jueves, 11 de octubre de 2007

LIBROS - Los escritores inútiles, de Ermanno Cavazzoni: El inútil arte de volverse escritor

A modo de un manual de autoayuda, o de un curso acelerado a distancia, el libro Los escritores inútiles (Gli scrittori inutili), de Ermanno Cavazzoni, comienza por advertir al lector acerca de la forma correcta de utilizarlo. Le dice a aquellos que deseen convertirse en los escritores del título, que la ejercitación es el arma fundamental para conseguirlo. Una ejercitación basada en la insistencia sobre los siete pecados capitales, aunque con eso no alcance. En esa educación también influirán las familias a las que se pertenece, las escuelas que forman y deforman, las vejaciones que se irán sufriendo; las esperanzas, que sostienen mientras se esfuman; los fantasmas que acosan, el vagabundo que cada uno será, y la demencia, de la que finalmente ninguno se salva.

De la combinación de estos siete elementos y de los siete pecados, surgen los cuarenta y nueve relatos que intentarán mostrar cuáles son los caminos más efectivos para convertirse en escritores y en inútiles. Y como encargado de esta educación, Cavazzoni resulta un guía inmejorable. Porque cada uno de sus relatos es un cachetazo, un castigo que según el humor del lector puede resultar una tortura, o un refresco.

Si se toma como paradigma aquel concepto peronista según el cual no hay para uno mismo nada mejor que otro de la propia especie, y se lo invierte para aplicarlo sobre este libro, es fácil suponer, y confirmar tras la lectura, que no puede haber una mirada más cínica, más cruel y más irónica de la literatura, que la que se ofrece desde adentro. Aquella de la que sólo es capaz un escritor. Y en eso Cavazzoni también es un maestro feroz y despiadado. Un tutor que no se permite dudar de los golpes que significan cada uno de sus relatos en contra del género de los escritores, su propia estirpe, y en contra de sí mismo por carácter sanguíneo.

Es cierto que existen varios niveles de lectura para Los escritores inútiles, como corresponde a toda literatura bien concebida. Porque si lo único bueno que pudiera decirse acerca de este libro es que consiste en una burla efectiva al mundillo de la literatura, no sería gran cosa.

El primer nivel que presentan estos relatos que Cavazzoni va ensartando como un cirujano de cuchilla y chaira, es el de los argumentos ingeniosos. Está aquel en que los escritores son adoptados por esquimales, para ser utilizados como animales de carga y tiro. O el otro, en que un escritor afirma que el nazi fascismo, lejos de haber desaparecido, renace cada verano en ciudades balnearias transformadas en campos de concentración.

Un poco más abajo, entre el texto, está el nivel de los símbolos y las metáforas que no necesitan ser explicadas: donde las escritoras sólo sirven para que escritores machos puedan descargar en ellas sus pulsiones sexuales más salvajes; o la constante reducción de los escritores a perros, capaces toda fidelidad, pero también de la mayor ferocidad o estupidez.

Y más profundo aún, está la poesía, sencilla y auténtica. Ahí es donde dos escritores que salen de su casa para dar la vuelta al mundo, después de andar y andar llegan a una casa extraña. Tras una cena exquisita, servida quién sabe para quién, se acuestan a dormir, para despertar con sorpresa de nuevo en la propia casa. Una metáfora minimalista pero poderosa, que sin duda habla acerca de lo acotado de literatura, en donde tal vez, ya todo ha sido escrito.

Por lejos que uno crea haber llegado.

(Artículo publicado originalmente en http://www.informereservado.net/cultura.php)

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