miércoles, 4 de diciembre de 2013

PREMIOS - "Mis días con Giselle Rímolo en la cárcel", de María Silvina Prieto: Contar el encierro

Una las primeras lecciones que suelen recibir los alumnos de todas las escuelas de periodismo, se refiere al carácter en esencia extraordinario de la noticia y suele resumirse en una frase, que a fuerza de reiteraciones se ha convertido en un lugar común: “No es noticia que un perro muerda a una persona; la noticia sería que la persona mordiera al perro”. Según esta idea, las noticias deben dar cuenta de aquellos hechos imprevisibles o sorpresivos que van contra la naturaleza misma. Desde esa lógica simple puede afirmarse que la mitad de las noticias que se publican en los diarios en realidad no lo son. Por ejemplo, la corrupción parece tan propia de la clase política como el morder es natural en un perro. La noticia sería entonces que un político estuviera limpio de sospechas. O, ya que esta es la sección de cultura, vale mencionar el caso de los escritores. No debiera ser noticia que los buenos escritores recibieran premios por sus mejores trabajos. En ese caso la noticia sería otra, por ejemplo: “Pésimo escritor recibe Gran Premio de Literatura”. Lo increíble es que esto a veces ocurre, pero es raro que los diarios lo comenten.
Con las cárceles pasa lo mismo. ¿Por qué serían noticia el estallido de un nuevo motín; o las pésimas condiciones sanitarias de los penales; o maltrato que reciben los internos por parte del personal penitenciario o de de sus propios compañeros de encierro? ¿No es eso lo que se espera que ocurra en una cárcel, ese espacio que en el imaginario de la clase media pequeño burguesa representa poco menos que el infierno? Lo cierto es que los diarios no acostumbran a dar buenas nuevas relacionadas con las cárceles cuando, justamente, esas serían las auténticas noticias. Por eso es grato informar que María Silvina Prieto, una mujer de 46 años detenida en el Penal de Mujeres de Ezeiza, es la ganadora del Primer Premio de Crónicas La Voluntad, organizado por la Fundación Tomás Eloy Martínez, editorial Planeta y revista Anfibia. Una verdadera noticia no sólo porque contradice las expectativas, sino porque expande la definición de la realidad y demuestra que el mundo es mucho más grande que los límites que imponen los prejuicios.
Titulada Mis días con Giselle Rímolo en la cárcel, la crónica de Prieto pone en primer plano al personaje mediático de la falsa médica y utiliza como excusa la experiencia de un espacio de reclusión compartido, para realizar un relato sotto voce (pero no tanto) de la vida carcelaria. Un retrato que justamente es sorprendente porque se aleja de los sórdidos clisés que cierto morbo editorial necesita encontrar en un relato carcelario. Pero este logro de Prieto no es casual. Más bien se trata de un ejemplo del ejercicio de la voluntad, en un estupendo caso de sincronía que le hace honor al nombre del concurso. Es que Prieto, condenada a prisión perpetua, decidió usar su encierro para cambiar su vida. Participó en infinidad de talleres de escritura, de poesía, de narración; fue parte de la película Lunas cautivas-Historias de poetas presas, de Marcia Paradiso, y junto a Liliana Cabrera, una de sus compañeras de prisión, fundó la editorial cartonera Me muero muerta, que funciona dentro de la unidad carcelaria 31 de Ezeiza, a través de la cual editan sus libros.
Para Eduardo Anguita –quien formó parte del jurado que premió el texto de Prieto, tarea que compartió con Paula Pérez Alonso, Martín Caparrós, Ezequiel Martínez y Cristian Alarcón-, esta primera edición del Premio de Crónicas La Voluntad fue un éxito, con más de 150 trabajos recibidos. Anguita considera que uno de los méritos del texto de Prieto es que consigue darle “un toque de originalidad a un personaje intrascendente como Giselle Rímolo” a partir de hacerla aparecer “en una serie de escenas que podrían ser más un relato costumbrista que de una crónica profunda o un relato antropológico”. Luego de elegirla ganadora, la confirmación de que la autora se encontraba detenida representó para él un llamado a la memoria. “En lo personal, no pude evitar recordar las cosas que escribían mis compañeros cuando estábamos presos, aquellos los relatos publicados en La Gaviota Blindada, un periódico sensacional que editábamos clandestinamente en el penal de Rawson”. 
Por eso Anguita no duda cuando afirma que el trabajo premiado es un relato de libertad. “Hay una frase tumbera que circula entre los presos que toman pastillas para dormir 16 horas por día, que dice que de ese modo ‘le robás horas al juez’. De esa manera estás libre, te alienás un poco para no sentir el peso de la prisión. Lo que hace Prieto es un ejercicio de libertad creativo y consciente, porque logra en el momento en que escribe estar ajena al hormigón y a los barrotes. Cuando escribe Prieto está libre.”  

La mesa está servida (Un Fragmento) 

Por lo general se dice que en un penal de hombres se ven más visitas que en uno de mujeres. Tal vez la fidelidad femenina se destaca más en estas circunstancias. Es cierto que las oportunidades de trabajo para los masculinos son menores que para las mujeres. Mantenerse dentro de un penal no es fácil. También convengamos que las mujeres tenemos más gastos: maquillaje, maquinitas de afeitar, jabón perfumado, ropa, algún perfume permitido, corpiños de encaje para alguna ocasión especial en las visitas íntimas (ya no se usa el término “higiénicas”, porque de higiénicas no tienen nada y debería extenderme en una explicación que no viene al caso por ahora). Pero es verdad. Si uno pudiera pararse a observar la entrada en ambos penales a la misma hora, vería la diferencia. Por eso es que cada vez que alguien recibe visita todo se transforma en una fiesta. Se le da mucha importancia porque es lo que conecta con el afuera, con la familia, con los afectos, las noticias del día, los manjares que no se prueban hace años. Manjares que una minoría disfruta de manera ilegal, pero que con la venia de los penitenciarios se vuelven tan legal como el agua que sale de los grifos.
Pasamos veladas encantadoras, hacinadas en el Sum, con chicos que juegan a la pelota y usan los termos de agua caliente para sus arcos de fútbol, escuchando de fondo la música ensordecedora de los himnos de la cárcel (cumbia villera, cumbia santafesina, salsa de la buena, bachata y algún que otro rock and roll), manos de enamorados que se pierden bajo los manteles que sospechosamente están más caídos de un lado que del otro. Los baños, tanto para los visitantes como los que usan las internas, rotos desde hace años, dejan una estela de agua que decanta, por el desnivel del piso, hacia el patio con jardín y todo eso. Da la sensación de estar pasando un día genial en un recreo en el Delta del Paraná.

Para leer la crónica completa hacer click ACA.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

jueves, 28 de noviembre de 2013

TELEVISIÓN - "Fantasmagorías", de Mercedes Moreira: Asustando niños

Basta enterrar un poco las manos en el barro de la memoria para confirmar que no hay emociones más intensas y de impresión más persistente durante la niñez que el miedo y la risa. La infancia es el único momento en la vida en que cualquier morisqueta provoca carcajadas y todas las sombras (incluidas las chinescas) producen terror. Por eso no sorprende que Fantasmagorías, una serie animada pensada para chicos y preadolescentes, haya elegido de forma oportuna combinar ambos elementos. Producida por el estudio de animación Eucalyptus, con dirección de Mercedes Moreira y las voces de Peto Menahem, Sebastián Wainraich, Julieta Pink, Malena Pichot, Kevin Johansen, Favio Posca, Nazareno Anton, Tomás Ross, Lucas Hollrigl y Francisco Madoery, Fantasmagorías recupera y aprovecha una estética del terror que tanto tiende puentes con el modelo clásico del cine estadounidense, como con los trabajos de Narciso Ibáñez Menta, maestro indiscutido del género en la Argentina. Una idea que los chicos sin dudas disfrutarán entre sobresaltos y risitas nerviosas.
Surgida del Plan de Fomento TDA, a través del primer concurso para series animadas de INCAA TV, Fantasmagorías se emite los martes a las 20 por la plataforma de Contenidos Digitales Abiertos (CDA) y sus cuatro capítulos iniciales forman parte de los contenidos del Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino (BACUA). “Hacía tiempo queríamos hacer dibujos animados a nuestra manera”, dice la directora Mercedes Moreira. “Fantasmagorías es el primer proyecto de un grupo de artistas que en paralelo a su lanzamiento también está logrando consolidarse como estudio de animación”, agrega. “Fue un proceso creativo intenso, realizado con mucho trabajo y dedicación por parte de todo el equipo de Eucalyptus, y el puntapié inicial para consolidarnos y seguir creyendo y confiando en el desarrollo de nuestras ideas.” Pero Moreira sabe que la serie representa un primer paso y por eso anuncia que van por más. “Ahora estamos empezando la pre-producción de nuestro primer largometraje, El Patalarga, con la misma estética y formas de la serie, siempre pensando en el público infantil”, adelanta la diretora y lanza una afirmación que casi suena a amenaza: “Será una historia fantástica con algo de suspenso y terror que sé que a los niños les va a encantar”.

-¿Cómo es hacer animación en la Argentina? Porque se trata de un género que existe pero no es muy difundido, ni cuenta con muchos espacios para exhibirse.  
-Bueno, eso esta cambiando. Cada vez hay más posibilidades en la Argentina para producir animación de calidad. Cada vez hay más apoyo del INCAA, técnicos más capacitados, más escuelas especializadas, creativos más experimentados y más posibilidades de coproducir con el exterior.
-¿Y por qué encararon un proyecto infantil basado en los códigos del terror? ¿No les preocupa andar asustando chicos?
-Me anime a encarar un proyecto de terror para chicos recordando que lo que me causó terror de niña eran obras que no me subestimaban y buscaban hacer asustar en serio. Uno de chico siempre se asustaba cuando lo que veía era un poco más elevado de lo que tenía permitido ver, porque el terror es naturalmente transgresor. Desde esa misma base me planteé narrar las historias de Fantasmagorías.
-Aunque no es nueva la fascinación de los chicos con el terror, ¿por qué creés que actualmente hay tantos productos que interpelan a los chicos desde el miedo?  
-No creo que haya tantas. Lo que si hay son muchos productos para niños donde los personajes son de terror, o la estética es oscura por decisión artística, pero no necesariamente hay terror en su temática, su narrativa y su intención.  
-Tu trabajo con Fantasmagorías parece apoyarse en la relación eterna del miedo y la risa, ese juego de causa y efecto que provoca que inmediatamente que uno se asusta no pueda evitar reírse. ¿Es inevitable que el susto y la risa se toquen?
-Esa mezcla de géneros fue buscada. De hecho hay un capitulo que tiene por protagonistas a cuatro grandes del humor y el stand up: Sebastián Wainraich, Peto Menahem, Julieta Pink y Malena Pichot. El terror en sí es un género absurdo y me pareció interesante darle también ese lugar, particularmente desde las actuaciones.  
-¿Fue difícil contar con un reparto de actores y artistas reconocidos que aceptaran ser parte del proyecto?  
-Esa parte en realidad fue muy fácil. Enseguida todos se coparon con el proyecto y fue muy lindo en lo personal, porque todos los actores que convoqué son artistas a los que admiro un montón. Fue genial haber tenido la posibilidad de trabajar con ellos.  
-¿Tuviste oportunidad de ver personalmente como responden los chicos frente a los episodios? ¿Cuál es tu episodio favorito?  
-Pude verlo y también saber a través de hijos de amigos. Fue hermoso ver como se copaban con la serie. Mi capítulo favorito creo que es Villa Santa Marta, donde los personajes entran a un pueblito perdido del que no pueden salir. Aunque en realidad me copan todos. Los chicos se copan con los capítulos donde hay niños, y las niñas con los de chicas. El vínculo que hacen cuando los protagonistas tienen su edad es inevitable. Fantasmagorías es una serie donde cada capítulo es una historia diferente, y no tiene continuidad. Esto hace que haya un poco para todos.
-¿Cuáles son los objetivos que se plantearon con Fantasmagorías? ¿Piensan hacer más episodios?  
-El objetivo fue hacer una serie de terror para pre-adolescentes con un estilo propio, que identifique e instale a Eucalyptus como estudio de animación. Y si, claro, pensamos hacer más capítulos, para seguir creciendo con el estudio y sus futuros proyectos. 

Para ver Fantasmagorías presionar ACÁ

Artículo Publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino. 

CINE - "El amor dura tres años" (L'amour dure trois ans), de Frédéric Beigbeder: Los peligros del Efecto Borges

Sugerencia para directores nóveles: Evitar el Efecto Borges. Se sabe que el escritor era un notable autor de prólogos y muchos dicen, casi es un lugar común, que sus textos de introducción suelen ser muy superiores a las obras que preceden. Aplicando el concepto al cine, puede decirse que es un peligro empezar una película con una escena documental en la que un gran artista (un director o un escritor genial) dice una de esas frases que sólo un alma o una mente única es capaz de producir. El genio es un bien escaso y se corre el riesgo de que todo lo que venga después equivalga a no dar la talla. Desconocer el Efecto Borges es el primer problema de El amor dura tres años, de Frédéric Beigbeder. ¿O alguien cree que es fácil salir airoso del desafío de hacer una comedia romántica ácida, después de poner al propio Charles Bukowski diciendo con una sonrisa amarga y un cigarrillo entre los dedos, que “el amor es una bruma que desaparece con las primeras luces de la realidad”?
Aun así la película no empieza mal, presentando en un clip que dura lo que el clásico de Elton John “Your song”, una eficaz escenificación del proceso descrito por el poeta, narrando sólo con imágenes el camino que va del surgimiento del amor hasta su disolución. Es decir, la película arranca con el divorcio de Marc, su protagonista, un crítico literario algo pedante y cínico pero en el fondo romántico, que luego de tres años de pareja se encuentra conviviendo con una extraña que lo detesta. De ahí a escribir un agrio libro de autoayuda con el mismo título de la película hay apenas un par de escenas. Como si se tratara de un diario personal filmado, el relato busca hacer cómplice al espectador, permitiéndole a Marc la posibilidad de quebrar la cuarta pared para hablar directamente a la platea, a la que le contará su historia e irá tirándole una lista larga de frases ligeramente ingeniosas. “En el siglo XXI el amor es un SMS sin respuesta” es un ejemplo que alcanza para ilustrar por dónde van las ocurrencias de El amor dura tres años.
El guión apuesta al one liner constante, camino por el que se vuelve dependiente de las habilidades para la comedia de su protagonista, Gaspard Proust. (El resto de los personajes, incluida la mujer de la que se enamorará, funcionan sólo de manera utilitaria, como anexos de Marc, lo cual no ayuda a dar relieve a la narración.) Intercalando hallazgos visuales con el abuso de una iconografía ramplona de lo romántico, el film aún sin ser brillante tampoco es nefasto. Sin embargo, en el momento en que se descubre que el actor se parece a Lionel Messi algo cambia: hay que reconocer que imaginar al crack seduciendo francesas y sufriendo el mal de amores tiene su gracia.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura y Espectáculos de Página/12.

lunes, 25 de noviembre de 2013

CINE - 28° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Con la mirada hacia adentro

Uno de los hechos salientes dentro del panorama sociopolítico latinoamericano actual, es la corriente de integración regional que comenzó a hacerse sentir con el surgimiento de una generación de funcionarios y gobernantes, durante la primera década del siglo XXI. Hugo Chávez en Venezuela; Rafael Correa en Ecuador; Lula y Dilma Rouseff en Brasil; Evo Morales en Bolivia; José Mujica en el Uruguay; Michele Bachelet en Chile, y el matrimonio Kirchner en la Argentina, fueron fundamentales en América del Sur a la hora de pensar más allá de las fronteras nacionales y empezar a amplificar esa idea a la que los historiadores, sociólogos y politólogos llaman La Patria Grande. Una preocupación y una búsqueda que lógicamente se ha trasladado y tiene su correlato en el terreno de lo cultural y que hace tiempo han hecho propia los responsables del Festival Internacional de Cine de Mar del Pata, y se hace evidente en su Competencia Latinoamericana, la segunda en importancia dentro de este encuentro cinematográfico a orillas del mar.
Por eso no sorprende que este año una película mexicana, La jaula de oro, que cuenta una historia de migrantes y tiene como protagonistas a dos adolescentes guatemaltecos y a dos mexicanos –uno de ellos de origen tzotzil—, haya recibido el Astror de Oro, el premio más importante que concede este festival. O qué la venezolana Pelo malo, ganadora este año de la Concha de Oro en el prestigioso Festival de San Sebastián, se haya quedado con los Astor de Plata correspondientes a las categorías de Mejor Director y Mejor Guión, ambos entregados a la directora (y guionista) Mariana Rondón. O la presencia dentro de las competencias de películas como la boliviana Yvy Marley – Tierra sin mal, de Juan Carlos Valdivia, una mirada sobre la comunidad Guaraní; o la chilena El verano de los peces voladores, de Mariana Said, que habla del conflicto no resuelto de las tierras mapuches en el vecino país y cuyo protagonista es Roberto Cayuqueo, reconocido actor y dramaturgo chileno de origen mapuche. Queda claro que el Festival de Mar del Plata se toma bien en serio la responsabilidad de echar luz sobre el cine latinoamericano. 
Pero dentro de su vigésimo octava edición, que concluyó con éxito durante el día de ayer, el Festival incluyó además una sección denominada Ventana documental: Foco Nativo. En este foco el festival ha reunido ocho largometrajes y nueve cortos, cuyo corpus temático gira en torno al eje de las diferentes problemáticas y preocupaciones de diversos pueblos originarios que habitan los territorios de América Latina. Aunque la temática de estos trabajos claramente encaja en la voluntad de retratar la realidad de estos pueblos, no todos son producidos en la región: en algunos casos se trata de películas de origen europeo o estadounidense (aunque con la población hispanoamericana convertida en la primera minoría étnica de los Estados Unidos, desplazando a los afroamericanos, pronto habrá que discutir la inclusión de ese país dentro del colectivo latinoamericano). 
Dentro del Foco Nativo se encuentran algunas producciones locales, dentro de las que se destaca A la orilla de este mundo, dirigida por Ariel Di Marco. Como ocurría con dos muy buenos documentales como El etnógrafo de Ulises Rosell y Sip’Ohi, el lugar del Manduré de Sebastián Lingiardi, A la orilla de este mundo vuelve a aportar una mirada sobre la comunidad Wichi, empleando desde entrevistas hasta animaciones en stop-motion para reflejar los mitos y las creencias que marcan la vida de estos habitantes de El Impenetrable, en la provincia de Chaco. Otra miorada sobre la problemática wichi la aporta Marina Rubio, quien con su documental Tunteyh o el rumor de las piedras denuncia la depredación de los suelos mediante la agricultura intensiva y la contaminación que sufre la comunidad Nop ok wet, asentada en la provincia de Salta.
Trasladándose apenas un poco más al norte, En la Puna de Lucas Riselli busca presentar a partir de imágenes la vida de la pequeña comunidad de Pozuelos, en la provincia de Jujuy, en el norte argentino, mientras que Alejo Stivelman plantea en su ópera prima Humano, un viaje por las montañas de Latinoamérica en busca de respuestas para preguntas acerca de las razones de su existencia o el origen del hombre. Otro viaje es el que propone la chilena Violeta Soto Valdés en Ajawaska: fragmentos de un viaje a las alturas, en el que tres amigas -una argentina, una chilena y una boliviana- recorren el Perú visitando las "chicherías", los establecimientos en los que se sirve la tradicional chica.
Haciendo centro en el valioso aporte de las voces de sus protagonistas, el mexicano Guillermo Monteforte presenta Pueblos indígenas en riesgo, en el que realiza un exhaustivo repaso por la situación de nueve pueblos indígenas de su país, a partir de temas como "identidad", "territorio" e "integridad". 
Por último, dos documentales toman como eje la vida a la vera de dos importantes ríos sudamericanos, el Orinoco en Venezuela y el Pilcomayo en Argentina, Bolivia y Paraguay. Sobre el primero de ellos corre el relato de El río que nos atraviesa, de la venezolana Manuela Blanco, quien presenta las dificultades que padecen los waraos, quienes han sido desplazados de sus territorios luego de que la cuenca del Orinoco fuera declarada la mayor reserva petrolera del mundo. Por su parte, la coproducción argentino-boliviano-paraguaya Uahat, de Julián Borrell, Demian Santander y Franco González, vuelve a sumergirse en la realidad de los pueblos wichí y weenhayek. El film busca replicar, a partir de los recursos cinematográficos, la dinámica de estas culturas y esas vidas, tan ricas como distantes de la que llevamos quienes, ocasionalmente, nos asomamos al cine para ver qué pasa en el mundo más allá de lo que nuestros ojos nos permiten ver por experiencia directa.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

sábado, 23 de noviembre de 2013

LIBROS - "La mirada cinéfila", de Daniela Kozak: Una mirada a la historia crítica

Los festivales de cine no son un espacio ajeno a la crítica. Más bien todo lo contrario: son el ecosistema ideal para que la tensión entre los artistas y los críticos se desarrolle y alcance su mejor forma. No es raro que un evento como el 28° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata no sólo represente un espacio para el goce de las películas en exhibición, sino también para el desarrollo y la expresión crítica en sus formatos clásicos: el debate, la charla y la escritura. Por eso tampoco sorprende que varios libros que tienen a la crítica cinematográfica como eje, hayan elegido este festival para hacer su presentación oficial. Uno de ellos es El tiempo detenido, recopilación de textos del prestigioso crítico estadounidense Scott Foundas; el otro es La mirada cinéfila, de la periodista y crítica argentina Daniela Kozak, en el que propone un recorrido por la historia de la revista Tiempo de Cine.  
Tiempo de Cine fue una publicación que editó el Cine Club Núcleo, el más longevo de los que aún existen en la Argentina, fundado por Salvador Sammaritano en 1952 (ver aparte), y se lanzó entre 1960 y 1968. Su aparición representó un hito de la crítica cinematográfica en el país. "Hasta los años '50, salvo contadas excepciones, las publicaciones sobre cine informaban sobre las estrellas o distintos aspectos del negocio. Pero entre mediados de los '50 y principios de los '60 surgieron varias revistas especializadas y el panorama cambió. La más importante fue Tiempo de Cine", afirma Kozak, quien considera que la publicación reunió una serie de elementos que por entonces comenzaban a aparecer con fuerza en las capitales de la crítica cinematográfica de la época. "En sus páginas se cruzaron procesos que marcaron el campo cinematográfico a partir de la segunda posguerra: el surgimiento de la modernidad cinematográfica en Europa (de la mano del neorrealismo italiano), de la revista Cahiers du Cinéma y de los nuevos cines", continúa la autora.

–¿Cuál fue el impacto de la aparición de la revista?  
–Cuando apareció la revista, hacía poco que el cine empezaba a ser considerado un arte, y la crítica cinematográfica todavía no tenía el mismo estatus que la literaria o la teatral. Aunque hubo antecedentes, con Tiempo de Cine empezó a delinearse un nuevo modelo de crítico, especialista en su tema, capaz de analizar y escribir a partir de un conocimiento específico y una formación cinéfila. Además, la revista asumió un rol muy activo, cuestionando con énfasis la censura y ciertas políticas del Instituto de Cinematografía, y no se limitó a criticar películas, sino que hizo todo lo posible por instalar la idea de que había una nueva generación de cineastas que venía a cambiar el cine argentino.  
–Imagino que la revista habrá funcionado como espacio de expresión para voces consagradas, pero también para otras más jóvenes, que formaron parte de esa fuerza renovadora.  
–En Tiempo de Cine había un "cuerpo crítico estable" formado por Edgardo Cozarinsky, Mabel Itzcovich y Carlos Burone. Tenía prestigiosos corresponsales en el exterior, como Guido Aristarco (fundador de la revista Cinema Nuovo, en Italia), George Fenin (Nueva York), Marcel Martin (Francia), y Homero Alsina Thevenet y Emir Rodríguez Monegal (Uruguay). Entre las firmas locales, había algunas de cierto renombre, como Domingo Di Núbila, pero además colaboraban algunos jóvenes que luego serían reconocidos periodistas, como Enrique Raab, Tomás Eloy Martínez, Ernesto Schoo y Horacio Verbitsky. Aunque algunos ya escribían sobre cine antes de la revista, para otros fue una plataforma de lanzamiento hacia los medios masivos.  
–¿Puede pensarse a la revista como antecedente de otras aparecidas más adelante, como Film o El Amante?  
–La relación que estableció Tiempo de Cine con los cineastas independientes de los '60 se parece a la que se dio en los '90 entre revistas como Film y El Amante y el nuevo cine argentino. En ambos casos, los críticos apoyaron y promovieron la renovación con tapas, dossiers y artículos sobre el nuevo cine argentino de la época, sin ser por ello condescendientes ni elogiar a las películas sólo porque fueran nacionales. Tanto en los '60 como en los '90, la crítica especializada cumplió un papel importante al instalar la idea de que había una nueva generación de cineastas. 
–¿Y cómo fue la relación con otras publicaciones de la época? ¿Es posible trazar líneas entre Tiempo de Cine y los Cahiers franceses?  
–En Tiempo de Cine se nota sobre todo la influencia de dos revistas: la mencionada Cinema Nuovo y la francesa Cahiers du Cinéma. La influencia de Cinema Nuovo se percibe en el interés por el neorrealismo italiano y por un cine que se acercara a la realidad y fuera "auténtico". En cuanto a Cahiers, Tiempo de Cine partía siempre del concepto de autor elaborado por los franceses para analizar las películas. A veces no coincidía con sus planteos, pero Cahiers era una referencia ineludible e incluso se hablaba de la revista en algunas notas.  
–¿Qué condiciones hicieron que la revista desapareciera?  
–La revista salió, con interrupciones, entre 1960 y 1968. La principal razón por la que dejó de salir fue económica, porque no lograba cubrir los costos.  
–En eso se parece al proceso por el cual El Amante dejó de editarse en papel hace muy poco.  
–Sí, pero esa no fue la única razón. Porque el contexto político y cultural era muy distinto. Y en 1968, cuando salió el último número, era muy distinto al de 1960: la censura era cada vez mayor, ya no había tantas visitas de críticos extranjeros, ni salían otras revistas de cine con las que pudiera dialogar. Y sobre todo, si en 1960 Tiempo de Cine se proponía ser el correlato crítico de la nueva generación de cineastas, en 1968 muchos de esos cineastas ya no estaban haciendo películas, y tardarían varios años en volver a hacerlo. La revista se quedó sin interlocutores.  
–¿Por qué sin embargo todavía sobrevive el Núcleo?  
–Creo que porque logró convertirse en un punto de referencia para aquellos interesados en ver algo más que lo que ofrecía la cartelera comercial. Por otro lado, el cineclub logró autosustentarse, cosa que Tiempo de Cine nunca consiguió porque tenía muy poca publicidad. De todas formas, la trayectoria de Núcleo es tan extensa que su historia trasciende a la de la revista. Merecería otro libro.

FORMAR UN PÚBLICO

Tiempo de Cine fue creada como órgano del Cine Club Núcleo ¿Pero cómo surgió y qué representó Núcleo en aquellos años? "Salvador Sammaritano, que era maestro, visitador médico y estudiante de abogacía, fundó Núcleo junto con tres amigos. Tenía 22 años. Ahí difundían películas de distintas épocas que no llegaban al circuito comercial y se proyectaban cosas que no era posible ver de otro modo. Núcleo difundía cine de todo el mundo y buscaba formar un público interesado en la historia y el lenguaje del cine, por eso también editaba textos sobre cine. Llegó a ser el cineclub más importante de los 60 y su continuidad lo convierte en el más importante de la historia del cine argentino", explicó Kozak a Tiempo Argentino.