miércoles, 14 de noviembre de 2018

CINE - 33° Festival de Cine de Mar del Plata, Día 4: Contra el discurso oficial

El momento de tensión que tuvo lugar el sábado a la noche durante la apertura del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, cuando el secretario de Cultura de la Nación Pablo Avelluto fue abucheado por una parte del público, puso sobre la mesa una agenda que de ninguna manera estaba prevista en la grilla de actividades. Durante su intervención como primer orador de la gala, el funcionario enumeró una lista de logros que desde su secretaría y el Instituto del Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) suelen desplegar en cada acción pública importante vinculada al cine. Entre otras cosas Avelluto afirmó que este año la industria cinematográfica tuvo un “record de rodajes” y destacó la existencia del Consejo Asesor como instancia de comunicación con los diferentes colectivos que integran la comunidad de la producción audiovisual. La respuesta no tardó en llegar.
Ayer al mediodía un grupo de cineastas reunidos en esta ciudad, integrantes de la llamada Mesa de Directores –un conjunto de asociaciones que nuclea a directores y productores tanto de ficción como documental—, convocaron a la prensa para dar a conocer un comunicado redactado como respuesta al discurso oficial. Entre ellas se cuentan la Asociación de Directores y Productores de Cine Documental Argentino (ADN), Colectivo de cineastas, Directores Independientes de Cine (DIC), Documentalistas Argentinos (Doca), Proyecto Cine Independiente (PCI), Realizadores Integrales de Cine Documental (RDI) y la Red Argentina de Documentalistas (RAD), con el apoyo de organizaciones provinciales, como la Asociación Cineastas de Córdoba, la Escuela de Cine y televisión de la Universidad nacional de Córdoba y el Colectivo de Cineastas de Córdoba.
Un panel integrado por los directores Andrés Habegger, Mónica Lairana, Inés Barrionuevo, Nadir Medina, María Alché y Benjamín Naishtat expresó su rechazo el discurso de Avelluto, al que calificaron como “falaz”. “Venimos a responder al ex ministro por la forma en la que se expresó hablando de récords en el cine nacional”, comenzó Naishtat, quien ya se había manifestado de forma crítica hace poco más de un mes, cuando recibió el premio de Mejor Director en el Festival de San Sebastián por Rojo, su última película. “Esas declaraciones nos parecen una provocación reiterada, ya que son datos que faltan a la verdad”, afirmó frente a un auditorio integrado por periodistas, público y colegas, entre los que se encontraban la actriz Sofía Britos, el productor Jerónimo Quevedo y los cineastas Hernán Rosselli, Mauro Andrizzi, Federico Pozzi y Martín Benchinmol, entre otros. Naishtat señaló además que “las autoridades del Incaa vienen negando al Consejo Asesor su rol de cogobierno dentro del organismo” y que “de hecho mandaron el presupuesto 2019 al Poder Ejecutivo sin pasar por el Consejo”, acción que va en contra de la Ley de Cine.
Por su parte Barrionuevo afirmó que si bien es cierto que en la actualidad se siguen produciendo películas, es importante aclarar que las condiciones de rodaje se han visto diezmadas durante los últimos años. “Las cifras que difunden las autoridades son engañosas”, señaló la directora cordobesa, “porque antes una película se filmaba en cinco o seis semanas y ahora el dinero sólo alcanza para hacerlo en dos o tres, con la pérdida de calidad y desarrollo autoral que eso implica”. En el mismo sentido Lairana y Alché llamaron la atención sobre el definanciamiento de las áreas de producción de cortometrajes (la puerta de entrada para nuevos directores) y de conservación de patrimonio cinematográfico, claves para el desarrollo y el cuidado de un bien cultural tan importante como el cine.
Sobre ese asunto puso el acento Habegger, quien sostuvo que la mirada de la actual administración tiene que ver con “un concepto del cine como mercancía”, del cual los firmantes buscaron despegarse. “Nuestro reclamo gira en torno al verdadero rol del Estado en relación al cine argentino, que debe ser defendido como un bien cultural”, concluyó el documentalista. Entre los miembros de las agrupaciones firmantes del documento se cuentan Celina Murga, Anahí Berneri, Ana Katz, Diego Lerman, Víctor Cruz, Gema Juárez Allen, Lucía Puenzo, Lorena Muñoz, Fernando Krichmar, Virna Molina, Ernesto Ardito, Sandra Gugliota, Miguel Mattos y Nadir Medina, entre otros.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Pägina/12.

lunes, 12 de noviembre de 2018

CINE - 33° Festival de Cine de Mar del Plata, Día 2 y 3: Dos hombres sensibles

Luego del agitado comienzo, el 33° Festival Internacional de Cine tuvo sus primeras jornadas de proyecciones en las que ya comenzaron a verse algunas películas que alcanzan por sí solas para justificar la existencia de este festival, uno de los más importantes de los que se realizan en la Argentina (junto al Bafici) y el único de Clase A de Latinoamérica, categoría que integra junto a sus pares de Cannes, Venecia o Berlín, entre otros.
Entre las grandes películas ya han pasado por las pantallas durante estas primeras jornadas pueden mencionarse In Fabric, cuarto trabajo del británico Peter Strickland que participa de la Competencia Internacional, y Hotel by the River, del cineasta coreano Hong Sang-soo, que integra la sección Autores, que reúne nombre de la talla del griego Yorgos Lanthimos, el americano Frederick Wiseman, el inglés Ben Wheatley, el ucraniano Sergei Loznitsa, el francés Olivier Assayas, el rumano Corneliu Porumboiu, los españoles Carlos Vermut y Albert Serra, el suizo Jean-Marie Straub y el crédito local Raúl Perrone. Ambas películas vuelven a plasmar en la pantalla las identidades cinematográficas de sus creadores, confirmando además sus enormes talentos.
No menos interesante resultó recorrer los caminos laterales que este año propone el festival a través de sus secciones no competitivas, en las que por lo general suelen habitar esas películas que acaban convirtiéndose en inolvidables. Y comprobar además que estas secciones no solo aportan variedad a la programación, sino que al mismo tiempo pueden convertirse en una demostración de la unidad estética de un conjunto integrado por más de 270 títulos. Reconocer esas conexiones que van dando forma a la identidad de este Festival de Mar del Plata es un desafío que se acepta gratamente.
Ese juego puede intentarse a partir de poner una junto a la otra dos películas que a priori parecen no compartir demasiado ni desde lo estético ni desde lo narrativo, pero que sin embargo, como si se tratara de un díptico, juntas pueden ofrecer una poderosa mirada del mundo. Algo así ocurre con Thunder Road, ópera prima del estadounidense Jim Cummings, y Belmonte, el cuarto trabajo del cineasta uruguayo Federico Veiroj. La primera es una comedia que integra la sección Sentidos del Humor, incorporada a la programación del festival en esta edición, y la segunda también participa de la Competencia Internacional.
Ambas tienen en común que sus protagonistas son hombres en crisis, divorciados, con situaciones no resueltas en los vínculos con alguno de sus progenitores, sumamente sensibles y padres de sendas nenas, cuyas figuras funcionan como única ancla que aún los mantiene cuerdos. Tanto una como la otra son comedias, aunque manejan códigos humorísticos muy distintos. Mientras que la creación de Cummings trabaja sobre el desborde, moviéndose entre el ridículo y una ligereza que es solo aparente, el trabajo de Veiroj es más áspero, seco y expresivamente minimalista. Y mientras se puede definir a Thunder Road como una comedia típicamente norteamericana, Belmonte vuelve a ser, como ocurre con el resto de la filmografía de su director, un reconocible retrato de lo uruguayo.
Aunque comparten angustias y estados emocionales, los dos protagonistas no pueden tener vidas más diferentes. Jim Arnaud es policía, un típico oficial de calle de una pequeña ciudad al que la muerte de su madre, una ex profesora de danza, le hace perder el eje emocional. La primera y larga escena en la que el pobre Jim intenta representar una coreografía sobre una canción de Bruce Springsteen en el funeral, vestido con su uniforme azul y delante de su ex esposa y su hija Crystal, resulta un notable ejemplo de cómo es posible jugar con la vergüenza ajena sin burlarse de los personajes.
Por su parte Javier Belmonte es un pintor montevideano especializado en desnudos masculinos, de pocas palabras y escaso rango expresivo, cuya obra goza de cierto prestigio al otro lado del Río de la Plata. Sin embargo Javier parece abrumado, incapaz de recomponer su vida después del divorcio con la madre de su hija Celeste, a pesar de que ella espera un segundo hijo con su nueva pareja. En la primera escena de la película Javier le muestra sus obras a un comprador. Colocando al pintor delante de uno de sus cuadros y a partir de un juego de superposición creado por el punto de vista de la cámara, el director consigue que el pene de la figura pintada en el cuadro que está detrás parezca ser el de Javier, provocando un momento cómico tan infantil como efectivo.
Justamente una masculinidad en estado crítico que intenta volver a reconocerse es uno de los temas que comparten ambas películas. Una masculinidad más sensible, es cierto, pero que aún conserva algunos vicios del viejo orden machista, aunque los protagonistas hagan el esfuerzo de tratar de encajar en el nuevo paradigma. Tanto Jim como Javier quieren con toda su alma enriquecer el vínculo con sus hijas, pero al mismo tiempo se encuentran con la resistencia de sus ex mujeres. Mientras que la ex del policía inicia un juicio de divorcio para quedarse con la tenencia absoluta y poder mudarse a otra ciudad, la ex del pintor apenas es reacia a permitir que la nena pase un día más a la semana con el padre. A pesar de la diferencia en los grados del conflicto, los dos hombres se ven afectados notoriamente por esas dificultades aparecidas en el canal afectivo con sus hijas.
Tanto Cummings como Veiroj consiguen retratar con ternura la forma en que estos dos tipos vulnerables tropiezan consigo mismos, con sus propias taras masculinas, en busca de generar el ansiado lazo con sus hijas, el contacto necesario para continuar dentro del mundo. No es extraño que ambos directores rodearan a sus protagonistas de otros hombres (amigos, hermanos, padres), que tal vez no sean demasiado útiles para ayudarlos a encontrar la salida de los laberintos en los que están metidos, pero que a su manera se esfuerzan por acompañar y sostenerlos como pueden. Tampoco es raro que las mujeres sean para ellos un enigma de difícil comprensión y quizá por eso se aferran a sus hijas como a un mapa que les permitirá resolver el misterio.
Con una nobleza que tiene en cuenta por igual a personajes y espectadores, el uruguayo y el estadounidense logran que las historias fluyan con gracia en busca de respuestas para interrogantes expuestos con sinceridad, convirtiendo a Belmonte y Thunder Road en dos experiencias cinematográficas que vale la pena atravesar. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

CINE - 33° Festival de Cine de Mar del Plata, Día 1: La tormenta afuera y adentro

La gala de apertura de la 33° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata se convirtió, tal vez de forma previsible, en el plató donde se pusieron en escena los conflictos que desde el comienzo de la gestión de Cambiemos vienen caldeando los ánimos dentro de la comunidad de la producción cinematográfica y audiovisual. Es que quizá por primera vez las partes involucradas tuvieron la oportunidad de compartir el mismo espacio físico y las tensiones acumuladas durante tres años acabaron generando momentos de mucha tensión. Conducida por la periodista Gabriela Radice, anfitriona habitual en las primeras jornadas de actividades, la ceremonia inaugural comenzó de manera amable, con un Teatro Auditorium colmado aplaudiendo por el inicio de la nueva edición. Sin embargo había indicadores que permitían suponer que se trataba, como suelen titular los canales de noticias, de una “tensa calma”.
Ya la corrida cambiaria iniciada a finales del mes de agosto, cuando el peso sufrió una fortísima devaluación, había obligado a los responsables del festival a trazar un plan de ajuste. Con un presupuesto reducido a golpes de mercado, el Festival se vio forzado a recortar su duración (este año tiene tres días menos de los previstos) y la cantidad de películas programadas. Decisiones que en la previa generaron críticas que volvieron a poner el foco en la actual política económica y en su inevitable impacto en el campo cultural, donde la gestión de Pablo Avelluto al frente de la Secretaria de Cultura replica los lineamientos que bajan del gobierno nacional. Por eso no resultó extraño que cuando se convocó al funcionario para que oficiara de primer orador, muchos sectores del auditorio lo recibieran con silbidos y abucheos que dificultaron el inicio de su alocución.
“Qué bueno que chiflen, porque quería hablar exactamente de eso”, arrancó Avelluto, poniéndole el cuerpo al clima hostil. “Pero para eso nos tenemos que escuchar”, agregó y la frase fue recibida con más chiflidos. Enseguida enumeró los méritos de su gestión, una lista que tanto él como Ralph Haiek, presidente del Instituto Nacional del Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), recuerdan en cada acto público, pero que distintos colectivos de productores, directores, actores y técnicos se encargan de desmentir de inmediato a través de comunicados. “Quería decir que este año tuvimos record de rodajes, que en agosto tuvimos el mes del cine argentino con un millón y medio de espectadores”, impulsándolo a “los primeros lugares de las listas…” Desde la platea, muchos de los presentes, la mayoría trabajadores de la industria cinematográfica, volvieron a interrumpir al Secretario de Cultura, calificándolo de “cínico” y “mentiroso”. “¿Se acuerdan cuando vivíamos en una sociedad democrática y nos escuchábamos los unos a los otros?”, preguntó Avelluto sin amilanarse y recibió como respuesta que más voces se sumaran a la improvisada reprobación coral. La escena se repitió varias veces durante los cuatro o cinco minutos que el funcionario tomó la palabra. Pero tuvo especiales crescendos cuando mencionó los cambios que su gestión había promovido dentro del INCAA “en materia de transparencia”, o cuando intentó apaciguar los ánimos, aceptando ser consciente de “que en muchas cosas pensamos distinto, pero el cine nos importa a todos”. Sin embargo, a partir de ahí comenzó a manifestarse otro sector del público, que tibiamente apoyó algunos conceptos expresados por el Secretario de Cultura, generando que aplausos y desaprobación compartieran el aire. Ya al final Avelluto agradeció a “todos los que intervinieron en la organización, porque organizar este festival es un trabajo enorme y todos ellos lo han hecho con gran dedicación y profesionalismo”. Luego se retiró, perdiéndose tras bambalinas del mismo modo en que los aplausos desaparecían entre los abucheos.
Pero este no fue el único momento en el que la realidad se coló con dureza en la ceremonia. Invitada a Mar del Plata para ser homenajeada por su trayectoria junto a las directoras Narcisa Hirsch y Lucrecia Martel (ambas ausentes a causa de la tormenta que les impidió llegar a tiempo), la actriz Mercedes Morán también aprovechó para expresar sus temores ante lo que el rumbo de la política económica provoca en el ámbito cultural. “Estoy feliz de estar acá, recibiendo este reconocimiento, porque el Festival se hizo. Estuve muy preocupada todo el año temiendo que los enormes recortes presupuestarios en la cultura impidieran su realización”, expresó Morán bajo un aplauso cerrado. Pero además destacó el espacio que se le dará a la mujer dentro de esta edición del Festival de Mar del Plata, agradeciéndole a su nueva directora artística, Cecilia Barrionuevo. “Quiero agradecer que nos hayas dado un espacio por primera vez en tantas ediciones. Por todas las mujeres que este año lucharon y siguen luchando por todo lo que queremos conseguir." Y se despidió saludando al público levantando el premio con la mano derecha, dejando ver un pañuelo verde envuelto en su muñeca, mientras los aplausos festejaban el final de sus palabras.
La gala inaugural culminó con la presencia en el escenario de la cineasta Ana Katz, directora de Sueño Florianópolis, película que dio comienzo a las proyecciones de esta edición, protagonizada justamente por Morán y Gustavo Garzón. Tras celebrar el hecho de que una mujer esté al frente del Festival por primera vez en su historia y de agradecer a todos sus compañeros de rodaje, Katz se tomo el tiempo para leer una declaración personal, que de algún modo funcionó como respuesta a algunas de las afirmaciones de Avelluto . "Quiero decir que además de cuidar y promover la inserción de nuestras películas en el mercado, para mí el INCAA tiene un objetivo esencial que es dar espacio a películas que tengan una mirada personal; a las que se hagan preguntas; a las óperas primas, para que nazcan y de a muchas; a las que experimentan y que busquan la libertad. Porque de esas películas y no sólo de las que obtienen el deseado éxito de taquilla, de esas también es que se construye nuestra identidad cinematográfica”. La directora de Los Marziano recordó que “hacer películas es una herramienta enorme y la necesitamos” y cerró su intervención pidiendo que “cuidemos nuestro cine, dentro del mercado, pero también como herramienta de batalla."
Y que comience el 33° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

domingo, 11 de noviembre de 2018

CINE - 33° Festival de CIne de Mar del Plata, Día 1: Entrada al laberinto cinematográfico

Siete competencias oficiales. Homenajes y retrospectivas. Grandes invitados internacionales, talleres, conferencias y galas especiales. Autores consagrados y jóvenes directores argentinos, latinoamericanos y del mundo entero. Todo esto repartido en las más de 270 películas que a partir de hoy forman parte del 33° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, que como todos los meses de noviembre vuelve a copar de cine la tradicional ciudad balnearia de la costa bonaerense. Así presentado pareciera que solo resta decir “total normalidad”, pero el nefasto eufemismo periodístico serviría una vez más para ocultar lo que ya es vox populi. Que esta nueva edición del festival, fundado en 1954 durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón, pero que recién en 1996 consiguió imponer su realización anual, llega golpeada por la crítica realidad socioeconómica que atraviesa el país entero.

Como ocurre en casi todos los sectores de la sociedad, este año el Festival de Mar del Plata debió lidiar con los efectos de la contracción económica. Y aunque es posible que, como siempre, su programación ofrezca no pocos motivos para conservarlo en la memoria, seguramente en el futuro será recordado como el Festival del achique. Es que a partir de la aceleración en el alza del precio del dólar, ocurrida durante los últimos tres meses, los costos de un evento de carácter internacional como este, el único festival de cine de Clase A de América latina, sufrieron un inalcanzable aumento que obligó a diversas amputaciones para poder mantener al Festival dentro del calendario cultural de 2018. Es por eso que, por ejemplo, esta edición recortó su duración en tres días y presenta una grilla con casi un centenar de películas menos que el año pasado. Pero aunque ese encogimiento se hace tangible en cada una de las secciones que lo componen, aun así el equipo de curadores encabezado por Cecilia Barrionuevo (foto), la flamante directora artística del festival –reemplazante en el cargo del efímero Peter Scarlet y primera mujer en ocuparlo—, consiguió que a pesar de las condiciones adversas la programación ofrezca unos cuantos buenos motivos para que el encuentro siga siendo una celebración del cine. Que de eso se trata cualquier festival y este en especial.

Esta edición mantiene sus tres competencias principales de largometrajes (Internacional, Latinoamericana y Argentina), las de cortos latinoamericanos y nacionales, y la competencia de películas en construcción o Work in Progress. A estas se le suma una nueva sección competitiva, aunque en realidad se trata de uno de los apartados tradicionales del festival que este año pasará a formar parte del palmarés oficial. Se trata de la sección Estados Alterados, incorporada a la grilla en 2009 y que desde entonces se encarga de ofrecer un conjunto de películas que tienen a la innovación, la búsqueda estética y el riesgo artístico como particulares rasgos de identidad.

Igual que en oportunidades anteriores, la 33° edición del festival ofrecerá la posibilidad de caminar por las mismas calles e incluso toparse a la salida de alguna proyección o en una esquina cualquiera de la ciudad con algunas de las grandes figuras del cine mundial. Esta vez se trata de tres nombres centrales de la historia del cine francés de los últimos 60 años, quienes serán objeto de sendos focos dedicados a recorrer un poco de lo más recordado de sus carreras. Se trata del director Léos Carax, del comediante Pierre Richard, una de las grandes estrellas de las décadas de 1970 y 1980, y de Jean Pierre Léaud (foto), actor fetiche de François Truffaut y asiduo colaborador de Jean-Luc Godard.

Solo eso basta para convertir a este último en uno de los rostros más reconocibles de la Nouvelle Vague, aunque su currículum incluye otros directores no menos notables. Entre ellos Pier Paolo Pasolini, Jacques Rivette, Raoul Ruíz, Agnès Varda, Jerzy Skolimowski, Glauber Rocha y Philippe Garrel. O, más acá en el tiempo, el finés Aki Kaurismaki, Olivier Assayas, Bertrand Bonello y Nobuhiro Suwa. Lo que se dice una auténtica leyenda del mejor cine. De su filmografía, que abarca seis décadas e incluye más de 100 trabajos entre largos, cortos, series y películas para televisión, podrán verse la imprescindible Los 400 golpes (1959) y Besos robados (1968), dos de las cinco oportunidades en las que el actor se puso en la piel de Antoine Doinel, inolvidable alter ego de Truffaut. Completan la selección La maman et la putain, película de Jean Eustace de 1973, y uno de sus últimos trabajos, La muerte de Luis XIV (2016), del español Albert Serra.

En el caso del foco dedicado a Carax, uno de los directores surgidos en Francia a mediados de los ’80 que buscaron enfrentar la figura paternal de la Nouvelle Vague (aunque los rasgos identitarios de aquel movimiento también son visibles en sus trabajos), incluirá otras cuatro películas. Su ópera prima de 1984 Boy Meets Girl; su trabajo siguiente, Mala sangre (1986), con una jovencísima Juliette Binoche; Los amantes de Pont Neuf (1991), que tal vez sea su obra más popular; y su último y consagratorio opus de 2012, Holy Motors. La particularidad del conjunto es que cada uno de los títulos incluidos cuenta con el histriónico y multifacético Denis Lavant a cargo de los roles protagónicos.

Por su parte, la sección consagrada a Richard se encarga de volver a poner en pantalla otros cuatro films. Dos de los cuales, estrenados en 1972, se cuentan entre aquellos que cimentaron su fama como comediante. Se trata de Un perfecto desgraciado (dirigida por el propio Richard) y de Alto, rubio y… con un zapato negro, que cuenta con el director Francis Veber entre sus guionistas. Justamente de Veber son las dos películas que completan la breve sección. Ambas pertenecen al territorio temporal de los años ’80, en la que el actor ya se había convertido en estrella global: Mala Pata (1981) y Los fugitivos (1986). En ellas tiene como coprotagonista a Gerard Depardieu, con quien por entonces formó un recordado dúo cómico.

La grilla del festival también se hace espacio para celebrar la obra del maestro del cine sueco Ingmar Bergman, con motivo de conmemorarse el centenario de su nacimiento. Serán parte del mismo varias de sus películas emblemáticas, entre ellas Persona, El séptimo sello, Fanny y Alexander y Saraband. El homenaje se completa con la edición de un libro coordinado por Raúl Manrupe, que rastrea las huellas de Bergman en la Argentina, y una muestra gráfica que podrá visitarse en la sede del Museo Casa Castagnino.

Y para que el cine argentino y sus creadores exhiban lo suyo hay lugar de sobra, no solo en las secciones competitivas, si no en todo el programa. La Competencia Internacional alberga a dos reconocidos cineastas locales que esta vez juegan de lleno con el cine de género. Uno de es el mendocino Alejandro Fadel, cuya segunda película, Muere, monstruo, muere, se desarrolla en los terrenos del thriller y la ciencia ficción. Por su parte Vendrán lluvias suaves es lo nuevo de Iván Fund, cuyas obras suelen ocupar un lugar destacado en las programaciones de Mar del Plata y Bafici. En este caso se trata de la aventura de un grupo de chicos que comparte el imaginario de películas como Los Goonies (Richard Donner, 1985), Cuenta conmigo (Rob Reiner, 1986), o Súper 8 (J.J. Abrahams, 2008), una apuesta infrecuente dentro del cine argentino.

La Competencia Latinoamericana también le hace espacio a los representantes locales. Se destaca en este grupo el nuevo largo de Gastón Solnicki, Introduzione all’oscuro, documental que toma como punto de partida la muerte de Hans Hurch, director de la Viennale durante dos décadas y una figura importante para el desarrollo de la obra de Solnicki. La migración es el último trabajo de Ezequiel Acuña, en el que aborda uno de los temas que más preocupan al cine contemporáneo (el drama de los migrantes), pero para convertirlo en el telón de fondo de las grandes preocupaciones que identifican a la obra del director de Nadar solo (2003). Completa el tridente nacional de la sección el film Para la guerra, ópera prima del platense Francisco Marise. En ella aborda el género bélico desde un punto infrecuente: aquello que ocurre dentro de quien fue protagonista de una guerra.

La última de las competencias principales es la dedicada a exponer un muestrario de la producción argentina más reciente. Dentro de ella se destacan los nuevos trabajos de directores ya conocidos por el público de los grandes festivales, como Julia y el zorro, de la cordobesa Inés Barrionuevo; El lugar de la desaparición, del prolífico Marín Farina; o La boya, lo último de Fernando Spiner, quien supo ocupar hace no mucho el rol de director artístico acá en Mar del Plata. También podrán verse dos que fueron parte de la programación de la Berlinale, a comienzos de año. Se trata de La cama, debut como directora de la actriz Mónica Lairana, y de El día que resistía, de Alessia Chiesa. Completan el lote El hijo del cazador, de Germán Scelso y Federico Robles; Construcciones, de Fernando Restelli; El árbol negro, de Máximo Ciambella y Damián Coluccio; El llanto, de Hernán Fernández; La huella de Tara, de Georgina Barreiro; y Yo niña, de Natural Arpajou.

Pero ahí no se acaba la cosa. También habrá lugar para conocer los trabajos más recientes de grandes autores de acá y allá. Entre ellos los chinos Wang Bing y Jia Zhang-ke, los coreanos Lee Chang-dong y Hong Sang-soo, el griego Yorgos Lanthimos, el americano Frederick Wiseman y el inglés Ben Wheatley, el ucraniano Sergei Loznitsa, el francés Olivier Assayas, el rumano Corneliu Porumboiu, los españoles Carlos Vermut y Albert Serra, el suizo Jean-Marie Straub y el crédito local Raúl Perrone. Y mucho más a través de secciones clásicas como los musicales de Banda Sonora Original, que incluye un documental sobre los rockeros Travis, dirigido por líder de la banda, Fran Healy, que también pasará por Mar del Plata. O las fiestas nocturnas del cine de género en Hora cero y su contraparte latinoamericana, Las Venas Abiertas. O la incorporación del año, Sentidos del humor, espacio dedicado a la comedia. Aunque el recorte se hace sentir en la cantidad, el equipo detrás del Festival de Cine de Mar del Plata ha conseguido compensarlo, aunque sea en parte, con la calidad de siempre.

La Competencia Internacional

Dentro de las fronteras de la Competencia Internacional, este año presentarán sus películas un puñado de grandes directores entre los que se encuentra, por ejemplo, el estadounidense Barry Jenkins, cuyo trabajo anterior, Moonlight, recibió hace un par de años el Oscar a la Mejor Película. En If Beale Street Could Talk, film basado en una novela del escritor James Baldwin, narra una historia de injusticia racial en los EE.UU. de los años 70, con la escena artística de Greenwich Village como escenario. Otro de los grandes directores presentes será el británico Peter Strickland con su cuarta película, In Fabric. Dueño de una obra estimulante e inquietante, el cineasta inglés no duda en recurrir a los recursos del cine de género para deformarlos y convertirlos en parte de un nuevo lenguaje. En esta ocasión cuenta la historia de un extraño vestido rojo con una rara influencia sobre las personas. 

No menos valiosas resultan las presencias del español Isaki Lacuesta y del uruguayo Federico Veiroj, quienes compiten con sus películas Entre dos aguas y Belmonte. La primera regresa diez años después a la vida de los dos hermanos gitanos que ya protagonizaron uno de sus trabajos anteriores, La leyenda del tiempo. En tanto que la segunda retrata a un exitoso artista plástico que sin embargo no consigue estar a gusto con su propia vida. Otra adaptación literaria es la que realiza la cineasta lusa Rita Azevedo Gomes en A portuguesa, película basada en un texto del escritor austríaco Robert Musil. La competencia internacional se completa con Cassandro el Exótico!, de Marie Losier; Chuva é Cantoria na Aldeia dos Mortos, de Joao Salaviza y Reneé Nader Messora; Skate Kitchen, de Crystal Moselle; What You Gonna Do When the World’s on Fire?, del italiano Roberto Minervini, y Yara, del iraní Abbas Fahdel.

La Competencia Latinoamericana

Dentro de una Competencia Latinoamericana también disminuida en su cantidad de participantes se destacan el documental brasileño Bixa Travesty, de Claudia Priscilla y Kiko Goifman, que retrata a Linn da Quebrada, una potente artista trans cuyo activismo libertario es interesante conocer en tiempos de Bolsonaro. También el nuevo trabajo del Julio Hernández Cordón, Cómprame un revólver, extraña fábula infantil sobre una nena que esconde su condición de mujer con una máscara y su vínculo con un inusual grupo de amiguitos en un México fuera del tiempo. O las particulares representantes chilenas, La casa lobo, de Cristobal León y Joaquín Cociña, y Una vez la noche, de Antonio Rossi, dos relatos que apelan a un mash up de géneros, técnicas y materiales que van de la animación a las marionetas o de la historieta al stop motion, para contar dos historias poco convencionales de un modo aún más inusual. La sección se completa con Fausto, de Andrea Bussmann y Chubut, tierra de libertad, del documentalista Carlos Echeverría, que se presenta fuera de competencia.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12

sábado, 10 de noviembre de 2018

CINE - "Konstruction Argentina", de Fernando Molnar: En busca del estructuralismo cinematográfico

La sinopsis de Konstruktion Argentina puede resolverse en apenas unos renglones: un documental que rastrea la influencia de la arquitectura alemana en el perfil urbano de distintas ciudades del país. Y aunque parece que nada la conecta con el trabajo anterior del director Fernando Molnar (la comedia oscura Showroom), sin embargo las une un universo común. En aquella la arquitectura, o como mínimo lo inmobiliario, también jugaba un papel central dentro de una trama en la que Diego Peretti trabajaba como anfitrión en la unidad modelo de un moderno edificio en construcción. Incluso la forma particular en que cada una se mueve sobre ese universo compartido puede hacer que las películas parezcan complementarse. Porque mientras la ficción se preguntaba acerca de cómo la arquitectura influye en la conducta de los individuos, Konstruktion Argentina documenta el modo en que la arquitectura resulta una herramienta útil no solo para crear un determinado paisaje urbano, sino para intentar modelar la identidad de un país.
El planteo que Molnar elige para motorizar su ensayo no reniega de las formas ficcionales, sino que las aprovecha dramáticamente creando la figura ficticia de un narrador. Se trata de un joven arquitecto alemán que intenta reconstruir la forma en que Walter Gropius, fundador de la Bauhaus, pudo haber percibido la evidente influencia de la arquitectura germana durante el viaje que lo trajo hasta acá en la década de 1960. Para conseguirlo el director pone en acción un poderoso dispositivo visual, mediante el cual registra de manera precisa una serie de edificios emblemáticos de ciudades como Buenos Aires, La Plata o Santiago del Estero.
A través de tomas aéreas de una precisión impactante o de planos detalle capaces de revelar secretos que cualquiera podría haber visto con solo prestar atención, Molnar parece querer replicar cinematográficamente las líneas firmes que caracterizan al racionalismo alemán. Así recorre los edificios públicos de la capital bonaerense, demostrando la inspiración germana en el diseño de su trazado. Y lo certifica yendo directo a las fuentes, para comparar las versiones autóctonas con los originales en Berlín, Colonia o Hanover. Una técnica que este año también utilizó Luis Bernardez en su ficción documental Los Corroboradores, en la que comparaba algunos edificios porteños con otros típicos de París, para mostrar el ascendente de la estética francesa en el paisaje de la ciudad. Entre las dos dan cuenta del carácter aspiracional con el que se utilizó a la arquitectura en la fundación de la Argentina.
Con la fotografía y las puestas de cámara al servicio de retratar notables ejemplos de la monumentalidad racionalista en la Argentina, más un diseño de sonido estimulante y una narración que echa luz sobre el vínculo entre la arquitectura nazi y el edificio de Banco Nación, entre otras cosas, Konstruktion Argentina consigue que su recorrido se vuelva revelador y se lo siga con interés, sin apartarse del relato documental clásico.

Artículo escrito para ser publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.