Hay nombres en la historia de la literatura cuya sola mención alcanza para representar no sólo a toda una época, sino a un momento determinado de la historia de una lengua. Los ejemplos más claros y notables son los de William Shakespeare y Miguel de Cervantes, considerados epítomes y padres de las letras inglesas y españolas, sino máximos exponentes históricos en el uso de dichas lenguas. Algo así ocurre con el poeta y dramaturgo Federico García Lorca, tal vez el nombre más importante y universal de la poesía en lengua española del siglo XX, de cuya trágica muerte se cumple mañana el 80º aniversario. O al menos eso se supone.
Porque García Lorca fue fusilado apenas un mes después de que una conspiración militar se sublevara contra el gobierno democrático de la 2º República española, constituído a comienzos de 1936, dando comienzo a la Guerra Civil que se prolongó hasta abril de 1939, diezmando la vida política, social y cultural de la nación ibérica. Sin embargo, aunque se ha llegado al consenso de que su asesinato se produjo en la madrugada del 18 de agosto de 1936, todavía existen discusiones al respecto y opiniones que ubican al crimen un día antes o un día después de dicha fecha. Quisieron los hombres y el destino que su nacimiento y su asesinato se produjeran en Fuente Vaquero y Alcafar, dos pueblos vecinos de la comarca de Vega de Granada, en la provincia de Granada, y es por eso que el monolito granadino que se alza justamente en Alfacar, creado para homenajear al poeta y a las otras tres personas que fueron fusilados con él aquella madrugada, mañana volverá a cubrirse de flores para conmemorar las ocho décadas del crimen que apagó su vidas de forma prematura.
García Lorca había nacido el 5 de Junio de 1898 y tenía apenas 38 años al momento de su muerte. 80 años después sus restos continúan sin aparecer, junto con los de otras más de 100 mil víctimas de la dictadura encabezada por el generar Francisco Franco, que se extendió desde el final de la guerra hasta su muerte ocurrida el 20 de noviembre de 1975. Más de 100 mil desaparecidos que el estado español aún hoy les sigue negando justicia y una reparación oficial.
Aunque fue poeta, dramaturgo y prosista, García Lorca es recordado sobre todo por su obra poética y teatral, géneros en los que es considerado el autor de mayor influencia y popularidad de la literatura española del siglo XX. Un elogio para nada menor, teniendo en cuenta que fue contemporáneo de poetas célebres como el nicaragüense Rubén Darío, el chileno Pablo Neruda, el peruano César Vallejo, la argentina Alfonsina Storni y sus compatriotas Antonio Machado, Rafael Alberti y Miguel Hernández, o de dramaturgos de la talla de los españoles Alejandro Casona y los argentinos Leopoldo Marechal o Armando Discépolo. Piezas como "La casa de Bernarda Alba", "Mariana Pineda", "La zapatera prodigiosa", "Bodas de sangre", "Yerma" y "Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores” se convirtieron ya desde su estreno en clásicos instantáneos del teatro iberoamericano. En tanto que su obra poética reúne piezas claves de la poesía española, como su "Oda a Salvador Dalí", "Romancero gitano", "Poeta en Nueva York", "Sonetos del amor oscuro" y "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías".
Piden a la justicia argentina que investigue el asesinato
Al igual que ocurre con los robos, secuestros, torturas, asesinatos, robos de identidad y desapariciones perpetrados por el estado argentino durante el gobierno militar que usurpó el poder entre los años 1976 y 1983, los crímenes atroces cometidos por el estado español durante la dictadura del general Franco son considerados de Lesa Humanidad. Es decir, crímenes contra la raza humana en su conjunto. Por eso mismo el derecho internacional, atento a garantizar la prerrogativa de justicia universal, permite que las causas e investigaciones de los mismos puedan ser iniciadas en cualquier tribunal del mundo.
Eso permitió que durante el pasado mes de abril la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica española presentó ante la Justicia argentina un pedido para que se instruya una causa de lesa humanidad por los crímenes cometidos en España durante el régimen de Francisco Franco. Y en particular fue entregado un escrito para que las autoridades argentinas investiguen el crimen de García Lorca. Tales acciones fueron realizados ante el tribunal a cargo de la jueza federal María Romilda Servini de Cubría, en donde los abogados Ana Messuti y Carlos Slepoy presentaron en los tribunales de Comodoro Py documentación que podría aportar al esclarecimiento del asesinato de García Lorca, ocurrido en Granada, España, en el inicio de la Guerra Civil Española.
A través de un comunicado, la mencionada asociación destacó el honor que representa “poder acompañar este proceso de memoria, verdad y justicia que se está gestando desde la Querella Argentina por los Crímenes del franquismo”. Y señalaron que se trata de “un momento en el que todos debemos comprometernos y colaborar para que este trabajo se difunda. Debemos romper la barrera del silencio que el fascismo español construyó en torno a la barbarie que constituyó el régimen de facto de Francisco Franco.
El acto representa una movida inédita y fundamental en torno de la búsqueda de justicia para aquellos crímenes, en tanto que la mencionada causa que se sigue en el Juzgado Federal Número 1 de Buenos Aires es el único expediente abierto en el mundo en el cual se investigan los crímenes perpetrados por el franquismo. En ese marco Servini de Cubría imputó por delitos de lesa humanidad a 19 personas, motivando que entidades defensoras de los derechos humanos como Amnistía Internacional reclamaran que España colabore con las investigaciones.
Tras los restos del poeta
La búsqueda de los restos físicos de Federico García Lorca se han convertido en un drama largo y penoso no exento de patetismo. En ella se mezclan el empeño y la tenacidad de asociaciones particulares interesadas en recuperar no sólo los huesos del poeta, sino la dignidad de un pueblo que no se decide (o no se atreve) a revisar su propia historia ni a purgar los crímenes que todavía permanecen impunes, con una actitud por parte del estado que en el mejor de los casos puede considerarse tibia, el silencio de gran parte de un pueblo (el español) que por momentos recuerda al de Fuenteovejuna, la clásica pieza teatral de Lope de Vega.
No han sido pocos los intentos por dar con la fosa común en la que permanecen ocultos desde hace 80 años los restos del poeta, junto con los del maestro republicano Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, todos asesinados en aquella fatídica madrugada de agosto de 1936. También abundan las historias cruzadas que emplazan el lugar del entierro anónimo en diferentes solares ubicados en el camino que separa a los pueblos granadinos de Fuente Vaquero y Alcafar. Así hay quién dice que la fosa se encuentra más acá y quien señala que un poco más allá, dando por resultado que los cuatro cuerpos asesinados continúen desaparecidos. A eso debe sumarse las idas y venidas de los diferentes estados involucrados, que a veces acceden a apoyar las excavaciones de manera timorata, mientras que otras veces se niegan a seguir financiando la búsqueda.
Durante el mes de junio de 2015 la asociación Regreso con Honor pidió a la Junta de Andalucía el correspondiente permiso para iniciar la búsqueda, solicitud que fue aceptada un año después, permitiendo que los solicitantes recién pudieran recomenzar con la búsqueda hace poco más de un mes. Se trata, según han confirmado fuentes del propio gobierno andaluz, de la primera vez que una autorización de este tipo es pedida sin solicitar dinero para su financiación. Los servicios jurídicos de la Junta dictaminaron que no es necesario el permiso de la Administración para trabajos privados de localización de víctimas del franquismo, lo que le permite a los promotores de la búsqueda seguir sondeando la zona del posible enterramiento, un antiguo campo de instrucción de las tropas falangistas conocido como Peñón del Colorado. Sin embargo aclararon que en caso de aparecer restos óseos con evidencias de muerte violenta que pudieran haber pertenecido a “represaliados por el franquismo”, entonces la Administración autonómica de la provincia deberá hacerse cargo de las tareas de exhumación.
El proyecto cuenta con los respaldo de la familia Galindo y de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en calidad de "familia política" de Arcollas y Galadí. Sin embargo, y para complicar aún más la novela de la búsqueda, la asociación Regreso con Honor ha denunciado que su investigación ha sido permanentemente obstaculizada por parte de los descendientes de García Lorca, una actitud que habría provocado la demora de una respuesta positiva por parte de la Junta. La confirmación del permiso permitió a Regreso con Honor comenzar con la tercera fase de una búsqueda, después de que las dos anteriores, llevadas adelante en los años 2009 y 2014 por la propia Junta y que finalizaron sin hallar evidencias de enterramiento.
La casa de Bernarda Alba y trama familiar detrás del asesinato
Cuando los investigadores señalan que la familia del propio Federico García Lorca se ha convertido en uno de los principales escollos de la búsqueda, es inevitable preguntarse qué puede haber detrás de esa actitud y de la voluntad de que los restos no sean hallados. Una posible respuesta se encuentre en los detalles de un crimen atroz en el que se mezclan la política, la literatura, la homofobia y una compleja trama de disputas y enfrentamientos familiares.
Según se sabe, el poeta fue fusilado cerca de Fuente Grande, en las afueras de la localidad de Alfácar, provincia de Granada. Pero su asesinato había sido planificado desde que el poeta volviera a Fuente Vaquero, su pueblo natal vecino a Alcáfar, apenas unas semanas después del estallido de la Guerra Civil, desoyendo a quienes le sugerían partir hacia el exilio. Lo que ocurrió durante esos días es fundamental en la reconstrucción de una historia en la que los cruces acusatorios van y vienen en formato de libros y películas documentales.
El libro “Los últimos días de García Lorca”, del periodista granadino Eduardo Molina Fajardo, fue editado en 1983 algunos meses después de la muerte de su autor por decisión de su esposa y sus páginas causaron no pocas polémicas al momento de su publicación. Ante eso, en aquel momento la viuda de Molina Fajardo declaró que entendía que tales polémicas ya no tenían ningún sentido, porque ninguna discusión podía devolverle la vida a quienes ya estaban muertos, ni volver heroica la actuación de quienes demostraron cobardía. “Lo que debemos procurar todos es tener siempre presente que hechos como éstos no deben nunca volver a repetirse", concluyó entonces la viuda. Uno de los elementos polémicos de aquella investigación era la intención de Molina Fajardo de exculpar a la Falange española (el movimiento fascista español del cual el propio periodista formaba parte) de toda responsabilidad en el asesinato de García Lorca.
En coincidencia con el 75 aniversario del asesinato, en 2011 el historiador Miguel Caballero publicó el volumen Las trece últimas horas en la vida de García Lorca, en donde le pone nombre y apellido a los instigadores y ejecutores del crimen. El libro de Caballero toma como uno de sus puntales la investigación del propio Molina Fajardo, aunque llega a una conclusión bien distinta: que la cadena de decisiones que llevó al trágico final del autor de Romancero gitano estuvo compuesta en un 90% por miembros de Falange Española. Pero en ese libro también se hace alude a un entramado de rencores familiares que habrían sido un elemento fundamental en la conspiración que acabó con la muerte del poeta.
En esa misma teoría se apoya la tesis que el director Emilio Ruiz Barrachina expone en su documental "Lorca, el mar deja de moverse". En él se sostiene que los primos del escritor, pertenecientes a la familia Roldán, fueron los instigadores de la detención y el asesinato de Lorca. Ambas familias se encontraban distanciadas desde hace años por una rencilla insalvable en la que la política tenía un papel preponderante, ya que los García Lorca eran republicanos y sus parientes partidarios del conservador Acción Popular. Según esta teoría los Roldán intentaban cobrarse la ofensa que el poeta les habría causado al publicar su última y más famosa obra de teatro, “La casa de Bernarda Alba”, en la cual el autor retrata de manera cruel la vida de una mujer que somete a sus hijas a un régimen de excesivo control. Hoy se sabe que aquella historia está basada en personajes reales que también eran parientes de los Roldán. Entonces la publicación de la obra, sumada a las ideas de izquierda y la homosexualidad de García Lorca, habrían sido algunos de los motivos por los cuales este fuera entregado para su posterior asesinato.
Publicada poco antes del comienzo de la Guerra Civil que marcó la caída de la 2º República española, “La casa de Bernarda Alba” no se estrenó en España, sino que recién pudo hacerlo en la Argentina nueve años después, el 8 de marzo de 1945 en el teatro Avenida de Buenos Aires. La representación corrió a cargo de la actriz Margarita Xirgu y su compañía.
García Lorca en Argentina
Es sabido que Federico García Lorca era un escritor viajero, que recorrió el continente americano de punta a punta y que en el contexto de sus travesías llegó a desarrollar un vínculo muy profundo con la Argentina y en particular con Buenos Aires, ciudad en la que vivió durante poco más de seis meses, entre 1933 y 1934. Arribado en el buque Conte Grande el 13 de octubre de 1933, García Lorca llega rodeado de un halo de fama como el más célebre de los poetas españoles pertenecientes a la generación del 27. Aquí fue parte de la intensa vida cultural de la ciudad, frecuentando a figuras como Victoria Ocampo, Oliverio Girondo y su esposa Norah Lange, Pablo Neruda, por entonces cónsul de Chile, e incluso Carlos Gardel.
Durante su estadía porteña García Lorca Vivió en el tradicional hotel Castelar, ubicado en la primera cuadra de la Avenida de Mayo al otro lado de 9 de Julio. Justamente esa avenida, la arteria más importante de aquella ciudad, se convirtió en el eje sobre el cual giró su vida pública. Sobre sus veredas no sólo se encontraba ese hotel al que convirtió en su hogar, sino también el café Tortoni, el café Los 36 Billares y el Teatro Avenida, donde ese mismo año se estrenó la versión local de “Bodas de sangre”, montada por la compañía de la famosa actriz Lola Membrives, responsable de la invitación que trajo al poeta hasta Buenos Aires. Todos esos lugares son puntos fundamentales de un itinerario que se conoce como La Ruta de Lorca, un circuito turístico que intenta ir tras los pasos perdidos del poeta en la ciudad.
Sin dudas es imposible revivir el fervor que desató su paso por Buenos Aires, sin embargo gracias a la prodigalidad de la web, hoy es posible contar con al menos un eco tangencial de aquel hito cultural de la historia porteña. Hace algunos años atrás, el actor español Emilio Gutiérrez Caba donó a la fundación AISGE (Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión) un lote de 29 grabaciones entre las que se encontraban varios fragmentos de aquella versión de Bodas de sangre que Membrives estrenó en 1933, con el mismísimo Lorca presente en la sala. En la grabación pueden escucharse las voces de los actores Osvaldo Robledo, Vicente Ariño, Helena Cortesina, Diana Vértiz y Elena Conte, además de la de la propia Membrives.
El archivo puede escucharse en https://player.vimeo.com/video/44643766
La obra de García Lorca al dominio público
Además de conmemorarse las ocho décadas del asesinato de Federico García Lorca, hoy también se concreta el primer día de la cuenta regresiva que marcará el paso al dominio público de toda la obra del escritor, que debería concretarse el 1º de enero del año que viene. Esto significa que a partir de entonces cualquiera de sus poemas, obras teatrales y demás composiciones literarias de su autoría podrán ser usadas y publicadas libremente, sin necesidad de pagar por ello canon alguno en concepto de derechos de autor.
Aunque hoy en día la Ley de Propiedad Intelectual española, aprobada en 1987, indica que los herederos de todo autor fallecido a partir de esa fecha cuentan con 70 años para explotar los derechos de su obra, el caso de García Lorca (fallecido antes de1987) se encuentra regulado por el marco legal que implementaba la ley anterior, que data de 1879. En esta se determinaba un período de explotación de 80 años posteriores al fallecimiento de los autores, que en el caso del poeta granadino concluye exactamente hoy.
Artículo publicado originalmente en la web de Tiempo Argentino
miércoles, 17 de agosto de 2016
LIBROS - 80º aniversario del asesinato de Federico García Lorca
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jueves, 11 de agosto de 2016
CINE - "Mi amigo el dragón" (Pete's Dragon), de David Lowery: La mágia interminable
Cada tanto el cine ofrece algún prodigio inesperado, que llega sin la parafernalia del marketing invasivo de los grandes tanques de Hollywood: Mi amigo el dragón, de David Lowery, es uno de esos milagros. Es cierto que se trata de una película producida por Disney, uno de los emporios más grandes del mundo del cine —sino el más grande—, que en su trama reúne muchos de los elementos que forman parte del imaginario sobre el que dichos estudios edificaron su identidad artística, hasta convertirla en marca registrada. Sin embargo está lejos de ser una de esas en las que se invierten millones para instalarla en el mercado muchos meses antes de su estreno, como ocurre con las animadas o las de superhéroes, por hablar de otros productos de la misma empresa. Eso no significa que no se trate de una apuesta importante, pero seguro que nadie estaba esperando su estreno contando los días con ansiedad.Más allá de eso, Mi amigo el dragón representa sobre todo una apuesta artística de riesgo, en tanto algunas de sus características la vuelven un producto anacrónico. Se trata de hecho de una fábula de forma y tono tradicional, que toma sensible distancia de la velocidad y el vértigo que definen al cine industrial moderno. Gran parte de ese carácter parece ser un legado de su origen como adaptación de un film homónimo que el mismo estudio lanzó en 1977, en la que se combinaban la acción en vivo con animación tradicional y que incluía a Mickey Rooney en el reparto. Un típico musical Disney con una banda sonora emotiva y efectiva, que mereció dos nominaciones a los Oscar, incluyendo una para la canción “Candle on the water”, interpretada por la actriz australiana Helen Reddy (la película completa o sólo sus fragmentos musicales se pueden ver en YouTube).
En ambos casos se cuenta la historia de la amistad entre un chico y un dragón verde, aunque con diferencias notorias en los detalles. En la original, ambientada a finales del siglo XIX, un huerfanito que había sido comprado como esclavo por una familia adinerada se escapa junto a un dragón que es su mejor amigo, en busca de un destino más grato. En cambio en ésta el nene pierde a sus padres en un accidente de autos cuando se iban de vacaciones y se extravía en el bosque, donde es salvado de los lobos por un dragón que habita ahí. Anclada en los ’80, la nueva versión parece sumarse a una espontánea ola de homenajes a aquella época, cuyo pico acaba de marcar la exitosa serie de televisión Stranger Things. En ese detalle, en la decisión de ubicar la narración en esos años que para el cine, y sobre todo para el cine de adolescentes y niños, representan una estética particular y reconocible, también hay una explicación para el mentado anacronismo.
Porque Lowery, también guionista, no se priva de tejer una red de referencias y homenajes al cine de los ’80, aunque no tan amplia como la de la mencionada serie, que por momentos parece un muestrario de películas de la época. Sin ir más lejos, la propia criatura se asemeja menos a la del film original, cuyo diseño respondía al del clásico dragón-reptil, que al famoso Fujur, el dragón-perro de La historia sin fin (Wolfgang Petersen, 1984), con el que guarda inocultables analogías morfológicas y de conducta. Y hasta los efectos especiales, sobre todo los elegidos para mostrar los vuelos del monstruo sobre el bosque, por momentos lucen algo retro.
Por ese mismo carril Mi amigo el dragón también comparte muchos elementos con la reciente El buen amigo gigante, de Steven Spielberg, en donde otra huérfana traba amistad con el personaje del título durante esa misma década. Pero en realidad toda la película de Lowery se encuentra atravesada por el espíritu spielbergiano. Si la sola idea de la amistad entre un niño y una criatura fantástica, y el modo en que esta es resuelta por el director, resulta inevitablemente cercana a E. T. (1982), lo mismo puede decirse del personaje encarnado por Robert Redford. Como un encantador Peter Pan arrugado, su papel es el de un abuelo que es el único adulto de la historia que se permite mantener viva dentro de sí la magia de la infancia. “Si van por la vida viendo sólo lo que tienen delante se perderán un montón de cosas”, le dice el abuelito Redford a un grupo de nenes luego de contarles por enésima vez la increíble historia de un dragón que, él insiste, vive en el bosque cercano al pueblo, aunque nadie le cree. Nadie salvo los chicos, claro, último reservorio de pureza en el que la fantasía sobrevive.
Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.
CINE - "Escuadrón suicida" (Suicide Squad), de David Ayer: El dilema del mal menor
En medio del caos, un grupo de héroes que en realidad son criminales avanza en formación, como si fuera un intimidante pack de rugbiers que en lugar de correr a lo bestia camina hacia la cámara con estilo, cargando su propio arsenal y respetando una coreografía pensada para que todo se vea mejor en slow motion. Aunque son criminales de lo peor (violentos, asesinos, psicópatas), a medida que el film se desarrolle se irán mostrando menos amenazantes y hasta sensibles. En una palabra: más humanos. Si lo anterior fuera una adivinanza y a alguno se le ocurriera gritar “¡Kryptonita, de Nicanor Loreti!”, sería difícil convencerlo de que esa no es la respuesta correcta. Porque en Escuadrón suicida, igual que en la película argentina basada en la exitosa novela nac&pulp de Leonardo Oyola, los protagonistas son un grupo de delincuentes ocupando el lugar de héroes. Sólo que esta vez el cine argentino lo hizo primero. ¿Y mejor? Puede ser.
Adaptación de una historieta del sello DC Comics en la que un grupo de enemigos de Batman, Superman y demás héroes de la casa, se ven forzados por una organización paraestatal a integrar un comando dedicado a combatir amenazas mayores, Escuadrón suicida, dirigida por David Ayer, tiene todo lo que en teoría nutre a un blockbuster moderno. Superpoderes, efectos digitales, explosiones, artes marciales, armamento de todo tipo, una figura femenina expuesta, eventos sobrenaturales, una ciudad que será demolida, la civilización bajo amenaza y, sí, un conflicto moral. En este caso, el tema del mal menor es lo que subyace en una historia en la que aquellos cuya maldad ha sido probada, deben enfrentarse a algo aún más maligno.
Por supuesto que aquí lo malo y lo más malo son categorías impuestas por una instancia de poder ubicada por encima de ambos bandos –un estado policial—, a la que se puede considerar como “lo peor”. Una metáfora que fácilmente encuentra un correlato en el panorama geopolítico actual. Ahí radica la gran diferencia de fondo que Escuadrón suicida tiene con Kryptonita. Mientras acá hay una institución omnipresente y represiva que interviene decidida a atacar al mal con el mal, como quien combate fuego con fuego, en la película de Loreti reina el caos y los criminales devienen en héroes sin esfuerzo, quizá no por propia voluntad sino por necesidad, por oposición a las instituciones corruptas que generan un estado de injusticia.
Mientras tanto DC Comics sigue intentando sin éxito presentarle batalla a Marvel, su competidora histórica. Y su fracaso tal vez se deba a que, en primer lugar, ni siquiera parecen elegir a los directores correctos. Así como Marvel ha acertado con Joss Whedon, Peyton Reed, Jon Favreau o James Gunn, que entendieron como asumir el desafío de forma lúdica y sin gravedad, DC insiste con nombres de perfil conservador (y no sólo en lo que se refiere a lo estético) como Christopher Nolan, Zach Znyder y sobre todo Ayer, en cuyos trabajos la acción siempre parece destinada a servir de prueba a una idea previa que rige el destino de sus protagonistas y contra la que no hay nada que hacer. Escuadrón suicida no es la excepción.
Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.
Adaptación de una historieta del sello DC Comics en la que un grupo de enemigos de Batman, Superman y demás héroes de la casa, se ven forzados por una organización paraestatal a integrar un comando dedicado a combatir amenazas mayores, Escuadrón suicida, dirigida por David Ayer, tiene todo lo que en teoría nutre a un blockbuster moderno. Superpoderes, efectos digitales, explosiones, artes marciales, armamento de todo tipo, una figura femenina expuesta, eventos sobrenaturales, una ciudad que será demolida, la civilización bajo amenaza y, sí, un conflicto moral. En este caso, el tema del mal menor es lo que subyace en una historia en la que aquellos cuya maldad ha sido probada, deben enfrentarse a algo aún más maligno.
Por supuesto que aquí lo malo y lo más malo son categorías impuestas por una instancia de poder ubicada por encima de ambos bandos –un estado policial—, a la que se puede considerar como “lo peor”. Una metáfora que fácilmente encuentra un correlato en el panorama geopolítico actual. Ahí radica la gran diferencia de fondo que Escuadrón suicida tiene con Kryptonita. Mientras acá hay una institución omnipresente y represiva que interviene decidida a atacar al mal con el mal, como quien combate fuego con fuego, en la película de Loreti reina el caos y los criminales devienen en héroes sin esfuerzo, quizá no por propia voluntad sino por necesidad, por oposición a las instituciones corruptas que generan un estado de injusticia.
Mientras tanto DC Comics sigue intentando sin éxito presentarle batalla a Marvel, su competidora histórica. Y su fracaso tal vez se deba a que, en primer lugar, ni siquiera parecen elegir a los directores correctos. Así como Marvel ha acertado con Joss Whedon, Peyton Reed, Jon Favreau o James Gunn, que entendieron como asumir el desafío de forma lúdica y sin gravedad, DC insiste con nombres de perfil conservador (y no sólo en lo que se refiere a lo estético) como Christopher Nolan, Zach Znyder y sobre todo Ayer, en cuyos trabajos la acción siempre parece destinada a servir de prueba a una idea previa que rige el destino de sus protagonistas y contra la que no hay nada que hacer. Escuadrón suicida no es la excepción.
Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.
jueves, 4 de agosto de 2016
CINE - "Jason Bourne", de Paul Greengrass: El regreso de la paranoia suprema
Tras casi una década de ausencia vuelve Jason Bourne, personaje emblemático de la intriga geopolítica del siglo XXI, y con él la paranoia suprema. Es un regreso con gloria, luego del paso en falso de El legado Bourne (Tony Gilroy, 2012, con Jeremy Renner), film que intentó sin éxito abrir en la historia una línea paralela, caso notorio que valida para el cine esa máxima del fútbol que indica que “equipo que gana no se toca”. Por eso no sorprende que Jason Bourne, cuarto capítulo “oficial” de la saga, incluya no sólo al protagonista original, Matt Damon, sino a Paul Greengrass, responsable de La supremacía Bourne (2004) y Bourne: Ultimatum (2007), otra vez como director y guionista. Y también a Christopher Rouse en su doble rol de coguionista y montajista, y a Doug Liman, director del film que inició la historia en 2002, Identidad desconocida, esta vez como productor.
Por entonces, apenas un año después del 11-S, el universo híper vigilante de ese primer episodio parecía una adaptación al cine de espías de la fantasía distópica estilo 1984, el clásico de George Orwell. Casi 15 años después la trilogía ha demostrado ribetes proféticos, diseñando un universo en el que, como ocurre con la realidad abierta por los conflictos bélicos en Medio Oriente, es muy difícil saber cuál es y dónde está el enemigo. Con la consolidación de redes globales como Facebook; con la explosión de Wikileaks y su responsable, Julian Assange, asilado en la embajada de Ecuador en Londres; con Chelsea Manning presa y Edward Snowden exiliado en Rusia, Jason Bourne tiene el mérito de realizar en 2016 el camino inverso: poner en escena un infierno que se sostiene con un pie apoyado en esa realidad que la propia saga supo predecir. Así, la película puede ser pensada como una profecía autocumplida que maneja con precisión los recursos del cine de acción. O bien como un film de acción que hace 15 años ya tenía claras las estructuras sobre las que se construiría el futuro.
Luego de que el proyecto de actividades encubiertas al que pertenecía es desmantelado, Bourne se mantiene en las sombras. Pero una filtración pone otra vez a la CIA tras sus pasos, en una nueva telaraña que incluye hackers, espías y al creador de una red social como informante del servicio de inteligencia. En esa trama la paranoia vuelve a ser un elemento central, representada a través de una red de información en la que todos persiguen a todos. Como un perro que se muerde la cola, se trata de una persecución estéril y sin final, en medio de la cual se encuentra este súper espía que perdió la memoria, cada vez más traumado y obligado una vez más a poner patas arriba un caos de inteligencia que tiene más internas que la SIDE, con Stiusso, el Coty Nosiglia y la mar en coche.
Igual que en los otros episodios de la saga, Jason Bourne vuelve a tomar contacto con otras ficciones clásicas de la paranoia puesta en acción por el cine: Enemigo público (Tony Scott, 1998), La conversación (Francis F. Coppola, 1974) y, sobre todo, La ventana indiscreta (1954). Si en ésta última Alfred Hitchcock logra hacer de la inmovilidad una herramienta virtuosa, consiguiendo que James Stewart, imposibilitado para levantarse de la silla que ocupa frente a la ventana de su departamento, se convierta en un falible narrador omnisciente capaz de crear y creer en una conspiración que involucra a todos sus vecinos, el mérito de Greengrass radica en la decisión opuesta. Máquina cinética de alta precisión, Jason Bourne traslada las características del protagonista a un relato realizado a la carrera y a los saltos, pero con una eficacia que lleva al extremo la ética del movimiento, que es la forma en que Bourne se maneja, con el mundo como escenario.
Así como en la obra de Hitchcock la ventana se constituía en un simbólico sucedáneo de la pantalla de cine, donde el personaje proyectaba su fantasía delirante, en Jason Bourne las pantallas se multiplican. Y con ellas el delirio: la omnisciencia es aumentada de un modo exponencial, llevándola a un nivel aterrador, para crear un panorama en el que la realidad cotidiana yace sepultada bajo los intereses cruzados de las corporaciones que manejan la información. En el universo de esta saga extraordinaria, como en aquellos que proponían Enemigo Público y La conversación, no hay lugar para esconderse, porque todo puede ser visto todo el tiempo y una maraña de computadoras, teléfonos móviles, GPS y otros dispositivos digitales, circuitos cerrados de vigilancia, satélites, redes sociales y redes clandestinas de tráfico informativo se encuentra a disposición de un ejército de asesinos a sueldo que tienen su negocio abierto las 24 horas, los 365 días del año. Una metáfora muy eficaz de ese miedo a todo que, otra vez, parece haberse instalado en el mundo justamente en estos últimos 15 años.
Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.
Por entonces, apenas un año después del 11-S, el universo híper vigilante de ese primer episodio parecía una adaptación al cine de espías de la fantasía distópica estilo 1984, el clásico de George Orwell. Casi 15 años después la trilogía ha demostrado ribetes proféticos, diseñando un universo en el que, como ocurre con la realidad abierta por los conflictos bélicos en Medio Oriente, es muy difícil saber cuál es y dónde está el enemigo. Con la consolidación de redes globales como Facebook; con la explosión de Wikileaks y su responsable, Julian Assange, asilado en la embajada de Ecuador en Londres; con Chelsea Manning presa y Edward Snowden exiliado en Rusia, Jason Bourne tiene el mérito de realizar en 2016 el camino inverso: poner en escena un infierno que se sostiene con un pie apoyado en esa realidad que la propia saga supo predecir. Así, la película puede ser pensada como una profecía autocumplida que maneja con precisión los recursos del cine de acción. O bien como un film de acción que hace 15 años ya tenía claras las estructuras sobre las que se construiría el futuro.
Luego de que el proyecto de actividades encubiertas al que pertenecía es desmantelado, Bourne se mantiene en las sombras. Pero una filtración pone otra vez a la CIA tras sus pasos, en una nueva telaraña que incluye hackers, espías y al creador de una red social como informante del servicio de inteligencia. En esa trama la paranoia vuelve a ser un elemento central, representada a través de una red de información en la que todos persiguen a todos. Como un perro que se muerde la cola, se trata de una persecución estéril y sin final, en medio de la cual se encuentra este súper espía que perdió la memoria, cada vez más traumado y obligado una vez más a poner patas arriba un caos de inteligencia que tiene más internas que la SIDE, con Stiusso, el Coty Nosiglia y la mar en coche.
Igual que en los otros episodios de la saga, Jason Bourne vuelve a tomar contacto con otras ficciones clásicas de la paranoia puesta en acción por el cine: Enemigo público (Tony Scott, 1998), La conversación (Francis F. Coppola, 1974) y, sobre todo, La ventana indiscreta (1954). Si en ésta última Alfred Hitchcock logra hacer de la inmovilidad una herramienta virtuosa, consiguiendo que James Stewart, imposibilitado para levantarse de la silla que ocupa frente a la ventana de su departamento, se convierta en un falible narrador omnisciente capaz de crear y creer en una conspiración que involucra a todos sus vecinos, el mérito de Greengrass radica en la decisión opuesta. Máquina cinética de alta precisión, Jason Bourne traslada las características del protagonista a un relato realizado a la carrera y a los saltos, pero con una eficacia que lleva al extremo la ética del movimiento, que es la forma en que Bourne se maneja, con el mundo como escenario.
Así como en la obra de Hitchcock la ventana se constituía en un simbólico sucedáneo de la pantalla de cine, donde el personaje proyectaba su fantasía delirante, en Jason Bourne las pantallas se multiplican. Y con ellas el delirio: la omnisciencia es aumentada de un modo exponencial, llevándola a un nivel aterrador, para crear un panorama en el que la realidad cotidiana yace sepultada bajo los intereses cruzados de las corporaciones que manejan la información. En el universo de esta saga extraordinaria, como en aquellos que proponían Enemigo Público y La conversación, no hay lugar para esconderse, porque todo puede ser visto todo el tiempo y una maraña de computadoras, teléfonos móviles, GPS y otros dispositivos digitales, circuitos cerrados de vigilancia, satélites, redes sociales y redes clandestinas de tráfico informativo se encuentra a disposición de un ejército de asesinos a sueldo que tienen su negocio abierto las 24 horas, los 365 días del año. Una metáfora muy eficaz de ese miedo a todo que, otra vez, parece haberse instalado en el mundo justamente en estos últimos 15 años.
Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.
CINE - "Permitidos", de Ariel Winograd: Comedia mainstream al uso nostro
Ambientada en una Buenos Aires for export, donde todo luce tan prolijo y aséptico que podría ser cualquier ciudad, Permitidos, quinta comedia al hilo del director Ariel Winograd en 10 años, cuenta la historia de una joven pareja de clase media acomodada que se ve obligada a superar la prueba más difícil a la que siempre está expuesto el amor: la de la fantasía. Camila y Mateo se acaban de mudar juntos y parecen ser una de esas parejas sólidas que disfrutan de la mutua compañía. Hasta que durante una cena con amigos después de ir al cine, surge el tema de los “permitidos”. Esto es, aquellos famosos inalcanzables con los que cada uno fantasea y le permitiría al otro tener una noche de placer sin que la consumación represente infidelidad ni merezca reproche alguno. Por supuesto, basta con que el informal acuerdo sea verbalizado para que la fatalidad intervenga, permitiendo que Mateo conozca a su estrella de cine favorita y, lejos de las falsas superaciones, termine ardiendo Troya.La gracia inicial de Permitidos se sostiene sobre todo en la verosímil cotidianeidad de clase media que construyen entre sus dos protagonistas, la ascendente figura televisiva Lali Espósito y el cada vez más sólido Martín Piroyansky. La química entre ambos permite que su relación se desarrolle con plácida ligereza cuando la pareja atraviesa sus mejores momentos, pero que cobre un peso y una energía furiosa cuando la cosa empieza a correr barranca abajo. Paralelamente, la película consigue redondear un inicio entretenido, alcanzando el clímax durante la primera mitad del segundo acto, cuando se desarrolla el comienzo del enfrentamiento entre Camila y Mateo, para ir perdiendo peso a medida que las situaciones desatadas se van resolviendo menos atentas a la gracia que al respeto por ciertas predecibles convenciones.
Aun así Winograd luce sólido en su labor en el terreno de la comedia, redondeando un producto aceptable. Por su parte, Espósito se muestra encantadora en el rol de chica de palabrota fácil y armas tomar, aunque aún debe controlar ciertos moderados excesos. Comentario aparte merecen el lugar y la labor de Piroyansky, en cuya figura farsesca se sostiene gran parte del andamiaje de Permitidos. Aunque se ha demostrado capaz de rendir en cualquier género, de un tiempo a esta parte consiguió construirse a sí mismo como un referente de la comedia nacional, llegando incluso a dirigir su propia película, Voley (2014). Actor fetiche de Winograd (formó parte de los elencos de todas sus películas), en cuya filmografía se puede constatar la evolución de Piroyansky, pasando de componer el mejor personaje secundario de Mi primera boda (2011), a consolidarse aquí como protagonista y un comediante ineludible del cine argentino.
Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.
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