domingo, 28 de febrero de 2021

LIBROS - "Un sonido atronador" (Editorial Nórdica): Ray Bradbury, el Efecto Mariposa y 10 películas que no serían posibles sin él

La editorial Nórdica acaba de publicar una deliciosa versión ilustrada de Un sonido atronador, uno de los relatos más populares de los cientos que escribió Ray Bradbury. Gracias a ese cuento, al notable autor estadounidense se lo considera el padre putativo de una célebre teoría científica conocida como Efecto Mariposa. ¿Pero qué es y en qué consiste ese fenómeno? Y sobre todo: ¿por qué recibe ese nombre tan curioso? Para entenderlo, lo mejor es usar a este simple artículo periodístico como una máquina del tiempo que nos permita viajar al pasado y revisar un poco los hechos que la dan forma a esta historia. Entonces, que comience el viaje.

Un cyborg es enviado desde el futuro con la misión de asesinar a la madre del hombre que se convertirá en el líder de la resistencia contra las máquinas que dominan el mundo y así evitar todos los hechos que se derivan de su nacimiento. Casi al mismo tiempo, un adolescente viaja al pasado y la chica que luego se convertirá en su madre se enamora de él, poniendo en riesgo su propia existencia. Películas como Terminator (James Cameron, 1984) o Volver al futuro (Robert Zemeckis, 1985) lograron que a fines del siglo XX un complejo concepto científico se volviera uno de los disparadores dramáticos más populares del cine moderno. Ese concepto, que es conocido como Efecto Mariposa y forma parte de la famosa Teoría del Caos, indica que cualquier variación mínima aplicada dentro de un sistema dinámico, al evolucionar es capaz de crear una divergencia de grandes proporciones. 

Aplicado al flujo temporal, el postulado indica que cualquier modificación que se introdujera en el transcurso de la línea histórica podría provocar que la misma se desarrollara en una dirección por completo distinta de la conocida. En otras palabras: alterar el pasado implica, necesariamente, una alteración mayor en la constitución del presente. De ahí a la idea de las realidades paralelas hay un solo paso. Este concepto fue desarrollado por el científico Edward Lorenz, quien en un artículo de 1963 lo bautizó con ese nombre. ¿Pero qué tiene que ver una simple mariposa con un razonamiento tan complejo?

Una década antes, Ray Bradbury empezaba a volverse popular gracias sus volúmenes de cuentos de ciencia ficción. Ese año publicó el libro Las doradas manzanas del sol, que entre sus relatos incluye uno titulado “El sonido del trueno”. Ahí cuenta la historia de una compañía que ofrece safaris para cazar dinosaurios en la prehistoria. Una de las reglas que deben seguir los cazadores es no apartarse de una pasarela flotante que evita que entren en contacto físico directo con el mundo, evitando cualquier posible alteración. Por supuesto, algo saldrá mal y el protagonista terminará aplastando una pequeña mariposa. Así, al regresar al presente se encontrará con un mundo que no es exactamente el que dejó. Esa mariposa aplastada en el cuento de Bradbury es la que inspiró a Lorenz para bautizar con su nombre al complejo concepto científico.

Para quienes no han leído “El sonido del trueno”, que tal vez sea el cuento más popular de los cientos que escribió Bradbury en su prolífica carrera, la extraordinaria versión ilustrada que acaba de publicar Nórdica es una oportunidad inigualable para reparar el asunto. Publicado bajo el título de Un sonido atronador –una ligera variante que se apara de la traducción al castellano más popular de este relato—, el libro cuenta con las bellísimas ilustraciones de la artista gráfica Elena Ferrándiz, que lo convierten en una exquisita y recomendable pieza editorial.  

Diez películas que no existirían sin el Efecto Mariposa  

Pide al tiempo que vuelva (1980): un guionista viaja al pasado a través de la hipnosis para conocer a una actriz que, ya vieja, dice haberlo conocido en su juventud. Basada en un cuento del gran Richard Matheson.  

Terminator (1984) y Volver al futuro (1985): clásicos de los ’80 que, sin mencionarlo, explicaron el Efecto Mariposa.  

Timecop (1994): quizá la mejor película protagonizada por Jean Claude Van Damme. Su director, Peter Hyamas, también dirigió en 2005 la única adaptación al cine de “El sonido del trueno”.  

12 monos (1995): un condenado a muerte es enviado al pasado para evitar una pandemia que diezmó a la humanidad, obligándola a vivir bajo tierra. ¿Quién se anima a verla?  

El Efecto Mariposa (2004): película que toma esta paradoja temporal para dale forma a una historia de misterio y suspenso.  

Los cronocrímenes (2007): increíble trama policial acerca de un hombre que por accidente se ve involucrado en una serie de asesinatos cometidos en un bucle temporal de apenas una hora.  

Un loco viaje al pasado (2010): exponente de la Nueva Comedia Americana. Un grupo de cuarentones venidos a menos y el sobrino adolescente de uno de ellos regresan por accidente hasta su propio viaje de egresados en los ‘80.  

Cuestión de tiempo (2013): gran historia romántica de un chico con la capacidad de regresar hasta momentos ya vividos, que utiliza el don para conquistar al amor de su vida. 

Tenet (2020): lo último del británico Christopher Nolan será uno de los estrenos que se podrán ver en los cines a partir de su reapertura. Una compleja intriga política en la que el flujo temporal es usado como un arma.

viernes, 26 de febrero de 2021

CINE -"Flora y Ulises" (Flora & Ulysses), de Lena Khan: Superhéroes contra los traumas de la infancia

Tomando como disparador la amistad entre una niña y su mascota, premisa clásica del cine para chicos, y aprovechando el auge del género de superhéroes como herramienta para garantizar cierto éxito, Flora y Ulises le ofrece a los espectadores más pequeños la posibilidad de encontrase con una aventura que combina humor y acción. Pero también emoción y drama, oportunamente calibrados para impactar directo en el corazón del público infantil, un detalle que tratándose de una producción de Disney no podía estar ausente. Aunque esta vez de forma ligera y con el Happy end como punto de llegada rigurosamente planificado al final del viaje. 

La Flora del título es una niña de 9 muy curiosa pero algo solitaria, a la que su padre dibujante le ha transmitido la pasión por las historietas de superhéroes. Afición que su madre, autora de ese tipo de novelas románticas escritas para leer y descartar, intenta cambiar por el de los libros. Pero como el papá de Flora ya no vive en casa, porque la pareja atraviesa un período de crisis, las revistas se han convertido para ella en una suerte de placebo que la ayudan a conjurar su ausencia y se niega a abandonarlas. En esa situación un poco angustiante se encuentra la nena cuando ocurre el primer giro de la historia, aquel que marca el final de un primer acto que ha planteado sus elementos con eficiente economía.

Cuando Flora ayuda a una vecina a tratar de detener una aspiradora robótica fuera de control, la máquina golpea contra un árbol y provoca la caída de una ardilla que tiene ahí su madriguera, a la que termina aspirando por accidente. De corazón noble, como corresponde a una chica Disney, Flora se lleva al animalito a su casa para ayudarlo a recuperarse, marcando el comienzo de su amistad. Dadas las circunstancias emotivas de la niña, es inevitable que el roedor (bautizado Ulises en honor a la marca de aspiradora loca) acabe ocupando el lugar del objeto transicional que la ayuda a sobrellevar el dolor de la separación de sus padres. Aunque nada de esto es abordado en profundidad, las marcas son claras.

Como si se tratara de un reflejo de su propia situación, Flora convierte el trauma de la ardilla con la aspiradora en el punto de inflexión del camino del héroe: ese momento en el que un ser común recibe un poder a partir de una circunstancia también traumática. Porque al convertir a su ardilla en superhéroe es ella misma la que se vigoriza, reuniendo las fuerzas que le permitirán encarar la deseo de volver a reunir a sus padres. Que ese poder provenga de la tecnología doméstica resulta oportuno: lo que pasa en la casa, se soluciona en la casa. A pesar de dichos elementos que enriquecen el análisis, Flora y Ulises reduce todo eso a meras convenciones narrativas, poniendo en escena (una vez más) la fantasía de la familia blanca y perfecta. En ese punto la película atrasa bastante.  

Artícuo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - "Manifiesto", de Alejandro Rath: La Historia como un sueño

A mediados de 2019 los actores Iván Moschner y Pompeyo Audivert viajan a una ciudad costera. Van a filmar una película en la que interpretarán los roles de André Breton y León Trotsky. Las primeras imágenes los muestran comiendo solos en una casa de diseño racionalista en medio de un bosque. Aunque los que comen son Moschner y Audivert, cuando hablan lo hacen como Breton y Trotsky: igual que en una sesión de espiritismo, los actores se convierten en médiums capaces de ser habitados por más de un espíritu de forma simultánea. En términos cinematográficos, el efecto es similar al que se produce al montar dos imágenes distintas, fundiendo una sobre otra, alumbrando una nueva forma, al mismo tiempo familiar y extraña. 

Esa película es Manifiesto, de Alejandro Rath, y está basada de forma libérrima en el encuentro histórico que el padre del surrealismo y el revolucionario ruso tuvieron en 1938, en México, en el cual redactaron juntos su Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente. Si hay algo manifiesto en el film de Rath es su intención de traducir aquel texto en imágenes, valiéndose de cuanta herramienta el lenguaje cinematográfico pone a su servicio. En ese sentido, la película se propone evitar por todos los medios encajar en las formas preestablecidas del cine, tratando de descubrir una forma que sea a la vez única y propia. 

Manifiesto no es ni ficción ni documental pero, igual que los dos actores, también es las dos cosas. Para conseguir esa simbiosis, Rath intenta tomar al pie de la letra lo expresado en aquel texto libertario (palabra que debe ser leída según su significado original, vinculado a los movimientos anarquistas, y no como la equívoca expresión utilizada por el neoliberalismo más extremo). Es decir: abordar el acto creativo con libertad absoluta, evitando el yugo de las formas rígidas, incluso de aquellas que pudieran surgir del propio guión, piedra fundamental de la labor cinematográfica. Sobre el final, un texto informa que la escritura de la película atravesó todo el proceso, haciendo que rodaje y montaje también se solapen, de tal forma que, como en la paradoja del huevo y la gallina, se vuelva difícil “saber dónde empezó qué cosa”. 

Es imposible no reconocer en ese mecanismo juguetón a aquellos otros, los utilizados por los artistas que le dieron forma al surrealismo, movimiento de vanguardia que tuvo en Breton a uno de sus artífices. Porque de algún modo Manifiesto no es otra cosa que un cadáver exquisito habitado por no pocos hallazgos. Pero la película también está cargada de la tradicional solemnidad trotskista, que a veces termina neutralizando a aquel espíritu lúdico, haciendo que el solapamiento entre ambas cosas se desencaje y deje al descubierto las costuras del cadáver.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - El fin de la cuarentena: Las salas reabren después de un año de cierre obligado

A través del Boletín Oficial y tras más de once meses de telones cerrados, la Jefatura de Gabinete nacional habilitó este jueves la reapertura de las salas de cine en la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Con la noticia aún fresca, las empresas exhibidoras pusieron en movimiento sus estructuras con el fin de tener abiertos sus complejos multisala ya a partir de este fin de semana. La decisión implica en primer lugar la puesta a punto del equipo encargado de hacer cumplir los protocolos de seguridad aprobados. Pero también el armado de una programación en tiempo record, ya que ayer mismo se especulaba con que la fecha de reapertura sería recién el próximo jueves 4 de marzo y no durante el fin de semana.

Atentas a la expectativa de los fanáticos del cine, algunas de las compañías exhibidoras más importantes del país hicieron pública las listas con los títulos que podrán verse en las funciones programadas para estos días. La cadena Showcase Cinemas anunció que tiene todo preparado para abrir sus salas este mismo sábado y ya dio a conocer las películas que ocuparán las pantallas de sus complejos. Entre ellas se cuentan The Empty Man, película que combina el policial con el terror; Las brujas, lo nuevo de Robert Zemeckis con Anne Hathaway y Octavia Spencer; la superproducción rusa de ciencia ficción Invasión: El fin de los tiempos; la película china de cine catástrofe Avalancha: Desastre en la montaña y el film de terror español Malasaña 32. El programa se completa con tres películas infantiles: la nueva de Scooby-Doo, Como perros y gatos 3 y Zapato Rojos y los 7 enanos.

Por su parte, las cadenas Hoyts y Cinemark anunciaron que reabrirán sus complejos el miércoles 3 de marzo y también publicaron la programación que estará disponible a partir de entonces. La lista incluye las mencionadas Scooby, Como perros y gatos 3, Las Brujas, Malasaña 32 y Avalancha, a las que se suma 10 cosas que hacer antes de dejarte, protagonizada por la actriz Christina Ricci. Además los fanáticos del animé podrán disfrutar de títulos como Love Sunshine, Akira y Eureka. Ambas compañías avisaron también que en el transcurso de la semana que viene anunciarán los estrenos que podrán verse a partir del jueves 4.

A diferencia de estas últimas, Showcase ya anunció que ese día se estrenarán tres películas en sus salas. Serán la animada Trolls 2 World Tour; la película de aventuras y ciencia ficción Monster Hunter: La cacería comienza, dirigida por Paul W.S. Anderson y protagonizada por Milla Jovovich y Ron Pearlman; y Tenet, la última y esperada película del británico Christopher Nolan con John David Whashington, Robert Pattinson, Kenneth Branagh, Elizabeth Debicki y Michael Caine.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

jueves, 25 de febrero de 2021

CINE - "Corazón borrado" (Boy Erased), de Joel Edgerton: Cómo curar a los que están sanos

“Nuestra familia es muy normal”, le dice la madre a Jared cuando este le pregunta si entre los parientes cercanos hay alcohólicos, apostadores, adictos, consumidores de porno o enfermos mentales. Y homosexuales. Esa familia normal (y cristiana) es la que envió al chico, que transita el final de su adolescencia, a un campamento juvenil en el que prometen “curar” su deseo por otros hombres. Es ahí donde le pidieron como tarea que dibuje en un afiche su árbol genealógico, consignando en él todos los pecados morales cometidos por sus familiares más próximos. Pero la respuesta de la madre es tajante y con apenas esas cinco palabras deja a su hijo solo con su deseo, abandonado en el lado monstruoso del mundo.

Basada en el libro de memorias de Garrard Conley, Corazón borrado narra la experiencia de ser homosexual en el centro de los Estados Unidos blancos y cristianos, en cuyo seno es habitual tratar el asunto como una enfermedad que puede y exige ser curada. Pero tampoco es cuestión de señalar con el dedo y mirar para otro lado: los debates en torno a las leyes de género expusieron en la Argentina la existencia de un pensamiento afín. 

En ese campamento de la vergüenza, Jared recibe entre rezos y plegarias valiosas enseñanzas para dejar de ser gay: pararse como un hombre, no cruzar las piernas al sentarse, interpretar un papel. Dirigido por el actor australiano Joel Edgerton, el film combina aciertos con excesos, siempre amparado tras el escudo moral de las buenas intenciones. Sin embargo hay una escena en la que, con una simple decisión de cámara, el director no solo consigue exponer el punto de vista de la película con mucha más potencia que en otras, en las que todo es dicho de forma obvia. También demuestra que Edgerton es capaz de manejar con elegancia e inteligencia los recursos cinematográficos. 

En ella, como si se tratara de un tribunal, los padres junto a un pastor y a otro miembro destacado de la comunidad (que también tiene un hijo “con problemas”), le preguntan a Jared si quiere cambiar y si está dispuesto a sacrificarse para conseguirlo. Tras un momento tenso, en el que los tres hombres no le sacan los ojos de encima al “acusado” mientras la madre esconde la mirada, Jared expresa con firmeza su deseo de dejar de ser quién es. Entonces todos se toman de la mano para orar por ese joven que “se alejó del camino”. En ese momento la película cambia su punto de vista. La cámara sale de la habitación y registra todo desde afuera, a través de la ventana, mientras con un travelling muy suave también se aleja. Con ese gesto sencillo Edgerton confirma que Jared no puede estar más solo, pero además se niega a ser parte del ritual de humillación, tomando distancia. En decisiones como esa, que constituyen una declaración política en la que se combinan ética y estética, está el auténtico valor de Corazón borrado. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.