
Por otra parte, la publicación de este cuento en solitario también se justifica como consecuencia de su reciente y exitosa adaptación al cine, a cargo del director y guionista Fernando Spiner. De hecho, la edición incluye un combo interesante de material extra, compuesto por notas del propio director, el guión completo de la película (escrito por Spiner junto con Javier Diment y Santiago Hadida), y una versión gráfica del mismo en forma de historieta, ilustrada por Cristian Mallea. Este tipo de material, muy frecuente en los Estados Unidos o Europa pero que rara vez llega a editarse como libro en la Argentina, es sin embargo una herramienta interesante para los lectores cinéfilos. Desde aquí es posible acceder al paso inicial de toda obra fílmica, que por lo general permanece oculto para el público, y que en este caso tiene el valor agregado de develar ciertos aspectos de la adaptación a la pantalla de una obra literaria, tópico con frecuencia controversial.
Aballay cumple con su doble cometido. El cuento de Antonio Di Benedetto es notable por la forma en que presenta los medios toscos pero inapelables, con que la culpa se manifiesta en ese gaucho bandolero, acosado por un pasado de crimen, superponiendo con habilidad diversos universos míticos. Pero también por el retrato vívido que consigue hacer de un pasado posible, sin necesidad de caer en torpes costumbrismos, ni saturar el relato de innecesario color local. Por su parte, el guión de Spiner, Diment y Hadida revela un arriesgado concepto de adaptación, cuyo gran mérito es haber encontrado una historia clásica entre los espacios que sabiamente ha sabido dejar abiertos Di Benedetto en su cuento. Sólo queda leer el libro y ver el interesante western gaucho que comparten un apellido: Aballay.
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