viernes, 18 de noviembre de 2011

LIBROS - Libro Guinness de Records Mundiales: Los 15 minutos

Quién que haya sido chico no soñó alguna vez con un nuevo par de zapatillas que lo hicieran veloz como el viento. Quién no quiso ser la de mejor promedio o la que mejor dibujaba mariposas en el grado. O el más fuerte, o quien saltaba más lejos, más alto o más veces. Es ese espíritu juguetón y competitivo, siempre bien predispuesto para cualquier tipo de sorpresa y que es tan propio de la infancia, el que permite que un libro que cabecea entre el asombro y el ridículo, como es el Guinness de los Records Mundiales, se convierta en un recorrido por algunas de las maravillas del mundo que nunca estarán entre las siete más famosas. Justamente el gran atractivo del Libro Guinness, su fuerza más grande, es su carácter por completo democrático: no hay forma de no recorrer sus páginas sin decir por lo menos una docena de veces “este idiota podría ser yo”. Porque ya no se trata de ser el de los pies más ligeros, como Aquiles en La Iliada, o el más fuerte o el más alto, como Hércules y Goliat: el Guinness le permite a cualquiera ser lo más de lo más, en la empresa que a cada uno se le ocurra. Con el reciente lanzamiento de la versión 2012 del famoso Libro de los Records -que cumple así 55 años de ediciones ininterrumpidas-, esa amplitud duplica la curiosidad del lector. Porque uno llega a preguntarse: ¿qué es lo más increíble? ¿Qué el inglés Sam Batho se haya devorado dos paquetes de berro en el tiempo record de 49,69 segundos, o que su modesta hazaña merezca un lugar destacado en este libro, foto incluida? De eso se trata esta enciclopedia de un solo tomo, que sanamente sabe reírse de sí misma. Ahí reside el secreto de su popularidad.
Como toda leyenda, la de este libro también tiene un origen. En 1951, durante una amable competencia de tiro en el Condado Wexford en Irlanda, Sir Hugh Beaver -que por entonces era director administrativo de la famosa Cervecería Guinness-, hizo una pregunta intrascendente: ¿cuál es el pájaro de caza más rápido de Europa? Cómo es seguro que la cerveza corría fuerte en aquellos irlandeses días de campo, la discusión se habrá tornado acalorada y pronto los tiradores cambiaron rifles por libros. Sin embargo no hubo uno solo en la fecunda biblioteca de Sir Hugh que diera con la respuesta buscada. Como no sólo las cuestiones importantes merecen la satisfacción de una respuesta, cuatro años más tarde y con un sin fin de preguntas tan intrascendentes como aquella primera, el 27 de agosto llegaba a las librerías la primera edición argentina del Guinness World Records, que antes de la Navidad de ese año se convirtió en el libro más vendido del Reino Unido.
Con astucia, el Guinness es tan global como democrático y no se cierra sobre su origen británico: sus páginas registran marcas de todas partes del mundo, haciendo que sus posibles mercados sean igual de vastos. No faltan entonces los argentinos propietarios de algún record mundial, como Carlos Alberto Balbiani, quien construyó la pistola más pequeña del mundo, que mide apenas 5,5 cm. Y dispara balitas de calibre 0,68 mm. O Víctor Rubilar, que es la persona en realizar malabares con pelotas de fútbol durante más tiempo: unos humildes 10 segundos.
Que esta edición 2012 del Guinness llegue a las librerías un mes y medio antes que el año en cuestión, debería computarse como un record extra. Una suerte Bonus Track que tiene una explicación que, claro, es exclusivamente comercial: poner el libro en las bateas con el tiempo suficiente de llegar siempre bien preparados para la Navidad.
El Libro Guinness representa cabalmente las ambiciones humanas. Por un lado la del conocimiento, recabando interesantes datos del universo, la historia y la naturaleza. Pero también la del reconocimiento. Sin saberlo, la creación de Sir Hugh Beaver confirma aquella profecía de Andy Warhol: acá cualquiera puede tener sus 15 minutos de gloria.


Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

No hay comentarios.: