sábado, 4 de agosto de 2012

DISCOS - Bach electrónico II (Switched-on Bach II), de Walter / Wendy Carlos: Todo cambia

No sé en qué momento mamá me regaló mi primer disco, tampoco si aquel fue realmente el primero o si mi memoria se apropió del deseo de que así fuera y acabó por convertir una fantasía en un recuerdo real. Sé que todavía estaba en jardín de infantes cuando ella se apareció con aquel disco en cuya tapa se veía al gran Johann Sebastian Bach vistiendo levita y peluca típicas del siglo XVIII, pero con su cabeza metida dentro de un casco de cosmonauta, mientras flotaba en el espacio junto a una consola, un par de auriculares y la Tierra al fondo de la imagen. Estoy seguro que mamá intuyó que ese montaje de pasado y futuro (que años después sería la base de la estética SteamPunk) era un incentivo visual que un chico fantasioso no pasaría por alto. Pero todo eso se hubiera perdido en el tiempo si al encender el tocadiscos no hubiera escuchado lo que escuché. En Bach electrónico II el norteamericano Walter Carlos reinterpreta al músico alemán desde un teclado Moog, experimento que venía haciendo desde 1968, convirtiéndose en precursor de la música electrónica. Años más tarde Walter se volvería Wendy, demostrando que el ser humano, como la música o la memoria, también es una materia sumamente plástica que puede ser reinterpretada desde el deseo.

Columna publicada originalmente en el suplemento Cultura de Tiempo Argentino.

viernes, 27 de julio de 2012

LIBROS - "Evita, jirones de su vida", de Felipe Pigna: En busca del cuento completo

Entre los libros editados con motivo del 60º aniversario de la muerte de Eva Perón, se destaca Evita, Jirones de su vida. Uno de los motivos para ello es, sin dudas, que su tapa lleva la firma de Felipe Pigna. Historiador de reconocidas virtudes académicas, Pigna es también (y sobre todo) famoso por su labor de divulgación mediática, que lo convierten en el más popular de los especialistas en la materia. Razón de sobra para prestar especial atención a su libro: como sin dudas será uno de los más vendidos, se convertirá para muchos lectores en la puerta de entrada a una de las figuras políticas más destacadas de la historia argentina y por eso es importante saber cuál es la mirada del autor sobre el personaje.
Pigna sabe que para llegar a hablar de la Evita histórica no puede evitarse la vertiente mitológica que también sostiene su figura en el imaginario de la gente. “Pero hay que tener cuidado con la palabra mito, porque ha sido usada discriminatoriamente en la historia argentina. Mito es un concepto que se aplica solo a personajes muy queridos por la gente (Gardel, Perón, Evita, Maradona) y no a Mitre, cuya vida es mítica por completo, porque es un general que nunca ganó una batalla”, afirma el historiador. “Evita es un personaje que da para que se haya construido un relato paralelo porque hay muchas ficciones muy difundidas, como Santa Evita de Tomás Eloy Martínez, cuyos detalles la gente confunde con la realidad, pero en realidad son las licencias que se puede permitir un novelista”, concluye.


-Muchas veces las figuras de Perón y Evita se vuelven casi indivisibles. ¿Qué importancia tuvo cada uno en el crecimiento del Peronismo?

-Aunque el Peronismo sin Evita hubiera existido de todas formas, porque era un movimiento que estaba en marcha, su crecimiento parte de los dos, porque hay una división de tareas que funciona muy bien hasta que muere Evita. Cuando muere te das cuenta cómo se debilita el Peronismo, básicamente porque falta una fuerza y un fuego que solo aportaba ella. Pero hay que tener en cuenta también que su muerte coincide con una profunda crisis económica.
-¿Es posible que Perón haya utilizado la figura de Evita como mascarón de proa y que, al morir ella, se volvieran más visibles algunos manejos y zonas grises que no habían sido tan evidentes en el primer gobierno?
-La elección por parte de la juventud peronista de los 70 de la figura de Evita por encima de la de Perón expresa eso. A Perón se le tenía cierta desconfianza, por sus orígenes, su ambigüedad, y por eso la figura emblemática en los 70 fue Evita. Aquel “Si Evita viviera sería montonera”, ¿no? Nadie proclamaba lo mismo de Perón que, por otra parte, estaba vivo.
-¿Es útil trazar comparaciones entre Eva y Cristina Kirchner?
-No, no tienen ni utilidad ni sentido. El peronismo tiene dos referentes muy fuertes, y uno es mujer: es obvio que cualquier mujer peronista tiene a Evita como modelo. Y si dudas lo es para la Presidenta, pero sus situaciones son muy distintas. Evita no ocupó ningún cargo público y su discurso estaba dirigido a los sectores populares. El discurso de la Presidenta debe ser más amplio y abarcar a todos los sectores. Cristina está sola y tiene que ocuparse del conjunto del país; Evita lo tenía a Perón.
-En Jirones de su vida también hacés algunas impugnaciones sobre la forma de hacer política del primer Peronismo. ¿Creés que el Peronismo aprendió algo de esos errores o sigue adoleciendo de ellos?
-Aprendió mucho. De hecho, estamos viviendo una etapa de libertad de prensa y de expresión como nunca se vio en Argentina, lo que no era habitual en un gobierno peronista clásico, donde se censuraba a la prensa. Las tres experiencias peronistas previas fueron bastante autoritarias en ese sentido.
-Cuatro: no hay que saltearse al menemismo.
-Bueno… El menemismo tampoco afectó la libertad de expresión. Pero el peronismo clásico fue siempre intolerante con la oposición: cierre de medios, persecución, cárcel, tortura. Hay que criticar eso, no debe volver ni ser parte del imaginario peronista.
-Pero desde la oposición se marca que algo de eso aun existe.
-No hay punto de comparación. Acá no hay presos políticos por su opinión, ni medios cerrados, y cualquiera dice lo que quiere en términos inclusive ofensivos contra la Presidenta. Es incomparable con aquel momento en que sí se cerraron medios, la gente iba presa, como Balbín, o debía exiliarse como Palacios.
-Galasso, que también acaba de publicar un libro sobre Eva, marca dos miradas encontradas sobre la vida política de Eva: por un lado se la ve como simple nexo entre Perón y el pueblo. Y por otro, como una potencial amenaza por izquierda al poder de Perón.
-Obviamente Evita era el nexo con los sectores populares. Se encuadró dentro de la estrategia de Perón, con diferencias, pero nunca llegó a ser una amenaza. Cuando Perón creyó que lo era, vetó su candidatura a la Vicepresidencia sin demasiados problemas y no hubo alzamientos contra esa decisión. Estaba claro que el liderazgo, el nombre y la estrategia la seguía ejerciendo Perón. La figura de Evita crece por izquierda después de muerta, en la medida en que se va armando el mito de la Evita montonera. Que Evita estaba a la izquierda de Perón, en su práctica política y discursiva, sin duda. Pero hasta donde Perón la dejaba.
-¿Qué crees que aporta tu libro?
-Una mirada política sobre Evita, que busca respetarla como sujeto histórico y no como personaje folclórico. Era una mujer que no problematizaba el asunto de la pobreza ni creía en el asistencialismo: ella solucionaba. Creía en los auxilios de urgencia, porque mientras se producía el gran proyecto transformador, la gente seguía muriendo o sin atención médica.
-¿Esa forma de hacer política social “de urgencia” es aplicable en la actualidad?
-Sí, deseo que lo sea. Conozco la pobreza profunda y sería deseable que se aplicara de esa manera. Insistir en la transformación del modelo y en la transformación del ingreso vía salario está bien, pero es lento y no llega a toda la población. Sería deseable un organismo que actúe sobre los núcleos duro de pobreza.

Artículo publicado originalmente en el suplemento especial por el 60º aniversario de la muerte de Eva Perón, de Tiempo Argentino.

sábado, 21 de julio de 2012

MUSICA - Freak Guitar - The road less traveled, de Mattias IA Eklundh: Para ventilar la peluca

¿Qué pasa sí en una misma caja de Pandora se mezcla al King Crimson de Thrak con los espasmos epilépticos de Naked City? ¿Y sí se nos ocurre injertar Meshuggah con Return to forever, nomás para ver que pasa? ¿Qué resultado se alcanza al meter por la fuerza el espíritu de Frank Zappa dentro de un videojuego de 8 bits? ¿Y si sometemos a la No Smoking Band de Emir Kusturika a una sobredosis mortal de cafeína? ¿O, hartos de ser tan pusilánimes, si a todo eso lo procesamos con una minipimer y empujamos la masa obtenida dentro de nuestro reproductor de mp3? Temo que el resultado sea Freak Guitar, The road less traveled, del sueco Mattias IA Eklundh. Este guitarrista de talento desconado, líder de la banda (también recomendable) Freak Kitchen, logra en su segundo disco solista el milagro no de ir de un género a otro, sino de tocarlos todos juntos, en una esquizofrénica muestra de fantasía. ¿Rock, flamenco, swing, metal, jazz, pop? Todo y más: un sentido del humor que muy pocas veces se ha expresado con tanta claridad sólo con música.

Acá va esto, para que tengan:




Y esto otro también, para que guarden:



Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura de Tiempo Argentino.

viernes, 20 de julio de 2012

CINE - Tierra de los Padres, de Nicolás Prividera: Los aburridos, otra vez contra la poesía

Algunas críticas han creído ser lúcidas al considerar a Tierra de los Padres como una película fallida, apoyadas en el supuesto de que su dispositivo de personas leyendo ante las tumbas de los muertos ilustres de nuestra historia deriva antes en aburrimiento y sueño, que en interés por la forma en que su director, Nicolás Prividera, articuló una serie de textos de gran valor histórico para narrar el nacimiento de una nación. Quienes así piensan tal vez son los mismos que abolirían la poesía si pudieran, porque también los aburre, porque la poesía vuelve evidente el hecho de que hay algo ahí que no entienden ni pueden entender. Porque la poesía (y Tierra de los Padres desborda poesía) es el arte de lo sutil, la expresión de aquello para lo cual las palabras apenas consiguen ser una máscara. Y si en algo ha sido eficiente Prividera es en cifrar lo importante ya no en las palabras de los muertos –esas que se superponen en la anteúltima escena hasta integrarse en una masa de mensajes que compiten por hacerse oír; voces convertidas en ruido–, sino en imágenes.
En esa mariposa que se arrastra por el piso en primer plano, agonizante, hasta salir de cuadro y luego detenerse por completo en un plano más amplio; en los dos gatos que se disputan el cadáver desgarrado de una paloma; en el prócer que, de pie sobre una columna, se iguala a aquel que lee sus palabras en la estatura de las sombras. En la persistencia de los lectores de los textos de Rodolfo Walsh y Paco Urondo, que se niegan a desaparecer tal como lo hacen quienes han leído palabras de otros próceres, aquellos a quienes la historia no les ha negado la dignidad de un pedazo de tierra para descansar. El impacto físico de la secuencia inicial de la película, el nudo en el vientre que provoca el Himno Nacional musicalizando doscientos años de una historia violenta que aun no encuentra sosiego. O la escena final que, como dice el propio director, une La Recoleta con el río –los dos grandes cementerios argentinos–, pero atravesándose en el camino con la enorme Villa 31 (¿acaso uno más de los tantos cementerios donde escondemos a nuestros muertos vivos?) y saliendo por el puerto, la gallina de los huevos de oro que tantas disputas y tanta sangre le costó a la historia argentina. Todo eso es poesía que, como la buena, sólo puede ser percibida cuando se la sabe ver y encontrar. Pero sobre todo cuando se la busca.
Tan cierto como que tal vez la película se exceda en alguna metáfora, como la de oponer la fastuosidad de los mausoleos al trazo simple de los obreros que los cuidan y reparan. Una referencia necesaria que remite directamente al tradicional enfrentamiento entre aristocracia y pueblo en la historia argentina pero que, en su sobreabundancia, a veces vuelve al relato innecesariamente moroso. Aun así, nunca puede decirse que Tierra de los Padres sea lenta: simplemente tiene el ritmo de la poesía. Y bastante para contar, con imágenes o palabras. Todo eso es lo que nunca van a tener muchas de las películas que habitualmente encabezan las listas de taquilla.


Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.

ENTREVISTA - Nicolás Prividera y Pacho O'Donnell: Ver cine desde la historia

No siempre resulta interesante hablar de historia. Sin embargo da gusto meterse en el barro del tiempo cuando los interlocutores saben perfectamente cómo hacer de ella un cuento atrapante. Y Tierra de los Padres, segunda película de Nicolás Prividera, consigue con igual delicadeza y contundencia narrar la historia argentina a partir de una idea tan simple como brillante: hacerlo a través de las voces de los próceres enterrados en el tradicional cementerio de La Recoleta. Luego de una serie de escenas de violencia política musicalizadas con el Himno Nacional, durante casi una hora y media personalidades del mundo de la cultura (escritores, directores de cine, dramaturgos, actores) leen fragmentos de diferentes textos frente a la tumba de quiénes los escribieron. Uno de los méritos de Prividera es haber sabido ordenar esos textos de modo que el relato va avanzando de manera dramática, como si se tratara no de una acumulación de trozos sueltos sino de una sucesión de diálogos, en los que los próceres se van se interpelan y responden como siguiendo un guión. Una vez leído el texto, la figura que acaba de recitarlo se desvanece como un fantasma, que es lo que suele ocurrir en el cine con los aparecidos en un cementerio. El resultado final es una versión de la historia que consigue mostrar facetas de los próceres que no son las que habitualmente han sido exaltadas, aunque siempre estuvieron ahí, al alcance de cualquiera que también supiera leer.
La idea de juntar a Prividera con el director del recientemente fundado Instituto Dorrego, Pacho O’Donnell, para charlar de historia y de la forma que esta es presentada en Tierra de los Padres, es una forma de intentar ver la película más allá de lo meramente cinematográfico, desde la mirada de alguien que convive a diario con la tarea de construir y reconstruir la historia de la Argentina. Porque si desde lo cinematográfico este segundo trabajo de Prividera ha merecido un enorme reconocimiento crítico, O’Donnell podía aportar su visión de experto en un sentido diverso. El resultado es un diálogo intenso, lleno de matices. “La película me ha parecido muy interesante, una buena forma de que la gente se entere de un modo muy potente qué es esto de la historia argentina”, afirma O’Donnell. “Me parece que hay una selección muy inteligente de textos. Diría que toda la parte inicial, que se ocupa del siglo XIX, tiene un perfil que coincide con algunas miradas revisionistas, con el énfasis colocado sobre el Sarmiento violento”.

Prividera- Desde ese punto de vista, sí. Igual no veo a Tierra de los Padres como una película revisionista.
O’Donnell- Aun así, toda esa primera parte tiene un tono crítico desde lo historiográfico. Incluso tomás a ese personaje admirable que es José Hernández, con una frase espléndida extraída de su texto Vida del Chacho. Y también a Guido Spano, dos escritores nacionales y populares que en tiempos mitristas seguían defendiendo la visión federalista.
P- Quise marcar ese enfrentamiento de manera muy clara, comenzando con Echeverría y la generación del 37, un momento claro de confrontación y lejos de los primeros años de independencia y guerras civiles. Pero la película no intenta ni ser un compendio ni un resumen, ni agotar, no ya los 200 años de historia argentina, ni siquiera los personajes, que son muy ricos y contradictorios. La película apuesta a jugar con los fragmentos, con la idea de cita, haciéndolas chocar entre sí y, benjaminianamente, que en ese choque se iluminen momentos, discusiones.
OD- Estoy en desacuerdo. A mí me ha parecido un excelente relato histórico, espléndido. Articulado, interesante, muy bien elegidos los párrafos, bien planteadas las antinomias. Partís de una hipótesis de que la historia argentina es fruto de antinomias y quizá no puede ser de otra manera: la disputa entre los intereses populares y los intereses dominantes rigen toda la historia planetaria.
P- Hay una dialéctica histórica que, en todo caso, tiene esa dinámica. Es la lucha de clases que aparece a lo largo de la historia de distintas maneras y con distintos movimientos.
OD- Me parecen muy eficaces los poemas y textos que utilizás, escritos por autores desaparecidos durante los años del terrorismo de estado, pero siento que estás haciendo una concesión, porque algunos de los citados no están enterrados en ese cementerio.
P- Es una licencia poética que me permití, que tiene que ver con el plano final, que une los dos grandes cementerios de la Argentina, que son el de La Recoleta, el cementerio oficial, y el gran cementerio no oficial que es el Río de la Plata. Tan opuestos y tan cercanos.
OD- Está claro, es un gran plano.
P- Se ve esa ciudad dentro de la ciudad y después, por fin, un salir del encierro que pone todo en contexto.
OD- Toma la villa miseria, el puerto.
P- Un juego de contrastes: la ciudad del cementerio, la ciudad de la villa, la ciudad del río. Un recorrido que da como resultado un mapa que de algún modo dibuja todo lo que la película trabajó, que es la idea del cementerio como metáfora. Intenté respetar las premisas de trabajar con personajes que estuvieran enterrados ahí en primer lugar. Después la película empieza a jugar con el cementerio como espacio y a trabajar más ficcionalmente, si querés.
OD- Es cierto. ¿Y eso ha sido voluntario?
P- Sí. A veces tuve que jugar con eso por necesidad. La tumba de (Lucio V.) Mansilla, por ejemplo, no me decía nada. Y para su texto elegí otra tumba que me pareció más apropiada.
OD- Pero es tan linda la frase que tomás de él, de Una excursión a los indios Ranqueles. Un libro que es una muestra de un extraordinario humanismo de parte de Mansilla, porque los ranqueles eran considerados los monstruos de aquella época, los autores de los malones. Y Mansilla no sólo va a convivir con ellos, sino que es capaz de escribir una frase de reivindicación como esa que, te confieso, no la conocía. La búsqueda y el hallazgo de los textos que has usado es un gran mérito.
P- Ha sido un trabajo muy arduo el de leer, releer y buscar. Son todos textos que están atravesados por la violencia, que era el leitmotiv sobre el que me propuse trabajar.
-Algo que me parece interesante de presentar la historia como relato cinematográfico, es que vuelve evidente que en todo relato histórico hay siempre algo de montaje. La idea de que re-montando los mismos elementos se puede contar una historia distinta, una idea que puede ser afín al concepto de revisionismo.
P-Pero esta no es una película revisionista, sino una en la que todos los personajes están expuestos en su costado más extremo, también Rosas. O incluso Eva, ya en el siglo XX, con ese discurso extremo de reivindicación del fanatismo. Es una película en la cual ese recorte implica una toma de partido, que es clara.
-Ningún ordenamiento de la historia es inocente.
P- Ese es el punto: yo tomo partido, como todos. No hay una objetividad histórica y la idea de que en efecto puede haberla, está agotada.
OD- Además La Recoleta estimula la toma de partido, porque las tumbas de los amos son mucho más importantes que las de quienes son anónimos.
P- Ahí es donde la película juega con los cuidadores. Un poco ocupan el lugar anónimo de los soldados en los ejércitos, los que han hecho la historia pero no figuran en ella.

-Deja en claro que hasta ahí se mantiene el ordenamiento clasista.
OD- Hay una toma que me pareció muy bella, que es la de esa mariposa negra que no consigue levantar vuelo, y la ponés en el borde del cuadro. Entonces se produce el efecto de que la mariposa se sale del cuadro y eso es muy dramático.
P- Hubo un trabajo de estar atento a detalles que podían pasar desapercibidos, o ser banales en contexto diario del lugar. Detalles que al jugar dentro del contexto de la película se resignifican y adquieren una calidad casi alegórica.

-A mí lo de la mariposa me recordó el cuento de Bradbury, El sonido del trueno, en el que un grupo de personas viajan en el tiempo y una de ellas pisa en el pasado a una mariposa y ese hecho, justamente tan banal en apariencia, cambia la forma en que el futuro se desarrolla. Y tu película propone eso de alguna manera: como el hecho de releer la historia hace que el presente se vea de otra manera.
P- Es que esta es una película cuya materia es la historia, pero su eje esta puesto en la forma en que se relacionan el pasado y el presente. Cómo el pasado está presente, nos involucra y nos envuelve. Y cómo todavía resuena y sigue presente en las discusiones actuales. Todos esos textos consiguen eso y por eso los elegí.
-Por ejemplo, uno de los textos que se leen de Mitre habla de un Plan Sistemático de Operaciones, que es casi la misma fórmula que se utilizó durante el Proceso para justificar más o menos lo mismo. ¿Hay ciertas obsesiones que se han vuelto recurrentes en nuestra historia?
P- Pero no creo que sea sólo en la historia argentina. La tensión entre civilización y barbarie es un tema que viene de lejos: bárbaros es la palabra que usaban en Roma para nombrar a los pueblos que querían invadirlos. Es un tema universal en el que además siempre el bárbaro es el otro, el que amenaza. Yo creo que siempre hay barbarie en la civilización y civilización en la barbarie. Y después está la fascinación por la barbarie, que viene desde El matadero hasta el Facundo e incluso en el siglo XX, en El guerrero y la cautiva de Borges.
-Y en toda una vertiente de cierto cine argentino.
P-También. ¡De cierto Nuevo Cine Argentino, claro!

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.