martes, 13 de agosto de 2013

LIBROS - "Hombre en la orilla", de Miguel Briante: Una furia delicada

La editorial Fondo de Cultura Económica reeditó por primera vez en 45 años Hombre en la orilla, primer libro  del escritor argentino Miguel Briante (1940-1995), publicado originalmente en 1968 y que a partir de ahora integra a la Serie del recienvenido, que dirige y cura el prestigioso Ricardo Piglia. Se trata de un volumen que incluye tres cuentos y una nouvelle, pero que a partir de las múltiples conexiones que atraviesan los cuatro textos, bien puede ser leído como una obra única, una novela fragmentaria, un relato épico (tal vez elegíaco) sobre la vida en un pueblo de provincia durante la segunda mitad del siglo XX. En cada uno de los relatos, la notable prosa de Briante consigue iluminar el oscurísimo retrato que traza acerca de la vida pueblerina. Una luz que no viene de lo que se cuenta, sino del estilo del autor, capaz de ser a la vez elegante y simple, para transmitir nostalgia incluso cuando lo que narra es el desprecio. Porque lejos de cristalizar la vida en esos infiernos grandes bajo las leyes normalizadoras del costumbrismo, los relatos de Hombre en la orilla no se alejan demasiado, más allá de los estilos personales, del desencanto con que el gran Manuel Puig supo retratar a General Villegas, su pueblo natal. No son pocos los que consideran a Briante como uno de los autores más notables de la rica historia de la literatura argentina, más allá de que ese reconocimiento aún no haya encontrado la merecida justicia de la popularidad.
El propio Ricardo Piglia, amigo y admirador de Briante, se encarga de subrayarlo en tiempo presente. “Miguel es un maestro total, dueño de un estilo extraordinario. Y este es un libro estupendo que nunca se había reeditado: nosotros lo habíamos hecho publicar en el 68 a través de un sello editorial chiquito que se llamaba Estuario y después nunca se reeditó como tal. Entonces me parecía muy importante hacerlo, porque sus cuentos habían salido mezclados con otros en diferentes ediciones. Pero lo que a mí me interesa mostrar es la unidad del libro, porque a través de esas páginas Briante funda un mundo con ese pueblo, en contra del que escribe con tanta rabia. Escribe con mucha bronca contra del universo social de esos pueblos terribles, que tienen esa diferencia social de los chetos, de las estancias; está muy bien contado todo eso. Hay mucha Bronca ahí: ¿viste la dedicatoria?”, pregunta y tiene razón. 
No hay mejor forma de definir el estilo de Briante y al mismo tiempo ofrecer una muestra acabada de esa furia que menciona Piglia y que el lector podrá descubrir hurgando en cada párrafo de Hombre en la orilla, que transcribir esa dedicatoria que atraganta desde la primera página del libro. “A mi padre, a quien como aquel personaje de Thomas Wolfe, le ‘parecía que sólo él debía morir, que debía destrozar su propio corazón y triturar sus huesos, quedar vencido, ebrio, magullado y sin conocimiento, hacer zozobrar su razón, perder su cordura, destruir su talento, y morir como un perro rabioso aullando a la inmensidad’; a los gusanos de la tumba de mi padre, que un día avanzarán sobre el pueblo que transcurre en estas páginas, para borrarlo definitivamente.” La equilibrada arquitectura que Briante consigue entre la cita del párrafo de Wolfe, nunca más oportuna, y la descarnada maldición de tiempo que lanza contra aquel pueblo, sólo es posible de manos de un escritor como él, para quien la prosa no es un fin en sí mismo, sino un medio para expurgar esos fantasmas resecos que se llevan martillados contra el hueso del alma.
“El lugar de Briante en la literatura argentina es importantísimo”, afirma Piglia. “Lo que pasa es que acá está todo confundido, hay mucha velocidad en la sucesión de los nombres, de los escritores. Nada se decanta. No quiero hacer nombres ni comparar a Briante, pero cualquiera que lo lee se da cuenta que es un escritor que posee una calidad que es muy difícil de encontrar en la literatura argentina”. Más allá de la admiración, Piglia no puede dejar de recordar la estrecha amistad que lo une a Briante. “Empezamos juntos en la revista El escarabajo de Oro, en el año 1962, que por entonces organizaba unos concursos de los cuales participábamos todos los que empezábamos a escribir cuentos por aquel entonces. Miguel y yo, junto con (Germán) Rozenmacher, ganamos el primer premio: nos conocimos en ese momento, cuando fuimos a recibirlo, y a partir de ahí nos hicimos amigos. Él tenía 19 años y después, viste cómo es la vida… pero siempre fuimos como hermanos”, dice Piglia con una desazón apenas evidente. 
Respecto del concepto detrás de la colección Serie del recienvenido, que él mismo dirige y edita Fondo de Cultura Económica, Piglia realiza una declaración de principios. Hoy en día “los libros envejecen rápido y a los seis meses parece que ya se hubieran perdido en el pasado”. “Tenemos un déficit terrible en cuanto a los libros publicados en los años 60 o 70, que parece que fueran libros del siglo XVIII, y la colección surge para remediar un poco esa cuestión y poner esos libros otra vez en circulación”, afirma el escritor. “Por eso el título, que un poco viene de Macedonio, pero que también quiere decir que los buenos libros son siempre recienvenidos. Además todos los que se han publicado son libros que me gustan a mí”, reconoce Piglia. Hombre en la orilla se suma de esta manera a los otros cinco volúmenes que componen dicha colección: En breve cárcel de Silvia Molloy; Nanina de Germán García; Oldsmobile 1962 de Ana Basualdo; El mal menor de C. E. Feiling y ¡Minga! de Jorge Di Paola.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

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