domingo, 8 de febrero de 2015

MUESTRA - "El tesoro de los inocentes": El Indio Solari lleva el malón ricotero a la Biblioteca Nacional

La muerte acostumbra vestirse de miedo, con tules de oscuridad y rasos de lunanueva que por lo general acompaña con una mantilla que le ensombrece la mirada, pero deja al descubierto esa sonrisa sin fin que es como su firma. Aunque le encanta arreglarse y salir a pasear, en realidad nadie quiere encontrarse con ella. Solamente aceptan sus invitaciones los viejos más cansados y ciertos poetas jóvenes, que ven en su figura una luz amable a la que los demás somos inmunes. Pero así como la muerte es sueño para quienes la abrazan, a veces es también un nuevo despertar para los que quedaron de este lado, despidiendo de pie a los que parten: la posibilidad de una mañana clara después del temporal. 
La muerte de Luis Alberto Spinetta, ocurrida hoy pero hace exactamente tres años, representó a la vez la tormenta y ese nuevo despertar para los amantes del rock, de la poesía, del arte. Para ellos el mundo sin la presencia física de Spinetta se convirtió en un lugar distinto, otro lugar. Pero en vez de quedarse viendo como los nubarrones se alejaban, eligieron avanzar en ese mundo virgen. Algo de ese espíritu vital consiguió ser invocado durante los meses que duró Spinetta, los libros de la buena memoria, la muestra que organizó la Biblioteca Nacional en homenaje al músico a poco de su muerte.
Como si se tratara de un ciclo ritual, a tres años de la partida de Spinetta y no por casualidad, hoy la Biblioteca vuelve a recibir a un artista surgido de las aguas bravas del rock. Pero esta vez, lejos del tono elegíaco que inevitablemente sostenía a aquella primera muestra, lo que ahora se celebra es la obra viva del Indio Carlos Solari, uno de los ex- caciques de Los Redonditos de Ricota y una de las figuras más influyentes y veneradas del rock en la Argentina. Organizada por la Dirección de Cultura de la Biblioteca, a cargo de Ezequiel Grimson, con curaduría de Bárbara Maier y la satisfecha supervisión de Horacio González, director de la institución, El tesoro de los inocentes - Indio en la Biblioteca se propone más como un diálogo entre partes que como un homenaje bañado en bronce. Porque un artista no es sólo lo que produce, sino también aquello de lo que se ha alimentado. Así, quienes se acerquen hasta la Biblioteca se encontrarán con la obra poética, musical y plástica del Indio Solari, pero además podrán ir más allá y conocer sus influencias literarias o sus propios gustos musicales. Un ancho mundo en el que hay espacio para Antonin Artaud y Led Zeppelin, Joseph Conrad y Brian Setzer, Marcel Schwob y Tom Petty, pasando por Kurt Vonnegut, los hermanos Van Gogh, Robbie Robertson, Capote y Boris Vian. 
Ese es el punto de partida desde el que una institución dedicada al mundo de los libros, sus autores y lectores, se propone aproximarse al Indio. “La experiencia del Indio recorre y atraviesa, llena de insinuaciones y enigmas, todas las posibilidades del lenguaje poético”, dice González al reflexionar sobre la obra del cantante. “Y cuando revela sus lecturas, enuncia una pequeña biblioteca que es una muestra de cómo leían los adolescentes argentinos desde los años 60 en adelante. La historia del Indio Solari es la historia de un lector argentino, entre tantos lectores posibles”, concluye el director de la Biblioteca. “Nos interesaba poder pensar desde una biblioteca y desde la lectura un fenómeno tan masivo y popular como es el desarrollo de la obra de Solari”, agrega Grimson. “Y tuvimos de su parte una recepción muy buena”, cuenta Maier, la encargada de iniciar y mantener el contacto permanente con el Indio. “Aceptó nuestra propuesta enseguida y estuvimos hasta ahora discutiendo qué exhibir y por qué. La idea es mostrar cómo detrás del músico popular hay un lector, un escritor, un dibujante”, profundiza la curadora. En la muestra pueden verse dibujos, manuscritos originales de las letras de los primeros discos con Los Redondos, artículos periodísticos, colages, camisas, máscaras, anteojos y una guitarra, memorabilia que los devotos del cantante disfrutarán con un placer cuyo rango amplio tanto le abre los brazos al admirador curioso como al voyeur fetichista.  

-El Indio surge de un país al que se había dejado en ruinas y por lo tanto es el exponente de un arte que tiene a esas ruinas como motor. ¿Esa idea de mostrar al artista primero como un consumidor de música y literatura representa un intento por reconocer su contexto y su origen?  
HG –Es que de ahí viene el nomadismo, el deseo de recorrer territorio. Son extrañas esas fotos que hizo en Epecuhén y que forman parte de la muestra, porque Epecuhén son nuestras ruinas de Pompeya. ¿Por qué buscar las ruinas? Creo que supone una búsqueda de índole romántica. Se busca el territorio, se busca el pasado del territorio. Creo que esas fotos entre las ruinas de una ciudad que lleva un nombre indígena en la Argentina, que fue una ciudad de la línea de fortines de la provincia de Buenos Aires y que hoy está bajo las aguas, representan una inquietud que no es fácil de descifrar. Ni por él ni por nadie. 
-Esa dificultad para descifrar parece una constante de una obra poética hermética… 
HG –No diría que es hermética sino que tiene momentos herméticos…
-Hermética en el sentido de que es más posible vincularla a Salvatore Quasimodo que a García Lorca…  
HG –Sí, pero no me olvidaría del romanticismo. Ni del surrealismo, que está siempre presente.  
-Digamos entonces que en tanto hermético o surrealista e incluso romántico, su obra delega en el lector o el oyente el lugar de criptógrafo.  
HG –Para mí, que nunca fui a sus conciertos pero que siempre lo tuve presente, siempre me pareció muy insinuante lo que produjo. Ese hermetismo que habitualmente se le atribuye no es sino una apelación al desciframiento a la que han aplicado todas las grandes religiones. El Indio, con los Redonditos de Ricota primero y como solista después, y sobre todo sus seguidores, parecen adherir a la idea de que entender es un gran desafío que no surge de lo premasticado ni predigerido. Por eso la escritura del Indio y sus dibujos tienen una carga burlona, irónica, de desapego del mundo. Esto para él significa un gran problema, porque lo pone cerca el monje, del eremita que se retira del mundo y siendo un personaje tan público hace de la suya una vida paradojal.  
-Es cierto que su figura tiene la fuerza del profeta en el desierto y hasta los propios seguidores definen a sus conciertos como “misas”.  
HG –Él tiene un misticismo en su propia figura similar al de Charly, Spinetta o Fito. O Luca. Todos hablan de religión, porque el rock no habla sino de religión. La idea de religiosidad está en el rock y sin ella no existiría. Lo que varía es el grado de autopercepción que los músicos tienen respecto de su religiosidad. Creo que el Indio la tiene más que otros y que Charly no la tiene para nada. Sin embargo ambos producen hechos que tienen una envergadura profética.  
-Sin apartarse de la idea de lo religioso, Indio en la Biblioteca forma parte de un conjunto de muestras sobre artistas del rock, como la de Spinetta o la de Luca Prodan, que van generando la idea de un santoral rockero. Y la obra de Solari tiene un montón de vasos comunicantes tanto con Spinetta como con Luca.  
EG –Son artistas que han dejado profundas huellas en distintas generaciones. El Indio y Luca fueron contemporáneos y de hecho hay una canción de Sumo que tiene letra del Indio [“Mejor no hablar de ciertas cosas”] y que aprovechamos para promocionar ambas muestras, esta del Indio y la de Luca, que todavía se puede visitar en el Museo del Libro y de la Lengua. Pero aunque están entrelazados no ha habido de nuestra parte un pensamiento teleológico de ponernos a programar si primero vamos a hacer esto para después hacer lo otro. La de Spinetta surgió como una necesidad colectiva de homenajearlo en el momento de su fallecimiento y fue algo conmovedor. La Biblioteca Nacional siempre tuvo un vínculo grande con la música, pero la muestra de Spinetta marcó la irrupción del rock en este ámbito. Pasó Luca, ahora el Indio y perfectamente podría estar Charly García en un futuro cercano.  
-¿A qué tipo de material le han dado espacio dentro de la muestra?  
BM –Lo que habíamos decidido era exhibir y homenajear su obra y esa fue la propuesta que le hicimos a él. Hay una gran cantidad de textos, pero decidimos darle prioridad a los manuscritos, sobre toda los de su etapa con Los Redondos. Hay dibujos y pinturas de la década de 1970; escritos publicados en las revistas Cerdos&Peces y Fin de siglo; fotomontajes, algunos de los cuales utilizó en el arte de sus últimos discos. También vamos a musicalizar la sala con la idea de que se esté escuchando su obra y canciones de otros artistas elegidas por él. Y un ciclo de cine (Ver a continuación).  
-Tanto la de Spinetta como la de Luca fueron homenajes a artistas fallecidos, con lo cual esta sobre la obra de Solari sería la primera dedicada a un artista que todavía tiene la posibilidad de recibir el cariño y admiración que una muestra de este tipo representa.  
EG –La Biblioteca tiene un premio, la Rosa de Cobre, que entrega a poetas de gran trayectoria cuando están en pleno proceso creativo y en uso de sus facultades. En distintos campos tratamos de trabajar con los creadores en vida para que la Biblioteca no funcione sólo como una reflexión hacia el pasado, sino que también se permita interpelar a la creación del presente.  
BM –Hacer esta muestra ahora y con la colaboración del Indio no fue una casualidad, sino de una decisión.

La banda de sonido del Indio

En una constelación de dibujos, máscaras y poesía en la que el Indio Solari ocupa el centro, la música no podía faltar. El rock no podía faltar. Del mismo modo en que la muestra incluye referencias a sus influencias literarias, la sala en donde se exhiben la mayoría de los objetos y obras del Indio está musicalizada por una banda de sonido seleccionada por el propio artista. 
Según cuenta Ezequiel Grimson, en ese playlist Solari incluyó "canciones de otros artistas que él considera sus influencias. Pero no sólo sus viejas influencias, sino también las de la actualidad." Bárbara Maier revela que se trata de "una iniciativa del propio Indio. Cuando le pedimos que hiciera una lista de sus lecturas, él no sólo nos respondió eso, sino que también envió sus influencias musicales. Y fue oportuno, porque ese era nuestro interés, crear una muestra que funcionara más como diálogo que como tributo." A continuación la lista completa, para que quienes quieran, puedan cargar las canciones en su reproductor y salir a caminar por la ciudad con la música que escucha el Indio sonando en la cabeza.

Tom Petty: "Mary Jane's Last Dance" del disco Greatest Hits (1993) y "You don't know how it feels" de Wildflowers (1994). 
John Mellencamp: "Cherry Bomb" del disco The Lonesome Jubilee (1987) y "Small Town" de Scarecrow (1985). 
The Dream Syndicate: "Halloween" del disco The Days of Wine and Roses (1982) y "The Medicine Show" de Medicine Show (1984). 
John Lennon: "I'm losing you" del disco Double Fantasy (1980) y "Cold Turkey" lanzado como single en 1969. 
The Who: "Baba O' Riley" y "Won't get fooled again" ambos del disco Who's Next (1971). 
Led Zeppelin: "The Song Remains the Same" del disco homónimo (1976) y "Thank You" de Led Zeppelin II (1969). 
Brian Setzer Orchestra: "Dirty Boogie" del disco The Dirty Boogie (1998) y "This cat's on a hot tin roof" de Rockabilly Riot! Live from the Planet (2012). 
Robbie Robertson: "Somewhere down the crazy river" del disco Robbie Robertson (1987) y "When the night was young" de How to Become Clairvoyant (2011). 
The Smithereens: "Blood and Roses" y "Behind the wall of sleep" ambos del disco Especially for you (1986). 
The Waterboys: "The whole of the moon" del disco This is the sea (1985) y "A girl called Johnny" de The Waterboys (1983). 
Lenny Kravitz: "Circus" y "Are you gonna go my way", ambas de sus discos homónimos de 1995 y 1993.

Hasta que el cine se convierta en rock

Como ocurre con la exposición dedicada a Luca Prodan en el Museo del Libro y de la Lengua, una de las actividades de Indio en la Biblioteca es un ciclo de películas que busca hacer visibles los lazos profundos que unen los universos del cine y del rock. El mismo tendrá lugar todos los viernes de febrero y marzo a las 21 en la explada Juan José Saer, frente a la entrada de la Biblioteca. Cada velada contará con un cierre musical a cargo distintos DJ. 

6 de febrero: El último vals. Martin Scorsese registra el último recital de The Band, liderada por Robbie Robertson, uno de los artistas favoritos del Indio.
13 de febrero: 24 Hour Party People, de Michael Winterbottom. Una explosiva ficción ambientada en la movida de Manchester de los años '90.
20 de febrero: I'm not there, de Todd Haynes. Poética mirada sobre la vida de Bob Dylan, quien es interpretado por tres actores distintos, entre ellos la estupenda Cate Blanchett.
27 de febrero: Buscando a Reynols, de Néstor Frenkel. Documental de culto sobre una banda nacional de culto.
6 de marzo: Gimme Shelter, de Albert Maysles, Charlotte Zwerin y David Maysles. Mítico documental sobre unos jóvenes Rolling Stones.
13 de marzo: Sólo los amantes sobreviven. Último film de Jim Jarmusch, la gran bestia indie del cine norteamericano.
20 de marzo: RIP: A Remix Manifesto, de Brett Gaylor. Documental sobre los derechos de autor y el Copy Left.
27 de marzo: 20.000 días en la Tierra, de Iain Forsyth y Jane Pollard. Nick Cave revisa sus primeros 20 mil días en la Tierra.

Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura de Tiempo Argentino.

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