jueves, 11 de octubre de 2007

CINE - Filmatron, de Pablo Parés: Pinta tu aldea (de negro)

Para hablar de Filmatrón, nueva película de Pablo Parés y Farsa producciones, hay que empezar por hablar de Haedo, especie de barrio oasis al oeste de Buenos Aires, en donde de forma espontánea y con el único combustible de la propia tracción a sangre, se ha generado una de las movidas más ricas y eclécticas de la cultura joven actual. Como muestra elocuente alcanza con mencionar a Árbol, banda fetiche de Gustavo Santaolalla, o a Ale Sergi, quien hace más de 15 años ya tramitaba en el rock el éxito que con Miranda! encontró en el pop. También en Haedo y a mediados de los 90, un grupo de chicos sorprendió con Plaga zombie, una película inspirada en lo primero de Sam Raimi y Peter Jackson, que no tardó en volverse culto. No porque estuviera a la altura de los originales que emulaba, sino porque con pocos recursos, mucho ingenio y autogestión consiguieron, de igual a igual, llamar la atención de su propia generación. Así se consolidó Farsa, la productora responsable de algunos de los video clips más interesantes de los últimos años -ver sino Postal, de Kapanga, o Arrancacorazones de Attaque 77 -, y que con Filmatrón vuelve al cine.

Un grupo de jóvenes liderados por Lucas, un chico amante de las historietas, eligen el cine para revelarse contra un sistema vigilante, que en beneficio de una minoría manipula la realidad desde los medios de difusión. Perseguido por un siniestro grupo policial que se encarga de aplacar todo intento de creatividad, Lucas y sus mundos fantásticos serán el perfecto elemento conductor para combatir esa otra ficción con que el estado aplasta al individuo. Lo aclaran los títulos finales: toda coincidencia con la realidad (o con la novela 1984) fue planeada desde un principio.

Dados los antecedentes de sus creadores, Filmatrón (premio del público en el BAFICI 2007) se presenta a priori como una invitación de interés, y la película cumple en varios aspectos. En primer lugar, porque se ocupa de géneros poco explorados, de vacíos y espacios marginales del cine argentino, y ese valor experimental merece ser reconocido a pesar de algún déficit, como la marcada diferencia entre los actores de mayor experiencia y los otros, o un guión que si bien marcha sobre una idea central clara y apostando a un humor inocente, por momentos peca de elíptico y presenta las situaciones como prendidas con alfileres o sin explicación ni continuidad; aunque es cierto que en una película como Filmatrón, dirigida a un público joven con el que comparte su festivo espíritu amateur, una lógica inestable puede volverse un recurso estético válido. Los rubros técnicos y artísticos que también suman a favor en el balance, más los buenos antecedentes ya enumerados, hacen suponer que el grupo de Farsa está en condiciones de saltar al siguiente nivel, sin que la fórmula del barrio como microcosmos se transforme en capricho o vicio. El objetivo no está tan lejos.

(Artículo publicado originalmente en Página 12)

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