
En la larga lista de films exhibidos este año en Mar del Plata hay tres que, al menos en ese sentido, se destacan del resto y en el balance final han recogido los beneficios de una buena siembra. Se trata de Aballay, el hombre sin miedo, western gaucho de Fernando Spiner sobre cuento de Antonio Di Benedetto, que recibió el premio del público; el thriller Pompeya, de Tamae Garateguy, ganador de la competencia nacional gracias a un guión tarantiniano que combina humor ácido, sexo y violencia explícita, dentro de un relato suburbano claramente influenciado por el cine oriental; y la distopía humorística Fase 7, de Nicolás Golbart, candidata a convertirse en éxito de público y, quién sabe, película culto. Lo cierto es que tras diez años de Nuevo Cine Argentino, en los que la producción local creció en calidad y prestigio a base de grandes autores, buenas películas, premios internacionales y mucho esfuerzo, la perspectiva de ensanchar los horizontes hacia el cine de género es una noticia que habla de un saludable proceso de maduración. Más allá de las consideraciones particulares que puedan hacerse sobre esta edición del festival, sin dudas ha resultado un acierto programar estas tres películas.
El triunfo de El secreto de sus ojos en los Oscars, a principios de año, desató otra vez la discusión sobre qué tipo de cine debería financiar el INCAA. Está claro que quienes se ocultan detrás de esta pregunta lo único que pretenden es parcializar la mirada de lo que debería ser el cine argentino y buscar una oposición donde no la hay. “Quizás se trate de una falsa dicotomía, aquella que enfrenta al cine de género con el cine de autor”, escribió el crítico y programador Roger Koza en su sitio www.ojosabiertos.wordpress.com y tiene razón. ¿O hay alguien que imagine posible el resurgimiento del cine de género norteamericano en los ‘70, de la mano de sus nombres más notables (Coppola, Spielberg, Scorsese, De Palma, Carpenter y tantos), sin la experiencia previa del surgimiento de la figura del autor en Italia y Francia en las décadas anteriores? Será que la verdadera frontera es la que separa al cine bien hecho del otro y ese debería ser el criterio de selección para lograr amplitud y calidad.
Con el Nuevo Cine Argentino ya muerto como entidad novedosa y muchos de sus nombres instalados como autores respetables, tal vez no está mal pensar en el Nuevo Cine Argentino de Género como próxima etapa en la evolución. Una nueva generación de cineastas dispuestos a discutir los valores que sostuvieron sus antecesores inmediatos. Al fin y al cabo, de eso se trata la historia del arte.
Artículo publicado originalmente en la sección Cultura, del diario Tiempo Argentino.
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