provocado algunos desmanes en el pueblo, como robarse alguna cosa o prenderle fuego a una palmera, y al parecer eso los convertía en potenciales asesinos. Las acusaciones los tuvieron durante un par de días en la mira de la policía, pero enseguida detuvieron a Alberto, que actualmente se encuentra imputado por el asesinato de Iván Vaquero. Sin embargo no deja de sorprender la facilidad con que muchos se apuraron a señalar a a la pandilla juvenil, a cuyos integrantes los medios de España identifican como MENA, una etiqueta que en la Argentina es prácticamente desconocida. ¿Qué significan estas otras cuatro letras con las que se clasifica a estos y a otros jóvenes inmigrantes?

MENA es el acrónimo de Menores Extranjeros No Acompañados, una categoría utilizada por el sistema de migraciones en España para identificar a los jóvenes que llegan hasta el país sin la compañía de un adulto. Debido a la normativa legal vigente, los mismos quedan a cargo del Estado hasta cumplir la mayoría de edad. El mismo se preocupa por el destino de esos chicos incluso después de cumplir los 18 años, a través de un sistema de "vivienda de emancipación" en las que algunos de ellos permanecen cuando oficialmente dejan de estar bajo la tutela pública. A pesar de estas regulaciones, la situación de estos chicos, que ya es muy delicada por sus propias características, se ve agravada por el aumento de la animosidad que una parte de la sociedad española manifiesta contra ellos. Las muestras de desagrado hacia los migrantes menores son cada vez más habituales en toda España y han escalado en peligrosidad.

Durante el pasado mes de diciembre el escuadrón antibombas de la policía madrileña desactivó un artefacto explosivo hallado en el jardín de un centro de acogida para menores extranjeros en el barrio de Horteza, de la capital española. Aún se desconoce quién fue el responsable de que haber colocado esa bomba en una casa habitada por chicos. Aunque este tal vez sea el ejemplo más extremo, no es la única muestra de odio que los niños y adolescentes extranjeros han padecido en aquel país. En julio de 2019 varios menores resultaron heridos luego de que el centro de acogida en el que residían, cerca de Barcelona, fuera atacado por adultos que gritaban consignas como “¡Fuera MENAS de nuestros barrios!”. En otro pueblo en las proximidades de la capital catalana también hubo protestas por la construcción de un centro de acogida.

El tema se ha convertido en una brasa caliente que los diferentes sectores políticos se arrojan entre sí, en busca de liberarse de su incómoda carga y de hacer responsable del asunto a alguien más. Santiago Abascal, líder del partido de ultraderecha Vox y vecino de Horteza, aseguró el año pasado que durante la campaña electoral era abordado de manera constante por vecinos que le manifestaban preocupación por la presencia del hogar de acogida en el barrio. "Me encuentro con mujeres que me cuentan que los policías les dicen que no salgan con joyas a la calle; con madres preocupadas porque sus hijas llegan por la noche y tienen miedo de ser asaltadas", aseguró. Con ese discurso, en las elecciones realizadas hace exactamente un año su partido obtuvo 58 escaños en el Parlamento. 

Aunque los miembros de Vox condenaron enfáticamente los ataques que reciben los hogares de acogida, la portavoz del gobierno en funciones, la socialista Isabel Celáa, atacó la postura tras la aparición del artefacto explosivo. "El gobierno no sabe quién lanzó la granada. Lo que sí pudimos oír fueron las manifestaciones [de Abascal] en relación a los MENAS. Y las palabras, al final, se interiorizan e intoxican conciencias ajenas", aseguró la funcionaria.

Consultado por el portal de noticias británico BBC Mundo, el fiscal coordinador de Menores José Javier Huete Nogueras descartó que exista una relación entre los menores inmigrantes y un aumento de los delitos graves. Sin embargo también reconoce que la de los niños es una situación muy delicada. "Se trata de un colectivo de chicos que han tenido un periplo migratorio complicado, que llegan con expectativas hasta un país del que desconocen muchas veces el idioma”, pero “de pronto se encuentran con situaciones distintas de las que esperaban” y esto “les genera frustración", apuntó. "Es inevitable que algunos cometan hechos delictivos” que acaban generando “una sensación de inseguridad en los entornos en los que estos se producen", continuó el fiscal, indicando además que eso deriva en la inmediata estigmatización de todo el colectivo. Algo que, aseguró, “es tan injusto como irreal” y que puede provocar en ellos “un daño permanente”.

El problema no solo está muy lejos de ser resuelto, sino que los datos confirman que se trata de una tendencia que va en aumento. En 2018 fueron localizados 7.026 niños y adolescentes que llegaron a España sin el amparo de un adulto. El número supone un incremento de casi 200 % respecto del año anterior y de más del 3.000% en comparación con 2014. Hasta justo antes de que comenzara la pandemia había, según los datos oficiales, alrededor de 12.750 menores migrantes a cargo de las distintas instituciones que se dedican a su cuidado. La mayoría de ellos llegados al territorio español por vía marítima, procedentes de distintos países del continente africano.

Si bien las regulaciones humanitarias que rigen en el territorio español le proporcionan a la mayoría de esos chicos un espacio de contención, al cumplir la mayoría de edad se termina el problema tutelar pero comienza otro igual de urgente. Porque cuando esos chicos se ven obligados a integrarse como adultos en la sociedad, vuelve a encontrarse con el desagrado y la falta de oportunidades que ya conocieron durante la infancia, pero amplificada por una falta de empatía aún mayor. Porque si a mucha gente no le resultaban simpáticos siendo apenas unos niños, ya grandes las manifestaciones de rechazo que reciben son mucho más abiertas y agresivas. Todo eso sin mencionar el limbo legal en el que quedan, inhabilitados muchas veces para buscar trabajos en un marco de legalidad.

La paradoja que expresa el recorrido de estos chicos es un espejo atroz para las sociedades de occidente. Movidos por la esperanza de una realidad mejor que aquella a la que pueden acceder en sus países, miles de chicos solos se aventuran a cruzar el mar, un desafío al que muchos no sobreviven. Pero al llegar a su destino, en lugar de encontrarse con su sueño se descubren en medio de otra pesadilla, distinta de la que los envolvía en sus propios países, pero no por eso menos aterradora. La palabra MENA se ha convertido en una nueva forma de expresar un desprecio que no tiene nada de novedoso, porque el racismo, la xenofobia y la discriminación son tan viejos como la humanidad. Lo que en este caso asusta, es que las víctimas de ese odio sean apenas nenes y nenas que no solo son incapaces de defenderse, sino de siquiera comprender por qué reciben tanto odio.

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar.

lunes, 16 de noviembre de 2020

LIBROS - El poeta valenciano Francisco Brines obtuvo el Premio Cervantes

El Ministerio de Cultura y Deporte de España anunció hoy en la tardecita europea que el poeta valenciano Francisco Brines es el nuevo ganador del Premio Cervantes, sin dudas el más importante que puede recibir un autor en lengua castellana. De esta forma y a los 88 años de edad se convierte en el 46° escritor en recibir esta distinción y el número 24 de nacionalidad española. Brines sucede en el palmarés al poeta catalán Joan Margarit, Premio Cervantes 2019, y a la extraordinaria poeta chilena Ida Vitale, ganadora en 2018, quienes este año formaron parte del jurado que designó al nuevo ganador. 

Nacido en 1932 en la ciudad de Oliva, en la comunidad autónoma de Valencia, Brines pertenece a la Generación del ’50, la camada de poetas cuyas obras surgieron durante el período de posguerras, entre cuyas figuras también se cuentan la de otros autores notables como Jaime Gil de Viedma, José Ángel Valente o José Manuel Caballero Bonald, ganador del Premio Cervantes en 2012, quien en la actualidad tiene 94 años.

Aunque su trabajo no es muy difundido en la Argentina, se lo considera uno de los autores esenciales de la literatura española del último medio siglo. La obra de Brines acumula volúmenes de poesía que van del fundacional Las brasas, publicado en 1959, hasta su último libro, La última costa, publicado en el ya lejano 1995. Desde entonces sus lectores han tenido que conformarse con algunos textos nuevos intercalados en antologías y reediciones.

También es larga la lista de premios que ha merecido su obra, destacándose el Premio Adonais que recibió por su ópera prima, el Premio Nacional de la Crítica que le otorgaron en 1966 por el libro Palabras en la oscuridad, el Premio Nacional de Literatura por su libro de 1986 El otoño de las rosas, o el Premio Nacional de las Letras Españolas que le fuera concedido en 1999. 

Pero no solo su pasión poética es bien conocida, sino que también se conoce la que profesa por el fútbol y en especial por el club de su corazón, el famoso Valencia. Incluso en los ’90 llegó a tener especial predilección por el puntero argentino Claudio “Piojo” López, quien en los 12 partidos que jugó contra el Barcelona mientras formaba parte del equipo le metió 14 goles. Motivo suficiente para que Brines lo tuviera entre sus favoritos.

El jurado, que además de Margarit y Vitale contaba con la presencia del novelista español Eduardo Mendoza (Premio Cervantes 2016), se encargó de destacar a Brines como "maestro de la poesía española actual, reconocido por todas generaciones que le suceden". También señalaron con énfasis el camino particular de su obra, que "va de lo carnal a lo metafísico y espiritual", subrayando su "aspiración de belleza e inmortalidad". El Premio Cervantes consta de una dotación de 125.000 euros.

Además de Brines, entre los candidatos de este año se encontraban el poeta venezolano Rafael Cadenas, la escritora mexicana Ángeles Mastretta y los españoles Enrique Vila-Matas y María Victoria Atencia. Con 88 años, y luego de dos infartos y un accidente cerebrovascular, Brines se desplaza en silla de ruedas, sigue viviendo en su ciudad natal de Oliva y mantiene un saludable sentido del humor. Al conocer la noticia de que había sido elegido, el poeta reconoció que no se lo esperaba, pero que lo primero que atinó a pensar fue que su madre estaría muy contenta. “Le habría dado mucha alegría, porque alguna vez pensó que yo no iba por el mejor camino y al final resulta que ha sido el mejor", agregó con una sonrisa.

España es el país que más premios Cervantes acumula, mientras que México, con seis autores premiados, es el país latinoamericano con más ganadores. Por su parte, la literatura argentina ocupa el tercer lugar, ya que son cuatro los escritores honrados con el prestigioso premio: Jorge Luis Borges, en 1979 (ex aequo con el poeta español Gerardo Diego), Ernesto Sábato, en 1984; Adolfo Bioy Casares, en 1993 y en 2007 Juan Gelman. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura del portal de noticias www.tiempoar.com.ar.

sábado, 31 de octubre de 2020

CINE - XVII Encuentro de Cine Europeo: Lo mejor del viejo mundo en 13 películas, gratis y online

La pandemia sigue instalada y parece estar cómoda, porque por ahora no da muestras de querer irse a ningún lado. El panorama no es alentador pero, parafraseando a Humphrey Bogart, podría decirse que “siempre tendremos las películas”. Porque si hay algo que durante este largo encierro se convirtió en un sostén anímico y vital, ese algo fue el cine. Decenas de festivales, ciclos y muestras que perdieron su lugar en las salas no dudaron en hacer el sacrificio de saltar al vacío del streaming –formato que hasta ayer nomás era el enemigo—, con tal de no abandonar a su público en el momento de mayor necesidad. Muchos de ellos de manera desinteresada, enrolándose en el ejército de salvación de las actividades libres y gratuitas. A ese batallón se suma hoy el XVII Encuentro de Cine Europeo, que hasta el 30 de noviembre ofrece un programa que podrán verse, sí, de forma online y gratuita.

Organizado por la Delegación de la Unión Europea en Argentina, con apoyo de las Embajadas e Institutos Culturales de los países miembros, esta edición del Encuentro ofrece un menú de trece títulos provenientes de distintos países del viejo continente. En simpatía con los tiempos, la programación se organiza a partir de una mirada con perspectiva de género, poniendo a dialogar obras que reflejan y acompañan muchos de los procesos sociales que signan al mundo actual. Una invitación a reflexionar sobre temas como la desigualdad, el empoderamiento, la discriminación y la exclusión, entre otros. 

Además de las películas, las actividades de la programación se completan con una serie de eventos especiales, como charlas abiertas al público general y talleres de formación para estudiantes y jóvenes cineastas, a cargo de distintos referentes de la industria. A partir de ellas se busca seguir fomentando el intercambio cultural y el aprendizaje. Las películas y más información sobre el XVII Encuentro de Cine Europeo están disponibles en el sitio https://www.cineueargentina.com.

A pesar de girar sobre un eje temático específico, la programación ofrece una saludable variedad. Decisión que comienza por liberase del prepotente corset de lo nuevo, para incluir algunos títulos que llevan años cosechando elogios de público y crítica. Es el caso de Morir como un hombre, notable trabajo del portugués João Pedro Rodrigues sobre la noche de Lisboa a través de la figura de Tonia, una travesti que ya en su madurez decide dar el paso de cambiar su identidad sexual. Elegíaca pero también celebratoria de la vida, Morir como un hombre tuvo su estreno en la edición 2009 del Festival de Cannes y entre otras distinciones obtuvo el premio Cine del Futuro en Bafici 2010 y fue elegida por la filial local de Fipresci como Mejor Película Extranjera estrenada comercialmente en el país durante 2011. Una película que vale la pena volver a ver (o descubrir, para quienes aún no lo hayan hecho). 

Aunque algo más recientes, a esa misma categoría pertenecen Self-Portrait of a Dutiful Daughter (Autorretrato de una hija obediente, 2015), de la rumana Ana Lungu, y Mellow Mud (Barro Blando, 2016), del letón Renārs Vimba. Estrenadas en los prestigiosos festivales de Rotterdam y Berlín, ambas películas tienen como protagonistas a mujeres jóvenes agobiadas por el peso de cargas diversas. La primera de ellas es una chica que se acerca a sus 30, con una buena familia, carrera universitaria y buenos amigos. Pero cuando sus padres deciden mudarse y ella queda sola en la vieja casa familiar, que debe lidiar por primera vez con su propia vida. La segunda joven atraviesa los difíciles años finales de la adolescencia, viviendo junto a su abuela y su hermano menor en un pueblito rural. Pero cuando la adulta muere, los dos niños deben recurrir a distintos trucos para ocultar la situación y mantenerse unidos. 

Los ejes temáticos de estas tres películas (identidad sexual, crisis de juventud y adolescencia) son retomados por otros títulos programados, todos de 2018. El primero en el film austríaco Erik y Erika, en el que Reinhold Bilgeri recupera la increíble historia real de Erik Schinegger, quien nació y creció como mujer, y como tal fue campeona mundial de esquí alpino en 1966. Pero dos años más tarde, cuando se preparaba para los Juegos Olímpicos de invierno, una prueba genética determinó que Erika era biológicamente hombre y fue descalificada. Extraño y paradigmático, su caso sigue siendo un ejemplo en las luchas de género. 

Por su parte, en la eslovena My Last Year as a Loser (Mi último año como perdedora), de Urša Menart, es otra joven universitaria de casi 30 la que lucha por encontrar su lugar en el mundo. A diferencia de la mayoría de sus amigas, que decidieron emigrar en busca de un destino mejor, ella elige quedarse en su país. El film aborda las dificultades que enfrenta tras tomar esa decisión. En cambio, la alemana Nadar, de Luzie Loose, vuelve a las complicaciones de la pubertad junto a Elisa, una quinceañera que por su timidez padece el bullying de sus compañeros. Pero su vida da un giro cuando comienza una amistad con una chica decidida y segura de sí misma, su opuesto complementario. Junto a ella su actitud cambia, dejándola ante el dilema de convertirse en aquello que la sometía. 

El programa también incluye películas animadas, aunque no siempre se las pueda considerar infantiles. A esa categoría pertenece la española Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó, ganadora en 2020 del Goya a la Mejor Película Animada. En ella se recrean las experiencias del gran maestro del cine español durante el rodaje de su documental de 1933 Las Hurdes, de cuyo metraje se incluyen poderosas imágenes. En cambio la polaca Jacob, Mimi y los perros del barrio (2018), de Edmunds Jansons, es decididamente una película para chicos que cuenta las aventuras de un nene y una nena, quienes junto a una jauría parlante deciden sabotear un destructivo proyecto inmobiliario.

La programación se completa con la sueca Solo nos queda bailar (Levan Akin, 2019), la finesa Lady Time (Elina Talvensaari. 2020), la francesa Cassandro, el Exótico (Marie Losier, 2018), la coproducción greco española Una ventana al mar (Miguel Ángel Giménez, 2019) y la italiana El vicio de la esperanza (Edoardo De Angelis, 2018). 

Artículo publicao originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 12 de octubre de 2020

CULTURA - El día que Europa se encontró con América: Los nombres del 12 de octubre

Los festejos del 12 de octubre, día en que se conmemora la llegada de las tres embarcaciones españolas comandadas por Cristóbal Colón a costas americanas en el año 1492, han recibido a través de los años diversas denominaciones. A partir de ellas es posible contemplar el cambio de perspectiva con que esta fecha y lo que representa se han ido resignificando a través del tiempo. Un recorrido que desde el sesgo colonial de sus primeras celebraciones, hasta la actual comprensión de la magnitud de aquel colosal choque de culturas, que si bien ha tenido muchos elementos positivos, también encarna el comienzo de una gran tragedia.

La celebración nació durante las primeras décadas del siglo XX y tenía como fin celebrar el encuentro de dos mundos. Habían pasado más de 50 años del final de las guerras que marcaron el proceso de la independencia en los países latinoamericanos y los pueblos americanos y españoles se esforzaban por construir un nuevo vínculo para canalizar la profunda cercanía cultural creada a partir de los cuatro siglos de colonización. En ese contexto, en 1913 Faustino Rodríguez San Pedro sugiere desde la presidencia de la Unión Ibero Americana (una organización española que bregaba por estrechar las relaciones económicas, sociales y culturales entre los estados de Portugal, España y sus jóvenes pares americanos) convertir al 12 de octubre en una fecha para celebrar dichos lazos. El nombre elegido por él fue Día de la Raza, denominación que en ese momento solo incluía a la “raza española”: todavía se estaba muy lejos de comprender toda la diversidad y riqueza cultural que la conquista había sometido y dejado oculta.  

Exaltación de la raza hispana 

En 1917 la ciudad de Madrid oficializa tanto la celebración como el nombre propuesto y el rey Alfonso XIII la convierte en fiesta nacional un año después. Con ese nombre se celebró en América Latina a lo largo de todo el siglo XX, aunque los cuestionamientos con el tiempo comenzaron a multiplicarse y a hacerse más intensos. A partir de 1917 y bajo el gobierno de Hipólito Yrigoyen la fecha también empezó a celebrarse de manera oficial en todo el territorio argentino, aunque todavía sin una denominación clara.

Por su parte, a partir de 1926 el apelativo Día de la Hispanidad, acuñado por Zacarías de Vizcarra, un sacerdote español residente en Argentina, comenzó a volverse cada vez más popular en España a la hora de referirse a esta celebración. El gran responsable de extenderlo fue el ensayista y político Ramiro de Maetzu, quien el 12 de octubre de 1935 publicó un artículo titulado justamente “El día de la Hispanidad”. Admirador de Adolf Hitler, embajador en la Argentina entre 1928 y 2919 durante la dictadura de Primo de Rivera, De Maetzu fue asesinado en 1936 en el comienzo de la Guerra Civil Española, pero sus ideas sobre la hispanidad incluidas en aquel texto alimentaron la usina ideológica de la facción falangista. No extraña, entonces, que haya sido Francisco Franco quien durante su dictadura oficializó en 1958 el nombre de Día de la Hispanidad.

Tras la muerte del dictador en 1975, la democracia volvió a España y en 1982 un decreto estableció para la celebración del 12 de octubre el nombre de Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad. Pero cinco años más tarde se recortaría a Día de la Fiesta Nacional de España, que es como se sigue llamando en la actualidad en el país europeo, desechando para siempre los conceptos de raza e hispanidad.  

Una celebración multicultural 

Desde su aparición en el calendario local de efemérides y hasta el año 2010, en nuestro país la conmemoración del 12 de Octubre mantuvo el nombre de Día de la Raza. Sus festejos tenían como objeto exaltar la llegada de las culturas europeas a tierras americanas, a partir de una perspectiva romántica que idealizaba los procesos de conquista, explotación y sometimiento de las culturas originales. Según este punto de vista, los habitantes americanos no solo habían recibido a los extranjeros con los brazos abiertos, sino que de buena gana accedieron a entregar su tierra y su riqueza, trabajando para ellos y aceptando su lengua y su religión. Durante casi un siglo, la conmemoración del arribo español a este continente fue definido como un descubrimiento, omitiendo de manera sostenida los excesos cometidos en todo el proceso colonizador y evangelizador, que en algunos casos llegó hasta el exterminio de pueblos y culturas completas.

Recién durante el 2007, desde el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) se presentó ante el Congreso Nacional un proyecto de ley que proponía que el estado corrigiera esta forma inexacta de definir los hechos derivados de la llegada de los europeos a América. El texto sugería cambiar la denominación de Día de la Raza por el mucho más preciso Día del Respeto a la Diversidad Cultural. Este nombre comenzó a utilizarse a partir de 2010, gracias a un DNU firmado por la entonces presidenta Cristina Fernández, permitiendo que todas aquellas culturas que habían sido primero conquistadas, luego reducidas y finalmente olvidadas, obtuvieran el simbólico reconocimiento cultural que les corresponde.  

América, tierra diversa 

Son muchos los estados de América latina que siguen utilizando las denominaciones de Día de la Raza o De la Hispanidad para identificar el festejo del 12 de octubre. Así ocurre en países como Colombia, Guatemala, Honduras, Panamá o El Salvador. El país pionero en instalar el cambio de perspectiva respecto de la fecha fue Costa Rica, que en 1994, dos años después del la celebración de los 500 años del arribo del navegante genovés a América, modificó el nombre de la celebración a Día de Encuentro de las Culturas para volverlo (un poco) más inclusivo. En la misma línea se encuentra la modificación realizada por Chile en el año 2000, comenzado a utilizar la denominación de Día del Encuentro entre Dos Mundos.

El país pionero en ese cambio de mirada respecto de los acontecimientos que tuvieron lugar a partir del arribo de la expedición comandada por Colón fue Venezuela, cuando en atención a un pedido realizado por distintas organizaciones indígenas el presidente Hugo Chávez decretó en 2002 que la efeméride pasara a llamarse Día de la Resistencia Indígena. A esa iniciativa le siguieron las de Perú, donde en 2009 el entonces presidente Alan García oficializó el nombre de Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural, y la de Argentina en 2010. Un año más tarde se sumaron Bolivia (Día de la Descolonización) y Ecuador (Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad), agregándose en 2014 Uruguay (Día del Respeto a la Diversidad Cultural). 

En Bahamas, en una de cuyas islas desembarcaron Colón y su gente el 12 de octubre de 1492, la fecha recibe el nombre de Discovery Day, o Día del Descubrimiento. Por su parte, Cuba es el único país de América donde esta fecha no se celebra ni se conmemora. 

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar.

jueves, 24 de septiembre de 2020

CINE - "El practicante", de Carlés Torras: El cine psicopático

La carrera del actor español Mario Casas se benefició por el éxito que han tenido en la pantalla de Netflix las películas en las que participó. En general son thrillers o dramas oscuros que con frecuencia optan por el efectismo y en los que a él suelen tocarle turbios protagónicos. Ocurre en títulos como El fotógrafo de Mauthausen (2018), Bajo la piel del lobo (2017) o Contratiempo (2016), a la que ahora se suma El practicante, de Carles Torras, donde vuelve a ponerse al servicio de un personaje retorcido. El film ya se encuentra entre los favoritos de la N roja a partir de una combinación de una efectiva puesta en escena, un elenco solvente y una historia cruda que no escatima en crueldad. Y Mario Casas, obvio.

La película empieza apostando al impacto y arranca con el primer plano de dos personas heridas, atrapadas dentro de un auto chocado. La cámara gira 180° sobre su propio eje para revelar que el coche está volcado y las dos víctimas, cabeza abajo. Es de noche y, tras un paneo, la mirada avanza bajo la luz anaranjada de la ruta. Aparecen más víctimas y otros vehículos que participaron del siniestro, mientras por el fondo llegan ambulancias y autobombas. Los médicos bajan a prisa y comienzan a atender a los heridos. Pero uno de ellos, Ángel, aprovecha que sus compañeros se alejan llevándose en la camilla a una mujer herida y se robar un par de anteojos que quedaron sobre el asiento del coche.

Por el clima y las características del protagonista, ese comienzo recuerda un poco a Primicia mortal (2014), gran ópera prima de Dan Gilroy en la que Jake Gyllenhaal se luce como un periodista bastante psicópata. Como aquella, El practicante utiliza a la noche como escenario y parece que la historia se desarrollará sobre una versión sórdida del mundo de las urgencias médicas. Pero enseguida se desvía hacia lo íntimo: Ángel está en pareja con una chica francesa, a quien lo une una relación tan oscura como la noche. Psicópata es también una definición que le cabe al protagonista y la película recurre a todos los subrayados imaginables para que eso quede claro. El tipo las tiene todas: celoso, manipulador, posesivo y lo suficientemente violento como para incomodar, pero no tanto como para que eso no pueda esconderse atrás de un beso. De ángel no tiene nada.

El practicante escala de ahí hacia situaciones que el cine español ya abordó hace tres décadas de la mano de Pedro Almodóvar, en uno de sus trabajos más emblemáticos, aunque esta vez con toneladas de morbo y nada de humor. La película no se conforma con que Ángel sea detestable por naturaleza, sino que se encarga de golpearlo (y varias veces) para volverlo aún peor. Eso no justifica su conducta, claro, pero sí revela que El practicante es en realidad tan cruel, manipuladora y psicópata como su protagonista. El final funciona como prueba irrefutable de ello. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

CINE - 8° FIDBA, Foco Cine: Grandes historias secretas de los maestros de la pantalla

La octava edición del Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires (FIDBA2020), que se desarrolla de forma online hasta el 30 de septiembre, tendrá su continuidad esta semana, sumando a partir de este jueves nuevo contenido. Entre las novedades disponibles desde mañana se destacan las ocho películas incluidas en el Foco Cine, que abordan las figuras de reconocidos maestros, personalidades o personajes del ámbito cinematográfico, pero abordadas desde un punto de vista poco frecuente. La lista resulta contundente, tanto acumulación de nombres de prestigio internacional, como por los inesperados ángulos de sus enfoques. Pier Paolo Pasolini, Orson Welles, Andrei Tarkovsky, Carlos Saura y Héctor Babenco integran el quinteto de cineastas retratados por el foco. A ellos se suman Germán Puig, fundador de la Cinemateca de Cuba, los hermanos David y Shlomo Frenkel, creadores de Mish-Mish Effendi, primer dibujo animado egipcio, y la historia de una sala de cine ubicada en un pueblo de Afganistán sitiado por la guerra desde hace cuatro décadas. Los ocho títulos se verán del 17 al 23 de septiembre de forma gratuita a través de la página de www.fidba.com.ar. 

En la italiana El último partido de Pasolini (L’ultima partita di Pasolini, 2020) el protagonista es el prestigioso director boloñés, cuya personalidad no es abordada a partir de su exquisita producción artística como poeta, cineasta o novelista, sino desde su verdadera pasión: el fútbol. La primera secuencia recurre al archivo, para mostrar al creador de películas como Teorema o Saló debatiendo sobre el tema en un programa televisivo. Pasolini explica que considera al fútbol como la última representación sagrada, ya que “mientras la televisión es un medio cuya representación es transmitida a través de una pantalla”, en el fútbol “quienes realizan esa representación, los jugadores, están ahí, en carne, frente a una multitud que también es de carne y hueso. Una representación entre individuos de carácter físico y real”. Como ocurre con su cine, para Pasolini el vínculo con el fútbol es vital y pulsional. Pero al contrario de su obra, con una pelota de por medio lo popular se expresa en él sin tanto filtro intelectual.

Dirigida por Giordano Viozzi, el documental intenta reconstruir el último juego de Pasolini junto a la Selección Italiana de Artistas, un equipo formado por actores y cantantes que él impulsó y capitaneaba, con el cual se dedicaba a organizar partidos con fines benéficos. Aquel mentado último juego tuvo lugar hace exactamente 45 años, el 14 de septiembre de 1975 en la ciudad de San Benedetto del Tronto, en la que nació el propio Viozzi. Su documental revela un metraje extraordinario en el que no solo se ve a Pasolini jugando a la pelota, sino desempeñándose en su habitual posición de puntero izquierdo en aquel último partido. La película no se detiene en los detalles anecdóticos, sino que Viozzi aprovecha el disparador para contar el desarrollo urbano de su ciudad natal y para pintar un fresco del convulsionado paisaje político de la Italia de los ’70.

De modo similar trabaja la brasileña La balsa de Welles (A jangada de Welles, 2019), que rescata el paso de Welles por Brasil en 1942, con el fin de rodar el documental It’s all True, que permanece inconcluso hasta la actualidad. La historia de aquella aventura es interesante porque en ella aparece con inusual potencia el rol político que muchas veces tiene el cine, y que en este caso no es nada metafórico. Es que el viaje de Welles a la tierra del Carnaval, que en principio él aceptó con desgano, fue financiado por el gobierno de Franklin D. Roosvelt a través de la Oficina de Asuntos Interamericanos, con el fin de estrechar los vínculos culturales (y políticos) con América latina durante la Segunda Guerra Mundial. 

Pero una vez en Brasil, el director de El ciudadano se deslumbró con la figura de los jangadeiros, clásicos pescadores del nordeste del país, que aún hoy realizan su actividad de forma precaria. En particular con la historia de cuatro de ellos, que una década antes habían hecho una travesía heroica con sus balsas desde Ceará a Río de Janeiro, para reclamar al entonces presidente Getulio Vargas una mejora en sus condiciones de trabajo. El líder del grupo, Manuel Jacaré, murió ahogado mientras trataba de reconstruir aquel viaje para le película de Welles. Como Viozzi en el film sobre Pasolini, los brasileños Firmino Holanda y Petrus Cairy aprovechan la figura de Welles para recorrer la historia política de su país, jalonada por la irregularidad institucional, que invariablemente mantiene a las clases populares como trágicas rehenes.

El documental inglés Trakovsky’s Andrei Rublev: A Journey (Andrei Rublev de Trakovsky: Un viaje, 2018), es un mediometraje de formato más clásico que los anteriores que realiza un análisis y pone en contexto aquel segundo trabajo de la filmografía del gran cineasta soviético. Intercalando fragmentos de la película con el testimonio de distintas cabezas parlantes y material de archivo, el film dirigido por Louise Milne y Sean Martin recorre la difícil relación que Tarkovsky mantuvo con la censura de su país. Es que las autoridades vieron en el retrato que la película realizaba de la opresión medieval de las clases populares un reflejo del presente post estalinista de los años ‘60. No se equivocaban.

La programación del Foco Cine del FIDBA2020 se completa con las películas Bukra fil mish-mish (Tal Michael, Israel, 2019), Babenco, Tell me when I Die (Bárbara Paz, Brasil, 2019), las españolas Saura(s) (Félix Viscarret, 2017) y El gran impaciente (Carlos Arenal, 2019), y Cinema Pameer (Martin von Krogh, Suecia, 2020). Ocho oportunidades únicas. 

 Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

martes, 15 de septiembre de 2020

CULTURA - 6 polémicas intervenciones del espacio público: Pelotas de cemento, árboles anales, silloncitos traidores y otras delicias

Hace apenas tres días las calles más emblemáticas de Madrid amanecieron llenas de enormes pelotas de fútbol. Bastaba con acercarse hasta las inmediaciones de la Puerta del Sol, las entradas de la Plaza Mayor o a la icónica Plaza del Callao, para encontrase con hileras de pelotas alineadas prolijamente como una formación de granaderos, custodiando el paso de los peatones. Se trataba de una iniciativa publicitaria que la Liga de Fútbol de ese país llevó adelante con la marca Puma, que este año proveerá los balones que se usarán en todos los partidos. La intención era promocionar el inicio del nuevo torneo, que comenzó este fin de semana. Las famosas pelotas eran, en realidad, los típicos bolardos esféricos de granito que se utilizan para separar la vereda de la acera, que habían sido vestidos con telas que los volvían prácticamente idénticos a los “Accelerate” y “Adrenalina”, los nuevos y coloridos modelos que Puma acaba de estrenar en los primeros partidos del campeonato español. El parecido con las vistosas pelotas era extraordinario. Tanto, que finalmente la cosa duró muy poco. 

El Ayuntamiento de la capital ibérica anunció ayer que los recubrimientos que forraban los bolardos fueron retirados. ¿Los motivos? Al parecer no fueron pocos los transeúntes que los confundieron con pelotas auténticas y no pudieron resistir el impulso irrefrenable de patearlos a la carrera. Y ya se sabe lo que pasa cuando alguien le mete una patada a una bola de concreto que persiste en su actitud de aferrarse al suelo. 

Todo eso ocurrió a pesar de que junto a cada bolardo disfrazado de pelota se habían colocado pequeños letreros, en los que alertaban sobre el peligro de golpear a aquellos objetos con el propio cuerpo, intentando desalentar a los potenciales émulos de Messi. Por desgracia los cartelitos no eran visibles desde todos los ángulos, detalle que les impidió cumplir su función con eficacia.

Es así que durante todo el fin de semana las redes sociales se llenaron de quejas de ciudadanos criticando a las autoridades madrileñas por lo que calificaban como “una pésima idea”. La respuesta oficial no tardó en llegar. Por la mañana de ayer fue la propia vicealcaldesa de la ciudad, Begoña Vallacís, quien se encargó en persona de responder a varios de esos mensajes, pidiendo disculpas y confirmando el retiro de la fallida intervención del espacio público convertida en un repentino e inesperado peligro.

Ayer temprano los bolardos volvieron a mostrar su habitual color cemento. Ya no se ven tan lindos, pero al menos dejaron de ocultar su rigidez inamovible bajo una tentadora máscara futbolística. Por fortuna nadie resultó herido de gravedad, aunque fueron varios los que aprendieron por las malas cuán cierto es aquello de que nada es lo que parece y que no todo lo que brilla es oro. 

Otras 5 historias de intervenciones polémicas del espacio público

Los silloncitos traicioneros de Buenos Aires 

A mediados de 2013 la elegante avenida Roque Sáenz Peña, también conocida como la Diagonal Norte de Buenos Aires, amaneció amoblada con estilo. En sus veredas, que van desde un vértice de la Plaza de Mayo hasta el Obelisco, la municipalidad de la ciudad había colocado una serie de sillones tapizados en lo que parecía ser una sobria seda oscura, cuya apariencia mullida invitaba a descansar un rato. Lejos de resultar placentera, la experiencia podía ser traumática para el culo humano. Y es que los engañosos silloncitos, diseñados por Ivan López Prystajko y Eugenio Gómez Llambi, integrantes del Grupo Bondi, estaban lejos de tener la consistencia cálida y suave que parecía revelar una primera mirada. Igual que los bolardos madrileños convertidos en pelota, su apariencia ocultaba una naturaleza granítica. Quienes se hayan sentado en ellos nunca olvidarán la ingrata experiencia de la primera vez y llevarán para siempre en sus glúteos la memoria fría y dura del inesperado impacto contra el cemento traidor. A pesar de todo, nadie se quejó y los silloncitos infames siguen ahí, burlándose de los desprevenidos, sin discriminar entre porteños y visitantes. 

El dudoso árbol de París 

En el año 2014 las autoridades de París decidieron emplazar una curiosa escultura transitoria en la Plaza Vendome, como parte de la Feria de Arte Contemporáneo. Obra del artista plástico estadounidense Paul McCarthy, la misma llevaba como título simplemente Tree (árbol en inglés) y consistía en un objeto inflable de color verde y 24 metros de altura, cuya forma intentaba representar de un modo muy esquemático la silueta de una conífera. Sin embargo, las miradas más pícaras no tardaron en verla más parecida a un juguete sexual que a un pino o a un ciprés. La ambigua escultura se convirtió así en objeto de bromas para los más desprejuiciados, pero también en un motivo oprobio para los conservadores. El resultado fue que el arbolito con forma de tapón anal comenzó a ser objeto de distintos actos de vandalismo y muestras de intolerancia, que finalmente obligaron a retirarlo.  

El David de Miguel Ángel, hincha de la Celeste 

Durante el último Mundial de Fútbol, que tuvo lugar en Rusia en el año 2018, las autoridades de Montevideo tuvieron una idea simpática: intervenir una réplica del David, una de las obras escultóricas más famosas del artista italiano Miguel Ángel, vistiéndola con la indumentaria oficial de la Selección uruguaya. La estatua, que se encuentra en la explanada de la intendencia de la ciudad, se convirtió por unos días en un hincha más de la Celeste, apodo con el que se conoce al equipo nacional de fútbol del país vecino. La obra fue ejecutada por dos vestuaristas que cortaron y cosieron la camiseta celeste y el pantaloncito negro directamente sobre la estatua, cuya altura supera los cinco metros. Por supuesto, las muestras de adhesión y de rechazo no tardaron en llegar, poniendo de un lado a los que se lo tomaron con humor y del otro a los pedían respeto para el patrimonio cultural de la ciudad.  

Los superhéroes soviéticos de Sofía 

Bulgaria fue uno de los países que tras el final de la Segunda Guerra Mundial quedó bajo el dominio ideológico de la Unión Soviética. Por eso es muy común encontrar en su capital, la ciudad de Sofía, muchas obras artísticas emplazadas en espacios públicos que recuerdan aquella conexión. Uno de los más deslumbrantes es el Monumento al Ejército Soviético, ubicado en un parque conocido como Jardín del Rey, en la zona céntrica del casco urbano. En su parte más visible, el conjunto escultórico muestra la representación de un batallón de soldados avanzando con energía hacia el frente de batalla. Tras la caída del bloque oriental, ese monumento fue objeto de numerosas intervenciones no oficiales, en las que artistas anónimos renuevan su sentido a fuerza pintura en aerosol y graffitis. Algunas son tan poderosas que abren la discusión acerca de dónde ubicar el límite entre arte y vandalismo. En 2011 alguien transformó a los miembros del escuadrón soviético en famosos personajes de la cultura pop, como Súperman, el Capitán América, el Guasón, Papá Noel o Ronald McDonald, cuya identidad ideológica se encuentra en las antípodas de los imponentes soldados del monumento. Debajo de ellos, el artista desconocido pintó una frase que realza el sentido de la intervención: “Al ritmo de los tiempos”.  

El Lobo Marino del Festival de Mar del Plata 

En su edición de 2017, el tradicional Festival Internacional de Cine de Mar del Plata le encargó al artista Marcos López intervenir uno de los famosos Lobos Marinos que custodian la entrada de la Playa Bristol, en la rambla de la ciudad. Intentando montar una escena que representara la identidad marplatense, reuniendo su naturaleza balnearia con motivos cinematográficos que la emparentaran con el festival, López le calzó a la escultura de granito un salvavidas amarillo con forma de pato y la rodeo con unas ramas de olivo. Las quejas no tardaron en llegar: los locales consideraron aquello una ofensa a uno de los grandes símbolos de su ciudad y a los espectadores les pareció que su estética no representaba en nada la curaduría cinéfila del festival.  

 Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar.

viernes, 4 de septiembre de 2020

CINE - 8° FIDBA, Foco Suárez - Homenaje a Rosario Bléfari: Un encanto Lo-Fi

Joya de culto del rock nacional de la década del ’90, Suárez fue una de las bandas que renovaron el paisaje sonoro del género, introduciendo un corpus de influencias que hasta entonces habían sido ignoradas por los artistas locales más influyentes. Fue además el espacio donde comenzó a brillar la polifacética Rosario Bléfari, cantante y ocasional guitarrista de la banda, pero también actriz, poeta, escritora y periodista, labor en la que se destacó en estas mismas páginas, quien falleció el 6 de julio pasado a los 54 años. En homenaje a ella y a la mítica banda de la que formó parte entre 1988 y 2001, el Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires (FIDBA) incluyó dentro del programa de su octava edición un foco que las tiene como protagonistas. El mismo está compuesto por los documentales Entre dos luces. Suárez. Primera parte (2015) y Cien caminos. Suárez. Segunda parte (2017), ambos dirigidos por Fernando Blanco. Debido a las extraordinarias causas que en 2020 alteraron el normal desenvolvimiento de todas las actividades públicas, el 8° FIDBA realiza sus proyecciones de forma online, de modo tal que ambas películas podrán verse de forma gratuita hasta el miércoles 9 de septiembre solo a través de la plataforma OctubreTV.

Suárez fue parte importante de lo que a comienzos de los años ’90 se llamó la movida sónica, una camada de bandas que tal vez fue la última dentro de la cronología del rock nacional a la que puede considerarse como una generación. De la misma también formaron parte Babasónicos, Los Brujos, Peligrosos Gorriones, Martes Menta, El Otro Yo o Juana La Loca, y en su origen es posible reconocer dos grandes influencias. Por un lado el fenómeno Madchester, aquella explosión que impulsó a nivel global a un puñado de bandas de la británica ciudad de Manchester, como Happy Mondays, Stone Roses o Inspiral Carpets. Por el otro, el universo aún más heterogéneo del Indie Rock estadounidense, que tuvo a sus exponentes más visibles en grupos como Pixies, Dinosaur Jr. y, sobre todo, Sonic Youth. La movida se consolidó con el padrinazgo de Gustavo Cerati, aunque enseguida se fue deshilachando, en parte por el éxito diverso las bandas que la conformaban, pero también por la prematura separación de algunas de ellas.

Dentro de ese riquísimo paisaje generacional, Suárez se destacaba por su bajo perfil, el carácter performático de muchas de sus presentaciones, el trabajo artesanal con que encaraban sus producciones o una manifiesta voluntad poética que se hacía evidente en el trabajo lírico. Las dos películas de Blanco logran ilustrar bien todas esas características, mostrando dos etapas cronológicamente muy claras, pero siempre con un estilo crudo y un montaje prolijamente descuidado que se combina bien con el espíritu lo-fi del grupo. Así, mientras que Entre dos luces se concentra en los primeros años de la banda, cuando su formación completa incluía a Fabio Suárez en bajo, a Gonzalo Córdoba y Marcelo Zanelli en guitarras y a Diego Fosser en batería, Cien caminos la retrata durante una gira por España en 1997, en la que presentaban Galope, su tercer disco, ya sin Zanelli en el equipo.

Construidas a partir de videos caseros grabados por los propios integrantes del grupo, Entre dos luces y Cien caminos documentan la intimidad de una banda de rock. La primera –cuyo título parece remitir a los modestos shows de los inicios de una banda de rock, que muchas veces tienen lugar literalmente entre solo dos luces— plasma el entusiasmo de los años formativos , comenzando con la salida de Hora de no ver, su disco debut, editado en 1994 de forma autogestiva. Fabio Suárez ilustra muy bien el estado de ánimo efervescente del grupo al tener en sus manos aquel primer disco compacto, soporte que a comienzos de los ’90 empezaba a imponerse. Filmándose a sí mismo, el bajista cuenta que tienen el disco desde hace 13 días. “Estamos contentos porque en 13 días hicimos bastante y bien en 13 días podríamos habernos re-colgado y no haber hecho nada”, revela con un tono graciosamente confesional. “Tenemos tres meses por delante y nuestro objetivo es quedarnos sin discos antes de fin de año. Esperemos que lo podamos conseguir, pero si no lo hacemos no vamos a detenernos por eso”, lanza como un desafío. La respuesta está en la misma película, que muestra al entonces quinteto yendo de una presentación a otra, poniendo en movimiento el espíritu vivaz del rock hecho a mano y a pulmón.

Cien caminos es la continuidad de esa historia, retratando a la banda ahora convertida en cuarteto frente a un nuevo reto: llevar su música al otro lado del Atlántico. Una road movie que también tiene algo de El día de la marmota, en la que sus protagonistas se despiertan cada día teniendo que presentarse en un nuevo show que siempre parece una festiva extensión del anterior. Pero si algo identificaba especialmente a Suárez era el lugar que Blefari ocupaba, confiriéndole una identidad bastante anómala dentro del rock nacional donde, salvo excepciones, el rol de las mujeres se encontraba limitado a labores secundarias y es muy difícil encontrar a otro grupo que tuviera una frontwoman con esa presencia. Las dos películas programadas por el FIDBA inevitablemente destacan ese lugar. Pero también limitan a su figura a solo un par de sus avatares, los de música y poeta, dejando apenas visible o directamente fuera de campo a la escritora, a la actriz y a la periodista, territorios en los que se destacó con igual brillo y en los que también merece ser homenajeada. 

 Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

martes, 25 de agosto de 2020

CINE - Entrevista a Beda Docampo Feijóo, director de "La maldición del guapo": Poner a la comedia en valor

Humberto vivió mucho tiempo en Buenos Aires, donde estuvo preso por estafa. Después de eso se volvió a España para abrir un bar, intentando construirse una nueva vida y dejar atrás esa época oscura. Hasta que reaparece Jorge, su hijo, que lo detesta pero que necesita pedirle nueve mil euros para cubrir el costo de unas perlas que le robaron en su trabajo, una joyería del más alto nivel. El pedido es para Humberto la oportunidad de recuperar el cariño de su hijo, pero también una tentación para volver a las andadas. La maldición del guapo es la nueva película del guionista y cineasta hispano argentino Beda Docampo Feijóo, en la que vuelve a abordar los vínculos familiares, una temática recurrente de su filmografía. Es además su 11° largometraje como director, que está protagonizado por Gonzalo de Castro y Juan Grandinetti en los roles de Humberto y Jorge, y se estrena este jueves en la plataforma Cinear Play.

“La maldición del guapo es una comedia en la que hay una estafa y en la que también se tratan otros temas, como la amistad o el matrimonio como sociedad anónima. Pero su columna vertebral es esa relación entre un padre y un hijo”, reconoce el director. “Buscaba hacer una comedia no se quedara solo en hacer chistes como una sitcom. El tema es la fascinación que un padre ejerce sobre su hijo”, agrega. “Un tipo que con los demás es simpático, un encantador de serpientes, pero también un mal padre. Partí de la idea de que todo hijo quiere un padre, aunque se trate de uno malo, de un egoísta, pero que finalmente también quiere tener un hijo. Aunque en este caso, como en el de muchos padres, lo haga desde el egoísmo, tratando de moldearlo a su imagen y semejanza”, insiste Docampo Feijóo.

-Entre padres e hijos siempre hay máscaras que esconden secretos. En la película eso está potenciado porque el protagonista es un estafador, alguien que trabaja componiendo máscaras.  

-Eso lo articulé deliberadamente a partir de un sistema de intrigas, para que la película no girara solo en torno a la estafa, sino que también fuera una posibilidad para que el espectador vaya conociendo a los personajes. En algún sentido el público se va sorprendiendo junto con el hijo con la aparición de las múltiples caras del padre. Traté que todos los personajes fueran así, que tuvieran una apariencia pero ocultaran algo más denso en el fondo. Por supuesto, eso se da mucho más en el vínculo entre los protagonistas, porque es ahí donde se encuentra el nudo del relato. 

-Además todos los personajes son emocionalmente vulnerables, incluso aquellos que pueden ser más fáciles de cuestionar.  

-La maldición del guapo es una película sobre tipos cuyas caras parecen decir que se las saben todas, pero en realidad son eso: personas vulnerables. Un grupo de auténticos perdedores emocionales.  

-La historia también pone al espectador en ese lugar de creer que “se las sabe todas”. Sin embargo, sobre el final tiene lugar un episodio que revela algo que había quedado oculto. 

-La película te hace creer que sabes todo sobre ese personaje que parece hacerle honor a “la maldición del guapo”, según la cual todos los hombres atractivos en el fondo son un poco tontos. Creo que si esa sorpresa final funciona es porque va en contra de ese lugar común.  

-¿Tuvo algún modelo o influencia a la hora de abordar esta estructura narrativa que navega entre la comedia y el policial? 

-Una de las películas que repase cuando escribía el guión fue Una Eva y dos Adanes (Billy Wilder, 1959), donde hay una subtrama mafiosa que se aborda como comedia. El asunto de emocional está muy bien logrado en El apartamento (Wilder, 1960), que desarrolla una relación muy particular con lo emotivo. Y también comedias de Woody Allen como Hannah y sus hermanas (1986) o Blue Jasmine (2013), que giran en torno a los lazos familiares. Pero sobre todo lo que quise es revalorizar el género. Creo que hay una degradación de la comedia y se tiende a creer que se la puede filmar de cualquier modo, que el vestuario no importa o que se trata solo de hacer chistes. Quise que La maldición del guapo tuviera otra profundidad cinematográfica. Que la cámara estuviera en movimiento siempre, que la luz tuviera cierta característica, que las masas de color del vestuario definieran la estética. Es decir, darle a la comedia la jerarquía que le corresponde como cualquier otro género y, sobre todo, que la risa surgiera de la creación de situaciones y no solo de la instancia del chiste.  

-Visualmente La maldición del guapo luce como un film de buen presupuesto, con gran despliegue de locaciones, una fotografía cuidada... ¿Resulta difícil hacer una película así en este momento? 

-Me alegra que se perciba así, pero es una película que está por debajo del coste medio. Lo que pasa es que con el tiempo vas aprendiendo a producir y yo ya tengo casi 60 guiones escritos… Siempre recuerdo una anécdota de David Mamet, que antes de rodar su primera película va a ver a un gran productor y el tipo le dice que los errores del rodaje son los que se cometen en la preproducción. Creo que el secreto de La maldición del guapo es que la produje muy bien y por eso tiene un costo por debajo de lo normal, pero luce como si se hubiera gastado más dinero. Hubo un trabajo previo muy intenso con el director de fotografía, con los actores.  

-Otra característica repetida en su filmografía es eso de filmar a dos orillas. ¿Cómo es la experiencia de cruzar estos universos culturales unidos por un vínculo de parentesco, pero a la vez tan distintos? 

-Es la consecuencia más o menos coherente de mi propia vivencia existencial. Mis viejos eran españoles y cuando yo era chico mi casa parecía la Embajada de España. Imaginate. Creo que nuestro verdadero pasaporte es el acento y yo soy porteño, alumno del Pellegrini y la Enerc. 

-Es decir que las dos orillas de sus films son sus propias dos orillas. 

-Exacto. Y me gusta mezclarlas, jugar con el lenguaje. Me surge de forma natural y no tiene nada que ver con el truco de meter un actor argentino para conseguir guita. Menos ahora, que por un tema de cambio entre el peso y el euro el aporte argentino es minoritario (aunque el productor argentino cumplió con sus obligaciones de forma impecable). Permitir que esos dos universos confluyan es algo que hago porque me encanta.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 15 de junio de 2020

LIBROS - "Medio siglo con Borges", de Mario Vargas Llosa: Un gigante mirando el cielo

A partir de esta semana está disponible en España la edición en papel del nuevo libro del escritor peruano Mario Vargas Llosa, en cuyas páginas se dedica a reconstruir su relación con Jorge Luis Borges. Publicado bajo el título de Medio siglo con Borges (Alfaguara), se trata de una colección de artículos, conferencias, entrevistas, reseñas y notas que el último autor latinoamericano en recibir el Premio Nobel de Literatura utiliza para dar testimonio no solo de su vínculo con la obra del gran escritor argentino, una de las más importantes de las letras universales del siglo XX, sino también de la relación personal que construyó con él hasta su muerte. Aunque el libro ya se consigue en formato físico en las librerías españolas, la inactividad que la pandemia de covid-19 ha generado en la industria editorial a nivel local impide que por el momento los lectores argentinos puedan acceder al volumen.
El título por un lado hace referencia a la edad que tenía el peruano, nacido en 1936, cuando ocurrió la muerte de su admirado colega porteño, quien falleció en la ciudad de Ginebra, Suiza, el 14 de junio de 1986 (ayer se cumplieron 34 años). Pero de algún modo también remiten a una medida que busca simbolizar el tiempo, mucho, que Vargas Llosa le ha dedicado a ser un ferviente lector de Borges. El autor de La ciudad y los perros lo expresa con claridad en la contratapa del libro, al que define como el “testimonio de más de medio siglo de lecturas de un autor que ha sido para mí una fuente inagotable de placer intelectual”.
Medio siglo con Borges tiene el atractivo innegable de reunir en un mismo espacio literario a dos de los autores más importantes de las letras surgidas en América latina. No solo porque se trata de un escritor enorme –Vargas Llosa— hablando, analizando y recorriendo la obra de un colega al que admira como un alumno a un maestro eterno, sino porque le permite al lector ser testigo privilegiado de esos diálogos. En su edición del fin de semana, el diario El País de Madrid, el más importante de España, publicó a modo de adelanto una entrevista que Vargas Llosa le hizo a Borges en Buenos Aires, en el año 1981, incluida en el libro. La misma, que atraviesa casi todos los tópicos habituales de la charla borgeana -desde la facilidad del autor de Ficciones para recordar de memoria versos que leyó en su infancia o juventud; su preferencia del cuento por sobre la novela como género literario; su devoción por autores como Joseph Conrad o Henry James; las historias de su linaje patricio; y, claro, su particular mirada política- funciona como un entremés que anticipa el plato principal.
“Yo soy un viejo anarquista spenceriano y creo que el Estado es un mal, pero por el momento es un mal necesario”, responde Borges cuando el otro le pregunta cuál cree que es el régimen político ideal. Con elegancia, Borges recurre a una utopía para hablar de política en tiempos en los que la Argentina todavía estaba sumida en lo peor de la última dictadura. Pero en su siguiente intervención Vargas Llosa, reconocido propulsor de las ideas liberales, le da un empujoncito: “Pero usted se considera un anarquista, básicamente un hombre que defiende la soberanía individual en contra del Estado”. Con toda intención el peruano trata de acercar dos conceptos que en la teoría no pueden estar más alejados: la idea de “soberanía individual” del anarquismo y el individualismo, base y sostén del liberalismo. El procedimiento resulta exitoso y le permite a Borges desplegar su peor cara. “Sí, sin embargo, no sé si somos dignos. En todo caso, no creo que este país sea digno de la democracia o de la anarquía. Quizás en otros países pueda hacerse, en Japón o en los países escandinavos”, expresa el escritor, cuya ceguera parecía extenderse a las atrocidades que ocurrían afuera, incluso a pocas cuadras de su departamento de Barrio Norte. “Aquí evidentemente las elecciones serían maléficas, nos traerían otro Frondizi u otros..., etcétera”, completa Borges, sacando a relucir su conocida costumbre de jamás nombrar a Perón, jugando con la idea, falazmente cándida, de que aquello que deja de nombrarse tarde o temprano también dejará de existir.
Durante aquel reportaje el entrevistador estaba lejos de ser la eminencia literaria que es en la actualidad y el entrevistado todavía era una fija para recibir el Nobel. No sería sino hasta un año después, cuando el premio finalmente recayó en manos del colombiano Gabriel García Márquez, que quedaría claro que para la Academia sueca el perfil político de un escritor también es importante a la hora de celebrar su obra. Las discusiones en torno al asunto siguen tan vigentes hoy como hace 40 años atrás y el caso de Vargas Llosa no está exento de sus implicancias.
El texto de la contratapa continúa con elocuencia, revelando el tamaño de la admiración que un escritor siente por el otro. “Muchas veces lo he releído [a Borges] y, a diferencia de lo que me ocurre con otros escritores que me marcaron, nunca me decepcionó; al contrario, cada nueva lectura renueva mi entusiasmo y felicidad, revelándome nuevos secretos y sutilezas de ese mundo borgeano tan inusitado en sus temas y tan diáfano y elegante en su expresión. Siempre leí a Borges no solo con la exaltación que despierta un gran escritor; también, con una indefinible nostalgia y la sensación de que algo de aquel deslumbrante universo salido de su imaginación y de su prosa me estará siempre negado, por más que tanto lo admire y goce con él.” Habrá que esperar para poder leer Medio siglo con Borges, pero sin dudas valdrá la pena.

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar