jueves, 10 de octubre de 2019

CINE - Comienza el 19° Festival Internacional de CIne Doc BuenosAires: Pensar el cine políticamente

Hoy jueves comienza una nueva edición -la decimonovena- del festival DocBuenosAires, que ofrece la posibilidad de acceder a un panorama amplio y a la vez cuidadosamente seleccionado de la producción del género en la actualidad. Propuesta que lejos de pretender abarcarlo todo, a partir de una programación abierta y plural se propone apenas (y nada menos) como un riguroso mapa para recorrer los caminos menos transitados del territorio de la realidad hecho cine. Esta edición volverá a contar con invitados internacionales, secciones y focos especiales. El festival se desarrollará hasta el miércoles 16 de octubre y contará con cuatro sedes: Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530), Alianza Francesa (Av. Córdoba 946), Universidad del Cine (Pasaje Giuffra 330) y la espléndida sala de Directores Argentinos Cinematográficos (DAC, Vera 559).
Esta será la segunda edición que tendrá al programador y crítico de cine Roger Koza a cargo de la dirección artística, quien considera que la realización de la edición precedente "fue una especie de milagro, dadas las condiciones materiales y la coyuntura en la que vivíamos”. A pesar de las dificultades, el director del DocBA celebra la repercusión que en 2018 tuvo la retrospectiva dedicada al estadounidense Travis Wilkerson, ya que “le devolvió a la audiencia el placer de pensar políticamente viendo películas”. Pero lamenta la poca trascendencia que obtuvo la dedicada al brasileño Aloysio Raulino: “Me dolió porque los amantes vernáculos de cine se perdieron de disfrutar del cineasta más sensible del país vecino”.
Pero si la edición de 2018 representó un desafío a partir del panorama económico, Koza considera que “esta es un poco más sufrida”. Un año más tarde “Argentina es un país más precario, hundido en una deuda que parece infinita”, condiciones que tras “la impía devaluación de la segunda semana de agosto” ofrecen un panorama aún “más escabroso”. “Soñé otro diseño de festival, pero hasta el momento solo pude afirmar y afianzar el concepto de las retrospectivas como un eje de programación ineludible”, continúa. “Lo que sí se pudo lograr es contar con los tres directores de las retrospectivas programadas y esto sí es un gran avance”, concluye el programador, refiriéndose a las presencia del suizo Stéphane Goël, el alemán Bernd Schoch y el francés Florent Marcie, los tres invitados internacionales de esta edición.
El honor de abrir el DocBA recae en Lluvia de jaulas, película de César González, figura excepcional del campo cultural argentino. Nacido y criado en la villa Carlos Gardel, al oeste del conurbano, González se destacó en el ámbito de la poesía con el seudónimo de Camilo Blajaquis e incursionó en el cine. Su película ofrece un contrapunto entre la vida en los barrios pobres y su existencia casi extranjera dentro de la realidad porteña. A pesar de los méritos de González, Koza afirma que “habría programado Lluvia de jaulas aun si hubiera llegado sin antecedentes ni firma de autor, porque se trata de una película singular y desobediente”. Y no ahorra elogios para un cineasta al que considera “capaz de apropiarse de la estética digital tardía de Jean-Luc Godard” y al que define como borgeano, ya que ”toma prestadas nociones de dos tradiciones, las reinventa y las emplea en un campo específico que ningún otro cineasta habría podido imaginar”. Koza vincula al cine con la realidad: “Lluvia de jaulas transcurre en los barrios villeros justo cuando un candidato a vicepresidente expresa su deseo de dinamitarlos”. “González muestra la secreta unión entre la ciudad de los blancos y la de los bárbaros, y en esa intersección se explican las fisuras de un sistema que solo puede garantizar el bienestar de unos pocos produciendo gente desesperada”, cierra Koza. Hoy a las 20 en la Lugones.
La retrospectiva de Schoch (ver entrevista aparte) descubre recurrencias temáticas. Por un lado lo musical en Slide Guitar Ride (2005), retrato de un guitarrista que toca con la cabeza cubierta por un casco; o Pero la palabra perro no ladra (2006), donde acompaña la gira invernal del Schlippenbach Trio, banda referente del free jazz europeo. Por el otro, el revés de la trama cinematográfica: en Onset/Offset (2011) retrata el extrañamiento del elenco de una película alemana durante el rodaje en Rumania, en tanto que en Antes de la barrera (2018) realiza un curioso detrás de escena de un thriller político ambientado en Irak. ”El revés es el tema de Schoch”, coincide Koza, “el contracampo de lo extraordinario, todo aquello que el cine prescindiría de encuadrar”. Eso ocurre en Olanda (2019), “en la que despunta el entretejido desconocido de la economía global, a propósito de la recolección de arándanos y hongos” en los Cárpatos. “La especialidad Schoch radica en filmar los intersticios de lo cotidiano, lo mecánico y recoger allí elementos que escriben secretamente la vida de todos sus personajes”, concluye. El director brindará una clase magistral mañana viernes a las 19 en la Universidad del Cine, Giuffra 330.
La retrospectiva de Goël incluye cinco títulos: Insular (2018), ensayo sobre el archipiélago Juan Fernández que registra el presente a través de la mirada de un viajero del siglo XIX; Que viva Mauricio Demierre (2006), sobre un militante suizo convertido en mártir sandinista; Prud’hommes (2010), film de juicios anti-épica; De la cocina al parlamento (2012), donde lo social y lo político se tensionan con la mujer como centro; y Fragmentos del paraíso (2015), que indaga con humor en lo que ocurre más allá de la muerte.
El DocBA también pone la lupa sobre una de las expresiones más interesantes del cine argentino contemporáneo: el llamado Nuevo Cine Cordobés, que en pocos años convirtió a la capital mediterránea en uno de los polos cinematográficos más creativos del país. Fenómeno difícil de explicar más allá de conceptos generales como “movimiento” o “generación”, pero cuya experiencia quizá pudiera ser espejo para incentivar la producción de cine en otras regiones. “Ya hubo intentos fallidos, algunos programáticos (San Luis), otros espontáneos (Rosario), de erigir un cine regional, pero solo en Córdoba algo semejante se afianzó en el tiempo”, observa Koza, aunque subraya la heterogeneidad del fenómeno. “El único elemento común del cine cordobés contemporáneo es su proveniencia geográfica”, afirma para luego mencionar la existencia de “determinados signos que se repiten tanto en las películas de ficción como documental”. El director del festival considera que “la percepción de las diferencias de clase suele ser una variable” que recorre a buena parte del cine producido en la región, no como “un elemento decisivo, pero sí intuitivo y quizá consciente en muchos casos”. La sección Los cordobeses está integrada por Apuntes para una herencia, de Federico Robles; La cima del mundo, de Jazmín Carballo Malem; Construcciones y el cortometraje Guajiro, estos últimos dirigidos por Fernando Martín Restelli.
Por su parte, la retrospectiva dedicada a Florent Marcie se encuentra signada por un tema que se repite de forma obsesiva: la guerra. Trabajos como Saïa (2000), rodado en Afganistán; Los hijos de Ichkeria (2006), filmado durante la primera guerra chechena o Tomorrow Trípoli (2014), que retrata a un grupo de la resistencia libia, abren un interrogante: ¿será que no hay nada más humano ni más cinematográfico que la guerra? “Desestimo esa aseveración enfáticamente”, dice Koza, pero aclara que tampoco piensa que “lo opuesto sería entonces verdad”. “La contingencia histórica nos deparó una relación de continuidad entre la guerra y el espectáculo”, reflexiona el programador, “una amalgama que fijó pautas en el género nacido del deseo de representarla”. Pero a partir de ese cruce “la poética de Marcie va en una dirección opuesta: desarticula el espectáculo porque conjura la abstracción contemporánea de la guerra a distancia, incluyendo su propio cuerpo como materia insustituible de la puesta en escena”, agrega. Según Koza “Marcie trabaja sobre la representación de la guerra en un sentido microscópico, lejos de toda voluntad de espectáculo, asumiendo una dimensión atomizada de la experiencia humana en el conflicto bélico”. El francés también dictará una clase magistral el martes 15 a las 20:30, en la Alianza Francesa.
La programación incluye la sección Noticias desde Cuba, integrada por cortometrajes producidos por la prestigiosa escuela de San Antonio de los Baños, y el laboratorio de creación audiovisual Master LAV, que se realiza por quinto año consecutivo. La clausura será el miércoles que viene a las 21:30 en la Sala Lugones, con la proyección de La flor azul de Novalis, de los brasileros Gustavo Vinagre y Rodrigo Carneiro. Serán entonces 50 películas; o lo que es lo mismo: 50 miradas posibles sobre la realidad.

5 recomendaciones del director del festival

Puesto en el compromiso de recomendar un puñado de títulos de una selección que incluye cincuenta, el director artístico del DocBuenosAires Roger Koza afirma que podría nombrarlos a todos. “La programación es un holograma: cada parte es el todo”, dice, pero aún así acepta elegir cinco “que den cuenta de las diferencias” del conjunto.

Pirotecnia (Federico Atehortúa Arteaga. Colombia, 2019): A mi juicio, es la ópera prima latinoamericana del año, un inquietante ensayo sobre la indeterminación epistemológica de la imagen aplicado a un caso no menos problemático: la violencia sistémica colombiana.
Dios (Christopher Murray, Israel Pimentel Bustamante, Josefina Buschmann. Chile, 2019): La visita del papa Francisco a Chile es el tema. Lo curioso de este film colectivo es su coherencia formal y su posición justa para seguir un evento no exento de contradicciones y apto para la burla y la apología. El resultado es fascinante, porque tanto el ateo como el creyente pueden sentirse estimulados a pensar el lugar de la fe en cualquier comunidad.  
Gulyabani (Gürcan Keltek. Turquía/Holanda, 2018): Cada plano de esta carta materna dirigida al hijo constituye una condensación de hermosura y a veces de misterio que funciona como un contracampo estructural frente a la pesadumbre implícita en esa lectura, en la que se siente la violencia de la historia turca y la repugnante violencia de género.  
Nakorn-Sawan (Puangsoi Aksornsawang. Tailandia/Alemania, 2018): La inserción de la ficción en el seno de un film que no es otra cosa que el registro de un inesperado duelo por parte de la realizadora, permite conjeturar que la ficción es aquí la representación verídica de lo que sucede en la imaginación de la cineasta, quien recurre a la fantasía para aliviarse de su pena y decide incluir esa operación subjetiva en su despedida elegíaca.  
La flor azul de Novalis (Gustavo Vinagre, Rodrigo Carneiro. Brasil, 2018): El protagonista dice haber sido en otra vida el gran poeta alemán, que en esta encarnación ha sobrevivido al SIDA gracias a la medicina y a su espíritu irreverente. Un film que abraza lúdicamente el ejercicio de la libertad. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

viernes, 4 de octubre de 2019

DANZA - Federico Fernández y el Buenos Aires Ballet: Danza clásica para todos

El baile es un elemento fundamental dentro de las estructuras de todas las culturas ancestrales del mundo: no hay humanidad sin danza. Todas las tradiciones la incluyen y su historia la ha hecho avanzar desde el sentido ritual que tenía para las tribus primitivas, hasta su función meramente lúdica con que se la desarrolla en discotecas y salones de baile. Entre ambos extremos está el arte, la danza convertida en disciplina, en un canal expresivo que transforma a los movimientos humanos en una expresión sublime. Tal vez la danza clásica sea la versión más acabada de ese arte en el que la gracia y la delicadeza se combinan con la potencia física y la espectacularidad. Quienes decidan acercarse este sábado 5 de octubre hasta el ND Teatro para ver una nueva presentación de la compañía Buenos Aires Ballet, creada y dirigida por el primer bailarín del Teatro Colón Federico Fernández, podrán confirmarlo.
Integrada por algunas de las figuras más importantes del cuerpo de ballet del Colón, como la primera bailarina Macarena Giménez y la solista Camila Bocca, los espectáculos del Buenos Aires Ballet combinan fragmentos de piezas clásicas muy populares con obras creadas ad hoc por algunos de sus miembros. La de este sábado a las 21 será la cuarta función que la compañía brinda en lo que va del año en la sala de la calle Paraguay 918. El equipo cuenta con la colaboración de un grupo de actores y músicos independientes y se completa con las bailarinas Ludmila Galaverna, Eliana Figueroa, Rocio Prina y Julieta Zabalza, y los bailarines Emanuel Abruzzo, Jiva Velazquez, Facundo Luqui, David Gomez, Emiliano Falcone y Maximiliano Iglesias.
Fernández, que se desempeña como primer bailarín del primer coliseo argentino desde hace casi 15 años, creo Buenos Aires Ballet a partir de la necesidad personal y profesional de mantenerse activo. “El inicio del proyecto tiene que ver con una necesidad de hacer más funciones. En aquel momento no se estaban realizando muchas en el teatro Colón”, comenta el artista. “Hubo épocas en las que con el ballet del Colón hemos hecho apenas 18 o 20 funciones anuales. Y en esos términos es muy difícil generar un crecimiento artístico y profesional en un bailarín. Por eso buscamos la forma de poder llegar al escenario más veces por año”, resume Fernández.  

-¿Cuánto representan 20 funciones anuales si se lo compara con otros teatros del mundo de la calidad del Colón?
-Muy poco. Los cuerpos estables de ballet de los principales teatros del mundo tienen alrededor de 200 funciones anuales. Y en el Colón, teniendo absolutamente todo, a veces hemos llegado a 20, que es absolutamente nada. Eso por suerte fue cambiando y en la actualidad el teatro hoy tiene entre 45 y 50 funciones anuales de ballet, qué sigue siendo muy poco pero es mucho más de lo que teníamos con gestiones anteriores. Entonces el Buenos Aires Ballet tiene que ver con esa necesidad de salir a los escenarios y llevar la danza lo más lejos posible de la ciudad y poder ir a donde el ballet jamás llega  
-¿Qué repercusión obtienen las presentaciones del Buenos Aires Ballet?
-Nos va bastante bien, tanto dentro como fuera de la capital. Hacemos una función al mes (o cada 45 días), dónde lo que se recauda se utiliza para pagar el alquiler de la sala, de los vestuarios y para cubrir el caché de cada bailarín al que invito. Claro que con eso no alcanza para cubrir el alquiler de tu casa o pagar los impuestos. Ayuda, sí, pero no alcanza para que una persona pudiera mantenerse con lo que gana en las producciones de Buenos Aires Ballet. Es decir que Buenos Aires Ballet no podría mantenerse si quienes la integramos no tuviéramos esos sueldos nuestros sueldos en las compañías oficiales a las que pertenecemos.
-¿Se trata de un proyecto que funciona con una estructura cooperativa?
-Te diría que es un emprendimiento que funciona de manera democrática, pero no cooperativa. Buenos Aires Ballet es una idea personal que yo mismo produzco y dirijo. Es decir que si alguien pierde en algún momento, ese soy yo. No aceptó que ninguno de los bailarines a los que convocó tenga que poner plata de su bolsillo y cada uno cobra su caché. El único que va riesgo soy yo y esa es la idea: generar trabajo que represente un poco más de dinero que nos ayude a llegar a fin de mes.  
-Pero aunque es un emprendimiento personal y privado, también cumple con el rol de llevar la danza a los lugares donde no llegaría de otra forma. ¿No existen instancias donde sea el estado el que cumpla con esta función difusor cultural?
-El Ballet estable del Colón suele hacer hace giras por el país, aunque este año por alguna razón no se hizo ni hay programada ninguna. Pero usualmente el teatro suele hacer dos giras anuales con el cuerpo estable. También es cierto que se trata de giras muy limitadas, porque es muy complicado sacar a una compañía de 100 bailarines por el país, tanto desde lo económico como desde lo técnico. Es una movida mucho más costosa que llevar una compañía privada integrada por diez bailarines que tienen asegurado el sueldo de las compañías para las cuales trabajan. Aún así es cierto que faltan iniciativas para hacer del Colón un órgano más Federal y sería fantástico que quienes están en la gestión pudieran llevar a cabo acciones que concretarán es aspiración. Creo que hay un interés real por hacerlo, porque por algo se creó hace dos años el programa Colón Federal. Entonces es cierto que no se hace mucho, pero se está haciendo más que en otras oportunidades. Creo que todavía falta mucho y que el Teatro Colón tiene absolutamente todo para generarlo, porque somos una fábrica de arte.  
-¿Qué distancia hay entre lo que ustedes proponen desde Buenos Aires Ballet respecto de lo que puede verse en el Teatro Colón?
-No hay punto de comparación. Son dos cosas muy diferentes. El Colón realiza producciones propias inmensas, que se realizan con el cuerpo de ballet completo y presupuestos que son imposibles para Buenos Aires Ballet. Lo que tiene el trabajo que nosotros hacemos es que en una sola función podés ver a casi todas las primeras figuras del Colón en una misma noche. Lo que intentamos es fomentar el interés en los espectadores por ir al Colón, para que aquellos que crean que la música clásica o el ballet son monstruos que sólo se pueden disfrutar si se los conoce desde chicos se saquen ese prejuicio. Realizamos una especie de introducción que te invite a visitar un teatro oficial y ver una gran producción. Además, como nuestro programa está compuesto por fragmentos, las funciones son muy dinámicas. Interpretamos en una misma noche algunos pas de deux clásicos del repertorio; es decir, los dúos más conocidos de diferentes obras clásicas. Y eso junto a obras neoclásicas y contemporáneas qué presentamos de forma intercalada, para mostrar todo lo que es capaz de hacer un bailarín de formación clásica.  
-¿Cuál es la propuesta en particular para el show de este sábado y cuáles los siguientes pasos que dará Buenos Aires Ballet?
-Este sábado vamos a hacer un programa nuevo, dentro del cual estrenaremos dos obras. Una se llama Un vago temblor de estrellas, fue creada por David Gómez, está basada sobre textos de Federico García Lorca y participan tres bailarinas junto a dos actrices y un guitarrista.  
-¿Actrices que no son bailarinas? ¿Ese tipo de combinaciones son usuales en la danza?
-No en el ambiente clásico, pero en otros ambientes se hace danza teatro y otros géneros mixtos. De hecho es la primera vez que lo hacemos nosotros. Además vamos a hacer una obra contemporánea de Julieta Zabalza que se llama (In)fiel, que también estrenamos. Y después hacemos grandes clásicos, como El talismán o El cisne, va a haber tangos... un programa diferente al que hicimos en nuestra última presentación. Lo bueno de la compañía es que se trata de primeras figuras del Colón trabajando junto a artistas independientes, músicos, actrices, y siempre con una entrada accesible para todos y un montón de formas de pago, que es algo que nos permite un espacio como el ND Teatro.  
-¿Se sienten cómodos ahí?
-Es un teatro comercial que nos recibe desde hace tres años para que hagamos nuestras presentaciones y por el cual sentimos una gratitud enorme, porque nos permite crear y vincularnos con un público nuevo. No es usual que te permitan hacer lo que querés con tanta libertad. Siempre trabajamos muy cómodos ahí.  
-¿Y cómo es el vínculo con ese público nuevo?
-En el público están los fieles que nos conocen del Colón y también nos siguen acá. Pero a ellos se les suma un público que viene de otros lugares, que disfruta lo que le proponemos y que a partir de eso muchas veces también termina yéndonos a ver al Colón. Creo que eso es lo más interesante que generan estos espectáculos: le permiten a los espectadores ver en una misma gala a las principales figuras del Colón todas juntas.

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar

CINE - "Que sea ley", de Juan Solanas: El cine político

Si algo quedó claro el 8 agosto de 2018, cuando el Senado desaprobó el proyecto que proponía legalizar el aborto seguro y gratuito en todo el territorio nacional, es que no había marcha atrás. Que la decisión tomada por los congresistas, aun representando a un importante sector de la sociedad, no interpretaba de forma satisfactoria la necesidad de la mayoría, ni legislaba a favor de los más vulnerables. Y al mismo tiempo permitió constatar que cuando el cuerpo social se apropia de un derecho, tarde o temprano el poder político estará obligado a legitimarlo en la norma. De esa certeza partió el director Juan Solanas para realizar un documental que registra las luchas de los colectivos feministas que militan por la despenalización del aborto en la Argentina, al que no por casualidad decidió darle el título de Que sea ley.
Se trata de un documental de estructura clásica, que recoge testimonios y presenta información de manera directa. Lo primero a partir de tradicionales cabezas parlantes; lo segundo a través de las no menos usuales placas y textos sobreimpresos, que apoyan con datos concretos lo que los relatos aportan en calidad de pensamiento o experiencia personal. No dejan de llamar la atención los recursos elegidos, a los que se podría hasta calificar como conservadores en términos cinematográficos, teniendo en cuenta que lo que se está retratando con ellos es el movimiento más revulsivo que haya surgido en la política nacional desde la recuperación democrática. El contraste entre fondo y forma es notorio, pero no inocente.
Porque eso no quiere decir que aquello que Solanas pone en escena no venga cargado de una potencia abrumadora. Por el contrario, los testimonios expresan de manera contundente una serie de argumentos que sostienen la necesidad de intervenir cuanto antes, para modificar una realidad que no solo convierte en delincuentes a las mujeres que, por la razón que sea, no se sienten capaces de asumir la maternidad, sino que pone en riesgo sus propias vidas. Amenaza que, como se sabe, deja desprotegidas sobre todo a quienes ya se encuentran en desventaja. Alguien dice en la película que el precio de la clandestinidad lo pagan las más jóvenes y las más pobres, en ambos casos por una desigualdad que tiene que ver con variables económicas: unas por no estar aún emancipadas; las otras por carencia de recursos.
La decisión de Solanas parece surgir de una voluntad más política que cinematográfica y más didáctica que narrativa: la necesidad de transmitir una serie de ideas que, puestas a dialogar entre sí en un mismo espacio y tiempo, le permitan al espectador incorporar conceptos y procesarlos para llegar a sus propias conclusiones. En el marco de esa decisión, Que sea ley se permite registrar qué es lo que pasa en la vereda de enfrente, dándole un espacio a quienes militan en contra de la legalización del aborto, los autodenominados defensores de las dos vidas. Esos registros que en los papeles le permiten a la película cumplir con el trámite de presentar las dos caras, por el otro subrayan su carácter de documental de tesis. Que sea ley no indaga de forma libre en el fenómeno social que produjo el debate por la legalización del aborto, sino que lo hace con una posición tomada ya desde el título.
Por eso su mayor potencia no reside en las voces de los referentes del movimiento (personajes de la cultura, la política o la militancia), si no de las de quienes fueron víctimas de la situación legal en vigencia. Son sus palabras las que revelan la tragedia humana, ese sufrimiento en carne propia que permitirá eventualmente el milagro de la empatía. Son esas voces, junto a los registros vivos de distintas expresiones de esta lucha colectiva, las que en definitiva consiguen hacer de Que sea ley una experiencia documental potente y válida.  

Artículo publcado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 3 de octubre de 2019

CINE - "Punto muerto", de Daniel de la Vega: Policial a la antigua

El policial es una de las columnas sobre las que se apoyan las industrias del cine y la literatura, aprovechando una popularidad que parece inagotable. A casi 180 años de que Edgar Allan Poe redactara su acta de nacimiento con la trilogía de cuentos protagonizados por el detective Auguste Dupin, y luego de mil y una reencarnaciones, el género sigue gozando de buena salud. Por eso no es extraño que Daniel de la Vega, uno de los impulsores de la escena del cine de género en la Argentina, haya decidido abordarlo en su nueva película, Punto muerto. Aunque su nombre es reconocido sobre todo por su vínculo con el terror, De la Vega se permite aquí jugar con la variante detectivesca, expresión que estableció las reglas básicas de su funcionamiento narrativo.
La estructura de Punto muerto se inspira y funciona como homenaje a esa estirpe clásica del policial, tanto en el campo cinematográfico como en el literario. La mención a Poe no es entonces caprichosa, como tampoco lo sería ensayar una lista que incluyera a Arthur C. Doyle, Agatha Christie o Emile Gaboriau, entre tantos que ayudaron a darle forma a la estética detectivesca en el campo literario. O mencionar los clásicos films de monstruos de los estudios Universal, algunas producciones de la británica Hammer o las películas del Doctor Phibes, protagonizadas por Vincent Price, como posibles fuentes de inspiración y objetos de reverencia en el terreno del cine.
De la Vega busca que su propuesta encaje de forma precisa en ese molde que intenta replicar/ homenajear. La trama y el misterio se sostienen en torno de un crimen de cuarto cerrado, génesis del policial en tanto pertenece a la misma clase de enigma que debía ser resuelto en “Los crímenes de la calle Morgue” (1841), el primero de los cuentos de Poe protagonizado por Dupin (desafío que luego enfrentaron otros detectives, de Sherlock Holmes al Padre Brown). Además la historia se desarrolla en un escenario que termina de crear el ambiente adecuado: un seminario de literatura policial que se realiza en un señorial hotel de campo, donde un prestigioso escritor dará una charla sobre el género y presentará su último libro, en el cual el detective que lo protagoniza logra resolver, claro, un asesinato cometido en un cuarto cerrado.
Filmada en un expresivo blanco y negro, De la Vega le insufla al relato cierto espíritu victoriano, al mismo tiempo que alude a la escena literaria local de la primera mitad del siglo XX (incluyendo citas directas, como la colección Séptimo Círculo creada por Borges y Bioy; o el personaje de una aristocrática gestora cultural de apellido Ocampo). El tono recargado de las actuaciones también remite a viejas estéticas cinematográficas, misma dirección en la que apunta el personaje de un inspector llamado Christensen. Más allá del juego alusivo, emergente de una voluntad celebratoria, Punto muerto se aferra demasiado a los trucos formalistas, así en lo narrativo como en lo visual, y por esa vía acaba retorciendo en exceso su propio imaginario. Es cierto que el detalle puede representar un lastre, pero no alcanza a arruinar la experiencia. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

miércoles, 2 de octubre de 2019

CINE - 2° Tour de Cine Francés: Un ciclo de cine itinerante

Por segundo año consecutivo llega al país el Tour de cine francés, muestra itinerante que ofrece una selección de los títulos más destacados de cada temporada, producidos por una de las industrias cinematográficas más poderosas del mundo. Ese carácter viajero se hace explícito ya desde su nombre y es lo que distingue a este evento de otros similares, permitiendo que su programación recorra distintos puntos de la Argentina en lugar de estacionarse, como suele ocurrir, en Buenos Aires.
Se trata de una iniciativa de la distribuidora mexicana Nueva Era Films –que ya lleva 23 años organizándola en su país— y cuenta con el apoyo de la Embajada de Francia en México y la Federación de Alianzas Francesas. Su pata local es la empresa Village Cines, cuyos complejos permiten que las siete películas que integran la programación realicen su recorrido. De esta forma el ciclo se proyectará del 3 al 16 de octubre en las sedes de Recoleta y Caballito, del 10 al 16 en las salas de Pilar, Avellaneda y Rosario, mientras que del 17 al 23 se lo podrá ver en las ciudades de Mendoza y Neuquén.
Detrás de este particular formato que busca nuevos públicos para el cine francés está el mexicano Leopoldo Jiménez, director de Nueva Era Films y alma mater del Tour. Jiménez está al tanto de la histórica cinefilia local y del vínculo intenso que sus espectadores mantienen desde siempre con el cine de aquel país. Pero también es consciente de la negativa concentración cultural que se produce en el territorio porteño y sabe que las características del Tour ayudan a ir contra la tendencia. “Buenos Aires es una ciudad que siempre ha sido bien servida de eventos culturales”, afirma el gestor del evento, “por lo que creemos que es importante que el Tour no solo sea presentado en la capital, sino también en otras ciudades del país”.
 Ese vínculo extenso que el público local mantiene con el cine francés hace que el Tour no sea la primera iniciativa que tiene a la cinematografía gala como eje. De hecho desde hace más de una década se realiza en la ciudad el Festival de Cine Francés Les Avant Premieres. Aún así Jiménez considera que la programación del Tour ofrece un perfil propio: “Para nosotros es importante que las películas sean ‘populares’, en el buen sentido de la palabra”. Pero si bien el objetivo inicial es conseguir que “el público quede satisfecho y con ganas de buscar en la cartelera un cine que no sea solo el de los estudios norteamericanos”, al mismo tiempo el programador aspira a que la misma despierte “el interés del público más cinéfilo”. “Francia produce alrededor de 300 películas al año y no pretendemos resumir en siete títulos una cinematografía tan rica”, continúa Jiménez, quien considera que la clave de la programación del Tour se encuentra en la amplitud y el equilibrio. “Es importante escoger diferentes géneros, que haya un balance entre los nuevos talentos y aquellos que ya tienen una gran trayectoria”, explica.
“Cada vez hay menos espacio para disfrutar en los cines de películas que no sean las de Hollywood”, insiste Jiménez al ser consultado acerca del rol que tienen (o deberían tener) propuestas como la que el Tour ofrece, teniendo en cuenta el contexto actual, signado por la concentración de pantallas a favor de las mega-producciones norteamericanas o de la nueva ola de consumo doméstico del cine vía sistemas de streaming. “Es un fenómeno que sucede en todo el mundo y estoy convencido que los ciclos, festivales y muestras juegan un papel relevante en la creación de públicos: el de demostrar que existe una audiencia para el cine independiente, tanto nacional como extranjero”, asegura el organizador de este ciclo itinerante. Y se suma a la polémica que separa a quienes defienden la experiencia en sala de los que buscan flexibilizar la definición del cine: “Me parece muy bien que existan los sistemas de streaming, pero el cine se produce para verse en la pantalla grande. Ahí es donde nació y donde se tiene que seguir viendo”, concluye.
Dentro de las siete películas que podrán verse hay tres que ya tienen confirmado su estreno comercial en el país. Se trata de Amanda, dirigida por Mikhaël Hers, El misterio del Sr. Pick de Rémi Bezançon, y En buenas manos, de Jeanne Herry. La primera recorre el arco clásico de las películas en las que la vida del protagonista se modifica de forma tan repentina como radical. David es un joven veinteañero que disfruta de vivir evitando asumir cualquier cosa que represente un compromiso. Pero todo eso cambia cuando conoce a la chica de su vida casi al mismo tiempo que su hermana muere en un atentado en París. La tragedia lo convierte en la única persona que puede hacerse cargo de Amanda, su sobrina de siete años.
Lejos del drama de la propuesta anterior El misterio del Sr. Pick combina la comedia con la estructura del relato policial, pero utilizándola en un contexto distinto: el de la industria literaria. Una joven editora descubre el manuscrito de una novela extraordinaria escrita por un pizzero que falleció dos años antes sin haber manifestado nunca una inclinación por las letras. El libro se convierte en un boom, pero un severo crítico literario desconfía de su curioso origen y decide investigar. El misterio del Sr. Pick está protagonizada por Fabrice Luchini y Camille Cottin, actriz cuya cara se volvió conocida a partir de su trabajo en la popular serie francesa Diez por ciento. Por su parte En buenas manos aborda los siempre complejos temas de la maternidad y la adopción, a través de la historia de una mujer que lleva diez años luchando por ser madre. Sandrine Kiberlain protagoniza esta película que aborda el vínculo entre esta mujer y el bebé de tres meses que queda a su cargo.
La programación del 2° Tour de Cine Francés se completa con Blanca como la nieve, de Anne Fontaine, versión aggiornada y en tono de comedia negra del clásico cuento de Blancanieves, con la inigualable Isabelle Huppert en el rol de la madrastra malvada; Cyrano mon amour, de Alexis Michalik, que narra el mito de origen detrás de la escritura de Cyrano de Bergerac, la obra más popular de la historia del teatro francés; Mi niña, de Lisa Azuelos, donde la misma Kiberlain vuelve a asumir el rol de mujer abnegada que esta vez debe lidiar con el otro extremo del drama materno: la partida de su hija de 18 años del hogar familiar. Y finalmente Un amor a segunda vista, de Hugo Gélin, comedia romántica de tono fantástico que recurre a un truco similar al que Frank Capra utilizó en ¡Qué bello es vivir!: hacer que su protagonista se despierte en una realidad paralela en la que debe reconquistar el amor de la mujer de su vida, quien mágicamente se ha convertido en una extraña. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.