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domingo, 6 de junio de 2021

LIBROS - "Cultura metálica 7", varios autores: Pensar el heavy metal más allá del cuero y las tachas

La Feria del Libro Heavy de Buenos Aires nació a comienzos de la década de 2010 gracias al impulso de un grupo de personas, todas fanáticas de la música más pesada, que desde distintas disciplinas se propusieron pensar, desde los marcos teóricos más diversos, al heavy metal como expresión de la cultura popular. En cada una de sus siete ediciones, la Feria Heavy reunió en puestos y stands a las editoriales dedicadas a divulgar temas vinculados o afines con la escena de metalera. En paralelo, cada edición ofreció una serie de actividades para enriquecer los encuentros, como conferencias, charlas o presentaciones de libros. En ellas, los expositores y disertantes se proponen ir más allá de la superficie de los elementos más distintivos del género, como su estética y sonido. Así, sociólogos, historiadores, escritores e investigadores tratan de dar cuenta de un fenómeno mucho más complejo que la mera suma de sus artistas. Un universo que en plena decadencia del rock sigue dando muestra de una vitalidad y resiliencia notables. 

Luego de cada edición de la feria, todos esos contenidos son reunidos y publicados en forma de libro por la Clara Beter Ediciones bajo el título de Cultura metálica, colección que ya va por su volumen número siete. En el más reciente de ellos se agrupan las ponencias que tuvieron lugar durante la última edición del evento a fines de 2019, justo antes de que la pandemia pusiera al mundo patas arriba. Cultura Metálica 7 ya puede conseguirse a través de la web de la editorial o en distintas librerías de la ciudad de Buenos Aires (ver recuadro).

Entre los temas abordados en este séptimo libro no faltan los recorridos históricos, los relatos que dan cuenta de las tradiciones de la comunidad metalera, las miradas políticas o psicológicas, los análisis sociales o los cruces interdisciplinarios que recorren las tramas que se generan en las intersecciones del heavy metal con otras expresiones, como la literatura o el cine. Sobre esto trabaja el ensayo que abre Cultura metálica 7, que bajo el título de “Muerde muertos” da cuenta de la relación estética que distintas bandas de todo el mundo establecieron con la obra del cineasta de culto brasileño José Mojica Marins (1936-2020). Y en particular con Zé do Caixao (José del Ataud), su personaje más emblemático, protagonista de una trilogía en la que este sepulturero siniestro llena de terror los suburbios de San Pablo. Un interesante estudio, firmado por Fernando Figueiras, Carlos Marcos y José María Marcos, que vuelve a dar cuenta de la prolífica relación que existe entre el heavy metal, el cine de terror y el paraíso perdido de la Clase B.

Más adelante, el historiador Exequiel Núñez recorre la genealogía del black metal en Argentina. El black es, dentro de las variantes del metal, aquella en la que se materializa el vínculo con el satanismo y las artes oscuras, intereses que erróneamente se le suelen atribuir al universo completo del heavy. En su trabajo Núñez logra demostrar que el black metal también fue un canal de expresión política durante la década de 1990 en nuestro país, con agrupaciones con características antifascistas y vínculos directos con varios movimientos de la izquierda vernácula. 

Sobre esa línea política también se desarrolla “Pechos flacos: Representaciones de la ‘Macrisis’ en la Argentina”, en donde el licenciado en comunicación y docente universitario Diego Caballero analiza de qué modo el heavy metal argentino dio cuenta del paisaje social durante los cuatro años de gobierno de Mauricio Macri. En particular destaca la letra de la canción “Pechos flacos”, de la banda Los Antiguos, en la que su cantante y letrista Pato Larralde (sobrino del prócer del folklore local José Larralde) habla de “pechos flacos sin leche”, de “niños que no crecen” y de “estómagos inflados de esperar”. 

Algunos de los textos reunidos abordan cuestiones como la relación entre salud mental y heavy metal (Carlos Monrroy); revolución y metal en la escena mexicana (Cristina Rafanelli); los cruces entre el heavy y el tango (César Fuentes Rodríguez); o las narraciones audiovisuales desarrolladas por bandas argentinas a través de sus videoclips (Gito Minore), entre otras cuestiones. O se dedican a temas más específicos, como el escrito por Fernando Santolín, compilador de Heavy Argentum, un contundente catálogo que reune a todas las ediciones discográficas en formato de vinilo vinculadas a la historia del género en el país. Otro es el que firma Ariel Panzini, en donde analiza el caracter del género pesado como expresión de que se niega a ser silenciada. Como emergente de ese fenómeno, Panzini toma el disco "Grito de rabia" (1998), debut de la banda de heavy/power Harpoon, para trazar un mapa de como el heavy metal puede ser capaz de cartografiar su propia época en términos políticos y sociales.

El periodista Ariel Osvaldo Torres vuelve a recorrer la biografía de la banda más importante que ha dado el metal en Sudamérica, los thrashers brasileños Sepultura. Autor de varios libros que abordan a distintas figuras del género, Torres narra su experiencia como biógrafo de la banda en un texto que se complementa con sus dos trabajos publicados sobre ellos: Embajadores del Tercer Mundo y Sin remordimiento. En el texto "Prehistoria de mis afectos sonoros", Luis Ortellano recorre su propia historia a través del descubrimiento de V8, la banda madre del metal en Argentina. Por su parte, Ezequiel Piccoli aborda el mito de La Inmortal, una curiosa tradición instalada por un grupo de metaleros santafecinos en torno a una vieja tetera de cobre. Por su parte, Alfredo Nieves entrega una crónica sobre el Seminario Permanente de Estudios Sobre el Heavy Metal en México, en el que cuenta como una casa de estudios centenaria como la Universidad de México le abrió las puertas a estudio sobre este género popular tantas veces menospreciado.

Finalmente, Mauro Petrillo, Andrea Meikop y Emiliano Scaricaciottoli firman en conjunto el texto "Toma el tren hacia el sur. Postales de voces extremas", en las que el heavy se funde con el paisaje suburbano, su hábitat natural. Si algo consigue la antología reunida en Cultura metálica 7 es confirmar la complejidad y diversidad del heavy metal como expresión social. Un orgullo para ese universo reunido en torno a una paleta musical que inevitablemente te incita a sacudir la cabeza como si llevaras adentro al mismísimo Satanás \m/.  

Para conseguir el libro 

El libro Cultura Metálica 7 se consigue a través del sitio web de Clara Beter Ediciones: https://clarabeterediciones.com.ar/. Además está disponible en las siguientes librerías de la ciudad de Buenos Aires: Fedro (Carlos Calvo 578, San Telmo); La Libre (Chacabuco 917, San Telmo); Librería Hernández (Av Corrientes 1436, Centro); Obel Libros (Av. Corrientes 1230, Centro); Librería Editorial Punto de Encuentro (Av. de Mayo 1110, Centro); Gambito de Alfil (J. Bonifacio 1402, Caballito); El Gato escaldado (Av. Independencia 3548, Boedo); La Coop (Bulnes 640, Almagro) y Casa Clara (Maza 1452, Boedo).

domingo, 22 de noviembre de 2020

LIBROS - "Ray Bradbury, el hombre centenario", de varios autores: Ensayos para releer al Tío Ray

Los homenajes al escritor estadounidense Ray Bradbury se multiplicaron a lo largo de 2020 como parte de la celebración del centésimo aniversario de su nacimiento, que se cumplió el 22 de agosto pasado. Nombre clave de la literatura fantástica y la ciencia ficción del siglo XX, su figura fue recordada en todo el mundo y su obra, que acumula algunos de los títulos más populares de dichos géneros, fue objeto de reediciones, análisis y relecturas de todo tipo. Dentro de esas categorías se encuentra la publicación del libro Ray Bradbury, el hombre centenario (Editorial Catalpa), una antología de ensayos realizados por autores de diverso origen y especialidad, en los que el trabajo del escritor nacido hace un siglo en la ciudad de Los Ángeles es abordado desde los puntos de vista más disímiles. 

Con coordinación del escritor y periodista argentino Matías Carnevale, los textos recorren el universo bradburiano en busca de un objetivo tan oportuno como difícil de cumplir: renovar la lectura de una de las obras literarias del siglo pasado más transitadas por la crítica y la academia. De ese modo, el argentino Carlos Abraham recorre el vínculo entre el autor de las Crónicas Marcianas con la revista Más allá, editada en Buenos Aires por la editorial Abril entre 1953 y 1957, en cuyas páginas se publicaron por primera vez en castellano algunos relatos incluídos en ese libro. En tanto que el platense Matías Bragagnolo analiza la compleja relación que es posible establecer entre la obra de Bradbury y un género como el policial negro. 

El propio Carnevale realiza una cronología de los hitos que enlazan al estadounidense con nuestro país, en el capítulo titulado “Ray, el argentino”. La lista incluye las primeras publicaciones en español, también realizadas en Buenos Aires por la editorial Minotauro, que en 1955 lanzó la hoy mítica versión de las Crónicas prologadas por Jorge Luis Borges; su única visita al país, en 1995, para participar de la Feria del Libro; la relación con el artista plástico y fotógrafo Aldo Sessa, quien trabajó junto a Bradbury en tres libros que combinan textos e imágenes. O el breve pero emotivo intercambio epistolar que el escritor mantuvo con Patricia Breccia, historietista e hija del gran Alberto Breccia, leyenda de ese género en nuestro país, quien siendo niña le mandó una carta y un dibujo sin saber más que su ciudad de residencia, pero que al mes recibió una amorosa respuesta de puño y letra del propio Bradbury. 


También argentino, el investigador Darío Lavia rastrea dos producciones realizadas por la televisión local basadas en cuentos de Bradbury, pero que debido a las pésimas políticas de conservación de la Argentina se creyeron perdidas durante mucho tiempo. Una de ellas producida por el inolvidable Narciso Ibáñez Menta y su hijo, Narciso Ibáñez Serrador. Y Adrián Muoyo desarrolla un certero análisis crítico de la adaptación televisiva de Crónicas marcianas, realizada en 1980 por el director británico Michael Anderson. A pesar del carácter fallido de dicha producción, Muoyo destaca la labor del escritor Richard Matheson, otro prócer de la literatura fantástica estadounidense de ese período, cuyo guión consigue mantener y resaltar el espíritu humanista contenido en los relatos de Bradbury.

Por su parte el peruano Elton Honores analiza dos cuentos puntuales, como “La hora cero” y “La pradera”, en busca de rastrear referencia a invasiones y nuevas tecnologías en el trabajo del escritor angelino. Mientras que José María Marcos firma el ensayo “Tinieblas avanzan sobre Green Town”, y el matrimonio integrado por Teresa P. Mira y Guillermo Echeverría hacen lo propio con “De un extremo a otro, o cómo Bradbury resuelve un tema por medio de su contrario”. El volumen incluye también los textos “Ray Bradbury en el Reino Unido: dos perspectivas”, del británico Phil Nichols; “Aquellos deleitables terrores”, del entrerriano Cezary Novek; y “Bradbury y España. Cultura y ciencia ficción (1955-2020)”, del español Sergio Pedraja Cabo. Y concluye con “M: Mildred y Montag”, capítulo en el que Eduardo Wolovelsky examina bien de cerca a los protagonistas de la novela Fahrenheit 451, cerrando un oportuno homenaje al Tío Ray, pensado desde el sur.  

Artíulo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

domingo, 1 de noviembre de 2020

LIBROS - "Anatomía sensible", de Andrés Neuman: La revolución del cuerpo recuperado

En la novela de la historia humana, cuyos capítulos se van quemando a medida que concluyen, el que corresponde al siglo XXI es aquel en el que se narra la rebelión de los cuerpos. Ansiosos por derrocar el imperio de la belleza, por fin reclaman el cumplimiento efectivo de una declamada pero siempre postergada igualdad. Los cuerpos exigen que ya no importe el color de los ojos, del pelo o de la piel; que desaparezcan las castas de la estatura y del volumen; que valga lo mismo tener tres piernas, dos bocas o el diseño que cada quien elija para sí mismo, porque el deseo sopla donde quiere y son misteriosos los caminos para llegar a él. Como una enciclopedia que da testimonio de esa revuelta, el nuevo libro del escritor argentino radicado en España Andrés Neuman, Anatomía sensible (Editorial Páginas de Espuma), reúne una serie de relatos en la que ese todo corporal es descompuesto en el conjunto de sus partes, para otorgarle a cada una la misma relevancia. 

Con un tono delicadamente humorístico y a través de una prosa tan elegante como elaborada, el itinerario de Neuman a través de la geografía humana no deja paisaje por recorrer. Desde la piel hasta los pelos y de pies a cabeza, Anatomía sensible se detiene a descubrir la secreta belleza de parajes olvidados, como codos, axilas y talones, con la misma pasión con que visita los populares centros turísticos de las piernas, los ojos, la espalda o la boca. Y por supuesto, no desaprovecha la oportunidad de analizar en profundidad los vertiginosos desfiladeros de las nalgas, la vagina y el ano, o de recorrer los irregulares promontorios del pene y de las tetas, a las incluye en el apartado dedicado al pecho. Los títulos de cada capítulo no solo dan cuenta de las intenciones satíricas del autor, sino que son oportunos anzuelos para pescar la curiosidad del lector. “Barriga soberana”, “El hombro interrogante”, “Diez disyuntivas para la mano”, “Panfleto de la nalga” o “Matiz del ano” son algunos de los nombres que Neuman eligió para invitarnos a seguirlo en ese recorrido.

“Anatomía sensible es un libro que llama a la redistribución de la belleza”, proclama Neuman. “En el texto sobre el brazo, por ejemplo, al codo se lo denomina “paria de la belleza”, porque a nadie nunca le han dicho ‘¡pero qué lindo es tu codo!’ Ese es un elogio que no está previsto sensorialmente, porque no existe la codo filia y me parecía divertido pensar que pudiera existir”, continúa el autor. “En ese texto también se dice que ‘el codo en algún momento hará su pequeña revolución sensual’ y, fíjate cómo son las cosas, pocos meses después empezamos a saludarnos con el codo. Y ahora el codo se convirtió en el único punto de contacto físico legalmente permitido y de pronto el codo se convirtió en un bastión. Porque a nadie nunca le importó un carajo el codo, pero de pronto nos dicen que nos tenemos que saludar con el codo y entonces de repente el saludo con el codo, que solo lleva tres meses entre los miles de años de historia universal, se convierte en una necesidad emocional. El libro juega a creer que esa descentralización del cuerpo es posible y solo en ese sentido tendría un cierto valor entre utópico y jodón”, arriesga Neuman. 

-Como tu libro anterior, Barbarismos, qué es un diccionario, Anatomía sensible revive ese juego infantil en el que lo primero que hacíamos cuando agarrábamos un diccionario era ver qué decía del culo, de las tetas o del pito. Y Anatomía sensible reconecta al lector con ese goce de la niñez. 

-Hay algo radical en la infancia que siempre fue muy útil para cualquier disciplina creativa. Podemos pensar en cómo las vanguardias plásticas hacen un intento sofisticadísimo para infantilizar su trazo y romper la norma adulta del dibujo. Y la poesía tiene algo de juego de redescubrimiento con la palabra que remite en última instancia a la cuestión casi filosófica de las preguntas “¿qué es que es esto?” y “¿cómo se llama?” Ahí están casi todas las preguntas de la literatura y un diccionario se encarga de hacer esas dos preguntas palabra por palabra. No hay nada más radical que un diccionario y toda la infancia es la lenta conquista de nuestro diccionario individual. En ese sentido, así como Barbarismos era una sátira del diccionario académico y una crítica al corpus del lenguaje, Anatomía sensible vendría a ser una sátira de la anatomía ortodoxa y una crítica al lenguaje sobre el cuerpo.  

-¿Y por qué escribir un libro sobre el cuerpo justo en una época en la que se pondera la virtualidad? 

-Quizás porque el cuerpo se está volviendo fantasmagórico y existe una especie de neo-platonización que en los últimos tiempos se agudizó por distintos factores. Uno de ellos tiene que ver con el mercado de la cosmética, con la forma en que el capitalismo reproduce los cuerpos. Y a eso hay que agregarle las redes sociales y la pandemia. En las redes tiene lugar un simulacro de mostración del cuerpo que implica en realidad un verdadero ocultamiento. Es decir, parece que estuviéramos mostrándonos todo el tiempo, pero en realidad lo que hacemos es omitir interesadamente sin parar, porque mostramos sólo lo que queremos proyectar de nuestra imagen. Y me parece que ese simulacro adquiere en relación al cuerpo una inflexión opresiva. Hay una obligación por mostrarse más lindo o más linda, utilizando los filtros y los instrumentos técnicos disponibles, no tanto para trabajar con una idea de belleza sino para reproducirla mecánicamente. Creo que eso no sólo le genera un enorme sufrimiento íntimo a quienes participan de ese simulacro, sino también patologías serias.  

-¿Y de qué manera esa conducta fue afectada por la pandemia? 

-El problema con la pandemia es que encima de todo eso, ahora ese medio virtual es la única forma que tenemos de relacionarnos con el cuerpo. Se acabó la alternativa analógica, eso de recordar de vez en cuando los matices imperfectos que tiene todo cuerpo. Ahora sólo hay filtro. De manera que creo que, entre otros muchos daños, de esta pandemia vamos a salir con una especie de desacostumbramiento de la riqueza de la realidad de los cuerpos.  

-¿Qué papel puede tener la literatura frente a ese panorama?  

-Y, bueno: sacar el filtro, apagar un poco Photoshop. No me refiero solamente a cómo posteamos nuestra fotito linda, sino que me parece que necesitamos entre todos y todas generar y construir colectivamente otros paradigmas de corporalidad y de belleza. Ensanchar los referentes poéticos. Y eso se consigue con otro tipo de aproximación fotográfica al cuerpo, otro tipo de encuentros sexuales en las películas y, por supuesto, otro tipo de descripciones físicas en la literatura. Lo cual no deja de ser gracioso, porque estamos rodeados de cuerpos diversos, pero la representación artística de esos cuerpos está ausente y esa es una tara de nuestra época.  

-¿Se puede decir que hoy el cuerpo es el primer campo de batalla de la política? 

-No me atrevería a decir que es el primero, pero sí que es un campo de batalla político muy claro que tendemos a omitir demasiado a menudo. Está claro que el feminismo nos recordó ese costado, porque el cuerpo es un campo de batalla en tanto defensa de los derechos de las mujeres. Pero me parece que ese principio se podría expandir, que el cuerpo de las personas ancianas también es un campo de batalla político. Y ni que hablar ahora con la Covid, en esta especie de eugenesia monstruosa que hubo, por lo menos en España, en donde murieron 15 mil ancianos en las residencias porque las autoridades de las regiones decidieron no trasladarlas a los hospitales. Es decir, decidieron que esas vidas valían menos que otras a priori y las sacrificaron. Entonces ya no es la vulnerabilidad de la vejez en sí, sino la gestión que la administración hace del cuerpo anciano. 

-Una de las consignas del feminismo dice que “todo cuerpo es político”. 

-Fijate: vos hablabas del cuerpo y lo político y yo pienso que en Argentina, por su historia, la ausencia del cuerpo está en la primera línea política. Pero podríamos trazar una línea de continuidad en esa batalla política, porque los cuerpos presentes también están sometidos a toda clase de tensión relacionada con su memoria histórica. Es ahí donde el filtro y el Photoshop se enlazan con la memoria histórica de los cuerpos, porque me parece que este borrado sistemático de las cicatrices, las estrías y las arrugas tiene que ver con la educación en el olvido. Porque una estría de embarazo te está contando una genealogía muy importante y demonizar eso es demonizar nada menos que tu historia familiar. No es inocente que creamos que una arruga o una estría son feas. Esas categorías de lo bello y de lo feo llevan implícitas varias negaciones peligrosas, como la negación de la memoria personal y colectiva, la incapacidad para asumir el paso del tiempo y por lo tanto de comprender la propia mortalidad. Por eso considero que Anatomía sensible es una especie de declaración literaria contra Photoshop.  

-En esa mirada también hay implícito un escalafón meritocrático según el cual algunas partes del cuerpo son más útiles y valen más que otras.

-El libro intenta abordar de forma lúdica y humorística esa preocupación. Porque en esta charla estamos expresando una solemnidad casi sociológica, cuando en realidad el libro es medio para cagarse de risa. Entonces para hacerle justicia diría que en el libro hay una sátira de todo esto. Que el fondo es serio, pero el tono es cómico. Y no sé si soy capaz de decirte por qué sucede esto, pero en Anatomía sensible traté de subvertirlo, de jugar a concederle una importancia desmesurada a la periferia del cuerpo y a des-dramatizar los genitales, las nalgas, el pecho. No porque no nos gusten, sino porque no podemos reducir el cuerpo siempre a los mismos lugares y, sobre todo, no podemos mirarlo siempre de la misma manera. Si no es como si el cuerpo fuera un libro del que siempre leemos las mismas dos o tres páginas.

-Anatomía sensible es un libro relativamente breve, pero escribirlo te llevó casi siete años. 

-Es que creo en la escritura lenta. Había un poeta argentino que vivió la mitad de su vida exiliado, José Viñals, qué tiene un verso del que me acuerdo con frecuencia. Dice: “Con lenta prisa escribo mi epitafio”. Hay que tener cuidado con apurarse, porque a veces llegamos más rápido al lugar que no queríamos. Creo más en la constancia que en la velocidad. Yo mismo a veces miro los libros que publiqué y su número parecería implicar velocidad, aunque es raro el día que escribo más de una página. Creo mucho en la constancia y en que el tono es fruto de la insistencia, más que de un rapto de inspiración esotérico. Digamos, una lentitud insistente. Por otro lado, vos señaladas lo que aparentemente sería una contradicción entre la brevedad y esa tardanza, pero si lo pensamos dos veces, creo que eso pertenece al reino de la lógica de la propia escritura. La prosa que más me atrae no procede por acumulación sino por síntesis, por despojamiento, por descarte. De manera que podemos también acordarnos de otra cita, no precisamente de un poeta, sino de una carta entre Engels y Marx en la que el uno le dice al otro: “Discúlpame por escribirte una carta tan larga, pero no tuve tiempo de hacerla más corta”. Mi idea de la prosa es que no se trata de capas una encima de la otra, sino de una especie de excavación hasta encontrar lo que querías decir. Algo que a veces hasta uno mismo desconoce hasta que se topa con ese mineral enterrado que puede ser el adjetivo que buscabas, el ritmo que intuías o el fraseo que necesitabas. Y todo lo demás es tachar. O dudar. Siempre siento un poco de desconfianza cuando escucho la idea de que la escritura expresa lo que sentimos o pensamos, porque me parece que más bien uno lo inventa o lo descubre mientras escribe. No sabemos lo que pensamos hasta que activamos el lenguaje y lo ponemos por escrito. Y todo eso rara vez es el fruto de la acumulación, sino de la reescritura. Y eso lleva tiempo. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

domingo, 29 de septiembre de 2019

MUSICA - Feria del Libro Heavy y Encuentro Sociocultural sobre Heavy Metal: El metal ya tiene quien lo lea y quien lo piense:

Hoy en día cualquiera cree saber qué es el heavy metal. Confiados, suponen que para definirlo alcanza con la imagen del pibito desgarbado con chupines y campera de cuero que sacude la melena al compás de un ritmo ruidoso, mientras enarbola el clásico gesto de la mano cornuda. Y esa imagen puede estar bien para quienes se sientan cómodos con los lugares comunes, pero dejará insatisfechos a quienes quieran saber un poco más. Y el heavy metal es bastante más, al punto de que el estereotipo del cuero ya ni siquiera representa a todos los metaleros, que desde hace rato se permiten andar en bermudas y hasta con el pelo corto.
Más allá del origen musical, que sigue el núcleo que reúne a sus seguidores, el heavy metal se ha convertido en un universo cultural que se extiende sobre los territorios de lo político, lo social, lo literario, lo plástico, permitiendo perfilar una mirada metalera del mundo. Desde el corazón de una escena que se resiste aceptar aquello de que el rock ha muerto e insiste en multiplicarse en bandas y subgéneros infinitos, en los últimos años han surgido iniciativas que se proponen condensar a través de la acción esa efervescencia que las capas más iluminadas de la cultura insisten en ocultar.
 “Nos planteamos la iniciativa en el marco de una movida que busca poner en valor la escena metalera, para visibilizar cómo se piensa”, cuenta Natalia Pascuchelli, master en cultura y sociedad e integrante de un grupo de investigadores procedentes de la comunicación, las letras o la antropología que el pasado 20 de septiembre organizó el Encuentro Sociocultural sobre Heavy Metal en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). “Nos conocimos participando de congresos y jornadas académicas y nos planteamos por qué no hacer unas que fueran específicas sobre los estudios de heavy metal, para ver cómo se estaba trabajando desde distintas perspectivas. La idea es pensar al heavy metal más allá del género, como una práctica cultural en función de cómo aparece y cómo impacta dentro de lo social”, agrega.
“Con María Inés Martínez, mi pareja, teníamos un centro cultural en el barrio de Boedo, en el organizábamos eventos de poesía, narrativa, pintura y teatro, pero siempre nos quedaba en el tintero hacer algo relacionado al heavy metal”, interviene Gito Minore, profesor de filosofía, miembro del Grupo de Investigación Interdisciplinario sobre el Heavy Metal Argentino (GIIHMA), que dicta cursos y seminarios en la Facultad de Sociales de la UBA, y fundador de la Feria del Libro Heavy que este año llega a su séptima edición. “Yo en 2010 había escrito el libro Tren Loco. 20 años, donde contaba la historia de esta banda emblemática, pero cuando lo edité sentí que quedaba medio huérfano, porque no tenía un lugar de circulación que le fuera propio. Entonces en 2013 pensamos en organizar una mesa para presentarlo junto con otros autores que habían escrito libros sobre heavy”, continúa. “A partir de ahí empezaron a surgir otros autores, pero también películas, artistas plásticos, fotógrafos y artesanos, que dentro de la historia del arte siempre recibieron un valor como de segunda. De ese universo surgió la primera Feria del Libro Heavy.Salió tan bien que en estos seis años la organizamos en distintas partes del país. Y después de cada una editamos un libro en el que se recogen las charlas para que todo eso quede registrado en una suerte de anuario”, concluye Minore.  

-El heavy metal muchas veces también recibe esa "mirada de segunda". ¿Creén que es esa percepción externa la que usualmente define al género?
GM-Una vez con GIIHMA me tocó dar una clase a la que titulé “El heavy metal, el hecho maldito del rock”, parafraseando a John William Cooke. Una idea que de alguna manera se vincula con lo que dice Ricardo Iorio cuando define al heavy metal como: “esto no es rock and roll: esto es una desgracia”. También es cierto que estas movidas que surgen en la cultura metalera ayudan a cambiar ese concepto. Eso no quita que el metal sigua recibiendo fuertes componentes de rechazo.  
-¿Ese rechazo impacta en la forma en que el heavy metal ve o interpreta al mundo?
NP-Creo que lo que surgió en el Encuentro permite ampliar las posibilidades de pensar al heavy. Muchos referentes de la escena que participaron recalcaban que cuando ellos eran jóvenes la posibilidad de elaborar una mirada del metal desde el ámbito académico era impensada.
GM-El fundamento de los seminarios de GIIHMA en la Facultad de Sociales tiene que ver con generar miradas propias para el heavy metal desde categorías sociológicas, filosóficas y antropológicas.
-En el metal caben diferentes corrientes políticas, satanismo y cristianismo, abordajes realistas o fantásticos. ¿La amplitud complejiza el intento de pensarlo culturalmente?
NP-Una visión totalizadora cuesta mucho porque el metal se caracteriza por ser sectario. Pero quienes nos formamos en él tenemos la obligación de deconstruirnos atendiendo a lo que está ocurriendo a nivel social. Una de las mesas del Encuentro fue la de “Género, solidaridad y convivencia”, donde las chicas de Unión Transfeminista del Under visibilizaron las prácticas machistas y misóginas que ellas perciben dentro de la escena. Prácticas que no solo están dirigidas hacia la mujer, sino hacia las disidencias sexuales.
-¿Y sienten que algo está cambiando?
NP-Dentro del Encuentro se percibió un corte generacional que comienza a introducir en la escena nuevas miradas, nuevas percepciones de la realidad, porque las nuevas generaciones que se incorporan a la cultura del heavy llegan con la impronta del Siglo 21.
-¿Puede pensarse al heavy metal como una escena políticamente activa?
NP-Estas chicas con su colectivo ya están haciendo un aporte desde su propio lugar y en el mismo sentido se puede nombrar al Frente Heavy Metal, un colectivo de chicos metaleros cuyas actividades se vinculan con el momento social que vive el país, organizando recitales para juntar donaciones y ayudar a comedores o espacios de salud pública. Están organizados, tienen difusión y prensa y son muy cuidadosos a la hora de elegir las bandas que tocan en sus recitales solidarios.
GM-Después está la sectorización artística, donde el que escucha death metal no escucha heavy o el que escucha punk no escucha thrash, aunque hoy las categorías no son tan estancas. Cuando yo era chico me gustaba el realismo y denuncia social, lo que hacían Hermética o Tren Loco, y todo lo demás eran magos, espadas y rosas. Existía esa brecha que separaba a los que eran “de verdad” de los que no. Hoy eso está medio quebrado y se ve en las charlas que organizamos en la Feria, donde conviven las de corte más verista con otras sobre la obra de Ronnie Dio y los faraones de Egipto. Creo que esa diversidad es la que le da riqueza al género. Aunque es cierto que la mirada social es la que te va marcando el ritmo.  
-¿Es posible pensar al heavy metal sin ese lado social?
GM-Hay una frase de Alberto Farina, del Frente Heavy Metal, que nosotros recogimos en la contratapa de nuestros anuarios, que define muy bien ese espíritu. Dice: “El metalero es solidario porque viene de la cultura del pogo. Si vos en el pogo te caés, vamos todos y te levantamos. Inspirados en esa acción, que es ayudar a los amigos a levantarse, también lo hacemos en la vida cotidiana: bailamos, jodemos y discutimos como en la vida misma. Pero si vos te caés, yo te levanto”.   
-A la hora de pensar en Iorio, cuyo trabajo le otorga un lugar emblemático en la escena del heavy argentino, no es posible pasar por alto las evidentes contradicciones discursivas que surgen en el camino que recorrió.
GM-Iorio suele definirse a sí mismo como una figura paternal para la escena. Algunos años atrás generaba una fuerte empatía y era una referencia inevitable que se sostenía sobre todo en su escritura, que lo convierte en el poeta del metal. Es innegable que detrás de él hay una gran biblioteca. Pero esa dimensión que adquirió terminó por ocultar a otros artistas que le aportaron un montón de cosas al metal argentino. Y ver qué hay más allá de Iorio es un desafío interesante. Uno de los cursos que dictamos desde GIIHMA se llama “Parricidas”, donde a partir de la idea del parricidio freudiano se aborda ese universo que queda oculto por la presencia de Iorio.
NP-Porque si vos corrés a Ricardo te encontrás con un panorama que siempre estuvo ahí.
GM-Eso en cuanto a lo teórico conceptual. Ahora desde lo político, y como vengo del realismo, tengo que decir que no estoy de acuerdo con lo que la figura de Iorio genera hoy. Puedo identificarme con su trabajo en Hermética o los primeros discos de Almafuerte. Pero son límites que tienen que ver con la identidad política de cada uno.
NP- También es cierto que los discursos siempre existieron en Iorio y por eso es posible detectar las contradicciones que mencionas, lo que pasa es que ahora todo se hace más explícito y evidente. Creo que en la actualidad para los metaleros escuchar a ese padre representa un choque muy fuerte y por eso resulta tan potente la idea simbólica del parricidio.  
-¿Sienten que este Iorio impone un límite a la hora de pensar al heavy metal en tiempo presente?
NP-Creo que sí, porque partir de la trilogía V8/ Hermética/ Almafuerte no es la única forma de pensar al metal, hay otras corrientes qué tratan de hacerrlo desde ángulos diferentes. Y si lo mirás desde el under, el heavy metal es un universo que excede la figura de Iorio. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo argentino.

domingo, 7 de mayo de 2017

CINE Y LIBROS - Rescribir vidas ajenas: Entrevista con el guionista británico Nick Drake

Pensado para indagar en el complejo cruce entre dos artes tan populares como el cine y la literatura, el Encuentro Internacional “Del libro a la pantalla”, organizado por la Cátedra Coetzee de la Universidad Nacional de San Martín, que dirige el sudafricano J.M. Coetzee, ganador del premio Nobel de Literatura 2003, reune a un valioso y oportuno puñado de voces. Desde cineastas locales como Tristán Bauer, Fernando Spiner y Marcelo Pyñeiro y el escritor Marcelo Figueras, a destacadas figuras extranjeras como el director mexicano Arturo Ripstein y su esposa, la guionista Paz Alicia Garciadiego, la productora y guionista Anna María Monticelli o el británico Nick Drake, todos aceptaron el desafío de explorar en ese territorio.
Artista multifacético, el currículum de Drake abarca gran cantidad de géneros y disciplinas. Es dueño de una obra poética que incluye los libros The Man in the White Suit (1999), From The Word Go (2008) y The Farewell Glacier (2012), escrito a partir de una larga travesía por el Ártico. Como autor teatral tiene escritas una media docena de obras y otras tantas en su faceta de guionista cinematográfico, terreno en el que se destaca su trabajo en la película Rómulo, mi padre, protagonizada por Eric Bana y Franka Potente y ganadora de múltiples premios en Australia. Razones de sobra para convertirlo en una fuente valiosa a la hora de hablar del nexo entre ámbos géneros.
“Si bien el cine es un formato en sí mismo, tanto este como el teatro son artes más basadas en elementos visuales que además, como la narración, están conducidos por una trama. Desde este punto de vista, y si bien el cine también puede contener poesía, diría que el teatro o las formas narrativas son las más similares a las películas”, sostiene Drake al ser consultado sobre los puentes que ligan las diferentes disciplinas. Claro que pensado en términos de adaptación, el esfuerzo de traspasar una obra de un formato determinado al otro no necesariamente demandan en cada caso el uso de herramientas similares. “Sólo puedo hablar desde mi propia experiencia y Rómulo, mi padre está basada en las memorias del filósofo australiano Raymod Gaita sobre su padre y su vida como exiliado, un relato de experiencias vitales. Nunca he adaptado una obra literaria, sino que he trabajado sobe un material, digamos, más ambiguo, más difuso respecto de la acción y la trama”. Sin embargo aclara que se trata antes de una cuestión de oportunidad que de una decisión personal. “Para hacerlo tendría que encontrar una novela que me conmueva al punto de sentir la necesidad de adaptarla”, agrega y confiesa que le gustaría trabajar sobre la novela Middlemarch de George Eliot (seudónimo de la escritora inglesa Mary Anne Evans), aunque se trata de “una obra demasiado larga para el cine, así que tal vez el formato indicado en este caso sea el de una serie de televisión”.
Su guión más reciente está basado en la vida de Chelsea Manning, el soldado que desató una crisis política de escala mundial al filtrar documentos clasificados vinculados con la ocupación estadounidense en Irak y que ya en prisión se realizó una operación transgénero. Un trabajo que si bien comparte con Rómulo, mi padre el hecho de tomar como punto de partida una historia real, parecen representar perspectivas estéticas diferentes. “Trabajar sobre la vida de otros siempre es complicado, porque uno siente una responsabilidad para con las personas cuyas vidas está llevando a un guión y hay ciertas cosas que tenés que respetar”, reflexiona Drake. “Pero además tenés una responsabilidad para con la película que querés hacer y el público que luego irá a verla”, agrega. Aunque reconoce que los casos de Gaita y Manning son muy distintos, cree que en ambos “lo que uno debe hacer es tratar de contar la historia lo mejor posible con los elementos que tiene a mano”.
En cuanto a las dificultades que conlleva la decisión de adaptar una obra literaria, Drake admite que “probablemente haya libros infilmables” y menciona como ejemplo la obra de Marcel Proust. “La pregunta que uno debe hacerse es por qué, para qué quiero yo pasar esta historia de la literatura al cine. Con qué propósito. Es muy difícil trasladar al cine la totalidad del valor de una obra literaria y más con aquellas en las cuales buena parte de su belleza radica en el modo en que el lenguaje es utilizado, algo que es imposible recrear fielmente”, completa. Sin embargo considera que no siempre la fidelidad debería ser el norte del adaptador. “Cuando se trabaja sobre una obra estrictamente literaria uno tiene que estar dispuesto a destruir el original, para poder reconstruir en el formato del cine. Se debe ser más infiel”, asevera el británico, aunque aclara que como "la mayoría de las novelas adaptadas al cine son más bien malas, entonces es más fácil ser irrespetuoso con el autor y dedicarte a construir tu propia obra". 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino

domingo, 30 de abril de 2017

LIBROS - El terror es cosa de chicos: Entrevista a Chris Priestley

Entre los invitados a la 43ª Feria Internacional del Libro, que este año son muchos, el británico Chris Priestley representa una curiosidad de interés. Autor de libros de terror para chicos y adolescentes, algunos de sus textos están siendo utilizados en muchas escuelas del país para incentivar la lectura entre sus alumnos. Por eso no es extraño que además de presentarse en dos eventos de la Feria, Priestley incluya un viaje a la ciudad de Córdoba, donde visitará varios colegios para tomar contacto directo con sus pequeños lectores argentinos.
Algunos de sus libros publicados en la Argentina por la editorial Norma son Lo más cruel del invierno, Cuentos de terror de mi tío y Cuentos de terror en la boca del túnel. Él define su trabajo como terror gótico para chicos y aunque no llegó al género por decisión propia, hoy siente que es su lugar en el mundo. "En realidad he escrito libros para chicos de diferentes tipos: ficción y no ficción histórica, romance, comedias", enumera Priestley, pero aclara que sus primeros relatos de horror surgieron "después de que mi editor me sugiriera escribir una serie de miedo para nenes chiquitos que fuera divertida". "Me senté a pensarlo pero al principio nada parecía funcionar. Entonces recordé unos cuadernos que tenía con bocetos de cuentos cortos de terror que había escrito unos años antes. En realidad los había pensado para lectores adultos, pero lo único que hice fue cambiarle la edad a los protagonistas para convertirlos en chicos, pero los escribí como si todavía fueran para adultos", confiesa.

–¿Qué diferencias existen entre el terror pensado para adultos y el trabajo que usted realiza?
–Para ser honesto, en mi caso la diferencia es poca. Supongo que quizá un texto para adultos permite un marco de referencias mayor y las preocupaciones del protagonista tal vez sean más complejas. Pero la brecha entre la ficción para adultos y la que está orientada a adolescentes se acortó en los últimos años. Por eso creo que mis cuentos de terror para chicos más clásicos soportan bastante bien la comparación con cuentos similares para adultos. O al menos eso espero.  
–¿Y qué buscan los chicos en los relatos de terror?
–Para ser sincero, los chicos son mucho más sanguinarios que yo. Cuándo doy charlas o talleres en escuelas prefiero prohibir temas como asesinatos a hachazos, cámaras de tortura, zombies y cuentos que terminen con la frase "…y al final mueren todos". Son lugares de los que no se suele obtener demasiado. Yo escribo historias de terror psicológico, algo distinto de la idea del terror que suelen tener los chicos y adolescentes. Lo que intento es hacer que bajen la guardia y entonces desestabilizarlos. Pero como ocurre con cualquier ficción, el lector tiene que encontrarse con el escritor medio camino, porque esto no es para todos.  
–¿Cómo fue su experiencia con el género cuando era niño o adolescente?
–Tengo 58 años y cuando yo era chico en realidad no había ficciones para adolescentes y si estabas interesado en la lectura leías libros infantiles hasta que te cansabas y de ahí pasabas directamente a los policiales, la ciencia ficción y el terror para adultos. A mí me gustaba mucho leer ciencia ficción, autores como Ray Bradbury o Philip K. Dick, incluso algunos clásicos como H. G. Wells. Pero también cuentos cortos de terror, antologías. Así descubrí a Edgar Allan Poe y a M. R. James. Me encantan los cuentos cortos de toda clase. Siento que es la forma más natural de narrar, la más parecida a contar una anécdota, creo que por eso me convertí en cuentista. En cuanto a por qué me gustan las historias de terror, adoro la sensación de inquietud que provocan, aunque no me gusta perder tiempo en las que se reducen a una procesión de escenas sangrientas. Prefiero aquellas que atisban en los rincones oscuros y especulan sobre lo que podría habitar en ellos.  
–¿Qué papel juega el miedo a esa edad?
–El mundo es un lugar peligroso y tristemente creo que muchos chicos sufren el miedo. Tengo la suerte de vivir en un país bastante estable, pero sé que existen lugares en el mundo en los que un chico no tiene la oportunidad de simplemente ser un chico. Sospecho que si tu vida es realmente peligrosa es difícil que te interese leer cuentos de terror o ficciones distópicas. Creo que mucho del placer de leer estas historias procede de hacerlo desde un lugar de seguridad. También está claro que hasta los chicos que viven en hogares felices pueden tener miedos reales, miedo a que esa felicidad les sea arrebatada por una u otra razón.  
–¿Y cuáles eran sus miedos de chico?
–Yo crecí en los ’60 y los’70, una época en la que se vivía bajo la amenaza de la aniquilación nuclear, pero podía entender que aquello era diferente de mi inclinación por los cuentos de terror. El miedo puede ser un factor limitante para cualquiera de nosotros, seamos adultos o niños: miedo al fracaso, miedo a la vergüenza, miedo al rechazo. Supongo que esos son los temores más comunes en la gente joven. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

domingo, 8 de mayo de 2016

LIBROS - HolaSoyGermán en la Feria del Libro: Exigencias de estrella fugaz

Como ocurre todos los años, la presente edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires vuelve a reunir las expectativas de todos los sectores que conspiran para hacerla posible. Lectores, escritores y editoriales entrecruzan sus intereses durante algunas semanas, dando lugar a uno de los eventos culturales más importantes de América Latina. Claro que, como se ha dicho, cada una de esas fuerzas persiguen objetivos distintos pero que parecen coincidir al menos en un fin común, el más mundano de todos: que los libros se vendan.
Como en cualquier otro negocio, la industria editorial también aprovecha las tendencias de moda para sostener esa rueda económica, una de las que le permite mantenerse en movimiento. Así como después del éxito de Harry Potter las sagas fantásticas para adolescentes se volvieron plaga, hoy la ruta del dinero editorial pasa por aquellos firmados por los youtubers más populares.
¿Y qué son los youtubers? Son chicos que producen sus propios contenidos audiovisuales y los difunden en la web a través de la plataforma YouTube. Aunque estos contenidos varían de un youtuber a otro, suelen estar emparentados con el humor, los videojuegos, la historieta, el cine y casi cualquier consumo cultural vinculado a niños y adolescentes, consumidores casi exclusivos de lo que ofrecen estas estrellas del universo virtual.
La masividad que estos chicos han conseguido los convirtió en un negocio que en los últimos dos años ha multiplicado sus bocas de expendio. Festivales, publicidad abierta o encubierta, pequeños papeles o cameos en el cine y ahora también libros. Si bien el boom de las publicaciones youtuber es reciente, aún así es posible que ya esté cerca de su pico máximo. Sin embargo, quienes visitaron la Feria del Libro el día de ayer fueron testigos de la popularidad que ha alcanzado el fenómeno.
Es que ayer fue el día en que hizo la presentación de su libro el chileno Germán Garmendia, el youtuber latinoamericano más popular del mundo, conocido por sus seguidores como HolaSoyGermán, que es el nombre de su canal de YouTube y la muletilla con la que comienza todos los episodios de su serie, una suerte de stand-up filmado en los ambientes de su propia casa y montado de manera frenética, en los que desarrolla temas vinculados a las actividades y la vida cotidiana de niños y adolescentes. Activo desde hace cuatro años, su canal suma actualmente más de 27 millones de seguidores.
Publicado a través de la editorial Penguin Random House, la presentación del libro de Garmendia, titulado #CHUPAELPERRO, generó el que tal vez fue el acontecimiento más masivo de la grilla de actividades de esta edición de la Feria. Tal era la expectativa generada por la presencia del youtuber, que la casa editora difundió una lista de consejos –que más bien eran imposiciones–, en los que se enumeraban las condiciones que debían cumplir aquellos que quisieran que Germán les firmara el ejemplar del libro. Ahí se indicaba que sólo accederían a la firma quienes hubieran comprado su entrada a la Feria a través Tuentrada.com (la entrada comparada en la boletería de La Rural no era válida) y que el autor sólo firmaría un ejemplar por persona. De la misma manera durante el evento estuvo prohibido fotografiar, filmar, besar, abrazar o simplemente tocar o sacarse una selfie con el autor. Aunque el riguroso instructivo señalaba que estas condiciones intentaban agilizar una actividad que fue realmente masiva, se intuye que detrás se escondían las veleidades y las fobias de una estrellita que habrá que esperar para ver que tan fugaz resulta.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo.

viernes, 9 de mayo de 2014

LIBROS - Waldhuter ofrece en la Feria más de seis mil libros inéditos en la Argentina

No está mal pensar en la Feria del Libro como se piensa una obra literaria: pudiendo comprobar en ella la riqueza de lo que ofrecen sus expositores, es imposible no pensar en todo lo que falta, en aquellos libros que, por el motivo que sea, no han llegado a editarse en el país. Las abuelas dirían que se trata del lamento del que tiene la panza llena; tan cierto que para los verdaderos amantes de la lectura no hay libros que alcancen. Para ellos, este año el stand de Waldhuter vuelve a presentarse como la tierra prometida. 
Waldhuter es una distribuidora que gestiona en la Argentina los catálogos de prestigiosos sellos españoles y de América Latina, ofreciendo más de 6000 títulos que de otro modo serían inconseguibles. Más de un millar son novedades. Las españolas Acantilado, Atalanta, Alpha Decay, Impedimenta, Libros del Asteroide, Nórdica y Periférica son parte de las casas editoras representadas. Pero también Cuarto Propio, Metales Pesados, Tajamar y Diego Portales de Chile, o Almadia y Red Altexto, ambas de México. "Nuestro objetivo es hacer llegar a las librerías proyectos editoriales nuevos, con ediciones cuidadas tanto en lo que refiere a contenido como al diseño", afirma Gabriel Waldhuter, responsable de la distribuidora. "Realizamos la distribución de forma ‘artesanal’, es decir que nos dedicamos a personalizar la entrega: seleccionamos los títulos a partir de las características de cada librería."  

–¿Cómo llegan a ese criterio de selección?  
–Para nosotros es importante tener un ida y vuelta con el editor, conocer cuál es el proyecto editorial que publicará durante el año, la cantidad de novedades, autores.  
–¿Por qué esos títulos no tienen ediciones nacionales?  
–El motivo principal es que no se trata de best sellers. Son títulos que el editor español, mexicano o chileno imprime en su país, pensando en su mercado y también en el mercado hispanohablante. En su gran mayoría se trata de tiradas de 1000 a 1500 unidades. En muchos casos la cantidad que traemos no supera los cinco ejemplares por título: hacer tiradas locales de estos libros no sería viable comercialmente.  
–¿Qué problemas involucra trabajar con ediciones extranjeras?  
–Digamos que en estos momentos es un problema, aunque nosotros hemos ingresado nuestros pedidos con total normalidad y tiempo a través de los convenios de importación que tienen la Cámara Argentina del Libro y la Secretaria de Comercio de la Nación. Más allá de lo comercial, el libro es la herramienta fundamental en la formación y transformación de una sociedad. Por lo tanto, consideramos que debería tener libre circulación en el mercado hispanohablante, y con esto me refiero a la posibilidad de importación, es decir, de circulación de libros producidos por editoriales extranjeras y no a la importación de industria gráfica (es decir, de editoriales argentinas que imprimen fuera del país), que es otro asunto.  
–¿Realizan trabajo como editores?  
–Sí, el sello se llama Waldhuter Editores. Nos dimos cuenta, después de años de distribución, que algunos títulos que representábamos comenzaron a faltar en las librerías. Entonces tratamos de rescatarlos consiguiendo los derechos de los mismos y haciendo nuevas traducciones. Fue el caso de Los géneros del discurso de Tzvetan Todorov. Pero también apostamos a títulos no traducidos, como ¿Adónde va la verdad? de Pierre de Roo, o La memoria saturada de Regine Robin. Para ello realizamos búsquedas temáticas de autores no traducidos nunca al español y que tengan una línea de pensamiento parecida a la nuestra.  
–¿Dónde se podrá conseguir los títulos distribuidos por Waldhuter luego de la Feria?
–En las librerías de Corrientes, Callao y Avenida Santa Fe. Y también en el circuito de librerías de Palermo y San Telmo. «

Para visitar En la Feria del Libro Distribuidora Waldhuter ocupa el stand 520, dentro del Pabellón Azul.

Los 12 recomendados de Waldhuter  

1- Insolencia, literatura y mundo, de Guillermo Fadanelli, Editorial Almadia.  
2- La chica de Nueva Inglaterra, de Sherwood Anderson, Editorial Nórdica.  
3- El pequeño guardia rojo, de Wenguang Huang, Editorial Asteroide.  
4- La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, Editorial Acantilado.  
5- La lección de música, de Pascal Quignard, Editorial Funambulista.  
6- La posesión de Loudun, de Michel de Certeau, Universidad Iberoamericana.  
7- Escribir, ensayos sobre literatura, de Robert Louis Stevenson, Editorial Paginas de Espuma.  
8- Una historia secreta de la consciencia, de Gary Lachman, Editorial Atalanta.  
9- Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska, Editorial Impedimenta.  
10- Peking by Nigth, de Svetislav Basara, Editorial Minúscula.  
11- Breaking Bad, de varios autores, Editorial Errata Naturae.  
12- Todo ajeno, de Natalia Litvinova, Editorial Vaso Roto.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

miércoles, 12 de febrero de 2014

LIBROS - A 30 años de su muerte: Julio Cortázar, ese hombre alto con algo de mozaico bizantino.

Sí, Cortázar otra vez. Pero en este caso se trata de varias veces al mismo tiempo, con lo cual, para ponerlo en términos juguetones más acordes con el espíritu de gran parte de su obra, quizá lo mejor sería decir que, sí: Cortázar otras veces. Porque los primeros días de febrero han reunido a la edición de un nuevo libro, Cortázar de la A a la Z, que lo tiene como protagonista excluyente, con el trigésimo aniversario de su muerte, que se cumple el día de hoy. Pero no es solamente eso: este 2014, definitivo año cortazariano, se irá convirtiendo conforme avancen los meses en una especie de rayuela, donde cada casillero multiplicará los homenajes ad infinitum hasta llegar al cielo, el 26 de agosto, fecha en que se celebrará el centenario de su nacimiento. Serán muchas, entonces, las ocasiones en que nos veremos obligados a repetir: Cortázar, otra vez. 
Si de jugar se trata, la reciente publicación de Cortázar de la A a la Z resulta una grata invitación a hacerlo con las reglas del propio Julio. Construido como una especie de álbum biográfico, el volumen imaginado por Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga parece el resultado del injerto entre un cuaderno de viaje con un diccionario enciclopédico, en el cual se extiende, en estricto (des)orden alfabético, una abundante colección de memorabilia cortazariana. Remedando la permanente aspiración de Cortázar de retorcer las formas hasta dar con nuevos e inesperados órdenes, y de la cual Rayuela es su más grande exponente, pero sin olvidar el laberíntico Último round y otros de sus libros, este álbum biográfico se rebela ante el meticuloso corsé alfabético que pretende, sin lograrlo nunca, imponer un sistema de lectura. Es el triunfo del caos, un caos saludable y secretamente cósmico que invita, una vez más, a que sea el lector quien decida cuál es el mejor itinerario para viajar sobre este libro, cuyas páginas se proponen ser una versión libre de la vida del escritor, contada por sus cartas, postales y textos, por los objetos que alguna vez atesoró en vida. El resultado: un Cortázar más humano mientras más atomizado, libre y múltiple.
Por el contrario, la celebración de estos 30 años sin él y, sobre todo, del siglo que se cumplirá desde su nacimiento, parece haber provocado un movimiento contrario en torno a su figura, un movimiento de contracción. Un torrente de voces que lo recuerdan como esgrimiendo un certificado de propiedad, como si Cortázar fuera uno solo y nada más, simplificándolo en un ejército de miniaturas de Cortázar. Voces que prefieren insistir sobre una lectura sesgada de un cuento maravilloso como "Casa tomada"; voces que se abrazan al Cortázar lampiño y miran de reojo al de la barba (y viceversa); voces que se ponen en guardia y provocan con aquello de que "si estuviera vivo estaría con nosotros". Voces que, desde todos los rincones posibles, buscan apropiarse de una ética que sólo le perteneció a Cortázar, más preocupados por el agua de su molino que por homenajear al escritor. 
A todos les traigo malas noticias: Cortázar está muerto, aunque todos los años un libro nuevo quiera hacernos creer lo contrario, y él no puede sino estar más que del lado de su obra. Esa obra que César Aira considera el trabajo de un Borges menor y que el propio Borges decía disfrutar. Una obra (cada vez más) copiosa, estimulante, en algunos casos algo envejecida, pero imagen siempre fiel de su creador, ese hombre alto con algo de mosaico bizantino que escribió algunos de los mejores cuentos de la literatura argentina. 

Para leer más artículos sobre Julio Cortázar, >>>hacer click acá<<<.

 Artículo publicado originalmente en la suplemento especial por la conmemoración de los 30 años de la muerte de Julio Cortázar, de Tiempo Argentino.

viernes, 20 de diciembre de 2013

LIBROS - "Calle", de Walter Lezcano: Realismo sucio, poética urbana y cruce de géneros

Hay muchas formas de pensar la literatura, pero no puede decirse que ninguna de ellas sea incorrecta y es tan válido abordarla desde los clásicos, sosteniendo los cánones de la tradición, como desde las vanguardias, buscando promover las nuevas plumas y tendencia. Más allá de las innecesarias impugnaciones, es en la confluencia de estas dos posibilidades donde tal vez se encuentra el equilibrio saludable, porque no hay vanguardia sin tradición ni los clásicos tienen sentido en una disciplina muerta. Pero como los clásicos ya han tenido quién les escriba y la idea de vanguardia hace tiempo huele a clásico, en la actualidad para saber cuáles son los rincones donde germina la literatura nueva, hay que estar atentos a lo que publican las pequeñas editoriales independientes. Estos sellos, emprendimientos pequeños pero con pretensiones con nombres como Tamarisco, Gog y Magog, China Editora, Entropía, Eloisa Cartonera o Wu Wei, entre otras, son el emergente de este fenómeno editorial que no tiene más de diez años. Estas editoriales se dedican sobre todo a publicar a autores nuevos o emergentes, muchos de los cuales ya cuentan con un importante currículum como periodistas o críticos de diferentes disciplinas.
Es el caso de Walter Lezcano, quien acaba de publicar Calle, su primera novela, a través de la editorial Milena Cacerola, pero la relación de Lezcano con el oficio de escribir no nace con ella. Como periodista freelance colabora hace años con diferentes medios, como las revistas Rolling Stone, Ñ o Brando, o los suplementos Ni a palos y Cultura de Tiempo Argentino; como editor es fundador de la editorial La mancha de aceite, autodefinida como la segunda más chica de Latinoamérica, y como poeta publicó Humo, en editorial Vox. Lezcano parece vivir su relación con la escritura de manera pasional y vertiginosa (prueba de ello son las constantes diatribas que lanza a través de las redes sociales), y la lectura de Calle viene a confirmar esa afirmación. Calle está ordenada a partir de un relato múltiple que realiza un curioso narrador, quien cuenta la historia de su infancia como niño y la de su juventud como mujer. El autor va construyendo la vida de Manuel/Sandra a partir de un realismo sucio que no disimula la influencia de diversos afluentes de la cultura popular. En la prosa de Lezcano es posible detectar una gran cantidad de intenciones, desde la práctica de una poesía barrosa casi como una militancia en contra de las grandes palabras de la poética tradicional, o pinceladas de un humor prosaico que nunca resbala hacia la vulgaridad gratuita ni el lugar común. "Siempre pensé que el mundo que pretendía retratar era lo que marcaba el pulso del lenguaje que iba utilizar", dice Lezcano al respecto. "Los giros, el léxico, la selección de palabras y la manera de ordenarlas estaban supeditados a esa cosmovisión de los personajes y los territorios que quería explorar. Teniendo en cuenta esto, el lenguaje me sirve para que la historia tenga una primera capa de verosimilitud", agrega.  

–¿Vivís el trabajo con el lenguaje como un espacio de resistencia? ¿Resistencia en contra de qué?  
–La resistencia se da a un nivel estético. Quiero decir que uno tiene que hacer hablar a su historia de la única forma posible para poder materializar todo lo que quisiste decir y hacerlo llegar de la mejor manera. Lo ideal es que no se vean los hilos de tu artificio y nunca caer en ese pozo ciego llamado estereotipo: de clase, de sexualidad, de raza, de lo que sea. Que fluya, como si la historia fuese creada por el lector y hablara su propia lengua. Es la ilusión que me interesa crear.  
–La novela recoge ciertos relatos marginales, como el de las mujeres de clase humilde que viven con una naturalidad no exenta de dolor la maternidad a la distancia, o el del niño que comienza a reconocer su homosexualidad casi como una consecuencia de las burlas y abusos de sus compañeros de primaria. ¿Cómo llegan hasta vos esos temas?  
–Lo que quería con Calle era ponerme en una situación de escritura donde la tensión pudiera ser productiva. Porque los narradores de este país no ponen en jaque, desde el narrador, su propia sexualidad. La máxima jugada siempre resulta ser convertirse en el otro sexo. Y tener un narrador así, primero homosexual y luego travesti, me permitía abrir el juego y derrotar mi propio universo de prejuicios. Y cuando vos indagás en la vida de una sexualidad que confronta con la comodidad que te rodea, lo más probable y natural es que vayan apareciendo personajes que bucean un mundo no reconocido a simple vista. Porque lo marginal es solamente una perspectiva del otro que juzga.
–¿Qué dificultades narrativas tuviste que enfrentar para encontrar las voces de este personaje dual, a partir de un cambio tan determinante como el del género?
–Siempre consideré que las cuestiones genéricas tienen un trasfondo universal. Porque en el fondo todos queremos lo mismo: satisfacer deseos. Y mi personaje se manejaba con las mismas intenciones y manifestaciones que las de cualquiera. En ese sentido, descubrir su voz llevó un tiempo, pero cuando eso apareció fue como si se rompiera un dique de contención: lo demás siguió esa fuerza de la marea inicial.
 –¿Cómo se hace para no caer en el miserabilismo que muchas veces es una consecuencia indeseada a la hora de abordar estos temas?
–La miseria de un narrador emerge cuando lo que pretende es un efecto inmediato o cuando cree tener la certeza de que con articular algunas escenas perturbadoras para la clase media que tiene aspiraciones de country, estas van a ser interpeladas. Los personajes tienen que tener dimensión, las historias deberían mostrar esas particularidades, detalles y sensaciones que no siempre se tienen en cuenta para esa zona que todos creen conocer. Lo miserable, en narrativa, es no mostrar los matices y rendirse a las expectativas y preconceptos del sentido común social reinante.
–Calle está estructurada de modo sherezadiano, en referencia a la protagonista de Las mil y una noches. Manuel/Sandra va alimentando el relato con una cantidad de historias disímiles que parecen capaces de hacerlo infinito. ¿La novela debe ser un objeto inacabado, un fragmento de una narración mayor que el autor decide oscurecer para iluminar apenas un detalle?  
–Lo que percibo es que, en mi caso, la narración larga funciona como una factoría de relatos. Del Quijote para acá, las historias que me interesan son aquellas que pueden abarcar lo más que pueden. Me cabe la generosidad del autor, el derroche sin caer en la negligencia ni la indulgencia. Y, claro, si seguimos esta ruta lo más probable es que podamos percibir la ambición como algo desatado y que pueda crear textos que rompan el paso del tiempo en ese momento que alguien abre ese libro. El tema es que la vida sigue y las novelas en algún momento hay que terminarlas. Para esta novela me gustaba dejar la sensación de que la vida de un personaje pudiera seguir en la cabeza de los que lean, aspirar a que pudiera tener una fugaz inmortalidad en algún lado.  
–En las redes sociales cuestionaste el papel de la crítica. ¿Ves a la crítica como a un enemigo?
–No considero que todos los textos que hablen sobre una obra sean críticas: muchas son reseñas y comentarios. No tengo ningún problema ni con la reseña, el comentario, ni con la crítica per se. Lo que sí me parece es que muchas veces se utiliza la figura de la crítica para encumbrar operaciones de posicionamiento. Y es ahí donde el crítico, o el que se pretende y se imagina como tal, construye una figura o un personaje unidimensional donde todo responde a tener que rendirle pleitesía a un modelo de conducta. Marchando por ese camino es muy probable que prime la opinión y que "el crítico" le entregue todas sus fichas a tratar de legitimar un "gusto". Eso de ninguna manera hace crecer el arte que se intenta criticar.  
–¿Creés que hay una forma correcta y una incorrecta de hacer crítica o que debería tener un límite? ¿O directamente pensás que se trata de una práctica estéril que no debería existir?  
–Esos son cuestionamientos válidos que deberían hacerse todo el tiempo las personas que están entre las obras y la gente. Lo que yo me preguntaba, sin tener ninguna respuesta convincente a la vista, era algo viejo: ¿puede hacer una crítica valiosa de una obra alguien que no conoce los mecanismos sutiles, desde el lugar de creador, del arte sobre el que descarga sus opiniones? La crítica va seguir existiendo y me parece perfecto. En ningún momento me pongo en contra de la crítica porque forma parte de un sistema al cual está integrada. En todo caso, cada uno sabe de qué manera hace una crítica o reseña, las motivaciones primeras y últimas, y si puede sostener en una sobremesa lo que escribió en el suplemento.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino. 

lunes, 18 de febrero de 2013

LIBROS - "Ofelia", de Julieta Arroquy: Una chica que no está dibujada

En la historieta argentina la mujer ocupa un lugar importante, no sólo por la cantidad de ellas que se dedican al género sino, sobre todo, porque uno de sus personajes más populares es una mujer. Una niña, para ser más específicos: Mafalda. El personaje de Quino ha marcado a generaciones de lectores y lo sigue haciendo, desde las permanentes reediciones que realiza Ediciones de la Flor. Por eso es imposible pensar como una simple casualidad que esa misma casa editora lanzara hace poco el primer volumen de Ofelia, un personaje creado por Julieta Arroquy que comparte no pocos detalles con aquella niña curiosa. 
Aunque las separa la edad, porque Ofelia es una joven a la que se intuye cercana a los 30, sin dudas las une el flequillo. Pero más allá del detalle cosmético, Ofelia también manifiesta una capacidad de observación entre ácida y desencantada, siempre al servicio de sus dilemas existenciales. Si algo las distancia es justamente la edad, y a partir de ahí, los problemas que las asaltan. Mientras en Mafalda primaba una mirada lúcida pero infantil, que engañosamente pareciera nunca acabar de entender cómo funciona el mundo, en Ofelia los conflictos surgen de la relación con los demás, con un otro generalmente másculino. 
Julieta Arroquy, quien ya supo transitar un imaginario femenino del mundo en ¡Oh no!, me enamoré, también editado por De la Flor, aprovecha las posibilidades que le ofrece un personaje como Ofelia para hacer un humor con aroma de mujer, pero de gracia universal. En el camino no se priva de, por ejemplo, recrear algunos clásicos de la pintura universal para retorcerlos desde el humor o la ternura, aprovechar otros personajes de la cultura popular (ver el chiste de Heidi), o darle visibilidad a temas impostergables relacionados con cuestiones de género, como la violencia contra las mujeres (ver también más abajo). Ofelia comenzó a publicarse en el desaparecido diario Libre, pero a partir de diceimbre tiene su propio libro. 
"Ofelia apareció de la nada", confiesa Arroquy. "Me negaba a dibujar personas, porque era muy crítica conmigo misma en cuanto al estilo gráfico. Las personas que dibujaba me resultaban demasiado aniñadas. El personaje apareció en la Feria del Libro 2011 mientras firmaba ejemplares, pero sólo era un dibujo. Cuando terminó la Feria hice la primera tira, a la que pensé en nueve cuadros. Escribí su primer guión y ahí empezó todo", completa la autora. 

–¿Qué te llevó a crear un personaje con las características de Ofelia
–No pude volver a pensar más con objetos y frases, se me volvió necesario humanizar, ser más honesta, más reflexiva. Creo que el universo femenino tiene mucho de ciertos modelos culturales, fantasías, drama, todo conectado por intrincados razonamientos y teñido de arquetipos. Lo femenino es casi universal, por eso supongo que Ofelia fluye bien, porque retrata todo eso que se nos pasa por la cabeza a las mujeres y que no decimos porque son razonamientos muy neuróticos. Pero no creo estar siendo condescendiente con el alma femenina, es decir, haciendo esto porque se que va a funcionar, cómo hacer un chiste sobre la angustia que supone estar gorda y que llega el verano y hay que ponerse en forma. Trato de ir por otro lado, en todo caso por preguntarme sobre la autoestima, por ejemplo. 
Ofelia es un personaje a quien todo parece afectarla, muy pendiente de la mirada del otro, sobre todo de otro masculino, y siempre deseosa de hallar correspondencia para un amor que está ahí, sin dueño y a la espera. 
–El otro masculino, todo un tema. Yo siempre encuentro algo muy gracioso en lo trágico, en la ausencia, en el desencuentro. Sobre todo en el desencuentro de los géneros, puntualmente eso que las mujeres queremos que los hombres sean, mientras que los hombres lo único que quieren es que no les rompamos más los cocos.Dicen que cuando una mujer describe a su hombre perfecto en realidad está describiendo a otra mujer. Pero ojo, que Ofelia ha encontrado el amor, hay varias tiras donde se la ve feliz y enamorada flotando por el cosmos y eructando mariposas. Pero he comprobado que cuando está feliz, no me sale ser graciosa o ácida. Y hasta las lectoras me hicieron saber que extrañaban cuando su mundo no era tan color de rosa y se despachaba con algún reclamo. Hice un par de tiras donde aparece un posible candidato, pero no logro que Ofelia lo trate bien o que encaje del todo. Pero el muchachito cada tanto aparece.
–¿No te resulta difícil como autora escatimarle, viñeta tras viñeta, el alivio de finalmente encontrar la felicidad que busca? 
–Yo no le escatimo nada, creo. Sólo que es siempre desde la falta, la ausencia, que me resulta mejor crear. Seguramente, tal vez pronto, Ofelia deje de monologuear para pasar al diálogo con el otro y analizar, de manera colaborativa, estas diferencias entre hombres y mujeres, con la posibilidad de escuchar la otra campana. Aunque por suerte eso está cambiando, las mujeres siempre han estado bajo la aprobación masculina, y ocupando gran parte de su universo en completar el casillero del amor, el de la familia y el de los hijos, y por eso hay cierta obsesión en llenarlo. Hay que ver si, en realidad, detrás de esa búsqueda incansable por un amor, Ofelia no tiene un miedo terrible a que las cosas realmente sucedan. Lo imposible también es un terreno seguro. 
–Eso lleva en realidad a otra pregunta: ¿es posible que alguien obsesionada con la idea de un amor perfecto no acabe indefectiblemente decepcionada? 
–No creo que Ofelia esté obsesionada con lo perfecto, pero si con el amor. La idea del amor de manera fantasiosa, de película y siempre, siempre imposible. Tiene el espíritu de esas escenas en donde la chica corre bajo la lluvia llorando por un hombre con el que acaba de terminar mientras de fondo suena una canción bien down de Radiohead. Ofelia es peliculera, pero esa película nos la hacemos casi todas las mujeres desde que nos vienen contando que los sapos se convierten en príncipes y los besos nos despiertan de letargos. Qué se yo, el amor es un tema complejo pero, en vistas de que parece tan grave el asunto, creo que tengo que dejar de torturarla y dibujarle un novio. 
–Aunque se trata de un personaje con una mirada muy femenina, no se trata para nada de un personaje feminista. 
–No, feminista no es, pero porque yo no quiero ponerle ninguna camiseta que tenga el rótulo de "Feminista". Creo que a las mujeres nos preocupan las mismas cosas, y Ofelia se ha manifestado muchas veces en temas importantes en ese sentido, como contra la violencia de género, las triquiñuelas machistas de muchas leyes y la trata de personas. Es feminista en cuanto a apoyar los derechos y garantías del género y luchar contra muchas expectativas sociales y culturales que "se espera" tengamos que cumplir debido a nuestro rol femenino. 
–¿Escribís pensando en un público determinado? ¿Existe realmente un humor para mujeres? 
–Nunca pienso a quién me dirijo. Es decir, dibujo un personaje que siente como siente y piensa como piensa pero, bueno, es un personaje femenino y yo, su autora, también soy una mujer. No puedo escapar a lo que soy. Pero creo que Ofelia muchas veces tiene sentimientos universales. ¿A quién no le han roto el corazón, o se ha sentido decepcionado, triste, solo? La forma en la que ella sufre o dramatiza es, por supuesto, desde el arquetipo femenino, aunque aspiro a que con Ofelia nos riamos todos, no sólo las minas. 
–Los temas de género han ganado espacios y motivan debates en todas partes. ¿Qué creés que aporta el humor o una mirada humorística sobre esos temas? 
–Fue Sigmund Freud quien aseguró que "Todo chiste, en el fondo, encubre una verdad", por eso creo que el humor es un analgésico para ver las cosas desde otra óptica, o al menos para poder digerir ciertas verdades un poco mejor. Si con Ofelia consigo despertar alguna inquietud o instalo momentáneamente un dilema que permita ganar terreno en el debate, ya me siento satisfecha.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.