lunes, 15 de junio de 2020

CINE - La Nave de los Sueños, cine argentino en la Biblioteca Nacional: Y la nave va (online)

En el marco de la celebración de su vigésimo quinto aniversario, la asociación La Nave de los Sueños lanza una nueva temporada de su ya clásico ciclo de cine argentino, el mismo que desde hace 15 años se realiza de forma ininterrumpida en el espacio de la Biblioteca Nacional. Claro que en esta oportunidad lo hace en el formato online, acomodándose al particular desafío que la crisis sanitaria desatada hace tres meses por la pandemia de covid-19 le impone al conjunto de toda la sociedad, incluidos por supuesto los gestores culturales.
Como siempre, sus funciones seguirán teniendo lugar cada semana los martes a las 19. Solo que en lugar de realizarse en la sala Jorge Luis Borges, punto de encuentro habitual hasta la entrada en vigor del aislamiento social preventivo –que, entre otras cosas, suspendió todas las actividades de carácter colectivo—, se concretarán a través del canal de YouTube de la Biblioteca . Quienes deseen participar de la experiencia, ahí encontrarán los enlaces para acceder a la visualización de la película programada cada semana. Las mismas estarán disponibles de forma gratuita durante un lapso de siete días. Las actividades propuestas se completan con una charla que los anfitriones del ciclo realizan junto a los realizadores de cada uno de los trabajos presentados.
Durante el bimestre de junio y julio, las actividades estarán dedicadas a ilustrar el vínculo estrecho que existe entre el cine y la literatura en todas sus formas. La programación se propone abarcar el arco completo de los formatos audiovisuales, incluyendo no solo documentales y películas de ficción inspiradas en obras literarias nacionales, todas ellas de reciente producción, sino también miniseries que abordan el tema elegido para el regreso 2020 de La Nave de los Sueños, esta vez en versión streaming. Y justamente será una serie la encargada de abrir las actividades este martes 16 de junio.
Se trata del lanzamiento de Colectivo editorial, en cuyos capítulos los directores Marcos Almada y Elías Gismondi se propusieron retratar el efervescente universo de las editoriales independientes no solo de la Argentina, sino también de otras realidades de América latina. A través de cada episodio la serie se propone ir presentado a distintos sellos editoriales, siempre a partir de las figuras de sus responsables. Son ellos quienes cuentan en primera persona en qué consiste el trabajo arduo que realizan para dar a conocer las obras de sus autores.
El recorrido abarca el origen de cada sello, rastreando en sus creadores el impulso que los llevó a aventurarse en el complejo camino de la industria editorial. Esto incluye, por supuesto, las dificultades económicas y políticas que afectan a este sector fundamental para mantener saludable y activa a la literatura vernácula. Colectivo editorial fue realizada con el apoyo del Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual (Fomeca) y entre los sellos que participan se encuentran las editoriales Conejos, Añosluz, Santos Locos, Gourmet Musical, Rara avis, Casagrande (Rosario), Lote 42 (Brasil) o El cuervo (Bolivia).
El martes 23 será el turno del documental Los prohibidos, dirigido, escrito y producido por Andrea Schellemberg. El mismo aborda la historia de Silvana Castro, una mujer que trabaja en la Biblioteca del Congreso de la Nación, donde se encuentra a cargo del área de Colecciones Especiales. Este espacio está dedicado a guardar y preservar aquellos libros que fueron perseguidos y prohibidos durante los distintos gobiernos inconstitucionales que asaltaron el poder entre 1930 y 1983. Esta particular colección de libros prohibidos era exhibida al público en una muestra de carácter anual, cuyo recorrido permitía reconstruir cuáles fueron aquellas expresiones culturales y políticas que las distintas dictaduras intentaron acallar y desaparecer. Pero en el año 2016 esos libros dejaron de exhibirse públicamente. En su película Schellemberg ilustra los esfuerzos que Castro realiza junto a sus colegas María Julia Rillo y Diana Campi para intentar reeditar esta ilustrativa muestra en el Palacio Legislativo.
Aunque el ciclo continuará durante el mes que viene, las actividades de junio cerrarán con el preestreno de otro documental. Se trata de Digamos, en el que su director, Damián Sierra, aborda otro espacio característico del campo literario argentino: los recitales de poesía. Todas las semanas en la ciudad de Buenos Aires se realizan gran cantidad de fechas de poesía con propuestas variadas, que incluyen desde lecturas y slams hasta ciclos y exhibiciones, entre otras actividades. Se trata del emergente de un panorama en expansión constante, en el que las editoriales independientes siguen apostando a ampliar sus catálogos y los autores se multiplican, empujados por una tradición poética como la argentina, siempre dispuesta a acompañar los versos con acciones. Surge así una red de actividades que los y las propias poetas amplifican a través de las redes sociales, haciendo que sus poemas sean consumidos y compartidos por personas que de otra manera nunca hubiesen accedido a ellos.
Entre los protagonistas de Digamos se encuentran algunas de las voces más reconocibles de poesía vernácula actual, como Walter Lezcano, Martina Cruz, Tomás Rosner, Flavia Calise, Virginia Sammartino, Leandro Gabilondo, Julieta Habif, Malena Saito, Nicolás Igarzábal, Francisca Pérez Lence, Marina Condó, Tomás Mártinz, Marcos Gras, Manuel Marchioni o Bruno Pizzorno. Son ellos los que aportan sus reflexiones sobre el mundo con el fin de reconfigurar un concepto poético en permanente transformación. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 11 de junio de 2020

CINE - "The Souvenir", de Joanna Hogg: Una memoria neoromántica

Julie es una temprana estudiante de cine. Tiene apenas 20 años y ese ímpetu juvenil que le hace creer que sabe muy bien lo que quiere. Por supuesto, está equivocada. Ella le cuenta a todo el mundo la idea que tiene para su primera película, pero cada vez que lo hace la mirada de los otros va socavando sus certezas. Al mismo tiempo conoce a Anthony, un enigmático, seductor y culto hombre de mundo algo mayor que ella, quien la deslumbra con esa inteligencia ácida y un poco despectiva que caracteriza a la fauna de la más alta aristocracia británica. La devoción que comienza a sentir por él coincide con ajustada simetría con el desmoronamiento de esa ilusoria confianza en sí misma. A esa altura Julie ya no está tan segura de lo que cree, ni de lo que quiere filmar, ni de qué cosa es o debieran ser el cine o la vida.
Exquisito cuarto trabajo de Joanna Hogg, en su capa más superficial The Souvenir es un relato estrictamente autobiográfico, en el que la cineasta británica explora los años de su juventud a través de los zurcos abiertos por un primer amor turbulento. De hecho, el film comienza con las fotografías en blanco y negro que la propia directora tomo en 1980 cuando ella misma cursaba los años iniciales de la escuela de cine. Imágenes de Sunderland, una ciudad portuaria devastada por la crisis económica al comienzo del gobierno de Margaret Tatcher. Encima de ellas, la voz en off de la protagonista esboza la sinopsis de esa película que quiere filmar en la frontera entre la ficción y el documental.
The Souvenir es un retrato de muchas caras. Por un lado, una historia de amor más grande que la vida, tormentosa cuanto apasionada, cargadacon iguales dosis de placer y de dolor. Por otro, el camino que Julie va abriendo a los golpes en busca de descubrir quién es o qué quiere. Al mismo tiempo, se trata de un ensayo sobre cine construido a partir del diálogo que se produce entre el desarrollo de la trama y una serie de ideas dispersas, traficadas a través de distintos personajes. Este juego queda establecido ya al comienzo de la película, cuando durante su primera cita Anthony cuestiona las ideas de Julie. Él afirma que en el cine “no queremos ver la vida representada tal como es”, sino que lo que “queremos ver es la experiencia de la vida”. Una diferencia sutil que establece la enorme distancia que hay entre la mera observación y la puesta en escena, un camino que Hogg se ocupa de desandar en su película.
En el complejo entramado que propone la directora, en el que se enlazan recursos como el registro fotográfico, el uso de distintas texturas fílmicas o la reproducción de diálogos epistolares, convierten a The Souvenir en un epígono cinematográfico del romanticismo decimonónico. No en vano es posible reconocer en la historia de Hogg ecos de La educación sentimental, última novela de Gustave Flaubert, o de Cumbres borrascosas de Emily Brontë. Incluso ese carácter se vuelve literal en el rol central que juega la imagen del cuadro que da nombre a la película, obra del francés Jean-Honoré Fragonard, que a pesar de pertenecer a un período inmediatamente anterior, representa a la perfección el espíritu romántico del siglo XIX. Al mismo tiempo, su paleta de colores y el tratamiento de la luz parecen haber sido la referencia que la directora utilizó para la fotografía de la película.
El cuadro muestra a una mujer tallando una inicial en un árbol, mientras una carta yace a sus pies, sobre la tierra. Como si se tratara de un Aleph, Hogg reúne en esa imagen, que Anthony le revela a Julie durante las primeras escenas, todas las líneas del relato. Ahí está la joven volviéndose mujer que busca dejar su marca en el mundo, pero aún a la sombra de su amante. “Se la ve triste”, dice ella, fascinada por el cuadro. “Pero también decidida. Y enamorada”, agrega él. El diálogo le adelanta al espectador el recorrido por venir, aunque Julie aún no sabe cuánto de ella misma hay en esa imagen, ni cuánto de los infiernos y los paraísos al que la expondrá su vínculo con Anthony. El “souvenir”, en este caso, es esa memoria de la que Hogg se vale para relatar su historia. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

viernes, 5 de junio de 2020

CINE - "Bad Education", de Cory Finley: La fachada perfecta

Hay juegos muy simples que todos los padres del mundo han utilizado desde siempre para asombrar a sus hijos cuando todavía son chiquitos. El de filtrar un rayo de luz a través de un cristal facetado, para revelar el secreto de su abanico cromático, es uno de esos trucos modestos a los que, aunque parezca increíble, los siglos transcurridos no han conseguido quitarle ni un poco de su magia. A veces el cine también funciona como un prisma, que al ser utilizado para proyectar una historia determinada le permite al espectador descubrir, no sin asombro, que en ella cabe mucho más de lo que la superficie del relato parece ofrecer.
Algo de eso ocurre con Bad Education, segunda película del prometedor director estadounidense Cory Finley, quien se vale de la mayor estafa cometida contra una escuela en la historia de los Estados Unidos no solo para abordar la reconstrucción lisa y llana del caso, sino para permitirse esbozar un ensayo sobre la condición humana. Un auténtico arco iris dentro del cual es posible encontrar una radiografía crítica del sistema capitalista; un mapa de las reglas que es capaz de romper un individuo para alcanzar a toda costa el imperativo del éxito; o una instantánea de cómo los padres trasladan esa lógica perversa a sus hijos. Y sobre todo, Bad Education es el retrato de un hombre tan codicioso como vulnerable, cuyos claroscuros la película convierte en un impiadoso "yo acuso" contra la sociedad que lo produjo (y que lo alentó mientras le fue de provecho), pero que ante la revelación de lo corrupto se tapa los ojos para no ver en él un reflejo de profundos vicios propios.
Frank Tassone era el hombre perfecto. Encantador, buen compañero, siempre de buen humor, elegante, culto y, lo más importante: el mejor en su trabajo. Él logró convertir una escuela del montón en una de las más sólidas de Estados Unidos, una cuyo prestigio le garantizaba a sus egresados recibir la atención de las principales universidades del país. Y ya se sabe lo que eso vale en un sistema en donde las reglas del mercado también rigen la lógica de la educación. El primer acierto de Bad Education es enorme: haberle dado al protagonista la ventaja de contar con el cuerpo, la cara y la gracia de Hugh Jackman, la fachada perfecta para un personaje como Tassone. Porque si hay alguien capaz de convencer a cualquiera de que el mejor tipo del mundo puede ser también un sociópata manipulador de primera, para terminar descubriendo bajo esas máscaras a un hombre sensible y adicto al afecto de los otros, ese alguien es el actor australiano.
El uso de la palabra fachada es una de las claves del relato, que Finley conduce con oficio infrecuente para alguien con apenas dos trabajos. El principal recurso con el que cuenta el director es el de ir revelando de a poco quién es en realidad Tassone, apostando a provocar en el espectador el mismo desconcierto que provocó en quienes confiaron en él. La película utiliza la coquetería del protagonista como un recurso que le permite jugar con esa alegoría de la fachada. Porque Tassone convirtió a su vida pública en una puesta en escena que no solo demandaba de sus naturales dones de seductor, sino también de maquillajes y otros “efectos especiales”. Detrás de esa imagen siempre “perfecta” se ocultaban sus engaños, pero también aquello que muchos prefieren no sacar nunca del ropero, detalle que Finley usa no de forma condenatoria, sino para recalcar los dobleces del personaje.
El director aprovecha todo eso para ir dosificando la información con astucia, siempre atento a lo que la trama va demandando. Por ese camino Tassone comienza encarnando al héroe, el tipo que todos quieren de amigo y de cuyo trabajo todos se benefician, para convertirse en pocos pasos en un psicópata capaz de cualquier cosa con tal de salirse con la suya. Lejos de soltarle la mano, la película lo abraza, haciendo que en el victimario conviva la doble condición de culpable y de chivo expiatorio de una maquina que, mientras funcionaba bien, a nadie le importaba preguntarse cómo lo hacía. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 4 de junio de 2020

CINE - "Gauchito Gil", de Fernando Del Castillo: La historia de un mito

Cuarta película que aborda la figura del mítico Gauchito Gil en menos de dos años, el film homónimo de Fernando Del Castillo se concentra en la reconstrucción del relato histórico detrás del personaje, indagando en el origen de uno de los ritos místicos más extendidos de la cultura popular local. Tan lejos del documental Antonio Gil, en el que Lía Dansker retrató las peregrinaciones multitudinarias al santuario del venerado, como de la ficción pura sobre la que se mueve Un Gauchito Gil, de Joaquín Pedretti, este nuevo acercamiento tiene varios puntos en común con la perspectiva que Cristian Jure desarrolló en Gracias Gauchito Gil. A diferencia de esta última, en donde el desvío hacia lo fantástico ocupa un rol importante, Del Castillo se atiene a lo que se conoce del personaje real a partir de los documentos de la época. Y se permite hacerlo echando mano a los recursos propios de géneros como el drama (en sus variantes romántica y trágica) y sobre todo, el western.
Como ocurre con el origen de este último en del cine clásico de los Estados Unidos, el director usa al western como vehículo para contrabandear ese relato histórico. Siempre propenso a permitir el surgimiento de lo heroico, el western resulta ideal para que las narraciones épicas en torno al origen de una nación fluyan de forma cinematográficamente atractiva. El director (y guionista) aprovecha las posibilidades de dicho molde para plantar sobre él la estructura de una historia que tiene como trasfondo a la nefasta Guerra del Paraguay, y al enfrentamiento entre unitarios y federales, génesis de la disputa ideológica que desde su origen signa el devenir de la política vernácula.
Los hechos que narra Gauchito Gil tienen lugar en Corrientes, en 1870. Ahí y entonces transcurren los últimos días de Antonio Gil, un exsoldado del ejército que formó parte de la Triple Alianza con Uruguay y Brasil para aplastar al pujante Paraguay. A pesar de su desempeño heroico, el gaucho aprendió en el campo de batalla el sinsentido de esos enfrentamientos fraticidas. Por eso al ser obligado a alistarse en las filas celestes del liberalismo correntino, Gil (que se identifica con el colorado de los autonomistas) no solo se niega a hacerlo sino que huye, y comienza a ser perseguido por desertor y cuatrero.
Como un Robin Hood sapucay que reparte su botín entre la peonada, el prófugo se convierte en héroe del pueblo. La vida del matrero, que en la actualidad es venerado como un santo, le sirve a Del Castillo para exponer de forma sucinta el contexto histórico y su apuesta funciona. También lo hace en el terreno narrativo, poniendo en escena con eficiencia los hechos que llevaron a Gil a trascender su propia muerte. Para ello cuenta con el trabajo de un elenco que en general maneja bien el tono dramático que demanda el western. A pesar de los excesos de una musicalización demasiado presente y connotativa, y de las dificultades de una producción limitada, Gauchito Gil consigue narrar lo histórico y rescatar lo heroico para comprender lo mítico. 

Artículo publicado originalmente en la ección Espectáculos de Página/12.

lunes, 1 de junio de 2020

CINE - Con apoyo de la NASA, Tom Cruise y Elon Musk harán una película en el espacio

La historia de las películas de aventuras espaciales está a punto de dar su propio pequeño paso, pero que constituirá un salto monumental para la industria del cine. Es que Tom Cruise, una de las estrellas más grandes del Hollywood contemporáneo, ha decidido unir fuerzas con Elon Musk, uno de los hombres más ricos del planeta, para crear la primera película de acción y ciencia ficción filmada fuera de nuestro planeta. El film, que todavía no tiene nombre y del cual ni siquiera se conoce la trama, tendrá como escenario la Estación Espacial Internacional (ISS, por su sigla en inglés) y contará además con el indispensable apoyo de la NASA. Es que sin la experiencia y la infraestructura de la agencia espacial de los Estados Unidos todo el proyecto sería imposible de llevar a cabo.
Aunque la noticia la dio a conocer hace un mes el portal del espectáculo Deadline.com, recién ahora la extravagante iniciativa tiene también un director a cargo. Se trata del estadounidense Doug Liman, cuya filmografía acumula unos cuantos títulos que justifican su elección. Entre ellos se destacan Identidad desconocida (2002), la primera y estupenda película de la saga del espía amnésico Jason Bourne, y el film de ciencia ficción Al filo del mañana (2014), protagonizado por el propio Cruise junto a la actriz Emily Blunt.
La sociedad entre el actor y el magnate de la tecnología parece perfecta para encarar con éxito un proyecto semejante. En primer lugar porque Musk es uno de los millonarios que más invierte en el intento de llevar el progreso tecnológico más allá de sus límites. De origen sudafricano, Musk construyó su fortuna en base a arriesgar de forma permanente en negocios que desafían las lógicas del mercado. Socio fundador de la empresa de pagos online PayPal, de la automotriz Tesla, fabricante de los primeros autos eléctricos de alta gama, y de la ahora famosa SpaceX, con la que acaba de poner en órbita a la Crew Dragon, primera nave tripulada enviada al espacio con financiación de una empresa privada. Físico de carrera, Musk es además uno de los diseñadores de la Crew Dragon. Cualquier parecido entre él y Tony Stark, el millonario de ficción que tiene una doble vida como el superhéroe Iron Man, no es pura coincidencia.
Por su parte Cruise, que el mes entrante cumplirá 58 años, encarna como ningún otro el arquetipo del actor dispuesto a todo con tal de poner en la pantalla espectáculos nunca antes vistos. Aunque no es el único que realiza sus propias escenas de acción sin utilizar dobles de riesgo, el protagonista de Top Gun ha llevado esa decisión más lejos que ningún otro. Por ejemplo, filmar él mismo una secuencia en la que se lo ve colgado de un gigantesco avión de carga durante el despegue, que forma parte de la película Misión Imposible: Nación secreta (2018). O escalar por sus propios medios la superficie vidriada de la torre Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo que se encuentra en Dubai, a más de 600 metros del suelo, en Misión Imposible: El protocolo fantasma (2011). Después de esas altísimas dosis de adrenalina, ¿qué otra alternativa tenía Cruise sino filmar directamente en el espacio? Bueno, parece que una vez más el caprichoso Tom se saldrá con la suya.
Más allá de todas estas confirmaciones y detalles de alto impacto mediático, el proyecto aún se encuentra en una etapa inicial, por lo cual su concreción demanda todavía de innumerables y complejos pasos. Entre ellos, asegurar la participación de alguno de los grandes estudios de Hollywood, ya que ninguno todavía ha anunciado respaldar una inversión de tanto riesgo. Por otra parte los involucrados tienen por delante unas cuantas prioridades antes de meterse de lleno con esta película.
Por el momento Musk se encuentra muy atareado, monitoreando que todo salga bien en la misión Crew Dragon, que ayer se acopló con éxito a la mencionada ISS, donde los dos astronautas de su tripulación permanecerán entre dos y tres meses antes de regresar a la Tierra. En tanto que Cruise y Liman tienen varias películas por delante. El actor prepara la presentación de Maverick, secuela de la exitosa Top Gun, cuyo estreno fue reprogramado para fin de año debido a la crisis causada por la pandemia de covid-19. Y a continuación se dedicará a rodar la séptima entrega de la exitosa saga Misión Imposible. Debido a las demandas de su propia agenda, es muy probable que para cuando por fin pueda encarar esta aventura de filmar en el espacio, Cruise ya tenga más de 60 años. 

Artículo pblicado originlmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar