jueves, 28 de enero de 2021

CINE - "Josep", de Aurel: Animación para contar la historia

El cine animado no siempre es sinónimo de entretenimiento producido con un ojo puesto en los espectadores más chicos y el otro en aquellos que circunstancial- mente los acompañan y pagan sus entradas –o al menos así era el ritual del cine cuando las películas todavía se podían ver en una sala y había que comprar una entrada para poder hacerlo—. También hay artistas que recurren a la animación para contar historias que no pueden estar más alejadas del género infantil, aprovechando sus posibilidades plásticas y expresivas para abordar temáticas y cuestiones más cercanas a los intereses y preocupaciones de la vida adulta. A esa categoría pertenece Josep, ópera prima del dibujante francés Aurel, que narra la historia de la amistad surgida entre un gendarme francés y el artista plástico catalán Josep Bartolí.

La película está ambientada entre el final de la Guerra Civil Española y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y tiene como principal escenario al límite geográfico y político que en aquel momento separaba a España de Francia. Es ahí donde tuvo lugar el drama que vivieron los millones de españoles que trataban de escapar del horror de la dictadura franquista, quienes fueron encerrados por el gobierno francés en campos de concentración. Con ese punto de partida, Josep avanza y retrocede sobre una línea de tiempo que no solo da cuenta de la vida de Bartolí de ahí en adelante, sino que también recorre la cronología de acontecimientos históricos que le sirvieron de marco. 

Aurel construye ese relato de manera indirecta, recurriendo a la figura de un narrador que, a instancias de sus propios recuerdos, se encarga de promover y organizar el curso de las acciones dentro de la película. El encargado de cumplir con ese papel es el personaje de Serge, quien por aquel entonces era apenas un novato gendarme francés que integraba uno de los batallones que se ocupaban de custodiar el precario campamento donde se amontonaban los migrantes y exilados. Y es el propio Serge quien, ya viejo, le cuenta a su nieto los detalles de esa amistad que lo unió al dibujante catalán, cuyas ilustraciones son utilizadas en la película con criterio, en busca de aprovechar la potencia expresiva que habita en ellas.

La animación de Josep está muy lejos de parecerse al cine animado que producen los grandes estudios de Hollywood. Por el contrario, Aurel apuesta por una estética técnicamente rústica que destaca los trazos grueso del lápiz y el crayón, poniendo en evidencia el vínculo estrecho que la película mantiene con la rama más artística de historieta. La decisión resulta un acierto. No solo por la audacia de aventurarse en un territorio poco transitado por los animadores en el cine, resignando realismo pero ganando en elocuencia, sino porque además parece la apropiada para contar la historia de un dibujante. 

Ese artificio también funciona muy bien para recrear las sensaciones de horror y fragilidad que surgen de los hechos narrados. En ese punto, Josep mantiene un fuerte diálogo con el contexto actual, en el que las migraciones masivas derivadas de distintos procesos geopolíticos vuelven a ser uno de los grandes problemas, no solo en Europa sino en todo el mundo. Atroz y emotiva, la película hace equilibrio entre aquel pasado y este presente que, como si se tratara de espejos enfrentados, acaban por exponer la paradoja de una realidad que se repite una y otra vez. Pero siempre como tragedia y nunca como farsa. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

martes, 26 de enero de 2021

TELEVISIÓN - Ciclos y retrospectivas en Octubre TV: Cine argentino, online y gratuito

La programación de Octubre TV incorpora a su grilla durante los últimos días de enero una serie de películas de realizadores argentinos, que se suman a la nutrida carta de contenidos online ya disponible en la plataforma. Se trata por un lado del ciclo Martes de Estrenos, que desde el año pasado viene dedicándole el segundo día hábil de la semana a los trabajos más recientes de importantes cineastas locales e internacionales. Por el otro la Retrospectiva Virna y Ernesto, espacio que le permitirá a los espectadores acceder a la filmografía completa de la pareja que integran así en la vida como en el cine los directores Virna Molina y Ernesto Ardito. Entre ambos ciclos acumulan un total de 18 películas que podrán verse de forma totalmente gratuita a través de https://octubretv.com.

El ciclo de estrenos de los días martes incluye por el momento seis títulos que podrán verse a razón de uno por semana a partir de hoy y hasta el próximo 2 de marzo, aunque la idea es darle continuidad durante todo el 2021. Las películas programadas son producciones muy recientes que en su mayoría tuvieron escasa o nula difusión, debido a las distintas complicaciones derivadas de la pandemia. Cada una estará disponible de forma gratuita solo durante las 24 horas de cada martes, por lo cual es importante estar atento a la agenda para no perderse ninguna. 

Martes de Estreno tendrá hoy su continuidad con el documental Línea 137, en el que la directora Lucía Vasallo visibiliza la labor del grupo de especialistas que trabajan asistiendo a mujeres víctimas de distintos tipos de violencia a través de la línea telefónica del título, dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Con motivo de su estreno, el crítico de este diario Ezequiel Boetti describió al film como un “docu-reality de resonancias sociales”, que “aborda el tema de manera respetuosa”, poniendo el foco no “en las víctimas, sino en quienes acuden a su rescate”. 

Siete días después, el primer martes de febrero se podrá ver Escribir en el aire, de Paula de Luque. En ella se aborda figura y obra de Oscar Araiz a partir de un ensamble que combina los diálogos que el propio coreógrafo mantiene con referentes de la danza, con una serie de puestas en escena que exhiben su trabajo de manera expresionista. De Luque, ella misma bailarina que llegó a integrar el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, fundado en 1968 por el propio Araiz, traza el perfil del maestro reuniendo en una sola pieza la potencia kinética de la danza con la sensibilidad poética del lenguaje cinematográfico.

Los martes 9 y 16 de febrero será el turno de La chancha, del cordobés Franco Verdoia, y de La herida y el cuchillo, de Miguel Zeballos, ambas de reciente estreno. La primera es un drama psicológico siniestgro y enigmático, protagonizado por Esteban Meloni y Gabriel Goity. Según expresó en estas mismas páginas Horacio Bernades, La chancha “trabaja sobre un fuera de campo traumático ubicado en el pasado, que explica todo aquello que en la superficie resulta extraño”. Como el film de De Luque, la segunda también es el retrato de un artista, en este caso del dramaturgo Emilio García Wehbi, miembro fundador del grupo El Periférico de Objetos. Para el crítico Diego Brodersen, la película de Zeballos “termina de hacer sentido cuando toca y penetra al espectador”, como ocurre con “las experiencias teatrales de Wehbi”.

En el documental Madre Baile, la directora Carolina Rojo también se ocupa de retratar a la figura insoslayable de Leonor Marzano, considerada la creadora del cuarteto, ritmo que forma parte fundamental de la identidad cordobesa. La película, que podrá verse el martes 23 de febrero, se propone recuperar otra historia invisibilizada de una mujer, creadora de un espacio hoy dominado por hombres y signado por la lógica machista. Por último, el 2 de marzo estará disponible La forma de las horas, último trabajo de ficción de De Luque protagonizado por Julieta Díaz y Jean Pierre Noher, en la que los miembros de una ex pareja se reencuentran un año después de su separación. Esa reunión es la excusa que la directora y guionista utiliza para esbozar algunas reflexiones acerca del paso del tiempo y el dolor que muchas veces conlleva su revisión. 

Por su parte, la Retrospectiva Virna y Ernesto se propone brindarle un espacio de exhibición a la filmografía de la pareja integrada por Molina y Ardito, cuyo conjunto expresa de forma precisa sus intereses, que abarcan no solo lo cinematográfico, sino también lo histórico, lo literario o lo social. En sus películas se conjugan memoria, arte y política a partir de indagaciones estéticas que buscan entroncarse dentro de diferentes tradiciones de la cinematografía latinoamericana y europea. La retrospectiva, que incluye un total de 12 títulos, estará disponible entre los contenidos de Octubre TV a partir del jueves 28 de enero y se la podrá ver hasta finales de mayo.

La obra de Molina y Ardito se caracteriza por el abordaje documental de personajes destacados, provenientes sobre todo de distintos ámbitos artísticos. Entre los perfiles realizados por la pareja, hay algunos dedicados a cineastas como Raymundo Gleyzer, en su ópera prima Raymundo, de 2003. O el que hicieron de una figura inclasificable como la de María Elena Walsh, a quien retratan en la película homónima de 2012. Pero si hay una esfera recurrente en la filmografía de la dupla es la de la literatura, ocupándose de figuras como Paco Urondo, Alejandra Pizarnik, Jorge Luis Borges o Julio Cortázar. 

La mirada social de Molina y Ardito aparece expresada en películas como Corazón de fábrica (2008), donde retratan la experiencia de la fábrica de cerámicos Zanón, recuperada por sus trabajadores; o El futuro es nuestro (2014), donde recorren la tradición de militancia política dentro del colegio Nacional Buenos Aires. Este tema vuelve a aparecer en Sinfonía para Ana (2017), su primer trabajo de ficción protagonizado por Rodrigo Noya e Isadora Ardito, hija de la pareja. La retrospectiva se completa con Moreno (2013), donde recorren la vida, el pensamiento y el crimen político de Mariano Moreno, y los documentales Nazión (2011) y Ataque de pánico (2017), ambos dirigidos por Ardito en solitario.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

lunes, 25 de enero de 2021

TELEVISIÓN - Retrospectiva de Virna Molina y Ernesto Ardito: Cine y compromiso

Exponentes de la rama más independiente del documentalismo argentino, los cineastas Virna Molina y Ernesto Ardito no solo llevan más de 20 años como pareja, sino que hace casi el mismo tiempo que conforman una dupla creativa que ya acumula al menos una docena de producciones, alternando entre el cine y la televisión. Desde el estreno en 2003 de su ópera prima, Raymundo, en la que abordan la figura del cineasta Raymundo Gleyzer, en sus películas se conjugan de manera permanente y equilibrada la memoria, el arte y la política. A partir de estos pilares han sabido construir una obra ligada a distintas tradiciones del cine social dentro de la cinematografía latinoamericana. De perfil popular, pero poco conocidos para el gran público, la plataforma de streaming Octubre TV ofrece una oportunidad única para recorrer el grueso de su filmografía, en la que abundan los retratos de distintos referentes culturales, el registro de luchas comunitarias, el rescate de los ideales revolucionarios y una pasión inocultable por cruzar de manera permanente el relato político con el lenguaje cinematográfico. Compuesta por 12 títulos, la Retrospectiva de Virna y Ernesto se podrá ver a partir del jueves 28 de enero a través de la pantalla de https://octubretv.com, de forma totalmente gratuita.

Molina y Ardito se conocieron durante la década de 1990 cuando ambos eran alumnos de la hoy famosa Escuela de Cine de Avellaneda y desde entonces no se han separado. Ni en la vida ni en el cine. Representantes de una década que vio renacer la producción local mientras el tejido social se iba desmoronando, el trabajo de la pareja exhibe siempre esa marca de origen. Un enfoque social que se manifiesta tanto en sus obras como en el montaje de una estructura de producción que les permite sostener la rueda productiva sin perder nunca su independencia creativa. El ciclo que Octubre TV le dedica a su obra cinematográfica, que se mantendrá entre los contenidos de la plataforma hasta el próximo mes de mayo, es una oportunidad para disfrutar de su trabajo. A continuación un recorrido detallado por las series y películas incluidas en el ciclo.

RAYMUNDO (2003) 

Recorrido sobre vida y obra del cineasta Raymundo Gleyzer, la ópera prima de la dupla conformada por Molina y Ardito ya muestra alineadas varias de las características que luego se convertirán en nervios centrales de su filmografía. Entre ellos pueden mencionarse la elección de una figura relevante dentro del universo de la producción artística local; la raíz revolucionaria de su obra, tanto en el plano artístico como social; una mirada rigurosa desde lo cinematográfico; y la evidente identificación que los directores manifiestan con la figura elegida. La línea temporal que recorre Raymundo a lo largo de sus más de dos horas de duración abarca el período inicial de la carrera de Gleyzer como cineasta; su labor como periodista (que incluye el hito de ser el primer argentino en visitar las islas Malvinas como cronista en 1966, para un informe presentado en Telenoche, el histórico noticiero de Canal 13); y por supuesto, la fundación del colectivo Cine de la Base, brazo cinematográfico del Partido Revolucionario de los Trabajadores (de donde luego se desprendió la organización guerrillera ERP, Ejército Revolucionario del Pueblo), su pase a la clandestinidad y su desaparición, ocurrida durante los primeros meses de la última dictadura militar, el 27 de mayo de1976. La película contó con la colaboración de Juana Sapire, viuda de Gleyzer, quien aportó buena parte del asombroso archivo utilizado por Molina y Ardito.

CORAZON DE FABRICA (2008) 

Nueva expresión que ilumina el perfil político de la pareja de directores, este documental registra la lucha de los trabajadores involucrados en la toma y recuperación de la fábrica de cerámicos Zanón, todo un emblema dentro del mundo de las cooperativas y las empresas recuperadas. A pesar del abordaje empático con la causa de los trabajadores, realizado 10 años después de la toma y recuperación de la empresa, Corazón de fábrica no es un documental ni cómodo ni comedido. Por el contrario, se trata de un trabajo que tanto retrata el esfuerzo y los sacrificios que deben realizar los obreros de la planta abandonados por la patronal, como sus estructuras y mecanismos de organización, pero que también propone un debate en torno al trabajo autogestionado. Una película honesta que aún tomando una posición no le esquiva el bulto a exponer al mismo tiempo una mirada crítica. La película marca además el primer trabajo de campo de la pareja, abandonando el relato organizado a partir de un archivo, para concentrarse en registrar la realidad ahí donde esta ocurre en tiempo presente.

NAZION (2011) 

En 2010 Ardito y Molina ganaron el concurso Raymundo Gleyzer, organizado por el Incaa para la producción de documentales, y comenzaron la producción de una película sobre la figura de Mariano Moreno, prócer fundamental de la Historia Argentina. Pero en las etapas iniciales del mismo conocieron a Leopoldo Nacht, un ex compañero de Gleyzer en Cine de la Base, quien les acercó un material inédito sobre el golpe militar encabezado por José Félix Uriburu que derrocó a Hipólito Yrigoyen. Ese archivo se convirtió en la plataforma que los directores utilizaron para Nazión, su tercera película, un ensayo documental que intenta recorrer la historia del fascismo en la Argentina. Otra muestra del destino político manifiesto que cada uno de sus trabajos vuelve a poner en evidencia.

MEMORIA ILUMINADA (2012-2020) 

Mientras seguían avanzando con la producción de Moreno, una nueva oferta vuelve a abrir otro recorrido dentro de la filmografía de los directores. La señal televisiva Canal Encuentro les propone realizar Memoria iluminada, una serie documental que aborde las convulsionadas décadas de 1960 y 1970, escenario de grandes transformaciones políticas y sociales en todo el mundo. La misma tendrá como eje a las figuras de distintos personajes del quehacer cultural, cuyas obras se perciben como emergentes de esa efervescencia, y a través de ellos analizará el momento que les toco vivir. Los primeros 9 episodios de Memoria iluminada, emitidos originalmente en 2012, están dedicados a Gleyzer y a la poeta Alejandra Pizarnik. Un año más tarde, una segunda temporada daría cuenta de dos personajes clave de su tiempo, cada uno a su manera, como la escritora, cantante y compositora María Elena Walsh y el periodista y escritor Francisco Paco Urondo, este último también desaparecido en dictadura. Las dos últimas temporadas recorren las figuras de los que tal vez sean los dos más emblemáticos escritores argentinos del siglo XX: Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. Todos estos episodios completos forman parte de la retrospectiva que puede verse en Octubre TV.

MORENO (2013) 

Mientras iban completando otros proyectos, Molina y Ardito continuaron trabajando en el documental dedicado a Mariano Moreno, que finalmente completaron y presentaron en 2013. En el mismo abordan la figura del malogrado prócer desde sus aspectos más conocidos, incluyendo su asesinato ocurrido en altamar. Pero también presentan documentos poco conocidos, como una serie de cartas de amor desesperadas que su esposa Guadalupe le escribía sin saber que él ya estaba muerto. Gracias a ese tipo de aportes, el documental Moreno se convierte en un film revelador.

EL FUTURO ES NUESTRO (2014) 

Una vez más con el apoyo de Canal Encuentro, en 2014 la dupla vuelve a la televisión para producir y grabar la serie El futuro es nuestro, en cuyos cuatro capítulos se narra la historia de la militancia política que en los años 60 y 70 sostuvieron distintas camadas de alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires. Una historia que concluyó con la desaparición y asesinato de más de cien alumnos que pasaron por las aulas del emblemático instituto, convirtiéndolo a el establecimiento educativo más castigado por los aparatos represivos de la última dictadura. La serie incluye imágenes originales en Súper 8, tomadas de películas domésticas pertenecientes a las familias de varios de los alumnos desaparecidos, como así también los testimonios de ex compañeros y parientes de las víctimas, y los de varios de sus compañeros que lograron sobrevivir al horror.

ATAQUE DE PANICO (2017) 

Corriéndose un poco de la vertiente política que alimenta a casi todos sus trabajos, pero no del contenido social, Ardito realizó en solitario el documental Ataque de pánico, en el que a modo de ensayo reflexiona sobre el avance de este tipo de trastornos de ansiedad, tan comunes en la sociedad actual. El origen del proyecto tiene una raíz absolutamente personal: el propio director padeció este trastorno entre 2007 y 2009. En una entrevista concedida a Télam con motivo del estreno de la película, el documentalista afirmó que el ataque de pánico es “una enfermedad que no es pública”, ya que quienes la padecen suelen avergonzarse y evitan contarlo. “El trastorno mental está mal visto, especialmente en los lugares de trabajo, y quiero que el público entienda lo que sienten las personas que lo sufren", sentenció Ardito.

SINFONIA PARA ANA (2017) 

En su primer trabajo de ficción, Molina y Ardito volvieron a trabajar sobre el tema de las desapariciones de alumnos en el Nacional Buenos Aires, adaptando al cine la novela Sinfonía para Ana, de la escritora Gaby Meik. Solo que acá, en lugar de abordar el asunto desde un ángulo adulto y crítico, lo hace a partir de una mirada adolescente que intenta replicar la de aquellos chicos convertidos en víctimas del terrorismo de estado. Narrada en primera persona a través de la perspectiva de una de esas chicas, interpretada por Isadora Ardito (que además es hija de los directores), Sinfonía para Ana registra no sólo el perfil político que es central dentro del relato, sino que reconstruye los detalles de la vida cotidiana de un grupo de adolescentes comprometido con la realidad de su tiempo, incluyendo el despertar amoroso y el vínculo con sus padres. Ese elemento emotivo es el gran aporte que la película le hace a la filmografía de los directores. 

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar.

domingo, 24 de enero de 2021

LIBROS - Leila Guerriero y su "Teoría de la gravedad": Historias escondidas atrás de los recuerdos

Una mujer sale a correr por la calle y el perfume de una señora con la que se cruza le devuelve el aroma de los vestidos, de las cajitas de música, de los polvos de maquillaje y de todas las cosas que se guardan en un ropero de madera oscura estilo Chipendale, de tres puertas y espejo en el medio. Un universo entero contenido en un olor, que para la mujer que corre es casi como una foto de su abuela. A esa mujer, que no siempre corre, la visión de un parque puede transportarla 25 años atrás, cuando recién llegaba a Buenos Aires desde su pueblo en medio de la Pampa, en un instante ahora muerto en el que todo estaba por suceder. Para ella, cualquier detalle es una excusa para ir y venir sobre el tiempo, teniendo siempre a mano algo para contar. A veces esos relatos son maravillosos o llenos de amor; otras veces los desborda el temor y la tristeza. Lo que nunca falta es la mirada afilada como un estilete de esa mujer, que parece una fuente inagotable de historias para compartir.

En los textos que la cronista y escritora Leila Guerriero recopiló en Teoría de la gravedad (Editorial Libros del Asteroide) la memoria funciona de manera parecida a los McGuffin de las películas de Hitchcock: como un detalle de gran importancia para el personaje, pero no para el narrador, que permite que lo de verdad importante haga su aparición por sorpresa. Un rodeo, pero también una complicidad. Como el movimiento evidente que un mago realiza para distraer al auditorio, mientras aprovecha esa desatención para hacer el truco sin que nadie lo note. En este caso, los recuerdos que la autora elige compartir son apenas eso, una cáscara que es necesario quitar para encontrar lo esencial de cada relato. Todos ellos fueron editados originalmente por el diario El País de España, como parte de una columna semanal de contenido mucho más amplio. Lo incluido en el libro representa apenas una fracción de esas columnas, publicadas en los últimos cinco años.

“Cuando me encargaron la columna tenía claro que iba a recorrer dos caminos”, dice Guerriero. “Por un lado, una mirada sobre América Latina y su relación con Europa, sobre cómo eran percibidos acá algunos asuntos europeos y cómo algunos asuntos latinoamericanos eran percibidos por Europa. Esos textos, que hablaban de cuestiones que no están relacionadas con una experiencia personal, sino del Papa, de la masacre de los estudiantes de Ayotzinapa, de los asesinatos de Charlie Hebdo, de los presidentes de América Latina, de género, del aborto o de los femicidios, no están incluidos en el libro”, expresa la escritora para comenzar a explicar la lógica que organiza Teoría de la gravedad. “Como no soy analista política ni experta en sociedad, dije: voy a tratar de que este gran mural también incluya un panorama que tenga que ver no sé si con algo personal, pero sí con la experiencia humana, con el hecho de estar vivo, con las miserias que tenemos todos, con los recuerdos y todo eso. Utilizar la experiencia personal para hablar de algo más grande.” Guerriero sostiene que fue el equilibrio entre esos dos hemisferios lo que le permitió darse permiso “para escarbar en las experiencias personales”, administrándolas “en porciones homeopáticas, diluidas dentro de todo lo demás”. Y que a la hora de seleccionar los más de 100 textos breves que componen el libro, “la idea fue dejar de lado todo lo que tenía que ver con lo coyuntural y reunir solo estas otras”, de tono (engañosamente) íntimo.  

-Los lectores relacionamos tu nombre con libros que trabajan a partir de la observación exhaustiva de un objeto por todos los medios y desde todos los ángulos posibles, hasta volverlo transparente. Acá la observación también es la herramienta, pero el objeto sos vos misma. ¿Fue difícil esa experiencia? 

-La verdad es que como no viví esa experiencia de forma permanente, sino que estaba planteada como una especie de damero en el que había cuadrados blancos, negros y grises, entonces no me sentí para nada incómoda, sino que formaba parte de mi plan. Además era un trabajo que habían hecho otros columnistas mucho antes que yo, como Maeve Brennan, Clarise Lispector, Roberto Arlt o Fabián Casas. Así que había una tradición que me permitía pararme sobre ella y a partir de ahí ver qué pasaba. Podría haber salido muy mal, pero salió esto.  

-Desde el punto de vista del proceso mental que conlleva la escritura, ¿tuviste que modificar algo de la técnica que usás para abordar aquellos temas que te son ajenos? 

-Yo ya había incursionado alguna vez en este tipo de cosas, aunque más no fueran chispazos. Creo que lo que cambió acá fue la frecuencia con que empecé a ir a ese lugar de la memoria en el que encontraba los temas. Pero a la hora de transformarlos en prosa no sentí que cambiara la distancia. Porque uno podría pensar que en ese cambio también se modifica la distancia con lo que se narra. Es decir: te estás mirando a vos misma, te mirás mucho y te mirás muy de cerca. Creo que si eso no se modificó es porque suelo mirar todo de una manera bastante distante, porque siempre trato de ponerme fuera de la escena y me parece que en este caso eso no cambió.   

-¿Y cómo fue la experiencia de establecer ese contacto recurrente con el pasado? 

-Para mí revisar el pasado tiene algo muy lisérgico, como de soñar despierto. Pero fue algo que tenía bien medido: siempre tuve claro que esto era una pieza de escritura y no una sesión de psicoanálisis. Por eso pienso que la distancia con el objeto narrado en este caso tampoco cambió, porque incluso en estos textos en los que hablaba de mí, sabía que la anécdota importaba poco. Que lo importante era aquello más universal que pudiera encontrar en esa historia. Contar lo que me pasa, pero sabiendo que eso tiene que conectar con esa misma situación que le pasa a mucha gente. Porque todos en algún momento estamos tristes por la luz, porque llueve, porque no llueve o porque se murió el jazmín. 

-A partir de esos juegos constantes con la memoria y lo personal, ¿te parece que es válido leer Teoría de la gravedad como una autobiografía un poco fuera de foco? 

-Mi sensación es que cualquiera que lea el libro pensando que va a encontrar una especie de retrato de mi ánimo o de mi personalidad estaría haciendo una lectura un poco errada. Porque la verdad es que nadie que termine de leer Teoría de la gravedad podría decir que realmente me conoce, o que sabe cómo soy o cómo siento. Por lo menos no cabalmente. En ese sentido, el detalle personal es un gran ejercicio de distracción. Aún así, es cierto que estos textos presentan una serie de frames, de cuadros que se diluyen en la nada y yo también soy así, un poco esquiva, que pongo el límite, que cuento hasta ahí y no voy más allá. Ahí sí siento que el libro hace un relato bastante ajustado a lo que soy.  

-Es curioso que te describas como esquiva o reservada, porque cuando te tomás el trabajo de retratar a los demás sos exhaustiva. 

-Debe ser la misma ambivalencia que tiene un médico que se especializa en operar a corazón abierto y no quiere que le pase eso nunca… (Risas)  

-No querrías pasar por la experiencia de caer en tus propias manos. 

-¡No, claro! (Risas) Para mí es natural que el foco no esté puesto sobre mí, porque forma parte de mi oficio. Yo no tengo que estar en el centro de la conversación. Al contrario: soy la que propicia la conversación, la que se ocupa de la vida de los demás, pero nunca estoy en el centro. Puede ser que haya en esto una cosa medio bifronte, pero no lo veo como contradictorio, porque preguntar, averiguar, querer saber forma parte de nuestro oficio.  

-En el libro hay un texto que comienza con una alusión clara a la memoria y al pasado. Dice: “Ayer recordé cómo era el mundo cuando el mundo era otro”. ¿Pero no es así siempre? ¿El mundo no es siempre otro cuando se lo mira a través del recuerdo? 

-Cuando escribí estos textos me daba risa, porque muchas veces tenía que llamar a mi viejo o a mi hermano para preguntarles si se acordaban de tal o cual cosa. Y en general notaba que mi recuerdo tenía ciertas deformaciones o errores de paralaje. Porque la memoria es una máquina de editar y de deformar.

-Pero muchas veces también de mejorar. 

-Casi siempre, tal vez para poder tolerar o aguantar. Es cierto que el mundo siempre es otro, pero eso no quiere decir que antes haya sido mejor. Yo no tengo esa visión, que es un poco…  

-¿Conservadora? 

-Completamente conservadora. Por supuesto que me pasa como a todos, que cuando estoy en una situación en la que todo parece estable y todo fluye me gustaría que continuara así. Tampoco soy de esas personas que están deseando todo el tiempo que todo cambie. Pero no quiero caer en esa cosa un poco regañona de algunas personas que escriben y uno ve que sostienen esta idea de “en mis tiempos, en mi juventud”. A mí eso me parece tremendo y creo que cuando uno empieza a decir eso es porque perdió el ritmo de los tiempos. 

-El peligro de quedarse a vivir en el pasado. 

–Yo tengo plena conciencia de cómo era mi mundo cuando llegué a Buenos Aires. O cómo era cuando estaba desconcertada y no sabía si iba a poder vivir de escribir, cuando sabía cuál era mi vocación pero no sabía cómo se hacía una vida con eso. Claro que ese mundo era muy otro, pero también es muy otro mi mundo de los últimos 10 años. El tiempo es así. 

Escribir desde el encierro 

–¿Sentís que la pandemia afectó tu trabajo?  

–Por la pandemia, el año pasado me tocó estar todo el tiempo en Buenos Aires. Hacía más de 15 años que no pasaba un año entero en el mismo lugar y me impactó mucho. Me pareció un desperdicio eso de pasar mucho tiempo en un mismo lugar y no poder aprovecharlo, no poder salir y recorrerlo. 

–¿Y cómo fue escribir desde ese encierro? 

–Creo que para cualquiera que realice un trabajo creativo, lo que más afectó durante el año pasado fue la falta de estímulo. Faltaron las conversaciones, los viajes. Todo eso me faltó y me falta como estímulo. Creo que fue un año en el que cada uno se las tuvo que componer por sí mismo y en mi caso tuve que buscar estímulos en distintos artefactos culturales: libros, series, películas. Me di cuenta sobre todo al comienzo del aislamiento de que en mi caso la escritura y el desplazamiento van de la mano. Me di cuenta de que para mí, caminar o correr es como una especie de meditación que me ayuda a colocarme en el trance de escritura. Por eso, cuando estaba todo cerrado y no se podía hacer prácticamente nada más que ir a comprar a la verdulería, yo salí a caminar mucho. Me llevaba una bolsita de las compras por las dudas, por si me paraban, porque no le podía decir al policía que había salido a caminar porque necesitaba inspirarme. Fue un año en el que, aunque escribí muchísimo, hubo momentos en los que ya no sabía qué hacer, porque estaba harta de escribir cosas sobre la pandemia y sentía que ya lo había dicho todo. Pero también me pareció que los lectores podían estar naturalmente podridos de leer sobre eso.  

–Si hay algo que está claro es que la pandemia nos tiene podridos a todos. 

–¡Pero claro! Pasa que cuando sos columnista tenés la sensación de estar tratando de captar el espíritu de tu tiempo. Entonces, a la hora de escribir, siempre me hacía esa pregunta: “¿Qué es lo que me está diciendo mi tiempo?”. Y así fue como vi cosas increíbles desde mi balcón; algunas las anotaba y a veces terminaban convertidas en columnas. Pero en general tengo la sensación de que 2020 fue un año seco, muy yermo, en el que a pesar de todo no pasó nada. 

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

jueves, 21 de enero de 2021

CINE - "Wild Rose: Sigue tu propia canción", de Tom Harper: El valor de una fuerza natural

Como si se tratara de un crossover entre Nace una estrella (en todas sus versiones) y cualquier película basada en la fórmula del relato de superación para alcanzar un deseo, Wild Rose: Sigue tu propia canción cuenta una de esas historias que es como las canciones de fogón “que sabemos todos”, pero a la que sus impulsores consiguen imprimirle una potencia emotiva propia. Esos motores son la guionista Nicole Taylor, en su primer trabajo para cine; el aún joven director inglés Tom Harper, de incipiente y promisoria carrera; y sobre todo la actriz irlandesa Jessie Buckley, una fuerza de la naturaleza que parece haberse dejado el alma en su composición de Rose-Lynn, una chica de clase obrera de los suburbios de Glasgow que sueña con convertirse en cantante de música country.

Definir a Wild Rose como una película de fórmula no es solo una forma de decir, porque su premisa encaja sin asperezas en el molde elegido. Desde el comienzo, el guión le pone a Rose-Lynn un montón de lastres, que tanto tienen que ver con su personalidad, sus sentimientos y sus incapacidades como con su origen de clase, a los que ella se deberá sobreponer si quiere alcanzar su meta. En el camino se encontrará con fuerzas benéficas que tratarán de extraer lo mejor de ella, pero también con otras perjudiciales, que apostarán por recordarle quién es, de dónde viene y cuáles son sus limitaciones. Pero será la fuerza de su voluntad la que la colocará en la senda correcta. Cualquier semejanza con el clásico camino del héroe o el arco dramático de los cuentos de hadas no es coincidencia.

Ya en la escena de títulos se presenta a la protagonista saliendo de la cárcel con una tobillera electrónica, yendo a acostarse con su novio antes de ir a ver a sus dos hijos chiquitos, que estuvieron al cuidado de su madre durante el año que ella estuvo presa. Hay en Rose-Lynn una pulsión muy fuerte, pero para nada consciente, que le impide registrar aquello que está más allá de de su propio horizonte. Que, como se ve, se cierra demasiado cerca de sí misma, convirtiendo a su mundo en un espacio muy reducido y con una única ventana: el deseo de convertirse en cantante de country. 

Pero ese anhelo, que la película irá colocando más cerca o más lejos de la protagonista según convenga a los distintos momentos emotivos del relato, es en realidad una pantalla que cubre de forma sutilmente parcial la cuestión de fondo. Una agradable distracción que ayuda a traficar el proceso de maduración que comenzará a realizar Rose-Lynn a medida que se enfrente con la realidad, al hecho de que no está sola en el mundo y de que sus acciones tienen consecuencias que van más allá de sus propios límites. Sin grandilocuencia, Wild Rose se sostiene en la construcción eficiente de su protagonista y en la inteligente administración las pequeñas pero sustanciales epifanías que a partir de su experiencia en el mundo van jalonando un radical cambio interno.

Nada de eso hubiera sido lo mismo si la encargada de interpretar a la protagonista no hubiera sido Buckley. Encantadora e inocente a pesar de su carácter arrabalero y problemático, su Rose-Lynn es una Cenicienta proletaria que hasta tendrá un hada madrina real, pero que será capaz de renunciar a la magia para buscarse el destino por sus propios medios. Parte de su potencia escénica tiene que ver con la personalidad y la voz que Buckley le imprime a las agradables canciones de la banda sonora, que la muestran como un verdadero vendaval. Viéndola en pantalla se entiende por qué tras el éxito de la película, la actriz salió de gira por los países del Reino Unido e Irlanda presentando las canciones de la película, llegando a tocar en el famoso Festival de Glastonbury.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.