viernes, 28 de noviembre de 2014

CINE - "Patrick", de Mark Hartley: Cine del más acá

Remakes, sagas, remakes, sagas, remakes. A eso se redujo en los últimos 20 años gran parte de la industria cinematográfica, no sólo de los Estados Unidos. Donde antes reinaba aquello de “Segundas partes nunca fueron buenas”, ahora no sólo se impone pensar más en la continuidad que en la individualidad de las películas (las sagas), sino que hasta es deseable ni siquiera pensar, habiendo tanta idea ajena dando vueltas (las remakes). ¿Para qué romperse el mate creando una historia original, si es más rápido y más barato agarrar el trabajo ajeno, cambiar de lugar tres cositas y filmar lo mismo pero adaptado al que se supone es el gusto del espectador actual? Atención: esta no es una diatriba contra sagas y remakes, porque que las hay buenas, las hay. Sin embargo se nota enseguida cuando estos formatos son abordados con audacia e inteligencia y cuando se trata de un trámite burocrático. 
El caso de Patrick, film australiano dirigido por Mark Hartley, se emparienta con esto último. Película de terror basada en un original de 1978, también de Australia, Patrick le permitió a su director, Richard Franklin, mudar a Hollywood su carrera. Poco después sería responsable de una de las segundas partes más innecesarias de la historia del cine, la de Psicosis, ya que ni el guión, ni el currículum del nuevo director, ni el reparto, ni nada justificaba extender el universo Bates más allá de Hitchcock. Con el cadáver del maestro aún tibio (don Alfred murió en 1980), Psicosis II se estrenó en 1982. 
Salvando las distancias, el caso de Patrick tiene similitudes con esa historia, en tanto la nueva versión es obra del mismo productor de la original, Antoni Ginnane; que se estrena a poco de la muerte de Franklin; y que hasta incluye un par de actores secundarios del reparto original, esta vez en papeles más secundarios todavía. La historia es igual: Patrick es un joven en estado vegetativo internado en una clínica, donde un estrafalario doctor lo utiliza para crueles experimentos. Con la llegada de una nueva enfermera, Patrick manifestará ciertos poderes paranormales y a través de ellos creará un extraño vínculo con la chica. La nueva versión es más perversa, más sangrienta, más subrayada y menos sutil que la original; en resumen: más acorde a los tiempos que corren. Es que, por desgracia, se toma las cosas más en serio que la de Franklin, que se dejaba ver con una sonrisa en los labios. Como punto a favor debe destacarse la presencia de Charles Dance, actor inglés cuya cara recordarán de inmediato los cinéfilos atentos, uno de esos secundarios que nunca se sabe por qué no han tenido más suerte que acabar penando por subproductos por el estilo. El cine no siempre es justo.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura y Espectáculos de Página/12.

jueves, 27 de noviembre de 2014

CINE - 29ª Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, dìas 4 y 5: De artistas y de doctores

Los días le dan continuidad a la Competencia Argentina de esta 29° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y con ellos se amplía también la oferta. Como ya es costumbre, la selección realizada por los programadores incluye algunos buenos exponentes del género documental que abarcan intereses e intensiones diversas. 
Salud rural, dirigido por Darío Doria, se encarga de seguir al doctor Arturo Serrano, medico general de un hospital de campo, en el itinerario que realiza para atender a una gran cantidad de pacientes, veces en su consultorio y otras en los domicilios particulares de estos. Muy cerca del registro social y utilizando un delicado blanco y negro que no le escapa a los grises, la mirada de Doria destaca la labor de Serrano, poniendo el acento en la forma amable con que contiene a las personas que atiende de un modo que excede el vínculo profesional. Hombre de muchos años en el pueblo, el doctor Serrano es casi un terapeuta, consejero personal y hasta sostén emocional de esos pacientes que, en primer lugar, son sus vecinos. Salud rural consigue además un registro estético de gran delicadeza, fotografiando la piel curtida de esos viejitos de campo casi como si se tratara de la corteza reseca de árboles añosos, a los que Serrano ayuda a mantenerse en pie con la mayor dignidad posible. Fábula acerca de los valores comunitarios y retrato de una estructura social que parece detenida en tiempos del primer peronismo, el film termina con un plano del rostro sonriente del doctor después de que una paciente se compadece de él, imaginando que los médicos ven tantas cosas que cuando ellos mismos envejecen deben preferir la muerte a tener que someterse a las prácticas médicas. Esa última escena que invierte por única vez la polaridad del vínculo que une al profesional con sus pacientes, es la declaración de principios de Salud rural: todos somos iguales al final del camino.
Por su parte, Narcisa de la directora Daniela Muttis propone un recorrido por la obra y la figura de Narcisa Hirsch, artista y cineasta de vanguardia de la activa, creativa y convulsionada generación de finales de la década de 1960 y principios de 1970 en Buenos Aires. Pionera del cine experimental, Hirsch fue y sigue siendo una artista tan compleja y exquisita como activa y, aún hoy, moderna. Pero además es una persona de una lucidez poco frecuente y la película de Muttis –quien se desempeña desde hace 14 años como montajista de la propia Narcisa— consigue que el retrato desborde los méritos incuestionables de la cineasta para abarcar también el costado íntimo de la mujer detrás de la artista. Teñido del tono crepuscular con que hoy ve la vida esta mujer que nació en Alemania y llegó a la Argentina en 1938 con tan apenas 10 años de edad, Narcisa no sólo rescata y homenajea oportunamente a Hirsch si no también, lejos del Olimpo y de las torres de marfil, humaniza la figura del artista, a la que tantas veces se piensa alejada de lo cotidiano. Puede decirse que, por caminos bien distintos pero igualmente gratos, Narcisa y Salud rural llegan a la misma conclusión.  

Artìculo publicado originalemnte en la secciòn Espectàculos de Tiempo Argentino.

CINE - "Primicia Mortal" (Nightcrawler), de Dan Gilroy: El infierno de las noticias

Opera prima del hasta ahora guionista Dan Gilroy (autor de la gran Gigantes de acero y hermano menor de Tony Gilroy, guionista de la saga Bourne y director del último de sus tres episodios originales, además de otros logrados thrillers como Michael Clayton y Duplicidad), Primicia mortal es un buen ejemplo de cómo el cine producido dentro del mainstream estadounidense puede ser una herramienta oportuna para proponer una mirada crítica (y en este caso muy ácida) de la realidad. La demostración de que a veces una buena película de suspenso es el mejor camino para poner al propio sistema que la genera frente a un espejo incómodo. Escrita también por Gilroy, la película representa un acercamiento de inesperada crudeza y lucidez al mundo de las noticias, capaz de soltar con un humor corrosivo una serie de ideas que trazan un perfil siniestro del modo en que éstas se construyen. Y expone los parámetros que utilizan los medios de comunicación para determinar de qué manera informar a la audiencia, atendiendo antes al concepto de consumidor que al de espectador.
El relato toma como centro a Louis Bloom, un delincuente de poca monta que se dedica a robar cables y alcantarillas para vender el metal por kilo. Las primeras escenas alcanzan para delinear a un personaje que es más complejo que su forma de ganarse la vida. El discurso motivador con el que le pide trabajo al tipo que le compra el producto de sus robos, en el que enumera sus capacidades y ambiciones, demuestran que lejos de ser un ignorante, Louis maneja muy bien las herramientas básicas para moverse dentro de una sociedad en donde las reglas sociales se confunden con las del mercado. La escena también deja en claro que en la tierra de las oportunidades no hay lugar para todos. Louis es un marginal, un habitante típico de la peligrosa noche de Los Angeles, pero también es buen observador, un hábil declarante capaz de decir (y hacer) lo que sea con tal de pegar el salto social y, sobre todo, alguien que aprende rápido.
Esa misma madrugada, Louis se detiene a ver cómo dos policías salvan a un automovilista accidentado en la autopista mientras un periodista free-lance registra lo ocurrido con su cámara. Ver las imágenes en el noticiero de las 6 hace que Louis reconozca ahí una oportunidad. Una bicicleta robada en la playa será suficiente para conseguir su primera cámara y salir con ella a cazar noticias durante la noche. Y le alcanzará con unas tomas desprolijas pero cargadas de sangre de la víctima fatal de un asalto a mano a mano armada para que la jefa de noticias del canal menos visto de la ciudad le compre el material y le indique cuáles son las prioridades editoriales. “Nos interesan las noticias en que un blanco es atacado en los suburbios por el representante de alguna minoría”, le dice, y Louis le traerá eso cada noche con una especificidad cada vez más precisa y explícita.
Con reminiscencias de la historia que Pablo Trapero contó en Carancho y con no menos sordidez, Gilroy se despacha contra el modo en que los medios construyen la noticia poniendo como límite las consecuencias legales por sobre los alcances éticos de lo que ponen al aire. Menos atentos a la información que a las utilidades que éstas representen. Primicia mortal incluye dos o tres buenas escenas que exponen brutalmente estos mecanismos de construcción. Pero el éxito del relato no sólo descansa en estos apuntes certeros, sino en el enorme trabajo de su trío protagónico. Renee Russo y Bill Paxton vuelven a demostrar sus reconocidas virtudes, que no son pocas. Sin embargo, es Jake Gyllenhaal quien acapara la atención con una composición muy rica, con algunos puntos de contacto que lo ligan al desbordado depredador bursátil que Leonardo DiCaprio interpretó en El lobo de Wall Street, consiguiendo que el psicópata de Louis no deje de ser encantador ni por un instante, pero al mismo tiempo funcione como un reflejo del accionar psicopático de los medios. Como un trozo de materia oscura en medio de un cosmos no menos sombrío, Gyllenhaal es un agujero negro que va absorbiendo toda la energía del relato y demuestra que en el infierno de las noticias siempre se puede caer un círculo más.

Artìculo publicado originalmente en la secciòn Cultura y Espectàculos de Pàgina/12.

martes, 25 de noviembre de 2014

CINE - 29° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Días 1 y 2: La actuación, los hermanos y el fútbol

Puede decirse que dentro de la Competencia Argentina de esta emblemática 29° edición del Festival de Mar del Plata, en la que se conmemora el 60 aniversario de su fundación, no hay como otras veces ni grandes favoritos ni películas que vengan precedidas por un aura ganadora. Este año parece que la pelea será pareja y con final de fotografía. Aún así hay algunos títulos que se destacan por ciertas señas particulares, como los nombres de sus directores o de quienes integran el elenco, que los hacen más visibles. Curiosamente las películas a las que se puede considerar dentro de ese grupo se han estrenado todas juntas durante los primeros días del festival.
Una de ellas es Aventurera, ópera prima de Leonardo D’Antoni, nacido en Mar del Plata pero formado en los Estados Unidos. La misma gira en torno a Bea, aspirante actriz de origen colombiano que reside en Buenos Aires, donde trabaja cuidando a una mujer mayor mientras participa de un grupo de teatro e intenta abrirse paso en el mundo del cine y la televisión. Si bien director y actores no son caras reconocibles para el gran público, el film tiene una sorpresa: Mélanie Delloye, la protagonista, es hija de Ingrid Betancourt, ex candidata a la presidencia de Colombia, secuestrada durante 6 años por las Farc y cuya liberación en 2008 conmovió a todo el mundo. En pareja con el director, a quién conoció en los Estados Unidos mientras ambos estudiaban cine, Delloye atraviesa su primer protagónico con altibajos, aunque debe destacarse que su formación está más ligada a la dirección y al guión que a la actuación.
El mundo del fútbol nunca ha conseguido ser retratado con demasiado éxito por el cine, por eso El 5 de Talleres, de Adrián Biniez (quien ya se había destacado con su film anterior, Gigante), es una novedad bienvenida. Protagonizada por Esteban Lamothe y Julieta Sylberberg, la historia de El Patón, un 5 rústico que está a punto de retirarse y es el caudillo de Talleres de Remedios de Escalada, club que milita históricamente en los campeonatos del ascenso, consigue hacer un retrato bastante vívido y verosímil, sin caer en miradas impostadas de la clase obrera y sin falsas condescendencias. Lamothe y Sylberberg, pareja en la vida real, demuestran una química extraordinaria, aunque él comience a evidenciar síntomas de repetición en sus composiciones, que de todas maneras en este caso son funcionales a un personaje de compleja simplicidad. 
También pudo verse Pistas para volver a casa, debut de la actriz Jazmín Stuart como directora. En ella se lucen Erica Rivas y Juan Minujín, dos de los actores del momento, quienes interpretan a una pareja de hermanos bastante perdedores quienes a partir de un accidente de su padre se ven obligados a ir en busca de la madre que los abandonó cuando todavía eran chiquitos. Comedia por momentos vital y efervescente, en la que ambos actores se potencian mutuamente, sin embargo tropieza en algún momento con algunos excesos emotivos que la reblandecen innecesariamente. De todas formas la película representa un promisorio primer paso de Stuart en la dirección. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Tiempo Argentino

jueves, 20 de noviembre de 2014

CINE - "Después de la lluvia" (Depois da chuva), de Cláudio Marques y Marília Hughes: La política en perspectiva adolescente

Infrecuente para las salas argentinas, Después de la lluvia no sólo ofrece la posibilidad de conocer algo del cine que produce el gran vecino del norte, Brasil, sino la de reconocer en su relato ambientado durante el proceso de recuperación democrática en la década de 1980 algunos paralelos y rasgos comunes con la historia propia. Si lo que se cuenta en la película de los directores brasileños Cláudio Marques y Marília Hughes puede ser visto con familiaridad desde la Argentina, en primer lugar es porque los hechos y el contexto histórico, cultural, político y social donde el relato echa el ancla son muy similares. Pero también por el parentesco cinematográfico y temático con films como El estudiante, thriller político de Santiago Mitre, e incluso con otras películas de la región como la no menos interesante El lugar del hijo, del uruguayo Manuel Nieto. Nada casualmente, las tres pudieron verse en diferentes ediciones y secciones del Bafici.
Fábula eminentemente política, Después de la lluvia pone en paralelo el camino de la recuperación democrática con la militancia anarquista de Caio, un adolescente que asiste a un colegio privado de la ciudad de Salvador de Bahía, al norte de Brasil. A veces de manera demasiado literal: para decirlo rápido y dejar el asunto atrás, ése es el punto más endeble de la estructura que sostiene a la película. Ahí, en el colegio, los alumnos comienzan a organizarse para abrir un centro de estudiantes después de veinte años sin actividad política en la escuela. Debaten qué hacer ante la propuesta de la institución de arrogarse el derecho de ser ellos quienes elijan a un presidente entre los tres candidatos más votados, negándoles la potestad de elegir a sus propios representantes. Una discusión idéntica a la que se daba en la sociedad (la famosa campaña Diretas Já), donde la ciudadanía se oponía al sistema de elección a través de electores y reclamaba el voto directo. En la escuela, Caio propone impugnar los votos y abandona la asamblea, dejando claro su lugar de rebelde.
Porque Caio tiene a sus amigos fuera de la escuela, amigos más grandes con los que comparte un libertario colectivo anarquista, dispuestos a pasar a la acción con modestos y, sobre todo, inocentes actos que ellos consideran revolucionarios y, dado el contexto, de alguna manera lo son. Roban libros en librerías; escuchan grupos de la rama más politizada del hardcore-punk, de los inevitables Dead Kennedys a Colera, una de las bandas referentes del anarcopunk brasileño de la época; editan un fanzine con el obvio nombre de "El enemigo del Rey" y llevan adelante una radio pirata que montaron clandestinamente en una casa tomada. Aunque el juego de superponer una sobre otra la adolescencia democrática del Brasil y la adolescencia real de Caio se plantea de manera abierta, Después de la lluvia elige con inteligencia centrarse en el personaje. Es cierto que no puede evitar insertar cada tanto algunas imágenes de archivo para subrayar el contexto; sin embargo, el devenir de la historia del protagonista hará que la película vaya ganando en densidad dramática y cinematográfica.
Como sucedía en El estudiante y El lugar del hijo, un quiebre hará que Caio pase del papel de sujeto colectivo a individuo político y deba tomar las primeras decisiones en busca de encontrar un camino propio. Por ahí también atravesará algunas encrucijadas: la del primer amor, la de la amistad, la del vínculo con la autoridad (encarnada en la escuela); la del incómodo lugar de hijo que de a poco empieza a dejar atrás. Después de la lluvia alcanza su mejor forma en la representación de ese momento en la vida y consigue hacerlo sin apartarse de la intimidad en carne viva de Caio. En el camino tiene tiempo para hacer que los años ’80 –aun con su compleja realidad y durísimas circunstancias– se revelen en toda su inocencia sucia e idealista, esa que la brutalidad de los ’90 y la desengañada apatía de los 2000 se encargaron de echar a perder.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura y Espectáculos de Página/12.