lunes, 24 de febrero de 2020

MEDIOS - Robots, el fantasma laboral del siglo XXI: Entrevista a Ingrid Sarchman

La investigadora y docente de la UBA Ingrid Sarchman analiza el impacto del uso de la tecnología en el ámbito del periodismo y la comunicación, atendiendo al modo en que podría afectar la relación laboral entre los grandes conglomerados mediáticos y sus trabajadores, pero tratando de evitar los excesos de la tecnofobia.


La tecnofobia es un mal de época que ya lleva más de dos siglos produciendo paranoias. Desde la explosión de la Revolución Industrial en Europa, a finales del siglo XVIII, pasando por el auge del fordismo y las líneas de montaje, hasta llegar a la automatización de la industria en la actualidad, las máquinas se han convertido en una presencia cada vez más familiar y cotidiana. En el mismo proceso, el miedo a que la tecnología acabe desplazando al hombre de los procesos de producción se ha instalado en la humanidad como una amenaza cada vez más concreta. Es cierto que la realidad alcanza por si sola para justificar la desconfianza, pero no ha sido ese el único elemento que contribuyó a cimentar semejante recelo.
El tema ha sido además alimento de innumerables fantasías distópicas, que se han manifestado a través de la ciencia ficción sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, a partir de novelas y películas que lo han convertido en uno de los temores colectivos más recurrentes. Y redituables: títulos como Westworld (Michael Crichton, 1973), Blade Runner (Ridley Scott, 1982, basada en la novela de 1968, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick), Terminator (James Cameron, 1984) o Mátrix (Lana y Lilly Wachowski, 1999), entre otros, han llegado a convertirse en verdaderos hitos de la cultura pop y en muchos casos en grandes éxitos comerciales. Sus historias se enfocan invariablemente en la suposición de que un enfrentamiento entre hombres y máquinas aparece en el horizonte de la historia como un cataclismo que no hay forma de evitar.
Si algo le faltaba al mundo del periodismo, cuya actualidad y futuro son por lo menos sombríos, era sumar a la ecuación de la precarización laboral, los despidos y el achicamiento o cierre de las redacciones ese miedo a ser reemplazado por máquinas. Pero el momento tan temido está ahora a la vuelta de la esquina. En los últimos años varias empresas periodísticas, como la agencia estatal de noticias china Xinhua y la británica Reuters, han creado robots virtuales generados por plataformas de Inteligencia Artificial (IA) que trabajan con la tecnología Deep Learning, que a partir de procesos algorítmicos son capaces de producir sus propios informes periodísticos y presentarlos en video a través de una interfaz de aspecto humano. Una herramienta que permitiría automatizar la cadena del flujo informativo, al mismo tiempo que reduciría los costos de los grandes conglomerados de medios, cuyos representantes andan siempre calculadora en mano, viendo de qué manera pueden ahorrarse algunos de los pesos destinados a sostener sus recursos humanos y a maximizar las ganancias.
“El surgimiento de estas tecnologías es el resultado de procesos largos que se sostienen en la feliz convivencia entre hombre y máquina”, afirma Ingrid Sarchman, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires en la carrera de Comunicación, en una charla vía Whatsapp con Tiempo Argentino.” Si por un lado la visión humanista creía que había una supuesta naturaleza humana que las máquinas alteraban (y alteran), muchos autores y posturas asumen en cambio que puede existir una colaboración y cooperación entre ambos”, agrega. “Esta idea optimista de cooperación deja de lado toda esa imaginación técnica propia de la ciencia ficción, relacionada con el miedo a la máquina, a la idea de que los robots invadirán el planeta. Fantasías que en nuestras sociedades capitalistas tardías se traducen en la idea de que los hombres perderán su trabajo”, continúa Sarchman.  

-¿Pero en ese caso no habría también que tener en cuenta que quienes impulsan proyectos como este son las mismas empresas que manejan el poder en ese capitalismo tardío?
-Claro, pero en esas visiones optimistas las personas van a reconfigurase y a adaptarse a estos nuevos medioambientes. El malestar real surge en el paso que va de la teoría a la práctica. Porque en la práctica a las megaempresas no les interesa capacitar a sus recursos humanos para que cumplan otras funciones, sino que tienden a expulsarlos, especialmente cuando cumplen determinada edad.  
-Entonces no se trata de simple paranoia sindical, sino del miedo a una posibilidad real de perder la batalla por los recursos económicos en la competencia contra las máquinas.
-El tema es que cuando pensamos en estas novedades técnicas es importante no pararse en esa mirada apocalíptica de "nos invaden las máquinas". A mí no me gusta esa postura de una falsa nostalgia por un pasado atecnológico. Eso no significa que crea que en el futuro podamos vivir en armonía, porque seguramente en esa disputa muchos van a quedar en el camino, en especial los viejos y los pobres, que son los que menos acceso tendrán a esas tecnologías.  
-Por ese camino es inevitable no pensar en un futuro deshumanizado.
-Insisto que cuando se piensan los procesos largos de innovación tecnológica no se lo puede hacer solo desde la concepción "humanista simple". Los ludditas son un ejemplo de esa resistencia.

El Luddismo fue un movimiento que se dio en Inglaterra a comienzos del siglo XIX, en el auge de la Revolución Industrial, inspirado en Ned Ludd, un obrero que alcanzó estatura mítica por realizar acciones tendientes a boicotear el uso de maquinaria en los procesos industriales. A pesar de que su existencia histórica no ha sido probada, la figura de Ludd se convirtió en una suerte de Robin Hood de la clase obrera y su influencia sirvió para que en torno a ella se nucleara la resistencia de obreros y artesanos en la defensa de sus puestos de trabajos. Que los ludditas sean hoy un movimiento prácticamente olvidado puede ser interpretado como una prueba de su derrota y del triunfo de un capitalismo tecnocrático.
“El asunto es pensar a qué se alude cuando se habla de 'lo humano' y si realmente existe una supuesta naturaleza humana que la máquina viene a corromper y alterar”, completa Sarchman, quien junto a su colega Margarita Martínez escribió el libro La imprevisibilidad de la técnica, que en breve será publicado por UNREditora, la editorial de la Universidad Nacional de Rosario.

-Quizá no estaría mal empezar a pensar el asunto desde la perspectiva de los viejos y los pobres, que según usted afirma serían los primeros desplazados.
-La cuestión entonces es pensar en que estas innovaciones debería venir en combo con un cambio de la idea de trabajo. Es decir, la innovación por la innovación misma olvida que es necesario reformular la idea de trabajo. Y por eso si no lo pensás a largo plazo está claro que vas a dejar a muchos afuera. Hay un ejemplo mucho más cercano. ¿Viste que en los supermercados hay varias cajas automáticas donde vos mismo te facturás la compra? Hoy se necesitan menos cajeras.  
-Según esa lógica deberíamos pensar que en el periodismo tal como está configurado hoy se necesitan menos periodistas, a tal punto que da lo mismo que las noticias las dé una máquina o una persona.
-No lo diría en esos términos, sino que lo que se necesita es una reformulación de lo que hace o debería hacer el periodista y cuál es el plus humano.  
-¿Qué análisis puede hacerse estrictamente en términos de la comunicación?
-Queda claro que si a partir de hoy el robot pasa a hacer el trabajo humano no solo cambia el trabajo, sino que también cambia el hombre y en este caso hasta podríamos pensar que también cambia la idea de receptor. Porque si cambia el relator, con él cambian las audiencias, el oído, lo que se espera de quien relata. Si vos como audiencia estás acostumbrado a ver películas dobladas y de pronto todas las películas son subtituladas, vas a tener que cambiar tu manera de consumir cine.  
-En el caso del robot presentado por la agencia Reuters se trata de un dispositivo programado para generar resúmenes de partidos de fútbol, pero con un enfoque que atiende a la acumulación de datos estadísticos y que al mismo tiempo se desentiende del relato, de la narración que producen los cuerpos de los jugadores cuando entran en acción.
-Para pensar en eso quizá primero es mejor determinar qué es lo que distingue a un buen relator de uno mediocre. ¿Creés que ninguna máquina hubiera podido decir lo de "barrilete cósmico"? ¿Podríamos pensar que en el futuro la IA va a ser tan sofisticada que logre decodificar la genialidad de Víctor Hugo?  
-Calculo que vamos en camino a que eso también sea posible.
-Creo que desde la filosofía de la técnica es imposible valorar los procesos en términos de buenos y malos, así como no se puede pensar en que existe una naturaleza humana que la técnica modifica y en el peor de los casos, corrompe.
-Pero el algoritmo solo puede trabajar a partir de lo que ya ocurrió, no puede improvisar o imaginar opciones que no sean las que ya tuvieron lugar y están documentadas.
-Entonces podría pensarse que lo que hace a la naturaleza humana es esa imprevisibilidad y tal vez ese sea su valor agregado. El hecho que de manera inentendible a Víctor Hugo se le haya ocurrido la frase "barrilete cósmico". Para mí estas son las cosas que obligan a repensar qué lugar y de qué manera podemos abordar a la naturaleza humana, y cómo se va modificando en esa relación con la máquina. Porque ya no pensamos igual y hasta usamos una tecnología que los periodistas de hace 20 años no tenían. Hoy podes armar una nota con video, voz y letra sin moverte de tu casa. Y de hecho estamos teniendo esta conversación a través de Whatsapp.  
-En el robot de Reuters también es notorio el hecho de que funciona a partir de una prevalencia del cálculo sobre el relato e incluso de la lógica sobre la emoción.
-Esa es una de las cosas más interesantes para pensar, porque obliga a definir el campo de la comunicación. ¿Qué elementos se ponen en juego en la escena comunicacional? ¿Las emociones podrían ser transmitidas por máquinas? Como dije antes, en principio podríamos pensar que existe una dimensión a la que la máquina no puede acceder. La imprevisibilidad, eso que hace que algo pase por única vez. Entonces te hago una pregunta que tal vez pueda ayudar a pensar el tema: ¿por qué la gente elige a un relator o a otro? ¿Qué buscan en Víctor Hugo o qué buscaban en Muñoz?  
-Creo que lo que se busca es a alguien capaz de contar el cuento del fútbol de forma maravillosa.
-Es bueno eso: todos queremos que nos cuenten cuentos. Para mí, y es una teoría personal, si hay algo que las personas podemos hacer mucho mejor que las máquinas es inventar historias, adornarlas, usar palabras que en principio no tienen relación. Insisto con el ejemplo del barrilete cósmico porque me parece una gran frase. Entonces creo que estas tecnologías nos enfrentan mucho más con preguntas acerca de las capacidades y las posibilidades humanas que con el miedo o el rechazo a la máquina. 

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar.

domingo, 23 de febrero de 2020

MEDIOS - El periodista robot y el futuro de la comunicación: Elogio de lo imprevisible

El periodista virtual presentado por la agencia británica Reuters abre la polémica en torno al lugar que pueden ocupar las máquinas en los procesos de producción de noticias.

La agencia de noticias británica Reuters presentó hace dos semanas al primer periodista deportivo virtual, un robot informático que produce, escribe, edita y transmite sin intervención humana sus propios resúmenes en video de los partidos de la Premiere League, el torneo profesional del fútbol inglés. A pesar de lo novedoso, el anuncio apenas ocupó algún espacio marginal en las páginas menos leídas de los diarios. Lo curioso es que se trata de un hecho que podría cambiar de manera radical la forma en que los medios de comunicación transmiten la información y por ende, influir en el modo en que las personas van construyendo esa parte de la realidad con la que no tienen contacto directo.
¿Por qué siendo un hecho de semejante trascendencia pasó casi desapercibido? Si se lo mira de manera romántica podría pensarse que, como ocurrió con los indígenas frente a las carabelas de Colón, el ser humano contemporáneo no está capacitado para alcanzar a entender el giro histórico al que se enfrenta. Posible, pero poco probable: tal vez sea más realista pensar que el mundo cambia tan rápido que la humanidad ha perdido la capacidad de asombro. Hoy las revoluciones se miden minuto a minuto.
La última alternativa, de carácter por completo materialista, es que los propios medios prefieren mantener el perfil bajo para no deschavar su propio plan para bajar los costos que implica mantener activa una empresa periodística. De hecho uno de los que le dio un espacio a la noticia no tuvo empachos en encararla exactamente desde ese punto de vista. Fue el diario británico The Times, que para presentar al robot de Reuters eligió una frase sugestiva: “Cuidado, Gary Lineker: este presentador va detrás de tu trabajo y no cuesta 1,75 millones de libras al año”. El “chiste” hace referencia a la labor que el ex goleador de la selección inglesa realiza desde hace años como conductor de un programa deportivo en la BBC y al ahorro que representaría poner en su lugar a un periodista virtual.
El escritor y ensayista argentino Juan José Becerra analiza el asunto desde una perspectiva análoga. “Creo que lo que buscan producir las empresas como Reuters es un costo menor para sus productos. Es decir que aquello que se produce les cueste menos de lo que cuesta un periodista”, afirmó al ser consultado. Para el autor de libros como Fenómenos argentinos (Planeta), la aparición del robot periodista está directamente vinculada “a la historia de la mano de obra” y a los procesos que tuvieron lugar durante la Revolución Industrial, a finales del siglo XVIII. “Si entonces un hilandero fue reemplazado por la máquina de hilar, ¿porque a la mano de obra de una persona que produce contenidos no la puede reemplazar una máquina?”, se pregunta Becerra, quien concluye que detrás de estas innovaciones “hay una lógica industrial bastante arraigada que obedece al hecho de que el que paga siempre quiere pagar menos”.
El robot periodista de Reuters funciona a partir de un algoritmo de inteligencia artificial que se abastece en tiempo real de los contenidos que la propia agencia produce en torno de los partidos fr fútbol, incluyendo estadísticas, fotografías y videos. A partir de ellos el sistema es capaz de procesar la información, escribir su propio guión (incluídos subtítulos o zócalos), editar las imágenes, y generar un personaje de apariencia humana que se encarga de transmitir el reporte.
Para Ingrid Sarchman, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, responsable del Seminario de Informática y Sociedad de la carrera de Comunicación, el surgimiento de estas tecnologías es “el resultado de procesos largos que se sostienen en la convivencia entre hombre y máquina”, pero que produce miradas opuestas. “Si la visión humanista creía que había una naturaleza humana que las máquinas alteraban (y alteran), muchos autores y posturas en cambio asumen que puede existir una colaboración y cooperación entre ambos”, dice Sarchman. Este último enfoque “deja de lado las fantasías relacionadas con el miedo a la máquina, propias de la ciencia ficción y basadas en la idea de que los robots invaden el planeta. En las sociedades del capitalismo tardío este temor se traduce en la idea de que los hombres perderán su trabajo” por culpa de las máquinas. El problema de estas visiones optimistas surge en el paso que va del dicho al hecho. Porque, según la investigadora, “en la práctica a las megaempresas no les interesa capacitar a sus recursos humanos para que hagan otras cosas, sino que tienden a expulsarlos, especialmente cuando cumplen determinada edad”.
Para ella “queda claro que si el robot pasa a hacer el trabajo humano no solo cambia el trabajo, sino que también cambia el hombre”. Puesto en los términos de la comunicación “se puede pensar que hasta cambia la idea de receptor. Porque si se modifica el relator, con él también lo hacen las audiencias, el oído y lo que se espera de quien relata”. “Si vos como audiencia estás acostumbrado a ver películas dobladas y de pronto todas las películas son subtituladas, vas a tener que cambiar tu manera de consumir cine”, ejemplifica.
Becerra tiene una mirada más desencantada. Para él cambiar a un periodista humano por uno robotizado produciría en el espectador más o menos el mismo efecto de “encantamiento”. Un estado cercano a la hipnosis que inevitablemente “deriva en la indignación o en la conmoción, relaciones afectivas que surgen por el lado de la ira o incluso del llanto y el melodrama”, que según el escritor forman parte “del arco de efectos sobre el que trabaja el periodismo de máquinas” que producen los grandes conglomerados mediáticos. En resumen: el espectador acostumbrado a indignarse frente a las noticias lo seguirá haciendo, y el que se conmueva también, sin importar quién se las transmita.
Además Becerra cree que la utilización del periodismo deportivo como base para esta prueba tiene que ver con el hecho de que, dentro de las ramas del oficio, es la que se encuentra en peor estado. Y reconoce (un poco en broma, un poco en serio) que la posibilidad de que “una máquina pueda reemplazar a Marcelo Palacios (periodista de TyC Sports) a mí sinceramente me hace muy feliz”. Porque en el fondo, afirma, “el algoritmo también está movido por una fuerza idiota, una fuerza humana que se mide a través de los instrumentos que hacen fuerte al populismo de mercado". Por lo tanto “lo que que estos robots van a hacer es darle a la gente lo que quiere”, de modo que “el círculo sigue funcionando, pero esta vez sin escala humana”, que en este sistema quedaría reducida “al nivel del consumo”. Por eso también sostiene que este tipo de algoritmos nunca podrán reemplazar a los “autores”, sino que están destinados a reemplazar a “las máquinas humanas como Marcelo Palacios”, pero por un costo menor.
En esa misma línea y sin salir del territorio del periodismo deportivo, Sarchman sostiene que lo que distingue “a la naturaleza humana es la imprevisibilidad, el hecho de que, de manera inentendible, a Víctor Hugo se le haya ocurrido la frase del barrilete cósmico” y que “tal vez ese sea el valor agregado” que distingue a lo humano de lo automático. “Estas son las cosas que obligan a repensar qué lugar y de qué manera podemos entender la naturaleza humana, y cómo se va modificando en esa relación con la máquina”, continúa la docente. No resulta menor en ese sentido que la labor del periodista robot de Reuters se concentre en la acumulación de datos estadísticos, al mismo tiempo que se desentiende de lo emotivo, del relato que producen los cuerpos de los jugadores en acción. “Creo que es una de las cosas más interesantes para pensar el asunto”, afirma Sarchman, “porque obliga a definir el campo de la comunicación”. Y se pregunta cuáles son los elementos que se ponen en juego en la escena comunicacional y si no existe la posibilidad de que en algún momento las emociones también puedan ser transmitidas por las máquinas. “En principio se puede pensar que existe una dimensión a la que la máquina no puede acceder, esa imprevisibilidad que permite que algo pase por única vez”.
Parece entonces que el arma con la que cuentan los periodistas humanos en su competencia contra sus nuevos colegas virtuales es esa capacidad de generar relatos únicos, de ir más allá de la simple selección y ordenamiento lógico de los datos informativos. “Todos queremos que nos cuenten un cuento”, afirma la académica, quien junto a su colega Margarita Martínez escribió el libro La imprevisibilidad de la técnica, que en breve será editado por la Universidad Nacional de Rosario. “Si hay algo que las personas podemos hacer mucho mejor que las máquinas es inventar historias, adornarlas, usar palabras que en principio no tienen relación: eso es el barrilete cósmico”, continúa. Quizá se trata de ver más allá del aspecto amenazante de la tecnología. Sarchman no tiene ninguna duda: “Creo que estos avances nos enfrentan mucho más con preguntas acerca de las capacidades y las posibilidades humanas, que con el miedo o el rechazo a la máquina”. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

jueves, 20 de febrero de 2020

CINE - "El escándalo" (Bombshell), de Jay Roach: El “Me Too” antes del #MeeToo

El “Mee Too” antes del #MeeToo. Así podría definirse a El escándalo, la nueva película de Jay Roach basada en las acusaciones de acoso sexual que distintas periodistas y trabajadoras del canal de noticias Fox News (incluidas varias de sus estrellas) realizaron contra quien fuera su socio fundador y director, Roger Ailes. Esta historia ha sido fundamental en la batalla por la igualdad de oportunidades y derechos que en la actualidad las mujeres llevan adelante, no solo en los Estados Unidos. El caso es emblemático porque ocurrió un año antes de las acusaciones contra Harvey Weinstein, cuyo caso fue más mediático porque se trataba del hombre más poderoso de Hollywood.
Pero si de poder se trata, Roger Ailes estaba mucho más arriba. Miembro prominente de la clase más conservadora de su país, Ailes fue asesor directo de Richard Nixon, Ronald Reagan, George W. Bush y Donald Trump en las campañas presidenciales que los llevaron directo a la Casa Blanca. Creador de un imperio periodístico como socio y brazo ejecutor del magnate de los medios Rupert Murdock, Ailes era uno de los hombres más poderosos de los Estados Unidos. Hasta que las mujeres que durante años fueron víctimas de sus acosos y abusos se cansaron.
El escándalo es una de esas películas en la que la información es tan abundante que se necesitan varias escenas para establecer el contexto y ayudar a que el espectador desinformado se ponga al corriente. La narración transcurre en 2016 y arranca pocos meses antes de que la primera acusación contra Ailes tomara estado público. La atención se centra en tres personajes, dos de ellos inspirados en personas reales. Se trata de Gretchen Carlson y Megyn Kelly, periodistas estrella de la cadena que representaban a la perfección el rol de rubias, bonitas e inteligentes que el propio Ailes había convertido en una marca registrada de Fox News. Kelly, la más joven de ellas, se encontraba en la cresta de la ola tras haber moderado el debate republicano previo a que Trump se convirtiera en el candidato de su partido. La carrera de Carlson en cambio venía cayendo y ella suponía que por negarse sistemáticamente a las insinuaciones de Ailes. Y cuando es despedida por el canal, al fin se decide a demandarlo. El tercer personaje es pura ficción, una periodista más joven que simboliza a las víctimas anónimas.
Nicole Kidman, Charlize Theron y Margot Robbie se lucen en sus interpretaciones, del mismo modo en que lo hace el extraordinario John Lithgow en el papel de Ailes. Es cierto que El escándalo consigue sostener la tensión a pesar de que el final es conocido. Sin embargo tiene algunas dificultades, sobre todo al comienzo, para organizar las toneladas de información que va lanzando. Algo parecido a lo que ocurría con La gran apuesta (2015), la película dirigida por Adam McKay con la que comparte al guionista Charles Randolph, ambas multinominadas a los Oscar.
Como en aquella, acá también las protagonistas varias veces necesitan entablar un diálogo con el público y recurren al truco de hacerlo hablando directo a cámara para explicar qué es lo que pasa, quiénes son los personajes que aparecen y por qué son importantes. En la misma línea, El escándalo por momentos también peca de cierta candidez simbólica y de una abundancia de explicitud que hacen que la película se ponga un poco obvia. Es cierto que estos excesos tal vez sirvan para potenciarla como objeto de denuncia, para ilustrar las situaciones de violencia a las que las mujeres están expuestas de forma cotidiana. Pero también es posible que estos mismos elementos la debiliten en su carácter de narración cinematográfica.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - "Gretel y Hansel: Un siniestro cuento de hadas" (Gretel & Hansel), de Oz Perkins: El derecho a ser bruja

Casi desde su fundación, la industria del cine se encargó de confirmar la riqueza de los cuentos de hadas, apropiándose de su potencia para alimentar una usina que siempre necesita hallar nuevos yacimientos de relatos para mantenerse en movimiento. Gretel y Hansel: Un siniestro cuento de hadas, novedosa versión del clásico Hansel y Gretel filtrada por el imaginario y los recursos del cine fantástico y de terror, abreva justamente en el universo de la narrativa popular más tradicional. Un juego que, por otra parte, no es la primera vez que se realiza ni con los cuentos de hadas en general, ni con la historia de los dos hermanos abandonados en el bosque en particular.
La inversión en el orden de los nombres en el título, colocando a la hermana delante, tiene varias interpretaciones posibles. Aunque quizá lo más oportuno sea leerla como un intento de adaptar el relato clásico al paradigma feminista actual, una idea que se sostiene en numerosas justificaciones narrativas. Al revés del cuento, acá Gretel es la mayor, una adolescente, y sobre ella pesa la responsabilidad de cuidar al pequeño Hansel. Sus padres han muerto a causa de la peste y la hambruna ha devastado la aldea en la que viven. La tragedia los obliga a atravesar el bosque en busca de una utópica comunidad de leñadores que, según creen, los recibirá, cuidará de ellos con gusto y les dará un oficio. Pero ya se sabe lo que encontrarán en el camino.
La disolución familiar coloca a Gretel en el doble rol de asumir la representación de la figura materna, en tanto siente el impulso y el deber de mantener viva la ilusión de un hogar, pero también el instinto paterno de velar por Hansel en un mundo que es percibido como una amenaza. El resultado es una figura fuerte como la que en la actualidad reivindica para sí el colectivo femenino. Esa dualidad es representada con eficacia por la actriz Sophia Lillis, la joven pelirroja de IT, del argentino Andy Muschietti. Gretel y Hansel juega con la imagen andrógina de Lillis para potenciar la fusión y darle al relato un oportuno anclaje contemporáneo. Dicha intención se confirma de forma temprana cuando Gretel rechaza tanto trabajar como sirvienta para un burgués que trata de imponerle “servicios adicionales”, como la reclusión en un convento, ambas alternativas impuestas por la madre agonizante.
Con una estupenda labor de arte y fotografía, y una relectura del clásico en clave pesadillesca que por momentos evoca a los trabajos del británico Peter Strickland, Gretel y Hansel resulta estimulante a partir de su enfoque diverso (pero deudor del original) y de la construcción de un mundo oscuro tanto en lo narrativo como en lo visual. Pero también por el complejo abanico simbólico que despliega para re-apropiarse y reinterpretar a los arquetipos clásicos, en busca de encontrar en ellos nuevas formas de representar lo femenino y sus particularidades. Porque de algún modo Gretel y Hansel reivindíca el derecho femenino a ocupar también el rol de bruja. Y a mucha honra. Ocurre que también en ese intento a veces la película puede volverse un poco obvia. 

Artíuclo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 17 de febrero de 2020

MEDIOS - Presentan un robot periodista que crea sus propias noticias deportivas

La agencia de noticias británica Reuters presentó hace una semana al primer periodista deportivo virtual del mundo. Se trata de un proyecto realizado en sociedad junto a Synthesia –una compañía de medios sintéticos centrada en el desarrollo y aplicación de inteligencia artificial (IA)—, cuyo diseño se basa en la combinación de imágenes de vídeo de un presentador humano con patrones de aprendizaje algorítmicos. El presentador, que fue diseñado para verse y sonar igual que Ossian Shine, reconocido editor global de deportes de Reuters, es capaz de realizar el resumen de un encuentro deportivo utilizando las fotografías y reportes producidos por la propia agencia, pero combinados sin ningún tipo de escritura, edición o producción humana. Por el momento el proyecto no es más que un prototipo, aunque su desarrollo podría suponer un paso adelante en materia de automatización del flujo informativo.
Este sistema funciona a partir de un mecanismo de autoselección de información en tiempo real realizado por un algoritmo de IA. El mismo accede al archivo de Reuters, donde minuto a minuto tiene disponible toda la oferta existente de vídeos de partidos deportivos producidos por la agencia, incluyendo fotografías de los encuentros de la Premier League, para combinarlos con la información y los datos estadísticos del juego. Con el material recopilado el algoritmo crea de forma automática un guión para que sea leído por un presentador generado por computadora. Esta misma tecnología de IA, conocida popularmente como Deepfakes, es utilizada por Reuters para crear automáticamente los videos subtitulados de los partidos que sube a las redes sociales.


En el video de presentación, el avatar virtual de Shine realiza un resumen de 78 segundos de la victoria por 2-1 del Leicester City sobre el Burnley, ocurrida durante el pasado octubre. El informe incluye los goleadores, las asistencias, las clasificaciones de la liga y la concurrencia.
Nick Cohen, jefe global de Reuters, dijo al respecto que la agencia británica se encuentra desde hace mucho “a la vanguardia de la exploración del potencial de las nuevas tecnologías para difundir noticias e información”. Sostuvo además que este tipo de prototipos ayudarán “a entender cómo la IA y los medios sintéticos pueden combinarse en tiempo real con nuestras fuentes periodísticas y de fotografía, para crear todo un nuevo tipo de productos y servicios".
Por su parte Victor Riparbelli, CEO y cofundador de Synthesia, manifestó su satisfacción por el resultado de la asociación con Reuters en este proyecto, con el que se busca “demostrar el potencial de las tecnologías de los medios sintéticos para entregar noticias personalizadas en tiempo real a los consumidores”. “El contenido generado por la IA será una piedra angular del panorama mediático en la próxima década”, afirma Riparbelli, “y nos complace estar a la vanguardia del desarrollo de nuevos productos y experiencias junto a líderes de la industria como Reuters".
Sin embargo el proyecto también permite abrir un debate acerca de los caminos que podrían tomar el análisis de datos informativos y los límites éticos en la difusión de noticias sin la intermediación de una instancia humana. El propio Shine, cuyo rostro fue elegido para darle “vida” al nuevo periodista virtual, se manifestó fascinado con la posibilidad de participar en el proyecto. Pero también expresó que la experiencia de “ver a un personaje que se ve y suena como uno mismo, pero diciendo frases y oraciones bajo las órdenes de alguien o algo" tuvo algo de surrealista.


La creación de Reuters no es, sin embargo, la primera que una empresa periodística realiza en ese terreno. Ya el año pasado Xinhua, la agencia de noticias estatal de China, había puesto en funcionamiento a “los primeros presentadores de noticias generados por IA”. En ese caso los diseñadores también habían tomado como modelos a dos de sus propios periodistas reales, cuyos avatares virtuales pueden generar y presentar sus propias noticias durante las 24 horas, sin parar. Una característica que de aplicarse volvería virtualmente obsoletos a los periodistas humanos.

Desde Reuters comunicaron que por el momento el prototipo está pensado solo como una prueba de concepto. Un diseño cuyo objeto es mostrar el potencial de este tipo de sistemas de presentación de noticias basados en la aplicación de IA en los futuros servicios de noticias e información en tiempo real. Por supuesto, la agencia se encargó de dejar en claro que todos los datos e información utilizados en los reportes de su nuevo periodista virtual provienen del mundo real.
Sin embargo el Sindicato Nacional de Periodistas británicos recibió la noticia emitiendo un comunicado cauteloso. "Es fascinante ver de qué forma la tecnología ha progresado, al punto de que ahora los robots pueden ser presentadores de televisión. Pero seguimos creyendo que el toque personal y el enfoque profesional de un periodista real no pueden ser reemplazados. La tecnología debe ser usada para mejorar las prácticas periodísticas, no como una oportunidad para recortar puestos de trabajo".


En el terreno popular, la tecnología Deepfake ha sido utilizada con distintos fines, desde falsificar películas pornográficas, reemplazando los rostros de los actores por los de reconocidas estrellas de Hollywood, hasta crear noticias falsas. El cineasta Jordan Peel, director de películas como la nominada al Oscar en 2019 ¡Huye!, creó un video en el que se ve al ex presidente de los Estados Unidos Barack Obama afirmando que el actual presidente Donald Trump es “una mierda”. El propio Peel se encarga de revelar el truco enseguida, para advertirle al espectador lo importante que es en la actualidad estar atento a la posibilidad de ser engañado por las llamadas Fake News (noticias falsas).
En el terreno recreativo es interesante el trabajo que realiza el sitio Crtl Shift Face. El mismo se dedica a cambiar las caras de los actores en películas icónicas, para poner en su lugar los rostros de estrellas cuya presencia resignifica al original. Entre sus trabajos más curiosos se encuentra aquel en el que pusieron a Sylvester Stallone a protagonizar Terminator 2, en el papel que hizo famoso a la otra gran estrella de acción de los ’80, el austríaco Arnold Schwartzenegger. O las escenas de El resplandor, la popular película de terror dirigida por Stanley Kubrick, pero con el comediante Jim Carrey en lugar del desatado Jack Nicholson.


Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar.