miércoles, 7 de octubre de 2020

CINE - Entrevista a Sebastián Martínez, director de "El mundo entero": Misteriosa Piriápolis

Los argentinos conocen bien al Uruguay. El pequeño vecino de Oriente representa un espejo donde el país (en especial Buenos Aires) encuentra un reflejo levemente distorsionado al que siempre se mira con soberbia, pero también con envidia. Sus playas se encuentran además entre los destinos preferidos de nuestros veraneantes (y no solo los de clase alta). A medio camino entre Montevideo y Punta del Este se levanta una ciudad extraña y única, desmesurada y monumental, cuyo origen reúne extrañas leyendas que la vuelven magnética. Piriápolis es el primer gran centro balneario de América del sur, fundado por Francisco Piria en la pujante década de 1880 a imagen y semejanza de los paraísos de veraneo europeos. Fascinado por la historia de la ciudad y la de su creador, el cineasta Sebastián Martínez se lanzó a una investigación en la que intenta revelar los enigmas que las rodean y cuyo desarrollo dio lugar a El mundo entero, un documental no menos atrapante y misterioso.

A finales del siglo XIX, Piriápolis era un elefante blanco levantado desde cero por un hijo de inmigrantes italianos que se había vuelto millonario como comerciante. El ingenio, la autopromoción y el espíritu aventurero habían sido las herramientas que destacaron a Piria. Pero su perfil de capitalista emprendedor, habitual en la cultura estadounidense, no resultó bienvenido por la aristocracia que gobernaba su país. Y cuando construyó su magnífico balneario, en el que abundaban los hoteles de lujo, los monumentos traídos de Europa y las construcciones que excedían la modesta escala de aquel paisito decimonónico, lo que recibió no fue aceptación. Pero además, sobre Piria converge una mitología que abreva en la alquimia, la masonería y una extraña versión futurista del socialismo cuyas marcas sus devotos reconocen ocultas en el trazado urbano y el diseño de Piriápolis. Todo eso aparece en El mundo entero, que se estrena este jueves a las 20 a través de la pantalla de Cinear TV y a la que se la podrá ver a partir del viernes en la plataforma Cinear Play. 

“La ciudad es la obra cumbre de Piria. Cuando la conocí en 2010 no tenía la menor idea de quién era ese hombre y el interés que me surgió por conocer el origen de su fundación, por interpretar esa simbología que aparecía por todas partes o indagar en sus edificios, me fue llevando a descubrir al personaje que la construyó”, dice Martínez. “Piriápolis es la idea de un mundo propio hecho realidad: el de un hombre que imagina una ciudad a la europea en un paraje inhóspito del Uruguay y cuyo diseño acaba convirtiéndose en el escenario sobre el que se refleja la figura enigmática de su fundador. Todavía no había caminos para llegar ni existía el turismo, pero la construye igual. ¿Por qué? Así empezó todo”.  

-¿Esa mitología misteriosa que la película aborda se origina en la ausencia de documentos o es una construcción impulsada por el propio Piria? 

-Es lógico que alrededor de un personaje fuera de lo común circulen mitos y leyendas. Siempre me pregunté si la simbología dispersa en Piriápolis no constituía algún tipo de documentación, una especie de lenguaje para quien supiera leerlo. Es imposible saber si Piria fue alquimista o no, pero queda claro que su bombardeo publicitario no promovió la veta enigmática durante el esplendor de Piriápolis. Ese aspecto entró en juego cuando ya había muerto, pero las señales existen y fue el propio Piria quien las dejó. Para muchos no es más que charlatanería, un recurso de marketing; para otros es indiscutible que algo especial sucede allí. Creo que Piria debe estar contento con el mito que se construyó alrededor de su ciudad.  

-Tales puntos opacos abren el relato a lugares inesperados, como el ritual alquímico que actualmente un grupo de devotos realiza en la catedral abandonada de la ciudad. ¿Cómo llegó a esas derivaciones extrañas? 

-El mundo de la alquimia apareció bastante rápido en la investigación, pero no resultó fácil dar con gente que estuviera dispuesta a hablar del asunto. El vínculo con la cofradía que participa del documental empezó tres años antes de filmar el ritual. En lo personal nunca me importó demasiado que tan cierto pudiera resultar. En realidad, ni siquiera se puede plantear como cierto o falso, como todo lo que tiene que ver con las creencias. Me interesó desde lo visual, me abrió la puerta para jugar con lo sensorial y el misterio. El ritual tiene un componente lúdico, es una representación. Esa gente no anda así vestida por la vida, claramente. Pero el compromiso de los tres personajes que hablan alrededor del fuego con esa idea de búsqueda y recorrido espiritual, es absoluto.  

-En la película se menciona cierto desdén de Montevideo hacia la figura de Piria. ¿Puede eso tener origen en un rechazo de clase? 

-Piria no se dedicaba a caerle bien a la gente. Se enfrentó a políticos, a la iglesia, a las instituciones en general y era crítico de la idiosincrasia uruguaya. Chocó contra el establishment de su época y eso no fue gratuito. Para él su país estaba sumido en un letargo y quería despertarlo. Se quejaba de la falta de iniciativa del uruguayo, haciendo un contrapunto con la pujanza de los argentinos, a quienes definía como “los yanquis de Sudamérica”. Acumuló fortuna y poder sin depender de bancos ni partidos políticos. Resulta lógico que tuviera enemigos entre sus contemporáneos.  

-Sin embargo cuando quiso replica la experiencia en nuestro país tampoco fue bien recibido. 

-Cuando Piria quiso desembarcar con sus proyectos en Argentina fue visto como un rival. Un empresario que no dependía de los bancos y apostaba a la tierra en vez de a la bolsa. Un modelo de acumulación de capital que encendió las alarmas y derivó en una operación de prensa que lo llevó al fracaso. 

-Buena parte de la película se la lleva el retrato del patrimonio arquitectónico de Piria. ¿Cuáles fueron las directrices estéticas que organizaron esa forma detallada de mostrar la ciudad? 

-El mundo arquitectónico de Piria no es difícil de filmar. Piriápolis tiene cierta espectacularidad que en la película está potenciada por la fotografía de Diego Poleri y los drones de Juan Gervasoni. Pero hubo dos ideas que buscamos transmitir desde el trabajo de cámara: por un lado que las imágenes estuvieran en sintonía con la idea de proyecto mastodóntico, que es como Piria definía a la fundación de su ciudad. Y a su vez, como si estuviéramos descubriendo las ruinas de una civilización perdida.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - Ciclo de cine cordobés, online y gratuito: El boom mediterráneo

A la hora de hablar de arte, las etiquetas suelen ser una herramienta cómoda. A través de ellas es posible reunir bajo un mismo rótulo a un corpus de artistas y obras que comparten algunas características específicas, generando una ilusión de homogeneidad. Pero las etiquetas también empobrecen, porque en pos de destacar esas coincidencias –que a veces ni siquiera tienen que ver con cuestiones estéticas— acaba relegando a un segundo plano la riqueza que aporta la diversidad. Eso es lo que pasa cuando se habla del Nuevo Cine Cordobés, que es como se conoce a una generación de cineastas que durante la segunda década del siglo XXI consiguió convertir a la provincia mediterránea en una auténtica usina creativa. En busca de exponer la complejidad que se oculta detrás de esa simplificación, el joven Colectivo de Cineastas de Córdoba (CCC) presenta Ningún lugar adonde ir, un ciclo de películas realizadas por algunos de los casi 80 miembros de la agrupación.

En el Manifiesto publicado en su web, el CCC se define como “un espacio de participación basado en debates y acciones para defender todos los modos posibles de hacer cine”. Esa parece ser también la directriz que sostiene la programación de Ningún lugar adonde ir. La misma incluye alrededor de 40 títulos, entre cortos y largos, que podrán verse de manera gratuita desde el 8 de octubre y hasta el 4 de noviembre, a través de la plataforma online www.colectivodecineastascordoba.com

Además de las películas, que se presentarán divididas en cuatro programas de frecuencia semanal, la muestra propone una serie de actividades que se trasmitirán por el canal de YouTube del CCC. Entre ellas la que tendrá lugar este jueves a las 20 y oficiará como apertura. Ahí, los músicos Negra Marta y Juan Pablo Toch interpretarán la banda sonora del film Julia y el zorro (Inés María Barrionuevo, 2018) y luego dialogarán con el sonidista Atilio Sánchez acerca de su composición. 

El primer programa incluye cuatro largometrajes, entre los que se destaca Salsipuedes, ópera prima con la que Mariano Luque participó en 2011 de los festivales de Berlín y Cannes y donde retrata a una pareja disfuncional cuyo vínculo se encuentra atravesado por la violencia de género. Uno de los méritos de Luque consiste en abordar la cuestión sin necesidad de que esa violencia se vuelva gráfica. Atlántida también es la ópera prima de la nombrada Barrionuevo y tuvo su estreno en la Berlinale de 2014. Ahí la directora realiza un retrato reconocible de la adolescencia, con la mirada puesta en las vivencias e inquietudes de un grupo de chicos que crecen en un pueblo de provincia que solo es tranquilo en apariencia. Segunda película de Rodrigo Guerrero, El tercero es un film de registro minimalista que retrata el vínculo y los juegos de seducción que establece una pareja gay con ese “tercero” en discordia. Por su parte, El color de un invierno (2016) de Lion Valenzuela Gioia, último largometraje del segmento, narra una historia de amor lésbico en la que dos jóvenes comienzan a descubrir su propia forma de estar en el mundo. 

De esta primera parada también forman parte tres cortometrajes: El olvidao (Nicolás Acosta Koenig, 10’, 2017), El sonido de la campana (Augusto Sinay, 15’, 2019) y Yo sé que me escuchas (Raúl Vidal, 7’, 2009).

Cuatro son también los largos del segundo programa, pero si en la primera semana mandaba la ficción, ahora es el turno del documental. El mundo del cuarteto es universo que eligió Exequiel Casanova para su debut cinematográfico, No te mueras nunca (2018), donde reconstruye la historia de ese ritmo popular que forma parte de la identidad cordobesa. En Primera luz (2019), Juan Darío Almagro realiza un autorretrato de pareja en el que expone sus dudas, experiencia y aprendizaje en torno a la maternidad/paternidad. Por su parte, Gurises al abordaje (2008), de Dimas Games, regresa al conflicto que sostuvieron la Argentina y el Uruguay por instalación de una planta de procesamiento de pasta de celulosa en la margen oriental del río Uruguay, pero visto a través de un grupo de chicos de ambos países. Por último, en La resistencia (2005) Daniela Goldes busca aproximarse a la obra poético-política de Fernando Birri. 

La programación de la segunda semana se completa con los cortos Campanya (Varios directores, 28’, 2015), La unidad de los pájaros (Cruz Lisandro Morena, 30’, 2017), N°2480 (Federico Gianotti, 11’, 2016) y Quereme así... piantao (Andrés Dunayevich, 10’, 2019). 

El ciclo tendrá continuidad en semana del 22 al 28 de octubre. Ahí se verá Primero enero (2016), sólido debut de Darío Mascambroni sobre un padre joven que pasa con su hijo las primeras vacaciones tras un divorcio reciente. Otra ópera prima es Pies en la tierra (2013), de Mario Pedernera, que registra el viaje de un pescador paralítico con su silla de ruedas a través de Entre Ríos. Los pasos (61’, 2020) también representa la primera experiencia de Renzo Blanc, quien filma la interacción entre una madre y su hija de manera simple, pero sin desatender la complejidad natural del vínculo. Por fin, El deportivo (79’, 2015) registra la experiencia colectiva realizada por el grupo de alumnos que asistieron a un taller de cine dictado por el cineasta Rosendo Ruiz y el crítico Alejandro Cozza, dos figuras vitales en el surgimiento del NCC. 

Los cortometrajes incluidos en este tercer bloque son La virgen del agua (29’, 2018) de Joaquín Possentini; Enajenación instantánea (Adrián Ochoa, 15’, 2017), Ciudad (Sol Muñoz y Ana Apontes, 11’, 2015), Clavel del aire (Gabriel Elettore y Dante de Noia, 7’, 2019) y Síntoma (Gisela Supichatti, 6’, 2015). 

La última semana será el turno de La laguna (2013), de Luciano Juncos y Gastón Bottaro. También se verán Paraíso (2018), de Pablo Falá y Azul el mar (2019) de Sabrina Moreno. Para cerrar el ciclo fueron seleccionados los cortos Suculentas (Lucas Rosa, 15’, 2017), Ejercicios del primer Campos (Martín Emilio Campos, 11’, 2015), Concéntrico (Diego G. Medina, 7’, 2017) y Paradoja (Ariel Ferreyra, 4’, 2014). Por su parte el largometraje Instrucciones para flotar un muerto (2018) se podrá ver el 4 de noviembre y será el encargado de clausurar el ciclo. Ese mismo día a las 20, la cantante Eva Gou interpretará la música de la banda sonora de la película y luego dialogará con su director, el cineasta Nadir Medina. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 5 de octubre de 2020

CINE - 1° Science Film Festival, organizado por el Goethe Institut: Ciencia, tecnológía y ecología en un festival online y gratuito

En los últimos dos siglos, la ciencia ha sido uno de los motores que empujó a la humanidad más allá de fronteras que parecían imposibles de alcanzar hasta ayer nomás -porque en términos históricos 200 años son apenas un saltito-. El saber acumulado en ese lapso supera varias veces el conocimiento que el ser humano fue acopiando en los milenios que lleva dominando la Tierra. Pero también es mayor el daño que su presencia ha causado en el ambiente y los ecosistemas del planeta, generando una paradoja difícil de resolver: ¿puede la especie que llevó a su propia civilización hasta el esplendor ser responsable de su propia decadencia o extinción? En busca de abordar varios de los dilemas que surgen del asunto, este martes comienza el Science Film Festival 2020 (SFF2020), un festival de cine online cuyo objetivo es brindarle al espectador una plataforma de conocimientos que le permita volver a pensar el recorrido del desarrollo humano y su vínculo con el mundo.

Aunque lleva realizadas 16 ediciones en distintas partes del mundo, esta es la primera vez que el SFF2020 se desarrolla no solo en la Argentina, sino también dentro de América latina. Organizado por el Goethe Institut de Buenos Aires, su programa incluye un total de 20 títulos, entre cortos, medio y largometrajes, que buscan ampliar los conocimientos que las personas tienen sobre temas tan delicados como actuales. Bajo el lema “Abrazar la ecología”, las películas seleccionadas abarcan un arco temático que va desde el calentamiento global o la desmedida explotación y el derroche de recursos naturales no renovables, hasta el impacto de la industria en la atmósfera o el desarrollo de nuevas tecnologías sustentables. Las mismas podrán verse de forma gratuita entre el 7 de octubre y el 15 de noviembre a través de la plataforma audiovisual del Goethe Institut, www.goethe.de/SFF/abrazarlaecologia.

Dentro del valioso conjunto de estas 20 películas se destacan dos largometrajes: Punto de inflexión: Una contra-historia del progreso (Jean-Robert Viallet, 2018) y Señores del agua (Jérôme Fritel, 2019), ambos de origen francés. El primero de ellos traza un recorrido intenso a través de la cronología que se anuncia en su título. La película logra dar cuenta del modo en que la explosión tecnológica afectó el desarrollo del mundo tanto en términos económicos como sociales, desde antes de la Revolución Industrial hasta la imposición del actual modelo de híper consumo global. El segundo documental aborda el drama de la escasez del agua, al que los expertos califican como una tragedia inminente, convirtiéndose casi en una libreta de apuntes para una película de ciencia ficción distópica que cada vez está más cerca de la realidad y más lejos de la fantasía.

Pero el recorrido que propone el SFF2020 no solo está diseñado para incluir a aquel espectador que ya posee un conocimiento desarrollado en los diversos temas que las películas proponen. También se abre a la posibilidad de funcionar como una herramienta pedagógica que pueda ser útil en los distintos niveles de la educación formal o informal. Lo dejan claro el ecléctico programa de cortos y mediometrajes cuyos públicos van desde una platea infantil, las capas adolescentes o distintos targets adultos. La selección de cortos incluye 9 títulos: Knietzsche y el medio ambiente (Alemania, 2019, 3’); Economía circular (Alemania, 2017, 2’); ¡Revivamos al mundo! (Indonesia, 2019, 7’); Fridays for future (Alemania, 2019, 9’); Adiós al plástico – ¿Es posible vivir sin embalaje plástico? (Alemania, 2019, 9’); Planeta Darwin - Cambio climático (Chile, 2020, 5’): Lo que somos - Abejas electrónicas (Italia, 2017, 8’); Demasiado bueno para el cubo de basura. ¡Paren el despilfarro de alimentos! (Alemania, 2019, 9’) y ¿Cómo viviremos en el futuro? (Alemania, 2018, 11’).

En el terreno de los mediometrajes (que en muchos casos se trata de producciones para la televisión realizadas por distintos canales estatales europeos), la lista suma a los nueve títulos restantes: Planeta hambriento (Filipinas, 2018, 20’); Vacaciones en la selva (Alemania, 2019, 24’); Clima en cambio - Nadie muere en soledad (Alemania, 2020, 29’); Plan B - Hasta la última miga (Alemania, Francia, Austria, 2019, 30’); Los ingenieros trabajan en el clima (Alemania, 2020, 44’); Siberia - La vuelta a la Edad de Hielo (Alemania, Rusia, 2020, 43’); Las semillas de la ganancia (Francia, 2019, 50’); Inodoros - Una nueva era (Francia, 2019, 52’) y Ever Slow Green - Reforestación en Auroville, Sur de la India (Francia, 2019, 56’)

Además de las películas, la grilla del SFF2020 incluye una serie de actividades complementarias que también se desarrollarán en el formato virtual, con acceso libre y gratuito. De esta forma, cada miércoles los espectadores podrán asistir vía Zoom a distintas mesas, charlas y talleres que buscan ampliar la experiencia y profundizar en el temario propuesto por el festival. El único requisito para participar es inscribirse para cada actividad a través de la página del Goethe Institut. La mesa titulada Sostenibiliad: ¿Un nuevo paradigma cultural? se realizará el 14 de octubre a las 20:30 y será la encargada de abrir las actividades en vivo con un debate acerca de la situación actual del desarrollo sostenible en la Argentina y la región. De la misma participará Rodrigo Rodríguez Tornquist, secretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación.

Las actividades tendrán continuidad una semana más tarde, el 21 de octubre de 19 a 21, con el Taller Reciclar – Reutilizar – Reducir, dictado por tres expertas en la materia, entre quienes se encontrará la secretaria de Ambiente y Movilidad de la Municipalidad de Rafaela, María Paz Caruso. El miércoles 28 de octubre, también de 19 a 21, será el turno del taller Producir – Distribuir - Consumir, en el que se analizará analizarán el rol del individuo en estas áreas. El último taller tendrá lugar el 4 de noviembre en el mismo horario, bajo la consigna Investigar – Experimentar – Movilizar, donde se podrá escuchar a otros tres especialistas que debatirán sobre la agenda más urgente en materia de ecología y cambio climático.

 Organizado por el Goethe-Institut en conjunto con la iniciativa Escuelas para el futuro (PASCH), el SFF2020 cuenta con el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el apoyo del Centro Cultural de la Ciencia (C3) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Argentina.

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar.

domingo, 4 de octubre de 2020

HISTORIETA - El creador de "Mafalda" en palabras de Juan Sasturain: "Quino es un artista que supo estar a la altura de su época”

La de Quino, dueño de una obra exquisita dentro de la historieta y el humor gráfico, no es una muerte cualquiera, sino una pérdida invaluable para un país al que casi no le queda más patrimonio que el de sus hombres y su cultura. Con el tiempo su ausencia se irá volviendo más profunda y nos recordará que ya no contamos con la mirada perspicaz de quien fue capaz de crear a Mafalda, un símbolo que tiene el mérito de habernos unido a casi todos. Algo muy raro entre argentinos, una especie de gente que siempre parece más dispuesta a rascar sobre la herida que a buscar una curita. Por suerte, como ocurre con otros grandes artistas, su obra se queda acá, haciendo que nuestro paso por el mundo sea un poco menos ingrato. Como las canciones de Gardel, los cuentos de Borges o las historietas de Oesterheld, Caloi y Fontanarrosa, la obra de Quino ahora es parte de un patrimonio cultural que debe enorgullecer a este país de paradojas.     

Antes de convertirse en el nuevo director de la Biblioteca Nacional, Juan Sasturain ya era uno de los especialistas que más tiempo le dedicó a la tarea de divulgar el enorme tesoro que la Argentina tiene en la literatura, la historieta y el humor grafico. Es periodista y escritor, pero también guionista, creador junto al gran Alberto Breccia de una de las historietas argentinas más importantes de los últimos 40 años, Perramus. También dirigió revistas clásicas como Humor o la mítica Fierro y por todo eso quizá no haya una persona con más autoridad que él para analizar la figura de Quino y su obra, y el enorme peso específico que ambos tuvieron y seguirán teniendo en la cultura nacional de los últimos 70 años.

“La verdad no llegué a ser su amigo, pero la imagen que siempre he tenido de él es la de un tipo muy tímido y reservado, poco dado a las manifestaciones públicas, poco expansivo y muy reticente”, dice Sasturain, tratando de reconstruir su vínculo con Quino. “Tampoco fue un hombre de hacer muestras públicas de adhesión a grandes causas y siempre se expresó a través de su trabajo. Pero no solo no tenía un carácter dicharachero ni era particularmente simpático, sino que además su mirada fue haciéndose cada vez más oscura. Sus últimas publicaciones son tremendamente sombrías, aunque esa particularidad siempre estuvo presente en él, que no se caracterizaba por su alegría de vivir sino que tenía un profundo escepticismo”, recuerda el director de la Biblioteca Nacional. 

-Todo el mundo conoce de sobra lo que Quino hizo con Mafalda o su trabajo con el humor gráfico, pero casi nadie sabe cómo empezó su carrera en la historieta y el humor. 

-El primer dibujo que Quino publicó apareció en la revista Dibujantes, que salía en los años ‘50 dedicada al dibujo, y entre los nuevos valores de 1954 aparece un joven Joaquín Lavado con unos dibujos simplísimos. El primero de todos fue una tirita de cuatro cuadritos donde se ve un preso que está a las puteadas, picando piedras. En el segundo cuadrito se lo ve salir de la cárcel contento, con un papelito en la mano que dice “indulto”. En el tercero entra en una oficina de empleos y en el último cuadrito se lo ve con un mameluco de trabajo, picando piedras y otra vez a las puteadas. En esos primeros cuatro cuadritos mudos publicados por él también están sintetizados todos los elementos que después desarrollaría en el resto de su obra. Y no sólo el humor o la mirada social, sino la idea de la no realización, de las esperanzas frustradas, pero siempre contadas desde un lugar nada dramático ni existencial.  

-Es decir que ya desde la primera publicación su trabajo de algún modo lo reflejaba. 

-Fijate que a aquella tira se la puede confrontar con uno de sus autorretratos, que siempre son tremendos, prácticamente partidas de defunción. Hay uno muy lindo, muy revelador, en el que se lo ve a él sentado en la silla de dibujo pero vestido con un traje de presidiario que en lugar de tener rayas negras tiene tiras de historieta. ¡Y con una melancolía en la cara! Ahí se ve que, de algún modo y aunque lo disfrutaba, siempre padeció al trabajo. Siempre sufrió el laburo, la inspiración. El trabajo para Quino siempre tuvo ese resto de melancolía.  

-¿Puede decirse que Mafalda no solo representó un hito en la carrera de Quino, sino que la decisión de dejarla también significó casi un cambio de género en su obra? 

-Claro, porque a partir de ahí empezó con las páginas integrales qué hacía una vez por semana para la revista de Clarín. Ahí dibuja cada vez más, en el sentido de que sus dibujos se vuelven mucho más detallistas.  

-Más barrocos, de algún modo. 

-Pero siempre con el don de la simplicidad. Porque lo extraordinario de Quino es su maravillosa claridad.  

-Sus dibujos siempre muestran una línea muy limpia, pura. 

-Sí, pero ojo, porque con línea pura también se pueden dibujar boludeces. Y dibujar situaciones complejas con una línea tan pura como la de él no es algo fácil. Creo que la obra maestra de Quino es aquella secuencia de la mucama gallega a la que una señora paqueta le pide, con gesto displicente, que ordene el living de la casa después de una fiesta. Y la tipa termina ordenando hasta el Guernica de Picasso que está colgado en la pared de la sala. Y para hacer una cosa así tenés que saber dibujar muy bien, porque no cualquiera es capaz de ordenar un cuadro de Picasso. Andá a fijarte como ordenó Quino el Guernica… En esa secuencia simple, hecha en un par de cuadritos, está todo Quino. Tenés información cultural; aparece ese costado de observación políticamente incorrecto del contexto social; en el gesto de la señora oligarca tenés su mirada sobre las clases altas, pero también hay cierta impiedad en su mirada sobre la mucama.  

-Aunque no demasiadas, Quino también recibió críticas. 

-La discusión política con Quino es que nunca fue Nac & Pop, nunca fue peronista ni estuvo alineado con él. Tampoco fue un militante del bando opuesto, pero no fue alguien que tuviera simpatía por las alternativas políticas vinculadas al peronismo.  

-Sus padres eran españoles y tal vez haya heredado de ellos el espíritu republicano. 

-De eso no cabe ninguna duda: era un antifascista que estaba en contra de todas las formas de la derecha. Pero también de la izquierda totalitaria. Es evidente que participaba de un pensamiento saludablemente antitotalitario y le hinchaban las pelotas tanto una cosa como la otra. Eso aparece siempre en él. Su crítica es siempre más social y humanista que partidaria. Alguna vez alguien criticó a Mafalda como portadora de ese pensamiento de clase media un poco gorila, pero esa es una mirada estrecha. Es como descubrir que Walt Disney era norteamericano, como pasa con el libro Para leer al Pato Donald. Las virtudes de Quino, las de Disney o las de Fontanarrosa no aparecen al desmenuzar la ideología que está en ellos, sino en su condición de artistas extraordinarios. A mí qué me importa si John Ford es un hombre de derecha: a mí me gustan sus películas. Después, si vota a los republicanos o no, a mí qué carajo me importa. O si Ezra Pound simpatizó con Mussolini en sus momentos de locura: andá vos a escribir sus Cantos. No es el caso de Quino, claro: solamente estoy dando un ejemplo extremo. Pero está lleno de grandes artistas a los que admiramos y con los cuales podemos tener afinidades o no en algunos momentos, o que hicieron algunas concesiones, pero que no definen absolutamente nada en cuanto a la excelencia de su obra. Quino es susceptible de ser observado de esa manera, pero cualquier otra crítica que se le haga es mezquina, menor y no merece consideración.  

-¿Cuál es el lugar que ocupará a partir de ahora dentro de una tradición con la riqueza de la historieta y el humor gráfico argentinos?  

-Quino se ubica entre los mejores historietistas que tuvimos y no cabe duda de que es quien creó al personaje más poderoso. Pero en el campo del humor gráfico, el de los chistes unitarios como los de Divito, Calé, Medrano o Lino Palacio, también ocupa un lugar central. Es decir que Quino es importante tanto en el humor gráfico como en el campo de la historieta. Y si tenés que nombrar a cinco, uno de ellos siempre va a ser Quino. Y es justo que sea así, porque consiguió lo que consiguen los grandes: una obra muy arraigada en el lugar donde le tocó vivir y trabajar, pero que, sin buscarlo, también se volvió universal.  

Quino en el planeta Mafalda 

-¿No te parece que el trabajo con Mafalda, que es sobre todo dialéctico, dejó un poco oculta gran parte de la obra de Quino que trabaja con el silencio y con la potencia expresiva de la imagen más que con la palabra? 

-En términos formales y estéticos se puede decir que Mafalda es una excepción. Entre el año ‘54, cuando Quino comenzó a ser profesional, hasta diez años después, cuando empezó con Mafalda, se desarrolla su período mudo inicial. Después, durante 10 años hace lo que nunca había hecho, que es una tira autoconclusiva basada en el diálogo. Y a partir de 1973 hasta que deja de dibujar, volvió a trabajar otros 30 años de humor sin personaje, con poco diálogo y sin desarrollo argumental. Lo que se ve en ese último período es un crecimiento paulatino del escepticismo. Mafalda era todavía la posibilidad: Quino era un hombre de unos 30 años que participa de la posibilidad de realizar modificaciones sociopolíticas en el mundo. Por entonces la posibilidad del cambio del sistema, del mundo y de todo era una realidad que hoy no se vislumbra. 

-Para nada. 

-Pero el clima de entonces era un clima de cambio social. De algún modo, Quino encarna en el humor gráfico argentino esa posición de clase media que veía una posibilidad de cambio. La revolución sexual, el psicoanálisis, los cambios políticos, una sociedad que avanzase hacia el socialismo y la justicia social…Todos esos eran ideales de las mayorías. Si mirás, por ejemplo, el programa político con que ganó Cámpora en el ‘73 te caés de culo. Y Allende subió al poder con un programa socialista. Y todo eso lo votó la clase media, no solo los trabajadores. Y Quino, con todo su escepticismo, con su mirada humanista pero, al mismo tiempo, muy crítica, muy poco creyente en las consignas políticas, estuvo a la altura de su época. 

-Los fanáticos siempre lamentan la decisión de terminar con Mafalda, porque fantasean con la idea de hasta dónde podía haber llegado el personaje. 

-Cuando Quino dejo a Mafalda, allá por 1973, fue justamente porque le pareció que en el fondo ya no tenía razón de ser, que ya no podía seguir diciendo siempre lo mismo. Y eso a mí me parece muy inteligente y muy revelador. Quino en general no se copió así mismo, aunque es cierto que podría haber seguido 50 años con Mafalda. Fue consciente de los riesgos de la repetición y uno de los rasgos de los talentosos es que se resisten a repetir las fórmulas.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

jueves, 1 de octubre de 2020

CINE - "Zurita, Verás no ver", de Alejandra Carmona Connobbio: Geografía poética del cuerpo

El agua del mar es un músculo que se estira y se contrae a cielo abierto, tensándose sobre las playas angostas. Enseguida, las estrías del desierto se extienden secas (sequísimas) entre los acantilados y las montañas, donde Chile casi se abraza al Perú. Ahí, en la localidad de Pisagua, fue descubierta hace 30 años una fosa común en la que permanecían ocultos los cadáveres de veintiún personas fusiladas y desaparecidas en los primeros años de la dictadura de Augusto Pinochet. En lugar de descomponerlos, las características alcalinas del suelo habían convertido a los cuerpos en estatuas de piedra, conservando en sus rostros el gesto mismo del momento en que la vida les fue arrebatada. Las escenas de la exhumación, registradas con la textura precaria del VHS, contrastan con el prístino HD de lo anterior. Al regresar al desierto, después de un fundido a negro, se escucha al poeta Raúl Zurita recitar en off el poema “Canto a su amor desaparecido”. Es inútil citar cualquiera de sus versos, porque no hay forma de que la lectura transmita la angustia y la desesperación sobrecogedora contenidas en la voz de Zurita, que se acopla con precisión dramática a las imágenes que la acompañan. 

Dirigido por Alejandra Carmona Connobbio, el documental Zurita, verás no ver es a la vez un retrato y un homenaje a ese poeta cuya obra retrata de forma extraordinaria los horrores acontecidos en su país, pero en cuyo espejo también puede encontrar un reflejo la historia del resto de las naciones de América latina. Raúl Zurita es al mismo tiempo protagonista y personaje, narrador y narrado. El sujeto y el objeto en torno al cual se desarrolla este film al que su carácter poético no le quita la fuerza política. Como en los versos del poeta, en cada fotograma ambas cosas también se encuentran adheridas, abrazadas de manera inseparable.

Igual que registra la geografía chilena a través de extraordinarias panorámicas que revelan un uso virtuoso del drone (esa pandemia del cine moderno), la película también recorre al poeta como si se tratara de un paisaje. Zurita lleva al país trazado sobre la piel y tal vez sean los horrores de su historia, y no el Parkinson, lo que lo pone a temblar, como tantas veces tiembla el suelo de su patria. Carmona Cannobbio proyecta los recuerdos que el poeta relata en off sobre las imágenes de sus manos o su rostro siendo recorrido por las contracciones que la enfermedad le provoca. Verlo así, recitando versos que ilustran de manera definitiva el espanto, permite convencerse de que es esa memoria atroz la que lo retuerce, como si se tratara de un títere al que una mano gigante e invisible lo estrujara por dentro, arrebatándole el control sobre sí mismo.

“Arte y salud son términos disjuntos”, afirma Zurita, buscando una explicación para sus padecimientos. “Es precisamente el desajuste de tu vida con el mundo lo que crea la necesidad de expresarse y solo a través de esa herida sale el arte. Pero uno no puede perseguir el sufrimiento, porque si vas en busca de él lo vas a encontrar muy luego y sin haber escrito un puto poema.” La película revela no solo a un poeta asombroso, sino a un personaje de naturaleza única, y nunca lo suelta. 

“Con el arte no se derriba una dictadura ni se corrige un mundo injusto, pero sin arte y sin poesía ninguna corrección ni ninguna esperanza es posible”, dice. Los relatos de las víctimas de las dictaduras son siempre conmovedores. Pero cuando el que cuenta su historia es un poeta, alguien que maneja las palabras con maestría y es capaz de extraer de la lengua toda su potencia, como lo hace Zurita, entonces la experiencia se convierte en una epifanía en la que la belleza más excelsa convive con el horror absoluto. Retratar a un personaje así es un desafío del que Carmona Connobbio sale con vida, habiendo conseguido que las imágenes registradas con sus cámaras estén a la altura de un poeta de tal calibre.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.