¡Malditos sean! llega a las pantallas comerciales tras un largo recorrido. Se trata (aunque no es un dato confirmado) del film nacional de género de más importante trayectoria internacional, habiendo obtenido premios en Brasil, Sudáfrica, España y en el tradicional Buenos Aires Rojo Sangre; participando de una docena de festivales de género, entre ellos Sitges, el más importante del mundo, pero también en Holanda, Inglaterra, México, Estados Unidos, además de formar parte de la programación de otros de primer nivel como los de La Habana y Mar del Plata. Aunque este tipo de recuento no necesariamente significa nada, ni positivo ni negativo, no debe dejar de mencionárselo, del mismo modo en que se lo suele destacar cuando la película encuadra en la más prestigiosa (y gastada) etiqueta del Nuevo Cine Argentino. ¡Malditos sean! responde a un rótulo más joven, el de Cine Independiente Fantástico Argentino (CIFA), del cuál la recién estrenada Diablo de Nicanor Loreti, (ganadora de la Competencia Argentina de Mar del Plata 2011 y aún en cartel) resulta hasta ahora el más exitoso exponente. Firmada por el tándem integrado por Demián Rugna y Fabián Forte, nombres esenciales dentro del cine fantástico en el país, ¡Malditos Sean! responde a las reglas básicas del CIFA y a partir de una estructura de relato clásica, cruza con éxito varios géneros, yendo del terror a la comedia y de ahí al policial, para llegar al gore (que no debe confundirse con Al Gore).
La historia se desarrolla a través del tiempo en tres relatos que abarcan tres épocas distintas. Lo curioso es que todo comienza en 1979, el mismo año que eligió Benjamín Ávila para contar su Infancia Clandestina. La referencia no es gratuita. Un grupo de tareas ingresa a una casa derruida en busca de un hombre, pero sólo encuentran a una vieja que parece bastante perdida en un mundo que poco tiene que ver con la realidad. Sorprende que una película de terror nacional se atreva a tomar como punto de partida el más abominable de los horrores reales de la historia del país, sin embargo la cosa tiene sentido. Forte y Rugna son capaces de jugar con el horror y el absurdo ahí mismo, en el año más violento de la última dictadura militar, el non plus ultra de los horrores absurdos. También sorprende que el tipo que buscan y secuestran sea un brujo, que terminará siendo el origen de todos los males de la película y que trae a la memoria a otro brujo (real), tanto o más y maligno que este. Que dos directores consigan remitir a la Historia de un modo tan inesperado, pero sin resignar nunca la convicción de hacer cine fantástico, es uno de los méritos de ¡Malditos sean!
El relato del brujo es el soporte de los otros dos, que ocurren años después pero que, como la Historia misma, se encuentran fatalmente ligadas a aquel origen. En “La caja”, un atormentado asesino a sueldo se ve envuelto en un ritual macabro para pagar su culpa por la muerte de un niño, mientras que en “Cafeomancia” el amor acaba siendo, como de costumbre, la mejor de las armas contra el mal. En el medio los directores se permitirán poner en pantalla un par de monstruos dignos; escenas de violencia explícita, humor negro, algo de incorrección política y detalles escatológicos; un cameo de Daniel de la Vega (director de Hermanos de sangre, film que este año revalidó en Mar del Plata el triunfo de Diablo) y una desconcertante hermandad de enanos de jardín. Más allá de los puntos flojos, que los tiene (aunque no afecten el gusto de verla), ¡Malditos sean! resulta exitosa no sólo en el relato, sino en su impecable factura artística y técnica. Desde el trabajo de un elenco notable casi en un cien por ciento, a la destacada tarea de cámara, fotografía, arte y música, nada hace suponer que una película de este nivel se haya realizado con un presupuesto menor al de una publicidad de televisión. Sin ser el Santo Grial de las películas de su tipo, el trabajo de Forte y Rugna resulta un nuevo gran y alentador paso hacia un cine nacional de género con personalidad propia. Otra muestra de que acá también se pueden hacer buenas películas de género y, quien sabe, soñar con que el público comience a amigarse con la idea de ir al cine a ver una de monstruos, de tiros, o de risa, pero con acento argentino.
Texto publicado originalmnte en la sección Cultura y Espectáculos de Página/12.
jueves, 3 de enero de 2013
CINE - "¡Malditos sean!", de Fabián Forte y Demián Rugna: Revalorizando el acento argentino
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miércoles, 2 de enero de 2013
FIPRESCI - Nominadas a mejor película del año
La filial argentina de
la Federación
Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI)
anuncia las nominaciones a Mejor Película
Argentina y Extranjera 2012:
Las nominadas a MEJOR PELICULA
ARGENTINA 2012 (por orden alfabético) son:
ABRIR PUERTAS Y VENTANAS,
de Milagros Mumenthaler
EL ÚLTIMO ELVIS,
de Armando Bo Jr.
LA CASA,
de Gustavo Fontán
LOS SALVAJES,
de Alejandro Fadel
PAPIROSEN,
de Gastón Solnicki
de Milagros Mumenthaler
EL ÚLTIMO ELVIS,
de Armando Bo Jr.
LA CASA,
de Gustavo Fontán
LOS SALVAJES,
de Alejandro Fadel
PAPIROSEN,
de Gastón Solnicki
35 RHUMS,
de Claire Denis (Francia-Alemania/2008)
EL PUERTO, de Aki Kaurismaki (Finlandia-Francia-Alemania/2011)
LA SEPARACION,
de Asghar Farhadi (Irán/2011)
UN REINO BAJO LA LUNA,
de Wes Anderson (Estados Unidos/2012)
TOURNEE,
de Mathieu Amalric (Francia/2010)
de Claire Denis (Francia-Alemania/2008)
EL PUERTO, de Aki Kaurismaki (Finlandia-Francia-Alemania/2011)
LA SEPARACION,
de Asghar Farhadi (Irán/2011)
UN REINO BAJO LA LUNA,
de Wes Anderson (Estados Unidos/2012)
TOURNEE,
de Mathieu Amalric (Francia/2010)
Los premios a las mejores películas (y menciones especiales) se entregarán en una ceremonia en fecha y lugar a confirmar próximamente.
Aquí otras películas muy votadas (pero no nominadas) en 2012, que también merecen ser destacadas.
Argentinas (en orden alfabético):
Elefante blanco, de Pablo trapero; Diablo, de Nicanor Loreti; El campo, de Hernán Belón; El etnógrafo, de Ulises Rosell; El impenetrable, de Daniele Incalcaterra y Fausta Quatrini; Infancia clandestina, de Benjamín Ávila; La araña vampiro, Gabriel Medina; Novias Madrinas 15 años, de Diego y Pablo Levy; Parapalos, de Ana Poliak; Yatasto, de Hermes Paralluelo.
Elefante blanco, de Pablo trapero; Diablo, de Nicanor Loreti; El campo, de Hernán Belón; El etnógrafo, de Ulises Rosell; El impenetrable, de Daniele Incalcaterra y Fausta Quatrini; Infancia clandestina, de Benjamín Ávila; La araña vampiro, Gabriel Medina; Novias Madrinas 15 años, de Diego y Pablo Levy; Parapalos, de Ana Poliak; Yatasto, de Hermes Paralluelo.
Extranjeras (siempre en orden alfabético):
Argo (o Argo), de Ben Affleck; Cosmópolis, de David Cronemberg; Drive, Nicolas Winding Refn; El chico de la bicicleta, de los hermanos Dardenne; Essential Killing, de Jerzy Skolimowski; Figuras de guerra, de Silvayn George; Frankenweenie, de Tim Burton; Fuera de Satán, de Bruno Dumont; Looper, de Rian Johnson; Los Muppets, de James Bobin.
Argo (o Argo), de Ben Affleck; Cosmópolis, de David Cronemberg; Drive, Nicolas Winding Refn; El chico de la bicicleta, de los hermanos Dardenne; Essential Killing, de Jerzy Skolimowski; Figuras de guerra, de Silvayn George; Frankenweenie, de Tim Burton; Fuera de Satán, de Bruno Dumont; Looper, de Rian Johnson; Los Muppets, de James Bobin.
FIPRESCI
Argentina está integrada por:
Diego Batlle,
Horacio Bernades, Ezequiel Boetti, Diego Brodersen,
Nazareno Brega, Gustavo J. Castagna, Juan Pablo Cinelli, Flavia de la Fuente,
Leonardo M. D'Esposito, Paula Félix-Didier, Juan Manuel Domínguez, Hernán
Ferreirós, Mariano Kairuz, Roger Alan Koza, Diego Lerer, Fernando López,
Luciano Monteagudo, Gustavo Noriega, Paulo Pécora, Miguel Peirotti,
Martín Pérez, Javier Porta Fouz, Quintín, Eduardo A. Russo, Hugo Salas,
Josefina Sartora, Pablo O. Scholz, Pablo Suárez, Diego Trerotola y Sergio
Wolf.
Miembros desde 2013: Javier Diz, Federico Karstulovich,
Marina Yuszczuk.
domingo, 30 de diciembre de 2012
LIBROS - "No alimenten al troll", de Nicolás Mavrakis: Horrores de la vida digital
Los trolls en Internet son peor que las brujas: no sólo que los hay, sino que todo aquel que participe de la vida online seguramente se ha topado con uno de ellos. Pero, ¿qué cosa es un troll? Hay un artículo publicado en 2001 por Timothy Campbell en el portal AOL, que se ha vuelto un clásico a la hora de explicar el asunto. "Un troll de Internet es el (y normalmente es un él) que siente placer al sembrar discordia en Internet. Intenta iniciar discusiones y ofender a la gente. Los trolls ven los servicios de comunicaciones de Internet como lugares adecuados para su raro juego y, por alguna razón, no 'captan' que hieren a gente real. Para ellos los demás usuarios no son del todo humanos, sino una especie de abstracción digital." Sabiendo de qué se trata: ¿Quién no ha sentido indignación o furia ante este tipo de provocación gratuita lanzada sin aviso en un foro o red social? Los cuentos reunidos por Nicolás Mavrakis en No alimenten al Troll, su primer libro, están tramados en torno al universo virtual que hace posible la existencia de nuevas categorías de conducta, como los recién definidos trolls.
A partir de formas narrativas que no son parte de la construcción literaria habitual, como el formato de correo electrónico que utiliza en el relato que da título al libro, sus cuentos reúnen personajes que viven al filo de los límites de ese universo nuevo y paralelo que surge de la vida digital. Para Mavrakis parece no haber una división entre esos mundos, sino la mera prolongación de uno en otro. Lo siniestro es que para estos personajes pareciera operar una inversión según la cual el mundo virtual deviene en espacio vital, relegando a lo real al plano accesorio de simple extensión. Lo que se cuestiona es a la propia realidad, una discusión que se viene dando desde el origen de la filosofía, con Sócrates y Platón. Haciendo honor a su origen griego, Mavrakis hace su aporte creando realidades virtuales contundentes como el daño que es capaz de provocar un troll con el sólo recurso de introducir dos o tres comentarios maliciosos aquí y allá. En los cuentos de Mavrakis hay una búsqueda de respuestas nuevas para preguntas viejas pero también, haciendo carne de sus propios personajes, algo de bienvenida malicia.
"Empecé a escribir los cuentos alrededor de situaciones o comportamientos ligados a la ecología digital. La dinámica de los comments en sitios de noticias, el ciberbulling, la confección de sensibilidades a través de redes sociales", dice el autor. "Cuestiones sobre las que todavía es difícil leer algo que escape a la banalidad del miedo o la celebración. Esas novedades podían pensarse desde el ensayo, que fue lo que hice primero, pero también podían ficcionalizarse desde la literatura."
–En tus cuentos el mundo es un lugar virtualmente infinito pero físicamente reducido, a la vez opresivo y oprimente. ¿Es inevitable que esos espacios generen diferentes representaciones de la locura?
–Creo que lo real y lo virtual son dimensiones de idéntico valor y que la inquietud acerca de la brecha entre ellos ha sido superada. Las redes sociales son un lugar donde constatarlo. No hay una pregunta acerca de la diferencia porque no se percibe como diferencia sino como continuidad. La experiencia de lo virtual ha sido naturalizada por una generación, mientras que otras aún se acercan con timidez, o directamente renuncian y se declaran expulsadas. Es en el intersticio de ese pasaje incompleto donde se desata la neurosis que me interesaba contar y donde se ahogan estéticas enteras. La aparente dislocación entre dos mundos que son en realidad parte del mismo es una cuestión antigua, pero la web vuelve a ponerla en cuestión con más relevancia que nunca.
–Uno de los cuentos más curiosos del libro es "Matar a Tinelli". Ahí aparecen varios puntos recurrentes de tus cuentos, como la paranoia o una violencia virtual que no es sino la represión de una violencia real, que en este caso acaba desatada. ¿Creés que la vida online es el caldo de cultivo de los males modernos?
–La vida online es la vida misma. Y la eficiencia de esas estrategias a través de las que se logran "efectos reales" desde "efectos virtuales" no remite a una coyuntura política específica sino que es estrictamente epocal. La experiencia de Julian Assange esquiva cualquier bando político local sin dejar de ser elocuente al respecto. El lenguaje de lo real y de lo virtual se ha fusionado. También su producción, su circulación y sus consecuencias. Hay una negatividad muy fuerte en ese lenguaje que puede ser útil para avanzar contra las certezas de un pasado que pretende conservarse intacto aunque represente la más inevitable decadencia.
–En tu trabajo se percibe cierta búsqueda de efecto, vueltas de tuerca finales que generan un impacto cercano al remate de un chiste. Como lector la primera instancia es de disfrute y sorpresa (generalmente impregnada de humor), pero es posible que esos remates aligeren los relatos, construidos con detalle y muchas veces agobiantes. Una decisión estética que parece ir en contra de los émulos de Carver.
–Es una buena observación. Supongo que soy cautivo del logos, de la necesidad de construir un sentido acabado que ordene las percepciones caóticas de la mera realidad. Un vicio de griego amateur. Pero ahí están las lecturas para subsanar la cuestión.
–Según la leyenda, Gombrowicz sugirió a sus discípulos que debían matar a Borges, la mejor forma de decir que un escritor debe ir en contra de los cánones establecidos. ¿A quién deben matar los escritores del siglo XXI?
–Como autor de ficción tomaría con cautela el trabajo de apuntar hacia determinadas cabezas y disparar. Muchas veces el posicionamiento de los "nuevos escritores" ante la tradición no surge de una reflexión estética sino de un ejercicio narcisista o la necesidad de novedad del propio campo literario. Atribuirme una voz de pertenencia generacional, incluso, me sonaría torpe y pretencioso. La única diferencia que me parece determinante entre el siglo XXI y los cánones previos es que la tecnología digital del siglo XXI ha fundado un nuevo horizonte narrativo. Nuevos espacios que se traducen en nuevas prácticas sociales, culturales, sexuales y económicas, capaces de reconfigurar radicalmente no sólo las coordenadas de la vida cotidiana sino las formas en que el mundo puede imaginarse. La literatura que me interesa producir o leer es la que trabaja sobre la cultura, la política y la tecnología desde las posibilidades de esa novedad inédita. La literatura que insiste en el romanticismo analógico y esquiva la potencia de la novedad de su época no me parece ilegible, pero creo que resulta cada vez más anacrónica, redundante, aburrida.
Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura de Tiempo Argentino.
A partir de formas narrativas que no son parte de la construcción literaria habitual, como el formato de correo electrónico que utiliza en el relato que da título al libro, sus cuentos reúnen personajes que viven al filo de los límites de ese universo nuevo y paralelo que surge de la vida digital. Para Mavrakis parece no haber una división entre esos mundos, sino la mera prolongación de uno en otro. Lo siniestro es que para estos personajes pareciera operar una inversión según la cual el mundo virtual deviene en espacio vital, relegando a lo real al plano accesorio de simple extensión. Lo que se cuestiona es a la propia realidad, una discusión que se viene dando desde el origen de la filosofía, con Sócrates y Platón. Haciendo honor a su origen griego, Mavrakis hace su aporte creando realidades virtuales contundentes como el daño que es capaz de provocar un troll con el sólo recurso de introducir dos o tres comentarios maliciosos aquí y allá. En los cuentos de Mavrakis hay una búsqueda de respuestas nuevas para preguntas viejas pero también, haciendo carne de sus propios personajes, algo de bienvenida malicia.
"Empecé a escribir los cuentos alrededor de situaciones o comportamientos ligados a la ecología digital. La dinámica de los comments en sitios de noticias, el ciberbulling, la confección de sensibilidades a través de redes sociales", dice el autor. "Cuestiones sobre las que todavía es difícil leer algo que escape a la banalidad del miedo o la celebración. Esas novedades podían pensarse desde el ensayo, que fue lo que hice primero, pero también podían ficcionalizarse desde la literatura."
–En tus cuentos el mundo es un lugar virtualmente infinito pero físicamente reducido, a la vez opresivo y oprimente. ¿Es inevitable que esos espacios generen diferentes representaciones de la locura?
–Creo que lo real y lo virtual son dimensiones de idéntico valor y que la inquietud acerca de la brecha entre ellos ha sido superada. Las redes sociales son un lugar donde constatarlo. No hay una pregunta acerca de la diferencia porque no se percibe como diferencia sino como continuidad. La experiencia de lo virtual ha sido naturalizada por una generación, mientras que otras aún se acercan con timidez, o directamente renuncian y se declaran expulsadas. Es en el intersticio de ese pasaje incompleto donde se desata la neurosis que me interesaba contar y donde se ahogan estéticas enteras. La aparente dislocación entre dos mundos que son en realidad parte del mismo es una cuestión antigua, pero la web vuelve a ponerla en cuestión con más relevancia que nunca.
–Uno de los cuentos más curiosos del libro es "Matar a Tinelli". Ahí aparecen varios puntos recurrentes de tus cuentos, como la paranoia o una violencia virtual que no es sino la represión de una violencia real, que en este caso acaba desatada. ¿Creés que la vida online es el caldo de cultivo de los males modernos?
–La vida online es la vida misma. Y la eficiencia de esas estrategias a través de las que se logran "efectos reales" desde "efectos virtuales" no remite a una coyuntura política específica sino que es estrictamente epocal. La experiencia de Julian Assange esquiva cualquier bando político local sin dejar de ser elocuente al respecto. El lenguaje de lo real y de lo virtual se ha fusionado. También su producción, su circulación y sus consecuencias. Hay una negatividad muy fuerte en ese lenguaje que puede ser útil para avanzar contra las certezas de un pasado que pretende conservarse intacto aunque represente la más inevitable decadencia.
–En tu trabajo se percibe cierta búsqueda de efecto, vueltas de tuerca finales que generan un impacto cercano al remate de un chiste. Como lector la primera instancia es de disfrute y sorpresa (generalmente impregnada de humor), pero es posible que esos remates aligeren los relatos, construidos con detalle y muchas veces agobiantes. Una decisión estética que parece ir en contra de los émulos de Carver.
–Es una buena observación. Supongo que soy cautivo del logos, de la necesidad de construir un sentido acabado que ordene las percepciones caóticas de la mera realidad. Un vicio de griego amateur. Pero ahí están las lecturas para subsanar la cuestión.
–Según la leyenda, Gombrowicz sugirió a sus discípulos que debían matar a Borges, la mejor forma de decir que un escritor debe ir en contra de los cánones establecidos. ¿A quién deben matar los escritores del siglo XXI?
–Como autor de ficción tomaría con cautela el trabajo de apuntar hacia determinadas cabezas y disparar. Muchas veces el posicionamiento de los "nuevos escritores" ante la tradición no surge de una reflexión estética sino de un ejercicio narcisista o la necesidad de novedad del propio campo literario. Atribuirme una voz de pertenencia generacional, incluso, me sonaría torpe y pretencioso. La única diferencia que me parece determinante entre el siglo XXI y los cánones previos es que la tecnología digital del siglo XXI ha fundado un nuevo horizonte narrativo. Nuevos espacios que se traducen en nuevas prácticas sociales, culturales, sexuales y económicas, capaces de reconfigurar radicalmente no sólo las coordenadas de la vida cotidiana sino las formas en que el mundo puede imaginarse. La literatura que me interesa producir o leer es la que trabaja sobre la cultura, la política y la tecnología desde las posibilidades de esa novedad inédita. La literatura que insiste en el romanticismo analógico y esquiva la potencia de la novedad de su época no me parece ilegible, pero creo que resulta cada vez más anacrónica, redundante, aburrida.
Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura de Tiempo Argentino.
viernes, 28 de diciembre de 2012
LIBROS - "Cieloalto", de Diego Agrimbau y Pietro: Cuando lo nacional es mejor
Desde hace muchos años, casi desde siempre, la ciencia ficción forma parte del imaginario de la historieta nacional. Con mojones ineludibles como El Eternauta, la creación de Germán Oesterheld y Francisco Solano López; muchos de los trabajos del gran Robin Wood; o la aparición a mediados de los '80 de la revista Fierro (a imagen y semejanza de las europeas Cimoc o Metal Hurlant), en dicho género se cimenta mucho de lo mejor de la producción historietística local. Dentro de esa noble tradición se encolumna Cieloalto, el nuevo trabajo de los artistas Diego Agrimbau (uno de los autores de Los canillitas, tira que se publica diariamente en la contratapa de Tiempo Argentino) y Pietro. Guionista y dibujante, ellos son los responsables de una historia que cuenta con muchos de los mejores elementos del género.
En Cieloalto se relata la historia de una ciudad ubicada sobre una especie de inmenso acueducto romano por encima de las nubes. Nada se sabe del mundo sobre la superficie de ese planeta que podría no ser la Tierra (aunque la sociedad de Cieloalto permite suponer que sí lo es). En esa ciudad lineal e interminable, existen dos razas que conviven: los Viajantes, cuya naturaleza es similar a la humana; y los Permanentes, raza cuya evolución física no se encuentra regida por el desplazamiento en el tiempo sino en el espacio, lo que les permite ir y venir de la vejez a la infancia de manera indefinida, con sólo moverse en la longitudinal extensión de la ciudad. El protagonista de esta novela gráfica publicada por editorial Agua Negra, es Javier Dosaires, un permanente que vivirá una historia de amor con una viajante, será testigo de la lucha de clases encarnada en una guerra entre ambas razas, y finalmente un superviviente de la destrucción de Cieloalto. Como ocurre con lo mejor de la ciencia ficción, el relato en manos de Agrimbau y Pietro se convierte en una herramienta para ir más allá de la historieta. Una vez más, es posible ir de la realidad a la ficción y, desde allí, volver a la realidad con una mirada renovada.
–La historieta argentina tiene una importante tradición en la ciencia ficción. No es menor que El Eternauta sea la historieta nacional más representativa. ¿Es una carga trabajar con un listón tan alto?
Diego Agrimbau: –No es una carga. Es un sostén, una tradición que sirve más como un continente de sentido que permite ver nuestro trabajo en una perspectiva histórica. Sin haber leído las historias de Trillo, Oesterheld o Barreiro, probablemente yo nunca hubiera escrito ciencia ficción. No de la misma manera.
Pietro: –Yo soy muy autocrítico con mis dibujos, ya cargo con un listón que está por encima de mi propio talento, pero no había pensado en ese listón… que está más alto, así que mejor me quedo con el mío. –En apariencia, la ciencia ficción en la Argentina es abordada más asidua y eficientemente por la historieta que por la literatura o el cine. ¿Es cierto?
DA: –En el caso del cine hay un impedimento técnico y presupuestario evidente. En la literatura hay varios ejemplos, pero es claro que el género fantástico fue mucho más practicado. Hay obras fantásticas de Cortázar, Borges, Bioy Casares o Sábato que están muy cerca de la ciencia ficción más blanda, y que pueden ser leídas de ese modo perfectamente. Con la ciencia ficción más dura y técnica sucede otra cosa. Surgió en los países donde la ciencia y la tecnología tuvieron su mayor desarrollo: EE UU, Rusia, Francia, Reino Unido, etc. En estos países, el encuentro entre ciencia y literatura se dio necesariamente. Muchas veces recorrieron los mismos pasillos académicos, las mismas revistas. –¿Por qué la ciencia ficción resulta un vehículo tan poderoso para la metáfora social?
DA: –Creo que permite crear sociedades, culturas, mundos, razas. La imaginación debe aplicarse a todo aspecto del escenario de la historia. De esa forma, la materia con la que uno trabaja para crear metáforas, hipérboles o analogías con el presente, es mucho más vasta.
P: –A mí me gusta pensar que la metáfora social en un contexto reconocible, en una historieta histórica o en una sociedad real, el lector está constantemente saliendo de esa historia para identificarse o alejarse. En cambio, con la ciencia ficción los artificios te mantienen dentro de la historia y, cuando te querés enterar, incorporaste la metáfora entera. –¿Cuáles son las dificultades de trabajar ateniéndose a las reglas de un género y cuánto cuesta conseguir ser original? ¿Hay fórmulas?
DA: –Sí, hay fórmulas. Pero son como las recetas de los chefs o los trucos que pasan de mago en mago. Hay que mantener el misterio. Una buena fórmula resulta eficaz para comenzar pero, como siempre, garantiza poco, apenas un punto de partida. Para el resto del trabajo, no hay fórmulas. No muy convincentes, al menos. El caso de Cieloalto, parte de otra vieja fórmula: "Qué pasaría sí…".
P: –Buscar la originalidad te puede llevar a no hacer nada, mi única formula es meterme en la ficción que estoy dibujando y hacerlo lo mejor que pueda, si sale original o no, después se verá, pero estar pensando en reglas del género y originalidad a mí me paraliza y no me sale nada. –¿Qué mirada del mundo real quisieron dar o creen que ofrece su trabajo desde la ficción?
DA: –Por mi parte, al menos, creo que lo que encierra Cieloalto es cierta angustia por envejecer y sentir que uno ha perdido el tiempo durante muchos años. Que la vida se desperdicia. En Cieloalto, en apariencia, los personajes están inmunes a esta angustia, ya que pueden volver a empezar una y otra vez. Claro que de ese modo uno puede pasar toda una eternidad volviendo a empezar, reiniciando los planes, sin llegar a ninguna parte.
P: –Visualmente es muy interesante que el protagonista inmortal tenga una mirada de niño o de anciano sobre ciertas situaciones, y sabiéndose inmortal siempre posterga decisiones importantes. Ser finitos nos tendría que obligar a vivir más fuerte y, sin embargo, uno se deja seducir por estimulaciones superficiales que te hacen sentir inmortal y con un pie en el cajón te das cuenta de que no tomaste un puta decisión como la gente en toda tu vida.
Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.
En Cieloalto se relata la historia de una ciudad ubicada sobre una especie de inmenso acueducto romano por encima de las nubes. Nada se sabe del mundo sobre la superficie de ese planeta que podría no ser la Tierra (aunque la sociedad de Cieloalto permite suponer que sí lo es). En esa ciudad lineal e interminable, existen dos razas que conviven: los Viajantes, cuya naturaleza es similar a la humana; y los Permanentes, raza cuya evolución física no se encuentra regida por el desplazamiento en el tiempo sino en el espacio, lo que les permite ir y venir de la vejez a la infancia de manera indefinida, con sólo moverse en la longitudinal extensión de la ciudad. El protagonista de esta novela gráfica publicada por editorial Agua Negra, es Javier Dosaires, un permanente que vivirá una historia de amor con una viajante, será testigo de la lucha de clases encarnada en una guerra entre ambas razas, y finalmente un superviviente de la destrucción de Cieloalto. Como ocurre con lo mejor de la ciencia ficción, el relato en manos de Agrimbau y Pietro se convierte en una herramienta para ir más allá de la historieta. Una vez más, es posible ir de la realidad a la ficción y, desde allí, volver a la realidad con una mirada renovada.
–La historieta argentina tiene una importante tradición en la ciencia ficción. No es menor que El Eternauta sea la historieta nacional más representativa. ¿Es una carga trabajar con un listón tan alto?
Diego Agrimbau: –No es una carga. Es un sostén, una tradición que sirve más como un continente de sentido que permite ver nuestro trabajo en una perspectiva histórica. Sin haber leído las historias de Trillo, Oesterheld o Barreiro, probablemente yo nunca hubiera escrito ciencia ficción. No de la misma manera.
Pietro: –Yo soy muy autocrítico con mis dibujos, ya cargo con un listón que está por encima de mi propio talento, pero no había pensado en ese listón… que está más alto, así que mejor me quedo con el mío. –En apariencia, la ciencia ficción en la Argentina es abordada más asidua y eficientemente por la historieta que por la literatura o el cine. ¿Es cierto?
DA: –En el caso del cine hay un impedimento técnico y presupuestario evidente. En la literatura hay varios ejemplos, pero es claro que el género fantástico fue mucho más practicado. Hay obras fantásticas de Cortázar, Borges, Bioy Casares o Sábato que están muy cerca de la ciencia ficción más blanda, y que pueden ser leídas de ese modo perfectamente. Con la ciencia ficción más dura y técnica sucede otra cosa. Surgió en los países donde la ciencia y la tecnología tuvieron su mayor desarrollo: EE UU, Rusia, Francia, Reino Unido, etc. En estos países, el encuentro entre ciencia y literatura se dio necesariamente. Muchas veces recorrieron los mismos pasillos académicos, las mismas revistas. –¿Por qué la ciencia ficción resulta un vehículo tan poderoso para la metáfora social?
DA: –Creo que permite crear sociedades, culturas, mundos, razas. La imaginación debe aplicarse a todo aspecto del escenario de la historia. De esa forma, la materia con la que uno trabaja para crear metáforas, hipérboles o analogías con el presente, es mucho más vasta.
P: –A mí me gusta pensar que la metáfora social en un contexto reconocible, en una historieta histórica o en una sociedad real, el lector está constantemente saliendo de esa historia para identificarse o alejarse. En cambio, con la ciencia ficción los artificios te mantienen dentro de la historia y, cuando te querés enterar, incorporaste la metáfora entera. –¿Cuáles son las dificultades de trabajar ateniéndose a las reglas de un género y cuánto cuesta conseguir ser original? ¿Hay fórmulas?
DA: –Sí, hay fórmulas. Pero son como las recetas de los chefs o los trucos que pasan de mago en mago. Hay que mantener el misterio. Una buena fórmula resulta eficaz para comenzar pero, como siempre, garantiza poco, apenas un punto de partida. Para el resto del trabajo, no hay fórmulas. No muy convincentes, al menos. El caso de Cieloalto, parte de otra vieja fórmula: "Qué pasaría sí…".
P: –Buscar la originalidad te puede llevar a no hacer nada, mi única formula es meterme en la ficción que estoy dibujando y hacerlo lo mejor que pueda, si sale original o no, después se verá, pero estar pensando en reglas del género y originalidad a mí me paraliza y no me sale nada. –¿Qué mirada del mundo real quisieron dar o creen que ofrece su trabajo desde la ficción?
DA: –Por mi parte, al menos, creo que lo que encierra Cieloalto es cierta angustia por envejecer y sentir que uno ha perdido el tiempo durante muchos años. Que la vida se desperdicia. En Cieloalto, en apariencia, los personajes están inmunes a esta angustia, ya que pueden volver a empezar una y otra vez. Claro que de ese modo uno puede pasar toda una eternidad volviendo a empezar, reiniciando los planes, sin llegar a ninguna parte.
P: –Visualmente es muy interesante que el protagonista inmortal tenga una mirada de niño o de anciano sobre ciertas situaciones, y sabiéndose inmortal siempre posterga decisiones importantes. Ser finitos nos tendría que obligar a vivir más fuerte y, sin embargo, uno se deja seducir por estimulaciones superficiales que te hacen sentir inmortal y con un pie en el cajón te das cuenta de que no tomaste un puta decisión como la gente en toda tu vida.
Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.
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jueves, 27 de diciembre de 2012
CULTURA -Balance cultural del año 2012: Despedidas, escándalos, películas y Gangnam Style
Si se piensa que desde antes de empezar ya había hasta una película que lo acusaba de ser el año del fin del mundo, puede decirse que el 2012 arrancó el partido perdiendo dos a cero. Muchos esperaban que tras del brindis del 31 de diciembre de 2011 a la medianoche, la realidad se apagara de golpe y que en medio del negro profundo del espacio quedara apenas un puntito brillante, como ocurría al desenchufar los viejos televisores valvulares blanco y negro. Pero llegó el 1º de enero y también pasaron febrero, marzo, todos los demás meses y el mundo siguió girando, hasta que a alguien se le ocurrió que la gran fiesta de despedida en realidad se postergaba para el 21 de diciembre pasado y todos tuvieron algo que decir acerca del 13º Baktún. En fin: cualquiera puede comprobar que ese día tampoco pasó nada. Al menos no mucho más que algunos hippies aprovechando la ocasión para bailar en el cerro Uritorco, como sí Woodstock nunca se hubiera terminado.
Sin embargo el verdadero problema con los Apocalipsis que nunca se dignan a presentarse cuando se los invoca, es que se los suele buscar en los signos y los días equivocados. Pero quienes son buenos observadores saben que el mundo se terminó muchas veces en lo que duró este 2012. El primer fin del mundo del año ocurrió el 8 de febrero y el último, el 5 de noviembre. Esos días dejaron de existir Luis Alberto Spinetta y Leonardo Favio, dos de los más notables artistas populares de la Argentina (y Latinoamérica) del siglo XX. Padre no sólo del Rock en la Argentina sino de ese género en idioma español, Spinetta fue un artista único, multifacético y genial. A pesar de todo eso, quizá a él no le desagradaría que lo recordaran simplemente como un rockero. Eso era y eso será siempre el Flaco Spinetta. Aunque también fue cantante (y popular), Leonardo Favio en cambio será recordado como lo que es: un notable director de cine. Autor de películas tan inolvidables para los espectadores como extraordinarias desde lo cinematográfico, Favio supo construir un cine de calidad sin resignar ni una sola vez la raíz popular de su forma de ver y sentir el arte, siempre ligado al peronismo. No es casual que ambos, Spinetta y Favio, surgieran durante los años 60, ricos y efervescentes, como parte de una generación que fue sistemáticamente masacrada en la década siguiente. Ambos fueron homenajeados: Spinetta con una muestra de valor incalculable realizada hasta hace poco en la Biblioteca Nacional; Favio durante el Festival de Cine de Mar del Plata. Si deben interpretarse las profecías Mayas como el anuncio del fin de una era, eso es lo que marcan para la cultura nacional las muertes de estos dos artistas que sin duda serán recordados por los futuros libros de historia argentina. Y lo que es más importante, seguirán vivos para siempre en sus canciones y películas, la más justa de las inmortalidades.
Las muertes de los escritores Héctor Bianciotti, Héctor Tizón, del mexicano Carlos Fuentes, del italiano Antonio Tabucchi y los norteamericanos Ray Bradbury y Gore Vidal; del artista gráfico Caloi; de la cantante Chavela Vargas y del arquitecto Oscar Niemeyer, también fueron a su modo un fin del mundo. Cada uno de ellos y sus obras serán también inolvidables para la cultura latinoamericana y mundial. En el caso de Fuentes, la muerte lo sorprendió en plena actividad, apenas semanas después de que pasara por la Feria del Libro de Buenos Aires y privó a las letras de uno de sus más grandes exponentes. Eterno candidato al Nobel de Literatura que conquistaron Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, sus compañeros del "Boom Latinoamericano", fenómeno literario y editorial que abrió la ficción latinoamericana al mundo durante la década de 1960, Carlos Fuentes celebraba este año el medio siglo de sus novelas Aura y La muerte de Artemio Cruz. Al momento de su muerte, el autor tenía dos libros terminados, el ensayo Personas y la novela Federico en su balcón, publicados en forma póstuma.
Justamente el mundo de las letras estuvo cargado de acontecimientos importantes, algunos no exentos de polémica. El más destacado sin dudas tiene que ver con la polémica en torno al galardón más famoso del mundo literario, el Nobel, y la decisión de la Academia Sueca de distinguir al novelista chino Mo Yan. El premio significó un regocijo para sus compatriotas y el rechazo de los intelectuales críticos con el régimen chino. El propio Mo Yan se defendió diciendo que para un escritor "la mejor manera de hablar es escribiendo", dejando en claro que, como en el caso de Vargas Llosa el año pasado, el premio reconoce una obra literaria y no un pensamiento más allá de los libros publicados por el autor. La controversia también rodeó al peruano Alfredo Bryce Echenique, quien se adjudicó el FIL de Literatura en Lenguas Romances 2012. El autor de Un mundo para Julius, acusado y multado en reiteradas oportunidades por plagio, debió recibir el galardón en Lima en lugar de en la apertura de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con lo que se rompió la tradición de ediciones anteriores. El premio había sido cuestionado por una docena de intelectuales mexicano y al mismo tiempo apoyado por un nutrido grupo de personalidades del mundo de las letras.
Otros grandes premios, en cambio, se rindieron sin cuestionamientos. La más alta distinción de las letras en lengua castellana, el Premio Cervantes, recayó sobre el poeta español José Manuel Caballero Bonald, de 86 años, mientras que el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana fue para otro poeta, el nicaragüense Ernesto Cardenal, de 87. Por su parte el escritor español Javier Marías rechazó el Premio Nacional de Narrativa que le concedió el Ministerio de Cultura español, por su novela Los enamoramientos. El español justificó la decisión en su voluntad de no querer ser etiquetado como autor "favorecido por este o aquel Gobierno", ni ser involucrado en juegos políticos. Y agregó que se habría negado a aceptar el galardón independientemente del partido que estuviera en el poder.
Por su parte el estadounidense Philip Roth, cuyo nombre se encuentra abonado hace años a las listas de favoritos al Nobel de literatura, se llevó el Príncipe de Asturias de las Letras y luego sorprendió con su anuncio de retirarse del oficio de escritor. Entre los autores argentinos, Leopoldo Brizuela se llevó el premio Alfaguara de Novela por su thriller existencial sobre la historia argentina reciente, Una misma noche, en tanto que Ricardo Piglia fue honrado con el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. En el rubro de la literatura infantil y juvenil, María Teresa Andruetto ganó el premio más prestigioso de esas letras, el Hans Christian Andersen.
En el mundo de las artes plásticas, el popular cuadro El Grito, del pintor noruego Edvard Munch (de cuyo nacimiento se cumplirán 150 años durante 2013), batió todos los récords al alcanzar en subasta un valor de casi 120 millones de dólares. En Buenos Aires se destacó la muestra de Caravaggio en el Museo Nacional de Bellas Artes, más el aporte permanente de espacios consolidados como MALBA y Fundación Proa, y otros que comienzan a ganarse un lugar, como la Universidad de 3 de Febrero o el Museo de Tigre.
En el plano cinematográfico, el film mudo de origen francés El artista, fue el gran ganador de los premios Oscar, llevándose 5 estatuillas, entre ellas la de mejor película, mejor Director (Michel Hazanavicius) y Mejor Actor (Jean Dujardin), mientras que el austríaco Michael Haneke volvió a quedarse con la Palma de Oro en el Festival de Cannes, por su último trabajo, Amour, protagonizada por dos leyendas del cine francés, Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva. El film de Haneke también es uno de los candidatos más firmes al premio de Mejor Película en Lengua Extranjera en la próxima entrega de los Oscars. En el plano local, el documental Papirosen, de Gastón Solnicki, ganó la competencia Argentina del BAFICI, en tanto que la comedia negra Hermanos de sangre, de Daniel de la Vega, se llevó el mismo lauro en el Festival de Mar del Plata. También causó polémica la no inclusión del gran documental Tierra de los padres, de Nicolás Prividera, en ninguna de las dos competencias mencionadas. Y merece destacarse el estreno de Infancia clandestina, de Benjamín Ávila (enviada por la Argentina como precandidata a los Oscar), que puso en pantalla una nueva e interesante versión de la lucha armada durante la última dictadura militar, a través de la mirada de un niño.
Sin embargo, entre tanta novedad importante y despedidas de esas que no se olvidarán por muchos años, 2012 corre el riesgo de ser recordado como el año en que se impuso el baile del caballo, popularizado por el video de la canción Gangnam style, del rapero coreano Psy. Dicho video se convirtió en el más visto de la historia: sumando las primeras tres versiones que aparecen en la búsqueda del popular portal, el clip de Psy suma algo así como 1.200 millones de reproducciones. Lo que se dice un verdadero fin del mundo.
Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.
Sin embargo el verdadero problema con los Apocalipsis que nunca se dignan a presentarse cuando se los invoca, es que se los suele buscar en los signos y los días equivocados. Pero quienes son buenos observadores saben que el mundo se terminó muchas veces en lo que duró este 2012. El primer fin del mundo del año ocurrió el 8 de febrero y el último, el 5 de noviembre. Esos días dejaron de existir Luis Alberto Spinetta y Leonardo Favio, dos de los más notables artistas populares de la Argentina (y Latinoamérica) del siglo XX. Padre no sólo del Rock en la Argentina sino de ese género en idioma español, Spinetta fue un artista único, multifacético y genial. A pesar de todo eso, quizá a él no le desagradaría que lo recordaran simplemente como un rockero. Eso era y eso será siempre el Flaco Spinetta. Aunque también fue cantante (y popular), Leonardo Favio en cambio será recordado como lo que es: un notable director de cine. Autor de películas tan inolvidables para los espectadores como extraordinarias desde lo cinematográfico, Favio supo construir un cine de calidad sin resignar ni una sola vez la raíz popular de su forma de ver y sentir el arte, siempre ligado al peronismo. No es casual que ambos, Spinetta y Favio, surgieran durante los años 60, ricos y efervescentes, como parte de una generación que fue sistemáticamente masacrada en la década siguiente. Ambos fueron homenajeados: Spinetta con una muestra de valor incalculable realizada hasta hace poco en la Biblioteca Nacional; Favio durante el Festival de Cine de Mar del Plata. Si deben interpretarse las profecías Mayas como el anuncio del fin de una era, eso es lo que marcan para la cultura nacional las muertes de estos dos artistas que sin duda serán recordados por los futuros libros de historia argentina. Y lo que es más importante, seguirán vivos para siempre en sus canciones y películas, la más justa de las inmortalidades.
Las muertes de los escritores Héctor Bianciotti, Héctor Tizón, del mexicano Carlos Fuentes, del italiano Antonio Tabucchi y los norteamericanos Ray Bradbury y Gore Vidal; del artista gráfico Caloi; de la cantante Chavela Vargas y del arquitecto Oscar Niemeyer, también fueron a su modo un fin del mundo. Cada uno de ellos y sus obras serán también inolvidables para la cultura latinoamericana y mundial. En el caso de Fuentes, la muerte lo sorprendió en plena actividad, apenas semanas después de que pasara por la Feria del Libro de Buenos Aires y privó a las letras de uno de sus más grandes exponentes. Eterno candidato al Nobel de Literatura que conquistaron Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, sus compañeros del "Boom Latinoamericano", fenómeno literario y editorial que abrió la ficción latinoamericana al mundo durante la década de 1960, Carlos Fuentes celebraba este año el medio siglo de sus novelas Aura y La muerte de Artemio Cruz. Al momento de su muerte, el autor tenía dos libros terminados, el ensayo Personas y la novela Federico en su balcón, publicados en forma póstuma.
Justamente el mundo de las letras estuvo cargado de acontecimientos importantes, algunos no exentos de polémica. El más destacado sin dudas tiene que ver con la polémica en torno al galardón más famoso del mundo literario, el Nobel, y la decisión de la Academia Sueca de distinguir al novelista chino Mo Yan. El premio significó un regocijo para sus compatriotas y el rechazo de los intelectuales críticos con el régimen chino. El propio Mo Yan se defendió diciendo que para un escritor "la mejor manera de hablar es escribiendo", dejando en claro que, como en el caso de Vargas Llosa el año pasado, el premio reconoce una obra literaria y no un pensamiento más allá de los libros publicados por el autor. La controversia también rodeó al peruano Alfredo Bryce Echenique, quien se adjudicó el FIL de Literatura en Lenguas Romances 2012. El autor de Un mundo para Julius, acusado y multado en reiteradas oportunidades por plagio, debió recibir el galardón en Lima en lugar de en la apertura de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con lo que se rompió la tradición de ediciones anteriores. El premio había sido cuestionado por una docena de intelectuales mexicano y al mismo tiempo apoyado por un nutrido grupo de personalidades del mundo de las letras.
Otros grandes premios, en cambio, se rindieron sin cuestionamientos. La más alta distinción de las letras en lengua castellana, el Premio Cervantes, recayó sobre el poeta español José Manuel Caballero Bonald, de 86 años, mientras que el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana fue para otro poeta, el nicaragüense Ernesto Cardenal, de 87. Por su parte el escritor español Javier Marías rechazó el Premio Nacional de Narrativa que le concedió el Ministerio de Cultura español, por su novela Los enamoramientos. El español justificó la decisión en su voluntad de no querer ser etiquetado como autor "favorecido por este o aquel Gobierno", ni ser involucrado en juegos políticos. Y agregó que se habría negado a aceptar el galardón independientemente del partido que estuviera en el poder.
Por su parte el estadounidense Philip Roth, cuyo nombre se encuentra abonado hace años a las listas de favoritos al Nobel de literatura, se llevó el Príncipe de Asturias de las Letras y luego sorprendió con su anuncio de retirarse del oficio de escritor. Entre los autores argentinos, Leopoldo Brizuela se llevó el premio Alfaguara de Novela por su thriller existencial sobre la historia argentina reciente, Una misma noche, en tanto que Ricardo Piglia fue honrado con el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. En el rubro de la literatura infantil y juvenil, María Teresa Andruetto ganó el premio más prestigioso de esas letras, el Hans Christian Andersen.
En el mundo de las artes plásticas, el popular cuadro El Grito, del pintor noruego Edvard Munch (de cuyo nacimiento se cumplirán 150 años durante 2013), batió todos los récords al alcanzar en subasta un valor de casi 120 millones de dólares. En Buenos Aires se destacó la muestra de Caravaggio en el Museo Nacional de Bellas Artes, más el aporte permanente de espacios consolidados como MALBA y Fundación Proa, y otros que comienzan a ganarse un lugar, como la Universidad de 3 de Febrero o el Museo de Tigre.
En el plano cinematográfico, el film mudo de origen francés El artista, fue el gran ganador de los premios Oscar, llevándose 5 estatuillas, entre ellas la de mejor película, mejor Director (Michel Hazanavicius) y Mejor Actor (Jean Dujardin), mientras que el austríaco Michael Haneke volvió a quedarse con la Palma de Oro en el Festival de Cannes, por su último trabajo, Amour, protagonizada por dos leyendas del cine francés, Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva. El film de Haneke también es uno de los candidatos más firmes al premio de Mejor Película en Lengua Extranjera en la próxima entrega de los Oscars. En el plano local, el documental Papirosen, de Gastón Solnicki, ganó la competencia Argentina del BAFICI, en tanto que la comedia negra Hermanos de sangre, de Daniel de la Vega, se llevó el mismo lauro en el Festival de Mar del Plata. También causó polémica la no inclusión del gran documental Tierra de los padres, de Nicolás Prividera, en ninguna de las dos competencias mencionadas. Y merece destacarse el estreno de Infancia clandestina, de Benjamín Ávila (enviada por la Argentina como precandidata a los Oscar), que puso en pantalla una nueva e interesante versión de la lucha armada durante la última dictadura militar, a través de la mirada de un niño.
Sin embargo, entre tanta novedad importante y despedidas de esas que no se olvidarán por muchos años, 2012 corre el riesgo de ser recordado como el año en que se impuso el baile del caballo, popularizado por el video de la canción Gangnam style, del rapero coreano Psy. Dicho video se convirtió en el más visto de la historia
Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.
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