domingo, 16 de febrero de 2020

LIBROS - Tres libros de cine: Las mujeres, las ciudades y los monstruos

Entre sus potencias, el cine tiene la insuperable capacidad de adherirse a la memoria de los espectadores, haciendo que sus relatos adquieran con el tiempo el mismo estatus que los recuerdos propios. En virtud del carácter múltiple de su público, la suma de esos recuerdos acaba generando una memoria colectiva compuesta por fragmentos inolvidables. Una colección universal que incluye desde secuencias, escenas y planos, hasta frases e incluso sonidos que llegaron a adquirir un sentido independiente de las obras de origen. Pero el corpus del cine es cada vez más vasto y a veces es necesario recurrir a los expertos para encontrar una guía que proponga nuevos recorridos para atravesar el continuo flujo de sentidos. Eso es lo que intentan los autores de los libros incluidos en este artículo, quienes a partir de distintos ejes sugieren al lector itinerarios novedosos para conocer más acerca del cine.
En Mujeres, cámara, acción (Continente), los periodistas Catalina Dlugi y Rolando Gallego van al rescate de las mujeres que ayudaron a forjar al cine argentino, cuyos nombres siguen a la sombra de los hombres, poniendo en evidencia la pecariedad del espacio en materia de paridad. El volumen Hammer Films, la leyenda del horror británico (Cuarto Menguante) es una antología en la que se analiza la producción del conocido estudio inglés, cuya filmografía es un objeto de culto venerado por los amantes del cine fantástico. Mientras que en Las ciudades y el cine (Paidós), la periodista María Zacco desmenuza la particular asociación que se produce entre las películas y algunos centros urbanos que han llegado a convertirse en verdaderos símbolos cinematográficos.
Lejos de pensarlo de forma unidireccional, Zacco propone que el vínculo del cine con las ciudades es en realidad una simbiosis en la que ambas partes se nutren de forma mutua. Con ojo atento, la autora no solo da cuenta de la relación conocida entre cineastas como Woody Allen, Martin Scorsese o Norah Ephron con Nueva York, o la que unió a Federico Fellini con Roma,sino que analiza la forma en que el cine modificó la percepción que el espectador tiene de los espacios urbanos y el lugar simbólico que los artistas les han atribuido. Articulado como libro de viajes, los capítulos deambulan utilizando a las películas como GPS. Y así como usa a Godzilla (1954) o la obra de Yasujirô Ozu para descubrir Tokyo, y a la mítica Invasión (1969) o Medianeras (2011) para ofrecer diversas versiones de Buenos Aires, Zacco recurre a una lista de títulos, algunos populares y otros no tanto, para hacer turismo cinematográfico por ciudades como París, Berlín, México o Río de Janeiro. Y al final de cada capítulo incluye el mapa de cada una, señalizando en ellos los atractivos citados.
Los estudios Hammer fueron responsables de renovar el panteón de monstruos clásicos, como Drácula, Frankenstein, el hombre lobo o la momia, en las décadas de 1960 y 1970. Criaturas que se habían vuelto obsoletas en las versiones clásicas del sello Universal recuperaron gracias a Hammer su capacidad de asustar a nuevas generaciones. En ello tuvieron mucho que ver las decisiones de aumentar las dosis de sangre y las referencias eróticas en sus películas, que acabaron convertidas en verdaderos objetos pop. Los capítulos de Hammer Films, la leyenda del horror británico abordan la época de oro de los famosos estudios, seccionándola en apartados temáticos tales como "Vampiros", "Frankenstein", "Ciencia ficción" o "Mini Hitchcocks", entre otros, para dar cuenta de su inmenso legado. Y por supuesto, dan cuenta del vínculo con sus grandes estrellas, como Peter Cushing o Christopher Lee, quien llegó a representar el personaje de Drácula en diez películas.
En tiempos de reivindicación del rol que las mujeres han ocupado en la historia, hasta ahora oscurecido por la omnipresencia masculina, uno de los logros de Mujeres, cámara, acción es el de cumplir con la misión de reclamar el reconocimiento que no siempre tuvieron los nombres de incontables precursoras dentro del cine argentino. Dlugi y Gallego realizan un recorrido exhaustivo por todas las áreas de la industria, recopilando nombres y méritos de guionistas, montajistas, productoras, actrices o directoras, colocando en pie de igualdad a aquellas cuyo trabajo consiguió hacerse visible con las que el tiempo convirtió en grandes olvidadas. Mujeres, cámara, acción se erige entonces como un necesario acto de reparación. 

Artículo originalmente publicado en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

viernes, 14 de febrero de 2020

CINE - "¡Por fin solos!" (Joyeuse retraite!): Humor sin riesgos

La comedia francesa en su variante más popular siempre fue, y sigue siendo, uno de los géneros favoritos del espectador argentino: lo prueba el habitual estreno de no pocos exponentes en las salas locales. Es probable que haya tenido su auge en los ’70, cuando el cine francés se puso menos “nouvelle” y mucho menos “noir” que en décadas anteriores, de la mano de comediantes notables como Pierre Richard o Gérard Depardieu, y cineastas como el gran Francis Veber. Pero pasada la época dorada y sacando a las excepciones necesarias, el humor en el cine francés empezó a ponerse menos estimulante y más obvio, menos atrevido y hasta un poco reaccionario. En esa línea se encuentra ¡Por fin solos!, de Fabrice Bracq, que narra la historia de Marilou y Philippe, una pareja que ha pasado los 60 y que al jubilarse decide que llegó la hora de cambiar de vida, de dejar de preocuparse por los hijos ya grandes y dedicarse a disfrutar del soñado dolce far niente. Deseo cuya concreción, por supuesto, la película se encargará de entorpecer.
Hay que reconocerle a ¡Por fin solos! la voluntad de atreverse a intentar hacer humor con temas incómodos, como jugar con el cruce de clases sociales desde la mirada pequeño burguesa, o hacer referencia a la precarización del primer mundo europeo a partir de su vínculo con los países del este o la inmigración. Todos ellos asuntos que ameritan por lo menos la precaución de ser consciente de las implicancias que tienen en la realidad. El problema es que el guion nunca consigue romper la tensión superficial del mero chiste, que es apenas uno de los muchos recursos con los que cuentan quienes se dedican a hacer humor. Y al quedarse en la superficie, la película tampoco les permite a sus personajes ir más allá para poner en cuestión sus propias motivaciones. Marilou y Philippe empiezan el relato siendo dos personas de buen pasar, conservadores y desconectados de la realidad, y llegan hasta el final dando un giro de 360° que los deja nuevamente encerrados en la caja de cristal de su propia clase y sin conciencia de ello.
Se vuelve obvio entonces que el humor de la película es conservador y poco curioso porque así son sus protagonistas, una simbiosis que quizá hubiera sido conveniente romper. Pero ¡Por fin solos! no sabe cómo conseguirlo. Por el contrario, el relato se concentra en los caprichos de Marilou, condenada a no verse más que a sí misma, y en el carácter casi autista de Philippe, que parece incapaz de conectar con la realidad a menos que esta lo choque de frente, algo que casi no ocurre. Si se jugara el juego de tomar la parte por el todo, el reflejo de Francia que entrega este retrato familiar no podría ser más desalentador. Pero lo más incómodo es que la acción acaba manipulando a sus protagonistas para que crean que en realidad quieren volver a encerrarse en el mundo de las obligaciones que trataron de dejar atrás durante toda la película. Demasiado triste para ser comedia. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 13 de febrero de 2020

CINE - Cierran el Cine Gaumont hasta Semana Santa por reformas: Entrevista a Luis Puenzo, presidente del INCAA

El martes el cine argentino amaneció con una noticia inesperada, que encendió luces de alarma entre productores y directores independientes. A través de un comunicado, los actuales responsables del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), presidido desde el 20 de diciembre por el cineasta y productor Luis Puenzo, anunciaron que el emblemático Cine Gaumont, ubicado en Av. Rivadavia 1635, frente a la Plaza de los dos Congresos, cerraría sus puertas durante dos meses para completar las obras de reparación que comenzaron en septiembre pasado, durante la gestión anterior.
“Evaluando el estado de los avances de la reparación del cine, sumado al riesgo que hubiera implicado continuar las obras permitiendo la afluencia de espectadores al edificio, las nuevas autoridades han decidido suspender las funciones a partir del jueves 13 de febrero y re-inaugurar el complejo una vez puesto en valor, el 9 de abril”. El primer párrafo del texto da cuenta de la decisión tomada, mientras que en el segundo se confirma que no solo se trata de un trabajo de mejoras técnicas, sino de una obra que “contempla la atención de cuestiones edilicias estructurales y urgentes”, como el refuerzo de cielorrasos o paredes, e incluye la “implementación de medidas de seguridad e higiene adecuadas, como sistema de incendios y planes de evacuación”.
Aunque los argumentos suenan lógicos y razonables, es inevitable pensar en las dificultades que el cierre del Cine Gaumont durante 60 días ocasiona en el apretado calendario anual de estrenos. Sobre todo teniendo en cuenta que por sus salas pasan casi todas las películas argentinas que se estrenan cada temporada, y muchas de ellas tienen a las pantallas del emblemático complejo como única ventana de exhibición. No pocas voces vieron el lado más negativo de la noticia, ya que las obras comenzaron en el mes de septiembre bajo la administración de Raplh Haiek como presidente del Incaa, pero manteniendo las salas abiertas. ¿Por qué cerrar ahora?
“Cuando los responsables anteriores nos informaron el plan de obra en del Gaumont, dijeron que lo que estaba en reparación era la Sala 1”, informó Puenzo ante la consulta de Página|12. “Pero cuando fuimos a ver supimos no solo que ese trabajo no se iba a terminar pronto, sino que recién ahí nos enteramos que después todavía faltaba empezar con los arreglos en las salas 2 y 3. Nos dimos cuenta que continuar con las salas abiertas era inviable”, continuó el funcionario. “Cuando nos reunimos con la empresa constructora nos informaron que las obras fueron muy lentas porque nunca dejó de entrar público a las salas, con el riesgo que eso representaba, y que por eso se avanzaba a razón de dos o tres horas por día”, dijo.
Para el flamante presidente la necesidad de cerrar el Gaumont para terminar las obras de forma adecuada es una cuestión de sentido común que debería haberse resuelto en septiembre de 2019, cuando se comenzaron, o prever el cierre para los meses de verano. El director de La historia oficial cree que la gestión anterior se negó a tomar esa decisión porque “no quisieron pagar el costo político de cerrar un espacio de la importancia del Gaumont. No veo otra explicación”. Puenzo sabe que la decisión tomada junto a su equipo no es grata ni popular, justamente porque afecta los planes de estreno de muchas producciones medianas y chicas. Ese es el costo político que implica cerrar el Gaumont hasta el 9 de abril.
“Yo diría que es al revés”, sostuvo sin embargo el presidente del Instituto del Cine. “Creo que esta decisión no afecta a las películas sino que beneficia tanto a aquellas que se vayan a exhibir en el Gaumont tras su reapertura, como a los espectadores que paguen sus entradas para poder verlas. Porque el hecho de estrenar en medio de una obra en construcción obviamente afecta a las películas a las que les toque hacerlo en esas condiciones”, aseguró. “Y en todo caso tampoco haría esa afirmación en tiempo presente, porque no se trata de que esta decisión afecta al calendario de estrenos, sino de que el calendario ya se encontraba seriamente afectado por la decisión previa de no parar para realizar estas obras como corresponde”, continuó. “En el estado actual de las cosas no veo cómo esto podría ser entendido como un perjuicio. Y si creyéramos que la decisión afecta al cine y a las películas no la hubiéramos tomado.”
Ante la consulta de si el deterioro actual está vinculado a una mala gestión inmediata o si, por el contrario, se trata del desgaste propio de un edificio de la antigüedad y las características del Gaumont, Puenzo no dudó en aceptar que se trata de esto último. “Teniendo en cuenta que las obras se iniciaron en septiembre y que deben haber comenzado a planificarse a mitad de 2019, entiendo que se trata de un deterioro estructural”, confirmó. El panorama con el que se encontró su equipo en el Gaumont es alarmante. “Hay zonas de las salas donde directamente se llueve dentro del cine, porque los techos están muy dañados. Tanto que en cualquier momento podía pasar que además de lloverse empezaran a caer pedazos de mampostería. Y como se trata de un lugar público debemos tener los máximos cuidados para poder albergar a los espectadores en términos seguros y razonables”, dijo el funcionario. “Evaluando la situación entendimos que lo mejor era parar y reabrir en Semana Santa, para que las salas estén disponibles para el Bafici y activas en el comienzo de la temporada más fuerte”, indicó el presidente del Instituto. “Seguir así era una locura tanto para el público como para los obreros, hubiera sido un desacierto. Por eso también firmamos un convenio caucionado con la constructora, en el que la fecha de terminación de las obras está garantizada para poder reabrir efectivamente el 9 de abril. Es lo que se debería haber hecho de entrada”, concluyó Puenzo.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - "La maldición renace" (The Grudge), de Nicolas Pesce: Un nuevo transplante inútil

No hace tanto el terror venido de oriente estaba de moda. En especial el de Japón, que fue donde la tendencia surgió en 1998 con el estreno de Ringu, segundo trabajo de Hideo Nakata, recibiendo el rótulo colectivo de J-Horror. El éxito del film no solo trajo dos secuelas y dos remakes bajo el título local de La llamada (The Ring), sino también decenas de “Salieris”. Entre ellos destacan Pulse (Kairo, 2001), de Kiyoshi Kurosawa, que ganó el Premio Fipresci en Cannes; Dark Water (Nakata, 2002) y Ju-On: The Grudge (2002), dirigida y escrita por Takashi Shimizu. Se trata de historias fantasmas de la tradición japonesa, como los Yūrei o los Onryō, y elementos tomados de disciplinas como el teatro kabuki, en las que los protagonistas son acosados por espíritus vengativos de mujeres que murieron torturadas o asesinadas de forma violenta. Todas tuvieron remakes Made in Hollywood, pero solo The Grudge se convirtió en una saga que hasta ahora acumulaba 13 episodios, diez en Japón y tres en Estados Unidos. Esta trilogía, conocida acá como El grito, hoy suma su cuarta secuela bajo el distraído título local de La maldición renace.
 El punto de partida es el mismo: cada persona que entra en esa casa de Tokyo en la que un hombre mató a su mujer, a su hijo y al gato negro de la familia, de inmediato comienza a ser perseguido por los fantasmas de las tres víctimas. Pero la saga americana aprovechó la capacidad de estos espectros de adherirse a los desafortunados intrusos, para desplazar la acción de forma progresiva de Japón a Estados Unidos con el correr de las secuelas. De modo que La maldición renace solo una breve escena inicial se desarrolla en la capital japonesa y luego el relato viaja a un pueblo del interior estadounidense, a donde una mujer llega trayendo la condena desde oriente. Que el estreno tenga lugar en medio de la histeria colectiva causada por el brote de coronavirus no es más que una casualidad sugestiva.
La consecuencia de esa mudanza definitiva a los “States” es que la saga pierde lo mejor que tenía: la estética anclada en la tradición japonesa de fantasmas. Con ella se va la poca gracia que le quedaba. Ya no está ni la temible Kayako, con su piel blanca, los ojos enormes y el pelo larguísimo ocultándole la cara, ni su hijo siniestro. Ni siquiera queda el gato negro, cuyo maullido era una marca registrada en la creación de Shimizu. Ahora los fantasmas son como los de las peores películas de terror y sus apariciones siguen el ritmo burocrático de un guión que no exhibe ninguna idea atractiva e incluso se regodea en detalles estériles, como darle a la dirección de la comisaría del pueblo el número 999. Es decir: un 666 invertido. Una idea occidental y cristiana que traiciona por completo al universo profundamente oriental de la saga. Pero ahí está el número de la Bestia, no una sino dos veces en la pantalla, sin que a nadie se le haya ocurrido decir: “Che, mejor saquemos esa pavada”. Lo único que acá se conserva del original es el funesto gruñido que identifica a Kayako, detalle que de todas formas carece de sentido, porque en La maldición renace nadie muere con el cuello roto como ella.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

martes, 11 de febrero de 2020

CINE - A 10 años de su estreno, dos adolescentes hicieron una remake de "Toy Story 3" con muñecos reales

Como si se tratara de una premonición o de un déjá vu, este domingo Toy Story 4 se alzó con el Oscar correspondiente a Mejor Película Animada, categoría creada en 2002 y en la que los trabajos de los Estudios Pixar se llevaron 10 de las 18 estatuillas estregadas hasta ahora. El triunfo también convierte a esta saga animada en la más premiada de su rubro, con un total de cuatro Oscar ganados sobre un total de once nominaciones recibidas. A diferencia de esta noticia casi cantada que no sorprendió a nadie, hace apenas unos días se conoció otra en la que se entremezclan el asombro, la ternura y el mismo amor por el cine que se percibía en 1995, cuando el grupo encabezado por John Lasseter, Pete Docter y Andrew Stanton le cambiaron la cara a la industria de Hollywood con el estreno de Toy Story, la original. Se trata de la remake casera de Toy Story 3 (2010) que este 25 de enero los hermanos Morgan y Mason McGrew estrenaron de forma gratuita a través de la plataforma YouTube.com.
Se trata de una versión que bajo el título de Toy Story 3 IRL (In Real Life, en castellano "En la vida real") replica plano por plano a la película original. Solo que en lugar de utilizar la animación digital, los hermanos McGrew recurrieron a distintos procedimientos, como la animación cuadro a cuadro (Stop Motion según su designación en inglés), técnicas caseras del teatro de marionetas o directamente la acción en vivo. Del original solo conservaron la banda sonora, incluyendo las voces realizadas por un elenco de estrellas que incluye a Tom Hanks y Tim Allen en los famosos papeles del vaquero Woody y el súper astronauta Buzz Lightyear, que utilizaron para montar sobre ella cada escena, respetando los tiempos reales de cada una. Algunos de los detalles del trabajo realizado por los jóvenes hermanos le confieren la dimensión de una verdadera proeza.



La realización de su película utilizando muñecos de plástico, accesorios de papel y decorados de madera hechos por ellos mismos, le demandó a los McGrew un total de ocho años, un lapso que si bien parece demasiado en realidad no lo es para nada. Alcanza con recordar que en una producción del tamaño de Toy Story 3 trabajan más de 15 mil personas altamente calificadas en su trabajo y que en el caso de Toy Story 3 IRL todas las tareas estuvieron a cargo de los dos chicos, a quienes se debe sumar a algunos parientes y amigos, encargados de asumir algunas tareas secundarias, entre ellas los roles humanos que forman parte de esta historia en la que los protagonistas son juguetes. La monumentalidad de lo conseguido por estos dos hermanos oriundos de la ciudad de Ankeny, en el estado de Iowa, se vuelve increible cuando se tiene en cuenta que Morgan, el mayor de los McGrew, tiene en la actualidad 23 años. Es decir que al momento de comenzar el rodaje ambos hermanos tenían menos de 15.
En declaraciones realizadas al portal de noticias GoodMornigAmerica.com, el propio Morgan detalló las dificultades de la labor, realizada durante los fines de semana y en lo ratos libres que les dejaba la escuela y luego, ya más grandes, sus trabajos y la universidad. Entre otras cosas reveló que en ocasiones la filmación de apenas tres o cuatro segundos de película les insumía un trabajo intenso de hasta ocho horas. “Se convirtió de inmediato en nuestra película favorita”, recuerda Morgan el momento en que junto a su hermano Mason fueron al cine a ver por primera vez Toy Story 3. “Sabíamos que estábamos interesados en el cine, pero en ese momento no teníamos idea de cómo explorarlo o qué hacer con él ", agregó el joven. “Y como teníamos algunos de los juguetes que aparecen en la película, simplemente quisimos ver si podíamos recrear alguna de las escenas y después la cosa funcionó como el efecto bola de nieve", continuó.
Por supuesto no debe creerse que Toy Story 3 IRL se encuentra en condiciones de ser comparada con el original que la inspira, ni siquiera con otras películas industriales realizadas con las técnicas de Stop Motion o títeres, como los extraordinarios trabajos que realizan los Estudios Laika. No hay equivalencias posibles entre una y otras, y está muy claro que la de los hermanos McGrew está lejos de una película profesional. Sin embargo el solo hecho de intentar comparar el trabajo realizado por dos adolescentes en el ámbito doméstico, con el que son capaces de hacer los poderosos estudios de Hollywood, que cuentan con presupuestos varias veces millonarios para cada película, representa una injusticia enorme. Porque, claro, Toy Story 3 IRL no es una película comercial, sino que debe ser entendida como la declaración de amor que dos chicos de los suburbios le hacen no solo a su película favorita de la infancia, sino a todo el cine. Del mismo modo ver la película de los McGrew y descubrir en ella esa ternura que la vuelve única, de algún modo también le permite al espectador confirmar su propio romance con el cine.
Los hermanos McGrew publicaron su película en la popular plataforma YouTube.com el día 25 de enero y casi automáticamente se convirtió en un éxito viral, superando actualmente las 2.600.000 reproducciones. Un verdadero boom global, aunque para Morgan McGrew el verdadero éxito pasa por otro lado. "Solo espero que todos los que vean nuestra película la entiendan como el resultado de lo que se puede hacer si uno se apega a algo y se aferra a la idea de que siempre se debe terminar lo que se comienza", dijo.

Aryículo publicado originalmente en la sección Cultura del portal de noticias www.tiempoar.com.ar