
Si bien es cierto que reproduce muchos de los esquemas y estructuras de Cars, curiosamente Aviones repite de manera casi textual el relato de Turbo, última película de Dreamworks (principal competencia de Disney/ Pixar). No caben dudas de que la historia de Dusty, una avioneta fumigadora que sueña con competir en carreras de aviones, tiene más en común con el caracol Theo que con el exitoso Rayo McQueen. A diferencia de este último, Dusty y Theo son dos lúmpenes que deben superar las limitaciones de su propia clase para alcanzar un éxito que hasta entonces sólo era posible en el marco de la fantasía. De hecho, no parece casual que ambas películas comiencen jugando con los sueños de sus protagonistas, porque, como en el caso del caracol de carreras, la historia de Dusty recupera lo primordial del sueño americano, esa idea de que todo es posible para cualquiera. Mientras el Rayo era un aristócrata, una estrella desplazada que buscaba recuperar su lugar de privilegio, Dusty y Theo son dos obreros en busca del ascenso social. No por nada el caracol forma parte de una comunidad pseudo rural que desea abandonar; no por nada el relator de la carrera de aviones (a quien el gran Gonzalo Bonadeo presta su voz con naturalidad) menciona que el ingreso de Dusty al mundo selecto de la competencia lo convierte en “el héroe de la clase trabajadora”. Si alguna sorpresa depara Aviones es la de presentar este breve e inesperado insert de peronismo pop.
Sacando eso, y algunos gags y chistes bien presentados, Aviones no aporta mucho más que una galería de nuevos personajes para renovar el catálogo de merchandising del mundo Disney. Bastante menos de lo que el mismo estudio logró con algunos de sus últimos títulos, como la exquisita Enredados, o la discutible pero efectiva Ralph, el demoledor.
Artículo publicado originalmente en la sección Cultura y Espectáculos de Página/12.
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