jueves, 8 de agosto de 2013

CINE - "El conjuro" (The conjuring), de James Wan: Viejo no es lo mismo que clásico

El cine de terror es ante todo convencional: no hay género que como este dependa casi por completo de un conjunto de códigos, leyes y hasta de lugares comunes. Las grandes películas de terror suelen ser por lo general aquellas que consiguen subvertir esas reglas de un modo sutil y encontrar el resquicio entre ellas para generar algo nuevo. O, para ser más precisos, por causar una revolución en el sentido más estricto de la palabra. El conjuro insinúa, coquetea, amaga con intentar dar ese salto, pero al final termina revolviendo el cajón de las ideas viejas, las convenciones y las fórmulas probadas ya mil veces, sin preocuparse por darles una lavada de cara mínima para que parezcan, sino nuevas, al menos otra cosa.
Así y todo la película no empieza tan mal, porque el guión y el director James Wan (que este año también estrena la segunda parte de Insidious, acá llamada La Noche del ,Demonio: Capítulo 2), tienen la buena idea de ambientar su historia en los años 70, década que dio algunas de las mejores películas de terror puro. Clásicos como El exorcista de William Friedkin, o Al final de la escalera (también conocida como El intermediario del diablo, estrenada en realidad en 1980), de Peter Medak, a las que El conjuro les debe, como se verá, más que la simple inspiración. Se trata de la historia de los Warren, un matrimonio de investigadores paranormales formado por Ed y Lorraine (siempre eficientes Patrick Wilson y Vera Farmiga), que deciden ayudar a la familia Perron, tan numerosa como la familia Brady, que acaban de mudarse a un enrome caserón suburbano en busca de paz y comodidad. Pero, claro, la casa ya tiene inquilinos de esos que no se dejan ver, pero a quienes las conocidas limitaciones de lo incorpóreo no impiden andar haciéndole maldades horribles a la gente. 
La primera mitad de la película está filmada con una estética vintage que consigue recrear con eficacia el estilo cinematográfico de los 70, ya sea desde el tratamiento del color, el tipo de travellings, y las puestas de cámara elegidas para componer los cuadros. Todo el trabajo de arte, vestuario y maquillaje acentúa esos aciertos: Wilson y Farmiga, más Lili Taylor y Rod Livingston, lucen como actores de aquella época y esos detalles encantarán a los amantes del género más atentos. Pero la segunda mitad se encarga de ir volviendo de a poco a la estética más efectista que el género empezó a practicar en los 90, apostando más al susto repentino que a la creación de atmósferas abominables u opresivas que busquen crearar la genuina sensación del miedo. Wan acaba apostando a lo más fácil. Por supuesto habrá una escena con una pelota para “homenajear” al film de Medak, y el final reincidirá en un exorcismo tan convencional que hasta el maquillaje, los efectos y las ideas parecen no haber evolucionado nada en los 40 años que pasaron desde el estreno del clásico de Friedkin. Para empeorar las cosas, El conjuro se estrena el mismo año que la verdaderamente revolucionaria La cabaña del bosque, fatalidad que deja sus convenciones mucho más expuestas y hace aún más evidente lo previsible de su relato.  

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura y Espectáculos de Página/12.

lunes, 5 de agosto de 2013

MUSICA - Karma en vivo en Santiago de Chile, 1994: Volver, pero con la frente alta.

No siempre el pasado fue mejor, ni tampoco todo merece ser recordado, pero hay cosas que se extrañan. 
La nostalgia es así: única, propia, intransferible. Muchos de ustedes verán esto y no podrán enteneder de qué estoy hablando, pero yo veo este video por primera vez en 20 años y digo: la puta madre, qué bueno era estar ahí, con cuatro amigos. Ser ese, ser esos.
Frente a esas imágenes imperfectas, que son el fantasma que abre las puertas selladas de una memoria abandonada, miro y siento lo mismo, las ganas de sacarlo todo afuera, de quedar desnudo, en carne viva, con esos gritos que para otros tal vez sean de furia, o de odio, o de rabia, pero que eran otra cosa, mucho más simple y tanto más noble. Apenas felicidad y ganas de estar vivo. 
Si después de 20 años alguien cantara volver, sería mejor que lo hiciera con la frente en alto y no marchita.

jueves, 1 de agosto de 2013

LIBROS - "Clases de Literatura, Berkeley, 1980", de Julio Cortázar: Periodista, un oficio sin nombres

“Tras la reciente publicación de la correspondencia cortazariana en cinco apretados volúmenes, un periodista argentino comentó que parece verdad que una editorial tiene su fantasma encerrado en un sótano en algún lugar entre Buenos Aires y París ‘escribiendo hasta que la eternidad quepa en un instante’”. Con estas palabras comienza el prólogo de Julio Cortázar, Clases de Literatura, Berkeley, 1980, otro volumen póstumo que acaba de publicarse y que a partir de ahora integra las obras completas de quien es uno de los más destacados escritores de la historia de la literatura argentina. Uno de los más notables cuentistas que dio esta tierra pródiga en ellos: sólo hay Borges más allá de Julio Cortázar.
Habiendo revelado la parcialidad que me liga a Cortázar y a su obra, entenderán la alegría que representa para mí ser ese “periodista argentino”, el responsable de abrir uno de sus libros desde ahora y para siempre, aunque se trate de uno que tal vez nunca habría sido publicado si de él hubiera dependido. Y también comprenderán la gratitud que me liga al responsable de haberme impuesto tan formidable compromiso. Me alegro y lo agradezco, a pesar de que la cita no es del todo completa y de que mi nombre haya sido relegado tras las máscaras de mi oficio y nacionalidad, privándome del orgullo de verlo impreso en la primera página de un libro de mi admirado Cortázar. 
Se me ocurre que esta omisión no es una anomalía ni una contingencia, sino producto de la forma en que habitualmente se considera a quienes ejercemos ese oficio: buena compañía cuando se necesita difusión; figura trivial a la hora de citar correctamente en las páginas de un libro cualquiera (aunque este no sea para mí cualquier libro) nuestro nombre y el del medio para el cual escribimos. Ciudadanos de segunda en la comunidad de la cultura, temo sin embargo que esto no hubiera sucedido si el periodista en cuestión escribiera en El País de España y no en Tiempo Argentino. De cualquier manera, nada me quita la alegría de saber que son mis anónimas palabras y no otras las que inauguran estas Clases de Literatura de Cortázar. Menos mal, pienso: voy a poder seguir yendo al supermercado sin preocuparme por la incomodidad que me produciría que las personas se dieran vuelta al verme pasar, codeándose entre sí mientras comentan en voz baja: “Mirá, ese es el periodista argentino del prólogo de Cortázar”.
Incluso se me ocurre que el anonimato, como le gustaba pensar a Borges, es el mejor destino al que cualquier autor puede aspirar. Gracias también por eso, por regalarme un paraíso borgeano que nunca hubiera elegido habitar por voluntad propia. Vaya entonces mi gratitud para quien creyó que ese mínimo juego de ingenio con el que comienza el artículo acerca de aquellos “cinco apretados volúmenes” de Cartas, era la mejor de las opciones para dar la bienvenida a un nuevo libro de Cortázar. No puedo imaginar mejor suerte para un puñado de palabras escritas por un periodista argentino.

Haciéndo CLICK ACÁ pueden leer completo el artículo citado en la primera frase del prólogo al libro Clases de Literatura, Berkeley, 1980, de Juilo Cortázar

CINE - "RED 2", de Dean Parisot: Jubilados divertidos, acción y muy poco más

La de poner a actores que ya han entrando en distintas etapas de la vejez a jugar papeles de acción para demostrar que en realidad viejos son los trapos es una costumbre más o menos reciente. Quizá el antecedente más destacado sea el de Clint Eastwood, quien en los ’90, junto a Donald Sutherland, James Garner y Tommy Lee Jones, hizo de astronauta jubilado en Jinetes del espacio, aunque ésa no era estrictamente una película de acción. Hoy las grandes estrellas del género en los ’80, con Stallone, Bruce Willis y Schwarzenegger a la cabeza, se dedican a sacarle lustre al nuevo physique du rol en buenas películas como Los Indestructibles, 16 calles o El último desafío, donde se permiten interpretar a héroes que, como ellos, están en edad de merecer... una jubilación digna. La saga RED, basada en una historieta de DC Comics, es el ejemplo más reciente de esta tendencia.
 La historia no difiere mucho de la primera película, estrenada en 2010. Un grupo de ex espías que vivieron su momento de gloria durante la Guerra Fría son obligados a volver al oficio a causa de viejos trabajos inconclusos que, en un contexto geopolítico radicalmente distinto, los convierte a ellos mismos en cabos sueltos que agentes más jóvenes deben anudar. El acrónimo RED corresponde a “Retirados Extremadamente Peligrosos”, según su sigla en inglés. Con un gran elenco de actores entrados en años, como los británicos Helen Mirren, Anthony Hopkins y Brian Cox, más John Malkovich y el infalible Willis, RED 2 cumple una de sus promesas: ofrecer una sucesión de escenas en las que esta banda de notables despacha a gusto algunos diálogos ingeniosos, que sobre todo se dedican a rizar el rizo de lo infrecuente de ver a los personajes realizar acciones que poco tienen que ver con su edad cronológica ni con las carreras de muchos de los protagonistas como actores dramáticos. El caso más evidente es el de Helen Mirren, deslumbrante en su nuevo rol de heroína.
La película apuesta a exagerar los anacronismos en pos de obtener mayor rédito dramático de cada situación. Así y todo, no alcanza para que aquella afirmación que hace el personaje de Willis acerca de que ya no se trata ni de bandos ni de reglas, sino de buenos y malos, no suene infantil y fatalmente reduccionista. Detalle que debe pasarse por alto porque claramente sólo se trata de entretenimiento, de un juego de ingenio que superpone dos maneras diferentes de pensar el mundo en un mismo plano de acción, permitiéndoles interactuar para ver qué pasa. Más allá del gusto de ver cómo Mirren o Malkovich son capaces de auténticos malabarismos actorales, o de reunir por primera vez en pantalla a los dos actores que interpretaron a Hannibal Lecter (Hopkins en la serie de El silencio de los inocentes; Cox en Manhunter de Michael Mann), RED 2 encadena una serie demasiado extensa de situaciones que hace saltar el relato desde los Estados Unidos para pasearse por toda Europa, reduciendo la película a una cadena de sketchs generalmente efectivos, pero volviendo un poco engorrosa la tarea de seguir una trama que tal vez a nadie le importe demasiado.

 Artículo publicado originalmente en la sección Cultura y Espectáculos de Página/12.

miércoles, 31 de julio de 2013

CINE - Entrevista con Pablo Rodríguez Jáuregui: Animar nuevos espacios

Foto: Serena Cinelli García

Parece una cuestión de modas. Con el público enfervorizado con el estreno de Metegol, el nuevo trabajo del ganador del Oscar Juan José Campanella (el primero que realiza en dibujos animados) que en sus primeros 10 días de exhibición superó el millón de espectadores y se candidatea a ser la película del año, la animación parece ser el tema del que todo el mundo habla. Aunque da la impresión de que Metegol marcará un hito en la historia del género en el país, tal vez no sea este el trabajo más importante que se ha hecho al respecto. Hay una tradición de muchos años en cine animado en la Argentina, desde los viejos cortos de Patoruzú, exitoso personaje que Dante Quinterno animó a principios de los años 40, y la galería de creaciones del legendario García Ferré, al trabajo casi misionero que el gran Caloi realizó en la difusión de este arte desde su clásico programa de televisión, Caloi en su tinta. Justamente en ese programa colaboró durante años el animador y docente rosarino Pablo Rodríguez Jáuregui, quien hoy es uno de los referentes a la hora de hablar de la docencia, la difusión y la creación de dibujos animados en la Argentina.
Ganador de un premio Konex en el área del Video Arte, y de importantes premios en festivales de cine de todo el mundo, Rodríguez Jáuregui es una de las figuras más destacadas del panorama cultural y artístico de su ciudad, Rosario. Uno de sus grandes logros es la fundación de la Cooperativa Animadores de Rosario, entidad que nuclea a los artistas dedicados a trabajar contenidos audiovisuales desde la animación. Desde ahí creo en el año 2006 la Escuela para Animadores de Rosario, centro de estudios dedicado a la formación de artistas y comunicadores que buscan incorporar este oficio entre sus herramientas de trabajo. Pero también a iniciar a chicos y adolescentes en los primeros rudimentos de esta disciplina que Rodríguez Jáuregui considera fundamental en los tiempos que corren. Este emprendimiento depende del Centro Audiovisual de la Municipalidad de Rosario, ente que también se encarga de organizar y llevar adelante el prestigioso Festival Latinoamericano de Video de Rosario y el Festival Internacional de Cortometrajes para Niños Ojo al Piojo. 
“Nuestra escuela para animadores comenzó con un curso anual para adultos, pero enseguida surgió como una necesidad planteada por la gente del Centro Audiovisual, la idea de abrir un espacio para chicos”, dice Rodríguez Jáuregui. Y también destaca la importancia de sostener y ampliar un proyecto educativo y de formación: “A lo largo de estos 8 años fuimos recopilando una cantidad de material didáctico que luego es puesto en función de otros emprendimientos, como los encuentros de escuelas de animación de todo el país que hacemos cada dos años, un proyecto dirigido a los talleres de escuelas públicas que trabajan con cine y animación, en donde compartimos nuestra experiencia didáctica con colegas de otras escuelas, tratando de hacer una experiencia pedagógica diversa de las carreras que se dictan en Buenos Aires.” Una manera federal de pensar los espacios creativos. 

-El estreno de Metegol ha puesto en vidriera el oficio del animador. ¿Qué importancia tiene hoy la animación como herramienta comunicacional?
-La animación es una herramienta muy potente, a partir de la cual se pueden generar un montón de proyectos, pero a la que inmediatamente se asocia con su aplicación industrial, con su uso para crear productos para la televisión y la publicidad. Esa asociación con la industria presupone que para hacer animación es necesario montar una productora o un estudio, o tener una estructura de producción fabril. Nosotros en cambio fundamos una escuela de oficio para aprender a hacer dibujos animados en una ciudad en donde no hay estudios ni productoras de dibujos animados. Por eso definimos el perfil de la escuela como una experiencia que se puede enmarcar dentro de lo que es la educación por el arte. 
-¿Qué tipo de personas se busca captar con los cursos que se dictan en la escuela?
-La participación de la gente común en el mundo del arte, el dibujo o la animación, suele limitarse a consumir los trabajos que produce una elite muy especializada que supuestamente posee un talento especial. Tratamos de no naturalizar el hecho de que el 99,9 por ciento de la población solamente consume mensajes audiovisuales y sólo un 0,1 por ciento los produce. En nuestro caso lo que intentamos es que los chicos o los adultos que ingresan a los cursos se pasen a la vereda del realizador, de ser consumidores a convertirse en emisores de mensajes. Y que siempre se produce con un direccionamiento y una intención. 
-Por la importancia que tiene hoy la comunicación audiovisual en la vida cotidiana, ¿creés que la instrucción en este tipo de lenguajes debería ser parte de la alfabetización básica?
-Este panorama sería muy distinto si todo el mundo pudiera dar por sentado desde la escuela que hacerse entender por medios gráficos es tan indispensable como saber leer, escribir o sacar cuentas. No está bueno que venga un adulto y te diga que no sabe, no puede o no sirve para dibujar. Tratamos de correr ese límite. Por suerte, aunque no está formalizado, todo el mundo llega a los cursos con un conocimiento intuitivo del lenguaje audiovisual. Aunque no sepan cómo llamar a los planos ni de qué se trata el montaje académico, si agarran un celular o cualquier cosa que grabe imágenes, tienen un criterio para encuadrar, para cortar o mover la cámara. Lo que hacemos nosotros es sembrar la inquietud de que uno se puede hacer entender con los rudimentos del lenguaje, como quien manda un mensaje de texto sin artículos ni signos de puntuación, o puede tener las herramientas del lenguaje audiovisual bajo control, para poder expresarse con mayor precisión
-¿Cuál es el escenario con el que se encuentran los egresados de los cursos?
-Por un lado este es un momento súper jugoso en relación a todo lo que tiene que ver con la posibilidad de producir piezas audiovisuales. Pero por el lado de los medios masivos ocurre lo contrario: todo está más concentrado, cada vez más unificado el discurso, más terrible lo que se ve en la televisión. En los noticieros, las ficciones, los programas de opinión política todo está llevado a un grado de grotesco muy duro, lo contrario de lo que buscamos acá. Nuestro objetivo es la diversidad de voces, en donde el pibe que viene de una formación universitaria y el padre lo trae en auto tiene un discurso por distinto del que sólo tiene el secundario, que viene en bicicleta desde un barrio y se acercó porque le gustan los dibujos animados. Son distintos recortes de la realidad y a nosotros nos gusta que esa diversidad aparezca. Es lo opuesto a meterse en el mundo de la televisión, cuyo objetivo es que todo vaya para el mismo lado.
-En este marco cultural, ¿qué importancia tiene formar artistas o comunicadores que puedan producir trabajos con una mirada local? 
-Creo que el día que se llegue a implementar la Ley de Medios va a ser muy importante que haya gente capacitada para realizar productos audiovisuales. En este momento sólo están las intenciones y para que se cumpla debería abrirse el abanico de los medios de un modo brutal. Hoy estamos todavía en la previa de la previa de la previa, pero el día que se implemente debería haber trabajo para mucha gente. Nosotros desde la escuela hacemos un programa, Cabeza de ratón, un dibujo animado para chicos que emite por canal 5 los sábados a las 16. Para meternos en la televisión de aire tuvimos que trabajar sobre formatos similares a los que ya existen: pensá que nosotros hacemos Cabeza de ratón con dos pesos con 50 y pegado van Los Simpsons. Pero en el momento que aparezcan otros canales que no sean los privados y comerciales, va a nacer otra forma de comunicar, sin la obligación de parecerse a otra cosa. Ahora estamos llenos de contradicciones hasta el techo, pero lo tomamos como un entrenamiento para cuando estén dadas las condiciones para que lo que ahora realizamos a pequeña escala se pueda hacer público, y en lugar de que sólo 4 señales se impongan en todo el país, haya 150. Hace falta un cambio de cabeza que nos ponga a laburar desde una manera diferente de pensar la comunicación.  

La serie Cabeza de ratón, creada por la Escuela para Animadores de Rosario y que ya lleva cuatro temporadas al aire en la televisión abierta de esa ciudad, puede seguirse a través del blog de la serie, www.cabezaraton.com.ar.

Artículo publicado originalmente en la sección Cultura de Tiempo Argentino.