lunes, 6 de septiembre de 2010

CINE - Entrevista con Fernando Martín Peña, Jurado del 2º Festival de Cine Río Negro Proyecta


Quienes lo hayan visto trasnochando en la televisión pública, presentando alguna joyas del cine (y a veces no tanto) junto a Fabio Manes en el ciclo Filmoteca, tendrán una imagen parcial pero muy certera de Fernando Martín Peña. Periodista, crítico e investigador cinematográfico, programador del espacio de cine del Malba, Peña es un hombre retraído, cultor de un silencio austero y una sonrisa que se permite compartir con quienes conoce. Sin embargo, como en la tele, basta proponerle una charla de cine para que las palabras surjan francas, fluidas e incluso afiladas. Peña habla de cine.
De paso por la ciudad de Bariloche, donde preside el jurado que integra junto a los directores Anahí Berneri y Miguel Pereira, encargado de decidir la Competencia Nacional de Largometrajes del segundo Festival Nacional de Cine y Video Río Negro Proyecta, Peña resulta un referente importante a la hora de definir un festival tan joven como este. “Lo principal es la calidad de su programación”, dice, mientras se reclina en su sillón para elegir con cuidado cada respuesta. “Es decir, tiene un perfil definido desde el momento en que empezó el año pasado y creo que cualquier festival fuera de la capital que apueste tan fuertemente a un perfil hace un aporte de calidad muy notable”, completa Peña. El silencio está roto: se habla de cine.

-¿Y cuál sería en particular ese aporte?
-En general las muestras suelen ser más eclécticas, le dan un poquito a cada sector, y acá no. Acá hay una apuesta clara por un tipo de cine en particular, hay detrás una curaduría que me parece más jugada, más rigurosa. En general los festivales que suele haber tienen un perfil más de muestra, no es tanto la curaduría, sino la voluntad de difundir una cantidad de material, pero no basándose en un criterio de tipo crítico. Acá me parece que hay eso y está buenísimo: fuera del BAFICI y un poco Mar del Plata, de Pereira para acá, no ha habido eso.
-¿Cuál creés que es esa idea que reúne a las películas programadas?
-Una cosa que comparten es que dependen mucho más de la creatividad que de la posibilidad técnica. Son películas que dan la sensación de que teniendo la idea -que realmente es lo más difícil-, teniendo una visión de tipo artística, hacerlas es posible, mientras que frente a eso tenés todo el cine industrial, que parece partir de la idea contraria, que vos primero tenés que tener una serie de herramientas, un dinero y después hacés la película.
-A partir de ese criterio, y siendo que esta es apenas la segunda edición, el Festival sin dudas ya se ha convertido en un espacio respetado.
-Creo que lo que lo vuelve importante es justamente ese criterio. Volviendo al BAFICI, después de dos ediciones ya era un festival “prestigioso” si querés, porque justamente era riguroso a la hora de elegir el material: no entraba cualquier cosa. No era una muestra, que está bien que las haya también. Desde ese punto de vista este ya es un festival que logra un prestigio automáticamente al jugar con este criterio, que de por sí ya es raro en este tipo de eventos.
-Teniendo en cuenta las dificultades fundamentalmente económicas que tiene la industria nacional…
-Es que no creo que haya una industria. Hay una producción cinematográfica subvencionada. Sí hay una industria de cine publicitario, que se sustenta sobre su propio mercado. Incluso viene gente de afuera a filmar sus comerciales acá y eso también ha permitido que haya un parque de tecnología de la que por supuesto también se beneficia el cine: los equipos, los laboratorios, etc., pero que en realidad trabajan más para la publicidad que para el cine. El margen de ganancia grande lo consiguen ahí. Y el cine es una industria subsidiada, si vamos a aceptar que es una industria, con lo cual para mí no lo es. Es otra cosa…
-Una actividad…
-Claro. Con lo cual la realidad de este festival es exactamente la contraria de la que dijo el señor (Luis) Ventura en el acto inaugural del día de ayer, que justamente hablo de industria. Todo lo que él dijo estuvo bien, porque basta con darlo vuelta todo y el resultado define exactamente a este festival. Para mí el problema que tienen Pablo Mazzola y Roger Koza, los programadores del festival, es lograr explicarle a las autoridades políticas que este tipo de festival es muy importante para un sector juvenil, para renovar estas estructuras de manera permanente, porque si no apostamos a una renovación constante estamos fritos. Hubo un momento en que el Subsecretario [de Cultura de la provincia de Río Negro Armando Gentili] se metió en una camisa de once varas discursiva: el mismo trajo a cuento la ausencia de nombres importantes. Y cuando te metés ahí no salís más, porque quiere decir que vos mismo de alguna manera lamentás que el festival no sea lo que querías. Y nadie lo estaba acusando de no haber traído nombres conocidos, pero él igual siente que no los trajo. Hay una frivolización del hecho cinematográfico que, con este tipo de material, francamente es irrelevante.
-Un material que además ha obtenido sus logros y sus méritos casi a espaldas de la exposición mediática.
-Es así. Suponete que Natalia Oreiro viniera al festival: ¿va a venir más gente a ver Francia (la última película del director Adrián Caetano, que se presenta dentro de la programación del festival)? No: va a venir más gente a verla a ella, con lo cual en términos culturales no tiene ningún tipo de efecto. Ella se transforma en algo mediáticamente más importante que el festival y eso no es bueno. La estrella de pronto tiene que ser el director: si viene Caetano y gana espacio en los medios, eso si es legítimo, porque es el tipo de personalidad que sirve a los fines del festival.
-Sin embargo en todos los festivales, incluidos los clase A de Europa como Cannes, también existen las alfombras rojas y es otra vidriera desde la cual se promocionan.
-Y es una pelotudez. No porque sea una pelotudez generalizada va a ser menos pelotuda. Me parece una pavada. Además hay que pensar que vos venís con un presupuesto para organizar el festival y traer tres figuras te duplica ese monto. ¡Qué sentido tiene! La alfombra roja sólo sirve para gastar dinero. Si la artística del festival no te justifica ese tipo de presencias, entonces son inútiles.
-Entonces volvemos al principio: el Río Negro Proyecta es un buen festival porque centra su interés en la programación, en el hecho estético.
-El festival es eso. Y en un contexto en donde no abunda la plata, como es el nuestro, me parece que esa es la mejor manera de invertir. Porque vos podés hacer un festival como este con un presupuesto relativamente acotado, sin tirarlo en pelotudeces. Hasta me parece que es la mejor propuesta estética, pero también económica. Es mucho más realista hacer un festival como este, sustentable y hasta con un rédito político interesante en el mediano plazo, de una manera directa y relativamente económica. La responsabilidad es de sus programadores.


Artículo publicado originalmente en la sección Cultura del diario Tiempo Argentino.

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