martes, 17 de marzo de 2020

CINE - Para pasar la cuarentena, productores de cine ofrecen sus películas online

La crisis sanitaria producida por la veloz expansión del virus gripal Covid-19, conocido popularmente como Coronavirus, ha producido severas consecuencias que van mucho más allá del estricto ámbito de la salud. En la economía hace rato se empezaron a sentir los efectos provocados por la caída de las actividades comerciales y laborales, y lo mismo ocurre en el territorio cultural. La suspensión de actividades colectivas que incluye el cierre de los museos, las salas de exposición y de conciertos, de los teatros y de los cines ha dejado a sus públicos sin sus espacios de ocio y consumo artístico. Pero como la Edad Media es cosa del pasado y ahora existe internet, algunos de ellos pueden encontrar ahí un placebo para minimizar los efectos colaterales y el síndrome de abstinencia provocado por una cuarentena que sin declararse oficialmente ya se hace sentir en los hechos. Dadas las circunstancias, las plataformas de streaming se han convertido en un salvavidas virtual, al menos para los cinéfilos y melómanos, cuyos objetos de deseo que no dependen exclusivamente del contacto en vivo y en directo con los artistas.
La Argentina, a través de su Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), ha sido pionera en eso de buscarle una alternativa al cierre de las salas y la suspensión temporal del calendario de estrenos. En un comunicado emitido el lunes, luego de la conferencia del presidente Alberto Fernández, el Incaa ofreció el espacio de Cine.ar, la plataforma de streaming de contenido exclusivamente nacional, a todas las películas que se encuentran actualmente en cartel y a aquellas cuyos estrenos estaban programados dentro de las próximas dos semanas. El compromiso incluye destinar la totalidad de lo recaudado por esa vía a los productores de cada una. Vale recordar que el costo para ver un estreno a través de Cine.ar es de apenas $30. Entre las películas que ya están disponibles se encuentra La sombra del gallo, policial dirigido por Nicolás Herzog, estrenado el jueves pasado, que aborda el tema de los femicidios y pone en cuestión la cuestión de la masculinidad y la culpa.
Quien también sorprendió con una idea similar fue el prestigioso cineasta Mariano Llinás, quien desde la cuenta de Twitter de su productora EL Pampero Cine, anunció que en breve subirá su última película, la maratónica La Flor, cuya duración supera las 14 horas, para que quien quiera pueda verla de forma gratuita durante el tiempo que dure “la cuarentena”. El texto publicado dice: “OK. El Pampero Cine y Piel de Lava (el grupo de actrices conformado por Pilar Gamboa, Laura Paredes, Elisa Carricajo y Valeria Correa) anuncian que, frente a los reiterados pedidos, han decidido poner a disposición pública y gratuita a la otrora inaccesible La Flor durante el tiempo que duren las medidas de confinamiento. Ello habrá de suceder PRÓXIMAMENTE”.
La Flor es la tercera ficción dirigida por Llinás, un relato monumental desde lo cinematográfico que reúne un total de seis episodios. Y si bien cada uno de ellos podría ser una película con un valor independiente, conforman una unidad que se dispara en todas las direcciones narrativas posibles. Un producto solo posible gracias a la megalómana y aventurera generosidad de un director acostumbrado a desafiarse a sí mismo con proyectos irrealizables que, sin embargo, siempre consigue completar. Habrá que estar atentos a las novedades que puedan llegar a través de las redes de El Pampero Cine.
En los Estados Unidos parecen haber llegado por otros medios a la misma conclusión. Al menos eso demuestra la decisión tomada también hoy por NBCUniversal, uno de los gigantes de las comunicaciones estadounidenses, quienes decidieron que sus próximos estrenos se realicen tanto en salas de cine como en diversos sistemas de streaming y alquiler on line bajo demanda. Eso incluye algunos de sus últimos estrenos como la nueva versión del clásico El hombre invisible, que llegó a las pantallas locales hace dos semanas, o La cacería, cuyo desembarco en la Argentina estaba previsto para finales de abril, o algunos de los blockbusters que tienen en su agenda inmediata, como la película animada Trolls World Tour, programada para principios del mes que viene en todo el mundo.
El comunicado emitido por NBCUniversal, firmado por su CEO Jeff Shell, dice que "Dada la rápida evolución y los cambios sin precedentes en la vida diaria de los consumidores durante este difícil momento, la compañía consideró oportuno ofrecer esta opción tanto en el hogar como en los cines”. El cierre del anuncio conjuga la esperanza con una razonable mirada del presente: "Esperamos y creemos que la gente seguirá yendo al cine en los lugares en donde eso sea posible, pero también entendemos que para los espectadores en diferentes áreas del mundo eso es cada vez más difícil". Claro que casi nada en la vida es gratis y menos en Estados Unidos. Lejos de los precios más que accesibles de la plataforma Cine.ar o del filantrópico gesto de Llinás de ofrecer su trabajo sin costo alguno para el espectador, el alquiler online de estos estrenos de Universal tendrá un costo de 19,99 dólares dentro de su país y valores equivalentes en el resto del mundo en donde la oferta esté disponible. Más o menos lo que cuestan cuatro entradas de cine en la Argentina sin incluir ninguna promoción tipo 2x1 o similares, como las que habitualmente están disponibles en todos los complejos multisalas.  

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar

lunes, 16 de marzo de 2020

CINE - Por el coronavirus los estudios Universal estrenarán sus películas de forma simultanea en cines y streaming

La compañía NBCUniversal anunció hoy que, a causa de la crisis provocada por la rápida expansión del virus Covid-19, conocido como coronavirus, los próximos estrenos de las películas producidas por los estudios Universal, pata cinematográfica del grupo, se realizarán de manera simultánea en las salas de cine del circuito comercial y a través de las plataformas de streaming o alquiler bajo demanda. El anuncio especifica que se trata de una movida limitada al lanzamiento inminente de algunos títulos, afectados por el particular escenario inmediato, y no de una política general para todo el calendario de estrenos programados para 2020. La duración de la iniciativa aún no está resuelta, como tampoco a cuántos títulos se aplicará.
Con esta decisión, anunciada por el CEO Jeff Shell, NBCUniversal busca paliar, al menos de manera parcial, la caída del consumo cinematográfico a partir del masivo cierre preventivo de los complejos de exhibición en todo el mundo. Entre los títulos incluidos se encuentra el blockbuster infantil Trolls World Tour, una de las grandes apuestas de la empresa para la temporada de primavera en el hemisferio norte, cuyo estreno está previsto en todo el mundo a comienzos de abril. La medida alcanza también a películas que se sumaron recientemente a las carteleras, como El Hombre Invisible, estrenada hace dos semanas en la Argentina, o La cacería, cuyo estreno local estaba originalmente previsto para el 23 de abril.
Las películas estarán disponibles en una amplia variedad de servicios de alquiler online a un precio sugerido de 19,99 dólares dentro de los Estados Unidos, o a un valor equivalente en los mercados internacionales. De esta forma la empresa espera ofrecer opciones a todos aquellos consumidores que no puedan o no deban ir a los cines debido a las medidas adoptadas para minimizar el impacto de la crisis sanitaria.
"Dada la rápida evolución y los cambios sin precedentes en la vida diaria de los consumidores durante este difícil momento, la compañía consideró oportuno ofrecer esta opción tanto en el hogar como en los cines. NBCUniversal continuará evaluando el entorno a medida que las condiciones evolucionen y determinará la mejor estrategia de distribución para cada mercado, de acuerdo a como la situación actual se vaya modificando", se lee en el comunicado de la compañía. "Esperamos y creemos que la gente seguirá yendo al cine en los lugares en donde eso sea posible, pero también entendemos que para los espectadores en diferentes áreas del mundo eso es cada vez más difícil", concluye.
La medida presentada por la empresa estadounidense es similar a la que en la Argentina adoptaron las autoridades del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa). A través de un comunicado difundido el día de ayer, en el que se determinó el cierre de todas las salas de cine, el Incaa pone a la plataforma Cine.ar a disposición de todas aquellas películas nacionales actualmente en cartel, o cuyos estrenos estuvieran programados dentro de los próximos 14 días, comprometiéndose a poner el total de lo recaudado por esa vía a disposición de las empresas productoras de cada una.
Las nuevas políticas de emergencia que los estados nacionales están poniendo en práctica para enfrentar la pandemia hacen que la industria del cine, una de las más poderosas de los Estados Unidos, se enfrente a una situación crítica que no tiene precedentes en su historia. Ya son 32 o más países los países que, como la Argentina, han decretado la suspensión total de las actividades públicas colectivas, que entre otras cosas incluye el cierre de las salas de cine. Una medida que también ha sido adoptada de manera parcial por otros 15 territorios y que se espera se traslade a muchos más.
Dentro de los Estados Unidos ya se ha ordenado el cierre de salas comerciales en ciudades como Nueva York y Los Ángeles, y es muy probable que la mayoría de los cines del país, si no todos, sigan esa misma línea en el transcurso de esta semana. Mientras se evalúa esta decisión, las salas que todavía permanecen abiertas han limitado su capacidad a un máximo de 50 personas por proyección. Todo eso equivale a pérdidas multimillonarias para los grandes estudios de Hollywood, que son los que dominan de forma casi hegemónica el mercado global de la exhibición.
Durante el último fin de semana, los ingresos de la taquilla norteamericana cayeron a su nivel más bajo de los últimos 20 años, panorama que se replica de manera casi idéntica en las boleterías del resto del mundo. La decisión de la NBCUniversal representa una alternativa a la política de retraso del calendario de estrenos que hasta ahora vienen llevando adelante los grandes estudios de Hollywood. La propia Universal ya retrasó el lanzamiento del nuevo episodio de la saga Rápido y Furioso de finales de mayo de 2020 para abril de 2021, mientras que Disney retrasó el de Mulan y Paramount el de Un lugar en el silencio Parte 2. La MGM había sido el primer estudio en realizar un cambio de esa naturaleza, moviendo el estreno de Sin tiempo para morir, la nueva película de James Bond, de finales de abril al mes de noviembre.
La iniciativa de NBCUniversal podría cambiar esa política de retrasos, pero al mismo tiempo generar rispideces en el vínculo con los exhibidores, una parte fundamental en la industria del cine, quienes hasta ahora se negaron a estrenar películas que tuvieran un lanzamiento paralelo en las plataformas de streaming o de alquiler bajo demanda.
NBCUniversal es uno de los grandes gigantes de la comunicación es los Estados Unidos. El conglomerado incluye a la cadena de televisión NBC, al operador de cable Comcast y las empresas de Universal vinculadas al cine y a la música. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

domingo, 15 de marzo de 2020

CINE - La batalla por el aborto legal llegó al cine (hace rato): Estrenarán película provida en Semana Santa

El debate en torno a la aprobación de una ley que garantice a todas las mujeres el acceso al aborto de manera legal, segura y gratuita ha dividido a la sociedad. Tras el rechazo del Senado al proyecto presentado en 2018, estas discusiones se extendieron a todos los ámbitos, incluso al territorio del cine. El año pasado el documental de Juan Solanas Que sea ley llevó el asunto hasta el Festival de Cannes, exponiendo argumentos a favor de la legalización. Esta semana llegó la respuesta. En coincidencia con la realización de la marcha por el Día Internacional de la Mujer, la distribuidora Digicine anunció el estreno de Inesperado (Unplanned) para el 9 de abril.
Se trata de una historia basada en hechos reales que se autodefine "provida" y que según la gacetilla exhibe, entre otras cosas, la escena de un feto “de 13 semanas peleando por su vida en un procedimiento de aborto”. También “informa” que fue “censurada” en EE.UU., donde se la calificó con la etiqueta R (Restricted, equivalente a Solo para mayores de 18) debido a la crudeza de algunas escenas. No es habitual que las gacetillas que acompañan el anuncio de un estreno cometan errores tan groseros como confundir la aplicación del sistema de calificación con un acto de censura. La calificación R es la que reciben los films que incluyen detalles explícitos como el que la gacetilla describe. Películas como la coreana Parasite, última ganadora del Oscar, o la reciente versión de El hombre invisible, ambas todavía en cartel, han recibido esta misma etiqueta R sin que nadie hiciera un escándalo.
Inesperado está producida por organizaciones cristianas "provida" como 40 Days for Life o The Right to Life League y cuenta la historia de Abby Johnson, una psicóloga que antes de convertirse en militante antiaborto trabajó ocho años para Planned Parenthood (PP, Paternidad/Maternidad Planificada), organización sin fines de lucro y de financiación mixta que es la mayor proveedora de salud reproductiva de Estados Unidos. Y aunque se presenta como una película antiaborto, en realidad es un panfleto contra esa entidad.
PP es un emblema de la lucha por la educación sexual, la anticoncepción y los derechos reproductivos de las mujeres que se encuentra enfrentada de forma directa con el presidente Donald Trump, quien nunca ocultó su posición "provida". Incluso, representantes y agrupaciones vinculadas al Partido Republicano han bregado históricamente por quitarle a la entidad el financiamiento estatal (unos $500 millones), que se destinan no a la realización de abortos (que se financian con fondos propios, ya que en Estados Unidos no es legal que las arcas federales solventen estas prácticas), sino a ofrecer servicios de salud reproductiva a mujeres de bajos recursos.
Los demócratas, en cambio, sostienen que los abortos representan solo el 3% de las actividades de PP. Inesperado dista de ser un manifiesto altruista contra el aborto. Se trata en cambio de un film de propaganda con una intención política clara: socavar el prestigio de la organización que se encarga de realizar la mayor cantidad de abortos en ese país, unos 300 mil al año. También es cierto que PP se ha visto envuelta en varios escándalos fogoneados por agrupaciones antiabortistas, pero ninguno de ellos derivó en condenas judiciales contra la entidad.
La estrategia que Inesperado usa para desprestigiar a PP es la de banalizar sus objetivos y a sus responsables. En el film, sus empleados se refieren a quienes acuden en busca de ayuda como clientes y no como pacientes, y siempre están más atentos a contar con una sonrisa exagerada el dinero que cobran por los abortos que a darles las instrucciones a las mujeres que acuden a ellos en busca de ayuda. No se trata de torpeza narrativa sino de un detalle pensado con la intención de hacer aparecer a quienes trabajan en el duro oficio de los abortos como seres incapaces de toda empatía. Cheryl, la directora del centro de asistencia de Texas en el que trabaja Abby, es prácticamente una caricatura de Maléfica, la bruja de Disney, con su pelo negro, los ojos oscuros siempre delineados y su vestuario elegante que no se aparta de la combinación blanco-negro. Ella dice cosas como: “La industria de las hamburguesas se financia vendiendo más hamburguesas. Nosotros somos la industria del aborto y nos financiamos con más abortos”.
El film no ofrece matices a la hora del análisis cinematográfico. Sus intenciones son evidentes y se expresan a través de metáforas que nunca se alejan mucho del objeto al que aluden, apelando a un simbolismo que delata su raíz cristiana. Ya el arco que recorre la protagonista, de directora de una clínica dedicada a realizar abortos a militante "provida", está cargado de subrayados. Montada sobre la misma parábola dramática que el vía crucis cristiano, Inesperado relata la pasión de Abby, su calvario y su "redención final". Una fábula claroscura construida de modo esquemático.
Todo comienza el día que, tras ocho años trabajando en la clínica, Abby ingresa por primera vez al quirófano para ayudar en el aborto que menciona la gacetilla. La forma en que los directores diseñaron el montaje de esa secuencia, intercalando primeros planos del monitor de ultrasonido que muestra como el feto es aspirado del útero, con otros en los que se ven las mangueras y recipientes transparentes en donde caen los restos, deja expuesta la intención abyecta. Y no es la única muestra de morbo.
Inesperado también registra de manera truculenta y extensa los efectos que un aborto químico produce en la protagonista (incluyendo el desprendimiento fetal que la propia Abby debe arrojar al inodoro con sus manos) y el retrato de un feto muerto realizado a puro plano detalle. Por paradójico que parezca en una película "provida", la ejecución de tales escenas parece movida por un deleite cargado de sadismo, como si sus responsables disfrutaran por adelantado del sufrimiento que esperan causarle al espectador.
Inesperado revela el carácter neo-inquisitorio de muchas iniciativas "provida" y una supuesta superioridad moral cuya pretensión parece ser la de “curar” a quienes abortan a través del tormento visual. Detrás de eso se oculta la misma lógica fascista que justificaba el tratamiento al que era sometido Alex, el ultraviolento protagonista de La naranja mecánica, a quien obligaban a ver sin pausa un compilado de escenas violentas con el fin de provocar rechazo donde antes había deseo y placer. De esta forma, el film también sugiere de forma no muy velada que quienes se dedican a realizar abortos sienten un placer no exento de lucro ante la posibilidad de ayudar (y hasta empujar) a otras a tomar una de las decisiones más difíciles que puede enfrentar una mujer: la interrupción forzada de un embarazo. Los creadores de Inesperado parecen estar convencidos de que torturándolas con escenas pornoabortivas lograrán “curar”, por medio de la culpa y la náusea, la moral desviada de las que defienden el derecho a tomar decisiones que involucran al propio cuerpo.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

viernes, 13 de marzo de 2020

SERIES - Cuando la venganza se convierte en un final (perversamente) feliz

La problemática en torno al viejo tema universal de la venganza no es ajena al colectivo de las series. Desde un clásico absoluto como la inglesa Los vengadores hasta producciones último modelo como Reprisal o Insatiable, pasando el melodrama ochentoso La vengadora, no han sido pocas las ficciones episódicas en las que el asunto ha ocupado el centro dramático y su revisión puede servir para exponer algunas ideas al respecto.

Parafraseando el comienzo de la novela La casa, de Manuel Mujica Láinez, podría decirse que la venganza es vieja. Revieja. Algunos incluso arriesgarán que tiene la edad de la humanidad y podrían tener razón si no fuera porque antes de que ésta se convirtiera en uno de los temas más poderosos del imaginario cultural ya existían la confianza, la traición y la humillación, partícipes necesarios para dar a luz a ese deseo insano. Es decir, no habría lugar para desquites ni revanchas si primero no hubiera habido una confianza rota o una sensibilidad humillada. Electra seguiría siendo una princesa feliz si su madre, la reina Clitemnestra, no se hubiera cargado a su padre, el poderoso Agamenón, luego de que éste volviera de Troya trayendo entre sus trofeos de guerra a su amante Casandra. Medea nunca se convertiría en la bruja mala que mata a sus propios hijos para hacer sufrir a su esposo Jasón, solo porque éste la dejó para casarse con otra. ¿Y quién se hubiera planteado aquella pregunta acerca del ser o no ser si el padre del príncipe Hamlet no hubiera muerto envenenado a manos de su hermano Claudio, para luego casarse con su esposa, la reina Gertrudis, y así quedarse con el trono y con el reino? Sin ese dolor no habría tragedia griega ni Shakespeare ni nada, porque el deseo de venganza solo puede surgir cuando hay algo que huele a podrido en Dinamarca.
Las series no son ajenas a este tema universal y su interés por él no es novedoso. El recorrido que se propone a continuación no solo abarca ejemplos de la producción actual, sino que también refleja el modo en que el acto en cuestión fue entendido por el género en el pasado. Un itinerario que de paso tal vez sirva para desarrollar algunas reflexiones en torno a ella, pero que no puede comenzar sin por lo menos hacer mención a una de las series inglesas más famosas de todos los tiempos, que ya desde su título evocaba a la cosa de manera directa.  

Mucho título y poca venganza  

Los vengadores (The Avengers, 1961) es una de las series de ficción más exitosas producidas por la BBC, la televisión pública británica. A pesar de su antigua popularidad, en pleno siglo XXI, a casi 60 años de su estreno, se vuelve necesario aclarar que estos Avengers no tienen nada que ver con el hoy famoso combo de superhéroes, creado por la casa de historietas Marvel Comics recién en 1963. Se trata en cambio de una saga originalmente policial de capítulos auto conclusivos, que se volvió famosa sobre todo por la influencia que tuvo en el entonces revolucionado mundo de la moda femenina. A tal punto que algunos de sus personajes como Emma Peel (la actriz Diana Rigg) o Tara King (Linda Thorson) se convirtieron en verdaderos íconos, influencers avant la lettre, y bastaba con que alguna de ellas se calzara unas minifaldas con botas largas o un catsuit de cuero negro, para que las chicas de todo el mundo salieran corriendo a buscar el modelito.
Sin embargo, en contra del propio título, el de la venganza fue un tema efímero dentro de su trama, limitándose a los dos episodios iniciales de la primera temporada, de un total de siete. En ellos un médico investiga la muerte de su prometida (y secretaria) a manos de una banda de narcotraficantes. Así conoce a un detective que va tras la pista de los mismos criminales y juntos deciden vengar el asesinato de la novia del protagonista, interpretado por Ian Hendry. Pero ocurrió que el personaje del detective John Steed, a cargo de Patrick Macnee, comenzó a volverse popular y a ganar espacio hasta hacer desaparecer al otro ya en los últimos capítulos de la temporada inicial. Para entonces Los vengadores había abrazado su carácter de serie en permanente reformulación, modificando no solo su tema central, sino que con el correr de los años también iría mutando de género y de estética, yendo del policial al espionaje y de la acción a la parodia. Entonces, mejor viajar algunos años hacia adelante y rescatar un ejemplo cuya trama hunde sus cimientos en lo profundo del espíritu vengativo. 

Razones para una venganza serial

En el mundo de las series de la década de 1980, monopolizado por las cadenas de televisión de Estados Unidos, tuvieron un lugar destacado aquellos melodramas que narraban las intrigas palaciegas de esa aristocracia plebeya que constituye el empresariado de aquel país. En dicha categoría se destacaron títulos como Dallas o Dinastía, que por entonces se repartieron el rating mundial y en donde las venganzas familiares más pueriles estaban a la orden del día. Tomando ese modelo como punto de partida, en la primera mitad de los ’80 llegó a la televisión argentina la miniserie de origen australiano Return to Eden (1983), estrenada con un título local que hoy sería un spoiler en sí mismo: La vengadora.
Interpretada por la actriz Rebecca Gillig, esta serie cuenta la historia de Stephanie Harper, heredera de un millonario emporio empresarial que a los 40 se siente feliz por primera vez en su vida. Es cierto que es dueña de una de las fortunas más grandes de Australia, pero ya se sabe que el dinero nunca sirvió para comprar amor ni pagar la felicidad. Con dos matrimonios fallidos y el único consuelo de dos hijos adolescentes, Stephanie cree que por fin le ha llegado la hora de ser afortunada también en el amor. Pero basta ver a Greg, su nuevo marido, para saber que su carita maliciosa y seductora esconde oblicuas intenciones. Las mismas se materializan a mitad del primer capítulo, cuando este joven tenista, playboy y trepador decide sacársela de encima arrojándola a un pantano lleno de cocodrilos voraces.
La serie, que hace casi 40 años fue un éxito, hoy en día casi no permite ser abordada sino como consumo irónico. Las enormes elipsis temporales, que el relato utiliza para colocar dramáticamente cerca a hechos que demandan de semanas y hasta de meses para producirse, hablan más de cierta inocencia que de torpeza o de malicia narrativa. Por supuesto que Stephanie no muere devorada por cocodrilos, sino que queda desfigurada y en apenas media hora será rescatada por un ermitaño que la curará y le dará dinero para que, amnésica como está y bajo el nombre de Tara Welles, se vaya a internar a una isla donde un cirujano plástico la reconstruirá, dejándola mejor que antes. Sobre el final de ese episodio se la puede ver protagonizando una clásica secuencia de entrenamiento, calzada en un ajustado maillot que destaca su figura, hasta ahora oculta por el vestuario conservador de Stephanie. Solo que en lugar de golpear reses muertas o perseguir gallinas como Rocky, ella se pone en forma con una rutina de gimnasia a lo María Amuchástegui. Ahí nace Tara y con ella desaparece Stephanie: estamos en presencia de La Vengadora.
Lo que sigue ronda el delirio y eso es lo que hace que den ganas de seguir viendo la serie. Los últimos dos capítulos desarrollan el plan inverosímil que la protagonista ha urdido para vengarse de su esposo y victimario. Stephanie/Tara regresa a Sidney decidida a hacerse famosa como supermodelo y así enamorar de nuevo a Greg quien, por supuesto, no solo no la reconoce sino que muerde el primer anzuelo que le tiran. Más allá de sus debilidades, la serie introduce algunos elementos de interés para profundizar en el tema de la venganza.
El más llamativo es que Stephanie/Tara nunca se preocupa por el hecho de que sus dos hijos han quedado a cargo del psicópata que la tiró directo a las fauces de los cocodrilos. Y ante eso lo más sencillo, como de costumbre, es quedarse en la superficie y estigmatizar a la protagonista, acusándola de ser una mala madre. Sin embargo la cosa es bastante más compleja y tiene que ver con la forma en que opera el espíritu vengativo, oscureciendo la consciencia de quien es tomado por ella. Porque la venganza solo aparece como alternativa cuando existe la certeza de que la justicia o bien es inútil o su acción no alcanzará a resarcir el daño recibido. Y si en el terreno político el impulso vengativo surge de la idea (real o no) de que el Estado es incapaz de reparar lo injusto a través de la ley, en el nivel emocional su aparición no expresa otra cosa que la anulación del sano juicio bajo el peso del dolor. La víctima cae entonces en un trance en el que nada es más importante que causarle al victimario un sufrimiento mayor que aquel que le fuera infligido, suponiendo que al conseguirlo se alcanzará un estado de satisfacción. El problema es que eso tal vez nunca ocurra, como lo demuestra la versión de Electra escrita hace 25 siglos por Eurípides. Sin embargo en el terreno de las ficciones modernas no hay nada más parecido a un final feliz que una venganza consumada. Alcanza con ver La vengadora.

Bullying, el motor incómodo

Algunas de las noticias más conmocionantes de los últimos tiempos tienen que ver con lo que en la actualidad se conocen como bullying, término incorporado al lenguaje cotidiano hace pocos años para identificar a un tipo de acoso constante, en el que un individuo o grupo ejerce distintas clases de violencia sobre otro. Sobran los ejemplos de personas, por lo general varones, que un día entran al colegio o la oficina para cobrarse a tiros los años de haber sido blanco, por acción u omisión, de las burlas diarias de sus compañeros. Sobre ese tópico complejo, aunque sin intensión de tratarlo seriamente o en profundidad, se desarrolla la trama de Insatiable, serie producida por Netflix con dos temporadas estrenadas en 2018 y 2019. La cadena aún no confirmó si este año habrá o no una tercera.
Patty es una adolescente que soporta desde chiquita la crueldad de sus compañeros debido a su problema de sobrepeso. Pero todo vaso lleno tiene su gota fatal y este no es la excepción. Una noche la pobre está comiéndose un pancho en la puerta de un drugstore, cuando pasa un linyera y le pide de mala manera que le convide un pedazo. Intimidada, ella se niega, recibiendo también la burla despectiva del loquito hambriento. La reacción de Patty es instintiva, visceral, un acto reflejo: le da un golpe al tipo y le rompe la nariz. La chica no alcanza a sorprenderse de su propia reacción que enseguida recibe una nueva agresión del mendigo, que le parte la quijada de una piña.
Insatiable toma como modelo al cuento tradicional La Cenicienta, que ya hace siglos abordó el asunto del bullying (recordar el acoso y las burlas que la protagonista recibía de su madrastra y hermanastras) e incluía también el cumplimiento “mágico” de un deseo. Porque a partir de tener la boca literalmente engrampada y de estar obligada a una dieta líquida para sanar su mandíbula, Patty baja de peso de forma radical, convirtiéndose en una diosa en apenas 40 días. Por el camino del absurdo y de una incorrección política bastante ramplona, estos hechos cumplen la misma función dramática que la escena del Hada Madrina, operando en Patty un cambio soñado. Solo que acá el hada no es bondadosa ni es hada, sino que adquiere la forma de otra víctima del abuso colectivo, el linyera, quien de alguna manera también trata de vengar el abandono que recibe por parte de la sociedad, agrediendo verbal y físicamente a una joven de clase media.
El asunto es que Patty se encuentra de golpe (nunca mejor dicho) en las antípodas de su propia existencia, recibiendo ahora el deseo de todos en lugar del viejo rechazo. Pero lejos de ser un cambio benéfico, la chica utiliza el poder que le otorga su recién recibida popularidad para hacerle pagar a sus agresores las ofensas recibidas durante toda la vida. Así se irá cobrando las cuentas pendientes con todos, desde su madre hasta el mendigo que la golpeó, pasando por las chicas populares que se burlaban de ella o el chico que le gustaba, quienes solo le dieron bola cuando se convirtió en una bomba sexual adolescente, un detalle espinoso sobre el que la serie tampoco parece tener nada inteligente que decir.  

Los trapitos con sangre se lavan en casa

Hulu es la tercera plataforma de streaming en orden de importancia, lejos detrás de Amazon y muy, muy lejos de Netflix. Pero el enorme éxito que ha tenido con The Handmaid’s Tale aún la mantiene en la lucha. A fines del año pasado Hulu estrenó Reprisal, una serie ultraviolenta que retoma algo de la estética y la temática de su par Sons of Anarchy (Canal FX), con toques de Kill Bill, la película de Quentin Tarantino, y un punto de partida similar al de La vengadora. La protagonista es Doris, quien junto a Burt, su hermano mayor, lidera una pandilla de hotroders, que son algo así como motoqueros pero fanáticos de los autos viejos y tuneados. Un día ella descubre que Burt ha cometido un crimen indefendible y para no ser descubierto él la encadena a una camioneta para arrastrarla por el asfalto hasta la muerte. O eso es lo que él cree. Porque como Stephanie (o el personaje de La Novia de Kill Bill), Doris sobrevive y bajo una nueva identidad se pasa diez años planeando su venganza. Ahí comienza Reprisal.
Tanto Doris como sus enemigos son despiadados y la serie lo aprovecha para hacer un uso estilizado del gore. Pero en Reprisal aparece algo inédito, ausente en las otras series citadas hasta acá. Se trata de la culpa, opuesto complementario de la venganza, el sentimiento que en ocasiones, si consigue convertirse en arrepentimiento, puede llegar a redimir al victimario y a eximirlo de la furia de su víctima. En efecto, algunos de los cómplices de Burt manifiestan algún tipo de prurito respecto de sus propias viejas acciones, solo que ni ellos ni la rencorosa de Doris parecen dispuestos a prestarles atención a sus emociones. En ese sentido se puede decir que Reprisal pinta un universo en donde el motor de las acciones es puramente pulsional, nunca mediado ni por la reflexión ni por el análisis de sus motivaciones o consecuencias. Lo confirma la estructura sobre la que está construido el personaje de Doris, siempre reprimida, fría, insensible, conteniendo sus emociones hasta que es desbordada por estallidos de violencia que aparecen casi sin aviso.
El arrepentimiento nunca llega ni en Reprisal, ni en Insatiable, ni en La vengadora, tres producciones en donde las víctimas que ejercen la justicia por mano propia son mujeres. Quien quiera ver en ese dato el reflejo de un cuadro de situación de las sociedades modernas, cuenta con todos los elementos para poder hacerlo. Al mismo tiempo dicha ausencia de arrepentimiento tampoco deja lugar para la aparición del perdón, instancia indispensable para desarticular el deseo de venganza y la única que le abriría la puerta a una posibilidad real de justicia. 

Artículo publicado originalmente en la revista Quid.

LIBROS - Entrevista con Zabo Zamorano, autor de "Yo, adolescente": Pubertad re-revisitada

La novela Yo, adolescente (Planeta) nació como un diario virtual que su autor, Zabo (Nicolás Zamorano), escribió de forma anónima en 2005, cuando tenía apenas 16 años, y publicó a través de la extinta plataforma de Fotolog. 15 años después y tras un arduo proceso de rescrituras, la historia de su alter ego llega por primera vez al formato de libro, mientras el autor espera poder confirmar a la brevedad la fecha de estreno de una película basada en ella, dirigida por el cineasta Lucas Santa Ana.


Aunque recién ahora se publica en el formato de libro, la historia de Yo, adolescente (Editorial Planeta) fue escrita en 2005 por Zabo (Nicolás Zamorano) cuando apenas tenía 16 años. Publicada originalmente con forma de diario anónimo en la ya obsoleta plataforma de Fotolog, la novela puede ser pensada como un claro ejemplo de la hoy popular literatura del yo. Sin tener idea del procedimiento formal que estaba detrás de su ejercicio de escritura, el autor usó (y abusó) de sus vivencias cotidianas para narrar un modesto fresco de lo que significaba ser adolescente en Buenos Aires a comienzos del siglo XXI. Todavía libre de redes sociales, el mundo de Yo, adolescente representa una realidad en la que los coletazos de la crisis de 2001 se cruzaban con el impacto de la tragedia de Cromañón, configurando el peor escenario para ser joven.
Si una virtud se destaca en la novela es su capacidad para hacer que el retrato luzca vívido, para transmitir la sensación de inminencia, de cosa urgente con que los personajes transitan cada instancia. Desde nimiedades como discutir por las bandas de rock favoritas a la reveladora contingencia de asomarse por primera vez a los abismos del amor o de la muerte, Zabo traza un mapa a veces banal y otras profundo –pero siempre ardoroso— del momento en el que la identidad de un individuo comienza a adquirir su configuración definitiva. De esta forma su anclaje de época se convierte apenas en una contingencia, permitiendo que el relato se vuelva familiar para cualquiera que alguna vez haya sido adolescente, en el 510 y en el 2000 también.
“En 2005 no estaba familiarizado con los blogs y Fotolog era la plataforma que usaba para subir lo que escribía, pero tenía la duda de si eso de verdad le gustaba a alguien o si sólo eran mis amigos los que me decían que estaba bueno para hacerme sentir bien”, cuenta Zabo sobre el origen de su novela. “Así que decidí abrir Yo, adolescente como un Fotolog anónimo en donde empecé a escribir lo que me pasaba, lo que se me ocurría y las observaciones que iba haciendo”, sigue. A medida que el espacio se fue haciendo más popular “se armó una cosa como de Batman y Bruno Díaz”, en la que el autor escuchaba hablar sobre su personaje a compañeros de colegio, a otros habitué de la Galería Bond Street o a los asistentes de los recitales de Boom Boom Kid, su gran referente musical en la adolescencia. “Oírlos preguntarse quién estaba atrás de Yo, adolescente me divertía”, reconoce el autor, sin saber hasta dónde iba a llegar el juego.

-Pero además de ese origen formal debe haber una justificación emotiva para la decisión de contar su vida de forma pública.
-Los textos surgieron como una catarsis, porque tenía ganas de escribir lo que me pasaba. Pero recién ahora, 15 años después, me doy cuenta de que en realidad no entendía lo que estaba haciendo. Ni siquiera tenía el filtro de saber si no estaría contando demasiado de mí y exponiendo a la gente que conocía. Lo cual fue un problema, porque en 2005 la privacidad todavía era importante, no como ahora que todo el mundo hace stories de Instagram con cualquier pedo que se tiran. Hoy sé que necesitaba escribir porque la estaba pasando muy mal y me encontraba en medio de una depresión, aunque yo ni siquiera contemplaba esa posibilidad. ¿Cómo podía estar deprimido si era un chico que tenía una vida activa, iba todos los días al colegio y salía con mis amigos? Con los años me di cuenta de que yo mismo me generaba problemas para tapar esa angustia, que necesitaba hablar y como no podía hacerlo con mis amigos ni con mis padres, lo hice frente a desconocidos. Necesitaba saber si entre ellos había alguien que se sintiera como yo.
-Una vez que empezó a volverse popular debe haber sido complicado mantener el anonimato.
-A los protagonistas trataba de alejarlos, de que no se enteren de todo lo que estaba pasando con la historia y agregaba cambios para que las historias no resultarán tan reconocibles. Pero al mismo tiempo disfrutaba del anonimato y eso es lo que más extraño, aunque ese Zabo súper idealizado que había inventado a veces me confundía, porque yo no era así todos los días, no era tan copado ni tenía una vida tan genial. La realidad no era tan divertida.  
-Pero si tanto disfrutaba de ser el súper chico del blog, ¿por qué reveló su identidad?
-Cuando llegué al final de la historia muchos de los lectores se empezaron a preocupar por el destino que había decidido darle al personaje y me llegaban un montón de mails a la casilla anónima del Blog queriendo saber qué había pasado. Cuando vi lo que había provocado en tanta gente sentí que era necesario calmar la situación y me vi obligado a revelar que ese giro final era una completa ficción, un recurso que me permitió expresar una reflexión final. Años después me doy cuenta de que en ese gesto me comporté como el adulto que me hubiera gustado tener cerca.  
-¿Cómo lo afectó esa revelación?
-La verdad que resultó peor para mi entorno que para mí, porque los lectores empezaron a identificar a las personas reales que estaban detrás de los personajes de la historia y de alguna manera eso empezó a afectar su intimidad.  
-¿Hoy lo manejaría de la misma forma?
-Creo que no, pero al mismo tiempo sé que se trató de una catarsis y a las catarsis no se las puede organizar ni detener. Funcionó justamente porque se trató de una catarsis y en el medio descubrí el valor de la privacidad.  
-Usted convive hace 15 años con esta historia. ¿Cómo es su vínculo con ella ahora que se convirtió en un libro y próximamente en una película?
-Tengo una relación de amor-odio con Yo, adolescente, porque por un lado su éxito me permitió hacer lo que quise durante los siguientes 15 años, pero también destruyó un poco mi círculo. Y mi cabeza, con esto de fusionar al Zabo de internet con el Nicolás de la vida real. Al mismo tiempo sentía que había algo raro en la novela, pero nunca terminaba de entender bien qué. Hasta que el cineasta Lucas Santa Ana me propone hacer una película y se da cuenta de que en realidad se trata de la historia de alguien que está deprimido. De un chico que hace todo por tapar su depresión, para no hablar ni pensar en ella y que sobre el final trata de hacer un llamado de atención que sale mal. Yo nunca lo había visto de esa manera y algunos de los cambios que él introdujo me ayudaron a encontrar la forma definitiva para lo que ahora es el libro.  
-Es decir que la versión con la que se encontrarán los lectores fue escrita tras el rodaje de la película.
-Claro, porque cuando terminamos de filmar vi todo lo que le había aportado Lucas, todo lo que los actores le habían sumado a los personajes, y entendí que esas modificaciones mejoraban la historia. Entonces con la película terminada me senté a escribir esta nueva versión que se aleja todavía más de los personajes reales.  
-O sea que el proceso de rescritura ayudó a que el yo literario terminara de independizarse del escritor
-Sí, porque ese proceso también representa el viaje que hice en estos 15 años.  
-¿Y por qué tardó 15 años en publicar la novela?
-Planeta ya me había ofrecido hacerlo hace diez años. Tuvimos una reunión en la que me hice el rebelde y dije que no. En realidad yo creía que era un rebelde pero la verdad es que estaba cagado en las patas, porque sentía que la cosa se me estaba yendo de las manos. Con esta versión de 2019 puede amigarme con el hecho de que a los 16 años no era esa especie de superhéroe adolescente que yo me creía, sino que era un chico que la estaba pasando muy mal. Creo que en esta versión soy más responsable, porque traté de convertirme en ese adulto que yo necesitaba cerca en aquel momento.  
-En el libro el protagonista admite su miedo a convertirse en un adulto como su papá, pero hace cinco años usted grabó un video en el que manifestaba el deseo de adoptar, hablándole a un hijo que ya nació aunque todavía no lo hubiera encontrado. Es posible pensar que en ese video de alguna manera usted se convirtió en padre. ¿Fue difícil dar ese salto que lo llevó de ser aquel hijo despiadado a convertirte en este papá en construcción?
-Creo que eso tiene que ver con el hecho de que un día pude entender a mis viejos. Cuando era chico no entendía el esfuerzo que estaban haciendo para que mi hermana y yo llegáramos más lejos de lo que ellos habían podido llegar, sino que sentía que eso que me había tocado era una mierda. Cuando sos chico no te das cuenta qué tan pobre sos. No terminaba de entender porque mis papás no podían estar tan presentes como los de mis compañeros, ni porque mis amigos tenían la PlayStation 2 y yo solamente un Sega o porque ellos se iban a Miami y nosotros a Mar del Plata. Creo que esos choques a los que me fueron obligando tratando de darme lo mejor me hicieron resentir el lugar de cual venía. Entonces me tuve que inventar una personalidad, una forma de ser para encarar el mundo. Con los años me di cuenta de que lo mejor que hicieron mis viejos fue exponerme a eso, aunque sigo siendo un resentido social y me encanta ir en pantalones cortos y con un tatuaje en la cara a una reunión en Puerto Madero. Me encanta sentir como esa gente no puede creer que necesita a un chabón con un tatuaje en la cara. Así que podés darte cuenta que fui un adolescente todavía más terrible de lo que el libro permite imaginar y si mis viejos me ahogaban con una almohada a nadie se le hubiera ocurrido decir: “¡Che, pero qué terrible!” (risas)  
-¿Cuándo terminó de comprender eso?
-Cuando comprendí el lazo de amor que une a mis padres conmigo. Porque esos lazos no son irrompibles. Hay casos de personas a las que les tocó ser padres sin desearlo y en los que esos lazos con sus hijos están rotos. Mis viejos en cambio siempre fueron muy comprensivos con el hecho de que muchas de mis actitudes tenían que ver con la edad. Y todo ese proceso ahora me parece maravilloso y yo también quiero pasar por eso. Quiero tener a un pelotudo que se encierra en su cuarto por el que daría la vida y por el que me voy a matar trabajando las 24 horas, pero que a pesar de todo me va a mirar con cara de odio mientras yo pienso: “te quiero reventar”. Y va a estar bien, porque forma parte del proceso.  
-¿No cree que el Zabo de 16 años podría ver ese proceso como una traición?
-No lo sé, pero estoy seguro de que entre los 20 y los 30 años hay un límite para reconciliarte con tus padres, a menos que se trate de padres mega tóxicos. Pero si viviste en una familia medianamente normal y después de los 30 todavía estás culpando tus viejos por como sos y por el lugar a dónde vas, entonces ya sos un pelotudo insalvable. 

Artículo publicado originalmente en la Revista Quid.