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jueves, 3 de junio de 2021

CINE - "Un amor memorable" (Supernova), de Harry Macqueen: El placer de llorar un rato

“Ya no soy la persona de la que se enamoró. Solo tengo el mismo aspecto”, le dice Tusker a su cuñada en un intento por ilustrar el momento difícil que atraviesan con su pareja. Desde el sofá, el espectador puede preguntarse: “¿y quién no?”. Incluso se podría citar a Heráclito y su célebre afirmación según la cual ningún hombre se baña dos veces en el mismo río, o impostar la inconfundible voz de la Negra para recordar que “cambia, todo cambia”. Sin embargo, el caso de Tusker es sensiblemente distinto. No se trata de esos cambios progresivos que el paso del tiempo va acumulando en forma de arrugas sobre la piel o de imprevistas variaciones en el carácter. Tusker está enfermo y pronto no estará en condiciones de reconocer su propia imagen en un espejo y mucho menos la de Sam, su pareja. Sí: Un amor memorable es otro drama que toma como eje algún tipo de demencia senil, que a esta altura es todo un género en sí mismo.

Pero a diferencia de otras de su tipo –como por ejemplo El padre (Florian Zeller, 2020), por la que Anthony Hopkins acaba de ganar su segundo Oscar como Mejor Actor—, Un amor memorable prescinde de golpes de efecto. Acá la enfermedad no aparece de forma sorpresiva para arruinar un amor idílico; tampoco hay un deterioro súbito que convierte al protagonista en un remedo de sí mismo a la vista del público; ni mucho menos una de esas actuaciones orladas con los tics de la enajenación que normalmente conducen a (¡oh, oh…!) ganar un Oscar. En esta película todo ese morbo queda fuera de campo gracias a un recorte que toma al relato después del diagnóstico y antes de que la enfermedad llegue a manifestarse en toda su amarga expresión.

Por el contrario, este segundo trabajo como director del actor británico Harry Macqueen es sobrio, preciso y, sobre todo, emotivo por su fondo y no por su forma. Y en eso tienen mucho que ver los trabajos modestamente soberbios de la pareja protagónica, Colin Firth y Stanley Tucci. Ambos son capaces de llevar a sus personajes de paseo por un amplio arco emocional con genuina sensibilidad y sin hacer sonar las alarmas del exceso. Un amor memorable es, ante todo, una película que se sostiene en el oficio de sus actores para transitar con simplicidad por esos paisajes anímicos, sin convertirse nunca ni en caricaturas ni en marionetas. Por supuesto que la película no puede evitar ser atravesada por el espíritu de la tragedia, pero Macqueen se encarga de mantener un tono siempre moderado, sin montar un show alrededor del sufrimiento y el dolor.

Tusker y Sam deciden encarar esta etapa de sus vidas haciendo un viaje en casa rodante. Uno que los llevará por distintos lugares de la Gran Bretaña profunda que se han convertido en hitos del vínculo que los une. La apropiación del molde de la road movie no es gratuita. En las escenas iniciales ese recorrido parece funcionar como negación, como un intento desesperado de la pareja por detener el tiempo y encapsular la felicidad en un presente continuo. Pero de a poco se irá transformando en un viaje de ida hacia la aceptación de la pérdida. Un camino que representa cosas distintas para cada protagonista, aunque en ambos casos se trata de transitar un duelo. El de la pérdida de sí mismo en el caso de Tusker; la del amor de su vida en el de Sam. 

Pero hay otro elemento que se destaca en la forma en que Macqueen expone la historia que eligió contar. Porque aunque los protagonistas son dos hombres, el relato nunca pone el acento en ese detalle. Incluso se los podría reemplazar por personas de cualquier género y nada cambiaría en términos dramáticos. En Un amor memorable el amor gay ya no necesita volver a decir su nombre, sino que se lo da por bien conocido con saludable naturalidad. Un gesto de gran peso simbólico, pero realizado sin llamar la atención, sin que se note el enorme y delicado trabajo que implica.

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Pägina/12.

lunes, 26 de abril de 2021

CINE - Oscar 2021, 93° ceremonia de entrega: Premios que llegan después de la muerte

Este año las candidaturas a los Oscar incluyen un hecho infrecuente: la elección de un actor fallecido en los rubros dramáticos. Se trata de Chadwick Boseman, a quien el reconocimiento póstumo le llegó por su rol en La madre del blues, de George C. Wolfe. Ahí compone un trompetista díscolo que integra la banda de Ma Rainey, pionera del blues. La decisión es tan excepcional, que solo fue merecida antes por otros seis actores, todos varones. El gesto suele combinar el reconocimiento genuino a la labor de los fallecidos, con la intención deliberada de generar un momento de alta tensión emotiva durante la ceremonia de entrega. ¿Pero quiénes son los actores que precedieron a Boseman en esta particular categoría? 

El más reciente, y tal vez por eso el más recordado, es el australiano Heath Ledger, fallecido en enero de 2008, quien un año más tarde no solo fue reconocido con una nominación, sino que además terminó recibiendo el Oscar gracias a su magnética interpretación del Guasón en El caballero de la noche, de Christopher Nolan. Ledger había sido nominado apenas tres años antes como protagonista de la también recordada Secreto en la montaña, dirigida por el taiwanés Ang Lee. Pero Ledger no fue el único de este grupo, tristemente selecto, en llevarse el premio después de muerto.

El británico Peter Finch, que también murió un mes de enero pero de 1977, es recordado por la efectiva elegancia con que solía interpretar a los personajes que le encomendaban. Imposible olvidar sus trabajos en The Trials of Oscar Wilde, donde interpreta al gran escritor irlandés, o el protagónico de Dos amores en conflicto, por el que recibió su primera nominación en 1972. La segunda le llegó poco después de muerto, por el rol principal en la recordada Poder que mata, de Sidney Lumet, clásico del cine ambientado en el universo del periodismo. 

En 1985 otro inglés fue nominado en el rubro de Mejor Actor de Reparto tras su muerte. Se trata de Ralph Richarson, quien recibió su segunda candidatura en esta categoría por su trabajo en Gresystoke, la leyenda de Tarzán, donde interpreta al abuelo noble del hombre mono. Richarson había recibido la primera 35 años antes, por su labor en La heredera, de William Wyler.

La década de 1990 también tuvo su candidato póstumo. Se trata de Massimo Troisi, actor italiano que se volvió inmortal interpretando a Mario, un cartero al que el poeta Pablo Neruda le ayuda a escribir cartas románticas para seducir al amor de su vida, en la emotiva El cartero, de Michael Radford. Por ese papel Troisi fue nominado en el rubro protagónico en 1995. Pero además recibió una segunda candidatura post mortem, ya que también fue uno de los responsables de adaptar El cartero de Neruda, novela del chileno Antonio Skármeta en la que se basa la película, cuyo libreto integró la categoría de Mejor Guión Adaptado. 

Spencer Tracy es una leyenda del Hollywood clásico, recibiendo nueve nominaciones en su carrera, todas como actor protagónico. Tracy ganó el premio dos años consecutivos: en 1938 por Capitanes intrépidos y en 1939 por Con los brazos abiertos, donde interpreta al cura Flanagan, uno de sus personajes icónicos. La última nominación llegó tras la muerte, en 1968, por ¿Sabes quién viene a cenar?, clásico del cine sobre la segregación racial en Estados Unidos, dirigido por Stanley Kramer.

Queda para el final el auténtico mito de los reconocimientos póstumos en Hollywood: James Dean. Muerto de forma trágica en un accidente de autos en 1955, a los 24 años, él es el único de esta lista en recibir dos nominaciones post mortem como actor protagónico. La primera fue en 1956 por Al este del paraíso y la segunda por Gigante, incluida entre los candidatos de 1957. Contrario a lo que podría pensarse, Dean no recibió nominaciones por su trabajo en Rebelde sin causa, el título por el que más se lo recuerda y que también fue estrenado tras su muerte.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - Oscar 2021, 93° ceremonia de entrega: Viejos son los trapos

“Viejos son los trapos”, reza un epigrama muy popular, habitualmente utilizado para ilustrar que nunca se es demasiado grande para proponerse objetivos y hasta para alcanzar aquellas metas a las que el paso del tiempo parece volver imposibles. Y si no hay que preguntarle a Sir Anthony Hopkins, que con su nominación a Mejor Actor Protagónico por su papel en El padre no solo recibía su sexta postulación, sino que, si de ganar esta noche se convertiría en el actor más viejo en alzarse con un Oscar en cualquiera de las cuatro categorías dedicadas a la actuación, proeza que finalmente consiguió. Nada mal para un viejito de con 83 años y 115 días.

De esta manera, Hopkins desplazó por mucho a Henry Fonda, quién desde 1981 ostentaba el título del actor más viejo en ganar una estatuilla como actor protagónico, con 76 años y 317 días, por su trabajo en La laguna dorada. Pero además superaró al canadiense Christopher Plummer, que en 2011 ganó como Mejor Actor de Reparto por su trabajo en Beginners, así se siente el amor, cuando tenía 82 años y 75 días, que hasta ayer lo convertían en el actor más viejo sin distinción de género en recibir un Oscar. 

Curiosamente, ese año Plummer competía contra el sueco Max von Sydow, quien era siete meses mayor que y estaba nominado por el film Tan fuerte y tan cerca. Von Sydow ostentó el record del nominado más longevo durante algunos años, hasta que fue superado por Rober Duvall, quien con 84 años y 10 días fue nominado en 2014 por su papel en El juez. Hasta que en 2018 el propio Plummer volvió a romper todos los calendarios. Fue gracias a su nominación como actor de reparto por su papel del millonario Paul Getty en Todo el dinero del mundo. Cuando se anunció su candidatura, el actor nacido en Toronto tenía 88 años y 41 días. 

Entre las mujeres también hay señoras con muchas pilas. Jessica Tandy es quien recibió el premio a Mejor Actriz con mayor edad. Fue en 1989 por su recordada performance en Conduciendo a Miss Daisy: tenía 80 años y 292 días. Por su parte, a la francesa Emmanuelle Riva le corresponde ser la mayor entre las nominadas en esa misma categoría. Lo consiguió en 2012 gracias a su papel en el drama Amour, de Michael Haneke. Le faltaba un poco más de un mes para cumplir 86 años. Un dato: en esa película Riva interpretaba a una mujer con Alzheimer, la misma enfermedad que padece el personaje de Hopkins en El padre

En el apartado Mejor Actriz de Reparto las recordwoman son Peggy Ashcroft y Gloria Stewart. La primera se llevó su Oscar en 1984 por su trabajo en Pasaje a la India, cuando tenía 77 años y 93 días. La segunda debió conformarse con su nominación de 1997 por interpretar a la viejita inolvidable de Titanic: por entonces tenía apenas 87 años y 221 días.  

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - Oscar 2021, 93° ceremonia de entrega: Hollywood ama a los directores extranjeros

A lo largo de las últimas diez ediciones de los Premios Oscar, solo un cineasta estadounidense fue premiado como Mejor Director. El extraño mérito le corresponde a Damien Chazelle por el premio recibido en 2017 por el musical La La Land. Chazelle, que por entonces tenía solo 32 años, se convirtió en el director más joven en ganar la categoría. Sin embargo, nada oculta el hecho de que los cineastas extranjeros se han vuelto los favoritos de la Academia de Hollywood. Un dato que quedó confirmado con el premio que esta noche recibió la directora china Chloé Zaho, por su película Nomadland.

En la última década fueron premiados tres cineastas mexicanos, que se repartieron cinco estatuillas al Mejor Director. Alfonso Cuarón y Alejando González Iñárritu ganaron dos cada uno: el primero por Gravity (2014) y Roma (2019); el segundo por Birdman (2015) y El renacido (2016). La restante fue para Guillermo del Toro en 2018, por La forma del agua. A ellos se les suma el británico Tom Hooper, premiado en 2011 por El discurso del Rey; el francés Michel Hazanavicius, que dio el golpe en 2012 con su película muda El artista; el taiwanés Ang Lee, que ganó en 2013 por Una aventura extraordinaria. Y el surcoreano Bong Joon-ho, que el año pasado se alzó con su Oscar por Parasite. Zaho es la nueva incorporación de esta lista

Este año el quinteto de directores nominados incluía a tres nacidos fuera de los Estados Unidos y solo a dos naturales del país del norte. Una de las grandes intrigas de la noche pasaba por saber si la Academia confirmaría su preferencia por los extranjeros (lo hizo), o si finalmente le entregaría el premio de Mejor Director a uno de sus compatriotas. Que por cierto la tenían bien difícil, en vista de que la gran favorita de todo el mundo para quedarse con ese Oscar fue siempre la directora china, cuya película arrasó con cuanto reconocimiento le pusieron delante en la temporada de premios 2021.

Los otros dos extranjeros eran el danés Tomas Vinterberg y la británica Emerald Fennell, candidatos por sus películas Otra ronda y Hermosa venganza, respectivamente. El primero, que finalmente se llevó el Oscar a Mejor Película en Lengua Extranjera, contaba con el aval de un prestigio amasado sobre todo en festivales europeos y el protagónico de su compatriota, el siempre rendidor y popular Mads Mikkelsen. La segunda, con una película desafiante que aborda de manera extrema muchas de las preocupaciones que expresan los movimientos feministas en la actualidad. Hermosa venganza terminó llevándose uno de los premios a Mejor Guión.

David Fincher y Lee Isaac Chung fueron los dos estadounidenses nominados en este apartado y tienen un infrecuente punto en común que nada tiene que ver con lo cinematográfico: ambos son oriundos de la ciudad de Denver, en el estado de Colorado. Más allá de eso, sus trabajos no pueden ser más distintos. Fincher era además el único de los cinco candidatos nominado en ediciones anteriores. Sin embargo todo indicaba que este tampoco sería su año y solo restaba ver cuántas de las diez nominaciones que acumulaba su película Mank acababan convertidas en Oscar. Finalmente fueron solo dos, convirtiendo a Fincher y a Mank en los grandes derrotados de la noche. Incluso Minari, la película de Chung, parecía tener más posibilidades en la previa, al menos en algunas de las categorías principales. De hecho, la actriz surcoreana Youn Yuh-jung terminaó ganado la estatuilla correspondiente al rubro Mejor Actriz de Reparto. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE -Oscar 2021, 93° ceremonia de entrega: Anthony Hopkins, el actor más viejo en ganar un Oscar

El premio al Mejor Actor Protagónico, que la Academia del cine estadounidense acaba de entregar en la 93° ceremonia de los Oscar, excede por mucho el mero reconocimiento para Anthony Hopkins por su labor en el duro, intrincado y lacrimógeno drama El padre, dirigido por el francés Florian Zeller. Es también una ovación más que merecida para una verdadera leyenda viva, una de las pocas que le quedan al cine contemporáneo. Pero sobre todo parece un gesto auto celebratorio de la industria dedicada a fabricar sueños (y en este caso también pesadillas), el cine mismo aclamando a una de sus creaciones más dilectas. Porque así como es mucho lo que Hopkins le dio al cine, de ningún modo es menos de lo que este talentoso -y a veces un poco chanta- actor inglés de casi 84 años recibió del cine. Que entre otras cosas le habilitó la posibilidad de convertirse en el mito que es hoy.

Este segundo Oscar le llega a Hopkins a casi 30 años de haber recibido el primero, aquel que le entregaron en 1992 por el papel que le permitió pasar de ser un actor prestigioso a una verdadera estrella: Hannibal Lecter, el intimidante doctor caníbal de El silencio de los inocentes. Un triunfo que le deja el regalo adicional de convertirse en el actor más viejo en recibir uno de esos hombrecitos dorados, superando a Henry Fonda y a Christopher Plummer, quienes hasta ahora ostentaban ese record en los rubros de actor protagónico y de reparto, respectivamente.

En el medio hubo otras cuatro nominaciones, dos de ellas en la categoría de actor protagónico (Lo que queda del día, en 1994, y Nixon, en 1996) y otras dos como actor de reparto (por Amistad, en 1998, y Los dos papas, el año pasado). Estas seis películas representan una muestra poderosa de su trabajo, pero de ningún modo alcanzan a condensar la real magnitud de la obra de toda su vida como actor. Una trayectoria inabarcable, que en el territorio de la producción audiovisual ya acumula 61 años.

Hopkins debutó en el cine en 1967, cuando tenía 30 años, con un papel menor en una película menor: The White Bus, de Lindsey Anderson. Pero le bastó apenas un año para pasar a las grandes ligas: en 1968 fue coprotagonista de Peter O’Toole y Katherine Hepburn en El león de invierno, de Anthony Harvey. Ya en 1971 se hacía cargo de su primer protagónico en When Eight Bells Toll, donde interpreta a Philip Calvert, un agente secreto muy británico, copiando todo lo posible el ya por entonces muy exitoso modelo de James Bond. En los ‘70 trabajó a las órdenes de directores como Richard Lester, Robert Wise y Richard Attemborough en tres ocasiones. Y los ‘80 empezaron con uno de los roles protagónicos en la extraordinaria y exitosa El hombre elefante, segunda película de David Lynch. Y los ‘90 con Horas desesperadas, dirigida por el entonces casi olvidado Michael Cimino y coprotagonizada por un todavía joven y hermoso Mickey Rourke.

El Oscar por El silencio de los inocentes intensificó su vínculo con el cine, multiplicando sus incursiones en la pantalla grande. Aunque no siempre en proyectos a la altura: alcanza con recordar sus gruesas interpretaciones en las insoportables Leyendas de pasión (1994) o ¿Conoces a Joe Black? (1998), ambas convertidas en éxito de boleterías gracias a la participación de la todavía juvenil estrella Brad Pitt. Pero también tuvo trabajos memorables. Entre ellos se pueden mencionar La mansión Howard (James Ivory, 1992) o el Drácula de Coppola, donde interpreta al doctor Van Helsing, némesis del conde vampiro. Volvió a trabajar con Attemborough en Tierra de sombras (1993) y con Ivory en Picasso (1996), donde personifica al gran pintor malagueño.

Ya en el siglo XXI la cantidad de títulos en su filmografía se acelera, pero también se polariza la calidad de los proyectos en los que elige participar. Eso podría explicar por qué entre su cuarta y quinta nominación pasaron nada menos que 22 años. En el medio interpretó un par de veces más a Lecter, a Alfred Hitchock, al fundador de la cervecería Heineken y a Odín, padre de Thor, entre las varias decenas de personajes que compuso a lo largo de las últimas dos décadas. Sus trabajos como el papa emérito Joseph Ratzinger en Los dos papas y sobre todo su impresionante trabajo en El padre que le valió su segundo Oscar, permiten reencotrarse con una parte de lo mejor de la larga (y mítica) carrera del gran Anthony Hopkins. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - Oscar 2021, 93° Ceremonia de entrega: Frances McDormand, una tierna de piel dura

Es probable que la joven actriz Frances McDormand no tuviera ni idea del paso enorme que estaba a punto de dar cuando a comienzos de la década de 1980 aceptó protagonizar un policial bastante violento. Era la opera prima que habían escrito e iban a dirigir dos hermanos oriundos de Minneapolis, a quienes no conocía nadie. Claro que ella también era una perfecta desconocida: tenía menos de 25 años, su perfil natural no encajaba con los incómodos estándares de belleza de Hollywood y, sobre todo, era la primera vez que se ponía frente a una cámara de cine. 

Cuando la película se estrenó en 1984 con el título de Simplemente sangre fue un éxito, en la dimensión modesta en que pueden ser exitosas las películas independientes. Aun así, fue como si el mundo se pusiera patas para arriba. Aquellos directores ignotos de golpe se convirtieron en los promisorios hermanos Joel y Ethan Coen. Y aunque Frances seguía lejos de calzar en el molde de una estrella, empezó a ser mirada bien de cerca por los buscadores de talento, que es lo que a ella le sobraba. Hoy, 37 años después de aquel comienzo, McDormand acaba de ganar su tercer Oscar como Mejor Actriz Protagónica por su trabajo en Nomadland. 37 años después, Frances demuestra que le sigue sobrando talento.

Dueña de un perfil infrecuente que la aleja de los papeles glamorosos, McDormand construyó su carrera en base a interpretar a mujeres duras y obstinadas, que no le temen a apretar los dientes o a mostrarlos cuando hace falta. Pero siempre dueñas de una gran ternura que, sin embargo, se empecinan en ocultar. Todas las criaturas que integran su galería de personajes, incluida Fern, la solitaria trotamundos de Nomadland, habitan el mismo universo. Uno que es áspero y no muestra clemencia; en el que todos los días amanecen bajo una luz pesada y opaca que se mete por los ojos como una trompada; y en el que, como el título de una película de sus amigos los Coen, no hay lugar para los débiles. Y tanto Fern, como Mildred en 3 anuncios para un crimen (2017); igual que Marge, la policía de Fargo (1996); o Glory, la obrera metalúrgica de Tierra Fría (2005); o la señora Pell en Mississippi en llamas (1988); e incluso Ellaine, la madre sobreprotectora de Casi famosos (2000): todas viven en ese mundo en el que una mujer no puede descuidarse y debe velar por sí misma y por los suyos.

Su relación con los Coen fue larga y fructífera, participando de casi todas las películas que conforman la etapa inicial de su filmografía. Integró los elencos de Educando a Arizona (1987), De paseo a la muerte (1990), Barton Fink (1991) y Fargo. Tras recibir su primer Oscar por su rol protagónico en esta última, McDormand solo volvió a trabajar con los hermanos un par de veces más: en El hombre que nunca estuvo (2001) y en la comedia de 2008 Quémese después de leer. El quipo volvió a reunirse recientemente para una versión de Macbeth dirigida por Joel Coen, que actualmente se encuentra en post producción. En ella McDormand será, claro, Lady Macbeth, haciendo dupla con Denzel Washington, quien estará a cargo del shakespeareano príncipe escocés.

A partir de los ’90, empujada por su nominación como actriz de reparto por Mississippi en llamas en 1989 y, sobre todo, por el Oscar de Fargo, los servicios de McDormand comenzaron a ser requeridos por directores de renombre, pero también por jóvenes talentos. Trabajó para Ken Loach en Agenda oculta (1990) o para Robert Altman en la coral Ciudad de ángeles. Pero también para el ascendente Sam Raimi, en la oscuramente festiva La fiesta del crimen (1985) y Darkman, el hombre sin rostro (1990). En 2001 una nueva nominación como actriz de reparto, esta vez por Casi famosos, de Cameron Crowe, le da un renovado impulso a su carrera. Trabajó con Jack Nicholson y Diane Keaton en la exitosa Alguien tiene que ceder (2003), de Nancy Meyers y en 2005 llega la tercera nominación por un papel de reparto, por Tierra Fría, de Niki Caro. 

Fue parte el elenco de Amigos con dinero (2006), de Nicole Holfcener; trabajó para el italiano Paolo Sorrentino en Este es mi lugar (2011), y fue parte de blockbusters como Transformers: el lado oscuro de la luna (2011), de Michael Bay y de la animada Madagascar 3, donde le puso la voz a una artera agente francesa de sanidad animal. En 2012 comenzó su colaboración con Wes Anderson, participando de las películas Un reino bajo la luna e Isla de perros (2018), estirando la relación a una tercera película, The French Dispatch, de inminente estreno en la edición 2021 del Festival de Cannes. 

En 2017 McDormand volvió a alcanzar la gloria de los Oscar, llevándose una vez más el de actriz protagónica por su trabajo en Tres anuncios para un crimen, tercera película del británico Martin McDonagh. Su papel de madre abnegada que busca justicia para su hija asesinada se convirtió en todo un símbolo en tiempos de #MeToo y #NiUnaMenos. De eso a este tercer premio Oscar, una vez más por un rol central, hubo poco menos que un suspiro. Con su tercera estatuilla en la repisa, McDormand empieza a meterse en el territorio de lo mítico. Con ella alcanza e incluso supera (al menos en términos estadísticos) a una leyenda como Ingrid Bergman y a un mito viviente como Meryl Streep, que también acumulan tres Oscar cada una, aunque en ambos casos uno corresponde a la categoría de reparto, de trascendencia mucho menor. Además McDormand quedó a solo una estatuilla de Katherine Hepburn, verdadero ícono de la cultura estadounidense, que con cuatro triunfos en la máxima categoría es la intérprete más ganadora en la historia de los premios, sin distinción de sexo. Pero tranquilos, que a McDormand todavía le queda mucho talento por compartir. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - Oscar 2021, 93° ceremonia de entrega: Curiosidades y números en las categorías de actuación

Las cuatro categorías que reparten premios entre actores y actrices suelen ser las más esperadas en la ceremonia de los Oscar, las populares estatuillas que son marca registrada de la Academia del Cine estadounidense. Y es lógico: son las estrellas las que hacen brillar a Hollywood. Las nominaciones de 2021 esconden varias curiosidades.

De los 20 nominados de este año, 15 enfrentan a la posibilidad de ganar su primera estatuilla, pero solo cuatro han recibido nominaciones previas. El caso más extraordinario es el de Glenn Close, verdadera leyenda contemporánea, que sin embargo nunca recibió un Oscar a pesar de haber sido nominada en siete ocasiones. Tal vez la octava, por su labor de reparto en Hillbilly, una elegía rural, sea la vencida. En cambio, Carey Mulligan y Daniel Kaluuya van por su primera revancha. La británica, que fue nominada en 2010 por Una educación, hoy espera ser reconocida por su rol estelar en Hermosa Venganza. Por su lado, el afroamericano es uno de los favoritos a llevarse el premio de reparto por su trabajo en Judas y el Mesías negro, luego de la nominación que recibió en 2018 por su protagónico en ¡Huye! El caso del inglés Sacha Baron Cohen, que también aspira al Oscar de reparto por El juicio de los 7 de Chicago, es distinto. Su única nominación previa, en 2007, fue por su trabajo como guionista de la comedia Borat, rubro en el que este año vuelve a estar ternado justamente por la secuela de aquella película.

La lista de posibles ganadores de su primer Oscar se completa con los once debutantes. Entre los nominados por papeles protagónicos se encuentran el británico Riz Ahmed, por El sonido del metal; el fallecido Chadwick Boseman, por La madre del blues; y el surcoreano Steven Yeun por Minari. En la misma categoría, pero femenina, aparecen Andra Day, por Los Estados Unidos contra Billie Holiday y la inglesa Vanessa Kirby por Fragmentos de una mujer. El grupo se completa por las nominadas y nominados por roles de reparto: la búlgara María Bakalova por la secuela de Borat; Amanda Seyfried por Mank; la también surcoreana Youn Yuh-jung, por Minari; Leslie Odom Jr por Una noche en Miami; Paul Raci por El sonido del metal y Lakeith Stanfield por Judas y el Mesías negro

Los nominados que aspiran a recibir su segundo Oscar son cuatro, tres de ellos británicos: el legendario Anthony Hopkins, que llega a su sexta nominación y ganó el premio en 1992 por interpretar al doctor Lecter en El silencio de los inocentes; Gary Oldman, que va por la tercera nominación y fue premiado en 2018 por darle vida a Winston Churchill en La hora más oscura; y Olivia Colman, que recibió el suyo en 2019 por representar a la reina Ana de Inglaterra en La favorita. Esta es su segunda nominación. La única estadounidense que va por su segundo Oscar es Viola Davis, quien en 2017 ya ganó uno por su trabajo en Fences, en la última de sus tres nominaciones previas.

Mención aparte merece Frances McDormand, que esta noche podría ganar su tercera estatuilla como actriz protagónica. De lograrlo, alcanzaría y hasta superaría a una leyenda como Ingrid Bergman y a un mito viviente como Meryl Streep, que acumulan tres Oscar cada una, aunque en ambos casos uno corresponde a la categoría de reparto, de trascendencia mucho menor. Además McDormand quedaría a solo uno de Katherine Hepburn, un ícono de la cultura estadounidense, que con cuatro triunfos en la máxima categoría es la intérprete más ganadora en la historia de los premios, sin distinción de sexo. 

Varios de los títulos nominados toman como excusa dramática circunstancias históricas, hecho que deriva en que ocho de los candidatos interpreten a personajes reales. Entre ellos, hay cinco artistas: la actriz Marion Davies (Seyfried); el guionista Herman Mankiewicz (Oldman), y tres músicos (la leyenda del jazz Billie Holiday, interpretada por Day; la precursora del blues Ma Rayney, compuesta por Davis y el cantante de soul Sam Cooke, representado por Odom Jr.). A ellos se suman dos activistas sociales: Abbie Hoffman, interpretado por Baron Cohen, y el joven líder de los Panteras Negras Fred Hampton, compuesto por Kaluuya. Cierra la lista el espía Bill O’Neal, representado por Stanfield. 

Uno de los detalles más notorios de la edición 2021 de los Oscar es la variedad de minorías reflejada en las nominaciones, ya que nueve de los 20 actores pertenecen a etnias que rompen la histórica hegemonía blanca. La minoría mayoritaria es, claro, la negra, representada por Davis, Boseman, Day, Kaluuya, Stanfield y Odom Jr. A estos seis se suman los orientales Yeun y Youn y el británico de ascendencia pakistaní Ahmed. No existe la misma amplitud en materia de diversidad de géneros: el único personaje que le escapa a la lógica binaria es el de Viola Davis. 

 Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CINE - Oscar 2021, 93° ceremonia de entrega: Actrices y actores favoritos camino al Oscar

Este año hay dos candidatos muy claros a triunfar en las ternas de actor y actriz protagónicos, las más prestigiosas en el rubro de la actuación. La gran aspirante a quedarse con la estatuilla de Mejor Actriz Protagónica es Frances McDormand, por su papel en Nomadland. Favoritismo que no solo se apoya en otro gran trabajo de la interprete estadounidense, sino en el hecho de que tanto la película como su directora, la china Chloé Zaho, también son las principales aspirantes a triunfar en sus categorías. De cumplirse el augurio, McDormand sumaría la friolera de tres Oscar como actriz protagónica en seis nominaciones (las otras tres fueron como actriz de reparto). Sus dos triunfos anteriores llegaron en 1997 y 2018, como consecuencia de sus trabajos en Fargo y Tres anuncios para un crimen. Además, esta noche McDormand podría llevarse el Oscar a la Mejor Película, ya que también es una de las productoras de Nomadland, hecho que la convierte en la primera actriz en recibir una doble nominación de este tipo.

Por el lado de los hombres, quien parece llevar una cómoda delantera es Chadwick Boseman, protagonista de La madre del blues, un favoritismo que se alimenta de factores extra cinematográficos. Es que Boseman murió víctima del cáncer en agosto de 2020, unos meses antes del estreno de la película vía Netflix. A eso se suma que el actor había logrado convertirse en un símbolo para la comunidad negra, gracias a su interpretación del superhéroe Pantera Negra en la película homónima, que de forma inesperada se convirtió en una de las más taquilleras de la historia. Ambos elementos potencian el peso de su actuación, intensa pero decididamente pasada de rosca, convirtiéndolo en el depositario ideal para uno de esos gestos de sensiblería y corrección política que tanto le gustan a la no menos sobreactuada familia de Hollywood.

Aunque hay otras buenas actuaciones en la categoría de Mejor Actor Protagónico, como las del británico Riz Ahmed y su baterista sordo en El sonido del metal; el coreano Steven Yeun en Minari o el siempre efectivo y también británico Gary Oldman en Mank, hay un solo candidato que a priori parece hacerle sombra a Boseman. Se trata del inoxidable Anthony Hopkins (otro británico), que se luce interpretando a un anciano con Alzheimer en ese tour de forcé que es El padre, film capaz de deshidratar a más de un espectador a fuerza de exprimirle las lágrimas. Esta también es la sexta nominación para Hopkins, quien se llevó su único Oscar en la primera de ellas, por El silencio de los inocentes en 1992.

Algo similar ocurre en la categoría femenina con Viola Davis, protagonista de La madre del blues, que parece la única adversaria de peso para McDormand. Su interpretación de Ma Rainey, pionera del blues, es lo mejor que tiene una película signada por excesos de todo tipo. Esta es la cuarta nominación para Davis, quien ya tiene en su casa el Oscar como actriz de reparto que ganó en 2017 por Fences. De las otras tres candidatas, la que parce tener todavía un poco de resto para pelearle a las favoritas es la inglesa Carey Mulligan, por su trabajo en Hermosa venganza; un poco por su desempeño y otro poco por la temática de un film que se atreve a tomar riesgos para poner en escena la agenda feminista. Las últimas candidatas son Andra Ray, por su interpretación de otra prócer de la cultura negra en Los Estados Unidos vs. Billie Holiday, y Vanessa Kirby por Fragmentos de una mujer. Sus candidaturas parecen meramente testimoniales, pero en Hollywood nunca se sabe. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.