sábado, 8 de febrero de 2014

LIBROS - A partir de "Breve historia del culo", de Jean-Luc Hennig: Acalorada defensa del culo

Ya era hora, digámoslo de una vez, de que esta sección se ocupara de cosas serias, de los grandes temas de la humanidad, por decir de alguna manera. El culo, sin ir demasiado lejos, es uno de ellos. Muchas veces objeto de burla o risa, muchas otras pasión de multitudes, el culo (mal llamado cola, que es lo que tienen los animales al final del cuerpo) es sin duda un tema de importancia central para la cuestión humana. Así lo entendió el académico y escritor francés Jean-Luc Hennig, quien imaginó y concretó la Breve historia del culo, libro de aspiración enciclopédica que busca llegar hasta el fondo del asunto.
Es raro que este libro no hubiera sido pensado por nadie antes de que Hennig decidiera que era hora de escribirlo. Tanto como que ninguna editorial local haya tenido la ocurrencia de publicarlo en la Argentina. Sobre todo porque se trata de un tema en el que, como ocurre con el fútbol, el cine o el gobierno, todo el mundo cree que tiene algo importante que decir. Pero la Breve historia del culo pone las cosas en su lugar. No se trata de un trabajo inconsistente escrito por un oportunista, más bien todo lo contrario. El libro no sólo elude toda solemnidad con una gracia que se corresponde con el tono liviano y pícaro con que el autor elige hacer su relato, sino que inesperadamente sorprende por la erudición que demuestra al respecto. Hennig le encuentra al tema del culo incontables aristas y penetra en él por caminos que al lector sin duda le serán sorprendentes e insospechados. En sus páginas tanto se puede tener una explicación científica acerca de la aparición del culo (atributo exclusivamente humano, según prueba) o un detalle pormenorizado de cómo fue tratado y retratado a lo largo de la historia, hasta un minucioso catálogo que compila diversas torturas y aberraciones que lo tienen como destinatario, incluyendo las instrucciones para aplicar correctamente una suculenta azotaina. 
Pero lo que sobre todo se desprende del trabajo de este francés enamorado del culo, para el que imagina incontables nombres y las más inesperadas descripciones, es el carácter fundamental que este tiene para la cultura humana. Hennig demuestra que, desde las famosas Venus antediluvianas, figuritas desbordantes de curvas y redondeces talladas en piedra o hueso, a la pornografía digital interactiva, en donde el modelo femenino parece no haber cambiado mucho desde la prehistoria, pasando por la obra de artistas como Toulouse-Lautrec o Federico Fellini, el culo ha estado presente en todos los pequeños y grandes pasos que han dado el hombre y la humanidad. Sin embargo, el eje sexual es el que organiza todo el libro, dejando en claro que es imposible escindirlo de la cópula y que, por lo tanto, tal vez le debamos gran parte de la responsabilidad en la supervivencia de la especie. Que, le pese a quien le pese, el culo ha tenido siempre un lugar de privilegio en el ritual del apareamiento humano.
Por algo el sexo asociado al culo tiene para el hombre algo de fantasía salvaje, entre el rito primal y el capricho caliguliano, mientras para la mujer representa la capitulación definitiva de La Résistance, la entrega total no sólo al hombre, sino al oscuro misterio del placer prohibido y la completa pérdida del control, única forma de aspirar a un goce al que se barrunta supremo. Y por qué no todo eso junto cuando se habla del amor que alguna vez no osó decir su nombre. Carente de toda relación con la función reproductiva, circunscripta estrictamente al circuito genital, el culo se convierte así en núcleo duro del deseo, ya que ofrece y brinda placer sin segundas intenciones, sin más trascendencia que la del momento. El culo como máxima expresión del carpe diem, que de este modo se alza como representación más acabada, con perdón de la palabra, del goce por el goce mismo, erigiéndose al mismo tiempo en definitivo objeto del deseo y en objeto (o más bien en víctima) de las más encendidas anatemas y descalificaciones ecuménicas.
Si fuera necesario, recurrir a la sabiduría popular puede terminar de poner blanco sobre negro justo ahí, donde sobran los ocres, los beiges y los marrones. Existe por ejemplo un viejo dicho que se encarga de mentar a las tres famosas "C" –Comer, Cagar, Coger– como los más grandes placeres carnales de los que puede disfrutar el ser humano. Si nos aviniéramos a darle la razón a Sarmiento (al que Edgardo Cozarinsky apenas disimula detrás del eufemismo de "el gran escritor argentino del siglo XIX" en un notable chisme que atribuye a Victoria Ocampo, incluido en su clásico y lúcido Museo del chisme), para quien el asunto por atrás era igual a "cagar para adentro", entonces el culo vendría a reunir en un mismo acto a por lo menos dos de las codiciadas "C". Que no sería poca cosa. ¿Acaso se puede hacer una defensa más contundente desde esta sección? Porque cultura también empieza con "c". Como culo; como cópula; como caca. Y a mucha honra. 

Artículo publicado originalmente por la sección Cultura de Tiempo Argentino.

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