sábado, 19 de octubre de 2013

CULTURA - Entrevista con Manuel Obregón, ministro de cultura y juventud de Costa Rica: El valor de hacer cultura

Como todos los festivales de su tipo, el Festival Internacional de Cine de Costa Rica Paz con la Tierra es, antes que otra cosa, un acto cultural sostenido de modo directo por el Ministerio de Cultura, cartera que en Costa Rica se llama de Cultura y Juventud. A partir de eso se vuelve evidente por qué el atributo que distingue a este festival, dándole una identidad propia en relación a encuentros similares, es sobre todo un carácter juvenil alejado de cualquier impostación de solemnidad. Como si hubiera sido elegido para hacerse cargo de ese ministerio a imagen y semejanza de ese nombre, Manuel Obregón no sólo luce joven, si no que también prescinde de la solemnidad todo lo que su cargo se lo permite. No se trata de un ministro de cultura cualquiera: Obregón es músico y miembro de Malpaís, una de las bandas más populares de Costa Rica. Pero no es el único caso en América Latina de un artista convertido en responsable del área cultural de un país. Sin ir más lejos Jorge Coscia (quien estará presente para la clausura del festival – ver recuadro) se encuentra hace años al frente de la Secretaría de Cultura de la Nación. Pero tampoco es él primer músico popular que ocupa un cargo similar, basta recordar que Gilberto Gil fue ministro de cultura del Brasil durante el gobierno de Lula. 
Manuel Obregón tiene una carrera extensa y notable como músico, en la que, además de su participación en Malpaís, se destaca una labor militante, a partir de la cual ha buscado que el arte se convierta en un vínculo cultural entre los pueblos latinoamericanos. Así lo atestiguan sus trabajos al frente de la Orquesta de la Papaya, que reúne a músicos centroamericanos; la Orquesta de las Misiones, donde trabajó con músicos de Brasil, Paraguay o la Argentina; o la Orquesta del Río Infinito, integrada por músicos nacidos en los países atravesados por la cuenca del Paraná, todas fundadas por él. Justamente este último emprendimiento ha fortalecido su vínculo con nuestro país. “Tengo un gran cariño por Argentina y su cultura”, afirma Obregón. “En los últimos diez años he tenido oportunidad de viajar para allá, porque soy un admirador de todos los géneros musicales argentinos, tanto del tango y la milonga, como de la chacarera y el chamamé.” Aunque sabe que su trabajo como ministro es importante, Obregón no desconoce que su labor musical no sólo no lo es menos, sino que forma parte de sus méritos para ocupar el cargo. “Con Malpaís seguimos tocando, aunque en menor medida, por restricciones de tiempo. Además, el cargo me ha permitido disfrutar la música desde otras perspectivas, al compartir con músicos de zonas rurales durante las giras que realizamos por todo el país, así como con orquestas juveniles.

-¿Qué tan importante considera que es haber desarrollado una obra como artista antes de desempeñarse como responsable del área cultural de su país?
-Conocer a fondo una o varias disciplinas artísticas da un conocimiento especial sobre las carencias que existen, porque, en alguna medida, se han sufrido en carne propia. En mi caso, además de la música, he trabajado en gestión cultural, en investigación y en producción, experiencias que han sido muy útiles en el desempeño de este cargo, porque me han dado una perspectiva clara sobre la realidad del sector.  
-¿Pero qué puede aportar a la cultura de su país desde la política, que le resulte imposible desde su labor como músico?
-El formar parte de un gobierno permite una mayor incidencia en el desarrollo y el avance del país. Por más buenas ideas o intenciones que se tenga desde afuera, se requiere de una plataforma idónea para poder impulsarlas. El cargo de ministro permite justamente esto, promover iniciativas generales que puedan beneficiar a toda la población.  
-¿Cree que es posible replicar desde la política los proyectos de integración latinoamericana que encabezó como artista?  
-Claro que sí. Precisamente, a partir de mi experiencia con la Orquesta de la Papaya y la Orquesta de las Misiones, pudimos desarrollar, ahora desde el Ministerio, procesos como el Corredor Cultural Caribe, el Corredor Cultural de la Marimba (en el Pacífico) o la Red Latinoamericana de Cultura Viva Comunitaria. La expectativa es que los gobiernos participantes puedan continuar fortaleciéndolas.  
-Costa Rica es uno de los pocos países del mundo que decidió voluntariamente prescindir de un ejército nacional. Sin dudas se trata de una decisión política, pero sobre todo es una manifestación cultural. ¿De qué manera esa elección anti bélica se manifiesta en la vida cultural de Costa Rica?  
-La mayoría de los habitantes de Costa Rica nunca han presenciado una guerra o un desfile militar; no conocen grandes armamentos ni tanques. Tampoco hemos vivido golpes de Estado recientes. Esto marca una clara diferencia con el resto de los países de la región y del mundo. La cultura de paz está tan posicionada en el inconsciente colectivo costarricense que, en ocasiones, olvidamos lo afortunados que somos. Para un costarricense es difícil entender ciertos eventos que ocurren en otras partes del mundo, ya que tenemos la cultura de paz sumamente enraizada en nuestras actitudes y movimientos.
-De hecho el nombre del festival, Paz con la Tierra, es una clara expresión de eso.  
-El festival se basa en dos pilares: la cultura de paz y la cultura de conservación y protección del medio ambiente. Con un festival de calidad internacional, que esperamos crezca y mejore cada año, queremos exportar estas dos ideas. Con este propósito, se busca que la programación artística contenga cine no violento y que resalten producciones audiovisuales que aboguen por el respeto al ser humano, a sus derechos y a la sana convivencia con el medio ambiente, potenciando a la vez la diversidad de identidades culturales.  
-El cine es además una de la más grande industrias culturales. ¿Qué medidas de fomento evalúan para potenciar la escasa producción de Costa Rica?  
-Estamos promoviendo la aprobación de una Ley de Fomento de la Industria Audiovisual. Entre las propuestas de este proyecto de ley se encuentra la creación de un Fondo de Fomento Cinematográfico y Audiovisual, financiado por un impuesto a los servicios de televisión por suscripción. También se incluye el tema de las cuotas de pantalla. Por otro lado, logramos la inclusión de Costa Rica en Ibermedia para fortalecer la coproducción de películas de ficción y documentales en el país.  
-En Buenos Aires se estrenó ayer una película (Apuesta Máxima) que presenta a Costa Rica como un país donde funcionarios corruptos y mafiosos se someten a la voluntad de criminales cool que vienen aquí a disfrutar de las ventajas de una sociedad con escasos límites morales. ¿Cómo se llevan con la imagen que el cine estadounidense construye de Costa Rica, que no es distinta de la que transmite de otros países?  
-Sin haber visto esa película puedo asegurar que la visión de Hollywood sobre nuestros países no es la más cercana a la realidad. Usualmente han percibido a Costa Rica como una banana republic, donde todo se puede comprar si se tiene el dinero suficiente. Otras películas han presentado a nuestro país como un paraíso para renegados de la justicia o como un pueblito recóndito. Esas imágenes corresponden a una visión cliché de lo que es Costa Rica. Sin embargo considero que, en paralelo a esta visión, existen muchas personas que aprecian a Costa Rica y la representan en sus películas como un destino verde donde se protege al medio ambiente. Esto es lo que vale la pena resaltar.  

Descubriendo Malpaís  

Algunas canciones y discos de la banda del ministro de cultura de Costa Rica, Manuel Obregón, pueden escucharse de forma gratuita haciendo un click aqui  >>>Malpaís<<<.

viernes, 18 de octubre de 2013

CINE - "Apuesta máxima" (Runner runner), de Brad Furman: Apuesta sin ganadores

Lo único que hay detrás de Apuesta máxima, de Brad Furman, es la banalidad del Sueño americano y el American Way of Life, y quizá sea más interesante ver que es lo que puede decirse desde ahí, porque no hay nada desde lo cinematográfico que merezca destacarse. Está claro que el hecho de que una película made in Hollywood sostenga una tensión básica o se vea fotográficamente bien, no es suficiente para un producto de 30 millones de dólares. Es lo mínimo que se le debe exigir a la industria del cine más poderosa del mundo y por ese mismo motivo hay reproches para hacerle. Estereotipos de trazo grueso, banda sonora con un repertorio latino insoportable, actuaciones que no superan la corrección. Y Ben Affleck. No es agradable insistir con la dificultad de incluirlo en un reparto, porque se trata de un gran director y basta ver sus propias películas para saber que como actor también puede hacer (no mucho, pero sí) más que esto. No es que esté peor que sus compañeros de reparto: las actuaciones de Justin Timberlake y Gemma Arterton tampoco aportan mucho más allá de la fotogenia. Pero la mirada cae con más insistencia sobre su personaje, un mafioso cool de las apuestas online, que Affleck a veces interpreta de modo excesivamente rígido y otras con saturado histrionismo. 
Apuesta máxima coloca a su protagonista, un estudiante de finanzas que corre apuestas en el campus para poder pagar su carrera (Timberlake), en la disyuntiva de involucrarse en una actividad ilegal para poder costear el “derecho” de pertenecer a una sociedad ABC1. Curiosamente, cuando el relato se traslada a Costa Rica, la imagen que se da es la de una sociedad esencialmente corrupta, donde hasta la moral y la ética son pasibles de ser transaccionadas: alcanza con tener suficiente efectivo para poder comprar o vender. La película nunca es consciente de que la imagen que da de los Estados Unidos es exactamente la misma, la de un lugar en donde todo se puede comprar, por ejemplo: un buen título universitario. Aunque prefieran utilizar la palabra pagar y no vean ningún problema en que las cosas funcionen así. La película parece venir a criticar eso, pero pronto elige reducir todo a la maldad individual y seguir soñando una tierra justa y prometida donde todos tienen oportunidades. Sólo hay que ser lindo y contar con el dinero necesario para seguir comprando. O apostando, en este caso es exactamente lo mismo. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura y Espectáculos de Página/12.

jueves, 17 de octubre de 2013

CINE - "Riddick", de David Twohy: Todo un Diesel

Vin Diesel ha hecho de lo mínimo una marca registrada, en donde lo que importa no es tanto el despliegue de recursos sino tener la habilidad de aplicar los pocos que se tienen en el momento justo. No se puede decir, por ahora, que Diesel sea un gran actor, pero sí que sabe qué personajes elegir –generalmente renegados- y cómo volverlos atractivos. Detalles que no parecen mucho, pero que pueden hacer de un actor regular uno respetado. El protagonista de Riddick, el mismo de Pitch Black y La batalla de Riddick, es uno de esos personajes que, como el Toretto de Rápido y furioso, parecen hechos para él. El regreso de este personaje a casi diez años de la película anterior, confirma que la saga dirigida por David Twohy (un cineasta que tampoco será un auteur, pero que suele filmar películas cumplidoras), se ha convertido un objeto de culto. Esta vez viene a refrendar su pacto con los fanáticos e incluso a mejorar lo hecho hasta ahora, aunque de algún modo no hace sino contar más de lo mismo acerca de este peligroso pero noble criminal, que se la pasa huyendo de planeta en planeta.  
Riddick obvia lo ocurrido en su antecesora, cuestión que resuelve sin importarle gran cosa en un par de escenas que representan una enorme elipsis, y vuelve a dejar al protagonista como en “La Balsa”: triste y solo en un mundo abandonado. Además de malherido y rodeado de monstruos del espacio. Pronto el personaje se da cuenta de que su única alternativa para salir con vida es activar un pedido de auxilio que al mismo tiempo revela su presencia a los cazadores de recompensa, que serán los primeros en llegar al lugar. De este modo el film no sólo prescinde de todo lo contado en la segunda película, de estética más ampulosa y ligada a las ochentosas tapas de revistas como Metal Hurlant, Xymoc o la primera y mítica etapa de Fierro, sino que se vincula de manera directa con la atmósfera de western carpenteriano de Pitch Black. Aunque más que vincularse en realidad repite aquella historia de enemigos íntimos que, encerrados, deben ponerse de acuerdo para luchar contra una amenaza común. Que en una película muy violenta la escena más traumática tenga como protagonista a un animal, habla a las claras de la humanidad que esta rezuma a pesar de todo. Riddick no sólo cumple con las expectativas, sino que de yapa entrega una creación antológica de actor español Jordi Mollá, en la piel de un cazarrecompensas con muchísimos matices que, como no, responde al nombre de Santana.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura y Espectáculos de Página/12.

CINE - "Corazón de León", de Marcos Carnevale: Gran comediante en comedia pequeña

A simple vista podría parecer que el de Corazón de León es el protagónico más complejo de los que componen el currículum cinematográfico de Guillermo Francella. Un logro módico, teniendo en cuenta el perfil más bien chato de los personajes que el cómico más popular de la televisión argentina suele elegir a la hora de hacer comedia en el cine. Está claro por qué otros de sus trabajos, como los realizados en películas como El secreto de sus ojos o Los Marziano, quedan fuera de esta lista. En cambio su paso por Papá es un ídolo, Un argentino en Nueva York o la saga de Los Bañeros parece justificar la afirmación. Pero si se piensa un poco la cuestión, tal vez sólo se trate de una ilusión óptica o simplemente de un truco de los efectos especiales, que son la zanahoria con que este nuevo trabajo de Marcos Carnevale se propone llenar las salas.
Es inevitable no comenzar por mencionar las particularidades físicas de León, el personaje interpretado por Francella, teniendo en cuenta que, por obra de los efectos, se trata de un enano. O más bien un liliputiense, una persona de muy baja estatura pero cuyas proporciones físicas se mantienen dentro del promedio. Una especie de hobbit porteño con una personalidad seductora, pícara y extrovertida, características que comparte con la mayoría de los personajes clásicos el actor. Y ahí es donde aquel riesgo que parecía tomar se vuelve apenas una cuestión de efecto: más allá de que los códigos no sean los mismos (acá no hay miradas a cámara ni improvisaciones que busquen de manera olmediana la complicidad del público, como en la televisión), León no es ajeno a las reglas, gestos y mohínes que definen a la mayoría de las creaciones de Francella. Y eso provoca un efecto paradójico.
La primera mitad del relato, cuando León consigue seducir y conquistar a Ivana (Julieta Díaz) a pesar de su metro 36, más allá de lo efectivo del truco de jibarizar a Francella y del buen desempeño de todo el elenco (incluido Nicolás, el hijo de Guillermo), no pretende sino obtener rédito del talento del cómico potenciado por el truco del mini Francella. Y eso la hace básicamente conservadora. Por el contrario, en la segunda mitad, donde el actor corre el riesgo de apartarse de su zona de confort para darle a León un matiz sufrido y melancólico, el film se impregna de un tono patético a fuerza de poner en fila una buena cantidad de clichés del melodrama romántico. Eso quizá sea consecuencia de una mirada cinematográfica un poco fuera de época, sobre todo si se piensa en productos similares. Los últimos trabajos de Adrián Suar (con los que Corazón de León pretende dialogar en alguna escena), o Vino para robar, la recién estrenada película de Ariel Winograd, son la prueba de que en la Argentina hay materia prima para realizar este tipo de comedias. Aunque Díaz y Maurico Dayub demuestran versatilidad en el género y acompañan con eficiencia el carisma de Francella, cuesta entender como un actor con sus dotes no consigue encontrar proyectos al nivel de esa tremenda capacidad cómica que Corazón de León explota a medias.  

Artículo originalmente publicado... perdón, no publicado. ¿O sí? Bueno, acá está.

lunes, 14 de octubre de 2013

CINE - Comenzó el Festival Internacional de Costa Rica Paz con la Tierra: El cine como camino

Con la Argentina como país invitado, comenzó este fin de semana la edición 2013 del Costa Rica Festival Internacional de Cine Paz con la Tierra. Bajo ese curioso nombre, este festival reúne una breve pero enérgica programación, que este año incluye muchos y muy buenos ejemplos de qué y cuántas cosas es el cine argentino. En virtud de ese protagonismo, la proyección de apertura corrió por cuenta de Tésis sobre un homicidio, el thriller dirigido por Hernán Golfrid y protagonizado por Ricardo Darín. Basada en una novela de Diego Pazkowski, Tesis sobre un homicidio es también una de las películas nacionales más exitosas de este año en términos de público, una de las pocas que hasta ahora ha conseguido superar la gran barrera del millón de espectadores. Aquí en Costa Rica también fue muy bien recibida, virtud de su intrigante historia policial narrada con eficiencia por Golfrid, quien estuvo presente durante la función de apertura, que contó con la presencia del ministro de cultura de Costa Rica Manuel Obregón, y del embajador argentino Martín Balza.
Otros de los directores argentinos invitados por el Festival son el gran Carlos Sorín y Ana Piterbarg, presentando sus películas Bombón el perro y Todos tenemos un plan. La primera de ellas forma parte de la retrospectiva que el festival le dedica al cine argentino, y la segunda de la Competencia Internacional de ficción. Otra importante personalidad del cine nacional que participa del festival es Luis Puenzo, quien desempeña su doble papel de director y productor, ya que su película La historia oficial, ganadora del primer Oscar que la Academia del Cine de Hollywood otorgó a un film argentino, también forma parte de la retrospectiva, igual que Wakolda, tercera película de su hija Lucía Puenzo, producida por él y que este año ha sido elegida como precandidata a los prestigiosos premios del cine estadounidense. Otra película que participa de la competencia es Infancia clandestina, de Benjamín Avila, también producida por la compañía de Puenzo. 
En el panorama internacional, en Costa Rica también se proyectarán películas como Blancanieves, del español Pablo Berger, última ganadora de los premios Goya del cine español; La parte de los Ángeles, del británico Ken Loach, parte de la competencia de Cannes 2013, y la calida comedia uruguaya Tanta agua, de Ana Guevara, que pasó por los festivales de Berlín, Punta del Este, BAFICI, UNASUR y que ahora recala aquí en Centroamérica.
Dentro de las actividades extra cinematográficas, al cierre de esta edición el músico argentino José Luis Castiñeira de Dios ofrecía un espectáculo musical con una selección de composiciones clásicas argentinas. Para la ocasión Castiñeira de Dios, que además participa del festival en su carácter Director Nacional de Artes, dirigió la Orquesta Sinfónica Juvenil de Costa Rica , con quienes interpretó un repertorio basado en obras identificadas con algunas películas emblemáticas, como La noche de los lápices, de Héctor Olivera (que también participa de la retrospectiva de cine argentino), o El rigor del destino del cineasta tucumano Gerardo Vallejo. También se incluyó a modo de homenaje algunas obras de Astor Piazzolla, como "Oblivion" o "Dansée", con el bandoneonista Horacio Diomi como solista.
No puede dejar de mencionarse la particularidad del lema que el festival incluye dentro de su nombre, Paz con la tierra, porque tiene una justa razón de ser. Esta consigna se encuentra vinculada con la idiosincrasia costarricense, una de las pocas naciones del mundo que decidió, luego de una breve pero significativa guerra civil, en la década de 1940, prescindir del uso de fuerzas armadas o ejército nacional. Una decisión que habla de la voluntad de encontrar una forma distinta de vincularse con el mundo, y que este cálido festival también busca hacer suya a la hora de encontrar un camino cinematográfico para expresarla cabalmente. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.